—Me gustas, por favor sal conmigo —dijo Yuuri inclinadose con las mejillas al rojo vivo.
Un chico pelinegro se sonrojo de igual forma para luego reír en voz baja.
—No necesitas ser tan formal Yuuri—dijo aquel joven acercándose hasta un tembloroso chico con lentes.
—Esto... yo...
—Lo siento, pero no puedo salir contigo —sonrió apenado el chico haciéndolo levantar la vista.
Los ojos cobrizo de Yuuri se oscurecieron un poco, pese a que ya sabía la respuesta muy dentro de su corazón había esperado tener aunque fuera una pequeña oportunidad. Tanta preparación mental había servido de nada.
—Si, Kato.
Kato le sonrió antes de inclinarse para acercarse a él.
—Esto no cambiara el hecho de que seguimos siendo amigos —comento con a una leve sonrisa, Yuuri pudo ver un poco de culpa—. ¿Quieres que regresemos juntos? —pregunto ladeando un poco la cabeza.
Yuuri asintió levemente. No se sentía con la fuerza de poder hablar sin romper en llanto.
—Bien, andando.
¿De verdad esta bien que sigamos hablando?
Tener quince años no era una edad fácil, Yuuri perfectamente lo sabía, había estado de forma casi desesperada intentando que le gustara una chica pero tras besar a una de ellas, se dio cuenta de que efectivamente no le gustaban las mujeres.
Y peor aún, había terminado enamorado de su mejor amigo.
Lo que lo llevaba a pensar el motivo del porque este aún seguía comportándose como si nunca nada hubiera pasado.
Probablemente lo hace para no sentirse incomodo
—Buenos días Yuuri —saludo Kato llegando al salón, logrando sobresaltar un poco a Yuuri, el cual no esperaba ser saludado como siempre—, no me veas cómo si fuera una aparición —rió Kato tras ver su expresión—, que gustes de mi me hace sentir honrado —comento en voz baja para luego tomar asiento.
—¿No te molesta que sigamos siendo amigos? —se aventuro a preguntar en un murmullo.
—¿Por qué habría de ser así? —dijo confundido—. Sigues siendo el mismo chico que conocí hace tres años, no es como si te hubiera crecido una segunda cabeza —se encogió de hombros al decirlo—, pero he de decir que es raro no haberme dado cuenta que te gustaban los hombres —dijo el chico de ojos miel—. Me siento un mal amigo
—Lo siento —dijo Yuuri sin estar muy seguro del porque se disculpaba.
—No te disculpes, jamás lo hagas, solo amas de una manera diferente, y lamento mucho no poderte corresponder —dijo apenado.
Yuuri le vio de reojo y por primera vez sonrió un poco.
—Te lo agradezco.
—Por nada.
En ese momento entro el maestro y todos comenzaron a tomar asiento, Yuuri vio de reojo a Kato sacar sus cosas. Aún tras hablar con él seguía pareciendo le muy extraño el hecho de que no le diera asco o repulsión. Sin embargo, sabía que Kato podía llegar a ser una persona demasiado amable, por lo que estaba agradecido de que aún en esas circunstancias el mantuviera su misma personalidad.
El resto del día paso como si fuera cualquier otro, como si nada hubiera pasado.
Y para Yuuri eso fue lo mejor. Si solamente sus sentimientos quedaban en el olvido entonces no podría salir lastimado.
Esperaba con ansias que así fuera.
—Yuuri, unos amigos y yo iremos al karaoke más tarde, ¿vienes?
—No se me da muy bien cantar... —dijo como excusa.
—¿Seguro? Muchos tampoco cantamos muy bien que digamos —rió por lo bajo—, aquí entre nos, yo canto horrible.
Yuuri soltó una leve risa mientras terminaba de guardar sus cosas.
—Seguro.
—Bien, entonces nos vemos el lunes Yuuri —dijo para despedirse e irse con los chicos que le esperaban en la entrada.
Yuuri miro hacia aquel lugar solo por una fracción de segundo, verlos a todos ellos juntos le hizo pensar en algo que no había meditado antes.
