-Bueno, ¿vamos a Medoh? -preguntó Zelda una vez terminaron de desayunar en la casa de Impa. Link dudó.

-¿Y arriesgarme a perder el bebé? No -negó él. Zelda puso pucheros.

-¿Y si te pasa algo? ¿Crees que me lo perdonaría? -le preguntó ella.

-¿Y si te pasara a ti? ¿Si la bestia va y mata al bebé? ¿O si va y te mata a ti?

Para evitar una discusión, Link le dijo que sí. Pero también le hizo jurar a ella de que se mantendría alejada de todo peligro que pusiera todo en riesgo.

Cogieron todas las prendas necesarias. En la región de los orni podrían haber muy bajas temperaturas. Una vez que tuvieron todo preparado, se desplazaron allí.

Ninguno de los dos se esperaba lo que encontraron.

Medoh estaba descontrolada. Los ornis trataban de detenerla, pero fue realmente inútil.

-¡Link! -una voz llegó desde las alturas. Cuando levantaron la vista, se dieron cuenta de que alguien de plumas blancas iba hacia ellos.

-¿Teba? ¿Qué es lo que ocurre? -preguntó Link.

-Ni idea. De un día para otro, la bestia se ha vuelto... -de repente, una roca cayó al lado de ellos. Teba los cogió de la mano y los empujó hacia su casa. -Perdón por el tirón. No era mi intención, pero es que poco más y caemos aplastados.

-No pasa nada -habló por primera vez Zelda. El orni la miró.

-Zelda, princesa de Hyrule, ¿no? -ella asintió -soy Teba, un orni como otro cualquiera.

-Es un placer -dijo la princesa, mostrando una ligera sonrisa.

-Bueno, lo que os iba diciendo. La bestia se volvió loca, y no hay manera de que se calme. Salvo que entremos al interior y sepamos qué es lo que está pasando.

Aquello no era una simple suposición. Era un plan. El héroe y la princesa se miraron, y eso fue suficiente para dar el visto bueno al plan. Se lo hicieron saber.

-Bien, accedamos.

Ambos se prepararon para surcar los cielos. Teba los llevó, y una vez estaban en frente de Medoh, esta envió un objeto que procuraron esquivar.

-Hay que tener mucho cuidado. Cuanto más nos acerquemos, más furiosa se pondrá.

Ese mensaje provocó un nudo en la garganta a Zelda. No quería arriesgarse a perder a su bebé, y con sólo mirar a su amado se daba cuenta de que él también temía por su vida, aunque procuraba centrarse en otras cosas.

Por su parte, Teba no se dio cuenta de nada, y lo único que hizo fue acercarse más. Cada vez estaban más cerca de la entrada, pero la bestia pronto se dio cuenta de su presencia, lanzando más objetos en su dirección. Los esquivó todos.

-¡Mirad! -advirtió la princesa, quien se dio cuenta de que había un punto de color rojo que brillaba.

-Tengo un plan -habló Link -Éae parece ser un punto débil. Voy a tirar una flecha allí, y una vez que se estrelle, debemos volar hacia la entrada antes de que le dé tiempo a recuperarse.

El hyliano se irguió sobre el cuerpo del orni, procurando mantener el equilibrio. Cogió rápidamente su arco y apuntó a aquel punto, pero se obligó a bajar por culpa de un objeto enviado por Medoh. Nada más esquivarlo, volvió a levantarse y le disparó una fuerte flecha bomba que impactó en aquel sensible punto y la desestabilizó.

-¡Ahora! -indicó Link, quien rápidamente se acomodó en la espalda de Teba, rodeando el cuerpo de Zelda con sus brazos. El susodicho se apresuró a volar lo más rápido posible a la entrada. Se vieron obligados a esquivar otro objeto, y eso le dio tiempo a la bestia para volver a tomar el control. El orni jadeó.

-Diablos... -lamentó. Luego se dirigió al héroe y a la princesa -No nos dio tiempo. Vamos a entrar ahora.

Esas palabras sólo aumentaron el miedo en ambos. Arriesgaban demasiado llegando hasta aquí como para empeorarlo todo. Pero confiaron en Teba. Se aferraron más a él, rogando por que no les pasara nada. Cerraron los ojos. Sintieron cómo objetos pasaban encima de ellos, cómo Teba trataba de esquivarlo todo.

