Este fic participa en la campaña "Fickers unidas para llevar al canon hasta la cima", perteneciente a la página de Facebook ´´Estrellas de la biblioteca prohibida´´, también participa en la campaña "Escribir para nosotras es una pasión, compartir nuestros fics llena el corazón", perteneciente al grupo de Facebook La Flor del Demonio.


Advertencia: A continuación, se presentaran escenas sexuales de alto contenido, se sugiere que antes de comenzar la lectura se cuente con un novio, marido, amante o vibrador a mano, en caso contrario prepararse para una ducha fría luego de terminar.


Capítulo 5

—Cásate conmigo —las demandantes palabras aun resonaban en sus oídos.

Aquella mañana cuando vio a Sesshoumaru llegar para el bautizo de Ichiro lo que menos llegó a imaginar era que el día terminaría de esa manera.

El bautizo durante la iglesia fue hermoso y sencillo, luego se trasladaron a la casa de Inuyasha y Kagome para realizar una pequeña celebración.

Por momentos sentía la mirada de Sesshoumaru sobre ella, pero era distinta, parecía escudriñarla. En un momento se le había acercado para decirle que tenían que hablar, lo cual le pareció bastante extraño. Y aunque si tuviese algo que decirle no se imaginaba que él también.

En cuanto terminó la celebración Sesshoumaru se ofreció a llevarla a su casa y ella aceptó. Pensó que tendrían intimidad, podría decirle de su viaje, y siguiendo los términos artificiales de su relación terminarían teniendo sexo. Un buen sexo de despedida.

Pero todo su plan se fue abajo en cuanto llegaron a su departamento y él habló.

—¿Es cierto que te iras del país? —preguntó directamente. Sorprendiéndola.

—Si, me han ofrecido manejar una compañía en Londres y he aceptado. ¿Cómo lo supiste? —no pudo evitar preguntar.

—Inuyasha me ha dicho que por eso adelantaron el bautizo del niño. ¿Cuándo pensabas decírmelo? —cuestionó cortante.

—Pues, no estabas en la ciudad y no iba a enviarte un mensaje para decírtelo —se encogió de hombros.

—¿Era preferible que me enterase cuando estuvieses en Londres? —la molestia en él era obvia.

—¿Qué otra cosa podía hacer? Seamos sinceros, Sesshoumaru, en esto que hay entre nosotros no existe demasiada comunicación —dijo a modo de conclusión.

—Creí que teníamos una relación —soltó de forma brusca.

—¿De verdad? No creo que esto podría considerarse una relación. Somos dos adultos que decidieron conscientemente mantener relaciones mientras lo disfrutaban. Intercambiamos fluidos corporales, no sentimientos, ¿cierto?

—¿Así es como lo ves?

—Es lo que es, y bueno, tendrá que terminar.

—No —dijo Sesshoumaru rotundo.

—De verdad no puedes estar pensando en mantener lo que sea esto estando yo en Londres. Es absurdo. A penas y nos veíamos estando los dos en el mismo país. No funcionaria.

—Hay otra forma.

—¿En serio? No me imagino cual podría…

—Cásate conmigo —demandó con autoridad.

Rin no podía creerse lo que estaba escuchando, ¿estaba hablando en serio? No, no podía ser cierto. Seguramente había escuchado mal. Aunque no podía negar que su corazón empezó a latir desenfrenado en su pecho, y llegó a sentir un cosquilleo en su estómago.

—No casaremos e iremos a vivir juntos, afianzando nuestra relación —recalcó la última palabra.

—No puedes estar hablando en serio. Es de matrimonio de lo que estás hablando, no es cualquier cosa —pudo decir por fin.

—Estoy muy seguro de lo que estoy hablando.

—¿De verdad? Porque un matrimonio no se mantiene cuando la pareja a penas y logra verse un par de veces al año, y que, además, saben muy poco el uno del otro. Lo que creo es que solo quieres mantenerme en tu cama —espetó ahora molesta—. Pues déjame decirte algo, no aceptare casarme contigo solo por el sexo. Y bien ya puedes buscarte a alguien más para que te satisfaga, seguramente ni notaras mi ausencia —terminó diciéndole con énfasis.

—No quiero a nadie más, te quiero a ti —afirmó y el corazón de Rin volvió a acelerarse. Se negó a aceptarlo.

—No me quieres, estas encaprichado, pero bien puedes escoger a cualquiera de tus otras amantes para tenerla de exclusiva —soltó con sorna.

Ciertamente, siempre había pensado que Sesshoumaru tenía amantes, o bien se acostaba con alguna que otra mujer durante sus viajes, ningún hombre, con el apetito sexual de Sesshoumaru, podría mantenerse célibe durante tanto tiempo ¿cierto? Y mucho menos cuando no existía ninguna relación real a la que mantenerse fiel.

—Rin… —él parecía soltar una amenaza en su voz.

—No me casare contigo solo para complacer tu capricho. Esto se acabó —dijo con firmeza y al hacerlo sintió una extraña presión en su pecho. Sea lo que eso fuera, no cedería.

—Esto no termina —declaró, y un instante después se dio media vuelta para dirigirse a la puerta y marcharse.

Rin sintió cierto alivio al verlo marcharse, pero también algo más cercano a la pena.

Estaba segura de que Seshoumaru se había vuelto loco al pedirle algo como eso, posiblemente solo fue el impulso del momento que lo llevó a hacerle semejante proposición, ¿o acaso era ella quien estaba loca al rechazarlo? Negó con la cabeza, había hecho lo correcto, no podía casarse con él solo por el sexo.

No cuando ella había comenzado a desear y necesitar algo más.


No podía creerlo, se iría, realmente lo haría. Su viaje estaba pautado para el día siguiente y por eso esa noche sus amigas habían preparado una noche exclusiva de chicas para despedirla. Se sentía bastante nostálgica por tener que dejarlas, y también a su abuela, con quien había pasado toda la semana.