Aún si a Kato le había valido un rábano, no quería decir que los demás fueran a pensar igual. No porque una persona fue amable los demás actuaran de la misma manera.
Él lo sabía y por ello agradecía que Kato no lo hubiera dicho o comentado en ningún momento, pues si alguien mas se enteraba la situación podría salirse muy rápido de control.
Y ese era uno de los temores más grandes que tenía.
Que alguien más se enterara.
—¡Yuuri! —el aludido se detuvo en seco al ver como Kato corría hacia él.
—¡Kato! —llamo con una sonrisa que inmediatamente se borro al ver la expresión sombría de Kato—, ¿porque no viniste ayer? —pregunto tratando de ignorar el vació que comenzaba a crecer en su estomago.
—Digamos que me intoxique un poco —comento desviando la vista—, Yuuri tengo que decirte algo, no sabes cuánto lo siento —soltó de pronto tomándolo de las manos.
Yuuri de pronto sintió como aquel pequeño agujero se comenzaba a expandir hasta hacer temblar un poco todo su pequeño mundo. Algo muy grave debió de haber ocurrido como para que Kato se estuviera disculpando de esa manera.
—¿Qué ocurrió? —pregunto con voz temblorosa.
—Tome mucho, demasiado e hice y dije cosas que no debí de haber hecho—comento mirándolo lleno de culpa.
—¿Qué hiciste Kato? —pregunto ahora asustado.
—Por accidente les dije a los chicos que... —comenzó a negar con la cabeza mientras sus mejillas se coloreaban un poco—, que te gustaban los hombres... ¡Pero fue un accidente! —dijo en un intento desesperado por calmar a Yuuri—. Les pedí que no comentaran eso a nadie y ellos lo aceptaron, quería que lo supieras antes de que alguien más te lo dijera.
Yuuri negó con la cabeza. Eso era algo que no quería que cualquiera supiera.
Y menos si se trataba de sus compañeros de clase. Kato no los conocía como él.
Su mejor amigo no había pasado la infancia con esa bola de infelices.
—Fue un accidente... —musito aún sin creerlo.
—De verdad lo siento...
Yuuri asintió con la cabeza apretándole levemente las manos a Kato.
Lo había intentado, de verdad que lo había hecho, sin embargo a esas alturas ya era imposible el pasarlo por alto.
La actitud de sus compañeros había cambiado de la noche a la mañana, como si de una epidemia se tratara. Todos sus compañeros eran distantes fríos e inclusive hubo algunas ocasiones en que le ignoraron por completo cuando les dirigió la palabra.
Kato parecía darse cuenta pero siempre decía que no lo hacían con mala intención. Yuuri entendía porque lo decía, Kato no quería creer que sus amigos fueran tan cerrados. Ni siquiera Yuuri lo creía... pero no podía esperar mucho en un país como Japón donde la homofobia puede ser un plato de cada día.
—¿Es cierto? —pregunto de pronto un chico sacando de onda a Yuuri.
Todos sus pensamientos chocaron por un segundo quitando le el habla por unos instantes. Miro al chico moreno y en su rostro miro curiosidad.
—¿El que?—pregunto sin entender.
—¿Qué te gustan todos los hombres? —dijo con una sonrisa.
Yuuri se quedó hecho piedra tras oírle, seguido de el, sus compañeros comenzaron a murmurar y casi pudo sentir como si una línea se dibujara entre ellos y él.
—¿Te importa? —intervino Kato con el ceño fruncido, sobresaltando al chico que acaba de preguntar.
—No, bueno...
—No lo molestes Jean, te lo advierto—dijo Kato irritado.
Por su parte Yuuri simplemente concentro su atención en su libro de cálculo.
Había pasado, solo dos semanas después de que Kato les dijera se habían atrevido a preguntar y si lo hizo uno muchos más lo harían. No se detendrían, ya no lo harían.
Lo sabía, las cosas ya nunca volverían a ser como antes.
Esa no fue ni la primera ni la última vez que se lo preguntaron, y en cada ocasión Kato siempre intervino. Sabía que era culpa suya y por ello él siempre trataba de defenderle, pero él no podía estar siempre con Yuuri.
Ambos lo sabían y sin embargo trataba de intentarlo.
