Capítulo anterior…
—No te vayas, no nos dejes…—lloraba Zephyr aferrándose a su pantalón. —Prometo que me portaré bien, no tienes por qué llevarme a la escuela si no quieres, pero no te vayas.
A Hiccup se le rompió el corazón verla así, pues era como ver un reflejo de él mismo en su niñez, cuando por más que rogó, no pudo hacer que su madre se quedara con él.
No tenía tan frio el corazón como para dejarla así tan triste, por lo que se agachó a su altura y la tomó entre sus brazos. Zephyr, rápidamente se aferró a su cuello sin poder parar su lloriqueo, a lo que Hiccup instintivamente reaccionó meciéndola gentilmente.
En el umbral de la puerta, vio que su enemiga estaba en la misma condición, tenía a Nuffink entre sus brazos, y este le estaba rogando que no se fuera y, ella, aunque se veía asustada, se lo prometía entre arrullos.
Él no era capaz aun de hacer algo así; sin embargo, se limitó a caminar de vuelta a la casa con Zephyr entre sus brazos.
Solo esperaba tener la suficiente cordura para enfrentar lo que se aproximaba.
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Capítulo 18
Mágica Navidad
Parte 1
Viernes 21 de diciembre, 05:30 p.m.
Una melodiosa canción hacía eco por todos los corredores de una escuela primaria que deslumbraba por la ausencia de sus alumnos, claro está, a excepción de aquellos que se encontraban en el salón de canto y que, con un armonioso ritmo, terminaron la canción al compás de las ultimas notas tocadas en un piano.
—Excelente trabajo niños, ¡todos lo hicieron excelente!
Los apenados niños se sonrojaron con las alabanzas y aplausos de sus maestros, en especial una pequeña niña que recién se había integrado en el coro.
—Y un aplauso también a nuestra estrella naciente. —señaló Alberick a la niña que se encontraba justo en el centro del grupito de niños que iban hacia la izquierda.
La enrojecida Zephyr no pudo evitar bajar la cabeza completamente apenada cuando todos sus compañeros la rodearon para aplaudirle. Apenas unos días atrás había decidido que cantaría sólo una canción con el resto del coro, y Alberick no había perdido el tiempo y la colocó junto con el grupo que conformaban a los sopranos, en donde claramente sobresalió inesperadamente por sobre el resto.
—Estoy seguro de que la presentación de este año será inolvidable. —continuó el maestro con su discurso. —Y lo que me recuerda, niños, ya tengo las invitaciones para sus padres, así que hagan una fila para poder entregárselas, cuando la tengan, les pido por favor que tomen un pupitre y lo coloquen alrededor del salón, hay una dinámica que Mako y yo queremos hacer antes de que se vayan.
Los niños fruncieron sus entrecejos un tanto confundidos; sin embargo, se limitaron a hacer lo que el mayor había pedido. Formados ordenadamente, a cada uno se le hizo la entrega de la invitación.
Zephyr se sintió ensoñada cuando le entregaron la suya, ya que había ansiado eso desde hace mucho tiempo; pero al ver los nombres que estaban en la etiqueta no pudo evitar sentirse triste.
"Sr. Hiccup Haddock y Sra. Astrid Haddock"
Tan absorta se quedó pensando en las personas que ahora usurpaban el puesto de sus padres, que ni cuenta se dio cuando movió su pupitre y lo acomodó a un lado de una compañera.
—¿Ya todos tienen su invitación?
—¡Sí, maestro Alberick! —corearon los niños.
Hasta ese momento fue que Zephyr despertó en un parpadeo y se dio cuenta que ya todos los alumnos se encontraban formando un circulo alrededor del salón, siendo el centro de este, los entusiasmados Alberick y Mako.
—Bien niños, aprovechando estos últimos minutos les voy a dar unos anuncios rápidos.
Los niños asintieron atentos a lo que su mayor les diría.
—Número 1, mañana no habrá ensayo, así que descansen bien y cuídense, procuren no enfermarse, abríguense bien ya que en los próximos días se tiene pronosticado una nevada. ¿entendido?
—¡Sí, maestro! —exclamaron los menores.
—Número 2, el lunes, como saben es noche buena y no hay clases, pero si tendremos un ensayo antes del festival, así que les pido que les digan a sus padres que los traigan a las 4:30 p.m., ensayaremos por una hora más o menos, luego nos prepararemos para la presentación, así que traigan sus atuendos. Niños, los quiero bien peinaditos como lo hemos estado platicando, y niñas, Mako ya les dijo como deben llevar su cabello. ¿Entendido?
—¡Sí, maestro!
—Y finalmente número 3, una vez que nos arreglemos todos. —se señaló así mismo, así como al grupo. —Los autobuses escolares estarán listos para llevarnos a nosotros y a otros alumnos de otros clubs hacia la plaza principal en donde se llevará a cabo el festival. ¿Hay alguna duda?
Una niña del grupo levantó su mano.
—Sí, pequeña… ¿qué duda tienes?
—¿A qué hora saldremos a cantar?
—Mmm… buena pregunta… ¿Mako? —le concedió el varón la palabra a su esposa.
Esta siendo la que mejor organizaba las cosas, sacó un folleto en donde venía todo el programa.
—De acuerdo con las actividades, comenzará a las 07:00 p.m. todo, el alcalde de la ciudad dará un discurso y de ahí son…—contó mentalmente las actividades hasta localizar la suya. —Nosotros seremos el séptimo grupo en salir, después de una pequeña función de magia que hará un alumno de sexto año.
—Lo que quiere decir…—apresuró Alberick para que sacara el cálculo.
—Calculo que aproximadamente entre las 8:30 a las 9:00 p.m. será nuestro turno.
—Gracias linda, y bueno… ya lo escucharon, más o menos a esa hora nos tocará cantar… ¿Hay alguna otra duda?
Los niños negaron con su cabeza.
—Bien, entonces… aprovechando estos…—miró su reloj. —Quince minutos… quiero que hagamos una dinámica en especial.
—¿De que se trata? —se apresuró un alumno a preguntar.
—Es algo sencillo, niños, quiero que para esta presentación pongan todo su corazón, todos sus sentimientos en ello, y para lograr eso quisiera que cada uno compartiera lo que más anhela ya sea un sueño o un deseo para esta navidad.
Los niños no pudieron evitar sonrojarse y reírse tímidamente de la dinámica, mientras que Zephyr lo pensó seriamente y bajó su cabeza para mirar nuevamente la invitación, así como los nombres a quien iba dirigida.
Sin darse cuenta, nuevamente se quedó pensativa mientras que el resto del grupo decía sus deseos o sueños, que iban desde obtener uno que otro juguete y otros que deseaban cosas más estilo concurso de belleza, como "no guerras" o "paz mundial".
—Zephyr… Zephyr…
Dando varios parpadeos, la aludida levantó la cabeza viendo que ella ahora era el centro de atención, lo que significaba que era su turno.
—Zephyr… ¿cuál es tu deseo o sueño para Navidad? —repitió Alberick la pregunta.
—Ah… yo…—miró la invitación y sonrió nostálgicamente.
—Sí…
En ese momento, Zephyr levantó la cabeza y sonrió más ampliamente.
—Deseo que mis padres me puedan escuchar cantar…
Y así, el resto de los niños siguieron exponiendo sus deseos, mientras que, fuera del salón, una sombra tenebrosa comenzaba a pasear por todos los pasillos.
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Viernes 21 de diciembre 2018, 10:00 p.m.
Por fin había silencio en la casa, o al menos eso pensó el par de hechiceros, después de haber estado lidiando con un par de pequeños llorosos por alrededor de 4 horas.
Cuatro horas durante las cuales hicieron lo que por días atrás habían estado evitando hacer: actuar como padres. Desde consolarlos, arrullarlos y pasearlos entre brazos por toda la casa hasta darles de comer y llevarlos a la cama, fue lo que tuvieron que hacer para lograr que se calmaran.
—Dioses… por fin se durmieron. —susurró Astrid mientras cubría Nuffink con las colchas.
Detrás de ella, estaba el silencioso Hiccup haciendo lo mismo con Zephyr, viendo más que nada con remordimiento como la pequeña seguía hipeando entre sueños.
—Haddock, ya sal.
Este miró de reojo a su aliada que, siendo cuidadosa con sus movimientos, se dirigió hacia la salida, él, con más naturalidad caminó, y una vez fuera le permitió a ella cerrar la puerta.
—Uff… por fin. —suspiró Astrid sintiendo un poco de alivio.
Hiccup seguía en silencio.
—Ahora, tú y yo debemos hablar…
Lo que se esperaba, rodó los ojos con fastidio, pero dada las circunstancias, sólo le hizo una seña a su compañera para cederle el paso.
La molesta Astrid, con un ceño muy fruncido en su rostro, caminó pasando a un lado de él en dirección hacia las escaleras, y Hiccup la siguió tal cual un perrito encadenado que seguía a su amo.
Su destino: la cocina, donde antes de tomar asiento, Astrid encendió los silenciadores en caso de que su "plática" incluyera unos cuantos gritos.
—¿Qué vamos a hacer?
Fue el primer cuestionamiento de ella.
Hiccup, aun en silencio, sólo se encogió de hombros.
—¡Maldita sea! ¡di algo! —golpeó Astrid la mesa.
—¿Qué quieres que diga? —se la devolvió este sin dejarse intimidar.
—No sé… no sé… no sé…—respondió esta apagando poco a poco el tono de su voz.
¿Astrid Hofferson se había quedado sin palabras? Se sorprendió Hiccup de ver a su enemiga, pues esta lucía tan asustada como él se sentía.
—Tal vez nos estamos precipitando…—fue lo único que alcanzó a decir.
Astrid frunció el entrecejo sin entenderlo.
—Tal vez Toothless, Alúmini y Stormfly quieren darnos una lección. —explicó. —Tal vez sólo por hoy, puede ser que mañana regresen… eso quiero creer.
—¿Y si no?
Hiccup se mordió los labios.
—No sé. —susurró con un poco de miedo. —Mira… creo que lo mejor es dejar que se calmen y que solos vuelvan.
—Pero ¿y si no lo hacen Haddock?
—pues… ¡no sé! —Alzó la voz. —Sólo sigamos haciendo lo que se supone que ellos querían que hiciéramos.
—¡Lo que no hiciste! —recalcó Astrid.
—Bien… ¡ya! Sé que cometí un error… pero… ¡ush! Hofferson…. Era fastidioso el modo en que trataban de manipular nuestras vidas, tú misma te peleabas con tu guía porque nunca se ponían de acuerdo, el que te abandonara no sólo fue cosa mía.
—Eres un idiota… pero si eso te hace sentir mejor ¡Anda! ¡Adelante! ¡échame también la maldita culpa! ¡Es más! Si quieres irte esta es tu oportunidad… los niños ya se durmieron, ni cuenta se van a dar.
—Ganas no me faltan Hofferson… créeme. —gruñó Hiccup. —Prefiero dormir en la calle a estarte escuchando.
—¡pues ándale! —tronó Astrid los dedos. —La puerta está muy grande.
—No lo haré.
—Ah… ¿no? —se burló. —¿Y eso por qué?
—Eso no te incumbe. —se levantó Hiccup dispuesto a terminar con la conversación.