—Y no nos ha dicho, ¿qué te dijo Sesshoumaru cuando le dijiste que te ibas? —quiso saber Sango. Extrañándola un poco, pues pensó que Kagome sería la primera en preguntar.

—¿Tuvieron una noche de sexo desenfrenado para el recuerdo? —preguntó con picardía Ayame.

—No, nada de eso. Ya lo sabía, y supongo que tuviste algo que ver ¿cierto? —preguntó hacia Kagome.

—¿Yo? Inuyasha fue quien habló con él para que viniera al bautizo, y bueno, quizás tuvo que explicarle por qué decidimos adelantarlo —se encogió de hombros con fingida inocencia.

Rin negó con la cabeza, su amiga no cambiaría. Desde la Universidad, Kagome había logrado influir de alguna u otra manera en las relaciones de Sango y Ayame. Con Sango se acercó a Inuyasha, ya que sabía era el mejor amigo de Miroku, y así obtener información, para posteriormente comenzar a acercarlos.

En aquel momento Inuyasha tenía novia, y su amiga no estaba interesada en enamorarse, tan solo quería ayudar a Sango, pero meses después Inuyasha terminó con su novia porque se enamoró de Kagome.

Luego, durante el último año de la carrera, llegó Ayame como una estudiante de intercambio, y al poco tiempo la muchacha se había mostrado interesada por Kouga, un compañero de Inuyasha que aun sabiendo que eran pareja en ese momento siempre intentaba cortejarla. Allí se le ocurrió planificar una cita a ciegas para Kouga y Ayame. Al muchacho le hizo creer que saldría con él y a la pelirroja le dijo que se encontrarían para ver una película. Y aunque en un principio Kouga se hubiese sentido timado, no fue capaz de dejar sola a Ayame, su sentido de la caballerosidad no se lo permitió. Al poco tiempo y sin que nadie más interfiriera comenzaron a enamorarse.

Y estaba casi segura que su amiga también había intentado interferir en esa ocasión.

—Pero ya, dinos, si no tuvieron sexo ¿cómo reaccionó al saber que te irías? —preguntó de nuevo Ayame, al hacerla salir de sus pensamientos.

—Me pidió que me casara con él, bueno, realmente lo demandó.

—¿¡QUÉ?! —gritaron las tres mujeres al unísono, casi dejándola sorda en el proceso.

Les narró de forma breve lo que pasó esa noche, y la forma en que había rechazado a Sesshoumaru.

—Obviamente estuvo mal la forma en que lo hizo —Ayame fue la primera en hablar.

—Si, pero creo que quizás debiste pedirle alguna razón por la cual te pedía matrimonio y ver que respondía —Kagome se encogió de hombros—, tal vez te hubiese sorprendido.

—Es obvio que solo lo hacía por el sexo —comentó indignada.

—¿Realmente lo crees? —cuestionó Sango—. Es decir, te apoyo en tu decisión, es solo que no creo que un hombre como Sesshoumaru sea capaz de pedir matrimonio solo por sexo, es algo que puede tener en cualquier parte.

Rin dudo en ese momento, tal como lo decía Sango podía tener algo de sentido. Y sabía que su amiga hablaba de la experiencia, pues en el pasado Miroku había sido todo un mujeriego, que solo buscaba diversión y buenos ratos, hasta que comenzaron a salir, y entonces comenzó a cambiar para estar con ella. Pero había una gran diferencia entre Miroku y Sesshoumaru, Miroku se había enamorado de Sango. Sesshoumaru no estaba enamorado de ella.

—Pero ¿si es un hombre que pueda enamorarse? —preguntó en voz alta.

—Eso es algo que nosotras no podríamos decirte, cariño —habló con ternura Ayame.

—Y quizás solo tu podías descubrir —añadió Sango.

—¿Yo?

—Resulta obvio que Sesshoumaru siente algo por ti, pero solo tu podrías saber si es amor o no —indicó Kagome.

—No, no es amor —negó convencida.

Sus tres amigas se vieron entre ellas y luego le devolvieron la mirada.

—Si tú lo dices —fue lo que dijo Ayame.

—Hacían una linda pareja —comentó Kagome.

Notó que parecía querer decir algo más, pero calló. Kagome se enorgullecía al decir que tenía un sexto sentido para detectar a futuras parejas, pero esta vez estaba completamente equivocada, ella y Sesshoumaru no terminarían juntos.


Luego de la negativa de Rin para casarse con él, Sesshoumaru volvió a su trabajo, saliendo en un vuelo al día siguiente. Había pausado un proyecto en curso solo para asistir al bautizo y hablar directamente con Rin, y tuvo que retomarlo de inmediato para no causar retrasos.

Y posterior a ese proyecto viajó directamente a otro. Debía cerrar todos sus trabajos pendientes antes de tomar aquella decisión definitiva, por lo que tuvo un mes repleto de trabajo, prácticamente sin descanso.

Para cuando regresó a Tokyo era obvio que Rin ya se había marchado, por lo que no se molestó en buscarla, tan solo se ocupó de seguir con lo planificado.

El rechazo de Rin no solo había tocado su orgullo, también algo más que no lograba identificar. Y que ella hubiese insinuado que él no tenía una, sino varias amantes, fue ofensivo para su ego, él no era ningún mujeriego.

Sesshoumaru no había estado con otra mujer desde el momento que conoció a Rin. Se consideraba un hombre monógamo, y si tenía a Rin no necesitaba buscar a nadie más, y por supuesto no quería. En ese sentido podía decir que fue fiel a ella durante el tiempo que compartieron juntos.

Y algo que había tenido que aceptar era que consideraba a Rin como su pareja, y como alguien que comenzó a formar parte trascendental de su vida. Pero tal parecía que para ella no resultaba de la misma forma, o quizás tan solo trataba de negarse.

