Hola, bonitas!

Las saludo en la parte de arriba porque me gustaría hacer algunos comentarios antes de iniciar la lectura del capítulo. Primero que nada quiero informarles que agregué unas advertencia en el primero capítulo que no estaban antes. Esto debido a que no estaba segura de que si incluiría estos temas en la trama y no quería anteponerme a algo que no sabía si iba a pasar. En los últimos capítulos y lo que he escrito recientemente decidí que sí lo haría. En este fic encontrarán violencia física, violencia de género, lenguaje malsonante y contenido sexual explícito. No comparto opiniones con ninguno de los personajes, por lo que son ninguna representación de mi moral y ética. Esto únicamente es con el fin de entretener y no debe utilizarse como ejemplo de vida. Algunas de las situaciones que se presentarán en la trama a partir de aquí no deben romantizarse, sino deben verse como lo que son.

Esto que leyeron antes decidí mencionarlo porque ha habido algunas inquietudes por las acciones cuestionables de James. He tratado de ir integrando poco a poco este tono a la historia para que no fuera muy brusco, pero ya nos encontramos en la mitad de la trama por lo que creo necesario hacer este tipo de advertencias. Les prometo que alguna cosas ya están por develarse, y no falta demasiado para conocer las motivaciones de nuestros personajes. Espero tengan un poquito más de paciencia, porque como les he dicho en otras ocasiones: es una historia larga. La más larga que jamás he escrito.

Sin más que decir, y esperando que el capítulo les guste (también es el más largo hasta ahora), solo me queda agradecer sus maravillosos reviews. Si no fuera por ustedes, chicas, no sería nada NADA. Mil gracias por apoyarme.

Ahora sí. A leer:


Capítulo 18.

Lily llegó dando tumbos al salón de clases. Estaba enojada aunque sabía que no debía estarlo. James la había rechazado sin pensárselo dos veces, ni siquiera había titubeado al decirle que ya tenía planes. Sabía que él le había dicho más temprano que no tenía citas, y el día anterior que le costaba ser abierto con las personas. Pero, le dijo que lo intentaría ¿cierto? ¿Entonces por qué la dejó ir después de que ella le cuestionó que era lo que tenía que hacer? Lo había mordido cuando él intentó besarla para tranquilizarla.

Su cerebro daba tirones entre una cosa y otra. Una parte le decía que debía retractarse y pedir disculpas por su actitud desconsiderada, pero otra le decía que debía plantarse si quería que James le otorgara un lugar en su vida. Él había dicho que Lily era diferente a las demás, ¿entonces por qué se portaba como si no lo fuera? Estaba tan confundida.

—¿Ya terminaste de tragarle el sistema digestivo a Potter? —llamó su atención la voz de su amigo detrás de ella.

Frunció el ceño. Esa era otra situación a la que no sabía si podría lidiar en esos momentos.

—¿Cuál es tu problema? —cuestionó girando el cuerpo para encararlo.

Gabe estaba sentado en su escritorio con el material escolar acomodado. Parecía tener un rato en la misma posición, y Lily no lo había pensado antes pero lo abandonó ese día más temprano durante el descanso.

—Yo no tengo ningún problema. Lo que pienso sobre Potter ya te lo dije antes. Lo platicamos hace un par de semanas, y te advertí que no me metería en ese asunto. Es solo que ver a mi amiga rebajarse al nivel de ese idiota, exponiéndose ante todo el campus no es algo agradable de ver.

Sintió una llama apagarse en su interior. De repente se sintió avergonzada. Era cierto. Se había expuesto ante las críticas y palabrerías de cualquier persona del campus. Ella no era así, era reservada, callada y no le gustaba estar en boca de los demás.

—James Potter es popular. Todos saben la reputación que tiene.

—Mentira —respondió por inercia.

Gabe calló inmediatamente, sorprendido por el arrebato. A decir verdad, Lily también lo estaba.

—Todos creen saber todo de él, pero no tienen ni la más remota idea —espetó—. He estado cerca los últimos días y no es como los demás dicen.

—¿Él te dijo eso o tú lo confirmaste?

—Yo lo confirmé.

Lily no sabía lo que estaba respondiendo. No estaba segura de nada, pero no podía dejar que Gabe pensara que James era un asco de persona, cuando claramente no lo era. Tenía defectos, por supuesto, pero ni siquiera ella que se había acercado tanto a él podía confirmarlos. ¿Por qué el resto de las personas se sentían con la confianza de hacerlo? Eso sí le molestaba a sobremanera, y aún más que su mejor amigo pensara eso.

—¿Y acerca de que surte a los dealer? —preguntó Gabe acercándose más a ella, y susurrando para que nadie escuchara—. ¿Han hablado sobre eso?

—No.

—¿Y has notado algo que lo confirme o desmienta?

Meditó un minuto. ¿Había pasado algo turbio? A su mente rápidamente regresó el momento después de la fiesta en el departamento de Sam, cuando fueron acorralados por una camioneta y unos individuos se habían bajado de ella. Le cuestionó a James lo acontecido, pero él simplemente se cerró en sí mismo y no respondió nada coherente.

Esa situación había sido extraña y, por supuesto, su instinto le decía que algo andaba mal. Aunque eso no se lo diría a Gabe; ya estaba lo suficiente en desacuerdo en cuanto a su "amistad" con James como para echarle más leña al fuego. Sin embargo, debía recordar mantener eso en su memoria y cuestionar a James en la primera oportunidad.

