Prudie estaba fuera de la casa cuando su ama regresó. No muy habitual en ella, había salido a la huerta a cosechar algunos de los zapallos que a Demelza tanto le gustaban, pensó que Jinny podría hacer una tarta para la cena y así animar un poco a la niña que de seguro estaría muy triste por la muerte de su tío. La escena fue demasiado para Demelza. Apena vio a Prudie de rodillas con una cuchilla en mano y las manos llenas de tierra no se pudo contener más y se hechó a llorar. Prudie luchó contra su propio peso y torpemente limpiándose las manos en el delantal se acercó a abrazarla. Demelza lloraba como una chiquilla en sus brazos, que tonta era…

"Ya, ya mi niña. Su tío no querría verla así. Su hora llegó, como nos llegará a todos y el viejo Charles hizo de su vida todo lo que pudo, ahora le toca descansar junto a su hermano."

La mención de su padre no fue un buen consuelo, pues hizo recordar a Demelza el dolor de haberlo perdido. En realidad también le hizo recordar que su llanto se debía a la muerte de su tío, o al menos eso era lo que Prudie pensaba, a nadie podía decirle que era por otra cosa.

"Ya puede irse, joven Francis. Yo me ocuparé de ella ahora."

Francis había contemplado la escena extrañado. Hasta hace un momento Demelza estaba perfectamente bien, o eso el creía, y ahora estaba haciendo un escándalo digno de uno de los mejores berrinches de Elizabeth. Quizás era un rasgo que las primas Carne tenían en común. Habían conversado durante el camino, ella lo persuadió de pasar por su mina a ver si todo estaba en orden y desde que salieron de allí el último trayecto lo habían hecho en silencio, pero nada le hizo sospechar que pudiera estar tan angustiada por la muerte del viejo Charles.

Demelza trató de recomponerse al oír hablar a Francis. "Tengo que llevarla de vuelta a Trenwith", dijo - Se secó las lágrimas con un pañuelo que Prudie sacó de una de sus mangas e intentó dibujar una sonrisa para asegurarle que estaba bien, aunque por dentro aún se sentía angustiada.

"Solo vine a buscar mis cosas, pasaré la noche en Trenwith. Elizabeth no está bien y necesita de mi ayuda."

"Usted no está bien tampoco y necesita descansar, mi niña. Estaba por decirle a Jinny que le preparara un pastel para la cena, ¿Por qué no se recuesta un rato hasta que esté listo? El joven Francis de seguro se las arreglará hasta mañana solo, el viejo ya está muerto ¿Qué más puede precisar?"

"¡Prudie!"

"Es su prima la que la necesita, señora." Dijo Francis entre dientes - "Elizabeth está muy conmocionada y no ha salido de su cuarto desde anoche, solo cuando la vio a Demelza se tranquilizó. Creo que no dormirá al menos que ella esté allí y Geoffrey Charles…"

A espalda de Francis, a lo lejos entre los manzanos emergió la figura del muchacho. A Demelza los ojos volvieron a llenarsele de lágrimas. No quería verlo, no quería volver a hablar con el.

"Vayamos adentro, a ti también te sentará bien comer algo Francis." Ambos la miraron fijamente pero después de un momento le hicieron caso y entraron a la casa. No pasó mucho hasta que alguien llamó a la puerta.

Ross salió tras Demelza apenas escuchó la noticia de la boca de Henshawe. Estupido, era un estupido. ¿Como no le había dado la oportunidad de que ella le explicara lo que había sucedido? Por eso se había ausentado todo el día y esa era la razón por la había ido a Leisure por la tarde, a contarle lo que le había sucedido a su tío, y el no la había dejado. Los celos lo habían cegado. Verla con el gran señor Francis Chynoweth, su verdadero amor, lo había enfurecido. ¿Tenía algún derecho a sentirse así? Antes no lo habría creído, pero luego de lo que habían compartido esos últimos días, luego de lo que había sucedido anoche, pues si, quizás si tenía motivos para sentirse celoso, para creer que la Señorita Demelza era algo suya, porque el era enteramente de ella. Pero se había equivocado, como siempre esa sangre Poldark hervía en un instante y el se descargaba sin importar las consecuencias. Porque para eso de seguro que no tenía derecho, para como la había tratado, el tono en el que la había hablado, dudaba que ella lo fuera a perdonar ahora. La muerte de su tío debe ser un duro golpe para ella, él sabía cuánto ella lo quería y debía de estar muy triste, pensó. Y él en vez de brindarle una palabra de consuelo, en vez de abrazarla y decirle que todo estaría bien que ahora ella lo tenía a él a su lado, le había hecho un reproche infantil y la había menospreciado.

Cuando Nampara estuvo a la vista observó como Demelza, Francis y Prudie entraban rápidamente a la casa. Ross pensó en rodear la vivienda y entrar directamente por la puerta de la cocina, siempre estaba abierta a esa hora, pero lo pensó otra vez al recordar que Francis estaba con ella y eso probablemente no sería una buena idea.

Jinny, que estaba buscando los demás ingredientes para la tarta, se apresuró hacia la puerta cuando pyeron que alguien llamaba.

"No estoy para nadie, Jinny. No recibiré a nadie, estamos de duelo." Dijo Demelza, la voz entrecortada.