Apartó sus pensamientos en cuanto estacionó el auto, ya había llegado a su destino. Ese día era el aniversario número 20 de la muerte de su padre y como cada año lo iba a visitar al cementerio. Bajó del auto y caminó por la verde grama, antes de llegar a donde estaba su padre vio a dos siluetas de pie frente a la lápida, al acercarse un poco más identificó a su hermano y su esposa, con el bebé.

No dijo nada en cuanto llegó con ellos, tan solo ofreció una oración en silencio hacia el descanso de su padre.

—Es bueno verte, Sesshoumaru —saludó Inuyasha.

No dijo nada pues no lo vio necesario. Se produjo entonces otro momento de silencio que fue roto por la mujer.

—Este sol no es bueno para Ichiro, te esperare en el auto —escuchó que le decía a Inuyasha—. Nos vemos, cuñado —se despidió de él con un movimiento de mano y una sonrisa. La vio sin decir palabra, seguía sin acostumbrarse a que le dijese de esa forma.

—No pensé que te encontraría aquí.

—Vengo todos los años —no debía dar explicaciones, pero no dejaría que creyese que no visitaba la tumba de su padre.

El teléfono de Inuyasha sonó y este lo revisó, segundos después su propio teléfono vibró en el bolsillo. Pensando que sería algo del trabajo lo buscó, y cuál fue su sorpresa al ver que era del mismo Inuyasha. Su hermano estaba cada vez peor de la cabeza. Como no había texto decidido abrirlo, y vio una fotografía con una dirección de Google maps.

—¿Qué demonios es esto?

—La dirección de Rin en Londres —respondió como si tal cosa.

—¿Cómo puedes tenerla? —no se fiaba que fuese cierto. Inuyasha se encogió de hombros.

—Cuando quiere, Kagome obtiene lo que quiere.

—Como sea, no la he pedido.

—Entonces, puedes simplemente ignorarla.

—Rin se fue aun cuando le pedí que se casara conmigo —se vio revelando aquello.

—Quizás no lo sepas, pero las mujeres necesitan algo más que sexo para casarse.

—¿Vas a explicarme cómo piensan las mujeres?

—No, esa sería imposible. Pero en mi experiencia puedo decir que las mujeres esperan sentirse queridas e importantes en una relación, y si no es así podrían buscarlo en otra parte —se encogió de hombros.

Sesshoumaru lo vio molesto, ¿acaso se atrevía a decir que Rin se había marchado porque él no le demostró algo de afecto?

—¿Tu experiencia? —le debatió—Fuiste tu quien dejó a Kikyou, así que puedo asumir que quizás hay problemas con tu esposa.

Inuyasha sonrió.

—Kagome sabe que la amo. Pero es fácil darse cuenta que Rin no lo sintió.

Antes de que poder responder algo ya Inuyasha se había dado media vuelta para alejarse.

—Solo tú decides que hacer con esa información.

—Nadie me dice que tengo que hacer —gruñó.

—Hasta luego, Sesshoumaru —Inuyasha se despidió con un movimiento de mano mientras se dirigía al auto.

Le molestaba que cualquiera intentase meterse en su vida. Solo él era responsable de sus decisiones.

Vio una vez más lo que le había enviado Inuyasha y guardó el teléfono. La información le resultaría útil.


—¿Qué te dijo? —fue la pregunta con la que lo recibió Kagome al apenas subir al auto. Inuyasha sonrió negando con la cabeza, su mujer era muy impaciente.

Kagome le había enviado la dirección de Rin para que se la diese a su hermano, y así este tuviese toda la información para ir a buscarla. Su esposa estaba convencida de Sesshoumaru y Rin terminarían juntos, y ya a esas alturas tan solo le seguía el juego.

La verdad fue que le sorprendió que Sesshoumaru llegase al bautizo, aun cuando le había dicho que estaría fuera por trabajo. Y cuando Kagome le contó que Rin les dijo de la propuesta de matrimonio, comenzó a hacerse a la idea de que quizás su hermano si sintiese algo por la muchacha.

Sesshoumaru no era el hombre que pedía matrimonio a la ligera, es más, jamás hubiese imaginado eso posible. El matrimonio no era algo que pudiese adaptarse a su estilo de vida tan desapegado. Pero contra toda probabilidad lo había hecho, lo que dejaba ver que quizás si había futuro en aquella relación.

Había sentido algo de molestia cuando Sesshoumaru habló de la marcha de Rin. Quizás estaba seguro de que al pedirle matrimonio ella aceptaría de inmediato, que equivocado estaba, Rin había crecido alrededor de Kagome, Sango y Ayame, las cosas no serían así de fáciles. Y aunque sabía muy bien que Rin no estaba interesada en ningún otro hombre, lanzó la puya para hacerle reaccionar, y por un momento vio el gesto de turbación en el rostro de su hermano, que rápidamente disimuló al hablarle.

—Parece no aceptar la negativa de Rin —fue lo que dijo al encender el auto.

Por el retrovisor vio que su hijo ya se había quedado dormido en su asiento especial.

—¿Te dijo que iría a buscarla? —preguntó su esposa con emoción.

—No, pero estoy seguro de que lo hará —afirmó—. Por cierto, ¿cómo hiciste que Rin te enviara la dirección?

—Pues, le dije que la necesitaba para enviarle algo.

—¿El piyama de ese extraño dragón? —Hace unas semanas la había visto encargar un piyama de un dragón de dos cabezas, le parecía algo extraño en su esposa pues no eran sus gustos.

—El mismo. Le encantan esas cosas y le dije que quería regalárselo por su nuevo trabajo y que necesitaba la dirección —se encogió los hombros con inocencia.

—Eres terrible —dijo y al momento se inclinó hacía ella para besarla.

