ADVERTENCIAS: Lemon

CAPÍTULO 19

Hiroshi estaba furioso con Kazumi.

—No quiero que metas las narices en esto.

—Sólo quiero que te tranquilices un poco. Vamos dentro.

Él subió las escaleras y abrió de un tirón la puerta metálica. Estaba demasiado alteradopara prestar atención a los lujosos muebles que hacían de la RV de Kazumi la caravana más ostentosa del circo.

—¡Es una ladrona! ¡Mi hija es una puta ladrona! Permitió que se culpase a Sakura. —Apartó a un lado un juego de pesas y se dejó caer sobre el sofá, donde se pasó la mano por el pelo.

Kazumi cogió una botella de Jack Daniel's del armario de la cocina y llenó dos vasos.

Ninguno de los dos era bebedor y Hiroshi se sorprendió cuando ella vació el contenido deuno de los vasos antes de pasarle el otro. Cuando se acercó a él la bata se le ciñó a lascaderas, haciendo que Hiroshi se olvidara de su enfado, aunque sólo fuera por un momento.

Kazumi tenía la habilidad de nublarle la mente. No era algo que le gustara y había luchado contra ello desde el principio. Era engreída, terca y lo volvía loco. Era de esas mujeres que tenían que estar al mando en cualquier situación, un control que él nunca cedería a una mujer por mucho que lo atrajera. Y no había ninguna duda de que Kazumi Hozuki lo atraía. Era la mujer más excitante que había conocido nunca. Y la que más lo irritaba.

Kazumi le dio el vaso de whisky y se sentó a su lado. Al hacerlo se le abrió la bata dejandoal descubierto un muslo. Era vigoroso y esbelto y Hiroshi sabía, tras haberla observadotrabajar con los trapecistas, lo tonificado que estaba. En la RV se encontraba todo el equipo

que ella utilizaba para mantenerse en forma. Había instalado una barra de ejercicios sobrela puerta del dormitorio. En la esquina había un banco de entrenamiento con un surtido de

pesas de mano.

Kazumi se reclinó sobre los almohadones del sofá y cerró los ojos. Arrugó la cara, casicomo si fuera a echarse a llorar, algo que nunca le había visto hacer.

—¿Kazumi? —Ella abrió los ojos. —¿Qué te pasa?

La mujer apoyó un tobillo en la rodilla opuesta adoptando una postura típicamentemasculina. Era tan descarada que Hiroshi no entendía cómo podía parecer a la vez tanfemenina.

Vislumbró un retazo de seda púrpura entre las piernas de Kazumi y encontró un blancopara su furia.

—¡Por qué no te sientas como una señora en vez de como una vulgar mujerzuela!

—No soy tu hija, Hiroshi. Me sentaré como me dé la gana.

Hiroshi nunca le había pegado a una mujer en su vida, pero en ese momento supo que leestallaría la cabeza si no la provocaba. Con un movimiento tan rápido que ella no lo viollegar, la agarró de la bata y la puso en pie de golpe.

—Te la estás buscando, nena.

—Por desgracia, tú no eres lo suficiente hombre para darme lo que quiero.

Hiroshi no pudo recordar ninguna otra ocasión en la que se sintiera tan furioso y Kazumi seconvirtió en el blanco de todas las emociones que estaban a punto de explotar en su interior.

—¿Me estás provocando, Kazumi? ¿Es que no tienes a mano a nadie mejor que yo? Soy elhijo de un carnicero de Brooklyn, ¿recuerdas?

—Lo que eres, es un bastardo deslenguado.

Lo insultaba a propósito. Era como si ella

misma quisiera que la lastimara, y el estaba dispuesto a complacerla. Le abrió la bata y se la arrancó de un tirón.

Kazumi se quedó desnuda salvo por unas provocativas bragas de seda color púrpura.

Tenía los pechos grandes y los pezones oscuros del tamaño de una moneda de medio dólar.

Ya no tenía el vientre plano y sus caderas eran más redondeadas de lo que deberían ser. Eravoluptuosa y madura en toda la extensión de la palabra, y Hiroshi nunca había deseado tanto

a una mujer.

