CAPÍTULO 18
Durante los meses de junio y julio, el circo de los Hermanos Hozuki pasó el ecuador de lagira mientras se dirigía hacia el oeste a través de pueblos de Pensilvania y Ohio. Algunasveces seguían el curso de un río: Allegheny, Monongahela, Hocking, Scioto y Maumee.
Actuaron en pueblos pequeños que habían sido olvidados por los circos grandes, pueblosmineros con las minas cerradas, pueblos con molinos abandonados, pueblos con fábricasclausuradas. Los circos más famosos podían haber olvidado a la gente común de Pensilvania y Ohio, pero el de los Hermanos Hozuki la recordaba y la función continuaba.
La primera semana de agosto, el circo llegó a Indiana y Sakura nunca había sido más felizen su vida. Cada día era una aventura. Se sentía como si fuera una persona diferente: fuerte, confiada y capaz de defenderse por sí misma. Desde la fuga de Manda se había ganado el respeto de los demás y ya no la trataban como a una paria. Las showgirls intercambiaban chismes con ella y los payasos le pedían opinión sobre los trucos nuevos.
Hiroshi la buscaba para hablar de política y la ayudaba 4 mejorar el tono muscular con laspesas. Y Karin pasaba un rato con ella todos los días salvo que estuviera Sasuke cerca.
—¿Has estudiado psicología? —le preguntó Karin una tarde a principios de agosto
cuando estaban almorzando en el McDonald's de un pueblo donde estaban actuando, aleste de Indiana.
—Durante unos meses. Tuve que abandonar el colegio antes de terminar el curso. —Sakuracogió una patata frita, la mordisqueó y luego la dejó donde estaba. La comida frita no lesentaba bien últimamente. Se puso la mano sobre el vientre y se obligó a concentrarse en lo que Karin decía.
—Creo que estudiaré psicología. Lo digo porque, después de todo lo que he pasado, creo que podría ayudar a bastantes niños.
—Seguro que sí.
Karin parecía preocupada, algo raro en ella. Sin embargo, la menuda adolescente se
mostraba animada cuando estaba con ella. Aunque Sakura sabía que el tema del dinerorobado le pesaba en la conciencia, la joven jamás lo había mencionado.
—¿Te ha dicho Sasuke algo de...? ¿Se ha reído de lo tonta que fui y todo eso?
—No, Karin. Te aseguro que ni siquiera ha vuelto a pensar en ello.
—Cada vez que me acuerdo de lo que hice me muero de vergüenza.
—Sasuke está acostumbrado a que las mujeres se le echen encima. Si te digo la verdad, no creo que se acuerde siquiera.
—¿De veras? Creo que sólo lo dices para que me sienta mejor.
—Le caes genial, Karin. Y te aseguro que no cree que seas tonta.
—Parecías muy cabreada cuando nos encontraste juntos.
Sakura contuvo una sonrisa.
—No es muy agradable para una mujer mayor ver como una chica va detrás de su hombre.
Karin asintió con aire de entendida.
—Sí. Pero, Sakura, no creo que Sasuke le echara un polvo a nadie que no fueras tú. Te lo juro.
Les he oído comentar a Hinata y a Ino que ni siquiera las mira cuando toman el sol en
biquini. Creo que les jode mucho.
—Karin...
—Lo siento, les fastidia mucho. —Desmigó distraídamente la corteza del pan. —¿Puedopreguntarte una cosa? Es sobre... bueno..., sobre cuando se mantienen relaciones sexuales y todo eso. Lo que quiero decir es, ¿no se siente vergüenza?
Sakura se dio cuenta de que Karin se había estado mordiendo las uñas y supo que no
era porque le preocupa el tema del sexo, sino porque sentía remordimientos de conciencia.
—Cuando es correcto, no da vergüenza.
—Pero ¿cómo sabes cuándo es correcto?
—Hay que dar tiempo al tiempo y conocer bien a la otra persona. Karin, deberías esperar hasta estar casada.
Karin puso los ojos en blanco.
—Ahora nadie espera hasta estar casado.
—Yo lo hice.
—Sí, pero tú estás algo...
—¿Algo anticuada?
—Sí, pero eres muy genial. —Karin abrió los ojos como platos y mostró el primer signo deanimación en semanas. Dejó su refresco sobre la mesa. —¡Oh, Dios! ¡No mires!
—¿Mirar qué?
—La puerta. Acaba de entrar aquel chico que estuvo hablando conmigo ayer. Oh, Dios...qué bueno está...