—Me considero más una especie de cupido —sonrió victoriosa—. Sabía que no debíamos cancelar la reservación — la vio tomar el teléfono, estaba seguro que le escribiría a Sango y Ayame.

Ese trío llevaba planificando en secreto la boda de Rin, desde hace meses. En realidad, le daban un poco de miedo.

—He estado pensando —comentó ella de repente—, Sesshoumaru y Rin tuvieron sexo en nuestra boda —al escuchar eso frenó el auto de golpe, eso era algo que no sabía ni esperaba saber.

—¿Qué?

—Si, si, te dije que se conocieron la noche de mi despedida de soltera.

—Pero no que lo hicieron en nuestra boda.

—Pequeños detalles —le restó importancia—, pero gracias a eso tuvimos nuestra escapada erótica.

Inuyasha había pensado que su esposa solo había estado deseosa por estar con él, y resulta que tenía otros motivos.

—Como sea, estaba pensando que si ellos tuvieron sexo en nuestra boda nosotros podemos tenerlo en la de ellos —sugirió, al acariciarle el muslo sin recato.

—Estás hablando de venganza.

—Por supuesto que no —volvió a utilizar su tono inocente—. Solo digo que sería emocionante, ¿no crees? Obviamente serás el padrino, debes ser responsable, pero te escabulles para tomar a tu inocente esposa a escondidas. Además, te ves realmente sexy con traje.

Gruñó por lo bajo, con solo escuchar la voz seductora de Kagome decir eso y meterle esas ideas en la cabeza, le hacía tener una erección.

Y obviamente no tendría que esperar a la boda de su hermano para tomar a su esposa. Lo haría en cuanto llegara a casa, y bueno, quizás también en la boda de su hermano, ¿por qué no? Estarían a mano.

En definitiva, su esposa siempre obtenía lo que quería.


Era domingo y Rin aprovechaba para descansar, los fines de semana anteriores, llevada por la curiosidad de conocer un nuevo lugar, había salido a conocer los alrededores, pero ese fin de semana se dedicó a descansar. Temprano había llamado a su abuela, y hablado con sus amigas, debido al gran cambio horario no eran muchas las horas que tenían para conversar.

Rin se sentía cómoda en su nuevo trabajo, y gracias a su dominio en el idioma inglés le resultó más fácil adaptarse.

La razón de no salir ese fin de semana también era porque necesitaba pensar. El viernes le comunicaron que su anterior jefe, cuando trabajaba en Japón, había muerto repentinamente de un infarto. La noticia le afectó, por supuesto, pues había logrado crear una buena amistad con el hombre, además de que no era alguien mayor, fue algo muy inesperado.

El hecho la hizo pensar también en su abuela, ¿qué pasaría si llegase a enfermar? A miles de kilómetros de distancia no podría hacer mucho, y eso la llenaba de terror. Era cierto que estando en Japón no vivían juntas, pero sabía que si su abuela enfermaba podría pedir unos días en el trabajo, tomar un autobús y en unas horas ya estaría con ella. Ahora la situación cambiaba drásticamente, y se sentiría terrible si algo le sucedía a su abuela durante su ausencia.

El sonido del timbre en la puerta la hizo apartar sus pensamientos, ya había anochecido y, por supuesto, no esperaba visitas. Se preguntó si sería su vecino, Edgar, quien era sumamente apuesto y no había intentado ocultar su interés por ella desde que se cruzaron en el ascensor pocos días después de su llegada.

Dio una mirada a su atuendo y pensó que estaba lo suficientemente aceptable. Justo cuando llegaba a la puerta se escuchó un segundo timbrazo y sin molestarse en preguntar quién era, abrió.

Se quedo de piedra al ver la imponente figura que estaba del otro lado. ¿Qué estaba haciendo él allí? Parpadeó un par de veces para asegurarse de que no era ningún espejismo. No lo era, la mirada ambarina seguía fijamente sobre ella.

—Hola, pequeña escurridiza —Sesshoumaru volvía a usar aquel término que uso durante la boda de Inuyasha y Kagome, cuando ella no quiso cruzarse con él. Obviamente, la situación no se repetía, pues ella no había decidido irse para alejarse de él.

—¿Qué haces aquí? —soltó la pregunta de golpe.

—¿Podrías dejarme entrar? Acabo de llegar de un largo viaje y necesito una ducha —dijo y con toda la confianza cruzó la puerta antes de ella poder evitarlo.

—Pudiste ir a un hotel. Además, ¿cómo tuviste mi dirección? —exigió saber.

—Eso no es realmente importante. ¿Dónde está el baño? ¿en la habitación? —preguntó al recorrer el pequeño departamento.

—Sesshoumaru, escúchame, no puedes hacer esto —lo siguió al ver que ya había llegado a su habitación.

Él ni siquiera se inmutó, dejó la maleta a un lado y al comprobar que efectivamente el baño estaba en la habitación procedió a quitarse los zapatos y la corbata que llevaba. Sesshoumaru la miró durante un instante y sonrió de aquella forma tan petulante.

—¿Deseas acompañarme?

—Por supuesto que no —se negó de inmediato.

—Como quieras —dijo al encogerse de hombros y entrar al cuarto de baño.

Sin saber que hacer Rin se quedó allí, esperando. Comenzó a escuchar el agua correr y pensó que no entendía a ese hombre, ¿cómo era posible que de repente se presentare allí y actuara como si nada? ¿Qué le pasaba por la cabeza?

Minutos después Sesshoumaru salió con tan solo una toalla alrededor de su cintura. Por un momento se le olvidó respirar, como siempre le pasaba al verlo desnudo. Sesshoumaru era un hombre sumamente atractivo, y a sus 37 años se mantenía en excelente forma.