Todavía estaba pensando en que inventarle a Gabe para desviar la atención cuando fue salvada por la campana. El profesor Nicholson entró en el salón de clases con su portafolio en mano. Entonces lo recordó, esa clase la compartía con James y habían estado hablando descaradamente de él sin percatarse si ya estaba en el aula.

Volteó para todos lados y sintió alivio cuando lo vio entrar al salón, tomando asiento en una de las butacas vacías de la primera fila. Las chicas que estaban a su alrededor inmediatamente se sentaron rectas, aunque él ni siquiera reparó en eso. Cruzó los brazos sobre la mesa y recargó su cabeza, para así permanecer el resto de la clase.

No pudo concentrarse. Lanzaba miradas continuas en dirección al chico que estaba medio dormido, tanta era su insistencia que recibió unas cuantas patadas de Gabe en la silla. Aprovechó el momento para pensar: James ya se había alejado de ella dos veces, después de que lo había hecho enfadar. ¿Y si esta vez volvía a pasar lo mismo? ¿No importaría el hecho de que por fin se habían besado? ¿Y si el beso de antes había sido el último?

Debía de dejar de pensar tonterías. Ni siquiera sabía por qué se estaba obsesionando tanto, pero James le gustaba mucho. Era el primer chico que lo hacía y no sabía cómo lidiar con eso.

La clase terminó de repente, sacándola de sus pensamientos el sonido de sus compañeros poniéndose de pie. Cuando acordó, James ya había abandonado el aula como un resorte y sería imposible alcanzarlo.

—No deberías mirarlo tanto —dijo Gabe apoyándose en su escritorio—, si le demuestras que te gusta mucho le das poder.

Lo fulminó con la mirada. Sin responder empezó a recoger sus cosas.

—¿Qué harás hoy? —preguntó su amigo cuando ambos salían del salón.

—Nada aparentemente —respondió con un suspiro.

—¿Te gustaría ir a una fiesta?

Lily alzó una ceja y detuvo su andar. Gabe no era de salir a eventos sociales.

—¿Una fiesta? Pensé que seguían prohibidas en el campus.

El chico asintió.

—Así es, pero esta es fuera. Benji me invitó y me dijo que podía decirle a quien yo quisiera. Son chicos mayores y yo me siento un poco incómodo en ese lugar. Me encantaría que fueras conmigo, hace mucho tiempo que no salimos juntos.

Eso era cierto. No solía salir tan seguido con su único amigo. Además no tenía nada que hacer, y quería distraerse lo suficiente para no tener la necesidad de salir a buscar a James como una desquiciada.

—De acuerdo. ¿Pasas por mí?

—Claro.

La situación en casa era deprimente. Durante el tiempo que estuvo preparándose para la fiesta de esa noche, Lily no hizo otra cosa que escuchar los gritos de Petunia desde su habitación. Seguía castigada y tenía una gran pelea con su padre por vía telefónica. Entendía que su hermana estaba molesta, ya habían pasado dos semanas sin salir de casa solo para ir a clases. Petunia era una chica sociable, tenía amigas y hasta hace poco un chico con quién salir; estar encerrada tanto tiempo la podría volver loca.

Lily no sabía que decirle para hacerla sentir mejor. Su hermana tenía unos días con una actitud que desconocía en ella: se notaba deprimida y de mal humor todo el tiempo. Quería justificarla, pero no sabía cómo si antes jamás había actuado así.

Rizaba su cabello frente al espejo cuando escuchó la puerta de su habitación abrirse. Petunia se recargó en el marco de la puerta, mirándola a través del espejo. Tenía los ojos llorosos y la nariz roja.

—¿Estás bien? —preguntó la menor, soltando el mechón pelirrojo y tomando otro.

—Supongo que sí, ¿qué otra opción me queda? Él no va a ceder.

Lily no supo que decir, bajó la mirada y trató de concentrarse en no quemar su cabello.

—Es un tirano. Siempre está lejos, pasamos la mayor parte del año solas y él solo quiere formar parte de nuestra vida para castigarnos —gruñó Petunia, regresando a las lágrimas y ocasionando que el resto de su rostro también se pintara rojo—. Ni siquiera recuerdo cuándo fue la última vez que me felicitó por uno de mis logros. Siempre estuve en el cuadro de honor, fui nombrada el estudiante más destacado dos años consecutivos, y nunca recibí siquiera una felicitación de frente. Él manda un texto y cree que eso sustituye la ausencia de un padre. En esta ocasión lo único que hice fue ausentarme, mis calificaciones ni siquiera han bajado, pero eso a él no le interesa. No le importa que ya no soy más una niña, soy una mujer adulta y puedo tomar mis propias decisiones.

Ese era un discurso fuerte. Lily se sorprendió de lo mucho que había crecido y madurado Petunia. Su hermana siempre fue la consentida de su padre porque todo lo hacía bien, mientras que Lily se nombraba a sí misma como la oveja negra de la familia. Por lo que, escucharla hablar así, como toda una mujer le hacía sentir mucho orgullo.

Dejó las tenazas y se dio la vuelta para abrazar a su hermana, que respingó sorprendida.

—¿Qué?

—Estoy muy orgullosa de ti, Petunia —dijo, aguantando las lágrimas—. Tienes razón en todo lo que dices. Papá está equivocado, y debe entender que somos unas mujeres independientes. Sé que no hace la diferencia, pero quiero que sepas que te apoyo. Te creo y te quiero.