—Sí, como no. Será que porque eres un idiota cobarde que no sabe estar solo.
Golpe bajo para Hiccup, que sintió aquellas palabras tan heladas y crueles como las que le había dicho Toothless por la tarde.
La soledad, ¿qué sabía ella de la soledad? Gruñó para sus adentros, con ganas de gritarle en la cara que no tenía ni la más remota idea de lo que se sentía estar y crecer solo, gritarle que, aunque pareciera estúpido y más que nada por un remordimiento y empatía, no les haría a esos niños lo que su madre alguna vez había hecho con él. Ahora quería encargarse él mismo de la misión de encontrar a sus padres, pues al menos esa idea quería seguirla manteniendo en su cabeza para no sentirse atrapado en toda esa irrealista situación.
—Piensa lo que quieras Hofferson, me da igual… —le dio la espalda. —Si ya no tienes más cosas que reclamar, mejor me voy, mañana tengo que ir a ese aburrido trabajo.
—Pues sería un logro. —siguió desafiando Astrid de brazos cruzados.
—Vas a ver que sí, Hofferson, tú mejor encárgate de tus asuntos y déjate de meter en los míos. Buenas noches.
—Ush… idiota. —gruñó Astrid viendo como su enemigo cruzaba por la puerta de la cocina en dirección a la estancia principal.
La conversación para nada la había tranquilizado, ya que una de las cosas de las que quería hablar era cómo se iban a organizar con los niños, pero la poca paciencia que le tenía a su enemigo la hacía explotar rápidamente.
¿Se había propasado con lo que le había dicho? Comenzó a cuestionarse sintiendo una especie de remordimiento. Sin embargo, rápidamente se sacudió descartando esa idea, y más bien creyó que su enemigo era tan cabeza de carnero que necesitaba que las cosas se hicieran a la mala para que entendiera, no por nada ya estaba actuando con prudencia después de la pérdida de sus guías.
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Mientras tanto, a unos cuantos metros de la casa Haddock- Hofferson, justamente en el techo de la casa de los Deranged, una silueta misteriosa veía con una sonrisita los últimos acontecimientos ocurridos en la familia.
—Bien, sigamos moviendo más hilos…—susurró para sus acompañantes, unas sombras tenebrosas a las cuales apenas se les podía distinguir la figura.
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Sábado, 22 de diciembre 2018, 06:30 a.m.
"Otro día en ese lugar", pensaba el recién despertado Hiccup aun acostado en el sofá. Se sentía triste, de cierta forma deprimido, muy apenas había podido dormir, pero, aun así, se levantó tratando de ser positivo. Optimista de que sus guías aún seguían viéndolo y que una vez que notaran que estaba haciendo lo que ellos querían volverían a él para apoyarlo.
Luego, unos ruidos en las escaleras llamaron su atención. Esperanzado, se giró esperando ver a Alúmini y Toothless bajando, pero el ánimo se le fue al suelo al ver que quien se había despertado era la persona más desagradable que conocía.
Astrid, desde las escaleras, también lo miró con desdén por apenas un segundo y después continuó bajando para ir después a la cocina.
"Como si pudiera cocinar"
Curioso de lo que su enemiga pretendía, se levantó del sofá y la siguió. Al llegar a la cocina, vio que esta sólo había ido al refrigerador y se sirvió un poco de leche, la cual bebió fría. Hiccup supuso que sólo eso desayunaría, dado a que no sabía hacer nada. Y pensando en eso, rápidamente puso manos a la obra para preparar un desayuno decente para los menores de la casa.
—Son para ellos. Cuando se levanten les das esto. —le ordenó cubriendo la comida con una tapa. —Tú… prepárate lo que quieras… o más bien lo que puedas.
Astrid rodó los ojos.
—Y ¿tú?
—No tengo hambre, y ya me tengo que ir… —respondió saliendo rápidamente de la cocina.
Quedándose nuevamente sola en la cocina, Astrid le echó un vistazo rápido a la comida, la cual le pareció que se veía demasiado apetitosa, pero que igualmente se le hacía demasiado como para comer por la mañana, no se le antojaba, así que sólo siguió desayunando la leche.
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Una hora más tarde, Hiccup salió de la casa rumbo al trabajo. Al ir conduciendo, trataba de hacerse a la idea de lo que haría, al mismo tiempo que pensaba que necesitaba más dinero, ya que el indicador de la gasolina le decía que pronto se le acabaría. La última carga que le había hecho fue cuando había derrotado al cerberus y muy apenas había alcanzado para medio tanque.
Para su buena suerte, los días de pago eran los sábados, así que esperaba por lo menos tener para el tanque completo por el cual iría después de salir del trabajo.
Sin embargo…
"CERRADO".
Leyó Hiccup el cartel que estaba pegado en la puerta principal de la concesionaria.
"Cerrado por las fiestas. Se reanudan actividades hasta el 26 de diciembre."
¡FELIZ NAVIDAD!"
—Válgame… esto sí que no lo esperaba. —susurró Hiccup viendo a través del cristal.
El lugar estaba completamente apagado y vacío, los coches, los escritorios, todo lucía tan sombrío a plena luz del día e incluso unos adornos que notó que habían puesto, un pino con varias decoraciones, adornos colgantes en el techo, así como moños gigantes en los autos que los hacían ver como regalos.
¿Navidad? ¿Qué era eso? Comenzó a preguntarse, yéndose lentamente del recinto.
Con tal pregunta en su mente, se retiró en el auto rumbo al banco. Durante su recorrido, observó curioso que no sólo su lugar de trabajo estaba adornado de esa manera, también las casas e incluso las calles. Se sintió como en otro mundo por un momento, ya que anteriormente no había notado nada de eso, claro está, porque se la había pasado sólo pensando en él mismo y durmiendo de día.
Cuando por fin llegó al banco, hizo fila para ir al cajero. Una vez que llegó su turno, introdujo la tarjeta esperando sacar una gran cantidad de dinero, sin embargo…
—£400…—susurró espantado. —No puede ser… es muy poco.
Toothless le había advertido que no le estaba yendo muy bien y él no lo había escuchado. Se había conformado con sólo ir a cobrar lo que saliera, así como a despilfarrarlo, más que nada en el combustible y cosas que le pedían los niños y las guías, cosas que ni siquiera sabía que eran porque nunca les ponía atención.
Pero igualmente se le hacía muy poco a lo que había percibido en semanas anteriores, sin embargo, no podía hacer una aclaración debido a que el lugar estaba cerrado. Respiró, trató de pensar positivamente y en que sólo se trataba de un error, así que sacó lo poco que tenía y luego se dirigió a un estación de gasolina.
Para no quedarse sin nada sólo le puso £200, con la cual llenó apenas un tercio del tanque. Lo cual lo frustró de cierto modo ya que él estaba acostumbrado a tenerlo siempre lleno.
No le estaba gustando para nada lo que estaba ocurriendo, y la loca idea de escapar nuevamente llegó a su mente, pero tan pronto lo hizo, la imagen de Zephyr corriendo hacia él tumbó aquella idea, así como la de sus guías yéndose lejos de él.
—No puedo… no puedo… no puedo…—susurró recostado en el volante. —¡NO! ...Toothless y Alúmini te están viendo Hiccup, tú puedes, demuéstrales que puedes…
—Eh… señor. —escuchó de repente.
Levantó la cara, viendo al despachador de gasolina el cual lo veía con una expresión rara en el rostro.
—Sí.
—Ya terminé con su auto. ¿Podría moverse?
—oh… sí. —balbuceó enrojecido, y rápidamente puso el auto en marcha, sólo para estacionarse en una pequeña tienda de autoservicio que había frente a la gasolinera, ahí, nuevamente se quedó pensante. Y parecía estúpido, pero ser echado por el despachador lo hizo sentir que a nadie le importaba y lo hizo sentirse muy solo.
"Eres un idiota cobarde que no sabe estar solo."
Apretó las manos en el volante, sintiendo como cuchilladas las palabras de Hofferson que resonaban en su cabeza y que tal vez, para su pesar, eran ciertas. Pero al final de cuentas, él era así. ¿qué sabía ella de la soledad?
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No teniendo más remedio que regresar a casa, el cabizbajo Hiccup llegó a su destino. Ver el exterior de la casa, de repente lo hizo sentirse mareado, todo comenzó a moverse en círculos frente a él, y no sabía si estaba enloqueciendo, pero le pareció escuchar los gritos escandalosos de los niños como si estos fueran unos pequeños bebés.
Sin embargo, al parpadear, todo volvió a la normalidad, la casa no daba vueltas y tampoco se escuchaban chillidos de bebés en el interior. Así que respiró, para tranquilizarse y quitarse la paranoia que sentía con la idea de la paternidad.
Lentamente bajó del auto, el cual dejó aparcado fuera de la cochera y se dirigió a la puerta principal, la cual por un momento dudó en abrir por temor a encontrarse en el mismísimo helheim, pero no fue así. Dentro de la casa, todo estaba muy tranquilo, demasiado a su parecer, sólo unos sutiles ruiditos se escuchaban en la sala.
—¿Está bien esto así?
Se sorprendió de ver a su enemiga tratando de poner unos adornos en la ventana. En la esquina de la habitación, había un enorme pino artificial al cual Nuffink le estaba poniendo unas esferas.
—Más arriba Astrid. —dirigía Zephyr como toda una pequeña líder.
Todo lucía tan familiar a los ojos de Hiccup, aunque sintió que él sobraba en esa escena.
—¡Hiccup! —escuchó de repente al pequeño Nuffink, que dando brinquitos se acercó entusiasmado a él con un adorno en forma de estrella.
Hasta ese momento, las "ladies" de la casa no habían reparado en su presencia; sin embargo, Zephyr se sintió feliz de ver que su falso padre había vuelto. Mientras que Astrid, ¿sólo se preguntó qué hacía ahí? Más no dijo nada, ya que los niños estaban presentes.
—¿Me ayudas a poner esto Hiccup? —le mostró Nuffink la estrella.
—Ah… claro…—respondió este a punto de tomarla cuando el pequeño lo evitó.
—¡No! La quiero poner yo… cárgame. —pidió alzando sus brazos.
El mayor balbuceó, pero hizo lo que el pequeño le pidió, lo cargó con cuidado y lo llevó al pino, siendo atentamente analizado por la vista de su enemiga, que le estaba cuidando cada paso que daba.
Hiccup la ignoró y sólo alzó al pequeño Nuffink, quien contento, puso la estrella en el punto más alto del pino.
—¿qué haces aquí Hiccup? ¿No trabajaste? —preguntó la feliz Zephyr.
Astrid siguió fingiendo que colgaba el adorno en la ventana, pero estaba muy atenta a lo que su enemigo respondería.
—Fui… pero el lugar estaba cerrado, decía que hasta el 26 de diciembre abrirían… algo así que por algo llamado Navidad.
—¿Será cierto? — Se preguntó Astrid pensante.
—Oh… ¡sí! Muchos lugares cierran por la navidad, otras que no cierran se abarrotan de personas. —contó Zephyr en un canturreo.
Astrid entonces reflexionó con la respuesta de Zephyr, y se dijo que no debía juzgar a su enemigo tan rápido, pues justo una hora atrás, Heather había ido con ella para decirle que no podía ayudarla con el invernadero en los próximos días ya que tenía que hacer compras de "pánico" para la Navidad. Algo que no entendió y tampoco quiso averiguar.