Ella no hizo ningún intento por cubrirse, sino que le sostuvo la mirada con un descaro talque le dejó sin aliento. Kazumi arqueó la espalda y colocó la pierna izquierda delante de la derecha con un movimiento elegante. Luego plantó la mano sobre la cadera. Sus pechos se

balancearon ante Hiroshi y éste perdió el control.

—Que te jodan.

Ella siguió provocándole.

—Eso intento, Hiroshi. Eso intento.

Intentó cogerla, pero olvidó lo veloz que era. Kazumi se alejó con rapidez, con el pelo rojoflotando a su espalda y los pechos rebotando. Hiroshi se abalanzó tras ella, pero se le volvióa escurrir entre los dedos. Kazumi se rió, pero no fue un sonido agradable.

—¿Estas mayor para esto, Hiroshi?

Iba a domesticarla, no importaba lo que tuviera que hacer. Impondría su voluntad sobreesa mujer.

—No tienes ni la más mínima oportunidad —se burló él.

—Ya veremos. —Kazumi le arrojó una de las pesas, que cayó rodando al suelo como si

fuera un bolo.

A pesar de la sorpresa, él la esquivó con facilidad. Vio un destello de desafío en los ojosde Kazumi y cómo le brillaban los pechos por el sudor. El juego había comenzado.

Hiroshi hizo una finta a la izquierda y luego se volvió a la derecha. Por un momento, la

tomó por sorpresa, pero cuando él le rozó el brazo con los dedos, ella dio un salto y secolgó de la barra de ejercicios que había en el dintel de la puerta.

Con un grito triunfal, Kazumi comenzó a balancearse, hacia delante y atrás. Arqueó laespalda y encogió las piernas, usándolas para golpearlo. Sus pechos se movían como unainvitación y aquellas diminutas bragas púrpuras se deslizaron a un lado, revelando el vello rojizo que cubrían. Hiroshi nunca había visto nada más hermoso que Kazumi Kazami Hozuki, la reina de la pista central, actuando para él en esa representación privada.

Aquello sólo tenía una salida posible. Hiroshi se quitó la camiseta y los zapatos. Ella siguió meciéndose mientras observaba cómo él se quitaba los pantalones cortos. A Hiroshi no legustaba llevar ropa interior y estaba desnudo debajo de ellos.

Los ojos de la mujer escrutaron cada centímetro de su cuerpo; Hiroshi sabía que ellaapreciaba lo que veía.

Cuando se acercó, Kazumi le dio una patada, pero él la sujetó por los tobillos.

—Bueno, a ver qué tenemos aquí. Le separó lentamente las piernas formando un arco. —Eres un demonio, Hiroshi.

—Ya deberías saberlo. —Le recorrió las corvas con los labios y siguió explorando,

ascendiendo por el músculo del interior del muslo. Cuando alcanzó el retazo de seda

púrpura, se detuvo un momento para mirarla a los ojos, luego inclinó la cabeza y lamordisqueó a través de la delicada tela.

Ella gimió y apoyó los muslos en sus hombros. Él aferró las nalgas de Kazumi con laspalmas de las manos y continuó con su húmeda caricia. Kazumi cambió de posición y se soltó de la barra. Hiroshi profundizó la presión de su boca mientras ella cabalgaba sobre sus hombros y se apretaba contra él.

La mujer echó la cabeza hacia atrás mientras la llevaba por el pasillo hacia la enormecama de la parte trasera. Se dejaron caer sobre ella. Kazumi perdió el control cuando Hiroshi le quitó las bragas y hundió los dedos en su interior mientras se recreaba en sus pechos.

Kazumi se retorció para colocarse encima y montarle, pero él se lo impidió.

—Aquí mando yo.

—¿De verdad crees eso?

—Por supuesto que lo creo. —La puso boca abajo, luego la colocó de rodillas para poderpenetrarla desde atrás, pero se dio cuenta de que no podía tomarla de ese modo. Noquería negarse a sí mismo el placer de observar la arrogante cara de Kazumi cuando se hundiera en ella.