Los brazos de su hermana la rodearon más fuerte, apoyando su cabeza en la de la pelirroja. Sintió las lágrimas impotentes de Petunia caer sobre su blusa, pero aquello no le importó.

—¿Cómo serían las cosas si mamá estuviera aquí?

Lily suspiró.

—Mejor que esto. Estoy segura.

—En cuanto termine la universidad me largaré de aquí. Te lo aseguro. Solo un año más —manifestó Petunia con voz decidida.

Lily la abrazó más fuerte. Sabía que Petunia quería irse igual que ella. Lamentablemente era consciente que su hermana mayor se iría más pronto, y aunque le había pedido en diversas ocasiones que la esperara, Petunia no estaba dispuesta a ceder. No quiso recordárselo en ese momento, solo la reconfortó hasta que las lágrimas pararon.

El momento de rabia poco a poco se fue apagando, y cuando por fin pudo regresar a su actividad anterior frente al espejo, Petunia ya había regresado a su habitación. Tenía pocos minutos para terminar de prepararse, así que optó por un estilo muy natural y nada habitual en su forma de arreglarse por la noche. Cuando Gabe le mandó un mensaje que ya estaba fuera de casa, se echó un último vistazo y salió de la habitación, informándole a Petunia por medio de gritos que ya se iba.

Gabe llevaba prestado el auto de su padre, que reconoció Lily al instante. Habían sido muchas las ocasiones en las que habían salido de aventura en ese mismo vehículo.

—Pensé que Benji estaría contigo —dijo después de saludarlo con un beso en la mejilla.

—Él irá con su grupo. Todos viven en la misma residencia así que no había necesidad de pasar por él.

Los padres de Gabe también vivían en la ciudad, por lo que tenía la misma ventaja de Lily al residir todavía en el seno familiar. Aunque la vida de su amigo no era para nada como la suya. Sus padres no eran ausentes, y administraban un negocio familiar de venta de fruta. Gabe era el primero en su familia en ir a la universidad, por lo que todos estaban muy orgullosos de él.

—¿Dónde exactamente es? —preguntó Lily con curiosidad, distraída en las luces del exterior.

—Fuera del campus. En el departamento de alguien. No sé. No lo conozco —se adelantó a responder captando la mirada de la pelirroja.

El resto del camino se dedicó a hablar de todo y de nada. Extraño a lo que parecía, el lugar no era tan cercano como en un principio pensó, por lo que después de media hora andando en el auto la conversación comenzaba a escasear. Gabe y Lily eran buenos amigos, pero la última se limitaba a hablar poco, lo que dificultaba mantener la plática. Así que después de un rato, decidieron cantar las canciones del momento.

—Cantas muy bien —había dicho Gabe cuando estacionó el auto.

Lily sonrió. No era algo que le dijeran a menudo, no solía hacerlo tan seguido.

Ambos caminaron por la acera desierta hasta llegar a un complejo habitacional no demasiado grande, pero sí lucía bastante moderno. La recepción estaba abierta y había algunas personas de pie con vasos rojos en sus manos, demostrando que estaban en el lugar correcto.

—Ven —dijo Gabe tomándola de la mano y guiándola a través de la gente hasta las escaleras.

Al llegar al piso, un hombre de aspecto elegante le había entregado a algo a Gabe que se guardó en el bolsillo. Lily no alcanzó a ver que era, y su atención se desvió hacia el lugar:

La pelirroja percibió que el lugar estaba repleto de personas mayores, como Gabe le había dicho, todos parecían tener la suficiente edad para graduarse de la universidad. Las chicas lucían conjuntos conservadores, nada parecido a los entallados vestidos que solían usar las universitarias. Inmediatamente el hecho la hizo sentir más cómoda, ya que no se había esmerado demasiado en su atuendo ese día. Llevaba un vestido suelto que se ajustaba solamente all pecho y daba la apariencia que lo usaría una embarazada. Aunque su cabello estaba rizado, ya no se veía lo suficiente prolijo y el maquillaje era muy natural, solo resaltando sus labios en un color rosa fosforescente.

En el tercer piso era la fiesta. La puerta del departamento estaba abierta de par en par, y la gente se arremolinaba en grupos por toda la extensión de la sala. Era un departamento grande, lo suficiente para tener una terraza que estaba iluminada con luces de navidad. La decoración en general daba la impresión de ser una fiesta de primavera en un bello jardín, aunque lo único verde en el lugar eran unas masetas con diversas plantas. La música vibraba a un nivel agradable, no retumbaban sus oídos por lo que permitía la conversación. Lily se daba cuenta que definitivamente jamás había estado en una fiesta de ese tipo, y podría acostumbrarse muy pronto.

El ambiente era agradable, había algunos grupos bailando y haciendo el tonto, aunque la mayoría se mantenían en sus círculos conversando y riendo. En una esquina se encontraba una mesa larga donde unos chicos jugaban beer pong, un juego en el que Lily no había tenido oportunidad de experimentar.

Gabe no soltó su mano mientras se abrían espacio entre la gente para llegar a la terraza. Lily supuso que su amigo ya sabía donde encontrar a Benji, y no se equivocó. El chico estaba de pie con el mismo grupo que le había parecido extraño unos días atrás en el campus.

—Tardaste —reprendió Benji a su novio, saludándolo con un beso en la mejilla.

—Lo siento. El domicilio de Lily está un poco lejos.

Entonces el chico clavó su mirada en la pelirroja que se había quedado unos pasos atrás, esperando a que terminaran el saludo.

