Éste fic está dedicado a mi queridísima Parabatai, Chia :3
Las características especificadas son las siguientes:
Pairing: Mimato, hijo. Yamakari (en el resumen entenderán)
Características: Pese a que Yamato se negaba, Hikari quería ser madre (Sí, lo que se habló en el grupo Yamakari). El embarazo es complicado porque Hikari es demasiado pequeña y el bebé grande. Yamato tiene que elegir entre uno y otro. Hikari no le va a perdonar que no eliga al bebé, así que el bebé es quien deciden salvar. Yamato, dada su experiencia con su padre y viviendo solo, va bien con el hijo, pero las noches y el trabajo empiezan a poderle. hikari empieza a aparecer por las noches y el bebé va a mejor, pero Yamato se da cuenta de que su hijo necesita una madre. No quiere que crezca sin conocer ese placer como él. Va buscando candidatas y para ello, pide ayuda a Mimi. Lo que no sabe es que la candidata la tiene delante hasta que la ve interactuar con su hijo.
Género: Romance/Hurt/confort
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Capítulo 18:
«Confesiones»
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Mimi se plisó la falda de su vestido cuando llegó hasta donde la dirección de Jou figuraba. Miró la puerta y releyó el número de la vivienda que le correspondía a su amigo de infancia. Atrajo la fuente de vidrio donde reposaba el pequeño pastel que preparó para esa cena y sonrió para sí misma cuando tocó el timbre. Entre todos los sitios que pudo haber hallado a dos amigos de la infancia, nunca esperó que fuese en la misma ciudad donde sus padres residían. Quizá esa mudanza le traía nuevas vivencias que ella debía aceptar.
―Es extraño que seas tan puntual ―Escuchó y Mimi alzó una ceja al ver a Koushiro llegar hacia ella con una bolsa de supermercado―. No te recuerdo tan puntual.
―La gente madura, Koushiro ―Respondió ella, altiva. Él sonrió como sabía.
La puerta se abrió y ambos fueron recibidos por una mujer de cabello rojizo, rebelde, ojos oscuros como la noche misma y dueña de una tez bronceada.
―Así que ustedes son los amigos de infancia de los que tanto habló Jou ―Dijo la mujer con una gran sonrisa contagiosa―. Pasen, pasen.
La mujer los invitó a pasar y los hizo sentarse en el pequeño juego de sofás que contaba la sala-comedor. El departamento era pequeño, no muy moderno, pero era bastante acogedor. La mujer era muy activa, charlatana y efusiva, tanto así que los invitados compartían miradas entre ellos, incapaces de creer que alguien así fuese la prometida del aburrido y exasperante Jou Kido.
Ella los ayudó con sus presentes, lo llevó a la cocina y desde que llegaron, ella no paraba de hablar. Se llamaba Jun Motomiya, conoció a Jou cuando la madre de la mujer tuvo un accidente que la derivó de urgencias al hospital. Jou se encargó de la paciente y su hija estaba al pendiente de todo.
―Es extraño que dos personas tan distintas terminen juntas, supongo que los opuestos se atraen de alguna manera ―Dijo ella con gracia, compartiendo una sonrisa con sus invitados―. Jou está en camino, tuvo un imprevisto en el hospital, pero no tardará en llegar.
―Gracias por recibirnos ―Dijeron ambos.
―Espero que el pastel que preparé sea de tu agrado, Jun ―Comentó Mimi con una sonrisa y al momento de decirlo, los ojos oscuros de Jun se iluminaron como si de una niña se tratara.
―No puedo esperar a probarlo.
Jou no tardó en llegar y una vez en el departamento, saludó a sus amigos para dirigirse a su habitación y asearse. En ese tiempo, Jun los entretuvo con historias graciosas de ambos, era una persona agradable y charlatana, pero sin duda muy graciosa.