Antes de que pudiera hacer nada, ella emitió un gruñido que se convirtió en un gemido.

Con un poderoso movimiento, Kazumi se volvió y pasó la pierna por encima de la cabeza de Hiroshi para quedarse boca arriba. Él pudo sentir un deseo tan poderoso como el suyo.

El pecho de Kazumi subía y bajaba

agitadamente.

—No vas a doblegarme.

—Quizá no quiera.

Aquellas palabras los tomaron a los dos por sorpresa y, por un momento, no dijeron nadamás.

Kazumi se humedeció los labios.

—Bien. Porque no podrías hacerlo. —Extendió las manos hacia él y agarró los poderososbrazos de Hiroshi para atraerlo hacia ella. Eso lo colocó en la posición dominante pero, comoera ella quien lo había dispuesto así, él no se sintió tan dominante como quería y la castigó

con un envite profundo y duro.

Kazumi respondió alzando las caderas para recibirlo y su gutural susurro resonó en los

oídos de Hiroshi.

—Ya puedes tomártelo con calma, bastardo, o te mataré.

Él se rió.

—Eres desquiciante, Kazumi Hozuki. Realmente desquiciante.

Ella cerró el puño y lo golpeó en la espalda. Se desató una batalla por el poder y, por un

mudo acuerdo, se decidió que el primero que alcanzara el éxtasis sería el perdedor. Unatrapecista y un equilibrista; la flexibilidad de sus cuerpos otorgaba infinitas posibilidades a su manera de hacer el amor. Celebraban la necesidad de conquistar, pero cada castigo

erótico que se infligían el uno al otro también se lo infligían a sí mismos. Esto los obligó autilizar sus afiladas lenguas como armas de batalla. Ella dijo:

—Sólo me acuesto contigo para que no lastimes a Karin. Ha sido lo único que se me ha ocurrido para que te tranquilizaras.

—Mentirosa. Necesitabas un semental. Todos saben cuánto necesita a sus sementales lapequeña Kazumi.

—No eres un semental. Sólo un caso de caridad.

—¿Es Sasuke el único al que quieres como semental? Lástima que él no te quiera a ti.

—Te odio.

Y así siguieron, hiriéndose y castigándose hasta que, de repente, dejaron de decirse

aquellas crueles palabras. Se unieron, escalando juntos hasta la cima y, en un momento arrebatador, se olvidaron de todo.

Después Kazumi intentó salir

apresuradamente de la cama, pero Hiroshi no la dejó.

—Quédate aquí. Sólo un momento.

Por una vez, la dueña del circo contuvo su afilada lengua y se giró en los brazos de Hiroshi.

Los mechones de su pelo rojizo se esparcieron como cintas relucientes sobre el pechomasculino.

—Sakura será ahora una heroína. —Hiroshi sintió cómo se estremecía al decirlo.

—Se lo merece.

—La odio. Le odio.

—No tiene nada que ver contigo.

—¡No es verdad! No sabes nada. Las cosas iban bien cuando todos pensaban que Sakuraera una ladrona. Pero ahora no. Ahora Sasuke pensará que ha ganado.

—Olvídalo. Simplemente olvídalo.

—No me das miedo —le dijo desafiante.

—Lo sé. Lo sé.

—No me da miedo nada.

Él la besó en la sien pero no la llamó mentirosa. Sabía que Kazumi tenía miedo. Por alguna razón, la reina de la pista central ya no se reconocía a sí misma y eso la asustaba muchísimo.

Sasuke se quedó mirando el oscuro escaparate de la tienda de postales de Hallmark. Tres puertas más abajo brillaban las luces de una pequeña pizzería mientras, junto a ellos, parpadeaba el letrero de neón de una tintorería cerrada. Hacía mucho tiempo que había dejado de pensar en el robo de Sakura, pero lo cierto era que nunca había creído que fuera inocente. Tenía que asumir la terrible injusticia que había cometido con ella.

¿Por qué no la había creído? Siempre se había enorgullecido de ser imparcial, pero había estado tan seguro de que la desesperación de Sakura la había conducido a robar el dinero que no le había ofrecido el beneficio de la duda. Debería haber sabido que el fuerte código moral de su esposa jamás le permitiría robar.

