LOS PERSONAJES DE NARUTO NO ME PERTENECEN, SON PROPIEDAD DE MASASHI KISHIMOTO. LA HISTORIA ES MÍA.

-11-

ATRAPADOS

Hinata.

—¡No puedo creer que iré! —Bajé de los brazos de Sasuke y caminé bajando las escaleras— ¡Es tan increíble!

—¿Terminó todo allá adentro? —Él me siguió.

Asentí. —Esta noche ha sido maravillosa. —Le sonreí y mis mejillas ya dolían por eso—. ¡La exposición resultó mejor de lo que imaginé! ¡Vendí cuadros! —le dije emocionada, Sasuke de verdad no imaginaba lo que significaba para mí que algún desconocido apreciara mi arte—. ¡Y esto! —Alcé los boletos en mi mano—. ¡Oh, Dios! Esto es lo mejor de todo. ¡Muchas gracias!

Llegó a mi lado con media sonrisa. De pronto, me quitó los boletos.

Lo vi sin perder la sonrisa. Había aprendido a conocerlo y estaba segura que pretendería fastidiarme.

—¿Qué? —pregunté.

—Aún no son tuyos.

Mentía. Claro que eran míos. ¿Qué pretendía a cambio? Mi mente me trajo de inmediato una idea que me alcanzó a ruborizar.

Me golpeó con los boletos en la cabeza.

—Eso no, Hinata —me dijo y me avergoncé. Sonreí—. Deberás ir conmigo —aclaró.

Mordí mi labio emocionada —¿Me acompañarás?

—En teoría, son mis boletos, así que…

—¡Iré contigo! —Estiré mi mano para recuperar las entradas y las alejó de mí.

—Bien. Yo los conservaré.

—¡¿Qué?! ¡No! Puedes perderlos —Los devolvió a su chaqueta—. ¡Sasuke!

—Así funcionan las cosas —caminó a la calle sin esperarme. Con franqueza, estaba tan emocionada por todo que no me importó. Llegué a su lado de prisa y le tomé la mano. Caminamos al estacionamiento así. Las personas se nos quedaron viendo… bueno, a él, yo no me sentía la gran cosa a su lado; pero igual me sentía bien. Muy bien. Sabía que debía regañarme por sentirme así, pero lo haría en casa, por ahora estaría bien disfrutar del cosquilleo en el estómago.

Él tiró de las llaves que tenía en uno de sus bolsillos cuando estuvimos enfrente del coche.

—¿Sabes qué haría de esta noche todavía más especial? —Me recargué sonriendo en la portezuela, viéndolo.

—¿Qué? —encajó las llaves y me siguió el juego al adoptar un aire provocador.

—¡Déjame conducir tu coche! —solté y aprecié como su rostro iba de la diversión a la incredulidad.

—Ni loco —dejó claro al segundo siguiente. Apoyó su mano en el auto para inclinarse a mí—. Sé cómo conduces y no tocarás mi auto.

—Vamos, no lo hago tan mal —supliqué.

—No. Y no cambiaré de opinión. — Quitó el seguro. Yo no me moví.

—Seré cuidadosa. ¡Nada de bromas, lo prometo!

—¿Crees que puedes tomarme el pelo? —apoyó el segundo brazo en el coche y me habló sobre los labios.

—Juro que no —sonreí y sus ojos negros se entrecerraron—. Solo quiero sentirlo.

Él sonrió —Voy a hacerte sentir otras cosas mías y será menos riesgoso —me habló entonces al oído.

Controlé un estremecimiento —¿Quién piensa en otras cosas ahora? —lo vi a los ojos, sin poder borrar mi sonrisa —. Entonces, ¿me lo prestas?

—Es todo tuyo, Hinata. Pero el coche no —se burló de mí y quiso apartarme.

No me moví —Puedes hacerlo más perfecto todavía, ¿sí?

Él pareció meditarlo —No. No tienes licencia y si nos sorprenden estaremos en un problema.

—¡Conduciré con cuidado! Nadie se percatará de que no sé conducir, ¡digo!, que no tengo licencia. ¿Si?

—No. Ahora, muévete, preciosa. Y vámonos.

Me moví, pero solo para que no pudiera abrir.

—Por favor —rogué.

Sasuke exhaló con cansancio y permaneció viéndome por varios segundos. Yo no dejé de sonreírle sin saber qué estaba pensando. Finalmente, me lanzó las llaves y casi se me caen de las manos al tomarme por sorpresa. ¡¿En serio?!

—Si lo tallas, date por muerta.

Mi sonrisa se hizo mayor —Lo cuidaré como a mi vida —abrí y entré en él. Cerré la puerta antes de que se arrepintiera y Sasuke se quedó de pie viéndome —. Vamos, sube, yo te llevo.

Él dejó escapar el aliento y casi lo adiviné preguntándose qué hacía al dejarme conducir su auto. Me estiré para dejarlo entrar y para mi fortuna, no tuve problemas en salir del estacionamiento. Sentí el auto un poco grande, pero me las arreglé. Tomé dirección al noreste por la autopista metropolitana y Sasuke, a pesar de voltear a verme, no dijo nada pese a que esa ruta nos alejaba de cualquiera de nuestras casas.

—¿A dónde vamos que tienes que cargar gasolina? —me preguntó cuando ambos bajamos en una estación.

Le sonreí mientras colocaba la pistola en el auto —Ya lo verás.

Sasuke resopló y yo me quejé cuando fue él el que deslizó su tarjeta antes de ocuparse en la pantalla digital que abastecería el combustible.

—¡Debí pagar yo!

—¿Crees que no tengo dinero para eso?

—¡Por Dios, no! ¡Pero fue mi idea salir de la ciudad!

—Sigue siendo mi coche. Además, tú ya me deberás demasiado si algo le pasa—me pegó al coche y le sonreí decidiendo dejar de lado sus complejos.

—Exageras —sonreí.

Sentí la punta de la nariz de Sasuke en mi mejilla —No, hablo en serio. Por eso no he dejado a nadie conducirlo.

—Naruto lo ha hecho —contradije.

—Naruto es un imbécil. No cuenta como ser humano.

Reí y Sasuke besó mis labios. Me recorrió un estremecimiento mientras le correspondía. Creo que otra vez estábamos rompiendo sus reglas. Me pregunto si Sasuke estará notándolo. Apretó sus manos en mi cintura y casi lo sentí frustrarse al haber profundizado el beso, pues el mecanismo del despachador sonó al finalizar el proceso. Aunque rompimos el contacto, Sasuke se tomó un par de segundos en terminar de apartarse. Creo que cayó en cuenta porque al instante siguiente estaba retomando seriedad.

