Elsa no podía estar más que feliz de oír aquello, Anna estaba pidiendo conocer su mundo, adentrarse a las profundidades y conocer lo que era el océano. Sonrió mordiéndose suavemente el labio inferior mientras buscaba aquello en su bolso, aunque una idea mejor se cruzó por su mente haciéndola detenerse y voltear a ver a la joven pelirroja. Anna levantó una ceja al no verla usando la poción sobre ella, causándole una enorme intriga que se esfumo en cuanto la sirena la empujó al agua.
Anna rápidamente saco la cabeza del agua, inhalando profundamente mie tras agitaba sus brazos con desesperación y oía la dulce risa de la princesa que salto a su rescate. Sintió los brazos de Elsa tomarla de la cintura e impulsarla hacia arriba mientras esta la mantenía a flote con el movimiento de su aleta.
– ¡¿Por qué hiciste eso?! – chilló Anna arrojándole agua. – ¡Pude morir!
– Oh por Njörðr, no te paso nada.– sonrió la sirena alejándose un poco.– solo mueve tus piernas para mantenerte a flote y ya, estaré cerca de ti, pero no haré todo el trabajo.
La pirata asintió con miedo, pero debió hacerlo al sentir los brazos de Elsa soltarla y tomándola de las manos. Comenzó a mover sus piernas con rapidez y desespero, hasta oír el regaño de Elsa indicándole que lo haga lento para no perder energías tan de golpe. Ese era su plan, enseñarle a Anna como nadar y ayudarla a estar en el agua para que el hundimiento no sea lo primero. Irían despacio, paso a paso hasta lograr que la pirata dejara a un lado su temor y pudiera afrontar su mayor miedo. Elsa comenzó a nadar de espaldas, llevando a Anna consigo mientras esta seguía moviendo sus piernas y dejaba que la marea la moviera.
– Eso es... ¿Lo ves? A veces solo tienes que ver el lado positivo de las cosas, afrontar tus miedos de a poco. No usaré la poción ahora, no sería bueno y eso podría generar un mayor miedo en ti... Lo que no quiero, por lo que se me ocurrió dar pasos pequeños y comenzaremos con nadar un poco. Todas las mañanas y todas las tardes vamos a nadar hasta que lo hagas por tu cuenta. ¿Te gusta esa idea? – preguntó la sirena mordiéndose el labio inferior, observando como la pelirroja no dejaba de ver el agua que la cubría.
Anna no dijo nada, solo levantó la cabeza y se acercó para besarla. Demostrándole todo lo que está sintiendo en esos momentos, agradeciéndole de la mejor manera que pudo pensar. Elsa soltó sus manos para sujetarla de las mejillas mientras Anna la abrazaba por la cintura, sin hundirse y dejándose llevar por la marea. Cuando necesitaron aire, se separaron y juntaron sus frentes, sonrientes y sonrojadas por aquellos.
– Gracias... por todo lo que estás haciendo por mí.– susurro la pirata rozando su nariz con la ajena, escuchando la suave risa de la sirena.
– ¿Quieres volver?
La pelirroja cerro sus ojos, suspirando para recordar aquello antes de poder asentir y nadar junto a la albina hasta la orilla. Anna sacudió su cabeza mientras estrujaba su camisa blanca para quitar el exceso del agua que tenía, sacudió además sus piernas y brazos. Volteando, pudo ver como Elsa colocaba su bolso sobre su hombro y le brindaba una gran sonrisa antes de agitar su mano y regresar a su hogar junto a su hermana que seguía allí, esperándola con un ceño fruncido que se desvaneció al ver la brillante sonrisa en su hermana mayor.
– ¿Qué paso allí arriba para que tengas esa sonrisa? – cuestionó la rubia levantando una ceja y siguiendo por detrás a la heredera que no dejaba de reírse torpemente mientras tarareaba.
– Estoy feliz, ¿Sabes? La besé y ella también me beso... fue... – suspiro aún con aquella brillante sonrisa de enamorada.– ... mágico, hermoso. No tengo palabras para explicar todo lo que ella me hace sentir y sé que está mal porque ¿Sirena y humana? ¡Por favor! La hija de Tritón se ha enamorado y ha cambiado su voz por piernas...
– Algo que espero no hagas.– rogó Emilie.
Elsa le sonrió de lado y negó, confirmando que jamás caería en aquel hoyo. Porque, aunque amara a Anna, no daría su voz. Encontraría otra forma de poder estar junto a ella, pasar horas y horas bajo el sol, riendo de las historias de Anna, conociéndola a fondo y, claro, pudiendo demostrarle todo su amor por primera vez en años. Sonrió, pensando en lo que podría ser un lejano futuro junto a la torpe y adorable chica que había robado su corazón poco a poco.