—Zephyr… ¿Qué es eso de la navidad? —preguntó Hiccup.
—Bueno, creo que depende de la cultura, pero casi todas se parecen —respondió esta como toda una pequeña sabia. —Mis papás me dijeron que conmemoramos el nacimiento de Frey, el dios del sol naciente, y que el árbol de navidad es la representación de Yggdrasil, el árbol de la vida. Y bueno, lo que hacemos el día de nochebuena que, es un día antes de la navidad, es que se hace un banquete y vamos a festivales. —insinuó apenada. —Y el día de navidad…
—¡Hay regalos! —saltó Nuffink emocionado. —Santa Claus viene en sus renos y los trae por la noche.
—¿Entonces es el Snoggletog? —susurró un tanto confundido.
—¿El son qué? —trató de repetir Zephyr
—Ah… el Snoggletog. Es una celebración que tenemos en el mundo oculto, donde se celebra al dios del sol naciente.
—¡Wow! ¿Y qué hacen en esa celebración Hiccup? —preguntó Zephyr ensoñada.
El aludido balbuceó sintiéndose extraño de estar entablando una conversación de más de cinco palabras con la pequeña dama de la casa. Mientras que Astrid, dejó acomodado el adorno en la ventana y se aproximó a donde estaba su enemigo y la pequeña para escuchar que le diría.
—Eh… bueno… se hacen plegarias para la cosecha, los grandes hechiceros bendicen las almas, el fuego y el agua y cosas así…
—Oh… ¿y no hay regalos? —preguntó Nuffink acercándose a su falso padre. —¿Santa Claus no va al mundo oculto?
—¿Quién es ese?
—Es un señor muy bueno que trae regalos a todos los niños del mundo, y sus renos ¡vuelan! —contó el pequeño corriendo en círculos por toda la sala.
—Me suena como a Norte…—opinó Astrid atenta a la conversación.
—¿Norte? ¿El guardián altruista? —preguntó Hiccup con una ceja arqueada.
—Eso parece.
—¿Norte? ¿quién es? —cuestionó Zephyr pendiente de la conversación de los mayores.
—Ah…, él es un señor del mundo oculto, lleno de tatuajes y con acento extraño que acostumbra a dar regalos a los niños durante el Snoggletog, pero sólo a los que se portaron bien. —recordó Hiccup con media sonrisa, ya que él y su no tan estimada enemiga habían entrado a su lista de niños malos a sus escasos 11 años.
—Wow… es igual a Santa Claus, creo que el mundo oculto le copia muchas cosas a este mundo.
—O este al de nosotros. —concluyó Astrid, viendo demasiadas coincidencias, lo que daba a entender que ellos no eran los únicos magos en ese mundo.
—Astrid, ¡Astrid! ¡yo quiero una Sky para navidad! —interrumpió Nuffink emocionado. —Se la voy a pedir a Santa Claus.
Los falsos padres vieron confundidos al pequeño niño.
—Ay Nuffink, que cosas pides… mejor ayúdame con el árbol. —dijo su hermana mayor, ayudándolo a bajar del sillón donde se encontraba saltando.
—Bien, eso fue… extraño. —susurró Astrid, ignorando a su enemigo para ir con los niños.
—Sí, demasiado extraño. —susurró igualmente Hiccup, sin embargo, en lugar de ir hacia adelante con el prospecto de familia que tenía, retrocedió para alejarse de todos ellos.
No quería involucrarse tanto, sólo haría lo que pensaba hacía falta para que sus guías volvieran con él.
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Lunes 24 de diciembre 2018, 10:00 a.m.
"Otro día más en ese lugar, otro día más sin sus guías."
Pensó el preocupado Hiccup echado en su sofá, teniendo en su mente la sensación de escuchar a bebés llorando por toda la casa, que gritaban y destruían todo a su paso. No entendía porque su ser reaccionaba de esa manera, cuando la casa estaba más silenciosa que un desierto.
¿A qué le temía? ¿Por qué simplemente no podía relajarse como en los días anteriores?
Sólo habían pasado dos días y medio viviendo con Hofferson y los niños de tiempo completo y sentía que llevaba una eternidad atrapado en un laberinto sin salida. Uno en donde no hacía nada más que cocinar, porque la inútil de su aliada no sabía hacer nada de eso.
Quería huir, irse más lejos, alejarse de todos ellos. Pero su conciencia y remordimiento no lo dejaban. ¿Por qué? ¿Por qué no podía simplemente irse como sus guías lo habían hecho? Se cuestionaba constantemente.
De repente, unos insistentes golpeteos en la puerta lo sacaron de sus pensamientos. Habían sido tan fuertes que se removió en las cobijas con ferocidad.
—"¡FAMILIA HADDOCK, LEVÁNTENSE… LLEGARON SUS ÁNGELES!"
—Pero… ¿qué?
Confundido, fue a ver quien era el causante de tal escándalo, y al abrir la puerta, quedó boquiabierto al ver que eran esos excéntricos gemelos, junto con el engendro que andaba tras Zephyr, todos llevando consigo un megáfono con el cual su fastidiosa voz se extendió sobre toda la cuadra.
—¡Oigan… pero que se han…
—¡No digas nada Hiccup, no digas nada… sólo escúchanos! —interrumpió Tuffnut. —En uno, dos, un, dos ¡tres!
" Belén, campanas de belén, que los ángeles tocan ¡¿Qué buenas nos traes? "
Hiccup sintió que los tímpanos casi se le rompían con tan horrible canto que sonaba aun peor con el uso del megáfono.
— ¡ ¡ ¡CÁLLENSEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE! ! ! —gritó enloquecidamente.
La familia Thorton se silenció de inmediato con tremendo grito.
—¡¿No te gustó?! —preguntó la indignada Ruffnut con manos en la cadera.
—Entonces la del burrito…—sugirió el chiquillo. —Suegro… esta es para Zephyr.
"Con mi burrito sabanero, voy camino a Belén.
Con mi burrito sabanero, voy camino a Belén
Si me ven, si me ven… al camino de belén"
—¡SILENCIO! —gritó el frustrado Hiccup perdiendo más la paciencia con el canto y baile raro del chiquillo.
—Ay, ni era para usted… es para Zephyr… ¿dónde está?
—alejándose de ti. —respondió el padre con desdén. —Buenos días. —y les cerró la puerta a los gemelos y al pequeño en la cara.
—Ush… ¿dónde quedó tu espíritu navideño, hombre de poca fe? —reclamó Tuffnut usando el megáfono.
Del otro lado de la puerta, Hiccup se sobaba la sienes para tratar de calmar su frustración, y a la vez pensar en un hechizo que los alejara.
Desquiciadamente, pensó en el hechizo del silbido, el cual atraería a todos los perros de un kilómetro a la redonda y los cuales perseguirían al objetivo que él les ordenara. No los lastimaría, simplemente los quería ahuyentar. Sin embargo, apenas tomando la posición para silbar, escuchó el sonido de la sirena de una patrulla y lo que posteriormente escuchó fue que Tuffnut le dijo a su hermana y sobrino que debían huir de inmediatamente de ahí.
—Uf…que alivio. —suspiró sintiéndose más tranquilo.
—¿Qué fue todo ese escandalo Haddock?
La tranquilidad que sintió se le esfumó cuando vio a su enemiga, bajando por las escaleras con ambos niños, todos aun con su pijama puesta.
—Eran esos gemelos, con ese niño de peinado extraño.
—¿Nuffnut? —dijo Zephyr con una mueca de asco.
—Sí, están como que locos y…
Y de repente, otra vez tocaron la puerta.
La familia se silenció, y Hiccup se giró para abrir la puerta otra vez y ver quién era ahora.
—¡Hermano! —gritó Dagur empujando la puerta. —¡Feliz víspera de Navidad! —exclamó sofocándolo en un abrazo.
—D-Dagur… que… alegría. —respondió este sintiéndose asfixiado.
Mientras que Astrid y los niños boquiabiertos, sólo veían al hombre de la casa siendo torturado.
—Ah… pero que bonita familia. —alabó el desquiciado policía soltando a Hiccup de golpe para saludar de lejos al resto.
—Que… que bueno verte Dagur… ¿qué te trae por aquí? —preguntó Astrid con una sonrisa fingida.
—Ah… ya saben, lo mismo de los años anteriores, ahuyentar a esos gemelos del vecindario.
—Ah… sí, claro. Justo a tiempo. —dijo Hiccup levantándose del suelo.
—Lo sé, lo sé… además vine a ver cómo estaban, casi ya ni salen, ni se dejan ver… ¿Qué planes tienen para esta noche? —preguntó el detective interesado.
Tanto Astrid como Hiccup se miraron sin saber que responder, pues en realidad para ellos, ahora que se encontraban ahí, no le encontraban sentido el festejar algo y menos si no eran una familia como las demás.
Ver la indecisión de sus falsos padres, preocupó a Zephyr quien, hasta ese momento, aun no se había atrevido a darles la invitación, ni menos decirle a Astrid que estaba en un club de canto, algo que en definitiva ya no podía ocultarle.
—Y bien… —incitó Dagur a que respondiera, tal cual un metiche policía.
—Pues… yo supongo que…—comenzó a decir Astrid tratando de pensar en algo.
—¡Iremos al festival de navidad! —interrumpió Zephyr con un grito.
Los falsos padres se sobresaltaron con la respuesta inesperada de la pequeña.
—Ah… claro, ¡el festival! Por supuesto, si todo el mundo va a ir… —recordó el detective dándose un golpe en la frente. —Bien, entonces supongo que si puedo los veré ahí, no se preocupen, mi escuadrón y yo estaremos vigilando la zona.
—Eh… sí, claro… gracias Dagur. —dijo Hiccup esperándolo en el umbral de la puerta para incitarlo a que saliera.
Este salió como siempre, feliz de la vida y una vez que se fue, la familia completa dio un suspiro cansado.
—Ese tipo siempre me pone tenso con tanta preguntadera.
—Ni que lo digas, tiene un aura media rara. —opinó Astrid. —En fin, gracias por ayudarnos con esa mentira Zephyr.
La pequeña se sobresaltó y levantó su mirada para ver a su falsa madre.
—No es una mentira.
La adulta se sobresaltó sin entenderla. Mientras que Hiccup, estaba expectante de lo que le diría, recordando a la vez las actividades extracurriculares que tenía.
—Es que… debo ir al festival. —continuó un tanto cohibida.
—¿Por qué? —cuestionó Astrid de brazos cruzados.
—Bueno, es que… es que mi grupo… hará… una… ¡una pequeña obra!
Hiccup quedó inmutado al escuchar que Zephyr mentía, algo que raramente lo relacionó con él mismo y de la nada se sintió como si fuera un mal ejemplo.
—Oh… entonces…
—Por favor, Astrid. —rogó Zephyr. —Necesito ir y… quiero que me vean actuar, Hiccup y tú…
Ambos adultos sintieron un poco de remordimiento con la petición de la pequeña.
—¿Y yo? —preguntó Nuffink tímidamente.
—Por supuesto que tú también hermanito. —dijo esta abrazándolo.
