Stiles se recostó en la silla de la sala de espera del hospital, buscando una posición más cómoda. Su padre acababa de dormirse y Melisa ya le había confirmado que le tendrían en observación simplemente por precaución, pero que mañana por la mañana podría irse a casa tranquilamente. No era tanto el corte en el cuello lo que le preocupaba, y que se había solucionado con unos cuantos puntos, sino el golpe en la cabeza y que podría traer alguna que otra complicación si resultaba haber causado más daños de lo que parecían a simple vista.

Siendo la misma situación en la que Stiles había estado menos de tres días atrás, aceptó las novedades con menos quejas de las esperadas por Melisa, y se dispuso a pasar la noche en la sala de espera, sabiendo que no conseguiría pegar ojo.

Mientras veía los carteles de "silencio" colgando de la pared y recordando la cara pálida de su padre y los puntos marcando su frente y cuello, se dio cuenta de la cantidad de veces que había estado sentado en aquella misma silla de plástico.

Hacía un rato que se habían marchado los demás, agotados tras una noche y una semana demasiado larga. Siendo él el único familiar que podía pasar la noche allí, les había dicho que se fueran a casa a dormir y que él haría lo mismo en cuestión de minutos.

Pero tan pronto como le dejaron solo, pidiéndole que avisara tan pronto como le dieran el alta a su padre, Stiles no fue capaz de conciliar el sueño. Y aunque llevaba tres días sin dormir y habiendo sido su vida una montaña rusa de emociones, todavía tenía demasiadas cosas en la cabeza como para cerrar los ojos y dejar que todas las preocupaciones se evaporaran.

Stiles tenía claro que no lo harían. Y que para intentar poner fin a sus problemas, o al menos a los más apremiantes, tenía que tomar ciertas decisiones.

Y como si algo era Stiles, era un chico organizado al que le gustaba tener bien planeados todos sus movimientos, incluso los que afectaban a sus peores decisiones, cogió una de las revistas de la sala de espera y un bolígrafo que había tomado prestado, y se dispuso a escribir el mejor modo de decírselo.

Debían ser las siete de la mañana cuando Derek apareció.

Le hubiera gustado que llegara antes, pero sabía que tampoco podía culparle: El Alpha tenía mucha tarea pendiente.

Puede que los adolescentes como ellos dieran la jornada de héroe por terminada cuando habían salvado sus vidas y rescatado al inocente en peligro. Pero eran los héroes como Derek, para los que el trabajo duraba las 24 horas del día, quienes debían solucionar los flecos que habían quedado sueltos para que las cosas volvieran poco a poco a la normalidad.

Por ello, cuando Stiles acompañó a su padre al hospital en compañía de Parrish, Derek se quedó atrás con todos los Betas, los suyos y los recién llegados, dispuesto a tener una charla demasiado tiempo pospuesta sobre cómo iban a ser las cosas a partir de ahora.

Se le veía cansado. Con la misma ropa del día anterior arrugada y sin haber parado un instante. Pero tan pronto como Derek le vio en la sala de espera, al cansancio se le sumó una sonrisa radiante que… Stiles odió con toda su alma por tener que mostrarla justo en esos momentos.

- ¿No te vas a casa? – preguntó el hombre lobo nada más se hubo sentado a su lado. Colocó una mano sobre la rodilla de Stiles y la acarició levemente. Un gesto que era la primera vez que compartían y que tenía todo el derecho del mundo a hacer ahora que eran "algo más que amigos"… pero que Stiles hubiera deseado que no hiciera.

- Prefería quedarme por si despertaba mi padre. Para que no estuviera solo – susurró.

- Puedo quedarme yo, si quieres. Así podrás dormir un poco. Estás agotado.

- No pasa nada – Stiles trató de mostrar indiferencia - No sería la primera vez que duermo aquí.

Stiles debía estar más cansado de lo que creía si pensaba que con aquella respuesta iba a conseguir que Derek no se diera cuenta de que algo raro le pasaba, y en consecuencia no dejara de preocuparse.

- ¿Estás bien? – preguntó en un susurro, no apartando la mano - Aparte del cansancio. Han pasado demasiadas cosas en solo una noche.