Lo vio dirigirse a la maleta, tomarla y subirla a la cama para buscar la ropa para ponerse. Apartó la mirada al ver que se quitaba la toalla. No porque lo hubiese visto tantas veces en el pasado significaba que le restaba la vergüenza que sentía al verlo desnudo.

Lanzó miradas de reojo y al comprobar que se había puesto un bóxer, se volvió a verlo. Notó que en la maleta llevaba varias mudas de ropa.

—¿Planeas quedarte mucho tiempo? —indagó. Quizás él había viajado hasta allí por asuntos en su trabajo.

—El suficiente —respondió vago al colocarse un mono deportivo con el que solía dormir. Realmente tenía pensado quedarse allí.

—¿El suficiente para qué?

—Para convencerte que te cases conmigo —habló con seguridad al dirigirle la mirada.

Él no podía estar hablando en serio, ¿o sí? La determinación en sus ojos dejaba ver que estaba en verdad decidido.

—Sesshoumaru, ya hablamos de esto —murmuró abatida, que él insistiese solo ocasionaría que ella se viese afectada por la situación.

—Y te dije que no habíamos terminado —habló con suficiencia.

—No vas a obligarme —sentenció.

—Por supuesto que no. Jamás te he obligado a hacer algo que no quisieras, ¿cierto? —en su tono había cierto grado de lujuria y no pudo evitar sonrojarse por sus dobles intenciones.

No pudo debatir pues él tenía razón, en todo caso Sesshoumaru siempre fue un caballero con ella, y hasta podía asegurar que la respetaba.

—¿Te parece bien que ordenemos algo de comida? Muero de hambre.

Ella como respuesta solo pudo asentir. No sabía cuáles eran las intenciones que Sesshoumaru, pero si estaba segura de que no la haría cambiar de opinión.

Rin pidió la comida a domicilio y una vez llegó comieron en silencio. Aunque hubiese querido decir algo, no pudo, estaba nerviosa y no podía negarlo. Pudo hablar una vez que terminaron la comida.

—Puedes quedarte en el sofá —señaló el mueble en medio de la sala—. Y mañana buscaras un hotel. —Sesshoumaru la miró y levantó una ceja.

—Por supuesto que no, dormiré en tu cama —dijo con sencillez.

—¿Podrías no complicar las cosas?

—¿Complicarlas? ¿Yo? Estoy siendo objetivo, hemos dormido juntos muchas veces, no veo porque no hacerlo ahora.

—Porque tendríamos sexo —soltó molesta, sin saber muy bien por qué.

—Haríamos el amor, si —corrigió él y algo la embargó.

—Te dije que buscaras a cualquiera de tus otras amantes —declaró de nuevo molesta, negándose a lo que había sentido al escucharlo.

Sesshoumaru la miró y suspiró.

—No tengo ninguna amante.

—¿Qué? —no podía creer lo que escuchaba.

—Desde que te conocí no me he acostado con ninguna otra mujer —Sesshoumaru desvió la mirada, parecía estar avergonzado de admitir aquello ¿era eso posible? ¿podía ser cierto?

—¿Por qué? —se atrevió a preguntar.

—¿Por qué? Estaba contigo —fue la simple respuesta y con eso el corazón de Rin se alboroto como loco.

¿Sesshoumaru fue fiel a ella durante todo ese tiempo? ¿Aun cuando, realmente, no mantenían una relación formal? De solo pensarlo le hacía querer atreverse a creer.

Sin saber muy bien que hacer se ocupó de recoger las sobras de la comida, botarlas y recoger la cocina. Sesshoumaru se mantuvo atento a sus movimientos sin decir palabra. Pasados unos minutos fue hasta la habitación y arregló todo para un baño, él la siguió y se sentó en la cama con total calma. Parecía tan relajado que solo la hacía ponerse más nerviosa.

Entró al cuarto de baño y solo por seguridad pasó el seguro, no creía que Sesshoumaru fuese capaz de entrar sin su permiso, pero debía estar segura. Se baño sin prisa, pues sabía que al salir volvería a encontrase con Sesshoumaru y no estaba del todo preparada.

Cuando finalmente terminó maldijó su suerte al haber olvidado su ropa interior, resignada se puso el pijama y secó el exceso de agua en su cabello. Para cuando salió se encontró a Sesshoumaru en la misma posición, la vio detalladamente y le pareció ver una media sonrisa en su rostro.

—Ese pijama es nuevo —comentó de forma apreciativa.

Ella por su nerviosismo no se dio cuenta lo que había tomado, lo que terminó siendo el pijama que Kagome le había enviado no hace mucho, en realidad era la primera vez que lo usaba. Al ver el pijama pensó en algo.

—Fue Kagome quien te dio mi dirección —indicó lo obvio, pues su amiga era la única persona con la que había compartido su dirección. Vio a Sesshoumaru encogerse de hombros.

—¿Realmente importa?

Rin pensó que no, pues lo que realmente importaba era lo que llevó a Sesshoumaru hasta allí. Sin prestar demasiado atención, fue hasta el armario y buscó un panty para ponerse, y allí buscando entre su ropa algo se le vino a la cabeza, él se dio cuenta de que el pijama era nuevo de inmediato, ¿prestaba tanta atención a esos detalles? Recordó entonces que él solía comentar algo cuando ella decidía cortarse el cabello o comprar algo nuevo. Él siempre había estado atento a todo eso.

Aun de espaldas a él se puso el panty, y escuchó movimiento en la cama, cuando volteo él había puesto una almohada sobre sus piernas.

—¿Qué sucede?

—Es bastante obvio ¿no lo crees? No soy de piedra, Rin.

Se sonrojó de inmediato, ella ni siquiera había intentado seducirlo ¿y él se había excitado?

—Quiero que dejemos algo en claro, Rin —habló con tono serio—. Puedo aceptar, por ahora, que no desees casarte, pero eso no quiere decir que nuestra relación termine, al menos no para mí.

