Personajes de Mizuki e Igarashi
La dama del olvido.
El día del rescate llegó, aunque el ambiente entre Terry y Albert era más tenso, ambos se mantuvieron a la altura de la situación.
Los oficiales de la policía y otras organizaciones anticrimen, estaban preparados para entrar en acción. Albert llevó su computadora, en ella se encontraba listo el trámite pertinente para hacer la transferencia del dinero, al estar seguro de que el bebé estaría fuera de peligro.
En el lugar acordado se presentaron: Albert, Arianna y Neal, pero no muy lejos de allí, estaban Terry y su padre. Sarah viajó en compañía de Candy y los oficiales que tenían rodeada la zona de manera discreta.
Poco tiempo después llegaban dos automóviles, uno era el de Arianna y el otro era de los criminales que se bajaron armados con revólveres y rifles de alto calibre.
─¿Entonces ya tienes listo mi dinero? ─preguntó el ahora cabecilla de la banda.
─¡Claro, ese fue el trato! ─respondió con seguridad Albert.
─¿Entonces no hay tiempo que perder, este es el número de cuenta al que harás la transferencia, no intentes pasarte de listo o todos se mueren?
─Mientras el bebé esté aquí no haré la transferencia, primero quiero estar seguro de que tanto el bebé como su madre estarán fuera de peligro.
El jefe de la banda ordenó a uno de sus secuaces entregarle el niño a la madre, y, a su vez, escoltarlos hasta la camioneta de Albert.
Al tomar al bebé en sus brazos, Arianna sintió como le volvía la vida. El bebé sonreía emocionado al reencontrarse con su madre.
─Este mequetrefe, se quedará acompañándote hasta que todo termine ─El malhechor señaló a Neal y prosiguió hablando─: Ahora ya puedes empezar a hacer tu parte.
Albert inició su trabajo, pero un número era la clave o señal que las autoridades estaban esperando para entrar en acción. El jefe de la banda logró reunir más integrantes para efectuar la vil acción.
En un abrir y cerrar de ojos el área se volvió un completo caos cuando las autoridades sacaron sus armas para entrar a la voz de ¡Nadie se mueva, FBI! En instantes hicieron un despliegue de sus fuerzas y rodearon a los vándalos, que al verse en apuros abrieron fuego, los Grandchester, Sarah y Candy condujeron hacia el lugar que parecía zona de guerra, allí Terry con valentía y rapidez abordó la camioneta de Albert. El duque acompañado de su personal de seguridad sacó a su nieto e hija allí dejándolos en un lugar seguro, volvió al campo de batalla, comportándose como un hombre honorable.
Candy se sentía aterrada de pensar que algo malo le sucediera a su amado, sin pensarlo dos veces manejó hasta donde él estaba resguardado por la policía, Albert pudo subir de inmediato al auto, pero Neal se encontraba en otro punto, con poco resguardo policial, Albert se posesionó del volante y se dirigió hacia donde estaba Neal, pero no pudo acercarse tanto como hubiera querido, pues aquella escena parecía de película o más bien, como de pesadilla, en ese punto ya habían dos vándalos muertos y 3 policías heridos.
─¡Por Dios, hagan algo! ¡Mi hijo puede morir!
─Debemos actuar con cautela, te pido que guardes la calma, Sarah.
─¡Tú no puedes comprender nada, Williams! ¡Es mi hijo el que está en ese lugar! No voy a quedarme aquí de brazos cruzados esperando a que lo maten.
─¡Sarah, Sarah, espera por amor a Dios! ─Pero ella no estaba dispuesta a escuchar más nada, caminando por el medio de la camioneta de Candy y dos patrullas estuvo a punto de llegar hasta donde estaba Neal, pero de pronto, cayó al suelo, una bala la había impactado, haciéndola perder el conocimiento de inmediato.
Olvidándose de su propia seguridad, Neal corrió hacia ella, un criminal se percató de eso, por lo que aprovechó la oportunidad para capturarlo para así usarlo como carnada, de ese modo lograría escapar, pero fue embestido por otra camioneta, eran Stear y Patty.