-Estamos a salvo -el orni los sacó de sus pensamientos. Al abrir los ojos, se aliviaron enormemente al ver el interior de Medoh -Tengo que irme para decirles al resto de ornis que estáis dentro. Lo dejo todo en vuestras manos.

Una vez vieron cómo salía, se dieron la mano.

-¿Estás bien? -le preguntó Link. Zelda asintió, pero no cambió la mirada preocupada de Link -De verdad, tengo mucho miedo. Estás muy delicada. ¿Y si te vienen náuseas?

-Pues... -con una mirada triste apretó los labios a la vez que levantaba la piedra sheikah -volveré al pueblo. Pero tenemos cosas más importantes que hacer.

Se dirigieron hacia la sala del terminal principal. Sin embargo, el héroe tuvo que empujar a la princesa con él para ponerla a su lado, a la vez que un rayo impactaba en su sitio.

-Oh, no -lamentó Link nada más ver a la bestia -Es muy fuerte... ¡Zelda!

Un leve quejido por parte de la joven le hizo girar su cabeza hacia ella. Tenía una mano en su vientre y otra en su cabeza. Su cara expresaba dolor.

-Aah... Me mareo -se quejó.

-Vete a la aldea. Yo me encargo del resto -la princesa negó.

-No... sólo fue puntual. Dame el arco -tuvo que insistir cuando vio en los ojos de su héroe un destello de duda -Prometo no moverme de aquí, salvo que sea necesario.

-Zelda -musitó él, pero no insistió. Le entregó el arma y varias flechas bomba, junto con un carcaj con muchas más. Le dio un pequeño beso en los labios, para luego entrar en la sala.

Nada más detectar la presencia del joven, la bestia emitió un chillido ensordecedor. Empezó lanzando un rayo que le héroe esquivó con mucha facilidad. La continua atención que Link recibía hacía que Zelda se diera cuenta que tenía que disparar. Cogiendo una flecha bomba, apuntó hacia el ojo y disparó. Aunque ésta vez impactó en su cabeza. Hizo daño, pero no el suficiente.

Y entonces llegó el factor sorpresa.

Link cogió otro arco y disparó una flecha ancestral hacia el ojo de la bestia. Eso sí que logró hacer mucho daño. Cuando la bestia cayó, el joven asestó un fuerte golpe en el ojo. La Ira se tapó el ojo, y Link trató de hacerle daño por el resto del cuerpo. Puede que no hiciera tanto, pero al menos le quitó un poco. Se alejó de ella al detectar movimiento.

Un poco más lejos, una oculta Zelda luchaba contra su propio cuerpo, el cuál flaqueaba por ocasiones y le causaba fuertes dolores en el vientre. Las náuseas hacían que se despistara del combate. Pero consiguió sacar fuerzas y volver a disparar en el ojo de la Ira, la cuál tuvo que emitir otro chillido de mucho dolor. Link corrió de forma instantánea y le dio tiempo a clavar su espada en el ojo de su rival antes de que se lo tapara. Y otra vez más trató de hacerle daño en el resto del cuerpo.

Sabiendo que era su última oportunidad, la bestia, cegada de ira, acumuló fuerzas para lanzar un fuerte rayo que impactó en la pierna izquierda de Link, causándole un intenso dolor que le impidió moverse. Al escuchar el grito, la princesa hizo acopio de fuerzas para disparar al ojo. Pero no lo consiguió.

Y como ya intuía lo que pasaría si no intervenía, corrió hacia él, captando la atención de la Ira.

-¡Zelda! -la aludida giró la cabeza hacia él. Le dio tiempo para ver que su enemigo le iba a lanzar un rayo mortífero, y recogió los dos objetos que Link le lanzó.

-¡Revali! -gritó. Sintió cómo se elevaba gracias a una corriente de aire ascendiente. Al llegar al final, miró fríamente a la bestia, y, levantando un brazo, le lanzó su poder, desintegrándola. Desplegó la paravela.

Cuando sus pies tocaron suelo, corrió y acercó su piedra sheikah al terminal principal. Después, su mirada viajó a Link. Y cuál fue su sorpresa al ver a todos los elegidos allí.

