Hospital Provincial de Forks — Sábado 12 de Septiembre de 2009 — 11:45 AM

— ¿Qué hacemos en el hospital un sábado? —preguntó Bella reticente mientras avanzaban por un pasillo hacia las consultas del área privada del hospital

— Es una sorpresa —dijo Edward escondiendo una sonrisa.

Apretó un poco más su mano cuando doblaron la última esquina y la puerta de la consulta a donde se dirigían apareció a la vista.

— ¿Por qué no me dejaste decirle a Rose que veníamos al hospital? —preguntó Bella una vez más.

Edward suspiró.

— Porque si le decías a Rose querría venir porque Alice vino la vez anterior… y yo quería que este momento fuese solo nuestro —miró sus ojos y no pudo evitar sonreírle cuando sus mejillas se sonrojaron.

Bella se quedó en silencio, Edward llamó a una de las muchas puertas y una voz masculina los invitó a entrar. Edward abrió la puerta y le pidió a Bella que pasase primero, esta se sorprendió al ver a doctor Cooper sentado tras un escritorio y mirándoles con una sonrisa dibujada en su cara.

— ¡Edward! —dijo el doctor— Creí que ya no llegabais.

— Lo siento —dijo este— ya sabes cómo son las mujeres —comentó rodando los ojos.

Bella entrecerró los ojos y lo fulminó con la mirada.

— Habríamos llegado antes si no estuviese más de diez minutos intentando peinarse frente al espejo —dijo ella con voz afilada señalando a Edward con un dedo.

El doctor Cooper río entre dientes y Edward parpadeó sorprendido… el cambio en la actitud de Bella estaba siendo cada vez más notable, poco a poco volvía a ser esa Bella que el conocía y que tanto amaba, volvía a utilizar su sarcasmo y ya no tenía miedo de acusar a nadie cuando creía que algo era injusto. Estaba siendo un camino largo, pero al menos se veía que bastante provechoso.

— ¿Para qué lo intenta si siempre está despeinado? —preguntó el doctor riéndose.

— Eso le dije yo… —murmuró Bella ocultando una sonrisa.

Edward bufó y se hizo el ofendido.

— Bueno… —dijo el doctor poniéndose serio de repente— vamos a lo que es importante, Bella ve tras el biombo y cámbiate con la bata que hay allí, por favor.

Bella miró a Edward interrogante y él asintió pidiéndole lo mismo. Ella no entendía nada… pero obedeció, se suponía que era una sorpresa, por muy poco que le gustasen, no se pondría muy difícil, prefería eso a un regalo caro o innecesario.

Cuando ese hubo cambiado salió de nuevo a donde los dos hombres conversaban sobre asuntos médicos, Edward en cuanto la vio se puso en pie y le ayudó a sentarse en la camilla, el doctor Cooper se posicionó a sus pies, colocó las piernas de Bella abiertas en los soportes correspondientes y cogió el transmisor del ecógrafo, Bella enarcó una ceja y miró a Edward inquisitivamente.

— ¿Una ecografía? —le preguntó, Edward asintió— ¿Tu sorpresa es una ecografía? —volvió a preguntar sonriendo.

— No es una ecografía normal… ya verás —dijo Edward acariciando su mejilla.

— Relájate… es más fácil si no estás tensa —le susurró el doctor.

Bella respiró hondo y el doctor introdujo el trasmisor, Bella hizo una mueca de desagrado, no le dolía, pero molestaba.

— Son demasiado grandes y no se verán grandes porciones, pero tendremos una vista parcial de lo que está pasando aquí dentro —dijo el doctor.

Giró el monitor y Bella jadeó sorprendida. Estaba viendo a uno de sus bebés… pero viéndolo de verdad, era una ecografía en 4D y podían diferenciarse perfectamente los rasgos de uno de sus rayitos de sol. Dos lágrimas descendieron por sus mejillas y sintió como Edward apretaba su mano, hasta ese momento no se había dado cuenta de que se la estaba sujetando. Pero tampoco es que le importase mucho, se enderezó un poco para poder ver mejor, allí estaban sus rayitos de sol, las dos únicas razones por las que se había cambiado su oscura vida por lo que tenía ahora. Eran… perfectos. Con sus mejillas regordetas y sus minúsculos deditos.