Albert consiguió subir el cuerpo inmóvil de Sarah a la camioneta de Candy. Neal subió a la de los Cornwell, en medio de los disparos, lograron salir ilesos, cuando se encontraron lejos de ese infierno, Neal se reunió con su madre, sin pensar en nada se echó a llorar sobre ella.
Albert revisó sus signos vitales y se dio cuenta de que estaba viva, buscó la herida y se percató que había sido impactada en el brazo, la llevaron de inmediato a un centro asistencial privado y allí la atendieron de inmediato, el rostro dolorido de Neal fue capaz de conmover a todos.
Finalmente, aquella pesadilla había terminado. Tres de los criminales murieron en el acto, uno más quedó gravemente herido tras haber sido atropellado por Stear, el otro fue herido en la cabeza, sus probabilidades de sobrevivir eran pocas.
Albert le sugirió a Candy ser revisada por un médico, él la acompañó en todo momento, pero sin duda alguna ella era una mujer fuerte y valiente.
Desde esa horrible pesadilla pasaron dos meses, en el cuerpo de Candy se podía ver una incipiente pancita, el momento de hablar con sus hijas había llegado, les explicó cómo se fue enamorando de Albert hasta comenzar su relación, les dijo lo mucho que lo amaba y que era el padre de su bebé, contrario a lo que imaginó sus hijas estallaron en felicidad al saber esa noticia, pero también sabían que pronto habría de comenzar un calvario para su madre y para ellas.
Albert también le había dicho a su hija Rosemary sobre el bebé que esperaba con Candy, en un principio la joven no quería aceptarlo, pero amaba tanto a su padre que terminó por entender que él era feliz con ella. Por otro lado, le encantaba la idea de que de alguna manera Marcelline se convirtiería en su hermana, entre las dos ya existía un lazo fuerte de fraternidad.
Tal como era de esperarse, los duques y Terry comenzaron la batalla legal para hacerse de la custodia total de sus hijas, Albert contrató a los mejores abogados del país para defender a su esposa, el abogado Georges Villers, un hombre taciturno que se había ganado fama de ser el mejor de los mejores.
─William, debo ser sincero, son pocas las probabilidades que tenemos de ganar este caso, la parte demandante tienen todo a su favor. La señora Candice firmó las clausulas en las que se estipula que ella no iba a tener pareja hasta que la menor de las niñas cumpliera quince años de edad, ella aceptó firmar dichas cláusulas, estuvo de acuerdo en todo, incluso en que se le revocaría la custodia en caso de demostrarse que había incumplido con esas estipulaciones emanadas en el documento legal.
─Debe haber algo que podamos hacer. No quiero ver sufrir a mi mujer por nada. Ella ha sido una madre extraordinaria, jamás ha sido su intención exponer a sus hijas. No quiero que nada más afecte su embarazo.
─Ese es otro factor en su contra y una prueba contundente e irrefutable de la parte acusadora...les sugiero que se preparen para las audiencias y, posterior juicio, no será nada fácil.
Pasado un mes en audiencias al fin había llegado el gran día del juicio, Patricia Cornwell, Rosaura Hernández, y algunos compañeros de trabajo de Candy incluyendo a su jefe dieron testimonio de su conducta intachable, pero esto de poco sirvió, el juez en su razonamiento le falló a favor del señor, Terruce Graham Grandchester, ahora la custodia total de las menores de edad, Marcelline y Madeleine eran de él.
Ese fue un duro golpe para Candy, al final del juicio se desmayó, estuvo recibiendo atención médica domiciliaria por varios días, cuando sintió que cobró fuerzas, fue a su casa, allí Terry le hizo saber que en dos días partirían de regreso a Londres y que se llevaría a sus hijas, por más que Candy le suplicó él se mantuvo implacable. El embarazo de Candy era motivo de dolor para él, de alguna manera sentía que estaban a mano.
Sin tener éxito de poder ver a sus hijas, regresó junto a Albert al apartamento Magnolia, esa noche Arianna le daría una gran lección de vida a su padre.
─Hola, papá.
─Hija que gusto verte, dime ¿Dónde está Terruce?
─Está con Patricia y Stear, quiero hablar contigo papá, espero que puedas comprenderme.
─Te escucho ─se sentó en el sillón cómodamente.