El tono de voz con que Derek habló era uno que había descubierto hacía poco. El que solo aparecía cuando estaban los dos solos y por unos instantes no hablaban de peligros y posibilidad de muerte. Era la voz que tenía cuando no era Derek Hale, hombre lobo y Alpha, sino simplemente Derek, la persona que se había convertido en su novio y que había hecho a Stiles inmensamente feliz las pocas horas en que pudo pensar en él como tal…

Pero eso no quitaba que Derek Hale era, y seguiría siendo, un hombre lobo y un Alpha.

Stiles tomó aire con fuerza, tratando de encontrar las palabras adecuadas pese a que llevaba horas memorizándolas.

Miró a Derek a los ojos. A esos preciosos ojos verdes. Y…

- No puedo hacer esto, Derek.

Derek observó al adolescente con curiosidad y mayor preocupación. El hospital nunca había sido el lugar más placentero para él, habiéndolo visitado solo en situaciones desagradables, y menos si a su lado tenía a un Stiles que, evidentemente, no estaba bien.

- ¿El qué?

- Todo esto… - Stiles tragó con dificultad - Tú y yo.

Solo fueron tres palabras pero Derek sintió cómo el suelo temblaba bajo sus pies ante ellas. Y eso que todavía no sabía a qué se estaba refiriendo Stiles.

- ¿De qué estás hablando?

- Mi padre ha estado a punto de morir…

- Lo sé – le cortó, sin entender del todo qué tenía que ver eso con lo que había dicho Stiles - Pero conseguimos evitarlo y…

- Y pudimos llegar tarde – le interrumpió - Tú mismo lo dijiste. Habrá un día en que no llegues a tiempo y… - negó con desgana - Y no puedo arriesgarme a que pase.

- Ya me lo dijiste. ¿Qué diferencia hay…?

- Que es mi padre – dijo con desesperación - Mi padre, Derek. El único familiar que me queda. No quiero ni pensar en lo que pasaría si un día…

- No pienses eso – Derek cogió una mano temblorosa de Stiles entre las suyas - Es lo que siempre me criticas. Que pienso demasiado las cosas y que me culpo por todo. ¿Por qué lo haces ahora tú?

- Porque ahora yo puedo evitarlo – apretó los dedos de Derek – Aunque al final fuera todo un farol, acepto que Parrish mandara a sus perros para atacarme porque yo estaba en medio de todo y eso es algo que no puedo evitar hacer… Pero esta vez he conseguido que fuera mi padre quien tuviera la diana dibujada en el pecho… Solo por estar contigo…

Esperó a que Derek dijera algo. Pero en lugar de rebatirle o cabrearse incluso por estar diciendo semejante sarta de tonterías, Derek se le quedó mirando con cara de no entender absolutamente nada… O mejor dicho, de no entender cómo era posible que estuviera pasando aquello.

Porque los ojos de Derek, esos preciosos ojos verdes que también había visto en rojo fuego y azul hielo y cuyos destellos se conocía de memoria, ahora estaban mostrando un brillo de comprensión… Y de desolación.

- Si no hubiera estado contigo Parrish no habría buscado la manera de hacerte daño haciéndomelo a mi - siguió Stiles, intentando explicarse – Primero no habría intentado ligar conmigo. Y luego, cuando vio que eso no servía para que te marcharas, no habría secuestrado a mi padre y, en consecuencia, no habría estado a punto de morir a manos de uno de sus Betas aterrorizados – Volvió a tragar con dificultad, sintiendo que se le humedecían los ojos. Tanto por lo que estaba diciendo como por el hecho de que Derek estuviera simplemente escuchando - No puedo permitir que eso vuelva a ocurrir.

La expresión de Derek no cambió y tampoco lo hicieron sus manos, todavía sujetando las de Stiles. Pero ya no con la fuerza de antes. Incluso Stiles creyó detectar un leve temblor recorriendo sus dedos.