El doctor giró un poco el receptor y la imagen cambió un poco mostrándole ahora al otro bebé. Bella sonrió como una tonta mientras las lágrimas rodaban y rodaban por sus mejillas. Edward no estaba en mejor estado, sus ojos picaban y se los restregaba disimuladamente para no admitir frete al doctor Coop que estaba llorando como un marica… aunque no era para menos, él sentía a esos bebés como sus propios hijos, y verlos por primera era más que emocionante.

— ¿Se puede saber el sexo? —murmuró Bella con voz rota mientras era incapaz de separar la mirada del monitor.

— Lo intentaremos… a ver si ahora tenemos más suerte —murmuró el doctor.

Hizo un par de movimientos más, que le molestaron a Bella, pero en ese momento sería capaz de soportar lo que fuese con tal de continuar viendo a sus hijos. El doctor sonrió y congeló la imagen unos segundos, volvió a mover el receptor y volvió a congelar la imagen unas cuantas veces más, hasta que otra sonrisa se extendió por su rostro.

— Bueno… están en bolsas diferentes, por lo que son mellizos, no gemelos, eso nos daba a opción a que pudiesen ser de sexos diferente —dijo mirando a Edward y a Bella intermitentemente.

— "Nos daba"... ¿Eso es que son los dos del mismo sexo? —preguntó Edward.

— Sí… son dos niñas —sonrió el doctor.

Bella no pudo acallar un sollozo que se abrió paso en su pecho… dos niñas… tendría dos niñas… Edward no pudo contener más la emoción y una lágrima se escapó de sus ojos, recordó que le había dicho a Bella que a él le gustaría tener dos niñas… dos princesitas iguales a ella. Al final se había cumplido lo que había pedido.

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Cuando salieron de la consulta del doctor Cooper ambos estaban sobre una nube, Bella sujetaba fuertemente el DVD con la grabación de la ecografía contra su pecho, sería su mayor tesoro hasta que pudiese ver la carita de esas dos princesas que tendría por hijas… ya podía ponerles cara… y hasta nombre. Estaba feliz, pletórica… se sentía con ganas de sonreír y llorar a la vez.

Edward era feliz solo con verla a ella feliz, pero la ecografía también le había dejado muy buen sabor de boca. Bella tendría dos hermosas, perfectas y sanas niñas. Esperaba con todas sus ansias que se pareciesen a ella lo máximo posible, no quería que Newton tuviese nada en ella, nada… él se sentía egoísta en ese sentido, pero quería dos mini Bellas.

En lugar de ir a casa como tenían planeado, Edward propuso que podrían dar un paseo aprovechando que no llovía y que el invierno todavía no había llegado del todo y no hacía mucho frío. Bella accedió sonriendo, en ese momento podrían pedirle cualquier cosa que no pondría objeción ante nada, estaba feliz.

Se sentaron en un banco del parque, Bella se tumbó de espaldas sobre este y colocó su cabeza sobre las rodillas de Edward, este sonrió, le gustaba esta Bella feliz, más desinhibida y ella misma. Con una mano acariciaba su vientre y con la otra sus cabellos… estaba exactamente dónde y como quería estar… nada podía ser más perfecto.

— He estado pensando —susurró Bella sacando a Edward de sus pensamientos.

— ¿Sobre qué? —preguntó Edward con curiosidad.

— La proposición que me habías hecho… el darle tu apellido a las niñas —no pudo evitar sonreír al sentir que ya podía especificar el género de sus bebés sin ninguna duda.

— ¿Y qué has pensando? —preguntó Edward con cautela.

— No tenías que habérmelo pedido… —dijo Bella haciendo que Edward se tensase—, estás en todo tu derecho, eres más padre de ellas de lo que será nunca nadie… incluso Mike.

Edward se quedó petrificado y mirando a Bella fijamente, buscando algún atisbo de duda, algo de miedo. Todo eso que estaba en sus ojos cuando meses antes llegó a él pidiéndole ayuda… pero no había nada. Bella estaba segura de lo que le estaba diciendo, estaba convencida de sus palabras.

No pudo evitar sonreír mostrando todos sus dientes.

— ¿Eso quiere decir que aceptas? ¿Tus hijas serán unas Cullen? —preguntó sin poder borrar esa sonrisa.

— Si todavía quieres que lo sean, lo serán —a Bella le fue imposible no devolverle la sonrisa.

— Te amo —susurró él.

Edward se inclinó un poco hacia delante y capturó los labios de bella entre los suyos, no fue un beso como los de siempre, este era más demandante y él llevaba el control, pero Bella se dejó llevar, confiaba plenamente en él, tanto como para compartir la tutela de sus propias hijas con él.