—¿Entonces?

Subí al coche sin importarme —Hay algo que quiero mostrarte.

Sonrió sin mucho ánimo pero decidió subir al instante.

Conduje los primeros veinte minutos sintiéndome nerviosa por la mirada de Sasuke sobre mí, la palanca de velocidades y mis pies en los pedales. Luego pareció relajarse y los veinte minutos restantes una estación de radio acompañó nuestra plática sobre los boletos y la forma como Naruto creyó que Sasuke compraría droga. Me fue imposible no divertirme por eso y él me recordó no distraerme.

—Creo que ya puedes decirme a dónde vamos —me dijo a los minutos de cruzar a Yokohama.

Disminuí la velocidad al salir de la autopista y busqué el camino a la avenida que nos llevaría a la universidad. Sasuke encendió un cigarrillo luego de bajar el cristal y me vio esperando una respuesta.

—Justo allá. —Señalé con el rostro. La ciudad se extendía con miles de luces alumbrando las calles y verdes parques de las afueras, pero mi vista estaba puesta en la pared de cantera de la Universidad Nacional de Yokohama. Desde aquí se veía pequeña e iluminada, apenas era visible junto al enorme reloj en la torre pues enormes árboles rodeaban los jardines.

Sasuke alzó una ceja y yo salí de la avenida y tomé una calle. No podía llegar allá pues esa zona era exclusiva para estudiantes y académicos. Me estacioné a orillas de un parque.

—¿Qué hay con ella?

—¿Qué no hay? —respondí de vuelta y le sonreí al tiempo de bajar del auto. Varios coches pasaban acompañando el sonido del viento corriendo entre las hojas arrancando algunas de las flores típicas de la estación. Él salió y se apoyó en el capó del auto a terminar de fumar su cigarrillo.

—Tomé una decisión.

Él frunció el ceño y estaba segura que lo había adivinado ya. —¿Cuándo? —me preguntó.

Voltee a ver la universidad, parecía de ensueño… tal vez eso era lo que me representaba. Un pequeño lago estaba al frente pero mi vista estaba fija en la universidad semi vacía.

—Justo hoy. ¡Es más! Inmortalízalo.

—¿Inmorta-… qué?

Reí —Inmortalízalo —repetí—. Es lo que hago cuando algo realmente importante llega.

—Sí, yo no…

—Ten —ofrecí mi móvil—. Toma una foto.

Eso parecía lo más extraño que alguien le hubiese pedido porque sostuvo mi móvil y luego me vio por unos segundos antes de negar en silencio y sonreír. Me di una vuelta y le sonreí a la cámara. Él tomó la foto en uno de esos segundos.

—¡Estudiaré aquí!

—¿Leyes?

—¡Y artes!

—¿Estás loca?

Resoplé volviendo a él —¿Por qué?

—Porque las leyes no te apasionan. Terminarás agobiada y te arruinará incluso tu amor por las artes. ¿Qué pasó con Florencia?

Me recargué en el capó a su lado —Lo rechacé.

—¿Bromeas?

—Bueno… aún no, pero… —le dije y le quité mi móvil luego de verlo distraído con él —. Pero voy a hacerlo. Tendré una profesión y también haré lo que me gusta.

Ya con sus manos vacías al haberse deshecho del cigarro, Sasuke las apoyó en el capó, viéndome —Hinata, tienes un sueño y aprendiste un idioma por él, ¿qué mierda tienes en la cabeza?

Sonreí y esta vez fue naturalmente —Me dedicaré a él y también cumpliré con papá. Al fin podré dedicarme a la pintura sin sentir que pierdo el tiempo por eso.

Él resopló y miró hacia el suelo. Se formaron unos segundos mientras autos pasaban tras nosotros en la avenida. Me atreví a sujetar el cabello que le caía por el rostro. Hablé pese al revoltijo en mi estómago:

—Además… ¿no te gustaría ver hasta dónde llegamos?

Su mirada al momento de subir a mí no me dijo nada.

—¿Lo haces por esto?

Dejé de verlo y fruncí mis labios aterrizando mis sueños en el suelo —No. —Mentí—. Has dejado claro que no debo aspirar a más.

Él volvió a guardar silencio y yo volví a hablar:

—Me aceptaron en Florencia, no habrá problema en que me admitan aquí.

—¿Una llamada de tu padre y ya?

Sonreí pese a su ironía —Y así de fácil —afirmé.

Sasuke sonrió y metió sus manos a los bolsillos de su pantalón. Vio al suelo y hubiese dado media vida por saber qué pensaba. No parecía enfadado, tampoco indignado por mi presunción.

—Deberías considerarlo más.

—Florencia espera respuesta pronto. No lo haré. Ya lo he considerado, por eso lo inmortalicé, ¿no? —me empujé contra él y sonrió sin muchas ganas. También sonreí y me dediqué a observar la foto que él me había tomado. Ambos lo hicimos.

Sasuke había aumentado el zoom y la foto no era tan espectacular como la vista que teníamos. La universidad al fondo apenas se apreciaba pues él se había concentrado en mí al cerrar la toma. En la foto yo sonreía mientras terminaba de girar.

—Eres un mal fotógrafo.

—No tienes ojo para esto.

—Soy una artista, por supuesto que lo tengo —volví a empujarlo.

—Una no muy inteligente —se puso frente a mí—. Piénsalo más, ¿quieres? —su voz de pronto era seria.

Entrecerré los ojos —No tienes que hacer esto para deshacerte rápido de mi.

Su sonrisa de lado y preciosa apareció. El revoloteo en mi estómago me dijo cuán perdida estaba por él.

—No lo necesito, lo sé. Cuando acabe, será claro para ambos.

Mi sonrisa disminuyó al pensarlo.

—Pero en este momento, Hinata, no estoy pensando en ello.

Sonreí apenas y apoyé mi frente entre su cuello y su hombro.

—¿Y en qué sí? —pregunté. ¿Por qué Sasuke no se enamoraba de mí?

Él me tomó del pelo y me hizo verlo con el toque justo de rudeza y cuidado. Mis labios se entreabrieron por la sensación y él se acercó a ellos. Bien, no me importaba que no me amara… pero que no se apartara demasiado.

Me sonrió sin saber lo que me hacía y luego me besó. Soltó mi pelo y acarició mi cuello.

