"Me "gustó" su estado de en una relación para mostrarle que sé que está en una relación con alguien que no es tan bonita como yo".

H I N A T A

—Esos outfits son como los speedos del mundo atlético, pero mejores. — Haku me da un pinchazo en las costillas con su dedo índice para llamar mi atención—. ¿Ves a ese chico de Ohio? Me pregunto si es soltero.

—¿O hetero? —se burla Tenten , robándose el regaliz de su mano e introduciéndoselo en la boca.

—¿Podrían ustedes dos terminar con esto? —alego—. Estoy lo suficientemente nerviosa para esto.

—Yo también lo estaría —dice Tenten , bebiéndose de un sorbo otra copa de vino tinto—. La estrategia de las fanáticas es fuerte aquí esta noche.

Estamos sentados en la tercera fila desde el suelo con las entradas que Naruto me había dejado a disposición, a tres filas de la lona, el sudor, y los masculinos y corpulentos luchadores.

Hasta ahora, mis compañeros de habitación y yo estamos disfrutando de la vista.

—Hay demasiadas bolas aquí que no sé a dónde mirar primero — murmura Haku excitado—. Y yo aquí pensando que los pantalones de béisbol eran grandiosos. Comparados con estos uniformes de lucha libre, bien podrían estar usando unos pañales desgastados. Definitivamente me he deslizado al interior de mis fantasías.

—¿Podrían parar, por favor? —Me río—. Dejen de mirar fijamente las bolas de todos.

—No puedo ayudarte. —Extiende su mano como si él estuviera mostrando algo en una bandeja de plata—. Literalmente, están justo allí. ¿Ves? Bolas.

—Y esas fanáticas son una mierda dura. — Tenten señala. De nuevo.

Aunque ella tiene razón; la arena parece estar llena de chicas sosteniendo pancartas que parecen querer llamar la atención a ellas mismas, para atraer la atención de los jugadores, ¿luchadores? Algunas de ellas visten prácticamente nada.

Afortunadamente, no estamos sentados en la sección de estudiantes, no es parte de la multitud. Desafortunadamente, tenemos que ver esa sección al frente, al otro lado de la arena. Cuando mis ojos escanean la audiencia, ellas sostienen un mar de letreros a lo largo de mi vista.

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Brillos, falsos diamantes y marcadores. Letras de hermandades y camisetas apretadas. Raro e incómodo, tengo que sentarme aquí y ver los letreros donde le piden a Naruto Namikaze que se acuesten con ellas.

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Sobre mi cadáver.

Si alguien va a tener sexo con él, voy a ser yo.

Nuestros chicos ganan victoria tras victoria, y para el momento en el que Naruto sale a la lona, sé que estoy a punto de educarme en qué tan malditamente buen luchador es él.

Por qué Iowa lo cortejó tan fuertemente para traerlo a través del país, para nuestro equipo.

Él es asombroso.

Alto y sin un gramo de grasa, no es nada más que músculo. Firmes contornos de sudoroso y fibroso músculo. Sus muslos online o en fotografías no son nada comparados con sus muslos en persona, en vivo y a color.

Jesús.

—¿Te estas imaginando teniendo sexo con él? —pregunta Haku , dándome un codazo.

—Sí —susurro, mirándolo fijamente.

—Yo también. —Se ríe mi compañero.

—¡Cállate, Haku! —Le doy un empujón sin dejar de ver fijamente el centro del ring, la lona azul bajo el centro de todas las miradas donde Naruto se pone en guardia, observando al luchador de Ohio, con el que está a punto de luchar por la victoria.

Por el pinfall.

Cada célula de mi cuerpo es consciente de él, de sus rodillas flexionadas, de los brazos fuera de su centro de gravedad. Su cabeza baja mientras sujeta a su oponente de Ohio, agarrándolo por la parte de atrás de su cuello. Tirándolo al piso.

La cabeza de Naruto golpea el estómago del hombre, sus manos serpentean por debajo de su entrepierna, levantándolo. Ohio, como he venido llamándolo, se revuelca mientras su pie está suspendido sobre la lona y Naruto le da la vuelta sobre su espalda.

