Disclaimer: Dragon Ball no me pertenece. La serie y sus personajes son propiedad de Akira Toriyama.


Casualidad


XIX

Amor


¿Qué fue lo que hicieron? —gritó Karev cuando llegó al lugar de encuentro previamente pactado para cancelar por el trabajo hecho.

De los tres hombres pertenecientes al ejército enemigo que había hecho el trato, solo uno se había presentado a la reunión con Karev.

Tú diste la instrucción, entregaste las coordenadas y diste orden de ataque, nosotros simplemente cumplimos con lo pactado, ahora nos tienes que pagar —respondió igual de alterado que el saiyajin—. Nuestro planeta está en ruinas, casi todos mis hombres murieron en el atentado a tu rey, necesitamos el dinero para irnos de aquí.

¡Mataron al rey! —gritó como si eso significara lo mismo para ellos que para él—. ¡Él no era el objetivo! ¡Jamás lo fue!

El rey o el príncipe de los saiyajin es la misma escoria —respondió el guerrero y escupió junto las botas de Karev—. Los dos han vuelto un infierno la vida de millones de personas, los dos deberían estar muertos, junto con su raza asquerosa que es capaz de planear un atentado a su realeza.

Karev caminó de un lado a otro, casi desquiciado, gritando y maldiciendo al cielo. Estaba desesperado, no podía creer lo que había sucedido. Había acabado con el rey al que le había jurado lealtad y había cumplido satisfactoriamente.

Terminemos con esto ya, tengo que salir de este infierno. ¿Trajiste el pago o tendré que ir con tu príncipe para contarle lo que pasó? —Pretendía continuar con la amenaza, pero Karev lo golpeó en el rostro con su cabeza y una vez en el suelo continuó atacándolo con los puños hasta que la sangre cubrió sus guantes y rostro.

Los golpes continuaron, brutales destrozando el hueso y desfigurando la piel. Solamente se detuvo cuando escuchó su scouter. No tardó en ponérselo en la oreja y para que no se escucharan golpes, apretó el cuello del moribundo con las manos, tan fuerte que los guantes rechinaron.

Qué quieres, Lee —dijo con los ojos desorbitados, viendo cómo se le iba la vida al hombre, haciendo lo que se haría a si mismo si fuese posible.

Karev, hay buenas noticas. El rey no ha muerto, pero está en muy mal estado. Los doctores decidieron conectarlo al soporte vital de su nave y regresar a Vegetasei para tratarlo con mejor tecnología.

¿Ya partió? —preguntó agitado. Las venas de sus brazos se marcaron y los ojos del enemigo casi se salieron de sus cuencas a causa de la presión.

Sí, no hay tiempo que perder… Te llamé para que acompañemos al rey en el viaje.

Iré enseguida… gracias.

Es el rey, Karev. Resistirá el viaje y se pondrá bien.

Karev no respondió y la comunicación se cortó.

Ya sin interés en el cuerpo inerte, soltó el cuello convertido en una masa blanda y desagradable. Levantó vuelo de regreso a su nave para hacer de escolta a la nave de su rey.


(…)


—¿Qué es lo que sucede ahora? ¿Para qué nos hiciste llamar, Vegeta? —preguntó Torn en cuanto hizo ingreso al salón del trono junto con los otros saiyajin de confianza del rey. Todos los hombres, incluido el padre de Lee, avanzaron desconfiados por el largo salón escoltado de soldados de elite pertenecientes a Vegeta y el rey, al final en altura, junto el trono se encontraban de pie, Lee y el mismo Vegeta.

—Gracias a todos por venir a la brevedad —dijo Lee, y su mirada se cruzó con la de su padre.

—¿Qué se supone que es esto, Vegeta? —preguntó uno de los saiyajin mirando a los soldados que se mantenían firmes en sus lugares.

—Simple protocolo —respondió el príncipe altanero, mirándolos tal y como se lo merecían—. Seré breve, los he mandado a llamar para que me juren lealtad aquí y ahora.

—¿Acaso el rey ya murió? —Al padre de Lee no le gustó como se estaban dando las cosas. Con el rey Vegeta tenía cierto nivel de poder a su lado, y sentía que con su hijo las cosas no serían igual pese a que se casaría con Lee.

—No, no ha muerto —respondió Lee—. Pero considerando que están tan apresurados a que Vegeta tome su lugar en el trono y se encargue de sus responsabilidades para enviar un mensaje a nuestros enemigos, no vemos por qué hay que esperar a que el rey nos deje… Si juran ahora, luego será más rápido para Vegeta acceder al trono.

Los hombres se miraron entre ellos. Parecían convencidos de hacerlo, pero esperaron la respuesta de Torn que no le quitaba la vista de encima a su hija.

—¿Y bien? —dijo Vegeta con voz de mando, pero calmado—. Acabemos con esto de una vez por todas. Ustedes son lo más cercano al trono, arrodíllense ante mí y el resto solo será una mera formalidad… A no ser que alguien tenga algo que decir en mi contra… —sonó tan intimidante y decisivo que los saiyajin detrás del padre de Lee no tardaron en arrodillarse tal como lo exigía el protocolo.

Vegeta intercambió una mirada con Torn, pero este terminó cediendo. No había nada más que hacer, el heredero absoluto era Vegeta y la tradición lo obligaba a arrodillarse ante su monarca cuando éste lo exigía.

El príncipe había presenciado esta escena similar con hombres saiyajin y de diferentes razas hacia su padre en innumerables ocasiones y siempre pensó cómo se sentiría cuando llegase su turno. Bueno, estaba totalmente decepcionado con lo que sentía.