Lo sentí endurecerse cuando me empujó contra el coche y metió su lengua en mi boca. El aire no nos alcanzó y la oscuridad en sus ojos atrapó mi mirada. Él volvió a mis labios y mordió el inferior al dejarlos despacio.

—Maldita sea Hinata… quédate entonces.

«¿Quédate entonces?» ¿Lo estaba aceptando? Quise descubrirlo al verlo a los ojos pero él se apartó luego de un fugaz beso.

—Ve atrás.

—¿Qué? —me quedé de pie viéndolo rodear el auto y subir frente al volante —¿De qué hablas?

—Créeme, me debes una grande y voy a cobrarlo. Cuando te des cuenta a dónde vamos, vas a desear estar ahí.

—Sasuke… ¿es broma?

Cuando él hizo rugir el motor terminé por subir. Me coloqué en medio del asiento trasero —¿Esto es por conducir tu coche?

Él sonrió y me vio por el retrovisor.

—¿Es por alguna razón sexual? —pregunté confundida.

La sonrisa en él se hizo mayor.

—Cielos… me pregunto si Naruto ha tenido que pagar un precio así.

—Y una mierda contigo —soltó, pero no parecía molesto. Ahora reí.

—Sigue riendo princesa. —La sonrisa perversa en él me hizo querer callar. Sasuke regresó su vista al frente y cuando lo vi cambiar de carril presté atención a los establecimientos que iríamos dejando atrás. Mis ojos se centraron en uno en particular.

—¿Sasuke?

—Te dije que preferirías estar atrás. —Me guiñó un ojo al desacelerar.

—Y yo te dije que por ningún motivo…

—Nadie nos verá, confía en mí. No creo soportarlo hasta la casa.

—¡Por Dios! —Subí mis piernas al asiento y me hice pequeña en él. Sasuke bajó la ventanilla y yo tapé mi rostro y oídos. Luego de unos segundos estábamos entrando al motel. No pensar en las consecuencias si alguien me veía ahí me fue imposible al abrir mis ojos y ver el camino, y el lugar bastante menos horrible de lo que imaginé. Había varias habitaciones, todas iguales. Sasuke nos dirigió casi al final y noté que entramos a una con la luz verde, imagino por qué de ella.

—Ya puedes respirar, Hinata.

—¡¿Estás loco?! —Voltee atrás, la puerta de la cochera seguía abierta—. Te dije que nunca podría entrar a estos lugares.

Lo vi sonreír y bajar. Imagino que presionó algún dispositivo porque la puerta cayó dejándonos en absoluta privacidad.

—Vamos, ya estamos aquí.

—No bajaré, ¿estás loco? ¡Hasta aquí huele a ETS!

Él se rio con ganas. Su sonrisa fue más amplia todavía y lo noté fascinado ante mi pequeño escándalo. Como yo no salí, fue él quien entró.

Retrocedí en el asiento —Vámonos.

Él me vio de las piernas y hacia arriba. Mordió su labio.

—No tienes idea lo que me pone meterte aquí —confesó y me besó los labios.

Me aparté y abrí la boca —No debe faltarte una, ¿eh?

Sasuke volvió a sonreír —Eres la única que piensa en otra en este momento.

—No voy a meterme ahí.

—No lo hagas. Estarías en mi cama o en el mejor hotel si los tuviera más cerca. —Mordió mi cuello y mis manos temblaron al apretarse contra el asiento. Sasuke me separó las piernas y comenzó a succionar mi cuello empujándome contra la puerta. Yo estaba perdiendo contra mi renuencia. Suspiré cuando sentí una de sus manos grandes apretarse en mi seno. Cuando él evadió la tela, mi sostén y me rozó el pezón, cedí a él.

—Cielos, Sasuke. —Una de mis manos fue a su cuello mientras ofrecía el mío a él al arquearme. Había tanta tensión en ese sitio justo entre mis piernas. Sasuke pareció saberlo porque bajó un par de sus dedos a frotar justo ahí.

Sentí su aliento caliente cuando me sonrió. Su cabello negro se juntó con el mío y jugó a besar y soltar mis labios. Temblé de ansias. Dejó de tocarme y tomó mi cadera para arrastrarme. Me noté de espaldas sobre el asiento. El cuerpo de Sasuke parecía enorme. Estaba hincado y su espalda curvada por el techo sobre nosotros. Él pasó su camisa sobre su cabeza al quitársela y casi sentí que perdí la humedad en mis labios al ver sus abdominales. Sasuke desabotonó su pantalón y bajó su cierre.

Noté su respiración profunda al hacerlo. Yo ya no estaba respirando.

Me ruboricé cuando él mantuvo sus manos ahí y demoró tanto que tuve que verlo a los ojos. Me sonrió socarronamente. Ardí de pena y entonces sus brazos fuertes descendieron a los costados de mi rostro.

Era. Cruelmente. Perfecto.

Un pecado.

Creo que quiso decirme algo, pero se lo guardó. Besó la comisura de mis labios mientras se concentraba en desnudar mis senos. Llevé mi mano y la cerré en su miembro caliente. Palpitó duro contra mí. Aguanté las ganas de gemir por eso. La mirada de Sasuke fue más suave al verme y sentirme.

—Creía que estarías demasiado nerviosa para moverte. Me alegra que no.

Sus labios dejaron un camino húmedo desde mi cuello a mis senos. Me hizo soltarlo y llevé mis dedos a mis labios callando mis gemidos. Sasuke mordía mis pezones y rozaba mi sexo humedeciéndome entera.

Mordió mi estómago mientras bajaba y saber a dónde se dirigía incrementó mis ganas. Cuando sus labios se cerraron sobre mi sexo me arqueé sin contralarlo y cuando encajó su lengua arrastrando mi clítoris volví al asiento y vibré completa. Sasuke mordió ahí también mientras sus manos apretaban bruscamente mis senos. Lo disfruté como no creí posible. Sorbió de mí y sus manos fueron a separarme las piernas mientras me arrastraba a un orgasmo doblemente pecaminoso.

Sasuke permaneció ahí abajo bebiendo la humedad que le dieron mis espasmos, subió sobre mí cuando quiso y fui consciente de su peso cuando sus manos sujetaron las mías sobre mi cabeza. Jadeó antes de besarme y mi sabor se mezcló entre nosotros. Percibí su necesidad cuando me hundió en el asiento al prolongar tanto como pudo nuestro beso.