—Eh… bueno, supongo que… iremos. —dijo Astrid muy poco convencida de actuar como familia en público. —¿Haddock?
El aludido no respondió, no pudo, tenía los sentimientos muy revueltos.
—Hiccup…—llamó Zephyr esperanzada.
—Pff… está bien. —aceptó este no muy convencido.
Zephyr sonrió.
—Y… Hiccup…
—¿Sí?
—Me puedes llevar a la escuela por la tarde, eh… mi "grupo" ensayará por última vez antes del festival.
—Oh… claro. —respondió este entendiendo la indirecta. —Yo… te llevo.
—¡Gracias! ¡Gracias a los dos! —saltó la niña emocionada y corrió a las escaleras. —Prepararé de una vez todo lo que necesito.
—¡Primero a desayunar, señorita! —la siguió Astrid para traerla de vuelta.
Mientras que los varones de la casa sólo escucharon el ajetreo de las mujeres en la parte superior. Luego se miraron entre sí, Nuffink le sonrió a Hiccup con inocencia, lo cual puso un poco nervioso al segundo.
—Eh… supongo que… quieres desayunar… —dijo con sumo cuidado.
Nuffink asintió con una sonrisa.
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—¿Y… de qué trata la obra?
Después de luchar un poco con ella, Astrid finalmente cedió a lo que Zephyr quería hacer primero y le ofreció la tina que había en el baño de la habitación principal para que se aseara.
—Eh… es un cuento de navidad…—balbuceó la menor sintiéndose un poco culpable por mentirle a su falsa madre, pero con la buena intención de darle una sorpresa.
—Mmm… pero ¿qué más? —Siguió cuestionando la mayor, ayudándola a levantarse de la tina para luego envolverla en una toalla.
—Ay Astrid… es que luego arruinaría toda la trama. ¿No lo crees?
—Bueno, eso es cierto. Supongo que tendré que esperar ¿No es así? —sonrió esta, frotando la toalla con especial sutileza por el cuerpo de la pequeña.
Zephyr sonrió con sólo verla, pues ese momento era como si su mamá estuviera realmente con ella.
—Bien, vamos a secarte bien ese cabello, dices que lo debes de llevar suelto ¿verdad?
—Sí, es que usaré una boina, que está así de ¡enorme! —canturreó la niña moviendo su cabeza en círculos.
—ok, entonces… ¡adelántate! Ve a tu habitación, yo… mientras tiro el agua de aquí. —Señaló la tina.
—De acuerdo, Astrid.
Acatada su orden, Zephyr salió envuelta entre las toallas con una gran sonrisa plasmada en el rostro, algo que sin duda le contagió a Astrid ya que esta no dejó de sonreír durante ese momento. No fue hasta que volvió su rostro al agua de la tina y miró su reflejo que se sintió extraña, como si no fuera ella misma, aquella chica que era violenta y brusca con cualquier cosa, no, ya no podía ver a esa persona. Algo en ella estaba cambiando.
—Ay dioses… ¿qué me está pasando?... ¿qué estoy haciendo? —se recargó en la tina tratando de comprender esos sentimientos que estaban naciendo en ella.
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Mientras tanto, en la cocina, Hiccup hacía lo que obligadamente le correspondía: hacer la comida. Y no le encontraba nada de malo, ya que era algo mínimo a diferencia de lo que Hofferson hacía, lo cual era lidiar casi al 100% con los niños.
Sin embargo, se inquietó un poco de que eso llegara a poner ideas erróneas en la mente de su aliada, ya que últimamente la veía más abierta a convivir con los niños que a negarlos, como en un inicio. Lo cual pensó, obviamente, lo perjudicaba a él.
—Pero… ¿en qué estoy pensando? —masculló entre dientes, con ideas raras en su mente.
Esas ideas raras que de repente se le venían a la cabeza, con sólo recordar cómo se hacían los bebés. Y no quería aceptar nada de eso.
—Hiccup… ¡Hiccup! —escuchó de repente.
—Ay… ¿qué? ¿Qué? —preguntó sobresaltado pues casi se cortaba un dedo.
—¡Se quema! —señaló Nuffink hacia una cacerola que tenía el fuego muy avivado.
—Ush… ¡no puede ser!
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Minutos más tarde, el fuego fue apagado y la comida quedó lista.
A Hiccup se le fue el apetito de sólo pensar en tanto problema, mientras que Nuffink, él como siempre vivía su niñez en armonía.
—Está muy rico…—escuchó decir al pequeño.
Y aunque no quisiera, no pudo evitar sonreír con esa clase de comentarios, aunque luego se sacudía para quitar esas ideas de su cabeza.
—Hiccup…
—Eh… sí… ¿Qué pasa? —preguntó tratando de no sonar tan fastidiado, cuando de repente el niño lo llamaba de la nada.
—Si Santa Claus no me trae una Sky… ¿Tú me puedes hacer una?
Hiccup se estremeció con su petición, tanto que se puso melancólico, pues no quería involucrarse tanto, y tampoco ilusionar al niño con algo que no era, no quería que se confundiera y menos que sufriera por su causa.
—Por favor…
—Es… que… yo…
—¡Ya estoy lista!
Los varones se giraron para ver a quien había llegado, y ambos quedaron boquiabiertos al ver a la deslumbrante y sonriente Zephyr con su cabello suelto y muy alaciado, mientras que a su lado estaba una fachosa pero orgullosa Astrid.
—¡Hermanita, que bonita! —aplaudió el menor encantado.
—Gracias, gracias… —aceptó esta sus alabanzas, inclinándose como una artista a su público. —Hiccup… ¿Crees que me veo bonita?
El aludido sonrió con nerviosismo.
—Eh… sí, claro. —respondió muy apenas.
—Y la otra vez me dijiste que me parecía a Astrid ¿no es así? —siguió girando Zephyr sobre su propio eje para jugar a ondear la falda de su vestido color guindo.
—Eh… sí. —respondió este tragando saliva, y más cuando su enemiga lo vio con recelo.
—¡Entonces si crees que Astrid es bonita! —exclamó la niña entre saltos y risitas.
Hiccup hirvió de la vergüenza, y bajó su rostro para que su enemiga no viera que había caído en la trampa de la pequeña.
—Bueno, da igual… —trató de ignorar Astrid aquel comentario. —Nuffink… eres el siguiente. —ordenó como toda una mamá.
—Pero aun no termino. —respondió el pequeño con cuchara aún en mano y su rostro embarrado por los residuos de la comida.
—Relájate Hofferson, mejor siéntense y coman algo. —dijo Hiccup levantándose de su asiento.
La primera en hacer caso fue Zephyr, que con cuidado se ajustó una servilleta al cuello para no ensuciar su atuendo. Mientras que Astrid, se acercó con cautela a la mesa, y se sorprendió nuevamente al ver que, a pesar de la poca hambre que le daba en la mañana, su enemigo seguía preparándole el desayuno.
—¡Vamos Astrid, come! —invitó la feliz Zephyr a que la acompañara.
Sólo porque ella lo pedía, sonrió la hechicera sentándose a un lado de ella; sin embargo, por más que intentaba, la comida por la mañana aún no le caía muy bien, por eso la evitaba.
Mientras tanto, Hiccup, fingiendo que lavaba sus manos, miró por sobre su hombro nuevamente aquel entorno tan familiar, de la cual se seguía sintiendo excluido.
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Después del desayuno, fue el turno de asear a Nuffink, tal como con Zephyr, Astrid lo llevó a la habitación principal para meterlo en la tina ya que, con el frio que hacía, no quería dejarlo demasiado tiempo en la regadera. Lo que no se esperó, fue que Nuffink quisiera jugar a los barcos, lo que la demoró más de lo esperado.
Batalló para convencerlo de que debía salir, pero al final lo logró, (sólo porque el agua se enfrió) sin embargo, el estarle rogando porque saliera la hizo pensar seriamente en que necesitaba ayuda, ya que a pesar de creer que sabía lo que hacía, en la práctica todo era muy diferente, estar al pendiente de unos niños casi 24 horas al día, era demasiado cansado.
—Se supone que a Haddock le debería tocar bañarlo. —pensó una vez que a ella le tocó su turno de asearse.
Pero su enemigo nunca cedería a hacer esas cosas, pensó en un suspiro, por lo que no le quedó de otra que ser paciente y relajarse por lo menos en lo que duraba el agua caliente. Al parecer el baño sería su único momento de paz y de relajación, así que se tomó su tiempo.
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En la parte inferior de la casa, el otro hechicero también terminaba de darse un baño, a diferencia de la fémina, duró alrededor de 5 minutos en la regadera. Con una toalla enredada en la cintura, se posicionó frente al espejo al cual le restregó su mano para quitar lo empañado.
Se miró con cuidado el rostro y notó que tenía un semblante agotado, fastidiado, y no sólo eso, que la maldita barbilla ya le había crecido de nuevo, suspiró, y aunque una parte de su ser le decía que debía quitársela de acuerdo con el hábito que tenía, otra parte de su ser le decía que no tenía caso.
—¿Para qué? —susurró melancólicamente.
Ya no le veía caso hacer ciertas cosas que antes hacía, ni menos para la persona por la que lo hacía.
Saliendo del baño, ya vestido y peinado, vio que los niños se entretenían en la sala. Nuffink pintaba y Zephyr leía unas hojas. No sabía si acercarse a ellos con esa familiaridad con la que Hofferson lo hacía o sólo irse a otro lado para no tenerlos cerca; sin embargo, después de pensarlo detenidamente, optó por acercarse, cuando de repente, sonó el timbre de la puerta principal.
Tanto él como los niños se volvieron hacia la puerta intrigados.
—Ahora ¿quién será? —susurró el hechicero, esperando que no fueran otras visitas indeseadas.
—¡Feliz víspera de navidad Hiccup/ Hiccup Haddock! —saludaron un par de chicas al mismo tiempo.
—Oh… Heather y Mala… eh gracias. —sonrió un poco nervioso, aunque agradecido de que no fueran Dagur o esos gemelos.
—Vinimos a traerles algo. —continuó Heather dándole una charola en donde había una variedad de galletas. —Mala y yo las preparamos.
—Oh… ¡vaya! No… debieron molestarse…—dijo este tomando con cuidado la charola y sin saber muy bien que decir.
—No es molestia, lo sabes…, pero… ¿dónde está Astrid? —preguntó Heather tratando de ver por detrás de su vecino.
—Ah… eh… ella… ella… creo que se está bañando.
—Ya veo, bueno… ¿puedes darle esto? —pidió dándole otro paquete envuelto con papel rojo y adornado con un moño verde.
—Eh sí, claro… o ¿por qué… no pasan y la esperan? —invitó casi como no queriendo que entraran.
—Nos encantaría, pero tenemos que hacer otras visitas. ¿verdad Mala?
—Así es, iremos con mi familia y luego regresaremos para cuidar la seguridad del festival, bueno, Dagur y yo, y esta muchacha…—señaló a su cuñada. —Irá a otra parte…—insinuó con una risita.
Hiccup no entendió a lo que se refería, sólo notó que Heather se enrojecía levemente, lo que le dio a suponer que se vería con un novio o algo por el estilo.
—Bueno, entonces… ¡gracias! —dijo tratando de sonar feliz, aunque su rostro demostraba muy poco.