—Lily, ¿qué tal? —saludó Benji con voz amable, aunque su expresión corporal decía lo contrario.

—Hola —contestó, también lanzándole miradas a los chicos del grupo que de repente parecían interesados en ellos.

Benji dio unos pasos atrás, acercándose a sus amigos pero sosteniendo la mirada verde.

—Esta es Lily, chicos, la amiga de Gabe. Trátenla con respeto, por favor, ella no es como las demás.

Alzó una ceja. ¿Qué significaba eso?

Lily lanzó una mirada interrogante a Gabe que se encogió de hombros. Parecía tan confundido como ella. Nervioso, se mordió el labio y se acercó a Benji para susurrarle algo al oído. Lily casi pudo adivinar que le cuestionaría lo que acababa de pasar, así que decidió que no sería correcto mirarlos fijamente. Comenzó a pasar sus ojos por la terraza, encontrándose con la mirada de gran cantidad de hombres. Ellos la miraban coquetos y más de uno había guiñado el ojo. Esto la puso incomoda por lo que se concentró en la vista al exterior, dándose cuenta que a pesar de estar en un tercer piso tenía una vista espectacular. El complejo habitacional estaba justo sobre una colina lo que permitía tener una visión de la ciudad.

—Lo siento, Lily —le dijo Gabe tomándola de la cintura para alejarlos—. Benji dice que no se aceptan chicas en el grupo, y que este no es un buen lugar para traer amigas a no ser que ella esté dispuesta a desnudarse.

—¡¿Qué?!

Habría gritado más fuerte si es que era posible. Incluso algunas personas cercanas los miraron con curiosidad.

—De verdad lo siento. Yo no tenía idea de que tuvieran ese tipo de código entre los chicos. Yo… de verdad no entiendo su postura.

—Está bien —aceptó—. Te creo. No es tu culpa.

—Si te sientes incomoda puedo llevarte o pedir un taxi.

Entendía las buenas intenciones de Gabe, pero él era que la había llevado a ese lugar, y ahora quería deshacerse de ella. Estaba comenzando a enojarse, y no quería desquitarse con él. El ambiente era agradable, por primera vez le gustaba el lugar en el que estaba y no quería irse. Tomó varias respiraciones para calmarse, y tratando de esbozar una sonrisa dijo:

—No te preocupes. Estaré bien.

Se giraron hacia el grupo de Benji de nuevo y cuál fue su sorpresa que una nueva figura se había unido a ellos. Les daba la espalda, pero Lily podía distinguir ese cabello donde fuera, a pesar del intento de peinarlo. También le sorprendía su apariencia, llevaba una ropa distinta a la que solía usar: pantalones caqui y una camisa azul claro.

James platicaba con Benji. Tenía las manos en los bolsillos y no se había percatado de su presencia. Benji les lanzó una mirada significativa, ocasionando que el chico se girara encontrándose con la pareja justo detrás de él. Sus ojos azules se abrieron mucho, definitivamente no los esperaba. Trató de dibujar una sonrisa pero esta se notaba tensa.

—Pelirroja, ¿qué haces aquí?

Lily puso las manos en la cintura, molesta por descubrir cuáles eran los planes que James tenía en los que no había querido incluirla.

—Vine con Gabe —respondió tajante.

James miró a todos lados y sacó algo de su bolsillo. Tomó la mano de Lily y amarró un listón rojo en la muñeca. Parecía ser que el mismo objeto que le habían entregado a Gabe en la entrada.

—¿Qué es esto? —preguntó extrañada.

El chico la tomó de la cintura y la apartó del grupo, llevándola a la esquina de la terraza donde casi no había gente.

—¿Qué significa esto? —insistió sin dejar de ver su muñeca.

—¿Por qué estás aquí? —cuestionó James molesto. Soltándola y nuevamente clavando las manos en sus bolsillos.

Lily bufó.

—Ya te lo dije: vine con Gabe.

—Debes irte.

Sintió la sangre hervir. James ni siquiera la miraba a la cara, estaba viendo detrás de ella con seriedad. No le daría el gusto. No.

—No me voy. Mucho menos sin que me expliques porqué me estás echando.

—Este no es un lugar para chicas como tú.

Cruzó los brazos sobre su pecho y estuvo a punto de dar una pataleta. Sabía que se estaba portando muy infantil pero no permitiría que la humillaran dos veces esa noche.

—¿A qué te refieres?

James gruñó. La tomó de los hombros y la hizo girar hacia los demás.

—¿No te das cuenta que aquí hay puros hombres?

Aquello todavía la indignó más.

—¿Ahora eres un machista?

Él negó con la cabeza aunque no negando aquello, sino casi saliendo de sus casillas.

—¿Entonces estás celoso?

James esbozó la primera sonrisa de la noche, ocasionando que algo en el interior de Lily diera una voltereta antes de regresar a su lugar. Sus ojos oceánicos chispearon con diversión, esta vez clavándolos en los verdes.

—Las mujeres que están aquí son prostitutas y se organizan este tipo de fiestas para conquistar al mejor postor. ¿Te das cuenta que algunas tienen el mismo listón que te acabo de poner? Significa que ya fueron elegidas por alguien, y nadie más puede flirtear con ellas.

Ahora entendía la mirada que le habían lanzado los amigos de Benji y el resto de los hombres alrededor de ellos. Debía saber que Gabe no sabía nada, sino por ningún motivo la invitaría a un lugar así.

—Quisiera saber quién te convenció de venir —La mirada de James había vuelto a ser seria.