—Bien, Hinata —jadeó—. Ahora te toca a ti esforzarte. —Me apretó el trasero al incorporarse.

Mi cuerpo no terminaba de conectarse a mí cuando lo vi exponer su miembro. Él me ofreció la mano y cuando estuve hincada al igual que él volvió a besarme mientras sonreía. No podía percibirlo más excitante, tan íntimo. Se sentó y me llevó sobre él.

Toqué su miembro húmedo. Lo vi a los ojos mientras lo hacía. Sasuke contuvo un jadeo al verme. Cerró la puerta del auto y mientras me veía masturbarlo me di cuenta que él no buscaba precisamente un hotel… a Sasuke le bastaba un par de paredes cubriéndonos. Saberlo tan ansioso regresó con más fuerza la tensión entre mis piernas. Me distraje viendo como mi pulgar esparcía su humedad en el glande enrojecido.

Sasuke vibró y volví a hacerlo.

—Ah —jadeé cuando jaló mi pelo.

—Basta de eso, Hinata —sonreí. Pese a su orden, estaba afectado —. Siéntate en él.

Me estremecí y asentí. Me acerqué más a él con mis piernas a sus costados. Mi vista fue a su mano mientras guiaba su miembro. Su piel húmeda frotó la mía. Jadee de ansias. Sasuke me dejó el resto a mi cuando estuvo justo. Sus manos duras fueron a mi cadera y yo disfruté como nunca deslizarme sobre él. Cerré los ojos y lo sentí abrirse camino dentro. Estaba tan mojada que fue fácil, pero sentirlo entrando, apretando todo, erizó mis pezones. Sus manos se aseguraron de hacerme bajar al tiempo que empujaba su cadera contra mí. Su boca fue a mi cuello y mi cabeza hacia atrás al sentirme plena. Sasuke gruñó y volví a mí cuando me mordió. Comenzó a bombear. Una mano quedó en mi cadera y la otra se enredó entre mi pelo recorriendo mi espalda.

Su carne dura empujaba la mía al penetrarme. Sus jadeos los sentía contra mi cuello de donde no se había separado. Cuando bajó por fin a mis senos, mis manos acariciaron su rostro y no tardamos mucho en estarnos comiendo los labios. Mis caderas se movieron sobre él al ritmo que me daba y mi cabeza comenzó a nublarse. El aire se enturbió y el sonido acuoso de nosotros golpeándonos se volvió más insistente. Sasuke comenzó a jadear copiosamente y su voz ronca no hizo más que sobreexcitarme… que él disfrutara así, conmigo, me hizo tanto bien.

El roce de los vellos húmedos en su pelvis con mi clítoris, que desde hacía tiempo me estaban volviendo loca, terminaron por romperme. Vibré sobre Sasuke y me abrazó retomando él el ritmo. Jadeé contra su oreja y solo entonces caí en cuenta cuán sudados estábamos. Me perdí con ello apenas pudiendo cooperar con la fuerza de Sasuke que no dejaba de moverme sobre él, buscando desesperadamente el culmen de su placer.

Jadeó más fuerte y sentí uno de sus espasmos dentro de mí. Cuando me levantó sacándome su esperma caliente cayó entre nosotros. Sasuke se tensó y relajó más de una vez conmigo entre sus brazos. Mi corazón latía en mis oídos cuando me abracé a su cuello. Sus manos cansadas se apoyaron en mis muslos.

—Eso fue… cielos —dije jadeante. Tomé mi tiempo antes de preocuparme por el lugar en el que estábamos—. ¿Este lugar es seguro?

—Por supuesto que lo es… tienen cámaras en las cocheras.

—¿Qué?

Se rio. Su voz tan ronca.

—Ah —empujé su hombro—, ¿cómo puedes bromear con eso?

Sasuke, mal sentando, me atrajo a sus labios y lo besé despacio terminando de calmarnos.

—¿Quieres que tomemos una ducha? No creo que haya ETS.

Ahora yo reí.

—No. Quiero irme cuanto antes —supliqué sin librarme de mi desconfianza a esos lugares.

Sasuke asintió y estuvimos a punto de un nuevo beso, pero eso no ocurriría más. presionó sus labios en mi frente al estar afuera de mi casa, luego de que le agradecí la noche.

Era muy entrada la noche cuando entré a la casa. Papá estaba saliendo de su estudio cuando pretendí subir las escaleras.

—¿Por qué a esta hora? —me preguntó.

—Todo salió muy bien. Al salir… las chicas me animaron a festejar un poco. Lo siento —lo vi a los ojos pese a mentirle.

Papá sonrió casi con ¿tristeza? Qué raro, esa impresión me dio.

—¿Todo bien?

Él asintió —Descansa.

Le sonreí y me apresuré a mi alcoba. Respirar el ambiente a limpio me animó a descalzarme; el desorden en el que había dejado el lugar no estaba por ningún lado una vez que fue aseado. Yo misma me decidí por darme una ducha y meterme a la cama, aunque con todo lo ocurrido lo más probable era que conciliara el sueño hasta muy entrada la madrugada. Finalmente había decidido lo que haría: quedarme.

Sasuke no dijo nada que me dijera que estaría para mí, pero tampoco fue firme en señalar que se acabaría. Era tonto pensarlo, pero pese a sus reglas absurdas, distábamos de ser meros amantes ocasionales… ¡Iría a mi concierto! Y todo por él.

oOo

Sasuke.

El Nou estaba casi vacío en la calle, aun así, la música sonaba fuerte incluso ahí. Ya era más de medianoche y pese a ser media semana el lugar era más concurrido que cualquier otro miércoles. Vi a Naruto arreglárselas tras la barra y fui hacia él ansiando un trago.

No era mi turno en el trabajo, pero entré tras la barra y tomé una cerveza luego de saludarlo. Él siguió pendiente de los clientes y me alejé para no estorbar. El trago helado me cayó bien. La sensación fría resbalando dentro de mí fue reconfortante, como, estúpidamente, lo era lo que sentía. Venía jodidamente satisfecho. Ese encuentro con Hinata, haberla metido por fin a un hotel y escandalizarla me divirtió. El placer sexual nunca faltaría, pero era curiosamente lo que pasó antes y después de ello lo que me agradaba.

—Fue buena la noche, ¿eh? —Naruto se acercó, pero siguió atendiendo.

—¿Qué?

—Que dejes de sonreír, me provocas escalofríos.

—Púdrete.

Él se carcajeó —No dijiste nada, pero, ¿qué tal todo con Hinata?

