Hermione estaba disfrutando y realmente quería estrechar lazos con su compañera; por motivos estrictamente profesionales, obviamente. Así que decidió concederle unos minutos extra de libertad:
-Está bien... -capituló la castaña- Podemos dar un pequeño paseo pero en cuanto diga de volver, volvemos.
-¡Bieen! -exclamó la morena alegremente- ¡Y ni siquiera he necesitado mi cara de cachorrito inocente!
Hermione sacudió la cabeza pero no pudo evitar preguntarle cuál era. Bellatrix la miró abriendo mucho sus grandes ojos oscuros con la cabeza ligeramente agachada y poniendo morritos. La castaña tuvo que dejar de mirarla porque le costaba reprimir sus instintos. Ya no se engañó: era evidente que en el sentido físico esa mujer la atraía mucho. Tuvo que aceptar que su mueca era infalible, pero por supuesto no lo reconoció en voz alta. Simplemente la miró intentando emular el gesto severo de McGonagall.
-Venga, vamos a dar una vuelta por mugglelandia, monito -indicó la bruja oscura eligiendo una ruta al azar-. Cuéntame, ¿de qué conoces este sitio?
Hermione le contó los años que vivió en ese barrio con sus padres y los lugares que solía visitar. Sin darse cuenta le estaba confesando que los había perdido en Australia y se sentía horriblemente sola. Era mucho más fácil hablarlo con la mortífaga. Ella no la llamaba "pobrecita", ni se ofrecía a cuidarla, ni la trataba como si fuese una pobre huérfana indefensa. Sabía que sus amigos no lo hacían con mala intención, pero la hundían aún más. Por eso había dejado de discutir ese tema con ellos. Bellatrix se interesó por qué conjuro usó para desmemorizarlos pero no hizo más comentarios. Simplemente la escuchó y asintió de vez en cuando.
Caminaron sin rumbo alejándose de la zona más bulliciosa. Las calles se hicieron más estrechas y oscuras, pero la chica no sintió miedo. La acompañaba una psicópata, ¡que temblaran los demás! Si de normal hablaba hasta a los cuadros, cuando estaba nerviosa su verborrea se multiplicaba. Así que no hubo un minuto de silencio. Bellatrix no se quejó. Tampoco supo si la escuchó, se la veía absorta disfrutando de la libertad y la noche londinense. Una de las bocacalles que tomaron desembocó en la ribera del Támesis. Ahí, junto al río, la niebla aún se espesaba más.
-Odio este tiempo -refunfuñó la chica-. Hay mucha humedad y no se ve nada.
-A mí me encanta. Cuando era pequeña usaba mucho el conjuro nebulus para generarla.
-Pero no se ven las cosas con claridad, te aísla y no puedes ver el paisaje -respondió la chica que apenas vislumbraba la otra orilla.
-¿Y por qué eso es malo? Hay cosas que solo suceden en un entorno así, cuando estás aislado del mundo y parece que lo demás no importa. Lo que suceda entre la niebla se quedará entre la niebla, como si nunca hubiera sucedido.
-Claro que ha sucedido, tú sabes que sí, en tu cabeza ha sucedido y lo recordarás.
-A veces suceden cosas que es mejor que solo vivan ahí, en tu cabeza, en tus recuerdos. Una vez disipada la niebla que las envuelve dejan de tener sentido; estarías desnuda ante un mundo que te juzgaría.
La chica no respondió. Estaba meditando sus palabras y desentrañando el doble sentido. Bellatrix se lo aclaró sin dejar de contemplar el paisaje:
-Es como esta extraña cita nuestra. Tiene sentido en el entorno aislado y temporal de Hogwarts. En unos meses me largaré para siempre y nada de esto habrá sucedido. Y está bien, todo fluye sin resultar demasiado incómodo. Sin embargo, si ahora nos vieran tus amigos o mis padres desde el infierno... tendríamos que sacar las varitas e internar matarnos para que no nos encerraran en San Mungo.