—¿Quién es?
—El que está en la caja. ¡No mires! Lleva un chaleco negro y pantalones cortos. Bueno, mira deprisa, pero que no te vea haciéndolo.
Sakura observó el área de las cajas con el mayor disimulo que pudo. Vio a un adolescente estudiando el menú. Era de la edad de Karin, con un espeso cabello castaño y una expresión adorablemente bobalicona en la cara. Sakura estaba contenta de que, por fin, Karin actuara como una adolescente normal y no como si cargara el peso del mundo sobre sus hombros.
—¡Ay, Dios! ¡Me va a ver! —gimió Karin.—¡Oh, joder! Mi pelo...
—No digas palabrotas. Y estás estupenda.
Karin hundió la cabeza y Sakura supo que el chico se estaba acercando.
—Hola...
Karin ganó tiempo revolviendo el hielo de la Coca-Cola antes de levantar la vista.
—Hola...
Los dos se ruborizaron a la vez y Sakura supo que ambos estaban pensando algo brillanteque decir. Fue el chico quien habló primero.
—¿Qué hay de nuevo?
—Nada.
—¿Estarás hoy por aquí? Digo..., me refiero, en el circo.
—Sí.
—Vale, entonces iré a verte.
Otra larga pausa, esta vez rota por Karin.
—Ésta es Sakura. Puede que la recuerdes de la función. Es mi mejor amiga. Sakura, éste esKevin.
—Hola, Kevin.
—Hola. Me..., esto..., me gustaste en la función.
—Gracias.
Habiendo agotado ese tema de conversación, Kevin se volvió hacia Karin.
—Jeff y yo, no lo conoces, pero es un buen tipo..., pensábamos pasarnos por allí.
—Vale.
—Quizá nos veamos.
—Sí. Estaría genial.
Silencio
—Vale, hasta luego.
—Hasta luego.
Cuando el chico se fue, una expresión soñadora apareció en la cara de Karin, seguida casi de inmediato por una de incertidumbre.
—¿Crees que le gusto?
—Es evidente.
—¿Qué hago si me invita a salir esta noche entre las funciones o algo por el estilo? Sabesque papá no me dejará ir.
—Tendrás que decirle la verdad a Kevin. Que tu padre es muy estricto y no te va a darpermiso para salir con nadie hasta que cumplas los treinta.
—De nuevo, Karin puso los ojos en blanco, pero Sakura no In dejó pasar.
Consideró el dilema de Karin. Era bueno que la chica tuviera un ligue, incluso uno de
doce horas. Necesitaba comportarse como una adolescente normal en lugar de parecer que hacía penitencia. Sakura era consciente de que Karin tenía razón: Hiroshi se negaría.
—¿Y si le enseñas el circo? Eso le gustaría. Y luego puedes sentarte junto a las camionetasdonde tu padre pueda verte sin que por ello pierdas tu intimidad.
—Eso no funcionará. —Karin arrugó la frente con preocupación. —¿Por qué no hablascon mi padre y le dices que no me humille delante de Kevin?
—Hablaré con él.
—Que no diga ninguna estupidez delante de Kevin, Por favor, Sakura.
—Haré lo que pueda.
Karin ladeó la cabeza y pasó el dedo índice por el envase vacío. Hundió los hombros
de nuevo, y Sakura notó que volvía a caer la sombra de la culpabilidad sobre ella.
—¡Cuando pienso en lo que te hice me siento... una mierda! Quiero decir fatal. —Levantó la vista. —Sabes que siento muchísimo lo que hice, ¿verdad?
—Sí. —Sakura no sabía cómo ayudarla. Karin había intentado compensarlo de todas lasmaneras posibles. Lo único que no había hecho era decirle la verdad a su padre, y Sakura no quería que lo hiciera. La relación de Karin con Hiroshi ya era muy difícil y eso sóloempeoraría las cosas.
—Sakura, jamás hubiera... Me refiero a lo que pasó con Sasuke , fue algo muy inmaduro. Élhabía sido muy amable conmigo, pero nunca había intentado ligármelo ni nada parecido, sies eso lo que te preocupa...
—Gracias por decírmelo. —Sakura se dedicó a recoger los restos de comida para que Karin no la viera sonreír.
La adolescente arrugó la nariz.
—Sin intención de ofender, Sakura, puede que sea muy sexy, pero es viejo.
Sakura casi se atragantó.
Karin miró a las cajas, donde Kevin estaba recociendo su pedido.
—Está buenísimo.
