Más de lo que querría admitir

XV. Calma

Edición: Aslaug

TinaCeballos

La mañana siguiente fue mucho más difícil de digerir para Loreley que para Ezarel. Aquella noche, cuando estaba a punto de quedarse dormida, notó como el elfo con el que probablemente ahora tenía una relación se colaba entre sus sábanas y entrelazaba los brazos alrededor de su cintura; aunque había intentado zafarse del agarre al sentir su roce, con aquella clásica efervescencia punzante de nerviosismo clavada en el estómago, reprimió el impulso al girarse y encontrarse con el plácido rostro de su compañero, durmiendo tranquilamente, con las mejillas levemente sonrosadas y la respiración cálida sobre su cuello. A la mañana siguiente Ezarel se sentía lleno de energía y radiante, ya que poder tener a la guardiana para él solito había desencadenado una sensación de paz interior que hacía mucho tiempo que no recordaba.

—Buenos días. —susurró delicadamente, buscando con la mirada el rostro de ella, encontrando en él dos oscuras ojeras. —Lo siento. —añadió, apartándole un mechón de cabello con ternura.

"Los papeles se te acumulan, Ez", se dijo a sí mismo, recordando el trabajo que le esperaba y la reunión que tenía programada con Miiko para aquella misma mañana.

Se levantó del mullido colchón con cuidado, intentando no despertar a Loreley en el proceso. Se sentía culpable en cierto modo por no haberla dejado dormir correctamente, pero no se arrepentía del todo; la quería, por lo que no se contendría ni tendría que dar más explicaciones al respecto a ningún habitante del Cuartel General, ni siquiera a ella. Alisó su cabello con los dedos, recolocándolo como buenamente podía, para posteriormente abrocharse su túnica externa con la correa, con firmeza.

—¿Uhm? —murmuró ella, abriendo los ojos y contemplando a la atractiva figura que se alzaba ante ella, que ahora se agachaba para besarla sutilmente en la frente.

—Volveré pronto. —susurró. —Descansa.

Ahora él era suyo y ella, de él.

Miiko citó por última vez a los líderes de las guardias aquella mañana para informarles de que había delegado a Keroshane el rol de distribuir las misiones especiales. Mientras la kitsune concretaba con Ezarel algunos detalles de su proyecto, Ykhar salió de la reunión a las prisas, aliviada y con un peso menos encima al no haber sido seleccionada, y se dirigió a la biblioteca, donde encontró a Loreley clasificando el papeleo de forma mecánica.

—Loreley, ¿estás bien? —preguntó su amiga. —Ni siquiera te has dado cuenta de que he entrado en la habitación.

—¡Hola! —respondió girándose y sonriendo forzadamente. —¿Qué tal la reunión?

—Muy aburrida. —soltó un bufido de fastidio, soltando los pergaminos en un rincón de la mesa y acercándose a ayudar con los papeles. —Ya me encargo de esto después, vamos, ve a desayunar.

—Gracias.

Se había levantado tan sólo unos minutos después de que Ezarel saliese de su habitación. ¿Cómo se supone que iba a estar tranquila? Estaba eufórica y estupefacta, y sentía que si alguien la tocaba explotaría de la emoción. Sus hormonas le aseguraban que todo sería perfecto entre ambos, pero la razón le recordaba que las cosas podrían descontrolarse ahora que ambos habían dejado todo claro. Pensó en su boba confesión del día anterior y se dio cuenta, aterrorizada, que todavía no se habían besado apropiadamente. ¿Y si él hubiese querido que las cosas fuesen más rápido? ¿Qué había significado entonces el hecho de haber dormido juntos? Antes de terminar con un derrame cerebral, se encontró con Scarsh en el pasillo, quien le comentó de forma casual que estaba yendo a clases con los aprendices de Absenta, razón por la que últimamente ya no la encontraba para almorzar.

—Tenemos que tener una pijamada pronto, Lore. —comentó la pequeña, con una amplia sonrisa.

—¡Claro, lo estoy deseando! —Aquella era la mejor manera de ponerse al día de cotilleos y, en este caso, de su nueva relación.

Después de haber desayunado apropiadamente, se dirigió de nuevo a la biblioteca donde ya había varias personas enfrascadas con pesados volúmenes sacados de las estanterías. Cogiendo el sello, se acomodó tras su escritorio y comenzó a sellar las tarjetas de la biblioteca, organizar manuscritos y acomodar los libros entregados, mientras Ykhar volvía a abandonar la habitación a las prisas para llegar a tiempo a otra reunión.

No pudo evitar pensar en Ezarel, en como él le había hablado sobre su vida, contándole escasos detalles pero suficientes como para hacerla sentirse especial; todo aquello estaba conmoviéndola, ya que se estaba dando cuenta de que no era un sueño ni una cámara oculta, sino la realidad y el inicio de un nuevo proyecto de vida junto a otra persona. Recordó vagamente como, con la ayuda de sus amigos, ganó el reconocimiento suficiente para empezar a realizar misiones diplomáticas y como, bendecida por el poder del Oráculo, pudo ser realmente útil al Cuartel General. Poco a poco fue convirtiéndose en alguien distinta, al entrar en la guardia Absenta y comenzar a trabajar en la biblioteca; posteriormente, cuando se quedó sin un mundo al que volver, en el momento en el que su propia familia se olvidó de su existencia, cambió el color de su cabello a uno platino muy claro, como símbolo de protesta. Odió a la guardia, a Miiko y maldijo haber llegado alguna vez a aquel nuevo mundo con el que siempre había soñado, comparándose con heroínas de esas películas de fantasía. ¿Cuál había sido el problema? Ella ahora era una persona totalmente distinta. Sentía la necesidad de comentárselo a Ezarel, decirle su verdadero nombre, el que sus padres habían elegido para ella. Decirle que ahora estaba cómoda en Eldarya, siempre que él estuviera a su lado.

--

Estoy en busca de un Beta reader, por motivos personajes Aslaug no podrá seguir conmigo, si te interesa porfavor dejame un mensaje.

Gracias.

Tina.