Arqueé una ceja —¿Por qué supones que estuve con ella?

Él demoró en responder y cuando volteó a verme su semblante cambió —Porque Mei se apareció por aquí —me dijo y no le respondí—. Hace menos de diez minutos que se fue.

«Mierda.»

—¿Qué crees que quiera?

—¿Preguntó por algo?

Naruto negó —Pero estoy seguro que estaba buscándote.

Negué. No importaba. Mei había entendido que se había acabado… que estaría con Hinata.

Un par de tipos comenzaron una pelea enfrente y Naruto saltó la barra para separarlos, la cosa no fue a más y decidí no intervenir. Mei se metía en mis pensamientos hasta que un mensaje de Hinata llegó a mi móvil.

Era una foto de un retrato dibujado por ella. Era similar a los que tenía en la exposición.

«Sé que no te gustan estos gestos, pero, este es para ti. Quién sabe, pero si muero de una forma trágica, algún día podría valer mucho.»

Sonreí por eso.

Respondí un simple «Ok.» Y ella se desconectó. La foto se movió a mi galería y la imagen anterior a esa también era de Hinata. Me aseguraría de borrarla después, corrigiendo el impulso de quedarme con esa foto de Hinata completamente feliz afuera de la universidad… pocas veces la había visto así, tal vez por eso quise tenerla también.

Las personas comenzaron a aumentar frente a la barra, así que con Naruto terminando de echar a los revoltosos, me dispuse a servir tragos. Terminaría ese turno con él.

•••

La mañana siguiente fue peculiarmente cansada, ir a cenar con Naruto no había sido buena idea, finalmente me había metido en la cama después de las tres, agotado. Hiashi me había ocupado apenas aparecí y pretendía dormir en el coche mientras él salía de una reunión cuando mi móvil vibró.

—Demonios.

Respondí sin siquiera revisar.

—¿Sasuke? —Era Mei. Se escuchaba con voz baja, titubeante—. ¿Soy inoportuna?

—No. ¿Qué ocurre? —pregunté recordando que la noche anterior había estado en el bar.

—¿Crees que podríamos vernos? Hay algo que quiero que sepas.

Rasqué mi cabello —Verás…

—Cinco de la tarde en ese restaurant de comida rápida del centro. ¿Quieres?

—… Bien.

Apenas corté la llamada recibí el mensaje de Hiashi avisándome que me esperaba así que me dispuse a recogerlo.

oOo

Hinata.

Estaba por dar las dos de la tarde y papá había avisado que vendría a comer.

—Es por eso que te digo que no sé qué hacer —escuché a Ino que pese a la hora, lucía desarreglada y con semblante de no haber dormido bien.

—Creo que es bueno que te sinceres contigo —le dije intentando darle ánimo. Me levanté de mi cama con mi portátil en mano cuando creí escuchar llegar el auto de papá. Me acerqué a la ventana.

—Debes estar bromeando. ¿Con qué cara voy a verlo?

Le sonreí a Ino —Con la cara de una chica que no se puede permitir, otra vez, ver a la persona que quiere con otra —le dije y terminé por asomarme desde mi ventana. Sasuke le abría la puerta del coche a papá mientras éste ocupaba sus manos con su portafolio y su portátil. Los vi cruzar palabras ahí de pie y regresé a la cama.

—No puedo, Hinata. Muero de vergüenza.

—Es él quien te confió que su relación terminó irremediablemente. Shikamaru siempre te ha gustado. Ahora, si de verdad no puedes, deja pasar algo de tiempo. Él no parece ser de esas personas que saltan de una relación a otra, así como así. Sólo… sigue siendo su amiga.

Ino talló sus ojos y le sonreí.

—Gracias, sabía que si se lo contaba a Sakura se burlaría.

—Es que es curioso verte conflictuada. Sobre todo, por la confianza que ambos se tienen.

—Es justo por eso, no quiero arruinarlo. Tampoco me gustaría creer algo y estar equivocada.

—¿Crees que no le gustas?

—¡Qué va! No soy tan ciega. Sé que le gusto, por eso estoy así. Pero él… es tan formal, aprecia a mis padres. No me dirá nada nunca.

—«Nunca» es impensable. Paulatinamente puede hacerlo.

Ella guardó silencio ocultando su rostro sobre su cama, donde permanecía acostada al igual que yo.

—¡Lo invitaré a salir!

—¿Qué?

—¡Sí! —la vi cambiar completamente su ánimo—. Si le insisto mucho me dirá que sí. ¿Vienes?

—¿Qué? ¡No! No me gustaría ser el mal tercio.

—Anda, me veré menos absurda.

—Lo siento. Además… tengo que hacer varios trámites. ¿Sabes? Comenzaré con los trámites en la universidad.

—Eso no es problema para ti. Tu padre es benefactor de más de una universidad, solo señala la que quieras y asunto arreglado.

Reí —Claro que no. Quiero cursar dos carreras.

—¿Estás loca?

Negué y la sonrisa que tenía se perdió un poco al ver ese cajón donde había quedado mi carta de Florencia —Siempre he querido hacer esto.

—Mientes.

Me tendí en la cama e Ino se levantó acercándose completamente a la cámara —Tocan a mi puerta. Si cambias de opinión, me harías un gran favor. Te quiero, debo irme.

—Sí, adiós.

Suspiré y permanecí varios minutos solo pensando. Me levanté decidida y opté por bajar, papá había llegado y como era su rutina, su primera parada sería en el despacho. Me dirigiría hacia él, tenía que contarle al respecto.

Estaba por comenzar a bajar cuando escuché que la puerta del despacho se cerró. Esperaba ver a papá, pero quien apareció por el pasillo no fue él.

—Sasuke —lo llamé y le sonreí cuando volteó a verme —. ¿Qué?

Él pasó de largo apenas dejando un asentimiento de cabeza.

—Señorita, está por servirse la comida en el comedor.

—Ah… sí. Gracias.

Cuando Kaede se fue todavía sentía algo incómodo revoloteando en mi estómago. Terminé de bajar y pretendí no quedarme con la duda al seguir a Sasuke.

—¡Hinata!

Voltee a ver a mi padre que salía del despacho —¿Sí?

—¿Comerás?

—Oh… s-sí. ¿Ahora?

Me sonrió apenas visiblemente —Si no, ¿cuándo? —se dirigió al comedor y tuve que seguirlo.

—Verás, papá, iba a buscar a Sasuke, Ino me invitó a…

—Sasuke acaba de irse.