—Entonces, ¿sugieres que sigamos en este juego? Teniendo sexo cada quien sabe cuánto tiempo, ¿hasta cuándo? ¿un año, dos?

—Solo tú decides eso, Rin.

Él solo quería jugar con ella, estaba segura de eso. Vio que Sesshoumaru dejaba la almohada a un lado y se ponía de pie para ir al baño, la firma erección era bastante obvia.

—Si me disculpas, necesito tomar una ducha.

—Pero acabas de…

—Es realmente difícil dormir con esto —señaló la poderosa erección y Rin tragó saliva.

Se mordió el labio y se apresuró a detenerlo antes de que entrase al baño.

—Hay otra forma de solucionarlo —Sesshoumaru la vio con duda—. Viniste por sexo ¿cierto? Bien, hagámoslo.

Él la vio durante un minuto, evaluándola, y luego la tomó en brazos, caminó el corto trayecto hasta la cama y la depositó con calma. Se inclinó para besarla despacio y luego hizo un camino de besos hasta su oído.

—No he venido solo por sexo, vine por ti —le susurró y ella sintió un escalofrió en todo el cuerpo, pronto volvió a sentir sus labios sobre los suyos.

Duraron un tiempo así, solo besándose, él parecía querer devorarla a besos. Lentamente él se separó y con una mano le acarició la mejilla.

—Supongo que no has traído tus juguetes, ¿cierto? —Aunque la pregunta le pareció extraña respondió negando con la cabeza.

La verdad había pensado llevarlos, pero suponía muchos recuerdos, al verlos recordaría cada momento que habían compartido. Sesshoumaru se inclinó a besarla de nuevo.

—No te preocupes, he venido preparado —dijo al separarse de ella. Lo vio levantarse de la cama e ir hasta la maleta, la abrió y sacó una caja parecida a la que ella tenía—. Esta tiene un par de cosas nuevas, pensé que podríamos probarlas juntos.

Rin asintió llena de expectativa.

Él pasó a describirle lo que había en la caja, un tapón anal que vibraba, bolas anales, un anillo vibrador para el pene, un huevo vibrador parecido a la bala que ya habían usado, pero más grande, lubricante a base de agua, y una especie de mariposa unida a un arnés que era para estimular el clítoris.

—¿Qué quieres probar? —lo escuchó preguntar. Ella lo pensó durante un minuto y respondió viéndolo a la cara.

—Todos —fue su respuesta.

—¿Estás segura? —Ella tan solo asintió.

En realidad, no estaba muy segura, pero creía que si probaban todos los juguetes ya él perdería el interés, y quizás se marcharía pronto.

—Tus deseos son órdenes para mí —dijo al inclinarse para besarla de nuevo y ella pensó que no era del todo cierto, pues de ser así él no la hubiese buscado para intentar convencerla.

Sesshoumaru comenzó a besarla y con lentitud le quitó el pijama, antes de molestarse en quitarla la ropa interior se ocupó de llenarla besos. Besó su cuello, sus pechos y se entretuvo con sus ya erguidos pezones, sintió una mano masculina recorrer sus caderas y piernas, ella por instinto las separó para él, la mano recorrió su entrepierna por encima del panty.

—Ya estás lista —le susurró él y Rin no pudo evitar sonrojarse. Se mordió el labio para no decir que el simple contacto de él la hacía estar lista y deseosa.

Sesshoumaru se separó para quitarle el panty y luego tomó uno de los objetos de la caja, se trataba del vibrador mariposa que iba con el arnés, también tomó el lubricante y colocó un poco en el vibrador, después la ayudó a ponérselo pasándoselo por ambas piernas y sujetándolo en su cintura, hasta ubicar la mariposa justo delante de su clítoris.

Una vez estuvo bien asegurada la mariposa él la besó y le pidió que se diese la vuelta, obedeció y Sesshoumaru le colocó las almohadas en el abdomen para ayudarla a mantener las caderas en alto. Rin se apoyó sobre sus rodillas, exponiéndose a él.

Sesshoumaru le preguntó si prefería comenzar con el huevo vibrador o con las bolas anales, se lo pensó un minuto y le respondió que, con el vibrador, estaba más preparada. Lo vio tomar el juguete y llenarlo de lubricante, luego sintió los largos dedo de él recorrer sus pliegues y separarlos.

—¿Te he dicho lo mucho que me encanta verte de esta forma? —preguntó con voz ronca y ella sintió todo el cuerpo enrojecer de vergüenza. Él nunca le había dicho nada semejante, era un hombre de pocas palabras— Eres hermosa, Rin.

Su corazón latía descontrolado y no supo decir si era por la excitación o por escucharlo decir tales palabras.

Gimió cuando sintió que él comenzaba a introducir el huevo, y en cuanto estuvo totalmente dentro Sesshoumaru se ocupó de empujarlo con sus dedos y así ubicarlo mejor dentro de ella, podía sentir sus líquidos salir y salir, una vez lo ubicó bien el vibrador retiró los dedos y se alejó, suponía que a buscar las bolas anales. No pasó mucho cuando ya él estaba de nuevo a su lado, sintió sus caricias en el trasero y luego como Sesshoumaru le separaba los glúteos para esparcirle una buena cantidad de lubricante, gimió e intentó alejarse cuando él introdujo un dedo en su ano, luego añadió un segundo dedo y se ocupó de lubricar bien el oscuro canal.

Él sacó los dedos y ella respiró aliviada, pero poco duro su alivio, Sesshoumaru ya volvía a separar sus glúteos y esta vez sintió como introducía la primera de las bolas, dio un respingo y Sesshoumaru le pasó una mano por la espalda para calmarla.

—Relájate —le dijo al depositarle un beso en el hombro—. Si es demasiado para ti solo dímelo.