―Espero no haberlo hecho esperar demasiado ―Dijo Jou cuando regresó a ellos, ya aseado y con una camisa celeste y pantalones grises―. De seguro, la anfitriona no dejó que se sientan aburrido en ningún momento.
Jun besó su mejilla.
―Ya ha ventilado varios trapos sucios, Jou-Sempai ―Dijo Mimi con una sonrisa. Todos rieron.
Se sentaron a la mesa, Jou y Jun se encargaron de servir la cena, arroz con curry y sake para acompañar la cena. Para Mimi y Koushiro era extraño ver a Jou tan sonriente y haciendo bromas, siendo que lo conocieron de adolescente y el chico era por mucho, alguien desabrido y malo para los chistes. Con Jun en cambio, parecía haber descubierto cosas nuevas, se notaba en sus ojos por el modo en que la miraba, que encontraba tantas cosas en la pelirroja.
Mimi no pudo evitar sonreír al darse cuenta de ese detalle.
―Entonces, ¿cómo están todos por Tokyo? ―Preguntó Jou animado, llevándose un vaso de vidrio a los labios―. ¿Sigues frecuentando a Yamato-san y a su hija?
Un atisbo de tristeza se formó en su sonrisa, intentando no enseñarlo. Koushiro lo notó pero no quiso intervenir. Siempre fue más prudente.
―Solía convivir con ellos, ya sabes, después del fallecimiento de Hikari, Taichi y yo estuvimos más pendiente de Yamato y Hotaru.
―Hotaru, qué bonito nombre ―Dijo Jun―. Entonces, has sido como una madre para la niña, ¿no?
Mimi temió asentir pero lo hizo.
―¿Y ella vino contigo? ―Siguió preguntando Jun emocionada.
―No, ella se quedó con su padre. Yo vine para cuidar a mis padres mayores.
―Oh, entiendo ―Dijo Jun―, pero deberías traerlos algún día. Kyoto es precioso, es tranquilo y de seguro a Hotaru le terminará gustando.
―Si, de hecho, había un lugar que quería conocer… Algo de las luciérnagas cerca de un río ―Mimi intentaba recordar las palabras de Hotaru, luchando contra la tristeza que tenía atorada en su pecho.
―Oh, te refieres el recorrido en el Puente Togetsukyo ―Completó Jou―. Es uno de los atractivos de Arashiyama. Aunque ya no se avistan más luciérnagas, ya sabes, con tantas luces en la ciudad y tantos turistas recorriéndola, ya no se ven demasiadas. De igual manera, sería grandioso si puedes traerla un día de éstos.
―¡Sí, podríamos llevarles! Adoro Arashiyama ―Comentó Jun.
Pensar en Hotaru y en la idea de que ella visite el sitio que tanto quería ver, llenaba su pecho con un poco más de esperanza, aunque se había prometido guardar distancias a partir de entonces. Seguía con esa lucha interna.
La cena había terminado y Jun se encargó de traer el pastel de Mimi que cortaron en pedazos grandes porque tenía una pinta deliciosa. Jun se llevó la parte más grande, para diversión de Jou que le pedía que le dejara algo. Mimi los veía y no podía evitar pensar en lo afortunados que eran.
Koushiro se llevó un pedazo de pastel a la boca, nunca fue muy amante de lo dulce, así que se sirvió muy poco, además de que ya estaban muy satisfechos con la cena. Mimi lo vio manipular su teléfono con una mano, mientras comía con la otra; Koushiro había estado un poco ausente esa noche, miraba de vez en cuando la pantalla de su móvil, parecía preocupado por otra cosa.
Él sintió la mirada de Mimi y volteó a verla.
―¿Está todo bien? ―Preguntó ella por lo bajo.
Él asintió y dejó su móvil a un lado.
Se despidieron de sus anfitriones cuando terminaron el postre con la promesa de que traería a la pequeña Hotaru a visitar Arashiyama. Mimi sonrió a la pareja y con Koushiro, dejaron el departamento. El recorrido hacia planta baja fue en silencio, comenzando a incomodar a Tachikawa. Ella miró a su amigo pelirrojo y trató de intentar descrifrar su semblante.