Pero ni siquiera ellos tendrían contemplado el evento que ocurrió después.
—Yuuri, a mi papá le ofrecieron un trabajo en la prefectura de shunyuku. Y lo acepto, me cambiaré de escuela dentro de un mes —dijo de pronto Kato cabizbajo—, no quiero dejarte con el problema que yo ocasione.
Yuuri bajo su botella de agua y respiro profundo.
Esa no era una buena noticia la viera por donde la viera.
—Estaré bien, no te preocupes.
—Es imposible para mi no estarlo, eres mi mejor amigo y yo fui quien hizo todo este embrollo... ¿como esperas que me vaya así como así sin preocuparme? —dijo irritado frunciendo cada vez más el ceño.
Yuuri sonrió levemente.
—Estaré bien. Te lo prometo, Kato.
Kato asintió con la cabeza. De alguna manera sabía que lo que decía su amigo era mentira.
Intercambiaron unas cuantas palabras más, antes de despedirse. Y mientras Yuuri se iba solo hacia su casa lo único que podía pensar era en la tormenta que se avecinaba.
Ahora solo tendría paz por un mes...
Solo por un mes.
Una semana después de que Kato se marchara, todo lo que parecía haberse calmado y mantenido bajo control, exploto de golpe.
Empezó el acoso, los empujones, las burlas, las cartas amenazantes, el extravió de sus cosas, comenzaron a romper sus objetos e inclusive a seguirlo gritándole obscenidades.
Yuuri sentía como su animo estaba cada vez más por los suelos cuando un día las cosas llegaron demasiado lejos.
Aquel día en particular había estado lloviendo y el piso estaba resbaladizo. Sin embargo, Yuuri seguía amando los días nublados. Caminaba por el patio de su escuela rumbo a la salida cuando escucho pasos detrás de él notando como sus verdugos entre risas y empujones le venían siguiendo.
Yuuri apretó el paso y en cuanto salio de la escuela cerro el paraguas para segundos después comenzar a correr. Escuchando a sus compañeros detrás de él.
No esta pasando... no esta pasando...
Duraron corriendo unos minutos bajo la lluvia antes de que Yuuri resbalara y cayera estrepitosamente de bruces, sus lentes salieron volando y todas sus pertenencias se regaron por el suelo, mojándose.
—¿Que paso cerdito? —rió uno de sus compañeros antes de patear a Yuuri cuando intentaba incorporarse.
—¿Qué haces? —grito Yuuri tanteando el piso de forma desesperada, fracasando en su intento por encontrar sus lentes.
—Patearte, puerco, ¿no es obvio?
Yuuri apretó los labios mientras gateaba tratando de alejarse de ellos. Intento que fue frustrado cuando lo tomaron de los pies volteándolo de modo que su espalda termino contra el lodo.
—¡Suéltame! —grito pateando.
La desesperación comenzaba a asustarlo y aterrarlo.
—Entonces puerco, ¿es cierto?
—¿Qué? —grito con la voz rota.
—¿Eres gay?
Yuuri comenzó a llorar sin poder soportarlo más. Ya estaba harto.
Él no había escogido nada de eso, simplemente se había enamorado de una persona igual a él, ¿era eso tan grave? ¿tan grave que merecía el trato que estaba recibiendo?
—S-si... —dijo con la voz inentendible—, si... pero por favor... paren ya... paren por favor...
El chico le soltó para luego escupirle en la cara.
—¡Eres gay! ¡Que asco!
Yuuri se quedo de piedra mientras los escuchaba alejarse. Siguió llorando en silencio mientras se limpiaba la cara y medio intentaba levantar sus pertenencias. Todo su cuerpo temblaba y en realidad no podía ver bien. La ira y frustración comenzaron a llenar por completo su cuerpo, nublando su mente y su juicio.
¿Por qué? ¿Por qué? ¿POR QUÉ? ¿POR QUÉ? ¿POR QUÉ?
Pronto un llanto lastimero salio de su garganta, se hizo un ovillo en el suelo, aferrando sus pertenencias con fuerza, de un momento a otro comenzó a gritar a todo pulmón. Ya no podía soportarlo más. Había alcanzado su limite.