—Gabe me invitó, pero él no sabía que esto pasaría.

Se sentía incomoda, a pesar de que las miradas habían disminuido desde que James la había reclamado como suya, todavía había algún curioso mirando con atención. Observó con curiosidad a las mujeres del lugar, no daban la impresión de ser prostitutas, se vestían con clase. No es que ella hubiera conocido a una mujer con ese oficio, pero había visto películas, y nunca se le hubiera ocurrido aquello.

—Estas mujeres… no lo parecen —dijo insegura, todavía observando a su alrededor.

James se acercó y tomó sus manos.

—No todas llevan vestidos diminutos y zapatos de tacón alto. Estas mujeres buscan otro nicho de mercado: hombres con bolsillos más abultados.

Entonces se dio cuenta:

—¿Y tú que haces aquí? —Cuestionó endureciendo la mirada—. ¿Viniste a adquirir alguna chica?

Contrario a lo que esperaba, James no parecía ofendido, la sonrisa se enanchó marcando el hoyuelo. Estaba divirtiéndose el maldito.

—No. Solo estoy pasando el rato.

—¿Entonces viniste a ver prostitutas gratis en lugar de pasar el día conmigo?

Estaba furiosa. Cabreada. Endemoniada. Y celosa. ¿Por qué James estaba en ese lugar? y ¿por qué no borraba la sonrisa idiota de los labios?

La tomó de la cintura acercándose más a ella, provocando que las fosas nasales de Lily fueran inmediatamente invadidas por su aroma. Ese olor que le encantaba y la tranquilizaba.

—No tienes que preocuparte más. Con esa pulsera todos saben que eres mía, y nadie te molestará.

—¿Quieres responder lo que te pregunté?

—Y por si a alguien le queda alguna duda estoy a punto de besarte. Así que detenme si no quieres que lo haga.

No tuvo fuerzas para apartarlo. No cuando la miraba con aquellos ojos oceánicos que parecían tan claros en ese momento debido al tono de la camisa. Sintió sus labios haciendo contacto con los suyos incluso antes de cerrar los ojos. Los oceánicos parpadearon un poco antes de cerrarse por completo, y Lily también cerró los suyos sintiendo cómo se movía sobre su boca. Se puso de puntillas para rodear el cuello del chico aferrándose a él, sintiendo una euforia en su interior difícil de explicar. El aroma, la suavidad de sus labios, las manos que la tomaban cada vez más fuerte por la cintura. James subió su tacto por la espalda de Lily, llegando hasta el escote de su espalda y enterró los dedos en su piel.

El corazón de Lily golpeaba con fuerza su pecho. Ese era un beso posesivo, la besaba con la boca abierta y sus manos la sujetaban con fuerza. Sentía algo extraño en su interior, una excitación que en meses no había sentido. Él debía saberlo. De repente su tacto se había vuelto más tibio indicando el aumento de temperatura de su propio cuerpo. Lily se alejó lentamente, mareada y sonrojada.

James estaba sonriendo, y no se alejó del todo. Una de sus manos seguía en su espalda, y la otra había alejado algunos mechones pelirrojos que se habían atorado en los botones de su camisa.

—Puedes quedarte un rato si quieres. Ya nadie te molestará.

—¿Puedo quedarme contigo? —preguntó insegura—. Tengo la impresión de que no le agrado a Benji.

Lanzó una mirada al grupo. Cada quien parecía en sus propios asuntos excepto el aludido y Gabe, que cuchicheaban entre ellos lanzándoles miradas de vez en cuando.

—Lo siento. No.

Su atención regresó a James que se alejó un poco y rascó su nuca con incomodidad.

—Tengo cosas que hacer. Si quieres puedo llevarte a tu casa en un par de horas.

Analizó su rostro. Tratando de encontrar algún indicio de lo que fuera, pero solo se encontró con una pared en blanco y unos preciosos ojos azules vacíos. James era la persona más difícil de analizar que alguna vez hubiera conocido. Las clases de psicología definitivamente no la habían preparado todavía para ese tipo de personas.

—De acuerdo —accedió por fin.

Él asintió con la cabeza y se alejó hacia el interior del departamento. Lily no apartó su vista hasta que se perdió entre las personas del lugar, y por fin regresó con el grupo. Todavía dándole vueltas en su cabeza las razones para que James estuviera en ese lugar.

—¿Ahora eres la novia de James? —preguntó Benji con burla.

Lily se giró hacia los chicos del grupo los cuales tenían bebidas en sus manos, excepto Gabe que no consumía alcohol.

—Sí.

Sabía que no era cierto. Él nunca había mencionado algo parecido, solo había dicho que salieran juntos. Eso era todo. Pero Lily sabía que ella quería más, más de lo que James estaba ofreciendo, y de alguna manera, en ese lugar se sentía más segura diciéndolo, como si el título la fuera a proteger de los hombres que estaban en ese lugar acechando.

Dos chicos más del grupo rieron, para después tapar sus bocas con la mano, como si se estuvieran burlando de ella.

—James no tiene novias —dijo uno de ellos.

—Soy la primera.

Trató de reflejar seguridad, pero no sabía que tanto había logrado por el silencio que siguió a continuación. El ambiente cómodo que antes había sentido ya no existía. Ahora que sabía que estaba en una especie de exhibición de venta de ganado, le hacía sentir profundamente incómoda. La compañía tampoco ayudaba mucho.