—¿Sasuke ?
Karin pareció horrorizada.
—¡No, no! ¡Kevin!
—Ah, bueno. Sasuke no es Kevin, eso seguro.
Karin asintió con gravedad.
—Eso seguro.
Esta vez Sakura no pudo evitarlo. Se echó a reír y, para su deleite, Karin la imitó.
Cuando regresaron al recinto, Karin salió disparada para ensayar con Kazumi. Sakuradesempaquetó las compras que había hecho y apartó la comida de los animales, agradeciendo para sus adentros que Sasuke nunca protestara por los extras en la factura del supermercado. Ahora que sabía que sólo era un pobre profesor universitario había intentado controlar los gastos, pero antes ahorraría en su propia comida que en la de los animales.
Siguiendo la rutina diaria, se acercó a los elefantes y saludó a Tater. Él la siguió hasta las jaulas de las fieras.
Manda solía ignorar al elefantito, pero esta vez alzó la cabeza con orgullo y miró a su rivalcon arrogante condescendencia.
«Sakura me ama, molesto infante, no lo olvides.» Lollipop y Chester estaban atados fuera de la carpa y Tater se acomodó en el lugar de costumbre, donde le esperaba un fardo de heno limpio. Sakura se acercó a Manda y metió la mano entre los barrotes para rascarle detrás de las orejas. Como no era un cachorro, Sakura no lo arrullaba como hacía con los demás.
A Sakura le encantaba el tiempo que pasaba con los animales. Manda había mejorado bajosus cuidados; su pelaje naranja oscuro tenía ahora un brillo saludable. Algunas veces, casi
de madrugada, cuando todo estaba silencioso y desierto, Sakura abandonaba su confortablelugar junto a Sasuke y se acercaba a la jaula de Manda, le abría la puerta y dejaba que elenorme felino vagara libre un rato.
Mientras retozaban juntos en la hierba húmeda de rocío, Manda mantenía sus garrascuidadosamente enfundadas. Sakura se mantenía ojo avizor por si aparecía algún otromadrugador. En ese momento, mientras acariciaba al animal, sintió que la envolvía unasensación de letargo.
Manda la miró profundamente a los ojos.
«Díselo.»
«Lo haré.»
«Díselo.»
«Pronto, muy pronto.»
¿Cuánto tiempo pasaría antes de que sintiera la nueva vida que crecía en su vientre? Nopodía estar embarazada de más de seis semanas, así que aún pasaría un tiempo. No se había saltado ni una sola píldora, por lo que al principio había atribuido los síntomas alcansancio. Pero la semana anterior, tras vomitar en el cuarto de baño, se había comprado un test de embarazo y había descubierto la verdad.
Jugueteó con una de las orejas de Manda. Sabía que tenía que decírselo a Sasuke , pero aún no estaba preparada. Sabía que su marido se enfadaría —Sakura no se encañaba alrespecto, —pero en cuanto se acostumbrara a la idea, ella misma se aseguraría de queaquello lo hiciera feliz. «Y le haría feliz», se dijo a sí misma firmemente. Sasuke la amaba.
Aunque todavía no lo hubiera admitido. Y amaría a su bebé.
Si bien él todavía no había dicho las palabras que ella necesitaba escuchar, Sakura sabíaque Sasuke albergaba profundos sentimientos hacia ella. ¿Qué otra cosa si no provocaría laternura que veía reflejada en sus ojos de vez en cuando o la satisfacción que parecía irradiar de él cuando estaban juntos? A veces le resultaba difícil recordar lo raro que solía ser que él se riera cuando lo había conocido.
Sabía que a Sasuke le gustaba estar con ella. Al vivir en una pequeña caravana y gracias alos interminables kilómetros que hacían en la camioneta casi todas las mañanas, pasabanmás tiempo juntos que la mayoría de los matrimonios y, a pesar de ello, todavía la buscaba durante el resto del día para compartir con ella cualquier cosa, para comentarle cualquier problema que hubiera surgido en la localidad en la que estaban o simplemente darle una rápida palmadita posesiva en el trasero. La comida diaria entre la matinée y las funciones nocturnas se había convertido en un ritual importante para los dos. Y por la noche, tras el trabajo, hacían el amor con una pasión y una libertad que nunca hubiera creído posible.
Ya no podía imaginar la vida sin él. Por otro lado Sasuke había dejado de mencionar el
divorcio, señal de que tampoco él podía imaginárselos separados. Por ese motivo Sakura aún no le había contado lo del bebé. Simplemente quería darle un poco más de tiempo para que se acostumbrase a amarla.