- Entiéndelo, Derek. Es… Es mi padre… Es lo único que me queda de mi vida normal y… - observó durante unos segundos sus manos entrelazadas, buscando apoyo en ese gesto pese a que él era quien estaba impidiendo que se repitiera en el futuro - Cuando tenemos problemas a la hora de averiguar quién está atacando a la gente del pueblo, o cuando discuto contigo y con Scott, es él quien me reconforta cuando llego a casa. Quien me dice que no importa lo que pase o la clase de seres sobrenaturales en los que se hayan convertido mis amigos, que él siempre estará ahí. Siempre tendremos nuestras tardes jugando a Cluedo, y trataremos de hacer las recetas de mi madre que nunca nos saldrán tan bien y… - apretó los dedos con una mano mientras que llevó la otra a sus ojos para secarse las lágrimas - Él es el único que me ha podido dar normalidad cuando todo mi mundo se estaba desmoronando… No puedo perderle a él. No puedo…

- Perder a tu ancla – habló Derek por primera vez.

Stiles asintió, sintiéndose increíblemente aliviado por escuchar la voz de Derek, y encima oírla con la seguridad que siempre le había caracterizado.

- Lo entiendes, ¿verdad? No hago esto por ti. Es… - se mordió el labio para no decir el "por mi" que tantas veces habían usado con él en el pasado, y que siempre le había parecido ridículo. Y en realidad sabía que estaba siendo ridículo y absurdo a un tiempo, porque ahora era él quien lo estaba haciendo… con Derek – Si solo fuera yo el que corriera riesgos me daría igual, porque no sabes el tiempo que llevo deseando esto… Pero no soy solo yo.

Derek se obligó a asentir y a dejar su rostro lo más inexpresivo posible. Para ello solo tuvo que mirar los ojos de Stiles, húmedos por las lágrimas, y odiar a todo el mundo por permitir que algo así estuviera ocurriendo.

Y odiarse a sí mismo por no poder impedirlo.

- Lo entiendo - fue lo que dijo al final con voz átona. Vacía.

- No puedo creer que esté pasando esto… Ni siquiera he tenido ocasión de poder gritar a todo el mundo que soy tu novio… - se sonrojó ante la palabra y Derek apretó el puño que no sujetaba la mano de Stiles con disimulo. No era justo que fuera tan adorable mientras le estaba rompiendo el corazón – Supongo que llegará el día en que me acordaré de esos momentos y pueda sonreir. Porque aunque haya sido extraño y no hayamos tenido una cita normal… ha sido increíble poder compartir esos momentos contigo.

Stiles esperó a que Derek dijera algo, pues a él ya se le habían acabado las palabras. Y aunque no había nada en el mundo que deseara más que quedarse tal y como estaban ahora pero para siempre, eso era justo lo que no podía hacer.

Por ello alejó la mano que Derek seguía teniendo entre las suyas. Y el hecho de que pudiera hacerlo sin ninguna dificultad, pues Derek ya no estaba apretando su mano, consiguió que sintiera dolor y rabia al mismo tiempo…

¿Tan fácil le resultaba a Derek alejarse de él?

- ¿Estás enfadado? – preguntó cuando comprendió que su comportamiento también podía ser por la propia rabia.

- No. Ya te lo he dicho – respondió en seguida - Lo entiendo. Haces lo mejor para tu padre.

- Pero esto no tiene por qué cambiar nada entre nosotros, ¿no? – susurró, siendo su tono de voz completamente opuesto al de Derek y que cortaba como una lija - Podemos seguir siendo amigos y seguir viéndonos. Y por supuesto yo seguiré ayudándote en lo que pueda. A ti y a Scott, como siempre he hecho.

- Lo sé.

El tono de Derek no cambió y por un instante Stiles se preguntó qué demonios estaba haciendo, intentando explicarse cuando estaba claro que para Derek ya era algo del pasado…

Pero fueron aquellas dos simples palabras, las mismas que usó Han Solo para decirle a Leia que la quería, con las que Stiles fue consciente de lo que realmente estaba pasando. Cuando vio realmente al Derek escondido tras esa fachada que usaba como escudo protector para no sufrir pero que con Stiles nunca había funcionado, y cuyo último ejemplo lo tuvo precisamente viendo esas películas de su infancia.

Derek jamás podría engañarle. Menos aún cuando el dolor que veía reflejado en sus pupilas cuando le confesó que cada mañana debía sentir dolor solo para seguir cumpliendo una misión para la que nunca se ofreció voluntario, era el mismo dolor que ahora estaba viendo.

