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Unos días después de ese sensual encuentro la pareja estaba más unida, las discusiones pasaron a segundo plano, a Sebastian se le pasó la "calentura" por ser sometido por el jovencito, quien igual se negaría si se lo volvía a pedir para una primera vez fue excitante pero quedaron en esperar hasta que el creciera un poco más. Aún así ellos disfrutaban del placer cada día como si de una luna de miel eterna se tratara su amor.
-Ngh... -Jadeaba el jovencito cuando escondidos su ardiente mayordomo amante lo embestía con fuerza contra la pared del armario.
-Shhh... Tu prometida está en la otra habitación.- Era el murmullo travieso de Sebastian que desnudo lo embestía en ese reducido espacio en que se entregaban en esa silenciosa madrugada.
-Es tu culpa, estás tan duro... -Perverso hablaba Ciel abriendo sus piernas un poco más para que profundizara en las estocadas que le regalaba su fogoso demonio que empezaba a gotear dentro suyo.
-Así te gusta mi amor. -Con el respirar agitado el demonio le susurraba al oído con cariño y lamía su cuello mientras lo embestía fuerte haciendo tiritar al pequeño que jadeaba con fuerza.
-Odio que me digas así. -A pesar de sentir que ya llegaba al clímax el jovencito no perdía la oportunidad de refutarle y le miraba con fingido fastidio.
-Mi amor, -Con la intención de molestarlo susurraba de nuevo a su oído y sentía como ya se corría dentro suyo un poco- ¿Sabes que te amo?
Entre gemidos cuestionaba el sensual demonio y se estremecía de placer, ¿Cómo podía un pequeño cuerpo ofrecerle tanta satisfacción? Él no lo entendía, pero a veces lo más ilógico era lo más racional y si era en el ámbito amoroso se justificaba mejor.
-No, no lo sé -Respondió este con esa sonrisa pícara que enloquecía al demonio, había caído sin duda bajo el hechizo de un humano, cada día sentía enamorarse más, tanto que a veces le asustaba.
-Te amo...- Diciendo esto se corría abundante dentro suyo bañando todo su interior mientras Ciel se retorcía y gemía de placer con fuerza. Unos minutos pasaron y ellos muy cariñosos se refugiaban en ese oscuro armario.
-¿Cuándo dirás que me amas?- Exhausto Sebastian le hablaba al oído mientras abrazados recuperaban el aliento.
-N..nunca... -fue la respuesta que escuchó del pequeño con el respirar agitado y se sonrojaba más por esa pregunta- Son solo palabras... No te afanes-
Terminaba de decir con algo de burla y le acariciaba el rostro con dulzura, como dándole a entender que esos "te amo" el los expresaba de otra manera como ahora con esa caricia. El demonio lo entendía y sonreía tiernamente ante esa extraña declaración y se regalaban un beso.
-Sé que es raro lo que diré pero... - Comenzaba a hablar el demonio luego de ese beso y decir lo que estaba pensando aun a él le parecía raro pero quería compartírselo a su amado, quien expectante esperaba que tontería diría ahora- ¿Has pensado en que formemos una familia?
Confesaba apenado un poco el mayor mirándolo fijamente porque hablaba con seriedad la propuesta, hace días había observado la dinámica de otras parejas y como estas eran felices cuando tenían un bebé de ambos.
-¿Qué tontería dices? -Muy sonrojado le respondía el jovencito, esa era una propuesta algo alocada, eran hombres como podía haber un embarazo, aunque con un demonio como pareja ¿Podía ser posible? Pensaba para si con vergüenza y algo de temor.
-Te imaginas un hijo de ambos... Que tenga mi cabello, tus ojos, tu naricita, mis labios... Una combinación de ambos de forma tan perfecta -Embelesado con la mirada que destellaba ilusionada parecía imaginarse ya a ese niño o niña, emocionado se abrazaba a Ciel que se quedó impávido ante estas palabras y sobre todo por la actitud de su demonio, parecía que era sincero su anhelo. No era que él no lo deseara solo que no se sentía listo para eso, además era incrédulo a la posibilidad que algo así sucediera- Yo podría haber quedado embarazado con lo del otro día.
Estas palabras de Sebastian desconcertaron más al joven que molesto se levantaba y envuelto en una sábana se alejaba del armario con el ceño fruncido.