Demelza trató de escuchar lo que se decía en la puerta de Nampara, pero Francis y Prudie estaban en medio de una conversación, el joven Chynoweth contando lo que le habia sucedido al viejo Charles, la dama de compañía dando suspiros acongojados de tanto en tanto entrelazando lamentos por la pérdida de tan respetado caballero. Así que sus voces no le permitían oír lo que sucedía más allá de su cocina.

"¿Quién era, Jinny?" preguntó interrumpiendolos apenas la joven atravesó la puerta, todos la miraron.

"Señorita Demelza, es el joven Ross. Quiere hablar con usted."

"¿Le dijiste que no estaba para nadie?"

"Si Señorita, pero Ross, el señor Poldark" – se corrigió mirando a Francis – "insiste."

"¿Pero quién se piensa que es? ¡¿Acaso no sabe respetar la intimidad de una familia?!..." comenzó Francis.

"Jinny, repitele que no estoy para nadie. Ya me has informado que es él, y yo te reitero que no recibiré a nadie." Menos a él, pensó Demelza.

Jinny se dio la vuelta y regreso a la entrada. Esta vez los tres se quedaron en silencio escuchando la conversación. La jovencita repetía lo que le dijo su ama, pero la voz de Ross insistía en que le dijera que solo quería verla un momento, que no le quitaría mucho tiempo.

"Ya se lo he dicho, Ross. La Señorita Demelza no quiere ver a nadie, está muy triste por la muerte de su tío, desde que llegó no ha parado de llorar la pobre."

"Si, Jinny. Pero no la molestaré, solo será un momento, quiero darle el pésame…"

Ross estaba con un pie adentro de la casa. Lo sentía por Jinny, pero la joven sirvienta no iba a ser suficiente escudo para impedirle ver a la Señorita. Tenia que verla, tenía que disculparse.

"Creo que se te informó que tu presencia no es bienvenida en este momento." Fue Francis Chynoweth quien lo detuvo en mitad de camino entre la entrada y la cocina. "A ver si le queda claro, Señor Poldark, este es un duro momento para mi familia y tenemos derecho a privacidad. La Señorita Carne no desea que la molesten…"

"Si, pero… yo solo quiero brindarle mis condolencias." Tartamudeó Ross por primera vez frente al maldito Francis. Si no fuera porque sabía que haría más mal que bien, le pegaría un puñetazo en la cara para quitarlo del camino. El no tenía ningún derecho sobre Demelza, el había elegido casarse con otra, y sin embargo cada vez que se veían el hombre actuaba como si Demelza fuera de su propiedad. Se creía con más derecho aún que George Warleggan.

"¿No tiene una esposa a quien consolar?" Fueron las palabras que le salieron, el rostro de Francis se distorsionó con el abrir de sus ojos y la expresión de inesperada insolencia por parte de quien claramente no era más que un minero ignorante.

"¡Jud! ¡Jud!" gritó Francis en dirección a la cocina, Demelza escuchaba todo desde detrás de la puerta, ella y Prudie se habían puesto de pie, Jinny aún estaba bajo el marco de la puerta.

"¡Vete de aquí! Ella no quiere verte." Le dijo entre dientes y en voz baja.

"Quiero escucharlo de ella." Respondió Ross y dio un paso adelante para pasar a su lado justo cuando Jud se aparecía en la sala.

Francis sujeto a Ross del brazo impidiendo que siguiera adelante y comenzó a tironearlo en la dirección opuesta.

"¿Mandó a llamar?" Dijo el viejo rascándose la cabeza. Los dos hombres forcejeaban, pero Francis no era rival para Ross y pronto se le escurrió de las manos.

"Ayudame a sacarlo de aquí." Le dijo yendo a por él de nuevo, pero Jud solo mostró sus dientes y se hizo a un lado de la puerta de la cocina para que Ross pudiera pasar. "¡¿Qué hace hombre?!" protestó Francis. A Ross le costaba avanzar pues Francis lo sujetaba de los hombros. Un instante después todos se quedaron en silencio.

Demelza apareció en la puerta que daba a la cocina. Su rostro pálido pero decidido.

"Vayase de mi casa, Señor Poldark." Fue todo lo que dijo y se dirigió a las escaleras que conducían a su habitación.

Ross no había tenido más remedio que irse entonces. Había quedado inmóvil, sus piernas se sentían pesadas y sin poder moverse mientras miraba a Demelza subir las escaleras. Había notado el pesar en su rostro, su tristeza, pero el sabía que no era solo por la pérdida de su tío. En sus ojos había algo más. Enojo, decepción, y de eso él era el único responsable. Tuvo la intención de gritarle ¡Perdoname! ¡Lo siento! Te amo… ahí frente a todos los que allí estaban pero las palabras no salieron de su garganta. De repente se vio empujado hacia afuera, Francis lo arrastrabaa del brazo aún pidiendo a Jud que lo ayudara, pero el viejo dio media vuelta y regresó a la cocina. La puerta se cerró frente a su cara.

Desde su habitación Demelza escuchaba la discusión en la planta de abajo. Era Francis que discutía con alguien. Su pecho subía y bajaba rápidamente pero ya no caían lágrimas. Luego todo quedó en silencio. Ella se había sentado en el borde de la cama pero no se había acostado. Supuestamente debía buscar la ropa y demás cosas necesarias para pasar un par de días en Trenwith pero no encontraba la fuerza para hacerlo. No quería volver a salir ni ver a nadie, solo quería quedarse allí y esconderse hasta todo pasara, hasta que dejara de sentir lo que sentía, hasta que ese maldito muchacho desapareciera de sus pensamientos.