PAREJA:Lucius/Remus
DISCLAIMER: El mundo de Harry Potter le pertenece a J.K. Rowling! Yo solo estoy utilizando los personajes por mero entretenimiento sin fines de lucro :3
ADVERTENCIAS: Es un AU (universo alterno) En un mundo sin magia donde se rigen bajo las normas del Omegaverse. Hay relación chico-chico, Lime y probablemente palabras altisonantes. Están advertidos!
CAPÍTULOS:1/2
Notas de la Autora: Hola a todos, lamento la tremenda pausa en esta historia, pero la verdad es que no estuve inspirada a continuar :'V (porque créanme, se como termina la historia, lo he repasado cientos de veces en mi cabeza, pero a la hora de sentarme a escribirlo, no puedo... urggh... lo único bueno es que a todas las parejas les falta solo 1 capitulo dividido e partes dependiendo de que tan largo termine quedando xD) pero siendo ya 1 año desde la ultima actualización rebusqué en mi cerebro para poder seguir! Aquí esta lo que me gusta llamar: las memorias de Remus, ya que quiero plantear de una vez todo el pasado de su perspectiva y finalizaré otro capitulo desde la perspectiva de Lucius :D
Mil gracias por comentar: Mitzuki-Kazami (que honor que digas eso! y que te guste tanto para releerla! por ti nena me esforzaré por terminarla! pinky promise! :'D y si, Rem se merece un bello final! pero por el momento no sabremos bien, bien el lado de Luci, sorry ;A;), Beginnerdreams (Ay nena, no sabes cuanto aprecio y agradezco tus palabras, a alguien con baja autoestima le cae como bálsamo que le digan que hace algo bien :') Hay muy pocos fics de Sirius y Draco, la mayoría son oneshots en ingles, pero me gustó mucho la dinámica, es como los Lucius x Sirius pero mas tiernos *W* pero el Snape x Neville es de mis ships favoritos desde que lei 2 historias de ellos super completas y super encantadoras *O* mientras el Bill x Reg es un gusto culposo, solo los conocí como pareja secundaria (casi terciaria) pero me enamoró! mientras que Remus y Lucius es parte de mi santa trinidad pero por alguna razón me encanta el drama con ellos dos xP lol) , XWanX (No, no es lo ultimo de Reg y Bill, aun les falta 1 capi del desenlace de su relación :D) y Rebe Marauder (Verdad que si? Son hermosos juntos *W*)
A leer se ha dicho!
Reescribiendo las Estrellas
I
…≈~°°*°° 27 años atrás°°*°°~≈…
Cuando apenas era un niño pequeño, siempre le gustó observar con curiosidad a los niños allá afuera de su casa. Como jugaban y corrían hasta caerse de cansancio que tenían que tumbarse en el pasto verde para recuperar la respiración. Reír con fuerza y gritar mientras jugaba con la pelota era algo que siempre deseó poder hacer.
Pensaba que tal vez no era tan malo tener que estar escondido todo el tiempo en casa, recluido como una criatura indefensa que al menor esfuerzo terminaba fatigado, pero "¿Qué se sentiría estar allá afuera?" Era lo que más de una vez se preguntó desde la seguridad de sus libros, pero que por consideración a sus padres, jamás trató de experimentar e intentó por todos los medios acallar ese sentimiento.
-¿No preferirían estar jugando con los demás?- cuestionó Remus al ver a Sirius barajear con gran habilidad las cartas que iban de una mano a la otra como un profesional.
Cada tercer día iban ambos a jugar a su casa y seguía sin comprender porque preferían pasar su tiempo con él tan frecuentemente que en cualquier otro lugar generando caos y diversión.
Lo tenían todo, salud, bienestar económico, libertad de ser chiquillos de diez años ocasionando problemas a diestra y siniestra, pero que ahí estaban sin falta a su puerta, inventando decenas de juegos nuevos, alegrando su aceptada reclusión.
-Yo creo que no- rebatió James tumbado de panza cual lagartija al sol –a mí me gusta aquí ¿Qué dices Siri?-
-El mejor lugar para vacacionar. Además hay limonada gratis- agitó su vaso en su cara, sorbiendo el líquido con una pajilla –la mejor que he probado, doña Hope, mi cocinera favorita- su madre sonrió complacida, regresando a la cocina a preparar un par de bocadillos.
-Son unos lambiscones de lo peor-
-Así es, Remsie, vete acostumbrando- le guiñó el ojo divertido. Sí, no debía de ser tan malo al tener a los mejores amigos en el mundo.