―¿De seguro no te sucede nada? Has estado muy callado ―Dijo ella.
Él se detuvo cuando estuvieron en la acera del departamento, levantó la mirada al cielo y dejó salir un suspiro profundo. Ella tenía razón, algo lo inquietaba.
―¿Puedo hacerte una pregunta, Mimi? ―Inquirió su amigo.
―Claro.
―¿Cambiarías de parecer sobre tu relación con Yamato, si él te buscara? ―La pregunta sentó como un balde de agua fría en ella. Retrocedió un paso y trató de no ponerse nerviosa. No quería pensar en ese asunto.
―¿Por qué lo preguntas? No sabía que te preocupara tanto mi vida privada. ―Estaba molesta.
―Sólo responde ―Ésta vez, él la miraba con intensidad, con ojos cargados de una determinación abrumadora. No recordaba encontrar esas emociones en su viejo amigo.
―No sé… Quizá… ―Estaba balbuceando. Se sentía una tonta, ¿por qué tenía que responder a eso cuando ni siquiera ella lo tenía claro? ―. No sé a donde quieres llegar, pero… ―Suspiró―. Escucha, he sido egoísta mucho tiempo. Yamato y Hotaru no deberían de sufrir a consecuencia de mi egoísmo.
―Si una persona que decidiste dejar por amor, regresa… Y tú te privas de eso. ¿Acaso no volverías a ser tú la egoísta?
Mimi lo miró en silencio un momento. No entendía qué tenía que ver su asunto con Yamato en todo eso, pero sus pensamientos fueron interrumpidos cuando el teléfono de Koushiro comenzó a sonar en su bolsillo. Él se encogió de hombros, rendido. Le dio la espalda y sacó su móvil.
―¿Qué pasó? ―Respondió sencillamente Koushiro―. Me tiene sin cuidado, yo… ―Mimi miraba sus espaldas y lucía muy tenso. Finalmente, el pelirrojo echó otro suspiro―. Como quieras, te veré donde siempre.
Sin más qué decir, colgó la llamada y volvió a guardar su móvil en su pantalón y con una sonrisa ligera, miró a Mimi.
―¿Qué fue todo eso?
―Nada, sólo quería saber tu opinión sobre algo ―Koushiro no se estaba refiriendo exclusivamente de ella o su problema con Yamato―. Disculpa si soné entrometido. Debo irme, ¿tienes cómo volver?
―Pediré un taxi.
―Que descanses ―Sin otra cosa por decir, Koushiro se marchó por el lado contrario a donde ella debía ir, pero no se movió hasta perderlo de vista.
Koushiro Izumi parecía un enigma andante y eso que el recuerdo que tenía de él, parecía ser todo lo contrario. Mimi se acomodó un mechón castaño y comenzó a caminar hasta una parada de taxi. De verdad, tenía tanto en qué pensar que la idea de caminar, le sentaba fantástico.
Hotaru se acomodó en su cama cuando Yamato la llevó en brazos hasta su habitación. Su pequeña cabeza castaña se recostó contra la almohada que tenía y poniendo sus manitos bajo su barbilla, levantó sus azules ojos hacia él. Tenía un tono mucho más oscuro que los propios, siempre le recordó al mar. Sonrió a su hija y sentándose a su lado, acarició su cabeza.
―Papá… ―Llamó su hija―, sobre lo que dijo Take-nii… ¿Prometes pensarlo?
Yamato aspiró un poco de aire y lo dejó salir como un suspiro, sus hombros estaban tensos sin siquiera infundir presión en ellos. La sola idea de recordar la propuesta de su hermano menor seguía atormentándole los pensamientos. Miró a su hija y con una sonrisa ligera, dijo.
―Lo pensaré pero aún no creo que sea una buena idea.
―¡Pero Mi-chan…!