─Aquel día que me desmayé, me llevaste inconsciente al hospital, fue porque la noche anterior, Neal...Neal, me golpeó papá, y no solo eso, también abusó de mí.
─¡Maldito malnacido! ¿Qué mierdas se creyó al hacerte eso? Si pudiera le daría una paliza justo ahora...
─Papá... papá, por favor, cálmate.
─¡¿Que me calme?! Pero, ¿cómo puedes pedirme que me calme? Te das cuenta de que regresé al lugar de la balacera dispuesto a lo que fuera necesario para ayudarlos, y ahora me doy cuenta de que ese cretino te agredió, a ti, a ti que eres la luz de mis ojos, ese infeliz me las pagará.
─Papá, él se arrepintió, nos pidió perdón a Stear y a mí. Nos dijo todo lo malo que nos hizo, nosotros lo perdonamos. Creo que también fue mi culpa… actué de manera necia. Ahora, solo, siento vergüenza, herí a muchas personas, las expuse al peligro, incluyendo al pequeño Terruce. Lo que quiero decirte, es que debes entender porque mamá se separó de ti. No tienes idea de lo humillante que es para una mujer ser golpeada y abusada mental, física y sexualmente por un hombre. A diferencia mía, mi madre a ti te amaba. Tú en más de una ocasión le causaste ese dolor indecible, papá...debes entender que no puedes estar enojado con ella porque ahora intente ser feliz con un hombre que hace todo por ella. Tan solo porque la ama no le quites a mi madre a sus hijas, papá. Ella nunca fue una madre descuidada, no merece pasar por este dolor...yo...yo te amo papá, me iré contigo y mis abuelos para Inglaterra. Pero, no te lleves a mis hermanas, te lo suplico.
Visiblemente, contrariado Terry salió del estudio. No le dijo nada al respecto a su hija. Sin embargo, comprendió todo lo que le dijo. Habló con sus padres y les hizo saber que no le quitaría sus hijas a Candy. Reconoció la magnífica mujer que siempre ha sido y será. Obviamente, esa decisión hizo que Eleanor se enojara en gran manera, pues ella y su esposo no estaban dispuestos a ceder, al día siguiente con ayuda de sus abogados se aseguraron que la decisión del juez fuera irrevocable.
─¿Qué haces, amor?
─Perdóname, Albert, pero no podré quedarme aquí contigo, partiré a Londres con mis hijas, no puedo estar aquí, sabiendo que ellas están lejos de mí y que sufrirán por mí...esto me duele, pero creo, es lo mejor.
Albert llevó a su amada hasta su pecho, ambos estaban llorando, por más que le doliera esa decisión, sabía que Candy tenía razón para irse con sus hijas. Sin mucho que decir la vio empacar sus cosas una vez más, a la mañana siguiente se iría con los Grandchester hacia Londres, su futuro como pareja ahora era más incierto.
Arianna fue por su hijo a casa de los Cornwell, el pequeño Terruce Alistear Cornwell-Grandchester se había encariñado muchísimo con Patty y por su puesto con su padre, su nombre fue cambiado, como dijo su madre que lo haría.
─Entonces... ¿Qué has pensado al respecto de nosotros? Ya han pasado varios meses y ya es tiempo suficiente como para que te decidas.
─Arie, yo...yo hace tiempo decidí lo que quiero y tengo que hacer. Soy feliz con mi hijo, a ti te quiero mucho, has sido mi gran amor, quizás el amor de mi vida, pero estoy seguro de que no podemos estar juntos, no al menos, hasta que, estés segura de querer tener una vida tranquila junto a mí, junto al pequeño Stear. Tal vez podamos concebir más hijos, si realmente quieres. Sería incapaz de privarte de tu independencia. Lo cierto es que ambos debemos querer lo mismo para que podamos ser felices.
─Pero, Stear...ya te dije. Quiero estar contigo, hice a Neal fuera de mi vida y todo por ti.