—De nada Hiccup, que pasen felices fiestas, me saludas a Astrid y me la cuidas mucho en estos días que no estaré, ya que últimamente ha estado muy rara ¿no lo crees?
—eh…Yo… la sigo viendo igual Heather. —respondió sintiéndose extraño de recibir esa clase de comentarios.
—Bueno, son cosas mías supongo, pero, tú eres su esposo, la conoces mejor…—sonrió la de cabello negro.
El hechicero no pudo responder a eso.
—Por cierto, Hiccup Haddock, ¿su hermano sigue aquí? ¿La hermana de Astrid ya volvió? —preguntó Mala.
"Igual de metiche que Dagur". Pensó Hiccup con una sonrisita fingida.
—Eh… ellos se fueron, decidieron pasar eh… las fiestas en otro lado.
—Oh, ya veo…
"Ya váyanse, ya váyanse" comenzó a rezar en silencio.
—Mala, ya es hora… debemos irnos. —apuró Heather.
"Alabado".
—Cierto, con esto nos retiramos Hiccup Haddock. Felices fiestas.
—Sí, igualmente. Adiós. —se despidió este aliviado, hasta que vio que, mientras Mala y Heather se retiraban, otra persona "no invitada" entraba en los territorios de su casa. —¿Fishlegs?
En efecto, se trataba de su compañero de trabajo que, con normalidad recorrió el caminito de piedra que conducía a la puerta de entrada, hasta que se detuvo en seco, al ver a la chica de cabello negro junto a su cuñada.
El curioso Hiccup sólo detectó un aura medio extraña entre su compañero de trabajo y la ayudante de Astrid la cual, después de cruzar aparentemente una mirada despectiva con él, lo rodeó para continuar su camino. De Fishlegs, sólo vio como suspiraba como si se sintiera aliviado de seguir vivo.
"Que extrañas son esas personas". —pensó.
—¡Hola Hiccup, que bueno verte! —saludó el entusiasmado regordete. —Oye… creo que aún me odia ¿verdad? —susurró señalando hacia donde se había ido la jardinera.
Hiccup arqueó una ceja sin entender nada de lo que hablaba.
—Ah… no sé. —sólo alcanzó a responder eso. —Y… ¡Fishlegs! ¿Qué te trae por aquí? —preguntó tratando de ocultar su fastidio.
—Algo muy importante, amigo, debo contarte algo. ¿Crees que me puedas invitar una taza de café? ¿A Astrid le molestaría si entro?
Más cuestionamientos que confundían al hechicero; sin embargo, ese "debo contarte algo", le resultó intrigante.
—Eh… bueno, no creo… ¿Quieres pasar? —invitó rendido.
—Sí, gracias. Y esas galletas las hizo Heather ¿Verdad? —curioseó el regordete viendo con interés lo que su compañero de trabajo llevaba en brazos.
—Sí. ¿Quieres? —preguntó Hiccup restándole importancia.
—Me encantaría, hace mucho que no como algo hecho por ella. Ah… cuanto la extraño.
Aquellas palabras hicieron una especie de tic en la mente de Hiccup, lo que lo hizo teorizar que probablemente esos dos habían tenido una relación.
—Hola Zephyr, hola Nuffink. —Saludó Fishlegs a los niños que seguían entretenidos con sus cosas.
—Hola Sr. Fishlegs, felices fiestas. —respondió Zephyr dejando lo que hacía para saludar respetuosamente.
—Felices fiestas, Sr. Fishlegs. —saludó igualmente Nuffink, poniéndose de pie.
—Aww… que niños tan educados. No cabe duda de que eres un excelente padre Hiccup.
El aludido que, raramente en el inter del saludo de los pequeños comenzó a sonreír como un tonto, enrojeció como un tomatillo al escuchar aquel cumplido.
—Ah no, pero… yo… no…
—¿Son galletas esas Hi… quiero decir papi? —preguntó la curiosa Zephyr.
—Ah…sí, ¿quieren? —sonrió este con nerviosismo, pensando que los niños se le lanzarían como una jauría de hienas hambrientas.
—¡Sí! Yo quiero… —saltó Nuffink emocionado y fue con él con animosidad, pero leve a comparación de la imaginación del falso padre.
Zephyr inmediatamente lo siguió, pero se adelantó a la cocina ya que quería acompañarlas con leche.
A Hiccup no le quedó más remedio que rendirse a sus deseos y los siguió en dirección a la cocina en compañía de Fishlegs, una vez ahí, le repartió a cada uno un par de galletas (ya que eran enormes) y después les dio la leche que tuvo que calentar previamente.
Mientras él se dedicaba a sus labores paternales, Fishlegs se limitó a verlo desde su asiento y a prepararse el café a su gusto con los ingredientes que su compañero le acercó, no quería hablar, ya que lo que tenía que decir no quería que lo escucharan los niños.
—¿seguro que puedes llevarlo solo Nuffink? —preguntó Hiccup al ver que estaba teniendo problemas para tomar el vaso con leche y plato con galletas en cada mano.
—Sí, yo puedo. —contestó el chiquillo seguro de si mismo, y dando pasos pequeños salió de la cocina para comer el postre en la sala junto con su hermana.
—Son unos niños muy buenos Hiccup, no cualquiera educa niños tan tranquilos, inteligentes y sagaces como los tuyos. —comentó Fishlegs una vez que Nuffink se fue.
Hiccup resopló y se volvió a su compañero.
—¿Y que es lo que me querías decir? —preguntó para ir directo al grano.
Ingerman mordió una galleta con seriedad.
—Snotlout, Harald y hasta creo que el gruñón GJ, vendrán a tu casa.
—¿Por qué? ¿Quién los invitó o qué? —preguntó confundido.
—Al menos Harald y GJ suelen hacerlo para "conocer" a sus empleados, para mí que hacen estudios socioeconómicos a nuestras espaldas, y creo que andan instruyendo a Snotlout…
—¿Y qué tiene que ver conmigo?
—Amigo… ¿qué no te das cuenta? ¡Están instruyendo a Snotlout! Lo que significa que lo harán coordinador de ventas, el puesto que se supone que iba a ser para ti.
El hechicero se sobresaltó.
—pero… siendo sincero Hiccup, como tus ventas bajaron demasiado en el último mes, además de que has faltado… creo que…
—¿Qué? ¡Habla ya Fishlegs!
—Bueno, creo que… vendrán a hacer su visita social, pero… también, de cierta forma, a ponerte un ultimátum… debes tener cuidado, escuché decir a Harald que hay una probabilidad de que te despidan entrando el nuevo año.
—Oh… ya… ya veo. —susurró Hiccup mostrándose un poco preocupado.
—Y te lo digo amigo, porque sé que eres muy trabajador y tienes una linda familia por la cual ver.
Hiccup rascó su cuello no encontrando más palabras para responder a aquello, mundo paralelo o no, sus acciones y decisiones estaban por arruinar la estabilidad económica de esa familia.
—Hiccup, yo sólo quise venir a advertirte y…
Silencio. Hiccup se confundió al ver que Fishlegs repentinamente se quedó callado y su rostro comenzó a ponerse azulado al ver algo que aparentemente estaba detrás él, al girarse, sólo vio que se trataba de su no tan estimada compañera rubia.
—¿Hola? —saludó Astrid con duda al ver al desconocido.
—¡Ay, Astrid! no te enojes, le pedí a Hiccup permiso para entrar. —se disculpó rápidamente el regordete.
—¿Y tú eres? —respondió esta confundida.
—¿Cómo qué quién soy?
—Ah… "mi… lady". —intervino Hiccup pronunciando aquel sobrenombre con algo de dificultad. —Es Fishlegs… mi compañero de trabajo ¿No lo recuerdas?
—Oh… lo siento… "mi lord". —respondió esta con sarcasmo. —No lo reconocí…
—Bueno, si he bajado un poco de peso desde que Heather me dejó…—opinó el regordete ajustando el cinturón de su pantalón, pero para aflojarlo más.
—¿Qué tiene que ver Heather? —preguntó Astrid sin comprender.
—Bueno, creo que le hizo algo. —le susurró Hiccup en secreto.
—¡¿Cómo que le hizo algo a Heather?! —exclamó espantada, viendo con desconcierto al pobre hombre que temió con su reacción.
—Ah… pero que tarde es, me tengo que ir, que pasen felices fiestas. —se despidió el regordete, dándole un último trago al café y por supuesto tragándose otra galleta, luego salió corriendo como alma que llevaba el demonio, dejando al falso matrimonio más que boquiabierto y sorprendido.
—No entiendo nada de lo que acaba de pasar.
—Bueno, a lo que más o menos le entendí es que tuvo algo con tu ayudante esa, pero luego ya no. —contó Hiccup.
—Oh… ya veo, en fin, lo mejor es no meterse, no son nuestros asuntos… ¿y esas galletas?
—Las trajo precisamente tu ayudante junto con la esposa gritona de Dagur.
—¿En serio? —se sorprendió. —Wow… Supongo que de verdad nos aprecian.
—¿Nos aprecian? —repitió Hiccup extrañado.
Astrid se sacudió.
—Quiero decir, a… a los papás de los niños.
—supongo. —dijo el otro notando su titubeo. —En fin, también te trajo algo, o más bien a la mamá de los niños, está ahí.
Astrid miró el otro paquete que había sobre la mesa; sin embargo, consideró no abrirlo ya que, como había insinuado su enemigo, no era para ella. Aun así, lo tomó. Ignorando a Hiccup, volvió a la habitación de la mamá de los niños para guardarlo, una vez ahí, observó lo bonito que era la envoltura, lo que le causó una gran intriga por saber que contenía.
—¿Serán chocolates o algún perfume?
Lo sacudió un poco para darse una idea de lo que era, pero no emitió sonido alguno, lo que le dio a entender de que probablemente se trataba de alguna prenda.
—Ay, no pasa nada si le echo un vistazo. —dijo para si misma, viendo alrededor de la habitación para asegurarse de que nadie la viera
Luego, cerró la puerta, para estar 100% segura de que no sería atrapada con las manos en la masa, después, procedió a abrirlo. Teniendo cuidado de no romper la envoltura, sacó una cajita blanca de entre esta, la cual, al removerle la tapa, vio que tenía un contenido envuelto entre otro papel y por encima de este, una tarjeta, la cual no dudó en leer.
"Feliz Navidad, amiga.
Para que se lo modeles a Hiccup, picarona."
Decía, y venía agregada el dibujito de una mini Heather sonriente lanzándole un guiño.
Con tan sólo leer la tarjeta enrojeció como uno de los foquitos de navidad, y aunque se dio una idea de lo que había en el otro envoltorio, lo abrió apresurada, viendo exactamente que era algo que le había pasado por la imaginación
Un conjunto de lencería color rosa.
No era tan atrevida como la que había encontrado cuando recién despertó en ese lugar, pero si era un tanto provocativa que constaba de un pequeño (muy pequeño) short, así como una blusita de tirantes.
—No, definitivamente, este obsequio no es para mí. —gruñó enrojecida y se apresuró a volver a guardar la prenda en el paquete, para después ocultarla, muy, pero muy detrás del ropero de la habitación.