De repente, pensar que por su culpa Derek tendría que experimentar de nuevo ese dolor, se le hizo insoportable.

- No va a afectarte a ti, ¿no? Me refiero a tu ancla… A mí… - Stiles se señaló con vergüenza - Puede seguir funcionando, ¿verdad? Porque todo será igual. Seguiré estando aquí, apoyándote… Solo que ya no habrá más citas…

- Sí. No te preocupes.

Y aunque Derek seguía tratando de mostrar calma con esa voz cortante y tan desesperante que ahora era absurdo que usara porque los dos sabían que no estaba engañando a nadie, Stiles se quedó con lo que había dicho.

Él estaría bien. Eso era lo único importante.

- Me alegro – suspiró aliviado – Me habría matado pensar que por mi culpa tendrás que volver a usar la rabia y el dolor para controlarte.

- No.

- Genial…

De pronto todo cambió.

En realidad ya llevaba un rato haciéndolo. Desde el mismo instante en que le dijo a Derek que no podía seguir… iniciar aquella relación. Pero a medida que los segundos pasaban y que Derek volvía a expresarse con monosílabos, era cada vez más evidente.

Y de llegar siendo Derek su novio, el mismo al que había besado el día anterior; a convertirse en cuestión de minutos en Derek Hale, el Alpha que le intimidaba y le amenazaba, pero del que acabó enamorado hasta los huesos el mismo instante en que le juró por primera vez que le arrancaría la garganta con sus dientes.

Y siendo ese Derek el que ahora estaba con él, Stiles no podía hacer otra cosa que lo que había hecho cada mísera vez desde que le conoció: callarse lo que realmente quería decirle y marcharse lo más dignamente que pudiera.

- Será mejor que vaya a ver cómo está mi padre – murmuró levantándose de la silla y sin atreverse a mirarle a los ojos.

- Espera.

La petición vino acompañada de un nuevo agarre de la mano de Derek a la de Stiles, esta vez con más suavidad.

Stiles se giró en el instante en que Derek se levantaba sin soltar su mano. Tan solo tuvo que observar de nuevo sus ojos verdes y todo lo que había encerrado en ellos, para no ser capaz de decir una palabra más.

- Nunca tuve ocasión de besarte – dijo Derek tras llenarse del rostro sereno de Stiles durante unos segundos - De hacerlo como realmente quería – explicó ante la confusión del adolescente, pues justo esa misma noche se habían besado unas cuantas veces - ¿Puedo hacerlo ahora? – pidió, apretando un poco más los dedos de Stiles - Aunque solo sirva como despedida.

Stiles, quien acababa de recordar de golpe (como si pudiera olvidarlo en algún momento de su vida) por qué siempre estaría enamorado de Derek, solo pudo asentir. Y aunque había más motivos por los que NO debería hacerlo, que por los que merecía la pena, jamás le negaría algo así. Menos cuando se lo había pedido de aquel modo.

Así que asintió, porque ahora mismo Stiles no era capaz de encontrar una mísera palabra, y esperó a que Derek le besara.

Fue totalmente distinto a los otros besos compartidos solo unas cuantas horas atrás. Y no solo por el significado que encerraba.

De entrada, los labios de Derek estaban temblando cuando tocaron los suyos, indicando que estaba tan nervioso como él. Pero apenas entraron en contacto, y tras unos segundos en los que simplemente estuvieron los unos sobre los otros, captando cada sensación de los mismos, Derek los movió lentamente para abarcar mayor espacio, al tiempo que colocaba la palma de la mano sobre la nuca de Stiles para atraerle más hacia él y acabar completamente pegados el uno al otro.

Stiles sintió el calor emanando de los labios de Derek y también de su mano, enredándola en la parte baja de su pelo pero sin llegar a ser dominante. Y aunque el calor cada vez era más intenso y la presión de los labios de Derek cada vez más fuerte, en ningún momento aumentó la velocidad ni Stiles se atrevió a moverse para agarrar su ropa y devolverle el beso con ganas.