Benji parecía empeñado en mostrar su antipatía por ella en cada ocasión, y Gabe estaba entre la espada y la pared. El resto de los chicos del grupo habían encontrado algo mejor que hacer y se habían apartado, metiéndose en sus propios asuntos. Lily pasó el resto del tiempo cronometrando la hora hasta que se cumplieran las dos horas que James le había dicho. Se la pasó en el mismo lugar, solamente apartándose para tomar una bebida del bar, y regresando rápidamente al lado de su amigo. Gabe y Benji conversaban, pero ella no intervenía en la conversación, si no se dedicaba a explorar las redes sociales en su móvil.

En esas dos horas no había visto ni una sola vez a James. No sabía qué era lo que podía estar haciendo, ni tampoco con quién estaría. Solo esperaba que no se hubiera olvidado que ella lo esperaba. Lo más sensato hubiera sido irse, pero el destino la había llevado al mismo lugar que se encontraba el chico. No quería regresar a casa sin pasar un rato con él. Tal vez podría convencerlo de llevarla a su departamento, o podrían pasar por un lugar antes de llegar a su domicilio.

La noche era joven. El cielo nocturno se tornaba en una tonalidad grisácea anunciando probabilidad de lluvia. Un viento helado también acompañó el cambio de clima, provocando que todos los vellos de sus piernas se erizaran.

Se había adueñado de una silla en los últimos minutos, y veía memes en Facebook cuando una notificación de un mensaje vibró en sus manos. Era James:

00:27 a.m.

¿Sigues aquí o ya te fuiste?

Sigo aquí. Estoy esperándote.

No obtuvo respuesta pero sabía que ya lo había leído. Regresó a Facebook donde navegó unos minutos más hasta que tocaron su hombro. Elevó la vista y se encontró con los ojos azules un poco rojizos. Eso llamó su atención, pero no comentó nada.

—¿Te llevo a casa? —preguntó.

Lily asintió con la cabeza y se puso de pie. Se despidió de Gabe, y tomó la mano que James le ofrecía para salir del lugar. Bajaron las escaleras hasta la recepción que parecía más abarrotada que cuando habían llegado más temprano. James la soltó a esas alturas y guardó sus manos en los pantalones. Lily se quedó desconcertada, aunque lo siguió en silencio. La todoterreno de James estaba a unos metros estacionada, le abrió la puerta para que subiera y después rodeó el auto ingresando por la puerta del piloto.

James puso el motor en marcha y subió el volumen de la música electrónica que sonaba en la radio. El volumen era muy alto, quizá más fuerte que el que sonaba en la fiesta. Lily alargó la mano hasta el estéreo y disminuyó este.

—¿Qué pasa? —preguntó el susodicho, golpeando el volante al ritmo de la música.

—¿Estás drogado? —cuestionó Lily alzando una ceja.

El chico bufó tomando una pose a la defensiva.

—Sí. ¿Algún problema?

Le sorprendió que ni siquiera lo hubiera negado. Observó al chico a su lado y casi no lo reconocía. No era el mismo que le había pedido infinidad de veces que saliera con él. No era el mismo que la había besado el día anterior por primera vez, ni siquiera el de ese día por la mañana.

—¿Qué tomaste?

—Un poco de yerba.

Estaba incómoda. Bajó la mirada a sus rodillas y comenzó a jugar con sus dedos. Sentía la mirada del chico cada tanto mientras conducía, pero no quería encontrarse con sus ojos más vacíos de lo normal.

—¿Quieres acompañarme a mi departamento un rato? Después te llevaré a casa, lo prometo.

Asintió con la cabeza para no responder, pero James pareció notar su respuesta porque cambió de calle. El camino era largo, debía recordar que a Gabe le había tomado bastante tiempo llegar hacia la fiesta, pero James tomaba rutas que no conocía que cuando menos se dio cuenta ya estaban frente al edificio del chico. Bajaron del vehículo e ingresaron a la pequeña recepción.

Al llegar a su piso James abrió la puerta y Lily se sorprendió al darse cuenta que estaba más desordenado que el día anterior. Había hojas esparcidas por la sala y la guitarra estaba sobre la mesita de noche. Lo primero que hizo el chico fue dirigirse al cuarto de baño, por lo que Lily tuvo oportunidad de acercarse a la sala y curiosear las hojas esparcidas. Notó que eran trabajos escolares, y se preguntó si James realmente entendía esas ecuaciones que parecían tan complejas.

Dejó los zapatos de balerina en el suelo y se sentó sobre sus pies desnudos en el sillón. Tomó la guitarra y la puso en su regazo, torpemente acomodando los dedos sobre las cuerdas. Unos años atrás había tomado clases de música en el bachillerato, y aunque jamás pudo aprender a tocar un instrumento, sí que había tenido un lugar en el coro. Cerró los ojos y deslizó la uña por las cuerdas ocasionando un sonido que no era del todo desagradable.

Escuchó a James salir del baño y acercarse a la estancia. Su risa le llamó la atención.

—¿Qué estás haciendo?

—Imaginando que toco maravillosamente la guitarra —dijo abriendo los ojos y encontrándose con el chico de pie frente al piano.

—De acuerdo. Toquemos a dueto.

Se sentó en el banco y con una mano tocó una melodía sencilla. Lily casi soltó una risa, y rasgó la guitarra sin idea de lo que estaba haciendo. James empezó a utilizar las dos manos, en una armonía casi perfecta. La pelirroja no sabía de música, pero eso era imposible de no apreciar, dejó la guitarra a un lado y se acercó al chico que no apartaba la vista de sus dedos tocando teclas separadas.