Rin asintió y le dijo que continuara. Sesshoumaru le pidió que respirara profundo y al instante introducía la segunda bola, y así una tras otra hasta tener las diez dentro de ella. Se aferró con fuerza a la cama ante tal invasión, las bolas llegaban mucho más profundo que cualquiera de los tapones que hubiesen usado antes.

—Hey, pequeña, respira. Eso es —él seguía dándola leves caricias en la espalda— ¿Puedes seguir? —preguntó.

—Sí —pudo decir en un susurro después de liberar el aire contenido.

Entonces él le dijo que comenzaría encendiendo el vibrador en su clítoris y luego con el de su vagina. Y así lo hizo.

Curvó su espalda al sentir las primeras vibraciones de la mariposa y al hacerlo las bolas en su ano resintieron. Gimió, y antes de poder adaptarse a aquellas sensaciones Sesshoumaru encendió a un nivel bajo el segundo aparato, las vibraciones comenzaron a sacudir su vagina desde lo profundo.

Apretó las sabanas con fuerza y mordió lo que alcanzó de la almohada. Sus sentidos entraron en sobrecarga, su cuerpo gritaba buscando un respiro. Ambos vibradores zumbaban, y los dedos de Sesshoumaru la recorrían con delicadeza.

Sesshoumaru pasó la punta de un dedo alrededor de los bordes de su vagina, a lo largo de sus hinchados labios, y subió hacia la sensible área cerca de su ano. Un toque ligero que hacía que sus músculos internos temblaran y que sus caderas se sacudieran.

Sintió como él modificó el nivel de ambos vibradores. Y su cuerpo enteró se estremeció, sentía tantas cosas que creía se volvería loca, las vibraciones en su clítoris eran suaves e iban con ritmo variable, mientras que en su interior eran rápidas y constantes, y la sincronía de ambas la estaban llevando al borde. Sesshoumaru movió ligeramente las bolas en su ano, y sintió una corriente eléctrica recorrerla por completo.

Escuchó a Seshhoumaru decir algo, pero no pudo identificar que fue, solo pudo asentir. Su cuerpo clamaba por su liberación. Sintió como él comenzó a tirar de las bolas, pero la tensión en su cuerpo las retenía, él tiró aún más fuerte sacándolas en un ágil movimiento. Entonces llegó, su tan anhelada liberación. Gritó y se dejó ir por completo, aun con los vibradores haciendo mella en sus sentidos.

Cayó lánguida en la cama, manteniendo sus caderas en alto, todo su cuerpo entero vibraba y ella sollozaba de placer. Sintió que los vibradores se apagaban y luego Sesshoumaru los retiraba con cuidado de su cuerpo, suspiro de alivio.

Él se mantuvo acariciando su espalda con delicadeza y finalmente depositó un beso en su hombro. Le pareció algo tan íntimo y tierno que le ocasionó otro estremecimiento.

—Descansa —le dijo al oído al momento que pretendía acomodarla mejor en la cama.

Entonces ella negó. Y se volvió a verlo, la erección de él seguía allí, tan poderosa y necesitada.

—Alguien más necesita un alivio —habló sin dejar de ver el turgente miembro.

—Ha sido mucho para ti, debes descansar —Sesshoumaru hablaba con tanta calma que casi podía creerle, pero el fuego en sus ojos le decía que estaba al borde, casi gritaban por alivio.

Y aun así estaba segura que si le decía que no quería seguir él no la forzaría, si ya sin decirle estaba cediendo aun contra su propio deseo.

Rin se atrevió a extender una mano y tomar el pene erecto. Lo vio tensarse al instante, estaba al límite.

—Rin —murmuró en advertencia.

—Tómame, por favor —pidió sabiendo que él no podría negarse a complacerla, nunca lo hacía.

Sesshoumaru gruñó ante la petición de ella. Estaba dispuesto a dejarla, aun a costa de su propia liberación, pues había visto el gran impacto del orgasmo en ella y lo que menos deseaba era llegar a lastimarla. Podía conformarse con el placer de verla llegar a la cima. Pero allí estaba ella pidiéndola que la tomara, y ¡maldición! Él no era ningún santo.

—¿Estás segura? Iré tan lejos como pueda —Rin asintió y se mordió los labios excitándolo aún más, a partir de ese momento no había vuelta atrás.

Le dijo que se acomodara de nuevo en la cama, mientras él tomaba los dos objetos restantes de la caja. Volvió a tomar el lubricante y extendió los firmes globos con una mano mientras la otra le aplicaba una generosa cantidad en su ano. Deslizó dos dedos dentro, asegurándose de que el túnel estuviera apropiadamente preparado, debía asegurarse de que no se lastimara, pues el tapón, aunque no era tan largo como las balas que acaban de usar si era más grueso. La escuchaba gemir por lo bajo y le encantaba.

Tomó el tapón anal, extendió más lubricante en él, y lo dejó a un lado. Buscó el anillo vibrador y después de aplicarle lubricante se lo puso, aquello le permitiría extender un poco más el acto. Se ubicó entonces de rodillas detrás de Rin, y con sus dedos comenzó a abrirla, luego dejó que su grueso pene se deslizara en su interior caliente. Gruñó excitado, ella era tan deliciosamente estrecha.

Movió las caderas una, dos veces hasta llenarla por completo, luego estiró una mano para volver a tomar el tapón previamente lubricado y lo colocó en la oscura entrada.

—Respira profundo —le ordenó y mientras ella soltaba el aliento, empujó el tapón dentro hasta que estuvo completamente acomodado en su recto, estirándola. Rin se estremeció, ahora llena en ambos canales.

Sesshoumaru dejó que se acoplara a la doble invasión y luego empujó de nuevo el tapón para asegurarlo y buscó el control remoto para encenderlo. Las fuertes vibraciones no se hicieron esperar, mientras él comenzó a moverse dentro y fuera de su apretada entrada.