―Ya es tarde, Hotaru ―Interrumpió su padre y la niña supo que no habría palabras de insistencia que lo hicieran decidir nada en esos momentos. Ella asintió y cerró los ojos.
Yamato dejó la habitación de su hija después de apagar su luz, dejando que las estrellas florescentes pegadas en el techo de su habitación, le brindara la claridad necesaria para poder conciliar el sueño como es debido. Cerró la puerta y aún con la mano en el pomo, pensó en las palabras de su hija. Negó para sí mismo y se dirigió de vuelta a la sala en donde su hermano, con los pies reposando sobre la mesa ratona, bebía con tanta tranquilidad su botella de cerveza.
Sobre la mesa aún descansaban los restos de pizza que pidieron, algunas botellas vacías y un vaso de plástico rosa con un poco de jugo de naranja en su interior, resto que Hotaru ya no pudo beber más. Su hermano lo vio y levantó la botella, sonriéndole.
―¿Ya se durmió? ―Preguntó Takeru.
Yamato asintió.
Tomó asiento a su lado y Takeru le tendió una botella a medio tomar que le correspondía. La televisión estaba encendida y la sala en una penumbra tranquila, una vieja película de acción con Silver Stallon como protagonista. Ni siquiera llevaba cuenta de lo que veía. Tenía la mente apabullada con otras cosas. Volteó a ver a su hermano, él seguía la trama de la película atentamente.
―¿Es verdad? ―Dijo Yamato y Takeru no lo miró para preguntar sobre qué―. Que Mimi te llamó hoy.
Takeru, ante la mención de su amiga, dejó de prestarle atención a la televisión y miró a su hermano. Takeru era mejor mintiendo que su mayor, pero ver el rostro de Yamato con una ligera súplica en sus orbes, su pecho le pesó.
―Sí… ―Formuló vagamente, recordando la mentira que había iniciado con ayuda de su sobrina―. Mimi me estaba hablando un momento antes de que yo viniese para aquí. Preparaba un pastel para la cena con Jou y Koushiro, cuando me dijo que sería genial que los visitáramos.
―Ella habló sólo de ti o… ―Yamato estaba atemorizado, como si de un adolescente fuese. Takeru relajó sus hombros y sonrió con más soltura a su hermano.
―Me ha dicho para que tú, Hotaru y yo vayamos a visitarla. ¿Por qué te cuesta creerlo?
Aquella pregunta pareció calar fuerte en él. Takeru no sabía sobre la despedida que tuvo Mimi con él, desconocía los términos en lo que finalizó la última llamada que Hotaru había hecho sin permiso de su padre. Yamato estaba consternado, no esperaba que Mimi le dijera que los esperaba, no después de aquella llamada.
Takeru lo miraba y comenzaba a pensar que quizá no fue buena idea contar esa mentira.
―Hotaru me pidió que lo pensara ―Dijo Yamato, casi para sí mismo.
―¿Lo estás considerando? ―Inquirió.
Yamato lo miró y asintió.
―Necesitamos un cierre definitivo.
―¿Cierre? ―Preguntó Takeru inquieto.
―No es nada, sólo ideas mías. ―Yamato se llevó la cerveza a medio tomar a sus labios y degustó el sabor amargo de la misma. Pensó en Mimi, pensó en Hotaru. Pensó en el cierre que todos necesitaban.
Los días en Kyoto eran más frescos que en Tokyo debido a que la presencia de vegetación era mayor. Los días soleados abundaban pero nunca hacía demasiado calor. Ese día no fue distinto; el sábado llegó y Mimi se encontraba en Arashiyama, sentada en uno de los bancos dentro del Parque Kameyama, la fresca briza se colaba entre los frondosos árboles que la hacían abrazarse aún más a su abrigo rosa. Sonrió para sí misma, cerró los ojos y aspiró el aroma que el bambú desprendía entre sus tallos.