¡Oh por Dios! ¡Ese es el doble takedown!

Él está haciendo el movimiento que hizo conmigo.

Ver hacérselo a alguien más, con más fuerza, pero mucho más control, me hace agarrarme las manos y llevarlas a mi boca. Gritando cuando Naruto y Ohio están tirados de espalda sobre la lona, girando y dando vueltas y rodando alrededor del suelo.

Dar vueltas y rodar: Así es como luce eso para mí.

—¡Mierda! —grita Tenten —. ¡Maldita sea, míralo!

Naruto tiene a Ohio sobre la lona en menos de un minuto, sujetándolo por su cuello en un chokehold o como sea que se llame el movimiento, el resto de su cuerpo hecho un muro de ladrillos de fuerza intentando mantener abajo a su oponente.

El referí empieza el conteo.

Uno.

Dos.

Tres.

Naruto se pone de pie, sudando, el referí levanta su brazo, declarándolo como el ganador. Su compañero de cuarto corre hacia él con una toalla blanca y una botella de agua mientras su entrenador le da una palmada en el trasero, su firme y apretado trasero, los músculos contrayéndose a cada paso que él da hacia la banda lateral.

.

Lo encuentro fácilmente después; está solo en el pasillo, un bolso de lona negro cuelga sobre su hombro izquierdo. Con la cabeza inclinada, cansado. ¿Solitario?

Observándolo aproximarse, me reclino contra la pared de bloques del túnel del sótano que va a los casilleros, mis manos se aplastan contra el frío muro de separación detrás de mí.

Estoy usando una camiseta de lucha negra y apretada de Iowa que compré especialmente para la ocasión, vaqueros ajustados y unos botines negros. Mi cabello negro cae liso y siento que mis mejillas se sonrojan mientras él se acerca.

—¡Hola! —Levanta la mirada cuando lo saludo, con incredulidad en sus ojos al verme. Placer.

Él está complacido.

—Hola. Viniste. —Sus blancos dientes me deslumbran—. Y me esperaste.

—Por supuesto. —Mi corazón comienza un firme ritmo dentro de mi pecho—. Eres asombroso. Eso fue increíble, Naruto. —Dejo escapar las palabras, no tan elocuentes como sonaron en mi cabeza mientras esperaba a que saliera.

—Gracias. —Sus ojos celestes suben y bajan por mi cuerpo, penetrantes. A menos que mi imaginación me esté jugando una cruel broma, Naruto está emanando hacia mí calor de una forma que nunca me había lanzado—. Estoy agradecido de que estés aquí.

—¿Me viste en las gradas?

Afirma.

—Sabía justo donde mirar, y ese cabello tuyo es difícil de ignorar. —Se mueve más cerca, sus dedos se flexionan a sus costados. Abiertos, cerrados—. Oye, eres un espectáculo para mis ojos irritados.

Su voz es baja. Intensa.

—¿Lo soy? —Mi corazón empieza a correr. Mis terminaciones nerviosas prácticamente se tensionan por la anticipación.

—Sí. —Contrae y descontrae sus puños—. Estoy tan lleno de adrenalina justo en este momento.

Bajo la mirada a sus manos.

—Así parece.

—Podría correr veinte kilómetros.

Había escuchado de estos picos de adrenalina, la descarga de adrenalina que los atletas tienen después de un juego, la sangre continúa propagándose rápidamente a través de su fuerte y sano cuerpo. He escuchado historias de otras chicas sobre maratones de sexo después de un juego. Sexo por horas y horas.

Puedo ver la tensión en sus ojos, el color en sus mejillas, rostro y cuello.

Él está excitado.

Naruto se aproxima. Deja caer su bolso de lona sobre el suelo y queda de pie frente a mí, su pecho moviéndose agitadamente arriba y abajo al interior de su camiseta ceñida. Sus firmes pectorales. Sus duros pezones.

Quiero recorrer su torso con mis palmas.

—Je vais t'embrasser. —Su boca se mueve, diciendo palabras que no entiendo, a un centímetro de distancia.

Asiento.

—Está bien.

Esas callosas y rugosas manos sostienen mi mentón, sus pulgares acarician mi lisa piel.