Hermione no pudo evitar sonreír ante lo último. También experimentó un escalofrío ante lo certero de su razonamiento. El momento de agobio que había sentido en el baño del restaurante se resumía en eso: su relación tenía sentido porque tenía un marco muy concreto. La idea de ella y Bellatrix siendo profesoras en Hogwarts no parecía real, por eso podía permitirse esas licencias afectivas. Terminado el curso, todo se quedaría ahí, en un extraño y nebuloso recuerdo. La idea la entristeció pero también se sintió liberada: se quitó un peso de encima y redujo su auto-odio por confraternizar con el enemigo. Sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando su compañera se quitó la capa y preguntó intentando desabrocharse la americana:
-¿Hace calor o estoy borracha?
-Estás borracha -sentenció la gryffindor horrorizada porque debajo solo llevaba el sujetador de encaje-. ¡Y hazme el favor de dejarte la chaqueta puesta!
-Joder... -murmuró la slytherin frenando en seco y mirándola sorprendida- Eres la primera persona que me pide eso.
La castaña intentó mostrar desagrado, pero no pudo evitar reír de nuevo. Bellatrix la miró burlona y rió también. Estuvieron carcajeándose de absurdidades similares durante varios minutos. Al secarse las lágrimas Hermione vio su reloj de refilón.
-¡Joder, son casi las dos! -exclamó horrorizada- ¡¿Cuántas horas llevamos paseando?!
-¡Eh, has dicho "joder", soy una gran influencia! Y no sé cuántas horas, pero cuando me has contado que de pequeña te comías la tierra de las macetas he empezado a sospechar que nos quedábamos sin temas.
La castaña se ruborizó. Hacía tanto que no se sentía tan relajada que se le habían pasado las horas. McGonagall no le había puesto toque de queda porque obviamente ella era responsable. Pero sospechaba que estaría pendiente. Si no había recibido un patronus era porque no podía mandarlo al mundo muggle. Se aseguró de que no hubiera nadie y se aparecieron ante las puertas del castillo. Entraron con premura.
-Lo he pasado bien, monito, gracias por sacarme de paseo.
-De nada... -respondió la chica sorprendida por su amabilidad- Ha estado bien, salvo lo de que la camare...
Se interrumpió cuando notó que Bellatrix le colocaba una mano en el pecho para frenarla y le hacía un gesto para que se callase. Ella se detuvo sin entender qué pasaba. No había nadie a la vista y no se oía nada. Pero el gesto de su compañera era de alerta absoluta, como una pantera analizando el horizonte en busca de su presa. Sin duda estaba borracha. Lo confirmó cuando la slytherin lanzó un hechizo inmovilizador a un árbol. Y seguidamente uno levitador.
-Bellatrix, ¿qué demonios estás haciendo?
-No me gusta que me espíen -respondió la bruja.
Con un gesto de su varita, la criatura que había recibido ambos hechizos se acercó a ellas flotando. Un gato atigrado las contempló inmóvil con lo que sin duda era odio. A Hermione le costó unos segundos caer en la cuenta. Pero se le heló la sangre en cuanto lo comprendió. Le pidió a su compañera que revirtiera el hechizo.
-Naaah, es solo un gato... -comentó la mortífaga- Me lo puedo quedar de mascota y ponerle vestiditos... o regalárselo a Filch para que duerman juntos... ¡o puedo organizar una pelea ilegal contra la Señora Norris!
Hermione estaba realmente aterrada de las repercusiones que tendría aquello. Recordó entonces que llevaba su varita. La sacó y liberó al gato. Segundos después, la versión más cabreada que jamás había conocido de Minerva McGonagall apareció ante ellas.
-¡POR CIRCE, MINNIE! -exclamó Bellatrix llevándose una mano al pecho y fingiendo sobresalto- ¿Qué hacías dentro de ese pobre gato? ¡Menudo susto nos has dado!
-Bellatrix Black, no puedes ni empezar a imaginar la tortura que los meses que te quedan aquí van a...
-Eh, eh, frena la escoba, querida -la interrumpió la mortífaga.
-¡Y encima estás borracha, necia lunática!
-Y aún así te he detectado, ¿eh, compañera? -preguntó con una sonrisa burlona.
-Te juro que... -empezó la directora con el rostro encendido.
-No, vamos a dejar las cosas claras antes de que intentes culparme de esto. He pasado una noche maravillosa con mi compañera, todo iba bien y éramos felices como las adultas responsables que somos. Bueno, yo adulta y ella responsable, más o menos... El caso es que iba todo bien hasta que hemos aparecido aquí y resulta que nos estabas espiando de forma rastrera. ¿Qué dice eso de ti, Minnie?