A la mañana siguiente todo se fue al garete. Sasuke se despertó un poco después de queella hubiera salido de la cama y la descubrió en el descampado detrás de las caravanasjugando con Manda. Dos horas más tarde todavía seguía cabreado con ella.
Esa mañana le tocaba conducir a Sakura. Habían comenzado a turnarse cuando Sasuke se dio cuenta de que ella no iba a destrozar la camioneta y de que le encantaba conducir.
—Debería haber conducido yo esta mañana —dijo él. —Así habría tenido las manos
ocupadas y no tendría que pensar en dónde meterlas para no estrangularte.
—Ya está bien, Sasuke , relájate.
—¿¡Que me relaje!? ¿Estás bromeando?
Sakura lo fulminó con la mirada. Él la miró furioso.
—Prométeme que no volverás a soltar a Manda.
—No estábamos en un pueblo y no había ni un alma en los alrededores, así que deja de
preocuparte.
—Eso no parece una promesa.
Sakura contempló los campos de Indiana que se extendían a ambos lados de la carretera.
—Te has fijado que Lee y Hinata pasan mucho tiempo juntos últimamente. ¿No sería gracioso
que se casaran? Lo digo por esa serie de televisión que se llama así.
—No intentes cambiar de tema y prométeme que no volverás a ponerte en peligro. —Tomó un largo sorbo de café de la taza que agarraba firmemente con la mano.
—¿De verdad crees que Manda me haría daño?
—No es un gato doméstico, por mucho que te empeñes en creer lo contrario. Los animalessalvajes son imprevisibles. No vuelvas a dejarlo suelto, ¿me has entendido? De ninguna manera.
—Te he hecho una pregunta. ¿Crees que me haría daño?
—No a propósito. Es evidente que está loco por ti, pero la historia del circo está llena deanimales dóciles que se volvieron contra sus domadores. Y Manda ni siquiera es dócil.
—Está conmigo y odia la jaula. De verdad. Ya te he dicho que nunca lo dejo salir si
estamos cerca de una zona habitada. Y ya viste por ti mismo que no había nadie cerca esta mañana. Si hubiera habido alguien, no le hubiera abierto la puerta.
—Como no volverás a dejarlo libre, nada de esto tiene importancia. —Sasuke se terminó elcafé y colocó la taza en el suelo de la camioneta. —¿Qué ha sucedido con la mujer con la que me casé? ¿La que creía que la gente civilizada no se levantaba antes de las once?
—Se casó con un tipo del circo.
Sakura oyó aquella profunda y entrecortada risa, y devolvió la atención a la carretera.
Sabía que a Sasuke le preocupaba que hubiera dejado suelto a Manda y esperaba que no se diera cuenta de que no le había prometido nada.
Karin cerró la puerta de la Airstream de su padre y salió al fresco de la noche. Llevaba
puesto un camisón amarillo de algodón con un dibujo de Garfield, y los pies desnudos se lehundieron en la hierba húmeda. El circo ya había sido desmontado, pero ella se sentía
demasiado mal consigo misma como para prestar atención a la familiar visión. Clavó lamirada en su padre, que estaba sentado junto a la puerta del Airstream en una silla azul yblanca mientras fumaba el único cigarrillo que se permitía a la semana.
Por una vez no había ninguna mujer rondándolo. Ni las showgirls ni las jóvenes del lugar que siempre le perseguían. La idea de que su padre practicara el sexo le repelía, pero sabía que era irremediable. Por lo menos era discreto, que era más de lo que podía decir de sus hermanos. Su padre siempre les reñía por decir obscenidades cerca de ella.
Hiroshi todavía no la había visto y la brasa del cigarrillo brilló cuando dio otra calada.
Karin apenas había comido nada en la cena, pero sentía como si fuera a vomitar sólo depensar en lo que tenía que hacer esa noche. Ojalá pudiera taparse las orejas y ahogar porcompleto la voz de su conciencia, pero cada día era más fuerte. La atormentaba de talmanera que ni siquiera podía dormir por la noche y no lograba retener la comida en el
estómago. Guardar silencio se había convertido en un castigo peor que decir la verdad.
—Er... ¿puedo hablar contigo un momento, papá? —hizo la pregunta como si tuviera unarana enorme en la garganta y croara en vez de hablar.
—Pensaba que estabas dormida.
—No puedo dormir.
—¿Otra vez? ¿Qué te pasa últimamente?