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El día parecía no tener fin, y eso que apenas serían las cuatro de la tarde, pensaba el fastidiado Hiccup. Después la visita de Fishlegs y su advertencia de que recibiría una aparente visita de sus jefes, se había quedado esperando en la sala a que estos llegaran. Para su infortunio, el timbre sonó más de una vez y no precisamente por los mandatarios del concesionario de autos.
Desde villancicos que cantaban mejor que los gemelos, vendedores de artículos que no necesitaba, hasta gente perdida en el vecindario tuvo que atender a lo largo del día. Al hechicero le pareció que ahora el mundo estaba demasiado animado, sí, animado por fastidiarlo.
—Hiccup…
Resopló al escuchar a esa gentil vocecilla femenina; sin embargo, antes de que pudiera ponerle una mala cara, respiró hondo y trató de mostrar otra faceta.
—¿Sí? Zephyr.
—Ya es hora… ¿puedes llevarme a la escuela?
Balbuceando, Hiccup observó el reloj de la cocina y vio que eran exactamente las 4:15 p.m., luego observó unas cacerolas que estaban detrás de él, pues precisamente estaba cocinando lo que sería una "comida/ cena", ya que nadie quiso comer antes debido a las galletas.
—Está bien.
Antes de apagar todo en la cocina, se asomó al patio donde estaba el invernadero, y no sólo eso, también su enemiga, la cual, por sugerencia de Heather, tuvo la ardua tarea de tener que proteger las plantas antes de que llegara la nevada.
—¡Oye Hofferson, deja eso y ven aquí ahora!
La nombrada, desde el invernadero, tuvo ganas de mostrarle el dedo medio e ignorarlo, pero como Nuffink estaba con ella, se abstuvo de hacerlo y a regañadientes tomó la mano del niño para volver a la casa.
—No me hables así. —le advirtió a su enemigo en un susurro una vez que lo tuvo cerca. —¿Qué quieres?
—"I", sólo quería decirte que llevaré a Zephyr a la escuela, ¿Podrías echarle un vistazo a las papas y a la carne en lo que regreso? Si le apago, perderá todo el sabor.
Astrid tragó saliva y miró con desconfianza las cacerolas. Hiccup, al verla rodó los ojos.
—Ay Hofferson, sólo te pido que le apagues en unos 15 minutos si no llego… creo que si eres capaz de hacer eso o ¿no?
—Por supuesto, grandísimo "I", puedo apagar una "E" estufa. —gruñó esta enrojecida.
—Bien, entonces me voy… Zephyr.
—¡Sí! —saltó la niña emocionada
—¿Llevas todo? —preguntó la que se quedaría cambiando sus gruñidos por una sonrisa.
—¡Sí, Astrid!
—Bien, entonces, nos vemos al rato… Adiós.
—¡Adiós!
Una vez ella y Nuffink solos en la cocina…
—¿Cuánto dijo? ¿5 minutos? —se preguntó viendo a las cacerolas.
—15, Astrid. —corrigió el pequeño niño, riéndose de su distraída falsa madre.
—Ay, pero que niño tan listo. —le picoteó Astrid las costilla. —bien, yo vigilaré la comida, tú ve a jugar ¿sí?
—¡Sí, Astrid! —salió el pequeño de la cocina dando saltitos.
Ahora sí, completamente sola, Astrid tomó asiento en una de las sillas, y como una vigilante, observó atentamente a las cacerolas.
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Mientras tanto, en el auto.
—Ay, estoy tan emocionada. —decía Zephyr ensoñada desde el asiento trasero.
Hiccup, sólo escuchaba.
—¿Sabes?... Esto nunca hubiera pasado si no fuera por ti, gracias Hiccup…
El conductor, vio a la niña por el retrovisor, y vio en ella una gran sonrisa, muy diferente a la expresión tan triste que tuvo días atrás; sin embargo, no respondió a su agradecimiento.
—Zephyr… ¿por qué le mentiste a Hofferson? —preguntó con seriedad.
En el retrovisor, vio que el semblante de la pequeña cambió. Zephyr tragó saliva.
—Es que quiero darle una sorpresa. —dijo haciéndose chiquita en su asiento.
—¿por qué? —preguntó el otro confundido.
—Ella ha sido muy buena conmigo y con Nuffink… tanto como mi mami lo era, claro, difiere en algunas cosas, como eso de que no puede cocinar, y a veces gruñe por todo, pero, igual creo que he llegado a apreciarla.
—Mmm… ya veo. —musitó Hiccup sintiendo algo en el pecho que incomodaba y que molestaba.
—Pero no sólo a ella quería darle una sorpresa, también a ti…
El conductor se sobresaltó, pero trató de mantenerse controlado al volante.
—Pero bueno, contigo no era tanta sorpresa porque ya sabías lo que iba a hacer. —continuó la pequeña con una sonrisa. —Pero si quiero que me escuches cantar y tocar con el violín que me compraste.
—¿P-por qué? —preguntó titubeante.
—Para que ya no estés triste.
En ese momento, Hiccup se quedó sin aliento, y casi pensó que no podría seguir conduciendo. Pero lo hizo, lo que ya no pudo hacer fue seguir cuestionando a la pequeña ni a decirle nada, puesto que había llegado a su destino.
—Bueno, creo que nos veremos más al rato. —dijo Zephyr preocupada de haber molestado a su falso padre.
—Si, claro. Nos vemos. —fue lo único que alcanzó a responder el adulto sin poder atreverse a verla.
A la menor no le quedó de otra más que confiar que sí lo haría, así que sólo se limitó a seguir su camino hacia la escuela.
Llegando al salón de música, vio que sus maestros y otros alumnos ya se encontraban ahí, unos arreglándose, otros afinando su voz antes del ensayo, todos parecían muy apurados.
—Oh, Zephyr… qué bueno que ya llegaste. —saludó Mako con una sonrisa.
—Sí, maestra. ¿Qué debo hacer?
—Bueno, primero alístate bien, que veremos bien como nos posicionaremos en la plaza. ¿Trajiste tu boina?
—Sí. —se quitó esta la mochila para sacarla, pero en cuanto la abrió dio un grito ahogado.
No la tenía.
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13 minutos para apagarle al fuego, contaba minuciosamente Hofferson el tiempo para cumplir con su misión al pie de la letra, cuando de repente, sonó el timbre de la puerta.
—Ay… demonios… ¿por qué ahora? —se lamentó temiendo que ocurriera una catástrofe.
Abrir la puerta o seguir vigilando, fue el dilema de la hechicera.
—Ne… que se espere, quien sea el que esté allá afuera.
El timbre, volvió a sonar con insistencia.
—¡Ay, allá voy! —gritó exasperada. —¡EN UN MINUTO CON 15 SEGUNDOS VOY!
Para su buena suerte, el timbre dejó de sonar.
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Mientras tanto, en las afueras, Hiccup estaba a unas cuantas casas de llegar a la suya, cuando peculiarmente le pareció ver a Snotlout corriendo en dirección contraria a la suya. Intrigado, se detuvo brevemente a mitad de la calle y vio que este perseguía a otro hombre completamente vestido de negro, pero que, luego de no poder alcanzarlo, volvió a retomar el camino que era el mismo al suyo. En ese momento puso nuevamente el auto en marcha y se apresuró para llegar a la casa.
Al llegar ahí, vio que había dos personas, conocidas, pero a la vez no, esperando frente a la puerta de su casa.
—Tal como dijo Fishlegs. —suspiró.
Aparcó el auto frente a la cochera y preparándose para un posible discurso laboral salió con tranquilidad del auto.
—Hola Sr. Haddock. —saludó su jefe llevando consigo algo en mano.
En ese momento, el cansado Snotlout los alcanzó.
—Oye tonto, deberías poner un cercado en tu casa, o algo por el estilo, casi se roban tu buzón. —señaló la estructura que yacía empotrada al piso y cuya figura parecía era la de una casita con adornos de dragón.
—¿Qué dices? —preguntó Hiccup sin entender.
—¡¿estás sordo?! Que un tipo trató de llevarse tu buzón, y el maldito corrió tan rápido que no lo alcancé.
—Será porque le hace falta condición. Sr. Jorgenson. —opinó aquel al que llamaban GJ (Gerente Johann) —En fin, lo bueno es que no sucedió nada grave ¿no es así Sr. Haddock? —preguntó con una insinuante voz al propietario.
—Ah no, claro que no.
—¡Ay, perdón, perdón! Por no abrir antes. —se escuchó de repente frente a la puerta.
Después de vigilar por 15 minutos exactos la comida, Astrid por fin se dio a la tarea de atender la puerta.
—Ay… Astrid…—balbuceó el jefe de Haddock comenzando a enrojecer. —Quiero decir Sra. Haddock.
La aludida hizo una mueca al ver al sujeto, se le hizo demasiado raro, y para su desgracia, parecía que la conocía.
—Ah… Hofferson. ¿recuerdas a mis jefes y compañero de trabajo? —ayudó rápidamente Hiccup.
—¡Oh! ¡Claro! ¡Por supuesto! —dijo esta tratando de no sonar tan falsa.
—¿por qué la llamas por su apellido? —preguntó Snotlout notando aquella peculiaridad.
—Ah… es que… yo… más bien… quise decir…
—¿En qué podemos ayudarlos? —interrumpió Astrid para evitar las explicaciones.
—Venimos a ver al Sr. Haddock, madame… y claro, a saludarla a usted también, no hay nada mejor que su hermosa presencia. —respondió el galante jefe haciendo una pequeña reverencia.
Astrid volvió a hacerle una mueca de desconcierto, y hasta Hiccup puso una igual pues no creía que su jefe fuera tan descarado como para insinuársele a su enemiga, casi enfrente de él. Sin embargo, dejando de lado las cursilerías de aquel hombre, la rubia notó que ese tipo llevaba en su mano algo que se le hizo conocido.
—¿Qué tiene ahí?
—Oh… esto. —le mostró la boina color guinda. —Lo encontramos fuera de la casa.
—¡Es de Zephyr! —se lo arrebató Astrid.
—Se le debió caer cuando salimos. —pensó Hiccup.
—Pero si lo llevaba en la mochila.
—Pues creo que no.
—¡Oigan! ¿se acuerdan de nosotros? —llamó Snotlout al ver que se aproximaba una discusión marital.
—Bueno Haddock, creo que me tocará llevárselo. —dijo Astrid, viendo de reojo a las visitas no deseadas.
—Ah no, Hofferson… yo puedo…
—Sr. Haddock no quiero ser inoportuno, pero es necesario que hablemos con usted. —interrumpió Johann, con un tono que sugería autoridad.
—¿Lo ves Haddock? —rodó Astrid los ojos. —No te preocupes, habla con ellos, yo iré con Nuffink, pero "si puedes" alcánzanos allá. —insinuó para que las visitas se dieran cuenta y se fueran rápido.
—Pues ya qué. —resopló el otro con fastidio, siendo consciente de que estaba siendo visto por sus superiores y compañero.
Sin embargo, volviendo a las formalidades, invitó a sus superiores a entrar en la casa. Mientras que Astrid, sólo llamó a Nuffink para salir de la casa.