Su promesa se mantendría en pie, iría todas las mañanas y tardes para ayudar a Anna con su miedo, sacarla de aquella zona en la que se encontraba porque deseaba que la pelirroja pudiera conocer lo maravilloso que era su mundo, tan grande y magnifico, repleto de criaturas y belleza submarina que muchos querrían ver. Peces de colores, crustáceos que dirigían una orquesta, su padre y todo el reino de Freylea que demostraba la calidez que rodeaba a ambas sirenas. Emilie la miró unos segundos antes de seguir nadando junto a Elsa, viendo como poco a poco borraba su sonrisa a cada metro, volvían a meterse en los territorios de Freylea y posiblemente su padre haya notado la ausencia de ambas, metiendo en problemas a Kellen y a todos los guardias, ellas sabían que arriesgaron mucho, pero Emilie podía confirmar que había valido tanto la pena de solo ver la enorme sonrisa de enamorada que poseía Elsa luego de haber pasado un poco de tiempo junto a esa joven chica de cabello cobre y brillante sonrisa.
– ¿Crees qué padre nos diga algo? – preguntó la menor, logrando sujetar el antebrazo de la heredera que miro sobre su hombro.
– Quiero creer que no, Em... Pero no puedo asegurar nada.– alcanzó a decir.
Ambas nadaron lo más rápido que sus aletas podían, queriendo llegar antes y no ser vistas por absolutamente nadie del palacio, menos su padre. Kellen no estaba a la vista y mucho menos había guardias, por lo que las posibilidades de que su padre notara su ausencia y enviara a todo Freylea a buscarlas aumentaba cada segundo en el que estaban allí. Nadando entre las altas columnas, sus miradas chocaron con la molesta de su padre, sentado en su trono y con Kellen a un lado de él, siendo su fiel seguidor y mano derecha.
– Padre, podemos...
El rey levantó su mano para que ninguna de ellas hablara, Elsa guardó silencio y sintió como Emilie se ponía detrás suyo, temblando de miedo. La mirada de su padre era fría y seria, iba a gritarles a ambas por aquel enorme susto y por su irresponsabilidad.
– ¿Dónde han estado? He enviado a varios guardias a buscarlas, nadie sabía de su paradero. Así que ahora mismo me dirán a donde fueron.– ordenó el rey.
– ¡Elsa fue a ver a su amada! – estalló Emilie, viendo la indignación en el rostro de su hermana y la sorpresa en el de su padre.
– ¿Eso es verdad, Elsa? ¿Tienes un enamorado?
– Enamorada, en realidad.– corrigió Elsa.– Ella es... es hermosa y estoy tratando de convencerla de conocer Freylea, porque vive un poco lejos y su vida es diferente a la nuestra.
Daven, el rey, acarició su mentón mientras la escuchaba. Elsa miró sobre su hombro, con el ceño fruncido, a su hermana menor que simplemente le dio una tímida e inocente sonrisa, sintiéndose profundamente traicionada por la menor, aunque era claro que tarde o temprano el secreto se supiera porque Emilie soltaba todo cuando estaba bajo presión.
– ¿Y cuál es el nombre de esta sirena que te ha cautivado?
– Anna.
– Anna... Bien, dile a Anna que será más que bienvenida en Freylea. ¡Es más! ¡Haremos una de bienvenida para ella! Quizás logremos convencerla de quedarse con nosotros.– sugirió su padre feliz, porque parecía que una de sus hijas por fin podría casarse y acceder al trono.
El rey se fue y el tritón se quedó con las dos hermanas que se murmuraban y empujaban entre ellas, sobre todo Elsa que había golpeado a su hermana varias veces mientras esta pedía disculpas. Kellen se acercó luego de verificar que Daven se había ido, enfocando su vista en el fuerte sonrojo de la mayor.
– Así que... ¿Tienes una enamorada? – preguntó Kellen levantando una ceja.
– Kellen... ¿Puedes guardar un enorme secreto?
El tritón con cierta confusión, viendo como Emilie revisaba que nadie estuviera allí para tomarlo de la mano al igual que Elsa y llevarlo hasta la habitación.
– Es una humana.– soltó Elsa.– Anna es una humana que le teme al agua, aunque estamos trabajando en eso y quiere conocer el reino porque yo conocí el suyo.
–Espera, ¿Qué? ¿Cómo conociste su mundo sino tienes...?
Emilie apretó los labios al ver el rostro del tritón volverse una expresión de completa sorpresa al comprender la situación, observando por segundos la aleta de Elsa que seguía moviéndose suavemente para mantenerse a flote. Kellen tragó pesado, nadando hacia un extremo de la habitación y de regreso, murmurando algunas cosas.