Ni un segundo más podría soportar aquella pesadilla.
Cuando despertó, la habitación blanca le cegó por un instante. La enfermera al verlo despierto llamo de inmediato a un doctor.
Yuuri por su parte seguía mareado y tratando de recordar que había pasado. Imagines inconexas ascendían a su mente pero eso solo lograba confundirlo más.
—¿Yuuri? —pregunto el medico tras entrar.
—¿S-si...?
—Tuviste mucha suerte esta vez hijo, deberás de agradecerle a tu hermana más tarde —dijo con una leve sonrisa revisando unos papeles que tenía en las manos.
De pronto, recordó exactamente el motivo del porque había terminado en aquel lugar.
Había intentado suicidarse.
—Mary... —musito cayendo en cuenta de que ella había sido la responsable de que su plan fracasara.
—Yuuri, te evaluaremos psicologicamente y determinaremos que es lo que te pasa, ¿tienes problemas en la escuela o algo similar? —pregunto el medico anotando en una hoja aparte.
Pero Yuuri no quiso contestar, en ese momento estaba molesto con su hermana, sin embargo no podía culparla, inclusive él la hubiera rescatado de haberla visto cortarse las venas o intentando tirarse de un edificio. Eso eran cosas que no podían evitarse, pero debió de haber sido más cuidadoso ahora lo sabía.
Ignoro la mayor parte del tiempo y justo cuando creía que iba a tener paz cuando aquel extraño hombre se marcho, entro su familia logrando darle un sabor amargo cuando miro la preocupación en sus rostros cansados. Por lo que le habían dicho había terminado en un coma de dos días.
—Yuuri... —musito Mary con los ojos acuosos.
—No debiste hacerlo —gruño con voz rasposa—, ¿por qué carajos me salvaste?
—Mi amor, ¿por qué lo hiciste? —dijo su madre ya llorando, aferrada a su esposo.
Los ojos de Yuuri vieron a su familia, tan devastada por un intento de suicidio. Sin embargo, sabía que si les decía la verdad, el motivo del por que intento acabar con su vida, entonces ya no estarían tan tristes, probablemente inclusive molestos.
—¿De verdad quieres saberlo? —dijo con voz temblorosa. Sus manos aferraron las sabanas blancas de la cama. Sintiendo el latir de su corazón cada vez más fuerte.
—Yuuri, somos tu familia, sabes que puedes contar con nosotros para cualquier cosa —dijo Toshiya.
—Soy gay —soltó de golpe haciendo respigar a los tres—, me han hostigado por semanas por culpa de eso, me han llevado hasta mi limite emocional como no tienen una idea, ya no quiero esto... de verdad... no quiero... n-no quiero... se-er esto... —con cada palabra que decía su voz se rompía más, las miradas que le dedicaba su familia era exactamente como le había visto Kato cuando se le declaro, y eso era algo que no deseaba revivir.
—Sigues siendo mi hijo —dijo Toshiya avanzando hasta él después de unos instantes.
Yuuri le vio sorprendido, sin poder creer que su padre hubiera dicho eso.
—Aun si te gustan los hombres o las mujeres, nada quitara el hecho de que eres mi hijo —Toshiya se sentó en el borde de la cama tomando la mano derecha de Yuuri—, debiste de habernos dicho, Yuuri.
—Esta bien que quieras guardarte las cosas Yuuri, pero nosotros seguimos siendo tu familia —dijo Hiroko, posicionándose a un costado de la cama con una sonrisa calmada.
Mary se sentó del otro lado de la cama y abrazo a Yuuri.
—No vuelvas a preocuparnos así —musito esta con la voz partida.
Yuuri, sin poder soportarlo más, comenzó a llorar en los brazos de su hermana sintiendo el cálido tacto de su padre y la caricia de su madre en la cabeza. Después de tanto tiempo guardándose todo para él, le había resultado casi imposible el pensar que su familia lo aceptaría sin más y aún así, ahí estaban, abrazándolo y diciéndole que todo estaría bien.
Estaré bien... si ellos aún están para mí... entonces todo estará bien...