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Zephyr estaba angustiada, no podía ensayar con tranquilidad debido a que no tenía su uniforme completo. Había enviado una nota mágica a su falso padre pidiendo que revisara si la había dejado en su casa, pero, según a lo que le había explicado su falsa madre, el que llegara dependía de la distancia entre el remitente y destinatario, y si Hiccup estaba en movimiento, creyó que la nota iba a tardar en llegar.
—No te preocupes Zephyr, buscaremos algo entre los atuendos del club de teatro que te sirva ¿sí?
—Sí, maestra. Perdón.
—No te angusties pequeña, recuerda, hoy es el gran día…—trató de animar la educadora con una sonrisa.
Respirando hondo, Zephyr asintió y continuó ensayando con más armonía y confiando en que su falso padre encontraría el resto de su atuendo.
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—Vaya, que tranquilo se ve este lugar.
Pasando más de las 4:30 p.m., Astrid y Nuffink llegaron al lugar de estudios de Zephyr. Y lo que principalmente notaron fue la escasez de gente que había a los alrededores, todo estaba demasiado silencioso.
—Nuffink… ¿Tú sabes dónde se encuentra Zephyr exactamente?
—No sé. —respondió este encogiéndose de hombros.
—Bueno, ni modo… entremos y preguntemos.
Mujer y niño tomados de la mano, entraron al recinto, pero tal como en el exterior, el interior era igual de silencioso, todo estaba abandonado lo cual hacía el ambiente demasiado frio.
Extrañamente, Nuffink sintió un escalofrió recorrerle el espinazo y no precisamente por la temperatura del ambiente, comenzó a presentir que algo más andaba por ahí. Mientras que Astrid, ella siguió viendo todo normal, y siguió estirando la mano del niño para que la siguiera.
Cuando de repente escucharon en un pasillo algo: el sonido de voces y una melodía.
—Ay, empezaba a creer que este lugar estaba vacío. —comentó Astrid aliviada. —Vamos allá Nuffink, preguntemos allá.
El pequeño tragó saliva y fue incapaz de responderle, ya que conforme Astrid lo llevaba comenzó a sentir que algo en ese pasillo estaba muy mal, algo lo estaba asustando, y por más que intentaba no era capaz de advertírselo a la hechicera, hasta que…
—¡Alto! —pudo gritar con todas sus fuerzas cuando estuvieron frente a la puerta del salón de música.
—¿Qué… qué pasa Nuffink? —preguntó la hechicera preocupada poniéndose a su altura. —¡Nuffink! ¿Qué pasa? —lo zarandeó para hacerlo reaccionar.
Sin embargo, el pequeño estaba casi pálido, con su mirada perdida en un punto detrás de ella, hasta que, su mirada cambió de dirección y se enfocó ahora en la puerta que tenían a un lado.
—Está viendo algo. —dedujo acercándolo a su pecho para protegerlo. —concéntrate… Astrid, trata de ver lo que él…
Invocando su magia, un pentagrama se formó bajo sus pies y la llevó a un abismo oscuro junto con el niño, ese lugar le ayudaría a ver lo que el niño observaba. Sin embargo, lo único que pudo percibir, fue un singular canto, un canto con un rango de voz muy peculiar que, después se apagó para ser reemplazado con una presencia muy pesada, oscura y maligna que le quitó por breves segundos el aliento.
Asustada, rápidamente se giró, rompiendo con eso el hechizo del abismo, dejando todo como anteriormente estaba.
—¡Sigue aquí! ¡Allá está! —señaló Nuffink cerrando sus ojos y apuntando al interior del salón de música.
Astrid rápidamente se puso de pie, y ahogó un grito al mismo tiempo que el ritmo de su corazón se aceleraba por lo que estaba presenciando.
Dentro del salón, se encontraba Zephyr, cantando armoniosamente con otros niños, y detrás de ella, una sombra con ojos enrojecidos.
Furiosa y temerosa de que le fuera hacer algo, abrió la puerta con violencia interrumpiendo todo el ensayo.
—Astrid…—susurró Zephyr espantada.
—Disculpe, ¿podemos ayudarle? —preguntó Alberick desconcertado.
Sin embargo, Astrid estaba ensimismada viendo a la figura maligna que no prestó atención a los que estaban presentes.
—As… digo… mamá… ¿qué pasa? —preguntó Zephyr moviéndose de su sitio, y al hacerlo, la sombra detrás de ella desapareció.
En ese momento, Astrid se detuvo y la buscó con la mirada, al igual que Nuffink que estaba aferrado a su pierna.
—Ah… ¿es usted la mamá de Zephyr? —preguntó Mako preocupada.
Sin embargo, la rubia sólo la vio de reojo con molestia y luego se volvió hacia la pequeña con la misma expresión.
—¡vámonos de aquí! —la tomó con rudeza del brazo y comenzó a estirarla hacia la salida.
—¡No, espera Astrid! ¡Tengo que ensayar! —trató de detenerla Zephyr sin entender qué le pasaba.
—¡CÁLLATE! ¡Vas a volver quieras o no! —
—¡No! ¡Suéltame! ME QUIERO QUEDAR. —peleó la menor comenzando a pensar cosas que no eran
—¡No me hagas usar magia contigo Zephyr! —le advirtió entre dientes. —¡OBEDECE!
—Señora, espere. —la interceptó Alberick. —¡¿No ve que lastima a su hija?!
—¡MÁS LA LASTIMARÁN SI LA DEJO AQUÍ! —gritó esta furiosa. —¡APÁRTESE DE MI CAMINO O LO QUITARÉ A LA FUERZA!
Pensando que esa loca era capaz de matar a su maestro, Zephyr intervino.
—No… está bien maestro. —musitó con lágrimas en los ojos. —Me iré con ella.
—Pero Zephyr…
—¡Ya la escuchó, apártese! —lo empujó Astrid, llevándose a la niña casi a rastras junto con el otro niño.
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Por otro lado, Hiccup iba en camino a la escuela, la visita de sus superiores había durado unos cuantos minutos, y tal como le había advertido Fishlegs, fue más bien una visita para darle una advertencia. El trabajo, los ingresos, la estabilidad, todo peligraba si no se ponía las pilas y actuaba tal cual lo hacía el padre de los niños.
¿Lo lograría? Ahora se cuestionaba, casi llegando a la escuela.
En todo el camino, no había visto a su enemiga ni al niño, por lo que pensó que aun seguían ahí, sólo esperaba que no le reprochara el haberle ocultado las verdaderas actividades de la niña. Sin embargo, pensó que eso haría, cuando de repente la vio saliendo de la escuela con ambos niños. Se veía muy, pero muy furiosa.
—Qué demonios… —susurró pretendiendo bajar el auto, pues no sólo notó la furia de Hofferson sino las lágrimas de Zephyr y la preocupación de Nuffink.
—¡Ni te bajes del auto Haddock! —le gritó esta detectando sus intenciones. —¡VÁMONOS, VÁMONOS!
No comprendió que le pasaba, pero esa actitud, muy de los Hofferson, le dio a entender que algo andaba mal, algo más de que descubrir a una niña cantando en la escuela. Esperó en el auto, hasta que lo alcanzaron, y sólo vio cómo, con rudeza, Astrid metía a los niños en el auto para luego ponerse en el lugar del copiloto.
—¡anda, arranca! —ordenó frustrada.
—¡Cálmate Hofferson! ¿Qué pasa?
—¡Hay "sombras tenebrosas" que "nos siguen", ¡ANDA, YA ARRANCA!
Haddock, no entendió muy bien lo qué pasaba, pero de tan sólo escuchar "sombras tenebrosas" puso el auto en marcha a toda velocidad, mientras que Astrid, bajando su histeria le contó lo sucedido.
Durante aquel lapso, Zephyr no había dejado de llorar, pero más que triste, estaba furiosa por lo que esa mujer que, se hacía pasar por su madre, le había hecho hacer, y luego, al escuchar aquella absurda historia de sombras y Nuffink viéndolas, vio con rencor a su hermano menor, creyendo ciegamente que él era en parte uno de los motivos por los cuales su sueño se vio truncado.
—Hay que tener extremo cuidado con esas cosas, si te descuidas pueden robar la esencia de tu egni. —comentó Hiccup, una vez que se detuvo frente a la cochera de la casa.
—¿En serio? ¿Cómo lo sabes?
Pero ni tiempo le dio de responder, cuando el azotón de una de las puertas se escuchó.
—Ay, esa niña. —salió Astrid molesta, no se abstendría de reprender a Zephyr si era necesario y por su seguridad.
Mientras que Hiccup, sólo vio como esta la seguía y aunque la llamaba, la pequeña siguió ignorándola y entró a la casa. Luego, vio por el retrovisor que Nuffink seguía ahí, todo lloroso y triste.
—Tranquilo Nuffink, todo estará bien. —trató de animarlo.
Pero no fue suficiente, el niño siguió llorando en silencio. Todo se estaba saliendo de control, pensó Hiccup, yendo de inmediato con él, reconocía ese estado, estaba cohibido por las sombras, así que no dudó en tomarlo entre sus brazos para darle la seguridad que a él no le habían dado cuando decía lo que veía.
—Ay dioses, pero ¿qué estoy pensando? —gruñó para sus adentros, tratando de seguir negando lo que parecía cada vez más algo inevitable.
En la casa, las cosas se seguían saliendo de control por los tremendos gritos que se escuchaban.
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—¡No me ignores jovencita, te estoy hablando! —seguía Astrid a la molesta Zephyr, que en la primera oportunidad se le escapó de entre las manos.
—¡Deja de fastidiarme! —gritó esta tan fuerte como ella.
—¡No me hables así, niña! ¡Soy tú mayor y me debes respeto!
—¡No te debo ningún respeto, tú no eres nada mío! —riñó la pequeña subiendo por las escaleras.
—ush… mocosa…—gruñó Astrid casi a punto de perder los estribos.
Pero la haría entender de una manera u otra que no podía comportarse como ella quisiera y que tenía que obedecer, en especial, cuando corría peligro. Así que la siguió escaleras arriba, mientras tanto, Hiccup apenas entraba con Nuffink y al ver todo aquel desastre también subió, aunque sin saber muy bien que debía hacer, pues por una parte su aliada tenía razón, todos corrían peligro.
—¡Zephyr, te estoy hablando! —advirtió Astrid, tratando de contenerse un poco cuando por fin alcanzó a la niña en el umbral de su habitación.
—¡TÚ NO ERES MI MAMÁ! —Le gritó esta con furia y le cerró la puerta en la cara con tal fuerza que casi pareció que la había roto.
Astrid quedó cohibida por lo que le había dicho, así como por la indisciplina de esta; sin embargo, aquella actitud no hizo más que enfurecerla, que explotó.
—¡ABRE LA PUERTA ZEPHYR! —golpeó con rudeza la madera. —¡O LA ABRIRÉ YO, SABES QUE PUEDO, ¡Y ESO ES LO QUE HARÉ!
—¡VETE, DEJÁME EN PAZ! ¡TE ODIO, NO TE QUIERO CERCA! ¡TÚ ERES LA QUE DEBE IRSE! ¡TE ODIO ASTRID, ¡Y ODIO A MI MAMÁ POR IRSE! —Chilló con rencor y dolor.
—Zephyr…—suspiró Astrid sintiendo pesadas esas palabras.