─Arie, cariño, Neal y yo sufrimos de maneras diferentes por tu indecisión y caprichos… él estuvo a punto de ir a la cárcel por el error que cometió al tratar de vengarse de tu engaño. Él pagó muy caro ese error, al ver que le dispararon a su madre y creer que esa señora estaba muerta… le hizo reflexionar de su conducta incorrecta. Yo sufrí mucho cuando me dejaste. A pesar de lo mucho que me humillabas siempre estaba allí para ti, porque creía que eso era amor… concluí que si no podía sentir amor por mí mismo, menos podría amarte, poco antes de que naciera nuestro hijo, prometí cambiar esos sentimientos, los cuales me causaban dolor. Fue así como sané mi corazón. Tú también debes sanar, busca ayuda, hazlo por nuestro hijo, hazlo por ti, necesitas terapia para superar todo este sube y baja de emociones.
─Pero tú deberías estar conmigo en este proceso, eso me ayudará. Así todo sería más rápido.
─Arie, si yo estuviera contigo, solo entorpecería ese proceso. Sería un facilitador, probablemente, no podrías entender la necesidad de cambiar, porque al final todo sería como tú lo has querido. No quiero parecer cruel, al contrario es una manera de demostrarte mi apoyo, permitiendo que te lleves a mi hijo el tiempo que sea necesario, el saber que estaré sin mi pequeño me causa una tristeza enorme, pero quiero que estés bien y no haré nada para impedirlo.
Stear acercó su rostro al de Arie, uniendo su frente a la de ella la tomó de las manos y las llevó a sus labios, las besó repetidamente.
─Prometo cuidar de mis sentimientos mientras te espero aquí, no habrá otra mujer, si tú decides no volver, no te culparé. Te desearé felicidad.
─Stear, perdóname por lo tonta que fui, tú nunca mereciste pasar por todo esto.
─No llores más, tienes que ser valiente, ve con tu familia, disfruta tu tiempo junto a ellos, madura y crece. Arianna, crece por ti y por Alistear, por las personas que te amamos... los esperaré a ti y a mi hijo.
─No tendrás que esperar por él, no lo llevaré conmigo. Reconocer que mi comportamiento hacia él ha sido impropio, es una forma de demostrarme que realmente estoy dispuesta a cambiar.
─¿Enserio me dejarás a mi hijo?
─¡Sí!, Patty será muy feliz cuidando al bebé, estoy segura que tú también harás un buen trabajo, ustedes son buenos, merecen ser y hacer feliz a Stear Junior.
─Gracias, Arie, muchas gracias ─Stear abrazó a la madre de su hijo nuevamente, la besó en la frente.
La noche pasó lenta, Candy se sentía derrotada, Albert compartía esos sentimientos, pero trataba de mantenerse sereno para no afectar más a su mujer, acarició su barriga hasta que estuvo seguro de que ella dormía, entonces se abandonó silenciosamente en llanto, las gruesas lágrimas bañaban los rizos rubios de Candy, cuánto dolor le causaba la idea de verla irse de su lado una vez más. También estaba el hecho de que no estaría presente en el nacimiento de su bebé, esos hermosos ojos azules derramaron lágrimas profusamente y aún así su llanto no parecía terminar.
En la mañana llevó a su amada hasta el aeropuerto, por petición de ella, se marchó rápidamente. Sus hijas al verla allí, no se contuvieron y corrieron a abrazarla, las cuatro se fundieron en un abrazo, lloraron por el sentimiento de ese reencuentro.
─¡Es una atrevida, no debería estar aquí!
─Es la madre de ellas, mamá, tiene todo el derecho, no te metas más, por favor.
─Pero, es que esa mujer ha perdido el juicio, ¿Qué no ves cuál es su intención, Terruce? Piensa viajar con nosotros en esas condiciones... ¡Sin duda alguna seremos la comidilla en Londres!
─Candy puede viajar cuando quiera y a donde quiera mamá, si ella desea acompañar a sus hijas hasta Londres está bien, no me opondré a eso.
─Querida, Terruce tiene razón, te guste o no Candice es la madre de nuestras nietas y eso nunca cambiará.
─¡Mami! ─gritaron entusiasmadas.
─Mami...qué bueno que estés aquí.
─Sí, mami, ¡qué bueno que viniste a despedirnos!
─Pensé que nos iríamos sin poder verte ─Las tres chicas invadieron a su madre con aquellas palabras.