—Muy bien, Vegeta —dijo Torn cuando se pusieron de pie—. Toda nuestra lealtad está puesta en ti. Aún no eres el rey, pero respetamos nuestras creencias y es lo que el rey Vegeta hubiese deseado. Dinos ahora que es lo que sigue, porque no creo que esto fue solo para arrodillarnos ante ti.

—No tomaré ninguna decisión respecto al enemigo hasta que el rey perezca. Mientras tanto solo les puedo informar que mantengan a sus ejércitos en alerta y activos.

—Así será… Y en cuanto a la ceremonia con mi hija…

—No habrá tal ceremonia con tu hija, Torn —respondió el hombre, con la misma calma que lo había caracterizado durante esta reunión—. El compromiso ha sido cancelado.

—Eso no puede ser —dijo el hombre intentando contener su ira, mirando al príncipe y a su hija—. ¿Cómo puedes permitir que esto pase, Lee?

—Lo siento, padre, pero el ser reina era algo que te interesaba más a ti que a mí. Lo mío es viajar y si me casaba con Vegeta tendría que quedarme aquí y no lo soportaría.

—Esto es humillante —exclamó el saiyajin con la cara roja de ira—. Esperaste hasta el último momento para…

—Eso sería todo —lo interrumpió Vegeta—. Pueden retirarse

—¡Teníamos un trato con el rey! —insistió.

—Puedes ir a su lecho de muerte a exigirle una retribución, o puedes retirarte de la sala tal como lo acabo de ordenar y no comenzar una discusión innecesaria con tu próximo rey.

—Esta es una provocación —bufó el saiyajin—. Dejar a mi hija por una simple mujer.

—Por favor, padre, no sigas. Es penoso de tu parte que me minimices al punto de creer que esto se debe a otra mujer.

—Tengo a mi mando uno de los ejércitos más grandes del planeta —dijo amenazante—. No querrás perderlo justo ahora.

—Ahora menos que nunca te conviene quitarle el apoyo al imperio que tanto dices respetar solo por una rabieta porque por primera vez no hago lo que se te place. Ahora es cuando debes darle todo tu apoyo a Vegeta y al imperio, puesto que si ellos pierden, tú también.

—Nosotros acatamos la decisión de Vegeta —dijo un saiyajin detrás de Torn—. No vamos a poner en peligro todo lo que tenemos solo porque cancelaron un compromiso. Vegeta será rey y ya él decidirá quién será la saiyajin más conveniente para él. —Los otros guerreros apoyaron el comentario.

Al encontrarse sin apoyo, Torn hizo una forzada reverencia a Vegeta para retirarse.

—Vamos, Lee. Debes volver a mi lado ahora que no hay compromiso.

—Lee ahora pertenece a mi comitiva —respondió Vegeta—. A no ser que te opongas, claro.

El hombre miró a los soldados de elite que continuaban formados, atentos a la orden de Vegeta.

—No, por supuesto que no. Puedes quedarte con ella. —Volvió a hacer una reverencia y se marchó.

—Pueden retirarse —dijo Vegeta. Los otros saiyajin se despidieron respetuosamente y abandonaron el salón.

—Así que ahora soy libre —dijo Lee sonriendo cuando los soldados de elite también hicieron abandono del lugar y solo quedaron los dos.

—Completamente libre —respondió Vegeta mientras miraba el trono vacío.

—¿Qué pasa Vegeta? —dijo Karev cuando ya iba a medio camino del salón—. Cualquiera diría que no te da gusto que ese trono te pertenezca.

Vegeta lo miró, pero no respondió. Se limitó a bajar los escalones y caminar hacia la salida. Cuando se cruzaron, Karev volvió a dirigirle la palabra.

—Te cambiaron, Vegeta. No me extrañaría que un día desaparecieras detrás de esa mujer.

—No soy un desertor —respondió con la mandíbula tensa. —Ignoró cualquier otra cosa que el saiyajin tuviera que decirle y se marchó.

—Vegeta llevará a la ruina este lugar —sentenció Karev—. Y no voy a estar presente cuando eso pase.

—Insistes con eso —dijo Lee cuando estuvo a su lado.

—El rey sabía lo nocivo que era Tarble para Vegeta y luego llegó esa mujercita y terminó el trabajo que Tarble había empezado. Ya no vale la pena continuar en este planeta, no sin el verdadero rey.

Lee le dio una palmada en el hombro.

—No solo a ti te hará bien salir de aquí.

El hombre respondió con un gruñido.


En cuanto salió de la sala del trono, Lee se encaminó en busca de Tarble. Ahora que era una mujer libre tenía planeado abandonar el planeta por el tiempo que fuese necesario para encontrar lo que realmente la apasionaba, pero primero quería despedirse del príncipe y unas cuantas personas antes de abordar su nave rumbo a lo desconocido. No había nada que la amarrara a Vegetasei, no le veía caso a seguir otro día en él.

Decidió buscarlo en la biblioteca, donde pasaba la mayor parte del tiempo. Justo cuando se disponía a abrir la puerta, Bulma la abrió desde adentro y casi chochó con ella por lo apurada que iba.

—Lee —exclamó Bulma al tenerla cara a cara. Lee la estudió: la notó agitada, pero mucho mejor y más despierta que hace una hora cuando estuvieron conversando en el laboratorio.

—Científica.

—¿Has visto a Tarble? —preguntó mirando hacia ambos lados del corredor. No dejaba de abrazar de forma protectora el pequeño computador.

—No, venía a buscarlo para hablar con él.

Bulma lo pensó unos segundos antes de tomar una decisión. Frunció el ceño y se dirigió a la guerrera.

—Está bien, decido confiar en ti. Necesito tu ayuda.