Miró de reojo a su enemigo que, también desconcertado, no creía que esas palabras tan rencorosas salieran de una niña de 6 años.
—Zephyr… no digas eso. —trató de tranquilizarla Astrid siendo más cuidadosa con su trato.
—¡SI LO DIGO!¡ODIO A MI MAMÁ POR IRSE Y DEJARME CONTIGO! ¡POR NUNCA DEJARME CANTAR COMO TÚ LO HICISTE! ¡LAS DOS NO SABE NADA, PORQUE NO SABEN NADA!
¿Todo aquel drama por un club de canto? Pensó Astrid sin entender muy bien del todo a lo que se refería, y a la vez tratando de pensar en una forma de entrar en esa habitación sin parecer invasiva, violenta y desconsiderada, pero ¿cómo hacerlo?
—¡Ustedes quieren más a Nuffink que a mi…! —continuó la menor reclamando con dolor en su voz.
Astrid se sobresaltó sintiendo una punzada en su pecho, tan dolorosa que la hizo rememorar viejos recuerdos.
—Zephyr… no digas eso, tú… tú hermano… tú hermano te quiere…
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Año 1993.
—¡Quiero ver a mi mamá! ¡¿Por qué no puedo verla?! —exigió la pequeña niña rubia de casi 6 años.
—¡Tú mamá necesita descansar! ¡Entiende de una vez, niña! —regañó Axel, llevándola a rastras con él para alejarla de la puerta que llevaba a la recamara de Brianda Hofferson.
—Pero desde hace semanas que no la veo ¡quiero verla! —riñó Astrid tratando de zafarse de su padre.
—No fastidies, Astrid, ¡es una orden!
—¡No quiero!
—¡No me hagas perder la paciencia o si no…
—Basta Axel…—se escuchó de repente una sutil y cansada voz.
—Brianda. —susurró el aludido preocupado, soltando rápidamente a la menor para ir con su esposa.
A unos cuantos metros, Astrid observó en silencio la escena, como su padre le pedía volver a su madre que volviera a la cama, mientras esta sobaba su pequeña barriga de 5 meses de gestación. Hacía meses que le habían dicho que tendría un hermanito, y en un principio se sintió feliz, pero, conforme más pasaba el tiempo y la atención se la dedicaron al nonato, la hizo sentirse molesta y sobre todo celosa.
—Es muy ruda y nunca se queda quieta.
—Por favor, sólo un ratito… acércate, Astrid. —invitó su madre con una sonrisa.
La menor, esperanzada de poder pasar un tiempo con su madre, dio un paso hacia adelante cuando.
—¡No, Astrid! No vengas. —ordenó nuevamente su padre. —Brianda, hazme caso, en cuanto nazca "el niño" sano y a salvo, podrás verla, por lo pronto es necesario que sigas descansando tal como lo ordenó la comadrona.
—Pero…—se asomó la de cabello negro a ver a su pequeña y desolada hija.
—Pero nada. —silenció Axel tajantemente, empezándola a mover de vuelta a la habitación.
Astrid, ahogó un grito al ver como su padre se llevaba nuevamente a su madre y enfureció de sólo pensar que era por culpa de ese "niño" que tanto él deseaba; sin embargo.
—Espera Axel… sólo un momento. —escuchó decir nuevamente a su madre y luego no alcanzó a escuchar lo siguiente ya que se lo dijo en susurros a su padre.
El hombre sólo asintió y se cambió de posición para que su mujer pudiera ver a su hija.
Brianda, le sonrió a su pequeña.
—Estoy escribiendo una canción, Astrid. Una canción dedicada a ustedes, mis hijas e… hijo. Cuando la termine, quiero que Camicazi y tú la escuchen, y que juntas, se la cantemos después al bebé ¿sí? —pidió tocando su vientre con suavidad.
En ese momento todo sentimiento de celos y rencor se disipó en la pequeña, y con ojos brillosos, evitó llorar ya que se le tenía prohibido de cierto modo, así que sólo asintió y dejó que su padre se la llevara.
Lamentablemente, esa sería la última vez que la vería.
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—No es cierto… él quiere toda la atención…
El menor acusado, se removió en brazos de su padre para que lo soltara. El callado Hiccup, sólo lo bajó y vio como el pequeño caminaba cohibido hasta donde estaba su enemiga.
—Zephyr… —llamó tímidamente.
—¡Vete Nuffink, no te quiero! —gritó esta despectivamente y con dolor.
—Zephyr, ¡no digas eso! —regañó Astrid.
Como respuesta, se escucharon más lloriqueos que bajaron de volumen, debido a que Zephyr los silenció contra la almohada, pero aún así se podía sentir el dolor que emanaba y que era muy conocido por Astrid, sabía lo que era tener un hermano menor, y además comprendía demasiado sobre el dolor ajeno, ese "don", sí se podía decir así, que le había heredado su madre. Esa habilidad tan especial, pero a la vez tan maldita si era usado con lucro.
—Zephyr… por favor. —intentó una vez más apoyándose en la puerta.
— "No, ya no puedo más, ya no puedo…"—siguió chillando la pequeña. —Yo… yo… sólo quería… compartir…con ustedes.
Astrid sintió tristeza con sus palabras, y se dejó caer de rodillas sintiendo el mismo desconsuelo. Luego, vio a Nuffink, este estaba a un paso de ella, y más lejos, también estaba el cohibido Hiccup.
Las cosas se estaban saliendo de control, pensó Hofferson tan sólo ver la tristeza de los niños e incluso la preocupación de su enemigo, y ella, probablemente tenía el remedio, pero no se le hacía correcto si usaba su magia para eso, pero escuchar la tristeza de Zephyr y verlo en Nuffink, le incitó a hacerlo, así como una fuerza en su interior que le decía que era necesario hacerlo para sanar las heridas.
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Mientras tanto, dentro de la habitación, la llorosa Zephyr, con remordimientos en su corazón, se sintió más abandonada cuando ya no escuchó sonido alguno fuera de la habitación.
Hasta que…
" Ven pequeña, deja de llorar… "
Sus ojos se abrieron con sorpresa… lo que escuchaba era ¿un canto?
" Sólo toma mi mano, sostenla con fuerza"
"Te protegeré de todo lo que te rodea"
"Estoy aquí, no llores más… "
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Del otro lado, tanto Nuffink como Hiccup quedaron boquiabiertos al momento que Astrid comenzó a cantar, pero con ello, una energía color azul cálida la rodeó, y al menos para el pequeño, la sintió reconfortante y ansioso de más. Mientras que, por parte de Hiccup, creyó que conocía del todo a su enemiga, pero verla hacer eso, definitivamente era algo nuevo para él.
" Para alguien tan pequeño"
"Tú pareces fuerte"
"Mis brazos te cubrirán…"
"Te mantendrán cálida y a salvo"
"Este vínculo que nos une…"
"No puede ser roto,"
"Así que no llores más, aquí estoy… "
" Porque estarás en mi corazón"
"Sí, estarás en mi corazón"
"A partir de hoy, ahora y para siempre, amor… "
La canción que su madre nunca le alcanzó a cantar, recordó Astrid melancólicamente con la mirada en el suelo. La canción a la que Camicazi y ella le tuvieron que poner la melodía, para poder cantársela a su hermanito Fare, como su madre quería. La canción que Brianda Hofferson había dedicado a sus hijos, y que esperaba que estos pudieran cantársela a los suyos.
—Mamá…—susurró con el corazón acongojado, cuando de repente, un ruidito la sacó de sus pensamientos.
La puerta se estaba abriendo, y esta reveló a una llorosa, pero a la vez intrigada Zephyr. En ese momento, Astrid volvió al presente y la observó, no sólo a ella, a Nuffink también y, notó en ambos que, prácticamente con la mirada, la incitaban a continuar.
Entonces, otro sentimiento sustituyó al de la melancolía, y este fue el sentimiento de no querer decepcionar a esos niños, si no lo contrario, lo que quería era hacerlos felices a toda costa, y si tenía que intercambiarles todo su egni a cambio de su tristeza, lo haría con gusto. Así que, reproduciendo la melodía en su cabeza, se dispuso a seguir cantando para ellos.
" Vengan aquí, no lloren más, todo estará bien"
"Tomen mi mano, sosténganla con fuerza "
Le tomó la mano a cada niño y los colocó frente a ella, para dedicarles su canción.
" Los protegeré, de todo lo que les rodea"
"Estaré aquí, no lloren más"
"Porque estarán en mi corazón"
"Sí, estarán en mi corazón"
"A partir de hoy, ahora, y para siempre, amor…"
"Estarán en mi corazón… no importa lo que otros digan "
En esa última parte, la cantante vio fijamente a aquel que no se había atrevido a acercarse, y que dudó que pudiera hacerlo al verlo cohibido, así que regresó su atención nuevamente con los niños.
" Ustedes estarán en mi corazón… siempre…"
"No escuchen a otros, porque ¿qué saben ellos?"
"Nosotros nos necesitamos… para sostenernos"
"Lo verán con el tiempo… lo sé"
"Cuando el destino los llame, deben ser fuertes"
"Tal vez no esté con ustedes, pero tienen que aguantar "
Esas línea se las cantó con seriedad, porque tal vez era un hecho de que tendrían más y más problemas por culpa de ella y de su enemigo. Zephyr y Nuffink asintieron al mismo tiempo, sintiendo por una parte melancolía, pero otra parte determinación para ser más fuertes.
" Sé que lo harán con el tiempo"
"Lo sé"
"Les mostraremos juntos"
"Porque estarán en mi corazón"
"créanme, estarán en mi corazón"
"A partir de hoy, ahora y para siempre más…"
"Sí, estarán en mi corazón"
"No importa lo que otros digan…"
"Estarán en mi corazón, siempre…"
"Siempre… "
Terminó la canción y con ello el egni dejó de manifestarse con aquel fulgor fuera de la hechicera que, con una sonrisa melancólica vio que los niños estaban más tranquilos, tanto como ella se sentía, y, extrañada, se preguntó, si su magia había funcionado, puesto que no se sentía tan triste como pensó que estaría después de terminar.
—Perdóname Astrid. —escuchó decir a Zephyr, quien de inmediato se lanzó a sus brazos. —Pude sentir lo que tú sentías, y lo que Nuffink. —confesó apretándola. —perdónenme…
Aquello descolocó a la hechicera, su pregunta anterior había sido respondida: su magia, no había surtido efecto en Zephyr y por lo que veía tampoco en Nuffink, quien de inmediato se aferró a ella diciendo lo mismo.
Su corazón sufrió un vuelco en ese momento, y casi sintió que se le paralizaba, más al ver cómo ambos despedían cierta energía con su cercanía.
¿El egni? —pensó confundida.
Pero no sólo eso, este chocaba con el suyo como un imán de polos iguales, lo cual significaba que habían repelado la magia de su canto. Un singular detalle que sólo pasaba con aquellos que tenían el mismo don, el don que le había heredado su madre.
—Ay dioses…—susurró para sus adentros asustada. —Son mis hijos…
Continuará.
Hasta aquí le dejo, sorry la tardanza y les debo los comentarios, se los pondré en el siguiente, junto con los de este nuevo.
Canción: You'll be in my heart. (de la versión Celtic Woman)
Como siempre, gracias por leer.
02 de marzo de 2020