Porque aquel no era un beso pasional de dos personas que festejaban la victoria tras la batalla, aprovechando que por fin podían celebrarla de un modo más íntimo. Ya no podría haber intimidad entre los dos porque Stiles no había querido, y había sido él quien sentenció de por vida su relación.

Y ya bastante era que se estuviera despidiendo con semejante beso, como para que encima fuera todo lo tórrido que hubiera deseado si hubiera sido otra la situación.

Sin romper el beso, Stiles empezó a llorar en silencio, dejando que las gotas saladas mancharan sus labios como señal del dolor que estaba sintiendo.

Pero cuando fue Derek quien finalmente se separó de él, sin decir una sola palabra y siendo el contacto de sus dedos con su piel el último en perderse, Stiles se dio cuenta de que no era el único que había convertido aquel beso en uno con sabor a sal.

Durante casi un minuto los dos se observaron en silencio, no haciendo siquiera el amago de limpiarse la cara.

Y cuando pasó ese tiempo, tras haberse aprendido de memoria la cara de Stiles, Derek dio media vuelta.

Stiles le vio marcharse sin mirar atrás una sola vez, sintiendo cómo cada vez le costaba más respirar. Recordó la última vez que tuvo esa misma sensación y estando en esa misma situación: solo en la sala de espera, viendo cómo todo su mundo se desmoronaba en un lugar rodeado de silencio y olor a desinfectante.

Quiso pensar que esta vez era diferente porque al menos no había muerto nadie. Y que precisamente todo lo había hecho para asegurarse de que no muriera nadie más en el futuro.

Pero cuando dejó de ver la cazadora de Derek al doblar la esquina y el silencio del lugar se hizo insoportable, todavía sintiendo el calor y la sal de los labios de Derek, comprendió que el dolor era exactamente el mismo.

Derek llegó hasta el Camaro, sin apresurar el paso pese a las ganas que tenía de marcharse de allí. Al sentarse frente al volante lo apretó con fuerza, notando cómo crujía el cuero, y cerró los ojos para concentrarse durante unos instantes.

Una vez hubo recuperado un poco de calma, arrancó el motor y fue directo al loft. Tenía los puños apretados cuando entro al edificio, cuando subió en el ascensor, y finalmente cuando entró en su Sancta Sanctorium.

Cuando vio que Peter no estaba suspiró aliviado. Ahora no tenía ganas ni fuerzas de enfrentarse a su tío para que le explicara por qué apuntó con una pistola al Beta de Parrish… Por mucho que intuyera por qué lo hizo.

Al comprender que no había nadie más en casa, también fue consciente de que tampoco había nadie que le dijera qué debía hacer…

Por ello, durante unos minutos se quedó allí de pie, en medio del loft y contemplando cada rincón de una casa que se le antojaba demasiado grande.

Al divisar el sofá algo le impulsó a avanzar hacia él y sentarse casi a cámara lenta. Apenas había tenido ocasión de usarlo desde que se mudó, y la última vez que lo hizo fue justo la noche pasada mientras veía con Stiles la trilogía de Star Wars.

Observó las carátulas del DVD que todavía descansaba sobre la mesa de madera, como si fueran objetos extraños.

Apenas había prestado atención a las películas aquella tarde, ya que solo podía espiar los movimientos, respiración y latido de Stiles.

Ahora que todo eso había desaparecido, tenía claro que no volvería a verlas porque solo conseguirían recordarle lo que tuvo durante una milésima de segundo. En realidad ocurriría lo mismo con todo lo demás: El sofá en el que se habían sentado. Las palomitas que habían compartido. O directamente su casa y que por unas horas también fue la casa de Stiles.

Ya nada sería igual. Se sentiría un extraño en su propio hogar, al que nunca llegó a considerar suyo.

Por supuesto, había mentido a Stiles.

En un hombre lobo, y especialmente en un Alpha con tan poco autocontrol como él, el ancla que escogiera para ayudarle a mantenerse humano debía ser fuerte y perfecta… Y debía funcionar en los dos sentidos.

No servía de nada que esa persona fuera lo más importante de su mundo si Stiles no pensaba lo mismo de él.

