Capítulo XVIII


Dae arribó al lugar muggle con un equipo de limpieza. En éste ya lo esperaban las autoridades que sabían de los yōmas y las Claymore.

El hombre optó por ser tan discreto como el equipo y se coló entre los curiosos. Hasta llegar con el que dirigía la investigación.

—Tengo que hablar con usted.

El hombre de traje lo vio y frunció el ceño.

—No puede estar aquí. Quédese detrás de la cinta.

Dae gruñó fastidiado y acotó:

—Vengo con el servicio de limpieza.

El hombre comprendió y si bien le extrañó, dijo:

—Vamos por acá. —Dae siguió al muggle —Es raro que ustedes se acerquen a nosotros.

—... Lo es. Pero con ésta nueva información, debemos hacernos presentes.

El hombre, lo llevó hasta uno de los autos oficiales, pero con apariencia civil.

Se acercó a la ventanilla y está se bajó, intercambió algunas frases con el hombre dentro y luego abrió la puerta y se giró hacia Dae.

—Suba, el Capitán lo espera.

Dae no era muy adepto a los transportes muggles, no obstante su curiosidad científica, lo empujó a aceptar y subió.

Dentro del vehículo, el muggle de mayor jerarquía lo vio de arriba a abajo.

—¿Ustedes siempre visten de ese modo?

Dae, optó por sólo asentir con un movimiento de cabeza; no pensaba exponerle a ese hombre, el motivo de sus vestimentas oscuras y poco reveladoras. Así que decidió explicar el motivo de su encuentro.

—Hemos notado que han aumentado las ocasiones en las que nos llaman.

El hombre no pareció feliz con lo dicho por Dae y se vio en la necesidad de defenderse.

—Siendo que casualmente son los que saben más de la situación. Es obvio.

—Sabemos, porque investigamos.

—Nosotros igualmente.

—Como sea, fue nuestra gente quien dio con cierta solución y según vemos en su mundo; cuando un científico da la solución a un problema, recibe reconocimiento o...

—¡No podemos hacer público lo que está pasando!

Dae alzó la mano para detener el dramatismo de aquel muggle.

—Lo imaginamos; por eso únicamente pediremos compensación por los servicios de nuestros asesinos.

El hombre se mordió los labios, al comprender lo que ese mago decía. Debía consultarlo con los altos mandos, no obstante, estaba seguro de que aceptarían el trato; por supuesto que preferirían pagar que permitir que siguieran matando a más personas.

—Tendré su respuesta, para mañana.

Dae asintió y espero que le abrieran la puerta para retirarse.

Cuando bajó caminó hasta la casa. Y es que esa dirección no era un misterio para los Inefables; por ese motivo que Hysteria y él se encargarán de ese caso y que sería el último gratuito, eran órdenes de Rimt. La familia muggle del héroe del mundo mágico Harry Potter.

Ajeno a que el interesado había estado en el lugar, no hacía mucho tiempo. Dae entró en la casa y confirmó que al parecer no hubo sobrevivientes o que si quedaba alguien se debió a pura suerte de no haber estado ahí, en primer lugar.

Dae revisó las habitaciones, una por una, más no halló nada fuera de lo común y consideró que el interés de Rimt en el héroe, era eso, simple curiosidad y apariencia de no dejar que los yōmas que atacaron a la familia del Chico que vivió, vagaran libres.

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El espectáculo en el interior de la casa era deplorable; el olor a sangre y muerte decoraba el lugar. Los dos magos subieron a la habitación que se quedó sin barda exterior y ahí los recibió la grotesca escena de Duddle herido y con el brazo roto, si no es que al revisarlo resultarán más fracturas.

—Harry... Viniste... —susurró el joven antes de perder el conocimiento.

Snape avanzó y le hizo algunos rápidos hechizos de reconocimiento, antes de ordenar:

—Podemos sacarlo. Le inmovilizaré el brazo. Salgamos de aquí para que en la residencia pueda hacer una revisión más a fondo.

El moreno avanzó. Severus y Harry levitaron a Dudley y salieron veloces a un lugar cercano, pero discreto para activar el Traslador. Snape sostuvo al muggle en lo que Harry sacó una cadenita, que portaba en el cuello, siendo éste el Traslador.

Aparecerse no era opción, no con un muggle herido y desmayado.

Arribaron al jardín de la Mansión, donde Harry, llamó:

—¡Tiny!