—Je suis content que te es ici, Hinata. —Sus labios rozan la piel detrás de mi oreja—. Estoy realmente agradecido de que estés aquí.

Él es tan cariñoso. Tan dulce.

Mis ojos se cierran y muerdo mi labio, reprimo un gemido.

—Putain, tu es Jolie —murmura en mi oído—. Eres tan malditamente hermosa.

—Merci. —Es la única otra palabra que sé en francés, y la dejo salir en un susurro mientras inclino mi cuello así él puede plantarme un beso allí.

Sus cálidas manos se deslizan a la parte de atrás de mi cuello, sus labios se arrastran a lo largo de mi mentón. Hacia la esquina de mi boca.

Separo mis labios mientras su boca se desliza sobre la mía, con las puntas de nuestras lenguas encontrándose. Naruto sabe a crema dental de menta, trabajo duro y buenas decisiones. Algo seguro.

Compromiso.

No nos toma mucho tiempo dejarnos llevar, y pronto, lo estamos haciendo en el túnel vacío como si nuestra vida dependiera de ello. Naruto me tiene sujeta a la pared, años de energía sexual reprimida y adrenalina bombeando; y antes de saberlo, su mano burlona está deslizándose hacia abajo por mi espina dorsal.

A través de mi cintura. En la parte de enfrente de mi camiseta, con el pulgar acariciando la parte inferior de mis pechos.

Mis hábiles manos suben por su pecho rozándolo hasta rodear su cuello. Se enredan en su cabello que podría bien necesitar un corte.

Todo esto es tan malditamente bueno.

Estoy sujeta contra la pared, su pelvis, su duro pene, presionados dentro de la cúspide de mis muslos, y hago la única cosa que soy capaz de hacer en este momento: Gimo.

Estamos justo llegando a las partes buenas cuando el sonido de mi gemido se mezcla con el sonido de ecos de voces afuera de la puerta de la sala de los casilleros: No estamos solos.

—Mierda. — Naruto rompe el contacto, murmurando. Labios golpean mi sien, me deja un beso a lo largo del cuello de mi camiseta—. Ven conmigo. Larguémonos de aquí.

Asiento. Lo seguiría a cualquier lugar.

Tomo su mano mientras él agarra con fuerza su bolso del suelo, los dos arrancamos a trotar suavemente por el pasillo, desesperados por llegar a su carro.

Desesperados por estar a solas.

Estoy siendo arrastrada detrás de él, su mano aprieta la mía mientras me guía por el túnel hacia la salida que lleva al estacionamiento.

—Regresaremos luego por tu auto.

Este lado de él me excita, el mandón, el lado controlador, el lado que solo le toma un par de minutos sujetar hasta la victoria a un luchador de cien kilos sobre una lona azul de lucha.

Lo dejo guiarme por el pasillo, afuera de la puerta, a la oscuridad del estacionamiento.

—¿Dónde estás estacionado? —Mis ojos rápidamente escanean buscando su Jeep, el único carro está estacionado al otro extremo y…

—Está justo en… —Se detiene en el sendero—. ¿Qué mierda? Que. Mierda.

Deja caer mi mano, señalando al Jeep al otro extremo, envuelto en…

Odio preguntar tan alto, pero.

—¿Es eso papel de envoltura?

Se va ofendido en dirección de su Jeep; gruñendo hecho una furia.

—Sí.

El Jeep está en efecto fuertemente envuelto en plástico con una capa clara de algo viscoso por debajo del plástico, como si alguien le hubiera embarrado vaselina y luego envuelto el Jeep con un rollo tamaño industrial de plástico para embalar.

—No puedo ir a casa. Esto terminará en una pelea. —Sus manos van detrás de su cabeza, de un lado a otro—. Esos malditos idiotas.

—¿Quién habría hecho esto? ¿Estuvimos adentro mucho tiempo para que alguien lo haya hecho mientras estabas en los casilleros, dónde estábamos?

—No. Alguien más lo pudo haberlo hecho fácilmente, pero lo dudo. — Pica el plástico tratando de quitar una capa. Sus hombros se encorvan, derrotados—. Mierda. Va a tomar toda la noche limpiarlo.