Aunque el hecho de que Derek acabara de quedarse sin ancla, y que tuviera que volver a usar la rabia, ahora no le estaba suponiendo ningún problema. Porque rabia era lo único que sentía al haber perdido lo que más deseaba justo cuando empezaba a disfrutar de él.

Por un instante quiso clavar las garras en la tela del sofá y lanzarlo al otro extremo del loft. Verlo golpear la mesa y hacer lo mismo con la mesa, los libros amontonados en los rincones, la lámpara y los escasos muebles que tenía y que siempre habían sido suficientes para la solitaria vida que tenía, pero que ahora le parecían demasiados.

En vez de hacer todo eso, Derek siguió quieto. Callado.

No mentía cuando dijo que estaba cansado de ser el Alpha. De tener que sufrir cada mísero día. De imaginarse un futuro estando solo.

Todo ese cansancio acumulado y que creía haber dejado atrás gracias a Stiles, ahora que había vuelto le había dejado exhausto. Completamente vacío.

Siguió en el sofá, observando el que se suponía que era su hogar, dejando que las primeras luces del día lo iluminaran. Cuando compró el edificio lo hizo pensando que desde esa altura y con ese ventanal tan grande, podría disfrutar del amanecer al igual que hacía cuando vivía en el bosque con su familia. Pero nunca llegó a hacerlo porque nunca hubo ocasión o un simple momento de relax en que pudo y quiso hacerlo.

Y ahora tampoco quería. Lo veía artificial y sin sentido, estando como estaba, solo y rodeado de silencio.

Como siempre había sido.

Como siempre sería.

Sumido en su miseria, tratando de dejar la mente en blanco para que el dolor fuera un poquito más soportable, de repente captó algo.

Y el corazón se le paró.

Se levantó del sofá y fue hasta la cama, arrodillándose en uno de los extremos.

Casi con miedo cogió el lobo de peluche.

El olor de Stiles era intenso pese a que habían pasado días desde que lo abrazó. Por eso no se atrevía a hacerlo él cada vez que necesitaba un poco de calma.

Pero las cosas habían cambiado mucho desde la última vez. Ahora no se trataba de que quisiera contar con el apoyo de Stiles y tuviera miedo a confesárselo, sino que tenía la confirmación de que jamás lo tendría. No como él lo necesitaba.

Por tanto, daba lo mismo que con el tiempo el aroma inconfundible de Stiles y que era suficiente para relajarle inmediatamente, fuera desapareciendo. Al final lo haría y se quedaría justo como se sentía ahora y como llevaba estando demasiado tiempo: solo.

Derek Hale abrazó con toda la delicadeza del mundo el lobo de peluche y cerró los ojos, recordando el día en que se lo regaló Stiles. Cuando se sintió normal por primera vez en mucho tiempo y fue el centro de atención de una persona como jamás había conocido. Como sabía que jamás conocería.

Intentó pensar en lo bueno. Stiles tenía razón: nada cambiaría. Seguirían viéndose y ayudándose… Solo que no habría citas, y por supuesto no volvería a besarle.

Por un instante Derek se arrepintió de haberle besado en el hospital. Si no lo hubiera hecho no tendría ese recuerdo sabiendo que jamás volvería a repetirse. Y aunque en ocasiones el recuerdo era mejor que nada, cuando ese recuerdo era el de una sensación que había estado buscando toda la vida y que cuando por fin la encontraba se la quitaban… entonces jamás sería suficiente.

El olor de Stiles, mezclado con el suyo propio y el que ya tenía el peluche, consiguió calmarle lo justo para que, después de la tormenta, llegara el momento de la desolación… Pero al menos sin rabia esta vez.

Sabía que sería más fácil sentir rabia y odio hacia Stiles por lo que había hecho, y así tendría a alguien a quien culpar de todos sus males. Y en el fondo Stiles era el culpable, pues había hecho justo lo que le prometió que nunca haría: Dejarle.

Pero no podía odiarle. No cuando, aunque no tenía muy claro si su pobre corazón lograría soportarlo, Stiles jabía sido quien consiguió que durante un tiempo latiera a un ritmo normal.

Eso era lo único que le quedaba y, quisiera o no, tendría que conformarse con ello.