—¿Quieres que te saque del planeta?

—No, no es eso. —Regresó al interior de la biblioteca y le hizo con un gesto para que la siguiera.

Cuando estuvieron las mujeres solas y a puertas cerradas, Bulma prendió el computador.

—Necesito que escuches esto. ¿Traes tu scouter? —preguntó mientras manipulaba el computador.

—Siempre —respondió la saiyajin. Lo traía afirmado en la cintura y no tardó en ponérselo en la oreja.

Bulma envió el audio al scouter de la mujer, el que se iluminó en cuanto recibió el archivo. Lee solo tuvo que apretar un par de teclas para echarlo a andar.

—Ponle mucha atención.

Lee no respondió, atenta a la grabación. Enseguida reconoció una voz conversando con otro hombre de acento marcado.

Bulma estuvo atenta a la reacción de Lee y notó el mismo o más asombro en los ojos de la mujer a medida que el audio continuaba.

—¡Hijo de las mil putas! —exclamó cuando finalizó la grabación—. ¡Era el más afectado! ¡Incluso sentí lastima por él!

—Por eso buscaba a Tarble. Él y Vegeta necesitan escuchar esta grabación.

—Déjamelo a mí. —Activó el scouter para comunicarse con Tarble, pero luego de varios intentos no logró hacer contacto. Lo mismo pasó cuando lo intentó con Vegeta—. Atiende, maldita sea.

—Hay que ir a buscarlos —dijo la científica.

—Ese hijo de puta se va a marchar… —dijo en voz alta y salió a paso rápido de la biblioteca a la vez que intentaba contactar a Vegeta.

—¡Oye, no, espera! —Bulma corrió detrás de ella. No se quedaría ahí esperando. Tenía que ver cómo terminaba.


En medio de la inconsciencia, Kakarotto fue capaz de escuchar pasos a su alrededor, luego de eso una voz y una mano sobre su espalda moviéndolo con fuerza, pero no pudo reaccionar. Pensó que se trataban de los torturadores que venían a terminarlo… Al menos Milk ya estaba muy lejos de aquí.

Soltó un suspiro agotado, un último aliento, dejándose abandonar mientras Milk se transformaba en su pensamiento final. Qué mejor forma de morir.

No fue así. Abrió los ojos de par en par cuando el agua fría que Raditz le lanzó con una cubeta golpeó su rostro. Fue como si hubieran reanimado su corazón.

—Vámonos de aquí, ya —susurró Raditz levantándolo y pasando el brazo por su cintura para ayudarlo a ponerse de pie.

Kakarotto obedeció. Agotadísimo, pero capaz de mantenerse en pie y resistir lo que tuviese que resistir para escapar de ese lugar.

—¿Cómo? —preguntó. Le dolía el abdomen al respirar, mucho más hablar y su visión era solo de un ojo que tenía un profundo corte sobre el parpado.

—Créelo o no, tienes amigos poderosos… Incluso encarcelado logras meterte en más problemas y hacer contactos —refunfuñó Raditz y llevó a su hermano fuera de la celda, a través del corredor de cubículos donde muchos ya habían muerto y otros aguardaban por un pronto final. No había ni un solo guardia presente, tal como le dijeron.

—¿Tarble? —susurró. No iba mirando el camino. Se dejó guiar por su hermano.

—Incluso me dio la clave para abrir la celda. Tenemos que irnos ya, el rey está muy mal, se dice que va a morir, todo es un caos y desconfían de todos, es cosa de días para que te eliminaran… —Recorrieron los pasillos a paso rápido. Raditz se sabía muy bien el camino—. Te voy a ocultar en la casa de un compañero que se encuentra en misión y conseguiré una nave para que abandones el planeta en cuanto te puedas mover solo.

—Eso suena bien, pero…

—Nada de peros, me vas a obedecer.

—Sí, pero primero… —Se soltó de Raditz para que se detuviera y lo mirara. Se sentía mejor ahora que tenía una oportunidad de salir y buscar a Milk, pero había algo que debía hacer antes de que eso sucediera.

—¿Qué estupidez vas a hacer? Si quieres hacer una revuelta ahora que va a morir el rey…

—Tengo que sacar a Bulma de aquí —dijo interrumpiéndolo—. No tienes que ayudarme, ya hiciste mucho liberándome, no tienes que meterte en más en problemas por mí.

—Olvídalo. Si me voy y te dejo solo terminarás muerto y esto no habrá valido la pena. Vamos rápido.

Los hombres corrieron por los pasillos en dirección a las habitaciones reales.


Vegeta había regresado a la alcoba de su padre para verlo agonizar. Los aparatos electrónicos eran la única razón de que se encontrara aún con vida. El doctor y los asistentes caminaban alrededor de la cama del monarca chequeando los monitores de las máquinas y tomando notas. Era inútil, solo fingían hacer algo por la intimidante presencia del príncipe.

—Fuera —ordenó. Los hombres obedecieron enseguida.

Más que a su padre, lamentaba la partida del rey. Un hombre que creció admirándolo y esforzándose para ser mejor que él. Jamás imaginó que lo vería así. Nunca.

Parpadeó una luz blanca en el scouter del guerrero que colgaba de su cintura, alguien intentaba establecer contacto…

Hubiese sido más digno morir en combate, sin dejar un solo rastro de su cuerpo. Desaparecido y hecho una leyenda.

La luz volvió a encenderse y a apagarse en el scouter…

Lo que tenía ante él no era ni su padre ni el rey. Esos dos ya habían muerto, solo quedaba un cuerpo patético y agonizante.

