Palabra: ajeno.
Los amantes y el mar
Cause out here in the darkness
And out of the light
If you get to me too late
Just know that I tried
Far From Home (The Raven), Sam Tinnesz
Llegar al Reino de Fuego por rutas indetectables les había costado. Izuku se había mantenido alejado del barco hasta el último momento, siguiéndolo a lo lejos. Le pesaba la soledad.
También le pesaban los ojos de Kacchan, que se clavaban en él como si quisieran destrozarlo y no se atrevieran.
Cuando llegaron a la costa, no tuvieron más remedio que detenerse. Kacchan hubiera deseado que bastara con ir y volver con agua del manantial, pero Izuku le dijo que esa clase de rituales funcionaban mejor en el manantial. Un gruñido. Una cara de enojo. Un «¿y cómo carajos planeas que te llevemos hasta allá?». Un silencio. Izuku acaba explicando que al manantial del archipiélago llegan a través de cuevas porque van a purificar sus escamas al cada dos o tres años en un ritual. Asume que quizá aquel manantial también los tenga, pero no tienen tiempo de buscarlos. Ha visto la cicatriz aumentar de tamaño en el pecho de Kacchan. Está a punto de invadir su cuello. No tiene demasiado tiempo para actuar.
«Mientras haya agua…», es la respuesta.
No quiere que lo lleven en una red.
Kacchan bufa. Grita un poco. Al final Izuku acaba en algo que parece una tina que cargan entre Sero, Kaminari y Eijiro. Se decide porque Kacchan dice que le confiaría su vida a Sero y al dragón. Y el rayo consigue un lugar en la comitiva después de guiñarle un ojo a Kirishima.
Además de eso, los acompaña un tipo todo vestido de negro, con una espada que cuelga a su espalda, cruzada y cara de no querer estar vivo. No deja de mirar a Izuku con curiosidad, pero no comenta nada. Izuku incluso escucha a Kacchan decirle: «si alguien se entera que nos acompaña alguien como él, me aseguraré de que no vuelvas a agarrar una espada en tu vida». El tipo bufa, le dirige una mirada amenazante a Kacchan, pero no dice nada. No hace ni un comentario más y tampoco se acerca a Izuku.
La comitiva la cierra Jirou porque es silenciosa cuando hay que atacar y puede oír hasta el más mínimo ruido con esas orejas medio puntiagudas que tiene —Izuku asume que tiene que descender de los orgullosos elfos, ya extintos, que habitaron el sur de los trece reinos antes que los humanos, según dicen las historias—. «Y nadie más», dice Kacchan. No quiere que llamen la atención. Después de todo, se están internando en los bosques del Reino de Fuego.
Caminan varios días. Izuku les ruega que se detengan cada que pasan cerca de un río. Apenas si tiene espacio para moverse en la tina que cargan y la mayor parte del tiempo su aleta va por fuera. Se reseca.
Jirou es quien le hace compañía casi todo el tiempo, cuando se detienen.
—Recuerdo que cantabas bien —le dice.
—Es mi magia. —Izuku le sonríe.
Hay una fogata encendida un poco más lejos. Katsuki está hablando de algo con Eijiro. Seri y Kaminari están preparando algo para cenar, Izuku a alcanza a ver una liebre que cazaron más temprano. El desconocido vestido de negro ya está durmiendo.
—¿Te sabes canciones de piratas? —pregunta Jirou.
—No realmente —dice Izuku—. Sólo una. Kacchan me la enseñó. —«Para oírla con mi voz»—. No sé su nombre.
Está casi seguro que no es «Errantes», como le puso Tsuyu.
—¿Cómo va? —pregunta Jirou.
—No sé sí…
—Vamos, quiero cantar algo —dice ella—. Oí tu voz ese día. Cuando nos salvaste de quienes atacaban. Del tipo de las manos y… —Suspira—. Por favor. Extraño el mar.
Izuku suspira. Y empieza con la canción.
Jirou lo interrumpe antes de que termine el primer verso.
—¡Oh, la conozco! —dice—. «Los amantes y el mar» —le aclara—. Así se llama.
—Una amiga dijo que «Errantes» era buen título —dice Izuku.
Y entonces, Jirou empieza a cantar. Izuku duda un momento, pero une su voz a la canción. Al principio no lo nota, pero después de la mitad de la canción, es imposible ignorar los ojos clavados de Kacchan en él.
Están dolidos.
«Soy como ella, ¿sabes?»
Le parece que todavía puede oír su voz como el día que le cantó la canción, sólo para que él la oyera. En ese entonces, sus ojos se abrieron con sorpresa y perdió la respiración al oírlo. En ese entonces. Ahora sólo lo ve con unos ojos que no pueden esconder el dolor que se esconde bajo ellos.
La mujer de la canción le entrega su vida al mar —como hacen los piratas— con tal de encontrar a su amante.
«Voy a encontrar la manera de estar contigo siempre, cueste lo que cueste, no importa. No estaré esperando en la orilla».