– ¿Dices que tuviste piernas? Es decir, ¿Cambiaste tu aleta por piernas? – preguntó estupefacto el tritón, observando como ambas hermanas asentía.– Elsa, ¿Alguna vez pensaste en los efectos que esto podría tener? Si tu padre o algún guardia, incluso alguien del reino se entera...
– ¡Pero no lo harán! Porque no le dirás a nadie sobre esto, será nuestro secreto.– pidió Elsa tomando sus manos.– Por favor, Kellen. Confío en ti más que en cualquier otra persona... sin contar a Emilie, pero no podía dejarte fuera de esto y necesitaba que lo sepas.
Kellen suspiro, ver los ojos de Elsa tan suplicante lo hacían aceptar hasta la cosa más ridícula que la sirena le pidiera. Y consiguió que ambas hermanas lo abrazaran, sonrojándose de la cercanía de la mayor de ellas. Aclaró su voz solo para separarse de ambas, peinando su cabello y tratando de mirar hacia otro lado.
– Bien, si... Uhm... ¿Necesitan algo más? ¿Tienen otra cosa más qué decirme o ya puedo retirarme? – cuestionó el tritón nervioso, Elsa lo notó al verlo mover sus manos.
– Puedes irte.– susurró con una pequeña sonrisa.
Apenas se fue, la princesa más joven suspiro con las manos sobre su cintura.
Mientras ambas hermanas discutían cuál sería su próximo movimiento con respecto a su pequeña aventura. Anna regresaba al muelle, toda mojada y sintiendo ganas de vomitar ente el fuerte olor a alcohol de muchos que pasaban a su lado, miradas sobre ella por tener la ropa pegada al cuerpo. Hombres y mujeres que la devoraban por completo y sin vergüenza alguna, todos con el mismo objetivo de poder tenerla.
Anna gruñó mientras sacudía su cabello, sintiéndolo pegajoso y extrañamente duro, quizás la sal del agua le había causado eso y le molestaba un poco, preguntándose como Elsa podía tenerlo tan sedoso al vivir prácticamente allí dentro y ella, habiendo estado unos minutos, tenía el cabello como una copia de la paja. Literalmente.
Apenas llegó a la taberna de Oaken, avanzó entre las personas para subir las escaleras y cambiarse, prácticamente necesitaba un largo baño y una siesta luego de todo. Revisó tener el collar consigo, sonriendo al estar en su habitación y observando lo bello que era el reino de Freylea. Casi se asustó al escuchar la puerta abrirse, metiendo el collar debajo de la almohada y sonriéndole a su gran amigo de travesuras.
– ¡Kristoff! ¿Qué estás haciendo aquí? – preguntó la pelirroja.
– Oaken le pidió a Olaf que le dijera a Sven que me buscara porque te vio entrar toda mojada a la taberna y me preocupé.– confesó el rubio, sentándose a un lado de ella.– ¿Caíste al agua? ¿Estás bien?
Anna rio levemente, logrando quitarse las botas y dejándolas a un lado, vio la mirada preocupada de Kristoff y eso la hizo explicarle la pequeña situación que había pasado minutos atrás, donde Elsa la hizo meterse al agua, enseñarle a nadar y ayudarla a perder su miedo... poco a poco, claro.
– ¿Recuerdas a la chica albina?
– ¿Elsa? – preguntó, notando como una sonrisa se mostraba en Anna.– Si, la chica con la que...
– Ella me está enseñando a nadar, si puedo decirlo.– relamió sus labios y suspiro.– Cree que, si lo hago, puedo perder mi miedo y... ¡Quiero hacerlo! So-solo que estar ahí me hace recordar...
Kristoff colocó su mano sobre el hombro de la pirata, la cual lo miró unos segundos antes de sonreírle de lado. Levantándose, Anna se quitó el cinturón y arrojó la camisa mojada al suelo, casi sin importarle la presencia del chico rubio.
– ¿Puedo decirte algo? – preguntó moviéndose hasta el pequeño cuarto de baño que había conseguido tras suplicas a Oaken.
– Sabes que sí, Anna.– sonrió el chico rubio.
Anna se acercó a su almohada, sacando con cuidado el collar que la sirena le había dado y enseñárselo al chico rubio, que solo levantó una ceja ante la extraña situación que vivía.
– Uh... ¿Qué significa esto?
La pelirroja dejó la reliquia en manos de Kristoff, corriendo hasta el baño para volver con un poco de agua en las manos, mojando el collar que simplemente le dio una perfecta y clara imagen de Freylea. Con eso, Kristoff exclamó sorprendido.
– Elsa es una sirena y este collar me permite ver su reino, Kristoff.– explicó Anna. - ¿Puedes creerlo? Ella y los demás, no son como creíamos... Elsa no es la sirena que nos contaban, ella jamás quiso atacarme, jamás uso su voz... Quiere decir que todo lo sabes sobre estas gran criaturas, está mal.
