Fandom: Final Fantasy VI (Square-Enix)

Personajes: Kefka Palazzo y Terra Branford

Prompt: Spooning

+ Abrázame fuerte +

Ese termino aún implicando un acto de intimidad más que experimentado era desconocido para Terra, la desconocedora de las costumbres de otras jóvenes de la Corte, inventando modas con el fin de encontrar entretenimiento dentro de su selecto grupo.

Terra, cuyo aspecto no se diferenciaba mucho, las seguía con la mirada de darse la casualidad de compartir brevemente camino en el interior de la planta en la que residían incapaz de comprender mucho de su rico léxico. Los tacones de sus zapatos resonando rítmicamente mientras sus voces resonaban en la distancia, el espacio llenándose nuevamente de risas tras dejar a la híbrida atrás, retomando su conversación. Cuanto despotismo.

Pero la palabra en atraer más su atención que todas las que la joven creía captar ni siquiera aparecía por ninguna de las paginas de los gruesos tomos enciclopédicos que Kefka poseía alineados en sus estantes. Por más que Terra separase cada hoja cuidadosamente, leyendo en voz alta cada palabra, dificultosamente en más de un caso, ninguna se le asemejaba.

Preguntar a las personas más a mano tampoco fue muy satisfactorio. Cada uno de ellos, sirvientes que se negaban a abrir la boca por temor de ser castigados o cuyas respuestas no ampliaban su conocimiento, confirmando simplemente lo evidente. Eran cosas de nobles.

Sin percatarse, la frustración por hallarle sentido afectó en poco tiempo a su destreza y velocidad durante sus largas sesiones de entrenamiento, demasiado abstraída, pensando una y otra vez en la palabra de la que derivaba. Cuchara. Centrándose abruptamente en lo que se sucedía a su alrededor cada vez que un oficial caminaba para reprocharle su distraimiento, sosteniendo su arma sin agitarla contra algún abultado pelele de tela fijado a un palo de madera. Las llamadas de atención un leve temblor en comparación con lo que le esperaba, imperativa la notificación de su retroceso al Mago Imperial...

Entre paredes del gastado color de su componente, en la zona central de la habitación un escritorio ocupaba la mayor parte del suelo cuya tonalidad no se diferencia mucho de la de las paredes. El único adorno merecedor de atención siendo una alfombra por debajo del espacio tomado por el mueble. Apartada a un lado, en una pieza rectangular descansaban una serie de carpetas, repletas de lo que se podía imaginar serían una abultada cantidad de informes repartido en cada una. La joven en detenerse a pocos pasos frente a la mesa no necesitaba mucha información para deducir por sí misma que se encontraba en uno de los despachos que los soldados de rangos superiores usaban en los cuarteles, planta bajo el uso puramente militar.

Por chocante que pareciese, fijándose exclusivamente en el aspecto del hombre ocupando el asiento, nadie lo creería pero aún habiendo menguado su responsabilidad al frente, Kefka continuaba conservando su rango lo que aún le posibilitaba el uso del despacho para atender cuestiones de ese carácter.

Alargados y delgados dedos de una de sus manos dando golpecitos a la superficie de madera junto al papel entregado hasta la aparición de la chica, también Esper.

-Conque distraída ¿Hm? - Obviando un cortes saludo, rojos labios se separaron para anunciar, ojos ascendiendo para fijarse en su protegida. Ojos que a menudo transmitían con más claridad las intenciones que sus palabras omitían en otros lugares.

Terra asintió. Eso era lo que creía haber oído al otro superior acusarla. Kefka arqueó una rubia ceja, demandando una afirmación en voz alta.

-Sí, señor. -

-¿Y esta distracción tuya ha afectado a tu magia? -Kefka preguntó rápidamente. Tanto que la chica de ondas doradas no logró reprimir un pestañeo ni el repentino respingo. -La distracción ha afectado a tu magia, ¿si o no? -Repitió el hechicero, su tono de voz exigente.

-No... No lo sé... -Terra alcanzó a responder, sin darse cuenta de la elevación de su voz también. Olvidando por un instante finalizar la frase con un señor. -Estaba usando un arma cuando ocurrió... Señor. -Agregó sintiendo la necesidad de excusarse, descendiendo el volumen.

Entonces fue que cerrando los ojos, revelándose así el intenso color cubriendo sus parpados, Kefka respiró profundamente tapando su rostro con ambas manos y se echó a reír. Terra le observó con el ceño fruncido, perpleja lo que duró su arranque.

-Y a todo esto, ¿me dirías qué era lo que te tenía tan distraída? -Quiso saber, las manos previamente ocultando su rostro ahora entrelazadas servían de apoyo a su mentón. En el deje de su voz se apreciaba un cambio de actitud, ligeramente juguetona.

Irises color verdemar se desviaron.

Transmitir el desconocimiento de la expresión que tanto le había impactado le hacía sentirse inferior. Todo cuanto ella sabía fuera de su destino en la batalla había sido gracias a él. En pequeñas dosis, acorde a su humor.

-Señor ¿Qué tiene que ver una cuchara con abrazarse? -Dijo retornando su mirada en el excéntrico mago. Era peor que Kefka se enfurruñase por no satisfacer su curiosidad al instante.

Apartando las manos por debajo de su cara, el rubio pestañeó arrugando la frente, finas arrugas invisibles a causa de la pintura blanca concienzudamente extendida, y colocándolas sobre la lisa madera se quedó un rato en silencio. Dubitativo hasta echar la cabeza hacia atrás, una sonora exclamación brotando de su boca abierta. Entornando sus ojos después, al siguiente momento abandonó su asiento, acercándose a la también poseedora de magia para envolverla entre sus brazos, tomándola por la cintura tras obligar a su cuerpo a girar con un suave tirón.

-Esto. ¿Verdad que parecemos dos cucharas colocadas una por detrás de la otra? -Terra sintió contra su oreja las palabras ser transmitidas a incomoda proximidad.

Aún con una mermada capacidad de imaginar, Terra asintió notando como su mentor apoyaba su cabeza contra el espacio entre su cabeza y hombros. Toda obligación deliberadamente ignorada recreándose en el contacto con la chica hasta no haber más remedio que retornar a la realidad.

En cuanto Terra salió de la habitación, el informe fue destruido pero a diferencia de la destrucción de otros reducidos a meras distracciones, una ufana sonrisa se había formado.