"Déjame en paz"
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—Me niego— Declaró sin arrepentirse de ello. Los ojos sorprendidos de Naoki fueron captados por ella.
—Q-qué?—
—¡No soy tu juguete para que lo manipules a tu antojo!— Refutó ella, cruzándose de brazos. —¡No vuelves a jugar conmigo, Irie-kun!— Alzó el mentón, frunciendo las cejas.
—Kotoko, deja de fingir— La regañó, cogiéndola de la muñeca con su mano en una sacudida. —Yo sé muy bien que me amas—
Por qué siempre me tiene que molestar?
Cuál es su afán de hacerlo?
—¡Déjame en paz!— Alzó la voz, soltándose de su agarre; su enrojecido rostro ardía del enojo. —Siempre te burlas de mi, pero esta vez no— Lo señaló dando pequeños pasos atrás en defensa suya. —No es justo lo que haces conmigo desde que nos conocemos, y sabes una cosa? Yo nunca debí de haberte dado esa carta!—
—Kotoko— Se petrificó con los ojos saltones.
—Yo ya sé muy quién eres tú— Lo refirió llevada por la emoción, por toda la humillación anterior. —Y no quiero que siga sucediendo mientras viva—
—Insinúas que puedes estar perfectamente bien sin mi?— Interrogó.
—Por supuesto— Respondió ella.
—Deja de mentir, Kotoko— La regañó Naoki, su rostro expresando una mezcla de enojo y tristeza. —Siempre has sido una pésima mentirosa, ni siquiera crees tus propias mentiras—
Kotoko hizo una mueca de indignada, retrocediendo unos dos pasos de él, cansada de lidiar con él de esa manera, luego de tanto esfuerzo por dejarlo de lado, él perduraba con esa actitud orgullosa y egoísta de su parte, misma que ahora aborrecía presenciar.
Antes quizá, le hubiera perdonado por esa actitud, sin embargo, cada uno le toca vivir con su merecido, y eso lo estaba pagando Naoki por todos sus cometidos.
Todo lo que das se te termina regresando.
Y por supuesto, ella no mentía cuando le decía que podia estar sin él, porque ya lo había probado al vivir dos meses en compañía de Kazuki en su restaurante y al subir su promedio por su propia cuenta. Claro que podia, era cuestión de dedicarle mucho tiempo a sus estudios y proponérselo por ella misma y no para nadie más, pues esos logros eran suyos y sólo suyos; además, el apoyo de Keita para con ella, le daba mucha seguridad y le reconfortaban sus palabras sinceras llenas de calidez y gentileza.
Naoki en ningún momento le dijo ese tipo de palabras, ni una sola vez.
—No son mentiras— Aclaró decidida. —Puede que haya mentido en el pasado, pero no miento al decirte que puedo estar sin ti, Irie-kun— Inspiró, soltando:—¡Puedo estar sin ti!— Sentía su rostro arderle en llamas, cuán ventiscas flamantes de calor de verano aterrizarle sobre sus mejillas y sus ojos de color avellana.
—Yo no— Repuso Naoki, anonadado.
—Entonces, aprende— Masculló Kotoko, dándose la media vuelta y retirándose a la cafetería con la cabeza en alto. —Adiós, Irie-kun, nos vemos después— Dijo como toda una reina.
—¡Espera!— Ordenó Naoki, viéndose en desventaja, pero Kotoko ya se estaba terminando de marchar de su cercanía.
No suponía tener la suficiente paciencia la próxima vez en que se volvieran a ver, probablemente sea mañana, se recordó con disgusto; sacudió rápido la cabeza y luego los hombros, abochornada de tener que mostrarse fuerte, aunque estuviera muy cansada de los estudios.
Por lo pronto, ella ya había aprendido a estar sola, en el sentido de independencia, es decir, aprendió a desligarse aquello que la tenía atada de manos y lamentablemente, también, atada de cabeza y pensamientos propios.
Kotoko se había percatado de que tener pensamientos propios no era nocivo para su estado mental, puesto a que la ayudaban a reflexionar en torno a las cuestiones elementales que conllevaban a centrarse en sus principales prioridades, que eran: Ser buena estudiante, olvidarse de Naoki, y conocer otros lugares del mundo.
Eran prioridades complejas, nada sencillas de lograr, mas que si acertaba en discernir y diferir en cuanto a tiempo para cada una de sus metas. Al menos hasta el tiempo presente, ella había logrado aumentar su promedio escolar y tanto ella como sus amigas y su padre estaban orgullosos de ella.
Sus metas, por fortuna, no habían cambiado de ser certeras, o una mezcla de incertidumbres disfrazadas de una mala racha, sino se guiaban por un buen trasfondo y no se detenían por las demás fuerzas ajenas a detenerse.
Kotoko estaba por fin logrando que la dejaran en paz.
Le alegraba cuando entraba a la cafetería por la noche y ser recibida por el olor decantante de café que le agradaba, y luego de ser bienvenida por las sonrisas bienhechoras de Keita, quien siempre le provocaba una sensación en el estómago de revoloteo de varias mariposas amontonándose en ese pequeño espacio.