Una luz roja se encendió cuando un mensaje de audio se descargó en su rastreador…

El objetivo de toda su vida había sido convertirse en rey una vez que su padre pereciera durante un combate a muy avanzada edad, como había ocurrido con sus antecesores. Hoy, convertirse en rey no era lo que deseaba y eso lo tenía aletargado… Tiempo, era lo único que necesitaba, un poco más de tiempo para estar con ella.

Cuando las alarmas de las maquinas comenzaron a sonar, el doctor y sus hombres entraron enseguida a atender al rey. Vegeta continuó en su lugar, observando el estéril esfuerzo de los profesionales, mientras las máquinas continuaban con su escándalo. El pecho del que alguna vez fue emperador subía y bajaba ante los violentos masajes para reactivar su corazón.

Vegeta miró de reojo el scouter y se lo llevó a la oreja. Pasó por alto los intentos de comunicación de Lee y activó el audio que le había enviado, sin dejar de mirar la escena que tenía en frente.


Fue en el tercer patio de despegues de palacio que Lee encontró a Karev. Tal y como lo había pensado, el saiyajin estaba junto a su nave personal listo para abandonar el planeta. En el lugar había más soldados ocupados de sus cosas, preparándose para embarcar o haciendo el papeleo correspondiente con los encargados de patio luego de arribar.

—Karev —gritó Lee, haciéndole una seña para que no entrara aún en su nave. El hombre, pese a estar apurado en abandonar el planeta, se quedó en su lugar esperando a que se acercara.

—Que sea rápido. Ya me quiero ir de este inmundo planeta. —Le llamó la atención ver venir corriendo a la humana de Vegeta, al parecer detrás de Lee. Se veía exhausta y no disimuló mirarlos—. ¿Qué hace la científica aquí? ¿Ya se cree la dueña del lugar porque Vegeta será rey? Qué ser tan insignificante —dijo con desprecio.

Lee lo miró con ira. No podía disimular.

—¿Sabes? ese ser insignificante me enseñó que si la nave sufre serios daños en el nivel superior, queda inutilizable. —Golpeó tan fuerte la nave con el puño cerrado, que la acható y efectivamente quedó inservible.

—¡¿Qué demonios haces?! —exclamó el hombre.

—Traidor —sentenció Lee. Lo tomó del cuello de la armadura y lo acercó—. Te jactabas de ser fiel al rey, me hiciste sentir lastima por ti y resulta que esa angustia era culpa. ¡Tú asesinaste al rey, rata traidora! — Lo tiró contra la nave.

Todo soldado, trabajador y esclavo que merodeaba el lugar dejó lo que hacía para mirar a Karev.

—¡Ten algo de dignidad y di la verdad!

La cara del hombre cambió. Sí. Siempre se jactó de ser el más fiel, no era una farsa, en realidad lo sentía, por eso ahora se experimentaba esa culpa que lo carcomía por dentro.

—¿Cómo lo supiste? —preguntó con la cara llena de sombras, era incapaz de negarlo. Estaba dispuesto a vivir con la culpa y castigarse al exilio, pero no soportaría que todo el planeta supiera de su crimen.

—Micrófono en el scouter. Todo lo que hablaste durante la guerra quedó grabado, incluido la conversación con tu socio. ¿Aliarse con el enemigo para planear un atentado? La grabación ya llegó a todos lo que tenían que escucharla.

Karev no lo tolero. Prefería la muerte a que todos lo apuntaran como el traidor que asesinó al rey Vegeta. En ese momento entendió la presencia de Bulma en el lugar.

—¡Tú, tú fuiste! —Se lanzó hacia ella vuelto un energúmeno. Le rompería la columna a aquel ser inferior por haberse metido con él y exponer su tremenda vergüenza.

Bulma alcanzó a cubrirse con los brazos y cerrar los ojos, asustada, pero nada pasó pese a escuchar un fuerte golpe. Lee se interpuso y detuvo el ataque a tiempo.

—Traidor y ahora cobarde. Enfréntate a mí, rata.

Karev la empujó y levantó vuelo en dirección sur. La mujer no esperó y voló detrás de él, seguida de varios guerreros que decidieron intervenir al escuchar tremenda confesión.

Totalmente impotente, Bulma observó sin poder hacer nada. Decidió volver al interior e intentar encontrar a Tarble que justo ahora le había dado por desaparecer.


Le tomó varios minutos recorrer todo el camino de regreso. Hacía mucho tiempo que no había corrido tanto y recién sentía que su respiración se recuperaba. Una vez en el palacio recorrió los pasillos en busca del príncipe, pero salvo unos cuantos soldados que se encontraban resguardando los perímetros del rey, no se topó con nadie más. Era frustrante quedarse ahí esperando a alguien que llegara con noticias, pero mientras tanto no había nada que pudiese hacer.

Camino al sector de Tarble chocó de frente con una montaña de músculos protegida con una armadura. La joven casi cayó al suelo de susto y por el impacto de no ser que Raditz reaccionó a tiempo y la tomó de la mano para impedirlo.

Bulma no alcanzó a decir nada. Las palabras se esfumaron cuando vio a Kakarotto junto al gigante saiyajin. Lucía más muerto que vivo, cubierto de heridas, sangre seca y mugre, pero estaba vivo e incluso sonreía.

—¿Cómo lograste salir, Kakarotto? —Se apresuró a acercarse a él, y antes que pudiera responderle, volvió a hablar apurada y angustiada—. Algo malo le pasó a Milk y no sé dónde está. Unos empleados de la cocina me dijeron que unos soldados la sacaron del lugar inconsciente.

—Milk está bien, Bulma. Ya está fuera de aquí.

—¿Estás seguro?

—Sí —respondió Raditz—. Yo me encargué de dormirla para que no se resistiera.