Hermione se sentía a todas luces incómoda sin saber qué decir. La directora dudó un poco al darse cuenta de que decía la verdad y lo habían pasado bien. Bellatrix había logrado lo que ninguno de ellos: que la sabelotodo disfrutara y se olvidara por unas horas de sus problemas económicos y familiares. Aún así, aseguró con firmeza de que ella no era nadie para ir atacando a animales, fuesen o no animagos, y que amenazar a la directora era muy grave.
-¡Oh, claro que debía hacerlo! -exclamó la bruja- Tengo que proteger a Granger para que no me culpéis. ¡Yo qué sabía si eras tú, un gato u otro hombre-lobo!
-Sabías de sobra que era yo -respondió apretando la mandíbula.
-No podía correr el riesgo. He de proteger a esta niña porque vosotros no lo hacéis. Además, aunque lo haya sospechado, no he dado crédito: no me ha parecido posible que haga veinte años que me fui de aquí pero sigas usando la misma técnica para espiar a los alumnos.
-Yo no espío a nadie, Bellatrix, me preocupo por la seguridad de los alumnos. Y en cualquier caso, después de volver tan tarde habéis perdido el derecho a salir del castillo. La dos -sentenció mirando a la compungida Hermione.
-¿Disculpa? -preguntó la mortífaga sin achantarse- Fuera de su jornada laboral todos los profesores salen a la hora que les da la gana y vuelven cuando Merlín les da a entender. A Slughorn lo puedes encontrar borracho todos los jueves cuando vuelve de apostar en las carreras de hipogrifos. Sprout suele culpar a las mandrágoras cuando se escuchan chillidos de madrugada, pero en realidad es ella consumiendo los hongos alucinógenos que cultiva en secreto. Sinistra y Vector salen todos los viernes a un club en el que digamos que la gente no se suele dejar la ropa puesta. Tú eres consciente de eso y de mucho más, pero haces la vista gorda porque después de una guerra cada uno continúa como puede.
Hermione miró de reojo a McGonagall y se dio cuenta de que decía la verdad. Le interesaron bastante todos los temas, tomó nota mental de investigarlos. La morena prosiguió con su protesta:
-¿Y vas a castigar sin salir a esta chica que solo intenta evitar que una pobre expresidiaria demente se vuelva aún más loca encerrada aquí? Sinceramente, Minerva, esperaba más de ti. Me parece deleznable la forma en que tratáis a esta niña, si lo llego a saber no la hubiera liberado tras torturarla, yo la cuidé mejor.
De nuevo, la escocesa se quedó sin palabras. Esa mezcla de cruda sinceridad y delirios de psicópata era difícil de contrarrestar. Así que como ya habían llegado al castillo, la duelista decidió retirarse:
-Te lo voy a pasar esta vez, Minnie, pero como sigas espiando y tratando como si fuera una cría estúpida e indefensa a Granger, me aseguraré de que mueras en la celda más infecta de Azkaban.
-¡¿Cómo te atreves a...?!
-Es la misma amenaza que usaste tú cuando creíste que yo le había hecho daño. Es bidireccional, como ves. Ahora, como bien has dicho, estoy borracha y quiero dormir. ¡Buenas noches, monito! Y buenas noches a ti también, gato cotilla.
-¡Bellatrix Black, no te atrevas a...!
Antes de completar "darme la espalda", la bruja oscura ya había entrado al castillo y desaparecido. La directora puso los ojos en blanco. Las dos gryffindor caminaron en silencio por los corredores mientras McGonagall se serenaba. Cuando lo logró, le indicó a Hermione que era mejor que sus aventuras con Bellatrix terminaran ahí. Seguía sin fiarse de ella. La castaña replicó con suavidad:
-Gracias por preocuparte por mí, Minerva. Pero yo decidiré qué me conviene más.
-Hermione, no dejes que te engañe. Deberías saber que...
-Lo que me interesaría saber es qué ese asunto de las profesoras Sinistra y Vector visitando un club de...
-De acuerdo. Se acabó, me rindo. Buenas noches.
"Buenas noches, Minerva" respondió la chica sonriente. Llegó a su habitación sumida en una extraña y absurda felicidad.