El elfo apareció y a su vez llamó a Nulo, de ese modo, entre los dos llevaron a Duddle a una de las habitaciones. Severus ordenó que llevarán a ese mismo sitio, algunas cosas que requeriría para la curación del joven.

Con eso; el pocionista dejó que Harry lidiara con las explicaciones a su futuro esposo y suegro.

El de ojos verdes fue en busca de Draco. Lo encontró en su habitación, acomodando a las gemelas para que tomarán una siesta.

Remus se encontraba ahí igualmente y al verlo llegar todo desarreglado; los dos se sorprendieron.

—¡¿Peleaste con tus parientes?! —exclamó Draco.

Potter negó y respondió:

—Sucedió algo... Fue... Horrible...

—¡¿Chachorro, están bien Severus y tú?! —cuestionó alarmado Remus, temiendo por el pocionista y por Sirius que se pondría muy mal, si algo le pasaba a éste.

Harry dejó salir un suspiro derrotado y comenzó a explicar, antes de que ese par siguiera pensando cosas.

—Llegamos a mi antigua casa..., bueno a la de mis tíos, pero...

Entre el relato de Harry avanzaba; Remus y Draco parecían más horrorizados. Vaya que incluso Draco que no les guardaba ninguna simpatía a esos muggles, lamentó ese final tan funesto que tuvieron.

—Sé que debí preguntar antes Draco, pero...

—Está bien ; ésta es tu casa también y no podías dejarlo. Te comprendo.

—Yo considero que en cuanto esté recuperado, querrá regresar al mundo muggle.

Opinó Harry y los rubios estuvieron de acuerdo.

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Al momento de que la puerta se abrió supo que era alguno de ese par, sin embargo llegaron los dos. Severus no se giró a verlos, más explicó la situación.

—Supongo que te avisaron tus elfos.

Lucius afirmó.

—Así es.

—Y yo estaba con él ¿Que sucedió? —preguntó intrigado Sirius.

Severus continuó atendiendo a Duddle y respondió:

—A grandes rasgos, Potter ya sólo tiene a ese chico como único pariente, cortesía de los yōmas.

—¡Dementores! ¿¡Se los comieron!? —chilló el animago.

—A Petunia, como nos medio explicó la guerrera que nos encontramos. Vernon... Pues si también y lo usaron de disfraz. Y este joven por lo menos vio como su padre devoró a su madre.

Los magos que escuchaban, se lamentaron al pensar en esa situación tan retorcida.

—Potter y yo lo trajimos, por lo menos para curar sus heridas físicas.

—Pues, como se puede constatar; esos yōmas están haciendo desastres en ambos mundos. —se lamentó Lucius.

Los tres magos no dijeron más, pero pensaban del mismo modo.

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La nueva regla del Departamento de los Misterios fue transmitida por los Inefables, en el mundo muggle y parte del mágico que no correspondía a Inglaterra. Si quieres deshacerte de un peligro Yōma, tienes que pagar por ello.

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Charly se unió a sus compañeros que recibieron misivas. Al leer la carta, supo que debía pedir unos días de vacaciones. No se perdería por nada la boda de Harry. Aún se le hacía un poco increíble que éste se casará con Draco Malfoy y él deseaba corroborar de primera mano esa información. Sus padres aseguraban que hacían una gran pareja, más sospechaba que había algo que no le decían.

Además según tenía entendido, incluso Bill y Fleur irían.

Después de perder a Percy de ese modo, deseaba estar con todos sus hermanos y poder abrazarlos.

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Hermione y Theo, se unieron a los demás a la hora de la cena y fue ahí donde les informaron sobre lo acaecido con los Dursley. Ambos le dieron el pésame a Harry, no obstante la bruja preguntó:

—¿Harry, crees que tu primo querría hablar con nosotros? Sería una gran fuente de información... con todo respeto. Claro que cuando se recupere.

—Yo podría preguntarle cuándo despierte. De hecho los elfos sólo están vigilando que se encuentre estable, porque se asustaría si los viera. Pues ha tenido nulo contacto con el mundo mágico.

Expuso el moreno de ojos verdes. Draco agarró la mano de su pareja y opinó:

—Tal vez con la experiencia que vivió, esté más abierto a otras cosas como la magia y a nosotros.

—Por el momento, debemos dejarlo descansar, le administré poción sin sueños y filtro de paz, estará así un par de días.