Bulma sintió un peso menos de encima. Era la primera buena noticia que sucedía en mucho tiempo, casi sentía que podía volver a respirar sin problemas.

—Tienes que ir con ella —le dijo a Kakarotto.

—Es lo que haré, pero primero vine por ti. Tenemos que aprovechar el caos del palacio e irnos ahora. Jamás tendremos otra oportunidad así.

Bulma guardó silencio y miró a los dos hombres. Había deseado algo así desde que Vegeta la dejó prisionera en el planeta. Ahora tenía la oportunidad de huir y recuperar su libertad, pero significaba irse sin siquiera cruzar una palabra con Vegeta…

— No hay tiempo que perder —dijo Raditz, mirando hacia el corredor contiguo.

—Sí —respondió decidida—. Vamos. —No era una decisión apresurada, era algo que había meditado largo y tendido y por mucho que le rompiera el corazón dejar a Vegeta de esa manera, tenía que hacer lo que era mejor para ella.

Corrieron con los pasillos. Kakarotto no estaba en las mejores condiciones, así que no fue terrible para Bulma seguirles el paso. La joven sentía que el corazón le saldría por la boca a causa de la adrenalina y susto que sentía en ese momento, pero no dudó en ningún momento.

—Aguarden —ordenó Raditz que iba a la cabeza del escape. Kakarotto y Bulma esperaron unos pasos atrás mientras el saiyajin observaba por el pasillo—. Escóndanse, ahora —dijo sin mirarlos.

Bulma abrió la primera puerta que encontró a su derecha y se metió con el hombre. Era uno de los tantos cuartos desocupados de palacio. Desde ahí escucharon a Raditz hablar con alguien más.

Tarble, quien venía de regreso con un par de soldados de confianza se topó frente a frente con Raditz. El grandulón intentó decir algo, pero antes que pudiera abrir la boca, el joven príncipe despachó a sus hombres.

—Pueden regresar a sus puestos. Los mandaré a llamar para la próxima reunión.

Los hombres hicieron una reverencia antes de alejarse del lugar.

—Príncipe, quería agradecerle lo que hizo por mi hermano. —Fue lo único que se lo ocurrió al saiyajin como pretexto de su presencia en ese lugar del palacio.

—No era necesario que vinieras hasta acá para decírmelo. Es más, espero tu discreción en el asunto.

—Lo sé… pero ya que mi hermano está vivo gracias a usted, es lo mínimo que podía hacer… Si hay algo que pueda hacer por usted no dude en pedírmelo. —Hizo una reverencia, a lo que el joven respondió cruzándose de brazos.

—Por mucho tiempo se pensó que yo era un bueno para nada y por lo que veo ese sentimiento llegó hasta el último rincón de este planeta, ¿no? —dijo un poco de mal humor. Había tenido que interrumpir la reunión que tanto le costó conseguir con el hombre que Kakarotto le dijo a causa de la grabación que le llegó.

Raditz intentó responder algo ante ese comentario, pero ¿qué podía decir sobre una acusación que era correcta?

—Señor, lo siento, yo no…

—Kakarotto —dijo Tarble en voz alta para ser escuchado—, si te liberé fue para que salieras de este lugar, no para que te metieras en más problemas intentando secuestrar a Bulma.

Como respuesta, escuchó una puerta abrir y ante él no solo apareció Kakarotto, sino que también Bulma, que se acercó a él con los ojos brillosos.

—No es Kakarotto quien me secuestró, Tarble, eso lo sabes bien…

—Bulma… —susurró sorprendido. No esperaba que fuese de esa manera.

—Por favor, sé que eres fiel a tu hermano, pero debes dejarme ir… No puedo continuar en un lugar como este, terminará matándome —dijo suplicante.

Tarble no le respondió enseguida, incluso evadió su mirada, lo que hizo pensar a la joven que frustraría el intento de fuga.

—Es verdad… soy fiel a Vegeta, pero tú eres mi amiga y sé todo lo que se vendrá para ti una vez que el trono pertenezca a Vegeta… Fue un placer conocerte, Bulma.

Bulma lo abrazó con fuerza, derramando las primeras lágrimas de alivio. El príncipe correspondió su abrazo sin problema, ignorando los saiyajin que miraban en silencio.

—Gracias —susurró emocionada una vez que se soltaron.

Los hermanos intentaron retomar la carrera, pero Tarble los detuvo.

—Si van a salir del planeta tiene que ser hoy mismo. Síganme, yo me encargaré de todo.

Al ver que Bulma no dudó en seguir al príncipe, Raditz y Kakarotto hicieron lo mismo.


Karev logró alejarse lo suficiente de la zona poblada del planeta, pero eran demasiados los que habían escuchado su conversación con Lee y los que habían recibido el audio a su scouter como para dejarlo ir así como así. La guerrera fue capaz de seguirlo hasta que pudo interceptarlo con un golpe en la columna que lo mandó directo al suelo.

Para cuando salió del pequeño cráter que dejó su cuerpo por el impacto, ya había al menos una veintena de saiyajin rodeándolo, más de un conocido, e incluso el padre de Lee había llegado. Ya no tenía escapatoria, todo sabían la clase de saiyajin que era.

—¿Realmente pensase que podrías salirte con la tuya? —gritó Lee.

—¡No fue mi intención! ¡Lo escucharon en la grabación! ¡Nunca quise matar al rey! —gritó desesperado intentando encontrar alguna mirada indulgente, pero no encontró más que desprecio.

Pronto más guerreros fueron descendiendo. No reconoció a ninguno, pero todos tenían en común el rechazo hacia el guerrero.