Pongo una mano gentilmente en uno de sus tríceps.

—Ven conmigo ahora y prometo que volveremos en la mañana y miraremos cómo lo resolveremos juntos.

—Sí. —Levanta su maleta. Asiente—. De acuerdo.

Tomo su mano, tirando de él hacia mi camioneta, la vieja SUV de mi padre. Solía odiarla porque es demasiado grande, pero, puedo llenarla con tanta mierda en la parte de atrás.

Una vez, en secundaria, tuve a doce compañeros apilados allí. No es seguro, lo sé, pero… en ese entonces éramos estúpidos e irresponsables.

Es grande, segura y anticuada, y es toda mía.

—¿Este es tu carro?

—Sí. —Río, desbloqueándola—. Súbete.

Su gran cuerpo alcanza el asiento, colapsando en él. Poniéndose el cinturón de seguridad. Su cabeza cae apoyándose en el reposacabezas.

Pobre hombre.

Le doy una palmada a su muslo.

Enciendo el motor, saliendo del estacionamiento con Naruto a mi lado, viendo al interior de la oscura noche.

Me siento tan mal.

—¿A dónde deberíamos ir?

No estoy lista para irnos a casa.

—A cualquier lugar. —Voltea su cabeza para verme—. A un lugar tranquilo.

Le doy vueltas a mi cabeza pensando en las posibilidades, el único lugar que se me viene a la mente es un punto de observación afuera del campus, es alto sobre algunos acantilados. Es apartado y remoto y nadie nos molestará allí.

Lentamente, serpenteo mi SUV por el estrecho camino hacia el punto más alto del condado, justo a tres kilómetros fuera del pueblo. El camino se dobla hacia arriba y a la redonda, a los pocos diez minutos de ir conduciendo.

Es un punto popular, alto en las colinas, la vista panorámica, a lo largo de treinta kilómetros a la distancia, y cuando está oscuro nada abajo supera las luces de la ciudad. Nada

Somos afortunados esta noche, cuando nos estacionamos, solo hay dos carros presentes, y creo que están vacíos. La razón por la que las persona suben hasta aquí es por la vista, y la vista desde el mirador es una oportunidad muy buena para las fotografías, nunca dejo pasar la oportunidad para traer a mis padres aquí cuando vienen de visita.

Encuentro un lugar y apago el motor.

Desabrocho mi cinturón y me volteo hacia él.

—¿Quieres hablar de eso?

—Realmente no.

Asiento en la oscuridad.

Está muy oscuro aquí, salvo por una pobre excusa de reflector. Este no es un lugar donde uno quisiera estar solo con alguien que acabas de conocer, y probablemente no debería estar aquí con un chico que acabo de conocer.

Pero mis instintos me están gritando que Naruto es uno de los chicos buenos.

—¿Has perdido algún juego?

Lo escucho encogerse de hombros en la oscuridad.

—Claro.

—¿Cómo cuántos?

Su suave risa sale en la oscuridad, calentando mi interior como cálido y pegajoso caramelo. Mmmmm.

Toco sus bíceps con la punta de mi dedo, provocándolo.

—Vamos, dime. Obviamente sabes el número exacto, no seas modesto.

—Cinco.

—¿Cinco este año? —¿Cuándo empezó la temporada y cuánto dura?—. Eso no es… terrible. —¿O sí?

—No, cinco desde que era un estudiante de primer año.

—¿Cinco? —Maldición, ¿eso es todo?

—Sí, eso es todo.

Mi rostro se sonroja, y estoy agradecida por estar a oscuras.

—¿Dije eso en voz alta?

—Sí, lo dijiste en voz alta.

—Jesús, Naruto, eso es… quiero decir, no sé nada de la lucha libre, pero sé un poco de estadísticas, y eso es… vaya. Cinco.

—Gracias.

Hay una consola en el centro de los sillones de enfrente, separándonos por al menos veinte centímetros, y su gran mano está descansando sobre esta. Puedo verla incluso en la oscuridad, su piel está lo suficientemente iluminada.