Cuando acaba la canción, tiene ganas de llorar.
Evita mirar a Kacchan.
Jirou suspira.
—Mañana llegaremos al manantial —dice—. No está muy lejos de aquí. Vamos con cuidado porque hay una fortaleza de los Todoroki cerca —explica—. Usualmente no hay más que una docena de soldados, porque está en lo profundo del bosque y nadie lo ataca, pero a veces pasan temporadas aquí.
Izuku asiente.
Ojalá se hubiera detenido cerca de un río, entonces no estaría confinado a esa tina en la que está.
Jirou se pone en pie y se acerca a la fogata donde se asa la liebre. Izuku se queda solo hasta que Kacchan, finalmente, se acerca hasta Izuku.
—Todavía te la sabes.
—Sí.
El silencio se alarga de nuevo. Un suspiro.
—La cantas bien.
Izuku no sabe que decir. Desvía la mirada.
—¿Todavía eres como ella? —pregunta, finalmente. Sabe que es un error al ver la mirada de Katsuki.
El pirata se da la vuelta. Vuelva a caminar en dirección a la fogata. Izuku apenas si alcanza a oír la respuesta.
—Podría haberlo sido.
Jirou vuelve al cabo de un rato. La acompaña Sero. Están hablando de algo que Izuku no entiende. Antiguas batallas y asaltos. De repente se tensa.
—¡Capitán! —alcanza a gritar.
Kacchan alza la mirada justo cuando una flecha se le clava en la pierna. Cae de rodillas.
—¡¿Qué demonios?!
Los atacantes salen de entre los árboles. Los superan en número y los tienen rodeados. Aún así Izuku ve a todos sacar sus armas. Kacchan alcanza a disparar un tiro antes de que alguien derribe a Kirishima.
—¡Eijiro!
No puede hacer nada. Sólo verlos.
Los ve caer uno a uno. Primero Eijiro y luego el rayo. Al primero lo cubren de cadenas, Izuku supone que es para que no se transforme cuando lo ve debatirse entre ellas. Después el caballero errante —aunque mercenario sería mejor palabra, se dice— del que no conoce el nombre. Luego Kacchan, a quien le quitan todas las armas y sujetan entre dos soldados.
Sólo quedan Jirou y Sero, que intentan, desesperadamente, defenderlo a él.
Se siente inútil. Si hubiera sentido la emboscada, podría haber hecho un hechizo de protección. Pero todo es tan rápido que no puede ni pensar.
Un hombre alto, pelirrojo y con barba sale de entre las sombras. Lleva agarrado por el cuello a uno de los trolls protectores del bosque.
—Katsuki Bakugo —dice—. No sabía que estabas en mi territorio. Pero mis hombres encontraron a esta criatura… —aprieta más el cuello del pobre troll. Luego se dirige a él—. Koda, ¿verdad? —La criatura asiente—. ¿A ellos son a los que viste?
Parece estar petrificado de miedo, pero asiente.
Si dice algo, Izuku no lo oye.
—Y no sabía que ahora tenías a… alguien con cola entre los tuyos. Tus hombres parecen dispuestos a caer defendiendo a esa criatura.
—¡Izuku! —grita Katsuki.
Está lejos.
—¡Sé que sabes sacarlos de aquí!
Sí, claro. Hay un hechizo, se dice Izuku. Sólo funciona con perímetros muy pequeños. Kacchan está demasiado lejos.
Sólo Jirou y Sero están lo suficientemente cerca.
—¡Sácalos de aquí!
—Kacchan… —murmura.
Lo sujetan entre dos soldados. Está herido. Le sangra una pierna. Izuku cierra los ojos. Sólo Jirou y Sero están lo suficientemente cerca de él, se repite. Los soldados del hombre pelirrojo se acercan cada vez más.
Kacchan vuelve a gritar.
—¡Llévatelos! ¡Nos encontraremos!
Izuku empieza a cantar.
El hechizo no transporta distancias largas. Con suerte, con acercará un poco más al manantial y los alejará de los soldados.
Lo último que oye, antes de desaparecer, es la voz de Kacchan.
—¡Púdrete, Todoroki!
Palabras: 1392.
1) Y pues bienvenidos los Todoroki. Tienen un papel en este descenlace. Próximamente aparecerá Shouto, que aquí no sale (junto a Momo, espero). Aquí, por lo mientras, quise resaltar un poco a Jirou, recordar la canción que Kacchan le pide a Izuku, sacar a Koda aunque sea de refilón (tengo una pequeña idea para él más adelante, veremos si fluye) y hacer el segundo shit hits the fan. Se encontrarán pronto, no se preocupen. Todo este fic se ha tratado de meter cantidades industriales de información en capítulos cortos y lo que sigue no es la excepción porque high fantasy shit.
2) Ajeno es porque Izuku es ajeno a la tierra firme y, bueno…, es muy obvio que tiene que sobrevivir a este viaje. No más comentarios.
Andrea Poulain