Cuando Vegeta aterrizó cerca de él, su enojo creció y no tardó en hacérselo saber.

—¡Esto es tu culpa! —gritó al príncipe—. ¡Tú debiste haber muerto, Vegeta, no el rey!

—¿Por qué? —preguntó Vegeta con los puños apretados. Jamás hubiera pensado en Karev como traidor.

—¿No es obvio? —Escupió las palabras, por fin pudiendo exteriorizar lo que él y muchos pensaban—. ¡Estabas tan cegado con el débil de Tarble que incluso dejaste que una mujer te controlara por completo! ¡Terminarías cediendo a todos los caprichos de tu hermano y arruinarías este imperio!

—Fuiste tú. —dijo seguro. Sus recuerdos sobre la emboscada que sufrió y lo dejó al borde de la muerte quizás jamás regresarían, pero todo fue tan claro. Karev siempre estuvo junto al rey criticando a Tarble y de paso a Vegeta por apoyarlo—. Tú mandaste a matarme, confiaba en ti, tú sabías detalles de mi viaje que no compartí con nadie.

—No sacaba nada con matar a Tarble, ya estabas descompuesto por su culpa y el rey lo sabe, pero no es capaz de pensar con claridad cuando se trata de ti. El rey es joven y puede tener otros herederos dignos de sentarse en el trono.

—El rey acaba de fallecer por tu culpa, Karev. Tú lo asesinaste.

Los gritos de los otros saiyajin no se hicieron esperar. Todos comenzaron a pedir la cabeza del traidor.

—Príncipe Vegeta —dijo con sumo respeto un soldado de elite que se encontraba en perfectas condiciones, no como él que continuaba con serias heridas sin cerrar—. Déjeme encargarme de él, por favor.

—No. Esto me corresponde a mí —dijo Vegeta—. ¡Que nadie interfiera! —gritó a todos los presentes. Inmediatamente después se lanzó contra Karev que alcanzó a poner los brazos delante de su rostro intentando detener el fiero ataque que lanzó el príncipe.


Fue tan simple salir de palacio que Bulma sintió que en cualquier momento llegaría un soldado o Vegeta para detenerlos, pero no sucedió. Los cuatros salieron caminando por la puerta principal a paso tranquilo para no llamar la atención. Kakarotto tuvo que lavar su cara y ponerse una armadura limpia para pasar desapercibido. Todo el mundo estaba tan atento a lo sucedido con el saiyajin traidor, que no tenían ojos ni oídos para nada más.

—¿Cómo supiste que era Karev? —preguntó Tarble que iba junto a Bulma. Unos pasos más atrás los seguían los hermanos.

—No lo sabía, y no tenía pensado escuchar las cientos de grabaciones, pero recordé que tú nunca confiaste en ese tipo, y creo que eres la persona más cuerda en todo este planeta, así que decidí escucharlo. Solo tuve suerte.

—Gracias, Bulma… Me has ayudado mucho más de lo que nadie lo hizo en toda mi vida.

Los ojos de Bulma brillaron ante ese comentario.

Continuaron avanzando, hasta que llegaron a los patios de despegues más apartados.

—¿Vamos a usar estas naves individuales? —preguntó Bulma.

—No —dijo Tarble deteniéndose a ver a Bulma que observaba las naves—. Eso sería muy incómodo para ti. Los enviaré al planeta donde se dirige tu amiga Milk, y para eso necesitan una nave más grande para los dos.

—No veo ninguna aquí.

—No están aquí, tenemos que alejarnos de palacio, más allá de la zona de guerreros de tercera clase. Ahí tengo oculta una nave que les servirá.

—No has perdido tu tiempo —dijo Kakarotto—. ¿Ya hablaste con mi contacto?

—Sí, pero tuve que interrumpir la reunión por lo sucedido, pero en cuanto todo vuelva a la normalidad continuaré mi trabajo. Nada me detendrá, ni siquiera la agonía de mi padre... Creo que me serviría alguien como tú en mi ejército, Kakarotto.

Raditz hizo una mueca ante ese comentario. No lograba entender cómo su hermano saltaba de problema en problema y ahora con el príncipe Tarble. No entendía bien de lo que hablaban pero sabía que no se trataba de nada bueno.

—Debo ir por mi mujer y arreglar unos asuntos, pero con gusto volveré a ayudarte si decides derrocar al rey. —Sonrió a su hermano ante su mirada de horror.

—Agradezco tu ofrecimiento, pero próximamente mi hermano se convertirá en rey y no planeo ningún ataque en su contra. —Observó hacia todos lados. Tal como pensaba, no había nadie que pudiera verlos—. Desde ahora podemos volar, será más fácil llegar. —Tomó a Bulma en brazos y volaron rumbo a la nave que le daría la libertad a la mujer y al saiyajin.


Karev cayó al suelo, con la cara rota después del último ataque de Vegeta que descendió a su lado. Las piernas del príncipe tiritaron levemente, pero fue capaz de mantenerse erguido e ignorar las heridas antiguas y las recién hechas por el combate.

En medio de gritos de apoyo, tomó al hombre del cabello y lo levantó, comprobando que a causa del último impacto su mandíbula estaba desencajada. Había logrado su objetivo de cerrarle el inmundo hocico y así dejar de escucharlo.

—¿Qué esperas, Vegeta? —dijo Torn en medio de los gritos de los otros saiyajin—. Acaba con la rata inmunda y terminemos con esto. —Los guerreros vitorearon en apoyo al hombre

Vegeta miró al saiyajin. Estaba acabado y entregado a su destino, la muerte, porque al final de cuentas esa era la palabra que definía a los saiyajin: muerte.