-No lo sé. ¿Ir al mismo colegio que ustedes? Suena a muchos problemas…- dijo como que no quiere la cosa, haciendo reír de buena gana al de lentes, que enseguida le echó el brazo al cuello.
-¡Y que lo digas! ¡Te invitaremos a sacudir el esqueleto y tú probablemente nos salvarás el pellejo en una que otra ocasión! ¿Qué mejor que eso?-
Siempre pensó que estaría solo toda su vida, pero cuanto agradecía a la providencia que le sonreía restregándole en la cara lo equivocado que estaba. Ya que no solo pudo conocer a Sirius y James, los chicos más geniales del vecindario, sino que su padrino, Albus Dumbledore, le dio la oportunidad de estudiar en su escuela con una beca completa.
Howgarts, una de las mejores escuelas del país con un excelente plan educativo y una grata convivencia entre alfas, betas y omegas; un colegio en el cual jamás pensó tener acceso por la situación económica en la que se encontraban sus padres. Si bien no eran pobres, tampoco tenían para poder gastar con libertad ya que cada centavo extra que obtenía su padre, lo dedicaba al tratamiento de aquella pequeña dolencia que no tenía cura.
Suspiró esperanzado. Esa oportunidad era única en su clase e irrepetible que por nada del mundo la dejaría pasar. Claro que iría a estudiar ahí y daría todo su esfuerzo para que haberlo reclutado no fuera un error; nada podía salir mal.
"Además no necesito nada más de lo que ya tengo" se dijo con inocente credulidad sin contar que a veces al destino le gusta tensar y torcer las cosas en su camino.
…≈~°°*°°£Ï3°°*°°~≈…
La primera y única vez que su corazón se aceleró por una persona y que sintió mariposas revolotear en la boca de su estómago, fue cuando vio a Lucius Malfoy en el gran comedor, su primer pensamiento nada más verle fue "Es tan guapo como un príncipe de un cuento".
Era tan encantador y gallardo con su postura altiva y su mirada gris viendo sobre el hombro a la mayoría de las personas, su largo cabello platinado a media espalda, su nariz respingada y perfecta, sus labios delgados y pálidos como un capullo de rosa.
Sintió como si algo tirara de él; envolviéndole, atrayéndole hacia él. Algo más fuerte y grande que no podía combatir. Algún sentido de pertenencia, deseo y sensaciones extrañas que no alcanzaba a comprender a su corta edad.
Escuchó la voz de Sirius, pero sus oídos y demás sentidos, estaban enfocados en solo una cosa; Lucius y su maravillosa presencia, tan cerca de él que casi podría temblar.
Con un gélido semblante le dio un codazo para apartarlo del camino diciendo "quítate, fea, estorbas" como si fuera cualquier cosa haciendo que un poco de su corazón se rompiera.
-Que bastardo- comentó Sirius sacándole la lengua al peliplata que se alejaba sin mirar atrás.
-Y que lo digas…-
No lo sabía en ese momento, pero las cosas entre ambos, no mejoraron con el paso del tiempo. Siempre que podía lo ofendida, lo ninguneaba, le daba un frío invernal su comportamiento.
¿Cómo podía sentir tantas cosas hermosas y dulces por alguien así? Pensaba que tal vez era un absurdo aquello que sintió como el destino, fuera solo algo unilateral producido por su imaginación.
…≈~°°*°°£Ï3°°*°°~≈…
Todo cuanto transcurría parecía estático e invariable, una repetitiva novela que iba entre diversión con sus amigos, estrés por ocultar sus ciclos de celo y su genero de omega, ansiedad post-exámenes finales, drama por su amor no correspondido, repitiéndose una y otra vez entre ciclo y ciclo que creyó que así seguiría hasta salir de la escuela.
Alejándose de todo para variar un poco su panorama, le gustaba recluirse en el salón de música, el único club que cerró por falta de estudiantes y que le daba su perfecto escondite de sus deberes; un buen momento para estar solo con sus pensamientos y el gran piano que le faltaba afinarse.
-¿Puedo acompañarte?- fueron sus claras palabras que musitó a su espalda. Lucius estaba ahí de pie sin sus fanáticos y seguidores que le hacían peregrinaje como si tratase de alguna deidad.