—Entre más aprendo de ti, más me gustas.

Pongo mi mano sobre la consola al lado de la suya, su aliento esperando a ver si él la toma. Toma muchos latidos de corazón, pero lo hace, deslizando su rugosa palma sobre mis nudillos. Acariciando la piel sedosa que mantengo meticulosamente con lociones caras y exfoliantes de sal marina.

Las yemas callosas de sus dedos contra mi sedosa piel son un delicioso contraste, me recuerda lo diferentes que somos, lo fuerte y viril y trabajador que es Naruto .

Nuestros dedos se entrelazan.

—Esto es bueno.

—Lo es. —Su grave voz es un bajo murmullo apenas por encima de un susurro—. Necesitaba esto.

—¿De verdad? —Le doy a su mano un apretón—. Yo también.

Nos estudiamos el uno al otro en la oscuridad, con las manos unidas.

Inclinándonos al mismo tiempo, separados solo por la consola, nuestros labios se encuentran bajo el leve parpadeo de la luz. Mis ojos se cierran cuando su boca se presiona contra la mía y suspiro, aceptando cada uno de los besos.

Afortunadamente, suspiro de nuevo, alto y prolongadamente al interior de su boca cuando su lengua toca la mía. Acariciándola.

Él es un maldito buen besador.

Murmullo.

—Mmm.

Sus largos dedos se sumergen en mi cabello, jalándome más cerca, agarrando la parte de atrás de mi cuello. Nuestros labios se succionan a sí mismos, necesitados.

Nunca antes he estado así de excitada por alguien; mi cuerpo está en llamas, un infierno abrasador. Encendida, quiero tocarlo, no solo besarlo.

—Mon Dieu tu sens merveilleuse —gruñe entre dientes, sus dedos siguen sumergidos en mi cabello—. Te sientes tan bien.

Rayos. Estoy tan jodida por este hombre.

—Asiento de atrás, Naruto , al asiento de atrás. —Separo mis labios de los suyos, instantáneamente extraño la conexión—. Al asiento de atrás, ahora.

Golpeó el botón de desbloqueo en la puerta y desabrochamos nuestros cinturones de seguridad, frenéticamente salimos descontroladamente y entramos a la parte de atrás. Naruto se pliega al interior, ubicándose en el centro del sillón. Con sus piernas extendidas. Inmediatamente me trepo sobre él sentándome a horcajadas anhelando la conexión.

Le quito de un tirón la gorra de su cabeza.

Mis dedos barren sus despeinados mechones, mis labios rozan la columna de su garganta. Mandíbula. Sien.

Me inclino contra él, con mis pechos apretándose contra la sólida pared de su pecho, frotándome sobre él como un gato contra su poste para rasguñar. Gimo cuando su boca encuentra mis labios, sus manos rozan mi costado arriba y abajo. Las palmas sosteniendo mi trasero y apretándolo.

Mis palmas encuentras sus bíceps, acariciándolos. Recorriendo sus brazos arriba y abajo, pasando por sus hombros, explorando. Él es tan cálido y firme y fuerte. Ridículamente fuerte.

Me maravillo de su cuerpo, deseando que hubiera más luz, queriendo ver la expresión de su cara cuando beso el puente de su nariz. La cicatriz de su ceja.

Lee mi mente.

Uno de sus musculosos brazos se levanta, encendiendo el interruptor de la luz del techo. Cuando está prendida, echa su espalda hacia atrás para estudiarme. Le regreso el favor, aprendiendo los contornos de su cara, solo mirando, mi mirada traza el arco de sus cejas. De sus pómulos. Las líneas en su frente.

En verdad es tan malditamente lindo.

Me inclino de nuevo para besarlo, dulces y apasionados besos con la boca abierta que encienden un fuego al interior de mi alma, al interior de mis pantis, y empañan la ventana. Me arqueo así él puede ver mi cara.

Un dedo explorador traza un camino a lo largo de mi mentón, baja a mi cuello, baja al centro de mi esternón. Succiono en una respiración irregular cuando ese dedo golpea mi ombligo, pasando por el dobladillo de mi camiseta. Tomando su mano en la mía, lo guío debajo de mi camiseta desde mi cintura. Rompiendo cualquier atadura invisible que pudo haber creado en su mente, necesitando sentir sus manos sobre mi piel desnuda.