Informó Severus. Lucius pensó para si, que en este caso sus dudas estaban resueltas: La familia muggle de Harry, no estaría presente en la boda; lo que le hizo rememorar.

—Por cierto, les recuerdo que mañana traen los trajes para todos, si necesitan hacerle ajustes, deben indicarlo. No quiero apresuramientos innecesarios.

Apuntilló el patriarca. Harry vio a Draco y le sonrió.

—Ya sólo faltan dos días para que seas mi esposo.

Draco se sonrojó, más contestó:

—Así es.

—Tengo algunos días de descanso. Estaremos en Grimmauld Place. Por si hay alguna urgencia con el joven.

Explicó Severus, que si bien no estaba muy convencido de quedarse en esa lúgubre —opinaba— mansión; fue algo que no pudo negarle al Black.

Y es que Sirius consideraba que descansar en el trabajo, no era quedarse en Hogwarts. Y también deseaba remodelar su casa familiar, pero con la respectiva opinión de su pareja de vida. Ya convencería a su Sev de imitar a los chicos y casarse más adelante, aunque fuera sólo ellos dos en el Ministerio o con un mago que los casara en casa.

...

Y llegó ese día especial. En que el rubio, terminaba de acomodarse el traje y la túnica en colores arena; sin dejar de admirar como sus nenas iban siendo ataviadas con sus primeros vestiditos. Ellas vestían en colores azules y verdes, el cabello más claro de Teresa portaba unos moños y Clare llevaba una diadema completa con flores azules.

Harry no estaba con ellos, pues según una extraña tradición muggle, no debía ver a Draco antes de la boda. El rubio creía que esa tradición la inventó alguna novia temerosa de que el novio la viera y lo pensara mejor, y la dejara plantada.

Se escucharon unos toques en la puerta y entró Lucius.

—¿Ya estás listo?

—Ya.

—Bueno, entonces ya puedo darte mi sorpresa.

—...

Lucius volvió a abrir y dejó entrar a...

—¡Blaise!

Exclamó Draco, yendo a abrazar a su amigo. El italiano recibió la cálida bienvenida.

—Me llevo a mis nietas, para que puedan conversar, pero no tarden.

—Espere señor Malfoy —Detuvo Zabini— Quiero conocer a esas bambinas.

El chico observó a las niñas y aseguró:

—Todas unas Malfoy.

Lucius sonrió de lado y luego se retiró.

Blaise volteó a ver a Draco y rió:

—Y asegurabas que sólo deseabas probar suerte con Potter. Yo creo que esa suerte sobrepasó todo.

—Bueno, que puedo decir. Potter me gustaba... Y mucho.

—¡Ya lo veo!

Zabini relató, como su madre y él lograron huir a tiempo y esconderse hasta que Voldemort fue historia. Luego estuvieron un tiempo en Italia, pero el temor de los yōmas, los hizo regresar para estar con sus conocidos.

Draco por su parte le contó a grandes rasgos su historia y siendo el amigo que lo apoyó desde el principio, igualmente le confesó lo de sus nenas.

Zabini se asombró, no obstante, apoyó al rubio.

—No lo pediste, pero si la magia les dio ese regalo a tus hijas, es por su bien y para que tengan más posibilidades de vivir, en este nuevo orden.

—Me costó un poco, pero también lo creo. –aceptó Draco. Luego aseguró– Pues...vamos a mi boda.

Blaise se unió a su amigo y los dos salieron de la habitación.

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Molly revisó el atuendo de toda la familia. Arthur no le dio importancia; hasta donde sabía; sólo Sirius, Snape y ellos; eran los invitados.

—No Arthur, querido. Kingsley y los Tonks también están invitados.

—Es lo mismo. —concluyó el hombre.

Molly optó por no discutir con su esposo y mejor acomodó la túnica de Ronald y le preguntó...

—¿Hermione se adelantó?

—Si. Ya sabes que ella no descansa. –mencionó Ron.

Charly que iba bajando las escaleras silbó burlón.

—¿Ya te cambiaron por un sangre pura? —iba a agregar también, pero creyó que se su hermanita se ofendería por eso.

Ron gruñó y Molly amonestó a Charly.

—No digas nada. Hermione está haciendo una gran labor colaborando con el joven Nott.

Charly sospechó más sobre lo que ocultaba su familia, sin embargo no dijo más. Muy probablemente esa tarde sabría todo.

...


Muchísimas gracias a: Ana Luisa.

...