-Eres libre de hacer lo que quieras. El club dejó de estar en función desde el año pasado…-
-Lo sé- respondió caminando con lentitud hacia el otro extremo, repasando con sus finos dedos los instrumentos que Remus se encargaba de mantener limpios y en óptimas condiciones -yo estuve inscrito en el club de música...-
-Oh...- contestó sin dar crédito a lo que escuchaba. Fue la primera vez que cruzaron palabras dentro del ramo de lo cordial y eso descolocaba en más de un sentido a Remus. ¿Qué era lo que hacía ahí exactamente y porque? Jamás se lo preguntó directamente, ni esa vez, ni las siguientes en las que se encontraron en un coordinado mutismo.
Semana tras semana se convertían en mudas piezas que se desenvolvían con naturalidad en ese reducido espacio de música y paz.
Lucius tocaba el piano con una exquisita fluidez, que más de una vez Remus lo acompañó con el violonchelo, su instrumento favorito. Las horas transcurrían en mágicos destellos de arte que se materializaba como notas flotantes de aquella melodía sin nombre que día a día componían entre los dos.
Cuando menos lo esperó, el rubio tomó su mano en ese salón donde sólo se encontraban sin ninguna otra alma que con ojos curiosos los juzgaran.
No dijo nada y no hizo falta que lo hiciera, porque todo estaba escrito en sus bellos ojos de platino. Era malo con las palabras, rudo e hiriente cuando hablaba y sabía que de pronunciar alguna, se romería el hechizo.
Y aquella frase que se alzaba en la parte posterior de su mente, aquella pequeña que silenciaba la lógica y la autopreservación; alzó nuevamente la voz. Aquel alfa receloso y grosero, pedante y encantador, era suyo. Su alfa destinado y de nadie más. Le pertenecía con entereza y no solo lo sentía en su pecho, si no en sus entrañas.
Ese hilo rojo que los unía era tan claro como el agua que dolía poder verlo y no poder hacer algo en contra de él.
Se sumaron los días uno a uno. Breves roces, manos entrelazadas por debajo de la mesa donde escribían las pausas y sincopases de su pequeño dueto musical. Pequeñas caricias de su dedo pulgar o las yemas de su índice y anular formando círculos contiguos sobre su sensible piel. Mimos sin nombre, labios que se buscaban en la oscuridad de la tarde que muere sin piedad.
Nada pasó de aquellas breves muestras de afecto, que debían de ser suficiente para su frágil e inexperto corazón, pero que secretamente siempre ansió algo más y se quedó esperando por algo que no le podían dar.
Cuando Lucius salió de la escuela, una parte de su corazón quedó congelada mientras que la otra se fue con él. No dijo nada, casi nunca le dijo nada que le diera esperanza o que avivara la conexión que sintió desde el primer momento que lo vio.
"¿Por qué siquiera sigo pensando en él?" fue su pensamiento mientras secaba sus lágrimas al ver que aquello que siempre soñó jamás se haría realidad. Su pecho decía que era su alfa destinado entonces ¿Por qué seguía en esa ensoñación absurda?
Había días en los que pensó que el rubio también lo sintió como la electricidad que era, ese impulso de pertenecía y plenitud, como una sola alma que habita en dos cuerpos esperando encontrarse. El sentido y la existencia que muchos poetas frustrados comparten al mundo, ese amor inmortal que trasciende todas las fronteras y el tiempo.
"Pero parece que solo fui yo quien pensó eso…" era lo que se respondía en esos momentos de fragilidad donde nada más Sirius estaba para él sin importar nada.
…≈~°°*°°£Ï3°°*°°~≈…
Al ser mayor de edad y tener que valerse por sí mismo, le fue difícil encontrar algún trabajo que aceptara omegas. Tal parecía que nunca importaron sus brillantes calificaciones o su gran desempeño, su impecable buena conducta, lo mucho que se esforzara por ser el mejor; todos y cada uno de los lugares en los que se postuló, lo único que vieron en él fue su género. Rechazado en cada uno de ellos era un golpe duro para su persona y autoestima.
-Descuida Rems, si quieres puedo prestarte dinero, no es como si no nadara en el- Sirius chasqueó la lengua –ya que has decidido que no quieres que te mantenga in importar las veces que lo sugiera…-
-Sé que eres asquerosamente rico gracias a tus padres Siri, pero no necesito limosna- consideraba que ya había hecho más por él de lo que alguien más hubiera hecho en toda su vida. No solo le dio su amistad, sino que lo salvó de sí mismo cuando estuvo hasta el fondo y le permitió compartir su loft con la promesa de pagarle su parte en cuanto pudiera.