Estas pasan sobre mi caja torácica, lentamente, deslizándose por la sensible parte oculta de mis pechos.

Tan suave como una pluma, llevándome a la locura.

Me hundo más profundamente sobre su regazo, alineando mi vagina con su rígido pene; rotando mis caderas como una stripper en un club nocturno dando un baile privado, girando mi cabeza hacia atrás mientras su propina encuentra ese punto dulce en las partes bajas.

Sus pantalones son una malla de poliéster, delgada.

Mis pantalones ajustados son de algodón, más delgados.

Nuestros guturales y simultáneos gemidos llenan la cabina de mi camioneta.

Naruto agarra mis caderas, llevándome hacia adelante y hacia atrás sobre su erección; puedo sentir todo a través de la delgada tela de mis pantalones. De mi ropa interior. De sus pantalones.

Mis manos forcejean en su cintura tirando de su camiseta gris sobre su cabeza. Le da una sacudida a su cabello mientras lanzo la camiseta a un lado. Mis manos, mis suertudas manos, vagan por la parte superior de su torso, ávidas por el calor de su piel.

—Tu cuerpo es una locura. Increíble. —Podría devorarlo.

La cabeza de Naruto se hunde contra el asiento cuando mi boca succiona el espacio donde su hombro y su cuello se encuentran, con mi lengua dando vueltas. Su piel es lisa. Tensa.

Ardiente.

Tan ardiente.

Rodeo sus oscuros pezones con la punta de mis dedos. Tirando de ellos lo justo para escucharlo quedarse sin aliento.

Sus manos están de vuelta sobre mi cuerpo, rozando la sensible piel cerca a la cinturilla de mis pantalones. Acaricia la piel, pero se detiene, agarrando mi caja torácica, pero sin tocar mis pechos.

Muerdo mi labio, debatiendo.

Observando su cara mientras momentáneamente cierra sus ojos con los labios separados, perdido en la sensación de los movimientos giratorios en su regazo. Sobre su erección.

Incapaz de resistirme, agarro el dobladillo de mi camiseta de Iowa, así estoy en su regazo en nada más que un sostén sin varillas.

Sé lo que está viendo, cómo luce mi cuerpo, como si él no fuera el único que se ejercita y mis pechos son malditamente fantásticos.

—Mierda —murmura al verme, agarrando mis caderas más firmemente.

—¿Te gusta lo que ves?

Pasa saliva audiblemente, sus caderas meciéndose debajo de mí.

—Sí.

Entonces mira a tu gusto, Naruto Namikaze.

N A R U T O

No sé dónde poner mis manos después de que Hinata se quitara su camiseta y la lanzara a un lado, pero estoy seguro como la mierda que estoy seguro dónde mirar.

No puedo no verla fijamente; es imposible. Los alegres pechos de Hinata están malditamente allí, en mi cara, un húmedo sueño erótico hecho realidad.

Arrastra la punta de sus dedos a lo largo de las tiras de su sujetador transparente de encaje, arriba y abajo y luego de vuelta, lentamente trazando los bordes cercanos a sus pezones. Contoneando su trasero sobre mi regazo.

Inclinándose hacia adelante, con su largo cabello rozando mi pecho.

Mis nervios van a colapsar, explotando, cada toque lanzando una corriente sensitiva.

Mi pecho, su cabello; piel, muslos.

Mi pene está listo para detonar.

Estoy tan malditamente duro que puedo sentir la sangre drenándose de mi cerebro y corriendo deprisa a mi palpitante pene.

La sensación de sus fantásticos pechos refregándose contra mis pectorales, hacia atrás y hacia adelante, hacia abajo y hacia arriba, lo juro casi termino en mis malditos pantalones.

—Tócame —susurra cerca de mi oído, lamiendo la concha externa.

Guía mi mano de nuevo por su desnudo torso.

Sin decir palabra, mis palmas cubren sus pechos, sobre el pálido encaje, trazando lánguidamente los delicados trozos que cubrían sus manos, las yemas de mis dedos temblorosos suben por las tiras de su sujetador.