―Mimi ―La voz de Koushiro llamándola la hizo abrir los ojos y dirigir su atención al pelirrojo que caminaba hacia ella con dos vasos térmicos de café. Sonrió cuando le tendió uno de ellos―. Los días en Kyoto son más frescos.
―Sin duda, pero creo que me acostumbraré rápido a ellos ―Respondió.
Dieron un pequeño golpe entre sus tazas y se lo bebieron despacio, degustando el calor de sus bebidas. Mimi había recibido un mensaje el día anterior por parte de Koushiro Izumi con un extraño "¿Tienes tiempo mañana?". En la cena que habían compartido en la casa de su amigo Jou, Koushiro parecía tan absorto de todo, como si no estuviese con ellos, había pasado casi toda la cena como si su mente estuviese en otro sitio menos allí. Y luego sus preguntas extrañas sobre su relación Yamato, la llamada misteriosa y su huida sin nombre.
Recibir ese mensaje era una clara llamada de atención para Mimi. No pudo negarse a encontrarse con su viejo amigo en el Parque Kameyama.
Ella lo miró con una pequeña sonrisa y él se encogió de hombros.
―Gracias por aceptar la invitación ―Inició él―, necesitaba hablar contigo sobre algo.
―¿Algo relacionado a lo que pasó en la cena? ―Koushiro asintió. Parecía tener un peso sobre los hombros que no le dejaba respirar muy bien―. El día que nos encontramos en Odaiba, te comenté que fui para cerrar un trato ―Mimi asintió―, ese día conocí a un persona que, en poco tiempo, se convirtió en alguien importante en mi vida.
―¿Una empresaria con quien cerraste el trato? ―Koushiro sonrió sutilmente. Miró sus manos y luego miró a su amiga.
―En realidad, es un empresario.
Mimi sonrió ante aquellas palabras y la emoción no pudo ocultarse en sus ojos.
―¿Él fue quien te tenía tan absorto el día de la cena?
―Tuvimos una discusión. Al igual que tú, yo decidí alejarme porque consideré que era lo mejor para ambos, pero…
―Esa noche… Él te llamó ―Dijo Mimi comprendiendo todos los cabos sueltos en su amigo y en por qué insistió tanto en aquel interrogatorio sobre Yamato y ella―. Él te buscó. ¡OMG, Kou! ¿Se vieron esa noche? Pero, ¿él es de Odaiba?
―Sí, su empresa reside allá pero vino a verme, me llamó por eso. Fue… Extraño, pero dulce. Muy dulce. ―Mimi lo atrajo hacia ella y lo fundió en un gran abrazo―. Aún estaba confundido por todo, porque bueno… No aceptaba del todo mis preferencias, pero supongo que necesitaba que él me buscara para decidirme a algo más.
―Estoy tan feliz por ti, cariño ―Mimi se alejó de él y lo miró con tanta ternura―. No sabes… ―Las palabras de Mimi quedaron en el aire cuando, algo llamó su atención.
Sus orbes castaños que miraban a Koushiro, de pronto fueron atraídos hacia las personas que recorrían el parque, principalmente a dos personas que la miraban atentamente. No hizo falta mucho tiempo para reconocer tanto a Yamato como Hotaru de pie mirándola con expresiones distintas. Hotaru se soltó de su padre y se alejó corriendo.
―Mierda… ―Susurró Mimi―. Kou, necesito irme…
―¿Qué sucede? ―Preguntó su amigo pelirrojo al verla tan alterada pero ella no pudo responder.
Mimi dejó caer su café cuando echó a correr hacia Yamato que gritaba el nombre de su hija. Todo se había ido de las manos.
NOTAS DE LA AUTORA:
¿Cómo están, queridxs lectores? Espero que la cuarentena los mantenga a salvo y entretenidos. Aquí un capítulo más de ésta historia, siendo ésta la penúltima de la colección, esperando que sea de su total agrado y principalmente, saber su opinión sobre la misma.
Un beso enorme a todxs!