—Es que... —Karin se retorció las manos. Hiroshi se iba a enfadar cuando se lo dijera,pero no podía seguir así, sabiendo que le había jodido la vida a Sakura y sin hacer nada para remediarlo.
—¿Qué te pasa, Karin? ¿Todavía te preocupa que se te haya caído el aro esta noche?
—No.
—Bien, porque no deberías preocuparte por eso. Aunque deberías concentrarte más.
Cuando Juugo y Suigetsu tenían tu edad…
—¡No soy ni Juugo ni Suigetsu! —Estalló. —¡Siempre Juugo y Suigetsu! ¡Ellos son
perfectos y a mí todo me sale mal!
—No he dicho eso.
—Es lo que piensas. Siempre me comparas con ellos. Si hubiera venido a vivir contigo
después de morir mamá en vez de quedarme con tía Kaguya, ahora lo haría mejor.
Hiroshi no se enfadó sino que se frotó el brazo y ella supo que le molestaba la tendinitis.
—Karin, hice lo que era mejor para ti. Ésta no es una vida fácil.
—Me gusta vivir así. Me gusta el circo.
—No me entiendes.
Karin se sentó en una silla a su lado porque era más fácil hablar si estaba a la misma
altura que él. Ése había sido el mejor y el peor verano de su vida. El mejor gracias a Sakura ya Kazumi. Aunque no se llevaban bien entre sí, las dos se preocupaban por ella. Si biennunca lo reconocería ante Sakura, le gustaba que le riñera por decir palabrotas, fumar yhablar de sexo. Sakura era graciosa y no tenía ni pizca de arrogancia, siempre te estaba
acariciando el brazo y cosas por el estilo.
Kazumi se preocupaba por ella de otra manera. La defendía cuando sus hermanos secomportaban de manera aborrecible, y se aseguraba de que comiera cosas sanas en vez de comida basura. La ayudaba a ensayar y nunca le gritaba, ni siquiera cuando no lo hacíabien. Kazumi tenía buen corazón, siempre la peinaba o le corregía la postura, o le daba unapalmadita de ánimo cuando terminaba la actuación.
Conocer a Kevin la semana anterior también había sido genial. Habían prometidoescribirse. Aunque no la había llegado a besar, estaba segura de que había queridohacerlo.
Todo lo demás había sido horrible. Se había humillado ante Sasuke y aún se ruborizabacuando pensaba en ello. Su padre siempre parecía disgustado con ella. Pero lo peor detodo era lo que le había hecho a Sakura, algo tan horrible que su conciencia no le dejaba vivir ni un minuto más sin confesarlo.
—Papá tengo que contarte algo. —Se agarró las manos con fuerza. —Algo muy malo.
Él se puso rígido.
—No estarás embarazada, ¿no?
—¡No! —Karin se ruborizó. —¡Siempre piensas lo peor de mí!
Hiroshi se hundió en la silla.
—Lo siento, cariño. Es que te haces mayor y eres muy guapa. Estoy preocupado por ti.
Era lo más agradable que le había dicho en todo el verano, pero a ver qué decía cuandoconfesara lo que había hecho. Quizá debería habérselo dicho a Kazumi primero; no era aKazumi a quien temía, sino a su padre. Las lágrimas hicieron que le picaran los ojos, peroparpadeó para ahuyentarlas porque los hombres odian las lágrimas. Matt y Rob decían que sólo lloraban las nenitas.
—Es que hice algo... y ya no puedo callarlo por más tiempo.
Él no dijo nada. Sólo la observó y esperó.
—Es... es como si algo horrible estuviera creciendo en mi interior y no se detuviera.
—Tal vez sea mejor que me lo cuentes.
—Yo... —Tragó saliva. —El dinero... el dinero que todos pensasteis que había robado
Sakura... —Las palabras salieron finalmente: —fui yo quien lo robó.
Por un momento él no dijo nada, luego se levantó de un salto.
—¿¿¡¡Qué!!??
Karin levantó la mirada hacia su padre e incluso en la oscuridad de la noche pudo versu expresión furiosa. Se le cayó el alma a los pies, pero se obligó a continuar.
—Fui yo... Yo cogí el dinero y luego me colé en su caravana y lo escondí en su maleta para que todos pensaran que lo había robado ella.
—¡No me lo puedo creer! —Hiroshi comenzó a dar patadas a diestro y siniestro, golpeandola pata de la silla sobre la que estaba sentada ella y haciendo que se cayera. Antes de quetocase el suelo, él la agarró por el brazo y comenzó a sacudirla. —¿Por qué hiciste algo así? Maldita sea, ¿por qué mentiste?