No sabía distinguir esa sensación que se le avecinaba cada vez que sus ojos se fijaban en las sonrisas de Keita, ese instante le resultaba muy extraño de discernirlo entre sus memorias, y el solo hecho de verlo, como esa noche en que el cansancio cobraba su factura, lo recibió con gran entusiasmo.
—Bienvenida, Kotoko— La saludó Keita, esbozándole una sonrisa cortés, pero sincera.
Ella asintió, esforzando por regresar la sonrisa.
—Hola, Keita—
Éste enarcó una ceja, preocupándose enseguida por su aspecto agotagado.
—Tuviste un día pesado?—La cuestionó, dando un paso hacia ella, la cual asintió, dirigiéndose al asiento de la barra de la cafetería, dejándose caer en la silla, rendida. —Te ofrezco una taza de café o quieres un té?— Ofreció respetuoso.
—Té, por favor, Keita— Dijo Kotoko, tendiéndole una mirada de agradecimiento.
—Enseguida te la traigo— Se fue para la cocina.
En esos momentos el estrés y la tension que sintió al haberse visto obligada a lidiar con Naoki se fueron disipando poco a poco de su sistema, en cierta forma, sabía que se volverían a encontrar, porque la vida era así: a veces cruel, a veces gentil.
Kotoko no lo vio como una desdicha, o una desfachatez por parte de lo que conspiraba en su contra, sino pues, el ver las situaciones como muestras de oportunidad, conllevaba a un gran esfuerzo en el aspecto de no dejarse ningunear por las malas rachas que acarreaba el universo. A fin de cuentas, ella sufrió por amor durante seis años, no le extrañaba que se le complicaran las cosas ni un poquito.
Si todos cambiaban, por qué ella no?
Y cambiar, no estuvo tan mal, después de todo, al contrario, fue una bendición para Kotoko, el hecho de haber decidido cambiar sus formas de vida, para unas de mejor calidad emocional.
Además, sufrir por amor, estaba lejos de ser una realidad benefactora para ella; aunque ella sí seguía creyendo en el amor, pues ese era de sus principales motores desde la niñez, estaba consciente de que arrastrarse como un gusano para obtener la atención de un hombre no era, en sí, amor, sino una obsesión enfermiza.
—Aquí tienes— La taza de té humeante apareciendo frente a sus ojos, la sacaron de sus cavilaciones.
—Ah, gracias— Dijo recuperándose.
—Estabas muy pensativa— Comentó Keita, atreviéndose a tomar asiento junto a ella, colocando la charola de mesero en la barra. —Perdona si te interrumpí—
—Qué? No lo hiciste— Repuso, girándose a verle, sin prestarle atención a la taza de té. —Este, bueno, yo no estaba pensando mucho— Por qué estoy tan nerviosa? Pensó, en efecto, nerviosa y sonrojándose por el hecho de pensarlo.
—Quieres contarme?— Sugirió gentil, reposando su antebrazo sobre la barra. —Tal vez si platicas con un amigo, te sientas mejor—
Le dio la impresión de que no se hallaba contenta con la mención de "amigo", curiosamente, se decepcionó con esa etiqueta que Keita se impuso. Desconocía ciertamente de dónde provinieron esos deseos tortuosos, fluyendo en su mente, pero eran deseos reales, es decir, algo que estaba sucediendo en su cabeza sin ser muestras banales que afloraban sin razón de ser.
—O quizás no— Agregó al ver que ella no respondía.
—Lo siento, Keita!— Se excusó ella, avergonzada. —No eran cuestiones que tenía intención de ocultar, es solo que estaba reflexionando sobre eso y— Se ruborizó, bajando la mirada.
—Ah ya veo— Dijo Keita, acomodándose en la silla. —Entonces, me podrás decir o mejor te lo guardas para ti misma hasta que encuentres una solución?—
Solución? Es que acaso existía una solución? Sí la había, pero cuál era exactamente esa solución que tanto perduraba en su cabeza y no la sacaba a relucir? Era caso que ella estaba apenas meditándola que le causaba un conflicto interno el simple hecho de hablarla en voz alta? Probablemente sean así como ella pensaba que eran las cosas.
No sabía porqué o cómo es que ella conocía una solución, pero mientras tanto, no se la revelaría a nadie hasta haberla ordenado de manera clara en su mente.
—La pensaré primero por mi cuenta— Aclaró ella, tomando la taza aun humeante de té y bebió un gran sorbo, sintiendo el líquido caliente suavizar su garganta lentamente.
—Entiendo— Aseguró Keita, viéndola de reojo. —Tómate todo el tiempo que necesitas para pensar en todo lo que te tiene angustiada— Le esbozó una sonrisa de lado, reconfortante. —Eso es parte del crecimiento que has tenido estos dos meses y espero que siga siendo positivo para ti, Kotoko—
Esto le agradó a Kotoko, quien minutos atrás estaba decepcionada porque él se etiquetó como "amigo" suyo, cuando ella no lo veía exactamente como un amigo.
Sin anticiparlo mejor, ella desconocía con qué ojos lo observaba a partir de ahora.
Se ruborizada de dudarlo a escondidas, por ser algo tan ajeno y nuevo para ella.
Aunque por fortuna, se había olvidado de lo sucedido con Naoki, y eso implicaba un cambio positivo para su persona.
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P.D. Nuevo capítulo de esta historia, esperando que sea de su agrado.