Lee guardó silencio y observó. Le llamó la atención que Vegeta no le rompiera el cuello y terminara con todo como solía hacerlo.

—¡Venga a nuestro rey! —insistió Torn—. ¡Véngalo y luego regresemos a ese inmundo planeta para desintegrarlo desde los cimientos! —Los gritos a favor de su propuesta se multiplicaron.

—No —dijo Vegeta, convencido y soltó al hombre que regresó al suelo sin oponer resistencia alguna—. No lo haré.

Inmediatamente los gritos cesaron, pero nadie se atrevió a abuchear la decisión del próximo rey. Nadie, salvo el padre de Lee.

—¿Piensas perdonarle la vida a ese traidor?

—Lo más fácil sería romperle el cuello y terminar con su vida. Es eso lo que espera. —Con una simple seña de su mano, dos guerreros volaron hacia él—. Llévenlo al calabozo y que se recupere. Tendrá que estar en buen estado para hacerlo hablar.

—¿Hacerlo hablar? —preguntó Torn—. El planeta ya es nuestro. Solo tenemos que dar la orden a los saiyajin que permanecen ahí de destruir todo. No necesitamos a Karev para que de nombres.

—El mejor castigo para Karev es dejarlo vivir. Y no vamos a hacer explotar ningún planeta. Quiero ver la cara de los hombres que conspiraron en mí contra dos veces… No me extrañaría que apareciera otro saiyajin... Llévenselo.

Los soldados obedecieron la orden del príncipe.

—El rey ha muerto —comunicó Vegeta con voz ronca y solemne—. Regresen a dar la noticia y vayan a rendir sus respetos.

Nuevamente, sin estar de acuerdos, Torn no pudo evitar desaprobar la decisión de Vegeta y se marchó. Pronto todos los saiyajin lo imitaron y solo quedaron Vegeta y Lee.

—Excelente decisión… La verdad es que pensé que lo matarías sin pensarlo, es lo que hubiera hecho yo.

—Era lo que quería —dijo con una mueca. Continuaba sorprendiéndose por sus decisiones, aunque esta no le dejó un trago amargo.

—Siento la partida del rey, Vegeta —dijo poniendo una mano sobre su hombro. Vegeta asintió levemente ante sus palabras. De pronto reaccionó como si recordara de algo importante y levantó el guante de su mano derecha para revisar el reloj de su muñeca.

Lee lo vio manipularlo y supo enseguida de qué se trataba.

—Tienes un localizador…

—Necesito que vayas a vigilar la celda de Karev, no vaya ser que a tu padre u otro fanático quiera hacer justicia con sus manos. —Antes que la mujer pensara en responder, Vegeta levantó vuelo a toda velocidad olvidando cualquier herida.

—Como diga, su majestad —respondió levantando una ceja.


La nave que los llevaría lejos estaba oculta entre frondosos árboles cerca de una imponente montaña, lo que imposibilitaba su localización desde los cielos. Era curioso ver arboles de ese tamaño y verdor en un planeta que se caracterizaba por sus terrenos estériles. Habían dejado atrás el territorio poblado y no había señales de civilización alguna en ninguna dirección.

Bulma no perdió el tiempo e ingreso a la nave con Tarble para encenderla, ingresar las coordenadas y preparar el despegue, mientras que Kakarotto y Raditz permanecieron en el exterior.

—Esta es tu oportunidad —dijo Kakarotto a su hermano—. Hay espacio de sobra para ti en esa nave.

—No —respondió Raditz con calma—. No puedo irme de aquí, por lo menos hasta que logre comunicarme con mi padre, o regrese… No me iría sin avisar.

—Siento haber hecho eso.

—Al menos el príncipe Vegeta te dio una buena paliza, así que ya no te guardo rencor.

—Deberías ver como lo dejé yo —dijo sonriendo.

Raditz abrazó al hombre con sus fuertes brazos, sin medir su fuerza, lo que hizo que cada hueso en el herido cuerpo de Kakarotto sonara, sin embargo el hermano menor no se quejó y correspondió el gesto de afecto.

—Al menos esta vez es diferente y puedo despedirme de ti.

—Me comunicaré contigo cuando encuentre un lugar seguro.

—Más te vale.

—Está todo listo, vamos ya. —Se escuchó la voz de Bulma desde el interior de la nave.

Los hermanos intercambiaron unas últimas palabras antes que Kakarotto caminara hacia la cosmonave, pero se detuvo cuando sintió el violento ki de Vegeta muy cerca. No fue capaz de decir nada, ni gritar o alertar al resto. Alcanzó a hacerse hacia un lado, de lo contrario el rayo que lanzó el príncipe le hubiera quitado un brazo como mínimo.

Bulma y Tarble corrieron hacia el exterior al escuchar tremenda explosión. Debieron esperar unos segundos para que la nube de polvo se disipara para ver qué sucedía… aunque para los dos era más que obvio.

Vegeta aterrizó a unos metros de distancia de la nave y lo primero que vio fue a Bulma y Tarble saliendo de esta.

La mujer no pudo evitar sentir miedo ante la reacción de Vegeta ¿sería capaz de dañarla a ella y a los presentes por ayudarla a escapar?

Tarble sintió la mirada de su hermano y no fue capaz de sostenerla. Lo había atrapado en medio de la traición, no había excusa para su actuar.

—No vas a impedir que salgamos de este planeta —rugió Kakarotto poniéndose de pie y caminando directo hacia él para matarlo si era necesario. Vegeta hizo lo mismo, con la mandíbula tensa y las heridas abiertas. Los dos se encontraban en malas condiciones, pero no por eso no estarían dispuestos a romperse la cara.