─No puedo permitir que se vayan así, no sin mí, por eso estoy aquí, me iré a vivir a Londres cerca de ustedes, para poder verlas todo los días, nadie nos va a separar.
─Mami, ¿pero qué pasará contigo y el señor Albert?
─Él sabe que estaré con ustedes.
─Mami, Maddie tiene razón, ¿Qué pasará contigo y Albert, sobretodo con su bebé? ─preguntó Arrianna, quien estaba desconcertada─. No es algo que debas decidir a la ligera.
─Nuestro bebé... siempre será nuestro bebé, aunque no podamos estar juntos. Él ahora es libre. Tal vez pueda rehacer su vida con alguien que no tenga la vida tan complicada como yo.
─No mami, no vengas con nosotras, no sacrifiques tu felicidad así, mira, Arie ya está emancipada, Maddie ya pronto cumplirá 12 años, y yo 15, el tiempo pasará rápido, aunque no lo podamos reponer, siempre estaremos para ti, te llamaremos todos los días, y cuando nazca nuestro hermanito o hermanita, podrás viajar con él a visitarnos, pero no dejes de ser feliz mamá, tú nos has dado mucho, todo...ahora, nos toca corresponderte. Tu bebé no tiene que estar sin su padre, porque el señor Albert es bueno mami, te ama y tú te ves feliz con él.
─Sí mami, hazle caso a Marce, ya que a mí no me hiciste caso cuando te dije que te enamoraras del doctor Brower, yo también te pido que no vengas con nosotras mamá, yo te veré todos los días te lo prometo. Cuando cumpla mis 15 años mi mejor celebración será volver a tu lado.
─Mami, Marce y Maddie tienen razón, no sufras ni hagas sufrir más a Albert, ninguno de ustedes dos merece sufrir así... ve mami... ¡ve con él!, ve a ser feliz mami, no hagas esperar más tu felicidad, toma este tiempo como una luna de miel.
Las palabras se le hacían difíciles de pronunciar, las súplicas de sus tres hijas la habían conmovido en extremo.
─Gracias, mis niñas, por favor nunca olviden que las amo, que siempre están conmigo en mi corazón, no lo duden, por favor y menos lo vayan a olvidar...
─Yo me encargaré de que tus hijas nunca lo olviden, Candice.
─¡Terry!
─Niñas permítanme un momento a solas con su madre, por favor ─Las niñas se abrazaron una vez más a su madre y se despidieron.
─Yo...yo quiero pedirte que me perdones por mi actitud tan egoísta en estos últimos meses, mi necedad por querer volver contigo no me permitió ver que tú ya eras feliz con alguien más, Candy, perdóname por todo el daño que te hice, cuando lo que debía hacer era protegerte y cuidarte con amor. Cuidar de nuestras hijas y cultivar su amor por ti, será una manera de reparar el daño que te hice.
─¡Oh, Terry! Gracias, sabía que en tu ser seguías siendo aquel hombre maravilloso. Ese hombre al cual amé, también siento mucho haberte hecho sufrir ¿Podrás perdonarme alguna vez?
─Quizás si me permites acariciar tu vientre ─Candy le sonrió dulcemente, le permitió a su ex acariciarle su pancita.
─Te pido, por favor me mantengas al tanto de mi nieto, siento mucho que Arie decidiera dejarlo con su padre, pero debo respetar su decisión, como podrás imaginar a mamá no le agradó la noticia, pero es tiempo que, deje de meterse en la vida de nuestras hijas.
─Sí, te prometo que cuando vaya a ver al bebé a casa de Patty te llamaré para que tú lo veas también.
Después de esa breve conversación, la ex pareja se dio un cálido abrazo, Terry y su familia abordaron el avión. Entre tanto, los ojos de Candy otra vez se derramaban en llanto.
─No llores pecosa, eres mucho más linda cuando ríes que cuando lloras ─Sí, aquella voz era la de su amado.
─¡Albert mi amor! ¿Qué haces aquí?
─Pensé que te irías, pero Arie, me envió un mensaje diciéndome que tú me necesitabas, aquí estoy Candy, para ti y nuestro bebé.
Continuará...