-Oye sabes que no me refería a eso…-
-Lo sé- Remus sonrió apenado por reaccionar así –sé que tu intensión es buena pero no quiero depender de ti... sé que suena tonto, pero cuanto más me dicen que lo único para lo que soy bueno es parir hijos de un alfa con dinero o prostituirme, hace que me den muchas ganas de cerrarles la boca y demostrarles de lo que soy capaz-
-¡Ese es mi Remsie!- le abrazó y el castaño dejó que lo envolviera su fuerte aroma. Cuanto le hubiera gustado poder amarle sin condición, si tan solo fuera su alfa, sabría que nunca en su vida le iba a faltar algo.
-Además ¿Qué no estaba saliendo con una linda omega que modela ropa interior? ¿no crees que se pondrá celosa si te oye decir algo así a otro omega?-
-Es ropa deportiva- hizo un gesto sugestivo -pero por ti, bebe, la mandaría a volar en un santiamén- bailoteó las cejas con ese deje de galantería que está seguro derretía corazones alrededor del mundo.
-Eres irremediable-
…≈~°°*°°£Ï3°°*°°~≈…
Tenía sus papeles en un arrugado folder, muy pegados al pecho con el corazón galopando veloz en su pecho. Sus ojos como la miel miraron detenidamente el enorme edificio que se alzaba imponente y distante con sus envejecidos tonos sepia. Docenas de personas entraban y salían por esas puertas con aire indiferente, cada uno sumido en sus propios pensamientos.
El ministerio fue su última opción, pero a situaciones extremas, medidas extremas. Necesitaba un empleo y lo conseguiría aunque tuviera que rogar; estaba desesperado. Cada mes que pasaba, mas perdido se sentía.
Deberle algo a alguien era intolerable para su persona, sus padres no habían criado a una sanguijuela aprovechada de las personas generosas y se sentía con un poco de suerte. Sabía que ese debía ser su momento.
Se dirigió con paso seguro al elevador aprovechándose que nadie le miraba, ya era una ganancia. Revisó una vez más que sus papeles estuvieran en orden e inspeccionó nervioso sus bolsillos.
-La llave de la casa, chocolate para después, recibo de la lavandería de Sirius y…- musitó apresurándose a revisar a profundidad. Estaba seguro que echó sus supresores, pero simplemente no podía encontrarlos –mierda…- musitó haciendo malabares sus cosas a la otra mano casi dejando caer su folder -mierda...-
Recordaba que Sirius se los dejó en su mesa por si acaso los necesitaba, pero no podía encontrarlos en ninguna parte. "No debería ser tan malo… siempre soy puntual con mi ciclo y aún faltan dos semanas..." se dijo esperanzado que no pasara ningún incidente.
-Detenga el elevador- escuchó una voz que por inercia le hizo obedecer. "Lucius…" pensó al instante al darse cuenta que su instinto fue el primero que lo reconoció. –gracias…- el individuo se quedó súbitamente blanco como el papel y Remus estuvo seguro que su propia expresión no era mejor. Se quedaron observándose intensamente por escasos segundo que parecieron horas.
Fueron 4 años en los que no se vieron; 4 años en los que planeó mandar al carajo sus sentimientos y el primitivo deseo que lo dominaba. Ese innombrable amor que lo embargaba e intoxicaba, eso que de permitir que saliera de sus labios, sellaría una condena ante los ojos de ese aristocrático rubio que lo miraba asustado de la misma forma que estaba seguro que él se veía.
"¿Pero porque sigue siendo una visión?" se preguntó asqueado. Lucía exactamente como el día que se graduó. Hermoso y radiante como el príncipe de sus sueños, engreído y altanero con su nariz levantada y su impecable cabello platinado peinado sin que ningún mechón estuviera fuera de lugar.
Sabía que estaba perdido si seguía pensando eso de él y cuanto deseó darse una bofetada para despertar. No quería seguir teniendo ese sentimiento golpeando su pecho como a un animal herido pero su cuerpo comenzaba a sentirse extrañamente caliente.
-¿Vas al piso 18?- preguntó como que no quiere la cosa, manteniendo su distancia en el otro extremo del diminuto elevador metálico.
-Aja… al área de empleo…- musitó sintiéndose tan cansado y alerta al mismo tiempo que no sabía cuál sensación predominaría. Había algo que estaba funcionando mal en sí mismo que sus rodillas se sacudieron.
-Vaya… no sabía que necesitabas trabajo… pensé que estabas con Black…- eso le sonó tan mal a sus oídos que tuvo que pararse firme.