—¿Qué? Pero si son… —Aún no eran las tres.

—Dijo que tenía cosas que hacer, me pidió salir antes de las cinco y como ya no lo necesitaré, le permití marcharse desde ahora.

Por alguna razón eso molestó mi estómago. Negué al dirigirme a tomar asiento junto a papá. Pese a trabajar en casa, Sasuke era un adulto con cosas que hacer. Odié sentirme demasiado insistente con él.

—Hay algo que quiero decirte —recuperé mi sonrisa cuando comenzaron a servir.

Su mirada se centró en mi luego de agradecer a Kaede —¿Qué cosa?

Inhalé profundamente —¡Tomaré Leyes!

Tosió y limpió con la servilleta tras casi escupir el sorbo de té —¿Cuándo lo decidiste?

—Recién anoche —sonreí avergonzada.

—Bueno, podrías pensarlo un poco más.

—Sabes que no. Los exámenes de admisión están a la vuelta de la esquina.

—Justo por eso creí que tomarías un año sabático.

Perdí el habla por un momento. ¿Papá creía que era una holgazana? Comencé a avergonzarme.

—Por supuesto que no. Solo no lo había decido.

—¿Eso es verdad?

Fruncí el ceño y lo vi extrañada —¿Por qué mentiría?

Los segundos que dejó pasar sin decir nada me incomodaron —Recibí un correo electrónico. Una universidad italiana está avisándome que para hacer válida tu admisión debo ajuntar, en la solicitud que no sabía que habías enviado, una carta de autorización, porque al momento de tu ingreso aun serás menor de edad. ¿Me explicas?

Creí que había perdido la capacidad de hablar e incluso respirar mientras lo escuchaba hablar. Después apenas pude sonreír.

—Eso… No vas a creerlo.

—Italia.

—¡Fue idea de Sai! La verdad, no creí que me aceptaran.

—Bueno, puedo desconocer muchas cosas, pero una solicitud no la admiten si no va firmada y con datos oficiales del interesado. Y esa eres tú.

—Bien, sí. Era divertido intentarlo.

—¿Cuándo dejarás de mentir?

—¿Qué?

—¿Crees que no te escuché hasta acá saltando en tu cama cuando recibiste la primera carta?

Me puse roja —Eso… bueno, fue la emoción del momento.

—¿Qué es el arte para ti?

—Vamos, papá… tú lo sabes.

—Y quieres ir a Italia.

Oculté mi rostro en mis manos al apoyar los codos en la mesa —No. No estudiaría artes como mi carrera principal.

—¿Por qué no?

Alcé mi vista a verlo —¿No te molesta?

Alzó una ceja —Bueno, comenzaba a acostumbrarme a la idea de tu año sabático. Así que… no es decepcionante.

Le sonreí —Lo es. Desencajaría completamente —dije—. Hasta Hanabi tiene inclinaciones a las relaciones internacionales.

—Tus hermanos tienen sus propias preferencias.

—Lo sé. Y no me fuerza a nada. Tomaré leyes… y, también artes. Solicitaré en la universidad de Yokohama —esperé una respuesta y preferí guardarme para después, con los labios bien cerrados, la petición de ayuda. Seguramente tampoco sería fácil para él ayudarme a ingresar en Artes a estas alturas… ahí no había examen de admisión.

—Leyes… y Artes —repitió y en su gesto vi que notó lo mucho que eso desencajaba.

—Necesitaba decírtelo.

No me dijo nada, parecía meditarlo demasiado al tomar otra vez de su té. Ninguno habíamos tocado la comida.

—¿Crees que no lo lograré?

—No he dicho nada. Italia, por otro lado, suena como algo tuyo.

Sonreí y negué al jugar con la comida —Decidí que no. Algún día… me gustaría aparecer junto a ti y junto a Neji y demostrarme que estoy a la altura.

—¿Qué te hizo pensarlo?

Me encogí de hombros —Quiero estar aquí —dije. Si no iba a ser Italia, entonces, quería llenar las expectativas que pesaban sobre nuestro apellido. Y no dejaría mi sueño. Ninguno. Oculté mi rostro al sentir que me ruborizaría.

—Entonces, haré algo por ti.

Sonreí al entenderlo —¿Llamarías?

—Por supuesto —me sonrió y como era su costumbre, volvió al silencio que casi siempre acompañaba nuestras comidas. Estaba bien, ya no necesitaba ninguna palabra, al final, papá se había adelantado a mis necesidades y estaba por hacerse cargo. Como siempre. Fue justo ese pensamiento el que me hizo prestarle atención mientras comía en silencio. Gracias a esa persona era que mi vida era sencilla. Ahora lo agradecí siendo consciente de ello.

oOo

Sasuke.

—¿Desea ordenar algo? —una mesera se acercó justo cuando revisaba mi móvil, sentado en una de las mesas con vista a la calle.

—Solo agua, por favor —le dije y asintió para irse.

Faltaban diez minutos para las cinco. Mei no había vuelto a dar señales de vida, pero estaba seguro que no demoraría en llegar. Pensé irremediablemente en Hinata, seguro se ofendería cuando se enterara. Me había sentido un patán cuando decidí pasar de ella en su casa, pero lo preferí así, no quería darle explicaciones.

Talle mis ojos luego de apenas haber dormido tras la larga noche anterior.

Una botella de agua me fue dejada en la mesa y voltee a ver sin ánimo a la mesera.

—¿Ordenará o esperará a alguien más?

—Ordenaremos después, gracias. Te avisamos.

Mi vista fue a Mei que, con una sonrisa, se dirigía a la mesera. La joven se fue y Mei tomó asiento frente a mí. Su siempre largo escote era más reducido esta vez.

—¿Y bien? —pregunté. Mi humor no era el mejor, pero sabía que algo serio ocurría. Solo una vez nos habíamos visto aquí, justo horas antes de acostarme con ella esa primera vez.

Mei se apoyó en la mesa.

—Hay algo que debes de saber. Estoy embarazada —dijo y mordió sus labios.

La vi bajar una mano al vientre y sus ojos se mojaron. Me sonrió.

oOo

Hinata.

El televisor estaba encendido reproduciendo una serie de drama y fantasía medieval a la que le había tomado cierto gusto, la misma que había estado viendo antes de meterme a bañar.