-Siempre tienes que arruinar las bonitas veladas con tus tonterías- Le reprendió mientras se iba al baño y se encerraba allí, a Sebastian se le decayó el ánimo, tal vez si fue algo precipitado, pero solo quería compartir su anhelo, o tal vez si era una tontería como le dijo este, se confundía un poco así que prefirió levantarse a limpiar y recoger el tiradero de ropa que habían hecho por la locura del armario.
-Lo siento... Prometo no mencionar eso de nuevo...- Dijo arrepentido el demonio recostándose junto a Ciel que parecía molesto todavía, pero más que molesto estaba confundido y algo asustado, si Sebastian se embarazara como lo había insinuado, sería muy penoso pondría al descubierto su relación, además no se lo imaginaba con un vientre abultado.
En silencio ambos se quedaron dormidos, al menos más tranquilo se quedó el mayor ya que su pequeño no lo echó de la cama.
-Ciel...- Le llamaba alarmado Sebastian cuando la luz del día se colaba por la ventana anunciando la mañana, el jovencito se levantó abruptamente ante ese inusual llamado.
-¿Qué? ¿Por qué me gritas?- Le reclamaba molesto al verlo sentado quieto al filo de la cama.
-Mira...- Murmuraba el demonio volteando a verlo mientras le señalaba el vientre y como este le había crecido, Ciel no acertó a decir nada, se quedó inmóvil y no podía creer lo que sus ojos veían.
-¿Un bebé? -Le cuestionó el joven todo pálido por la impresión y se acercaba a tocar si era real o era una estúpida broma de él. Su mano rozó su vientre abultado algo temeroso y sintió como algo se estremeció dentro.
-Si... Nuestro bebé... -Murmuraba sonrojado el demonio y se recostaba en la cama con una linda sonrisa, el jovencito no salía de su asombro y confusión, no sabía si sentirse feliz, enojado pero sintiendo como se movía este pequeño ser algo en su corazón se removió y sonrió algo emocionado.
-¿Vas a ayudarme? -Le hablaba Sebastian con una sonrisa mientras se acomodaba bien en la cama y tomaba la mano de su pequeño.
¿qué?- Le cuestionó también pues no entendía en que debía ayudar.
-Ya va a nacer... -Fue la respuesta que escuchó de los labios de su demonio que sonreía- Toma el cuchillo y ábreme el vientre para que nazca
Le hablaba este dándole un cuchillo al pálido joven que se negaba, todo era tan repentino, ¿un bebé? ¿Un nacimiento? ¿De la noche a la mañana? Todo era tan confuso que se puso a llorar.
-Ciel tranquilo... si llego a morir nuestro bebé te hará compañía. Dame un beso y dime adiós -Hablaba lloroso el demonio mientras lo halaba para sí y juntaban sus rostros, el jovencito lloraba desesperado.
-Te amo Sebastian, sé que soy idiota a veces pero no me dejes, no sé cómo criar un bebé, tú debes quedarte conmigo, es una orden... -lloraba desconsolado el joven sobre sus labios y lo besaba con desespero, el solo imaginar que lo perdería le rompía el corazón y le quebraba la razón.
De repente sintió ahogarse y abrió lentamente los ojos, tocándose el pecho se daba cuenta que todo había sido un sueño, el sueño más raro de toda su corta vida. Notaba a su demonio a su lado bien dormido y lo pateaba para que se levantara.
-¡Eres un idiota! -Le gritaba pero a la vez lo abrazaba con fuerza, el mayor no entendía que pasaba solo correspondió ese abrazo mientras le cuestionaba al oído que le pasaba, este apenado se negaba a responder.
-No tendremos ningún bebé, prométeme que no tendrás ningún bebé -Le dijo después de un par de minutos mientras lo seguía abrazando, ya el otro entendió que había tenido un mal sueño y solo prometió aquello para que se tranquilizara aunque en el fondo sabía esto era imposible de realizar, ahora entendía que no debía hablar con tanta ligereza de temas así.
Varios días pasaron el joven conde se veía muy desanimado en su despacho mientras revisaba unos papeles aburridos, recostó la cabeza en su escritorio algo mareado y adormecido.
-Ciel querido... ¿Te sientes mal todavía? -El apuesto mayordomo hablaba mientras entraba al despacho algo preocupado por verlo así recostado.