El talento al que había hecho alarde antes era cierto. Tocaba muy bien. Lily se sentó en el otro extremo del banco observando los largos dedos moverse, para después cambiar a una melodía más lenta, triste y nostálgica. Sin saber por qué el sonido comenzó a formarle un nudo en la garganta. Apoyó la mano izquierda sobre la derecha de James, que se movía suavemente. Quería sentirlo cerca. Él parecía tan lejano en esos momentos.

—¿Estás bien? —preguntó el chico deteniéndose.

Lily asintió con la cabeza, aunque su expresión era seria.

—Quiero conocerte mejor. ¿Podrías compartir algo conmigo?

El chico asintió y la atrajo, haciendo que se recargara en su hombro y subiendo sus piernas sobre una de las de él. En esa posición Lily se sentía tan pequeña, cómoda y protegida.

—¿Qué quieres que te diga?

—Simplemente… de ti. Tu familia, tus amigos, tus gustos… tu pasado.

James suspiró y con la mano libre siguió tocando algunas teclas del piano.

—Mi cumpleaños es el 27 de marzo.

—¡No puede ser! Soy dos meses mayor que tú.

El chico soltó una risa que interrumpió la melodía.

—En realidad no.

—¿No? Dijiste que tenías diecinueve.

—Los tengo —respondió riendo—, pero esa es mi edad física. En edad mental soy como diez años mayor que tú.

Lily lo fulminó con la mirada, tratando de evitar la sonrisa.

—Lo dudo bastante.

El chico se fingió ofendido aunque el hoyuelo en su mejilla lo delataba. Le hizo algunas cosquillas en la cintura, sorprendiendo a Lily que no había visto ese lado tan juguetón. Se echó hacia atrás siendo presa de las carcajadas, y con sus pies desnudos empujaba la pierna de James en un intento fallido de alejarlo. El aludido mordió sus labios y se inclinó sobre ella cada vez que Lily se alejaba, ocasionando quedar casi recostada sobre el banco.

—Odio las cosquillas —dijo entre risas.

—Es bueno saberlo. Es la manera en la que te castigaré de aquí a toda la eternidad.

Como si fuera un desafío se puso de pie frente a ella, y usó las dos manos en ambos lados de la cintura. Lily se retorcía bajo él, con las mejillas sonrosadas, sin aliento y soltando fuertes carcajadas.

—¿Intentas que me detenga enseñándome las bragas? —preguntó James desde su altura.

Se quedó paralizada. Se había movido tanto que olvidó que llevaba vestido, y ahora le había enseñado a James sus bragas una vez más. Él se apartó, y Lily se sentó rápidamente tapándose con la falda que se había subido hasta sus caderas.

—¿Por qué eres tan descarado? —le preguntó acomodando su ropa y cabello—. Un caballero fingiría no haber visto nada, pero tú incluso lo señalas para burlarte.

—¿Yo soy el descarado? Tú eres la que usa falditas solo para provocarme.

Lily miró por encima de su hombro, con el ceño fruncido visualizó a James unos pasos detrás de ella.

—No las uso para provocarte. Las uso porque me gustan.

—Tienes suerte que no soy el tipo de hombre que forzaría a alguien a hacer nada. Pero debo advertirte que la mayoría no son así, y toman como una provocación cuando una chica les enseña las bragas en cada ocasión.

Con las mejillas rojas se puso de pie para encararlo.

—¡Ya te dije que no te estoy provocando! Es un error. Soy descuidada y cuando estoy contigo me relajo más de lo que debería, tanto como para olvidar el largo de mi falda.

La sonrisa de James creció lo suficiente para ocasionarle una sacudida en el estómago. Los ojos azules estaban brillantes a pesar del contorno rojizo. Se acercó a paso lento poniéndole los pelos de punta.

—Me gustas mucho, bruja pelirroja.

Lily también se acercó, enredando los brazos alrededor del cuello masculino.

—Tú también me gustas, James.

El chico se inclinó para besarla de nuevo, aunque Lily esta vez negó con la cabeza, sin apartarse y enredando mechones de cabello negro entre sus dedos.

—Estabas platicándome de ti.

James puso los ojos en blanco, detalle que no pasó desapercibido para Lily.

—Oh, sí. ¿Qué más quieres saber? No sé qué decir.

—Cuéntame de tu familia. ¿Tienes hermanos?

—No los tengo. Soy hijo único. Aunque esto ya te lo había dicho —respondió James con la ceja alzada.

Lily sintió sus mejillas sonrojarse. Estaba tan cerca de su rostro que el detalle no podía pasar desapercibido.

—¿Cómo son tus padres?

El chico puso una expresión pensativa: mirando hacia el techo y los labios fruncidos.

—Mi padre es un hombre muy inteligente. Puede percibir todo a su alrededor. Es educado, correcto y justo. Jamás lo escucharás decir una mala palabra, o verás un mal desplante —dijo James con los ojos brillantes. Lily estaba sorprendida, nunca había visto esa expresión en su rostro—. Mi madre, por otro lado, es la mujer más cariñosa y cálida que podrás conocer. Prepara unos postres deliciosos. Siempre se preocupa por todo mundo. Suele tener el mismo temple justo que mi padre, aunque admito que tiene una debilidad por mí que le hace perderlo a menudo.

Lily sonrió, le encantó la expresión del chico frente a ella. Esa mirada lo decía todo: amaba muchísimo a sus padres.