Todavía secaba mi cabello cuando me acerqué a mi móvil. Tenía un mensaje de Ino… pero Sasuke no había dado señales de vida. Voltee a ver por la ventana abierta. Se había hecho de noche. Me contuve cuanto pude para no llamarlo inmediatamente apenas dejé el comedor. Lo hice tres horas después y tras tres tonos, la llamada fue cortada sin contestar. Luego de eso, las otras dos veces que volvía a llamar, entró directo a buzón de voz.

Ya era tarde así que decidí verificar si Sasuke había al menos leído el mensaje que le envíe contándole todo. Lo había hecho hacía dos horas. Suspiré y lancé el móvil a la cama… seguramente estaba de verdad ocupado. Mañana lo vería de cualquier forma.

Papá había dicho que haría varias llamadas apenas terminara de comer, por los tiempos tan cortos que teníamos, así que, recordándolo, peiné mi cabello con prisa y salí en pijama directo a su despacho. Lo encontré con semblante serio aun en el teléfono. Entré sin molestar.

Me senté en una de las dos sillas frente al escritorio mientras él deambulaba por el despacho al terminar la llamada.

—Lo entiendo, de verdad contaba con usted —lo escuché decir y presté atención—. Comprendo, me interesa, por eso decidí esperar a esta hora para ver qué podía hacer por mí.

La otra persona se tomaba su tiempo del otro lado y mi padre escuchaba con atención.

—Sí. Gracias por todo.

Para cuando cortó la llamada y se dirigía tras el escritorio, yo ya apretaba mis manos en el asiento. Creía entender lo que era esa llamada. El estómago me cosquilleo esperando malas noticias.

—Era… ¿de la universidad?

—Sí.

—Cielos. ¿Dijeron que no?

—Yokohama lo hizo desde un inicio.

—¿En cuál carrera?

—Artes. Saturado. Incluso Kyoto; también lo intenté. Todai puede aceptarte sin necesidad de examen en Leyes, pero en Artes no me garantizan mucho. Aunque aún podría ocurrir.

Inhalé profundamente y luego suspiré —Kyoto era imposible, es la mejor en artes… por eso creí que, tal vez Yokohama… Y, Todai es…—dejé escapar el aliento. La universidad de Tokio era igual o más imposible que Kyoto en cuanto a Artes.

Sonreí sin tener ganas en realidad.

Mi padre me observó con un semblante igual de decepcionado que el mío.

—¿Aun quieres seguir intentándolo aquí?

—¡No importa! Lo intentaré el año que entra mucho más temprano. Por lo pronto…

—Hinata…

—Solo dijiste que Artes no. ¡Pero queda Leyes! — le sonreí sin permitirme desilusionarme.

Me asintió despacio luego de unos segundos.

—Por mi está bien —me levanté sin querer interrumpirlo más —. Es tarde, no has descansado, ¿no subirás?

—No. En realidad, tengo otra llamada qué hacer.

Asentí y me apresuré a salir. Tenía medio sabor amargo en la garganta cuando regresé a mi alcoba. Me tumbé en la cama. ¡Haría lo planeado! Si lo había logrado en Florencia, también lo haría aquí. Sonreí… y lo haría en grande.

• • •

Estaba profundamente dormida cuando Kaede tocó a mi puerta.

—¿Si?

—¿Bajará a desayunar, señorita?

No… ¿qué hora era?

—Su padre ya la espera.

Rodé en la cama y terminé de espaldas al colchón —Sí. Dame cinco minutos.

Oficialmente fuera del instituto y en proceso de ingreso a la universidad, me sentía en un limbo. No sabía ni en qué día vivía. Luego de terminar de aterrizar en la realidad lo supe: era viernes. Habían pasado dos días desde la exposición y antes de preocuparme por mi ingreso a la U aún tenía cosas en las qué ocuparme. Pocos días antes de eso, había cierto concierto y cierta persona que alegraban mis días.

Me levanté de prisa y aun con pijama bajé al comedor para no hacer esperar a papá.

—Solo cereal con fruta, Kaede, gracias —dije cuando se me preguntó qué me apetecía.

—Deberías alimentarte mejor.

—Por las mañanas no me apetece —respondí sentándome. Lo vi almorzando y me llamó la atención que no me esperara —. ¿Saldrás con prisa?

—En realidad sí.

—Cielos, sí que ajetreas los días de Sasuke.

—No hoy.

—¿Cómo?

—Que no hoy. Llamó avisando que necesitaría el día.

—No sabía —se me escapó y por suerte papá no le dio importancia al seguir comiendo con periódico en mano.

—Mañana no tengo mucho qué hacer, así que le dije que podía tomarlo también.

Kaede llegó con mi cereal y le sonreí en agradecimiento. Papá ya no me prestó más atención y solo me quedó preguntarme qué estaba pasando con él; el día anterior se había marchado temprano y hoy no vendría. El lunes sabría por qué… supuse.

—Me marcho. Si hay algo que necesites, pídeselo a Kou —me dijo papá levantándose dejándome sola.

El hambre se me fue luego de tres cucharadas más. Me puse de pie con el par de platos en mano y me dirigí a la cocina. Kaede estaba refunfuñando porque se le había acabado la carne que necesitaría para la comida.

—Solo pídele a Sasuke que pase por ella y vuelva con tiempo —le respondía el joven jardinero atendía las flores del otro lado de la ventana.

—Sasuke no vino hoy —le dije metiéndome en la conversación y le sonreí como saludo. Dejé mis platos en el fregadero al estar sin terminar. Kaede me quitó de inmediato.

—¿En serio? Me pareció haberlo visto muy temprano.

—¿Qué?

—Debiste imaginarlo —intervino Kaede—. Él no ha venido.

—Pero…

Vi a uno y a otro.

—¿Y tú? ¿Por qué no vas a comprar la carne?

—¿Y que me azote, si tomo la equivocada? —le respondió él haciéndome olvidar su desacuerdo.

—Yo puedo llevarte, Kaede —me ofrecí.

—Un platillo no vale tanto como mi vida —se negó con ese malhumor fingido.

—¡Oye! Ya se manejar.

—Y no lo dudo. Pero, no. Cambiaré el menú.

—¡Tú te lo pierdes, Kaede! —alcé la voz mientras salía. Ella me respondió algo que ya no entendí al ir escaleras arriba. El día sería largo y aburrido, generalmente ocupaba mis ratos libres pintando y lo disfrutaba. Caminé al caballete a un costado de la ventana. El lienzo estaba a medio terminar y apenas tomé el pincel algo parecido a decepción apareció. Iba a comenzar una carrera y dejar en pausa todo esto. Un año, todo un año. Me era difícil encontrar la tranquilidad y paz necesarias para pintar, posiblemente con el ajetreo de la carrera mi tiempo y animo se reducirían.