-Si... pero no importa que diga tu solo me pones a trabajar -Respondía malhumorado sin levantar la cabeza pues su amante lo obligó a trabajar aunque ya desde la mañana se sentía mal.
-Bueno pensé que fingías porque tenías flojera de trabajar -Con tristeza justificaba su rudeza con el pequeño que cerraba los ojos y parecía dormirse, tomándolo entre sus brazos lo llevaba ala habitación.
-Llamaré al doctor. -Preocupado hablaba el demonio abrazando a su pequeño que palidecía y parecía dormirse en su regazo mientras lo llevaban.
-Estoy bien... Solo quiero dormir.
Molesto refutaba el joven adormecido y le ordenaba no llamar al médico, el demonio con mala cara aceptaba la orden aunque no le gustara nada, llegaron a la habitación, recostándolo en la cama lo dejaba dormir, a su lado se quedó velando su sueño mientras le acariciaba su bello rostro dormido.
A la noche despertó con mucho apetito y pedía la cena con mucha ansiedad, su mayordomo animado se levantaba a servirle al parecer ya estaba mejor.
-Me alegra tanto que te sientas mejor- Decía este al traerle la cena a la cama, los ojos del joven brillaron al ver la comida y la comía con prisa como si no se hubiera alimentado en días.
-Más... -Murmuró al terminar todo, Sebastian se asombró por esto era raro que su pequeño comiera tanto, pero como no había almorzado se prestó a servirle más.
-Todo estaba delicioso Sebastian... pero no tanto como tú -Le decía coqueto y le halaba la corbata para darle un beso en los labios.
-Qué cosas dices Ciel -Algo apenado decía el demonio ante ese halago después de ese apasionado beso repentino. -¿Te sientes bien?
Le cuestionó ya que estaba actuando fuera de lo normal y no es que no le gustara sino que todo era tan extraño, el joven se resintió y le miró mal.
-Si te trato bien o mal es lo mismo para ti- Le decía en voz baja y parecía querer llorar.
El demonio se sorprendía por esos cambios de actitud y de humor, ¿Qué le pasaba a su Ciel? No lo entendía y esperaba que fuera solo por esa noche. Pero no fue así los días siguientes fueron casi igual, comía y dormía sin parar por el día y por la noche era insaciable en la cama junto con todo esto sus cambios de humor. En una madrugada se puso a meditar el demonio mientras su amante dormía, ¿la pubertad le estaba haciendo cambiar? Hasta de peso estaba subiendo pero aun así seguía siendo tan adorable, ya tenía mejillas más rellenitas que pellizcar pensaba con una sonrisa. Como dormía aprovechó a tocarlo, su mano rozaba su trasero que estaba también un poco grande, empezando a excitarse solo con tocarlo.
-Ciel... quiero hacerla -Le susurraba al oído mientras sentía que se ponía erecto y lo seguía acariciando.
-Umm... Hazlo pues, yo quiero dormir-
Le decía entre dormido el joven con picardía pues ya había sentido las caricias hace rato y también se había excitado. Ambos unieron sus labios en un acalorado beso dando rienda suelta a sus deseos, al terminar ese encuentro unos minutos después se abrazaban bajo las sabanas muy cariñosos.
-Ciel estás actuando algo raro pero me gustas así- Confesaba el mayor con una dulce y enamorada sonrisa mientras rozaba sus labios a los suyos.
-¿Raro? Estoy igual que siempre- le respondió en un puchero y le miraba resentido- Yo debo decirte algo Sebastian.
Hablaba este apenado mientras se sonrojaba más de lo que ya estaba, el demonio le miró con curiosidad y sutilmente le decía al oído que le dijera lo que quisiera que él lo escuchaba, el jovencito pasó saliva para hablar al parecer era algo incómodo lo que diría.
-Creo... creo... Creo... -titubeaba sin decir algo claramente el demonio sonreía al notar su timidez.
-¿Crees? -Le decía burlón sintiendo como su pequeño ocultaba su rostro en su pecho.
-Creo que voy a tener un bebé- Murmuró entre dientes y se abrazó con fuerza al demonio por la vergüenza que sentía.
Muchas gracias por estar atentxs a esta historia, gracias por las capturas a por facilitarmelas para transcribir este capítulo (')