Aterrada, Karin intentó zafarse de él, pero su padre no la soltó y la chica ya no pudo
contener las lágrimas.
—Quería... quería que Sakura tuviera problemas. Fue...
—Eres rastrera.
Volvió a sacudirla.
—¿Sabe Sasuke algo de esto?
—No.
—Has consentido que todos piensen que Sakura es una ladrona cuando fuiste tú. Me pones enfermo.
Sin ningún miramiento, la arrastró por el recinto. A Karin le goteaba la nariz y estaba
tan asustada que comenzaron a castañetearle los dientes. Había sabido que su padre seenfadaría con ella, pero no había imaginado hasta qué punto.
Rodearon la caravana de Kazumi, y se dirigieron hacia la de Sasuke y Sakura, que estaba aparcada al lado. Con brusquedad, Hiroshi levantó el puño y golpeó la puerta. Seencendieron las luces del interior y Sasuke abrió de inmediato.
—¿Qué pasa, Hiroshi?
La cara de Sakura apareció por encima del hombro de Sasuke y, cuando vio a Karin,
pareció preocupada.
—¿Qué ha pasado?
—Díselo —le exigió su padre.
Karin se explicó entre sollozos.
—Fui yo... fui yo quien…
—¡Míralos a la cara mientras hablas! —Le cogió la barbilla y le alzó la cabeza, sin
lastimarla pero obligándola a mirar a Sasuke a los ojos. Karin quiso morirse.
—¡Yo cogí el dinero! —sollozó. —No fue Sakura. ¡Fui yo! Luego me colé en la caravana y lo escondí en su maleta.
Sasuke se puso tenso y mostró una expresión tan parecida a la de su padre que Karin dioun paso atrás.
Sakura soltó un grito ahogado. Aunque era una mujer pequeña logró apartar a Sasuke acodazos y bajar un escalón. Intentó abrazar a Karin pero su padre la apartó.
—No te compadezcas de ella. Karin ha sido una cobarde y será castigada por ello.
—¡Pero no quiero que la castigues! Hace meses que pasó. Ya no importa.
—Cuando pienso en todos los desaires que te hice…
—No importa. —Sakura tenía la misma expresión testaruda que cuando sermoneaba a la chica por su lenguaje. —Esto es cosa mía, Hiroshi. De Karin y mía.
—Estás equivocada. Karin es carne de mi carne, mi responsabilidad, y nunca pensé
que llegaría el día en que me avergonzaría tanto de ella como ahora. —Miró a Sasuke . —Sé que es un problema del circo, pero te pido que dejes que me encargue yo mismo de esto.
Karin se echó hacia atrás al ver la mirada escalofriante en los ojos de Sasuke cuando éste asintió con la cabeza.
—¡No, Sasuke ! —Sakura intentó acercarse de nuevo a Karin, pero Sasuke la atrapó desdeatrás.
Hiroshi la arrastró entre las caravanas sin decir ni una palabra. Karin no había estado tan asustada en toda su vida. Su padre nunca le había pegado, pero claro, ella nunca habíahecho nada tan malo.
Él se detuvo en seco cuando Kazumi surgió de las sombras de su gran caravana RV.
Llevaba puesta una bata verde de seda con estampados de aves y flores por todos lados.
Karin se alegró tanto de verla que a punto estuvo de lanzarse en sus brazos, pero la
horrible mirada en los ojos de la dueña del circo le hizo darse cuenta de que Kazumi lo había oído todo.
Karin sacudió la cabeza y comenzó a llorar de nuevo. Ahora Kazumi también la odiaba.
Debería haberlo esperado, Kazumi odiaba el robo más que cualquier cosa.
Kazumi habló con voz trémula:
—Quiero hablar contigo, Hiroshi.
—Más tarde. Tengo que ocuparme de unos asuntos...
—Mejor ahora. —Luego se dirigió a la chica: —Vete a la cama, Karin. Tu padre y yo
hablaremos contigo a primera hora de la mañana.
—¿Y a ti qué más te da? —quiso gritar Karin. —Tú odias a Sakura. Pero sabía que eso no
importaba ahora.
Kazumi era tan dura como su padre a la hora de seguir las reglas del circo.
Su padre la soltó, y Karin huyó. Mientras corría a la seguridad de su cama, supo que había perdido la última oportunidad de conseguir que su padre la amara.