—¿Y cómo pudo salir un hijo rebelde de tanta perfección?

La expresión cambió de repente. Su mirada se oscureció, y la sensación de su cálido cuerpo se alejó de ella.

—Siguiente pregunta —dijo sentándose en el sillón.

Lily lo siguió, acomodándose sobre sus piernas. Se preguntaba por qué no había querido responder su pregunta. ¿Había detectado acaso culpa en él?

—¿Cuál es tu concepto de chica ideal?

Era una pregunta al azar, solamente había dicho lo primero que cruzó por su mente. Se había puesto incómodo de repente, y quería recuperar el buen humor de un rato atrás.

Logró lo que esperaba, porque James se relajó de inmediato y comenzó a reír.

—¿En serio necesitas que responda esa pregunta?

—Por favor.

—De acuerdo —asintió con la cabeza—. Debe ser una chica que le guste la música, los videojuegos, el sexo oral y anal, comer hamburguesas extra grandes y que aun así se mantenga delgada. Le gusten las bromas subidas de tono, los tríos y se mantenga callada enfrente de mis amigos.

Al terminar su discurso clavó la mirada en los ojos de Lily, que apenas podía creer lo que escuchó. Estaba serio, con los ojos oceánicos vacíos y ni siquiera parpadeaba.

—¿Lo dices en serio? —le costó emitir las cuatro palabras.

—¿En serio me preguntas algo tan banal?

No sabía cómo habían terminado en esa situación. Se sintió incómoda, y le pareció extraña la actitud de James. ¿Era acaso porque estaba drogado? Estaba conociendo una faceta de él que no estaba segura que le gustara.

—Cálmate. Es solo la cita de un libro. Gone girl, ¿lo has leído?

Casi sintió que volvió a la vida.

—N-no.

—Solo hice una recopilación de algunos aspectos que vinieron a mi memoria. El personaje femenino lo describe como la chica cool. Un prototipo de mujer ideal que buscan los hombres y que no existe. Simplemente ellas fingen serlo. Lo utilicé para responder lo que pensé que querrías escuchar. Por favor no me vuelvas a hacer ese tipo de preguntas.

Sorprendentemente su voz había sido cálida, aunque su mirada no había perdido el vacío. Aprovechando el desconcierto de Lily, se acercó a ella y la tomó de la barbilla.

—Hay una película. Podemos verla para que lo entiendas mejor.

Lily asintió con la cabeza débilmente. Y se quedó quieta en su lugar mientras James buscaba los controles para poner el programa de streaming. La película inició con la imagen de una mujer, mientras Lily se acomodaba en el sillón recargando su cabeza sobre el pecho del chico, y James acariciaba su cabello de la misma manera que la imagen en el televisor. La primera frase era siniestra, cerró los ojos y se dejó tranquilizar por las caricias, el calor y el delicioso aroma que emanaba su cuerpo. Se sentía extraña. Le costaba encontrar esa tranquilidad en compañía de James. Él se había portado diferente esa noche, casi no lo reconocía.

El palpitar de su corazón en el oído le recordaba que era real. Él lo era. Estaba ahí en carne y hueso. Podía sentir el calor de su cuerpo bajo la yema de los dedos, las caricias en su cuero cabelludo, y los labios partidos que se posaron en su frente.

Lo escuchó suspirar y fingió dormir. No se apartó de la posición, ni siquiera movió un solo músculo aunque eventualmente las caricias en su cráneo se detuvieron. James tampoco se movió y al parecer ponía atención a la película, a pesar de que bajó el volumen para no molestarla. No supo cuánto tiempo estuvo en la misma posición, con los eventos del día dándole vueltas en la cabeza.

Escuchó un rítmico sonido lejano. Era el ringtone de un móvil. Por primera vez en un rato, James se movió debajo de ella. Sosteniendo delicadamente su cabeza para después dejarla suavemente sobre un cojín. Escuchó sus pasos alejarse hasta el lugar donde seguramente había dejado su móvil.

—¿Hola? —Su voz no se escuchaba lejos, aunque sí que estaba casi susurrando—. Lo siento, tuve que irme. Dejé todo bajo control, los perros se hacían cargo de la venta. No te preocupes, mi querido coyote, Frank será el más contento que me hice cargo de su zona. Sí, sí, sí mañana voy al bar. De acuerdo.

Lo siguiente que pasó fue que escuchó silencio. James debió haber cortado la llamada. Lily tenía el corazón acelerado, había escuchado claramente la conversación. Aunque no había escuchado la otra voz, con James había sido suficiente para confirmar lo que Gabe le había estado diciendo todo ese tiempo. Definitivamente James se dedicaba a la venta de algo ilícito.

Sintió el cuerpo del chico acercarse. La tomó de la espalda y detrás de las rodillas para alanzarla en el aire. Escuchó las escaleras de metal crujir, después sintió la suavidad de las sabanas bajo su cuerpo. Algo cálido que la cubrió con un delicioso aroma a detergente, indicándole que recientemente había sido lavado. Después escuchó de nuevo el crujir de las escaleras indicándole que estaba sola. Abrió los ojos confirmando que estaba en la habitación del chico. La puerta estaba abierta y solo entraba la luz de la estancia exterior. Volvió a cerrar los ojos e inmediatamente después volvió a escuchar su voz ronca esta vez atendiendo otra llamada.

Es por eso que James siempre estaba dormitando durante el día. La noche la dedicaba a atender sus negocios.