—¡No! ¡Deténganse! —Bulma corrió poniéndose entre los hombres. Se acercó a Vegeta y lo detuvo con las manos en su pecho—. Déjennos solos, por favor —dijo a los tres saiyajin, sin dejar de mirar a Vegeta.

—No seas ingenua —respondió Kakarotto. No permitiría que frustraran su encuentro con Milk.

—Déjennos solos, por favor —insistió, mirándolo hacia atrás.

—Vamos —dijo Tarble y pronto fue seguido por los dos hermanos. Aunque no se fueron muy lejos, simplemente se ubicaron detrás de la nave para darles privacidad, con Kakarotto atento si debía intervenir.

—¿Cómo? —preguntó Bulma. Vegeta entendió la pregunta.

—Te conozco —respondió el hombre con calma y metió la mano en el bolsillo del pantalón de la joven para sacar su encendedor—. Cuando volví de la guerra le hice poner un rastreador. Es de lo único que no te despegas. —Entonces lo apretó en su mano y destruyo, dejándolo inservible.

Bulma esperaba ver ira o rencor en sus ojos, pero no fue así. Vegeta la miraba con intensidad y algo más.

—Vegeta…

—No puedes irte de esta forma —dijo mirándola a los ojos.

—Por favor Vegeta, no intentes dete…

—No puedes irte sin decir adiós. —La interrumpió y acarició su mejilla.

La mujer quedó muda ante sus palabras. Ella que pensaba que el hombre asesinaría a cualquiera que intentara sacarla del planeta, y ahora estaba sereno y aceptando su decisión.

—Eres libre… puedes irte. No perteneces a este lugar y siento no haberlo entendido antes… Siento lo que ocurrió.

—Ven conmigo —dijo esperanzada y tomó sus manos, perdiéndose en sus ojos negros—. Ven conmigo y hagamos lo que planeamos.

El príncipe miró cómo las suaves y blancas manos de Bulma se mancharon de sangre al contacto con las suyas.

—No —respondió en un susurro—. Yo sí pertenezco aquí… ¿Querías que lo demostrara? —dijo sonriendo, pero con ojos tristes—. Ahí está, eres libre, te puedes ir.

Con este acto Vegeta le decía a gritos que la amaba, solo que no era capaz de verbalizarlo.

—Por favor —insistió Bulma al tiempo que comenzaba a llorar—. Te amo. —Lo abrazó y sollozó contra su pecho.

El hombre besó su cabeza y la estrechó entre sus brazos.

—Mi padre ha muerto y hay mucho por hacer… no soy un desertor… Lo siento mucho, Bulma.

Bulma se separó un poco para mirarlo. Secó sus lágrimas y pudo controlar su llanto. Verlo y escucharlo de esta forma la llenó de valentía y esperanza.

—Yo también tengo mucho por hacer —dijo intentando sonreír.

Se besaron con calma y amor. Con dolor de no saber si sus caminos volverían a cruzarse, pero con la certeza que lo sucedido entre ellos fue real y poderoso.

—Algún día —susurró Bulma en el oído de Vegeta antes de separarse y caminar hacia la nave.

En solo un par de minutos la nave espacial, piloteada por Kakarotto, despegó y más rápido de lo que hubieran deseado Vegeta y Bulma, se perdió de vista en el cielo de Vegetasei.


(...)


Días después…

Vegeta se observaba en el espejo de cuerpo entero de su habitación. Vestía su armadura real y revisaba que todo estuviera en orden. Solo faltaba ponerse los guantes que esperaban por él sobre el escritorio, ahora estaba ocupado batallando para que la capa quedara como correspondía. Hoy era el día más importante de su vida (al menos eso le habían hecho pensar desde que tenía memoria), por lo tanto tenía que presentarse como ameritaba la ocasión, después de todo, no todos los días uno era proclamado rey ante todo el planeta.

Ya conforme con la posición de su capa, fue por los guantes. Alcanzó a ponerse uno y el otro lo mantuvo en su mano mientras observaba su entorno. En casa rincón de su alcoba habían objetos que le recordaban a la científica: ropa, un cepillo de cabello, las herramientas que había conseguido para su fuga frustrada y guardó en el armario de las armaduras. Estaba seguro que si miraba con atención encontraría muchas más cosas escondidas.

Tarble golpeó la puerta y se asomó. Encontró a su hermano de pie, mirando el computador de Bulma que había dejado sobre el escritorio.

—Ya es hora, Vegeta. Te están esperando.

—¿Te encargaste de lo que te pedí? —preguntó sin mirarlo.

—No te preocupes. Le haré llegar todo lo que necesite.

—Perfecto —susurró y pasó la yema de los dedos por el computador, casi como una caricia, antes de ponerse el guante faltante. Endureció su mirada y caminó decidido fuera de la habitación con su hermano a su lado—. Terminemos con esto de una vez.


Continuará…


Me costó tanto terminar este capítulo. No tienen idea… A causa de la cuarentena mi esposo está dando clases online y ya que su computador está muerto, ha ocupado el mío todos los días, por lo tanto me fue imposible escribir y publicar ayer.

Estoy tan contenta de llegar aquí, y emocionada. Solo queda un capítulo de esta historia, el cual viene siendo el epilogo.

Y bueno, los dos se amaban, pero ella no podría vivir en un planeta lleno de muerte y destrucción y él debía afrentar su destino y ser rey. La demostración más grande de amor de Vegeta fue dejarla ir.

Me gustaría hacer la nota de autor más larga, pero estoy ansiosa por publicar, así que lo que tengo que decir lo haré en el próximo capítulo.

Muchas gracias por leer.

Espero ansiosa sus comentarios sobre el capítulo y la historia en general.

Dev.

17/03/20