-¿Qué diantres significa eso?- se plantó frente a él, deteniendo el elevador a medio camino –¿crees que necesito que me mantengan?-
-Yo supuse… la gente habla…-
-¿Y a ti que te importa? ¿Quién eres tú para decir lo que haga o no haga con mi vida?-
-Yo solo creí…-
-Pues creíste mal. Soy una persona, independientemente de lo que diga mi género, no soy un desvalido. Además tú no eres quien para hablar… escuché que te comprometiste con Narcisa Black. No que me importe- se apresuró a decir eso ultimo -Es tu vida, pero parece que alguien más tiene que planearla por ti para que la vivas, si es que a eso se le llama vivir…- temblaba de pies a cabeza y percibía como el calor se expandía por toda su cara.
-Tú no tienes ni idea de lo que estas hablando…-
-Ni tu tampoco…-un chispazo cruzó sus ojos grises, que le hizo retroceder –dios… ¿Tu? ¿Acaso? ¿Estás en celo?- respingó cubriendo su nariz con su mano. Su cuerpo temblaba de ira, coraje, desasosiego, desesperanza y excitación que apenas podía sostenerse en pie.
-No…- musitó sintiendo como subía su temperatura corporal y sus movimientos se tornaron erráticos y torpes. Respiró con dificultad. ¿Por qué se le ocurrió detener el ascensor en ese ridículo momento?
Lo escuchó gruñir por lo bajo y como su cuerpo firme chocó contra el suyo en una postura que de estar en sus cabales le resultaría absurdamente incomoda. Sus piernas entre la suyas, su pelvis friccionándose contra su muslo, sintiendo el calor de su cuerpo y su endurecida erección.
De alejar su cabeza, terminaría golpeándose contra la pared, pero no podía soportarlo, Lucius lo dominaba y sus feromonas se lo confinaban. Fuertes y confiadas con esa fragancia de salada vainilla que tan bien conoció en el colegio.
Su aliento chocó contra su nuca, erizándolo con un latigazo de placer y sus manos se apoderaron de sus nalgas. Las apretó con ansiedad y deseo que no pudo evitar gemir.
Su boca apresó la suya, hambrienta. Mordió y besó con brío cada centímetro. Bebía de él, su aliento y su ser, todo lo que habitaba en su alma lo dejó salir.
Siempre deseó ser tocado por esa persona de esa manera que embriaga el alma e incendia su corazón. Sin embargo una parte de él lo sabía muy en lo recóndito que no era el momento; no así. No debía de ser así porque no era amor. Era solo instinto y brutalidad. El salvajismo de su estirpe y las feromonas que el mismo estaba liberando a raudales.
Fue despojado de su ropa sin ser consciente de ello más de la noción de querer más intimidad, más de su poderío recorriendo su piel inflamando cada célula. Se clavó en su interior con fuerza, abriéndose paso en su tierna piel dándole forma, reclamándolo de esa forma que solo podía derretirse en sus brazos. Entró y saló en fuertes estocadas empapadas de gemidos y sudor.
Ninguno era dueño de sus acciones y el primitivo instinto llevaba las riendas de la puesta en escena. Piel con piel friccionandose hasta echar chispas, su enorme miembro adentrándose en lo más profundo como nadie jamás lo hizo. Música violenta y acelerada, desvarío y pasión in contenida tal como el tercer movimiento de la sonata para piano número 14 de Beethoven.
Su cara generalmente estoica y desdeñosa ahora era una oda al erotismo, una contorsión de éxtasis y pasión. Sus cabellos alborotados y su ropa desprolija con esa mirada oscura que lo miraban solo a él. Clavó sus dientes en su nuca y supo que el enlace estaba hecho después de tantos años. Ahí estaba de la forma menos esperada o deseada.
Sus manos se atenazaron en sus hombros y gruñó en su oído vaciándose en su interior. El cálido semen escurrió por sus muslos hasta sus pantorrillas y cerró los ojos sintiendo como la fuerza lo abandonaba.
Por breves instante vió la expresión asustada del rubio que volvía a sus cabales, antes de salir huyendo de ese ascensor que abrió con una descomunal fuerza.
Lo dejó ahí tumbado sobre la costosa gabardina que le pertenecía al rubio; abatido, con un fuerte dolor en sus caderas y la base de la nuca, confundido y con un gran deseo de desaparecer.
Notas Finales: Espero que les guste! Con suerte mañana o pasado mañana subo la siguiente parte (que aun no termino D:)
Les mando muchos besitos!