Devolví el pincel a su lugar cuando una llamada entró a mi computador sobre la cama. La imagen de Hanabi con un bigote falso apareció haciéndome reír y olvidar todo.

Ya para el sábado papá estuvo prácticamente todo el día en casa. Yo no podía conducir delante de él y sin chofer prácticamente estuve recluida en casa. Esa noche tenía una cena de beneficencia y acostumbrado a mis constantes rechazos, esta vez ni siquiera me invitó. Así que, aquí estaba, sola, tumbada en el descanso de mi ventana. Sasuke no había respondido ni a mi mensaje y su móvil estaba apagado. Quizás su madre había enfermado o algo así. Pensaba en ir al cine tomando el coche cuando papá saliera, y llegar antes de que lo notara, cuando mi móvil sonó.

Ira Ino.

«Listo. Lo invité. Esta noche en el Nou.»

Sonreí a la pantalla.

«Ven con nosotros.»

Me negué, no haría mal tercio. Cinco segundos después de leído el mensaje, ella marcó.

—Hey —saludé.

—¡Nada de hey, Hinata! No lo quise invitar al cine o a cenar para que no pareciera una cita. Le dije que iríamos y lo invité. Dijo que sí de mero milagro. ¿Pasamos por ti o llegas?

—No arruinaré eso. De ningún modo.

—No lo harás. ¿Puedes llegar ahí? Ya sabes… nos darías tiempo a solas sin ser muy obvias.

Reí al descubrirle todo su plan formado.

—Vale. ¿Once está bien?

—Perfecto.

—Nos vemos ahí.

Recargué mi cabeza en la pared cuando corté la llamada. Bien, tenía un plan; la cena de mi padre me caía como anillo al dedo para volver a las viejas andadas. Sonreí sin poder evitarlo. Me levanté de un salto y busqué algo coqueto que me hiciera parecer de mayor edad. También saqué mi vieja ropa de varón para entrar y salir de casa.

Si papá me descubría, estaba muerta. Volver a experimentar esa adrenalina se sintió extrañamente bien. Corrí al baño en cuanto escuché a mi padre salir.

Salir y llegar al Nou fue más fácil que entrar. El lugar estaba a reventar una vez en periodo vacacional oficial. Tuve que unirme a un grupo mayor para pasar desapercibida. Todavía sonreía mientras me estiraba sobre mis tacones para localizar la mesa donde Ino debería estar.

Visualmente, desde mi altura, me fue imposible localizarlos. Decidí que me aparecería por la barra y le preguntaría a Naruto si no los había visto, así, perdería un poco más de tiempo que Ino aprovecharía; si no los había visto, recorrería las orillas de las mesas, porque estaba segura que el móvil no me lo cogería.

No supe si era mi percepción, pero el sonido me resultaba mucho mayor a la última vez. Tal vez era solo el tumulto que estaba sofocándome lo que me daba esa impresión de que todo se maximizaba. Salí de entre el grupo de gente en la pista sujetando mi bolso. La sonrisa que llevaba se borró solo un poco cuando vi a Sasuke. Él estaba llegando tras la barra cuando me percaté de su presencia. Lo vi revisar su móvil y luego acercarse a Naruto para decirle algo. Me quedé parada a medio camino.

Lo vi con curiosidad, Sasuke no se había percatado de mi presencia. Todo el cuento que me hice de su madre enferma, que era lo único que se me ocurría para su ausencia, se vino abajo.

Cuando él finalmente me vio, dejó de hacer lo que estaba haciendo. El corazón golpeó contraponiéndose al vibrar de la música. No supe por qué, pero verlo apoyar sus manos en la barra y verme con una expresión seria me hizo sentir insegura.

oOo

Sasuke.

La cabeza estaba por reventarme. Esa mañana el bar había tenido reacomodo y una de las bocinas estaba golpeando justo a la barra, molestándonos no solo por estridente, sino también impidiéndonos escuchar a la gente que se acercaba incesante.

—Oye, idiota, se acabó el agua mineral —Naruto me palmeó la espalda al pasar tras de mí.

—¿Y qué demonios quieres que haga? —voltee a verlo de medio lado mientras servía un trago. Naruto ignoró la rispidez en mi voz.

—¿Cómo que qué, hombre? ¡Ir por más! Esto no nos durará ni cinco minutos.

—Debiste preverlo, Naruto —entregué la bebida a la chica que dejó un billete en la barra y desapareció entre otro que ocupó su lugar.

—Vamos, cabrón, con todo el lío del reacomodo en la mañana…

No quise decirle más y tomé las llaves que teníamos como repuesto para abrir la oficina del dueño del lugar, que fungía en ocasiones como bodega. Ir y venir surtido con lo indispensable no me demoró más de cinco é mi móvil para confirmar que no eran ni las once.

Me acerqué a Naruto solo para decirle que estaba surtido.

—¡Hey! Un par de aguas y otro de mojitos —alguien casi atravesó medio cuerpo sobre la barra.

—¡Ya van!

Estaba por buscar las aguas cuando tuve la sensación de alguien mirándome. Cuando alcé la vista, la regresé de inmediato al casi apartarla. Era Hinata. Estaba de pie apenas saliendo de la pista. Parecía insegura, lucía tan sexy pero confundida. Apoyé mis manos en la barra y exhalé apenas. Bajé mi mirada ignorando al tipo que pedía sus bebidas y a quienes esperaban por Naruto. Volví a verla con una sensación pesada en el estómago. Hinata pareció titubear entre acercarse o no, finalmente, había sujetado su bolso y no lo hizo. Se veía tan pequeña ahí.

Seguramente estaba preguntándose por qué razón había estado pasando de ella.

Bien… después de estarlo prolongando, había llegado el momento, maldita sea.

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Continuará…

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¡Hola!

Sé que dije que ya este sería el último capítulo, pero, la verdad, estaba estresándome un poco cerrar todo en solo un capítulo. Lo siento.

Añadiré dos más y, quizá en el segundo de éstos, se agregue un pequeño epílogo. Con franqueza, eso me deja más satisfecha que aventar todo aquí.

Intentaré este periodo de alejamiento para intentar concluir la historia. Le daré prisa.

Agradezco comentarios c: Y lamento la ausencia.

Gracias por la paciencia. Besos.