-¡Princesa! -la llamada de Revali la sacó de pensamientos negativos de hace cien años. Le sonrió a todos, y se sentó en el suelo nada más llegar al lado de su héroe, el cuál recibía las atenciones de Mipha, quien le curaba el pie -¿Todo bien?

-Sí -respondió simplemente.

-Ha recuperado sus poderes -habló Urbosa, emocionada.

-Me goroalegro de veros otra vez -saludó Daruk.

-Me alegro de poder veros otra vez -dijo Mipha dulcemente.

-Ha pasado mucho tiempo. Me alegra ver de que estéis bien, Majestad -el orni miró a Link de forma despectiva -los dos. Me alegro de veros a los dos.

-Gracias... -intervino Link de forma arisca, mirando al elegido.

-En fin... -cortó Daruk -¿cómo os va?

-Bien. Hemos logrado derrotar a todas las bestias y liberaros a todos -dijo Zelda, quien ayudaba al goron a eliminar la tensión del momento.

-Ahora, supongo que llegará el momento de reinar, y no creo que necesite tanta protección -Revali dirigió una sonrisa sarcástica a Link -Aunque no me tengo que preocupar. Sabiendo lo mucho que lo odia, no tardará en expulsarlo.

-Revali... -el orni tuvo que callarse por la mirada de cachorro que le dedicaba Mipha. E incluso mirando a Zelda, se dio cuenta de que le había causado mucha culpabilidad.

-Es hora de heredar el trono, casarme y tener descendencia -habló ella -Estoy preparada.

-Bien, porque aquí ya hay muchos interesados... -hizo callar al orni nada más enseñarle su anillo de compromiso. Miró al héroe -Vaya, el pobre muchacho engreído no se puede quedar con la princesa que tanto amaba...

-No -le cortó la joven -Él es mi marido. Y el futuro padre de mi bebé.

Esas palabras causaron un silencio sepulcral y diferentes caras: Sorpresa y decepción por Mipha, alegría y apoyo por Daruk y Urbosa, y una mezcla de emociones negativas por Revali.

-Pero... ¿Cómo? -el orni simplemente se fue a la vez que pronunciaba estas palabras. Urbosa se fue detrás de él.

-¡No puede ser! -gritó una vez fuera.

-A veces pareces estúpido, orni. Hace cien años te enamoraste de la princesa, y tu ego más grande que la montaña de la Muerte te impide ver con claridad las cosas. Al principio menospreciabas a Link porque la princesa no lo soportaba, e incluso reconocías que era una gran competencia por su amor. Y cuando los ojos de Zelda se posaron en el héroe y no en ti, sólo incrementaste tu ira hacia él -habló Urbosa.

-Cállate -replicó, molesto.

-No. Tienes que aprender a reconocer tus errores, y más ahora que estás muerto. Debes perdonar a Link porque él no te hizo nada. No -interrumpió una protesta -Mira, haz lo que quieras. Si quieres seguir siendo un idiota enamorado, ególatra y que sólo mira para sí mismo, pues sigue odiando. Pero si lo que quieres es ser correcto, vienes y te disculpas. Aunque lo detestes -y se fue, dejando a un pensativo Revali.

Los elegidos y la princesa seguían hablando sobre el reino. Incluso Mipha, quien tuvo que acabar aceptando la realidad.

-Esto... -Revali interrumpió la conversación. Las miradas se posaron en él, y Urbosa sonrió. El orni suspiró -Creo que por aquí le debo a alguien una disculpa. Link, lo siento. He sido un ególatra que sólo miró para sí mismo y nunca pensé que te haría tanto daño. Te he menospreciado injustamente, y nunca lo mereciste. Lo siento.

Por su parte, Link lo miró cauteloso. Temía que fuera una broma, pero no lo era.

-Acepto tus disculpas. Gracias, Revali -le sonrió de forma sincera.

-Por cierto -intervino Urbosa -¿cuándo es la boda? Espero que me invitéis. Bueno, a todos.

-Aún tenemos que decírselo al reino -se sinceró Zelda.

-Bueno, estaremos allí por si nos necesitáis -habló Daruk.

Un rato después, se despidieron todos. Link y Zelda volvieron a la casa de Impa, y se durmieron sabiendo que los próximos días van a ser los más claves e intensos.

Pero, por supuesto, antes de dormir, se dijeron cuánto se querían, compartiendo besos y sonrisas que también iban dirigidas a su bebé.