Él la penetraba con su pene, mientras el tapón llenaba su culo, y el vibrador del anillo estimulaba su clítoris, llevándola más y más alto. La vio apretar los puños arqueando su espalada, intentando controlar su necesidad de alivio.

Comenzó a embestirla, sus caderas empujando con fuerza contra ella, sacando su pene fuera hasta la punta, para luego sumergirlo de nuevo hasta la raíz.

El interior de Rin lo apretaba tanto que sentía que lo rompería, pero siguió bombeándola una y otra vez, en ese ritmo que tanto disfrutaba, con sus manos en la cadera femenina, anclándose a ella. Aumentó el ritmo de sus movimientos y en un segundo sintió a Rin caer al abismo y romperse. Su cuerpo se sacudió con temblores y gritó su liberación mientras él seguía penetrándola y el tapón vibraba en su ano.

No supo cuánto tiempo pasó hasta que por fin se dejó ir dentro de ella, llenándola con su semen. Las réplicas de su orgasmo eran casi tan fuertes como el orgasmo en sí, ni siquiera era capaz de moverse. Gimió en sincronía con los sollozos de Rin.

Buscó el control del tapón y lo apagó para que las vibraciones cesaran, y luego con cuidado comenzó a sacarlo provocando otra serie de espasmos en ambos. La forma en que ella lo apretaba, al seguir presa del orgasmo, era deliciosa, y casi podía hacer que se sintiese preparado de nuevo.

Una vez retiró por completo el tapón se inclinó hacia Rin y depositó un beso en su espalda al momento que comenzaba a salir de ella, la escuchó sollozar de placer y entonces él yació jadeando a su lado.

En cuanto recuperó el aliento se quitó el anillo vibrador y lo dejó a un lado junto al resto de los juguetes, retiró las almohadas debajo del cuerpo del Rin y la hizo acurrucarse a su lado, ella tan lánguida como estaba no opuso resistencia. Buscó la sábana y los cubrió a ambos, para juntos entrar al mundo de los sueños.

No sabía cómo podía ser posible, pero cada encuentro que tenía con Rin parecía superar el anterior, y con cada uno se sentía más unido a ella. Ya a esas alturas estaba seguro que nunca se cansaría de estar a su lado. Rin era todo lo que, sin saber, necesitaba. Su complemento.

Continuara.


¡Hola, hola, gente linda! Y aquí esta, la continuación de están tan esperado fic. Debo decir que este capitulo estaba planeado para ser el último, pero, como suele pasarme a menudo, se extendió y se extendió, y me vi en la necesidad de dividirlo, así que ¡mas para ustedes! Entonces, queda un capítulo más, y un epilogo.

Quizás este capitulo resulto algo fuerte, a mí la verdad me costó bastante escribirlo, pero espero que no haya llegado a ser vulgar y haber trasmitido lo esencial.

Paso a responder sus hermosos reviews guest:

Maritza: Esa Kag es una loquilla, y acá se ve aún mas jajajaja. Ya Sessho comenzó con su estrategia, ahora solo queda esperar.

Graciela: Lamento haberme tardado tanto, pero ya estoy de regreso y ahora si para terminar estar historia.

Ely: Hola! Por supuesto que no me ofendo, agradezco mucho tu comentario. Y si, puede que para este fic quise atreverme a algo más. Aca deje un poco mas de Inume, e informo que tengo algo mas planeado para ellos. También espero que ya hayas leído el final de "Un amor a prueba de… ¿agua?" que publique hace unas semanas.

AuroraCarranza: OMG!No se si pueda considerar a Rin una libertina, ya que está bajo la influencia de Sessh (y un poco de sus amigas), y solo es así con él. Incluso a mi me ha sorprendido poder escribir este fic, ha sido un verdadero desafío para mí.

Rinnu: Y aquí hay todavía más! Amigas que no pervierten, no son buenas amigas(?) Lo de los chicos sería interesante, pero con lo celosos que pueden ser yo creo que no jajajajaja. Creo que Inu y Kag leyeron la información juntos jajajaja y oye! Como sabes que es buena? :O Pero ya Sessh ha vuelto a retomar el control haha Del InuKag se viene una pequeña sorpresa por allí, no pude resistirme. Inu esta muy orgulloso de su hijo! Es un padre encantador!

Guest: Me alegro que te gustara, y aquí esta! Luego de dos años, pero he vuelto!

Jazro: Lamento haber tardado tanto, pero ya estoy de vuelta!

Paola: Cumplido! Ya falta poco para que puedan leer el desenlace!

Lou: Awwwwwww! Gracias por tus palabras, de verdad me esfuerzo para darles lo mejor, y pues ahora estoy decidida a ir terminando cada uno de mis fics pendientes.

Videl: OMG!Tu comentario si que me ha sorprendido y emocionado, pues en un principio si temía que el fic pudiese a llegar a ser un poco fuerte, pero aun así th tratado de mantener la personalidad de los personajes lo mas que pueda. Y ¡YES! Pronto habrá mas Inume para su deleite!

Anyeris: Ya no mas esperas!

Quienes tienen cuenta me tienen con su respuesta por privado. Muchísimas gracias a todas y cada una por sus comentarios, follows y favoritos! Son un amor! Y espero que en estos momentos difíciles este pequeño aporte los ayude a sobrellevar un poco la situación.

Nos seguimos leyendo la próxima semana con la actualización de "Ella, tan inesperada".

PD: Si desean tener mayor contacto conmigo pueden acercarse al grupo de Facebook "La flor del demonio", donde encontraran contenido exclusivo de SesshRin. También he creado un grupo de Whatsapp para ir conversando de mis próximas actualizaciones y aclarar dudas o preguntas que puedan tener con respecto a alguno de mis fics, están más que invitados, solo deben dejar algún comentario o publicación diciendo que quieren unirse al grupo de mis fics, o hacerme llegar sus números.