Sí, así es, estoy temblando, maldita sea.

Arrastrando ambas tiras hacia abajo, me inclino, y cuando beso su hinchada carne, su piel se eriza. Su cabello cae sobre un hombro, y lo muevo a un lado para besarle el cuello. Beso su garganta, arrastrando mis labios a través de su hombro desnudo, las dos tiras de su sostén caen flojas por sus tríceps.

Hasta que caen por sus brazos.

Palmeo con ternura su pecho, con mis pulgares acariciando lentamente sus rígidos pezones. Alrededor y alrededor de su areola. Su cabeza retrocede, un gemido estrangulado escapa de su garganta, llenando el vacío del auto.

Hinata gira sus caderas, aplastando mi pene mientras tomo sus pechos.

Puedo sentir la hendidura al interior de sus mallas negras, la cabeza de mi pene buscando el calor que sé debe estar preparado como una mierda.

Lubricado.

—Vas a hacer que me venga, Dios, encontraste mi clítoris —dice mientras jadea, sus palabras saliendo como un lloriqueo—. Estoy tan cerca.

Venirse. Clítoris. Cerca. Esas tres palabras son un afrodisiaco.

—Mierda, yo también.

Te quiero tanto. —No sé si ella lo dice o si yo lo hago.

Cuando succiono sus pechos dentro de mi boca, un rígido pezón a la vez, agarra un puñado de mi cabello: Jalando. Presionando hacia abajo sobre mi regazo, sedienta por follar la mierda fuera de mí.

Mis manos agarran su trasero, instintivamente, arrastrándola hacia abajo con más fuerza. Se siente tan malditamente bien que es casi agonizante. Mis cejas se fruncen con dolor cuando mis brazos la rodean, abrazándola con fuerza.

Nuestras bocas se funden en una respiración.

Mis bolas se aprietan; sus pechos se sienten como el cielo en mi boca y contra mi pecho desnudo y quiero follarla, follar la maldita mierda fuera de ella, tanto que mi boca se hace agua de solo pensarlo.

Hinata me chupa el lóbulo de la oreja cuando inclino mi cabeza hacia atrás contra el reposacabezas, su aliento laborioso me alimenta, mis caderas empujan hacia arriba, queriendo estar dentro de ella.

—¡Oh! Sí, sí, sigue haciendo eso... —lo dice en un susurro frenético.

Otro conjunto de luces delanteras sube por la carretera en ascenso, pero estamos consumiéndonos el uno al otro, con solo una cosa en nuestras mentes: Venirnos.

—Mmm —gime en mi boca, montando mi regazo, imitando el sexo que solo he visto en el Tumblr porno. Agarrando mis manos y colocándolas de nuevo sobre sus pechos—. Mmm, sí —silba Hinata —. No dejes de tocarme o moriré.

Eso es más de lo que puedo tomar.

La lenta construcción dentro de mis bolas aumenta.

—Mierda —gruño—. Mierda, mierda. —Me voy a venir en mis pantalones, algo que nunca he hecho en toda mi puta vida, porque nunca he tenido a una chica sexy moliéndose sobre mí, ni siquiera he estado solo en la misma habitación con una chica ardiente antes de Hinata .

Nunca.

—¿Te estás viniendo? —gime ella.

—¿Lo estás haciendo tú?

—Sí, sí, no te atrevas a parar.

No podría ni quisiera por un millón de dólares, a pesar de la inminente irritación ocurriendo al interior de mis boxers.

Cuando llegamos, nos estremecemos juntos, sus brazos se deslizan alrededor de mi cuello, sus cálidos labios encuentran el pulso en mi garganta. Acaricia mi hombro, con su boca descansando debajo de mi oreja.

—Me gustas. —Sus dedos se alzan, jugando con un rizo en la parte posterior de mi cabeza—. Mucho.

—Je vous aussi —murmuro en su cabello, acariciándolo con la palma de mi mano y deslizándola por la suave piel de su espalda. Tú también me gustas.

Y asusta la mierda fuera de mí.

Continuará...