Ella se removió inquieta a su lado.

—¿Podemos irnos ya?

Sakura no había querido acompañarlo a dar un paseo nocturno por la alameda desierta,cerca de donde se había instalado el recinto del circo, pero Sasuke no estaba preparado para volver a los estrechos confines de la caravana y había insistido en ello. Dio la espalda al despliegue de postales y figuras de ángeles y sintió la tensión y la mirada preocupada de Sakura.

Los rizos rosas enmarcaban las mejillas de su esposa y su boca parecía tierna y

delicada. Sintió temor ante aquella dulce cabeza hueca que poseía una voluntad tan firme como la suya. Le rozó la mejilla con el pulgar.

—¿Por qué no me contaste que lo hizo Karin?

—Podemos hablar de eso más tarde —dijo

Sakura mirando impacientemente hacia la carretera y alejándose de él de nuevo.

—¡Espera! —la cogió suavemente por los hombros y ella se removió como un niño

impaciente.

—¡Suéltame! Nunca deberías haber dejado que Hiroshi se la llevara así. ¿Has visto lo

enfadado que estaba? Si le hace daño...

—Espero que le de su merecido.

—¿Cómo puedes decir eso? Sólo tiene dieciséis años y ha sido un verano horrible para ella.

—Tampoco ha sido demasiado bueno para ti. ¿Cómo puedes defenderla después de lo

que te hizo?

—Eso no importa. La experiencia me curtió, algo que ciertamente necesitaba. ¿Por qué

has dejado que se la llevara estando tan enfadado? Prácticamente le has dado permisopara que le golpeé. No esperaba eso de ti, Sasuke, de verdad. ¡Ahora!, por favor, te loruego. Volvamos y deja que me asegure de que está bien.

«Te lo ruego.» Sakura repetía eso todo el tiempo. Las mismas palabras que habían

envenenado el espíritu de Kazumi Hozuki dos años antes, cuando le había implorado que la amase, salían de la boca de Sakura continuamente. Por la mañana, con el cepillo de dientes en la boca le gritaba: «¡Café! ¡Por favor, te lo ruego!» La noche anterior le había susurrado suave y tímidamente al oído: «Hazme el amor, Sasuke. Te lo ruego.» Como si tuviese que rogárselo.

Pero implorar no amenazaba el orgullo de Sakura. Era sólo su manera de expresarse y, si en algún momento fuera lo suficientemente tonto para sugerirle que suplicar podía serhumillante, Sakura le lanzaría esa mirada compasiva que él había llegado a conocer tan bien y le diría que dejara de ser tan estirado.

Sasuke le acarició el labio inferior con el índice.

—¿Te haces una idea de lo mucho que lo siento?

Sakura se removió con impaciencia bajo el roce de su mano.

—¡Ya te he perdonado! ¡Ahora, vámonos!

Sasuke quiso besarla y sacudirla al mismo tiempo.

—¿No lo entiendes? Por culpa de Karin todo el circo pensó que eras una ladrona. Ni siquiera yo te creí.

—Eso es porque eres pesimista por

naturaleza. Ahora, basta ya, Sasuke. Entiendo que te remuerda la conciencia, pero tendrás que dejarlo para otro momento. Si Hiroshi...

—No hará nada. Está cabreado, pero no le pondrá un dedo encima.

—¿Cómo puedes estar seguro?

—Hiroshi grita mucho, pero no es violento, en especial con su hija.

—Siempre hay una primera vez.

—Le oí hablando con Kazumi un poco antes de que saliéramos. Ella protegerá a Karin

como una leona a sus cachorros.

—Que Karin vaya a ser protegida por Lizzie Borden no me tranquiliza —dijo Sakura

mencionando a una famosa parricida.

—Kazumi no es cruel con todo el mundo.

—Me odia.

—Habría odiado a cualquiera que se hubiera casado conmigo.

—Tal vez. Pero no de la manera que me odia a mí. Al principio no era tan malo, pero ahora...

—Era más fácil cuando te odiaba todo el mundo. —Le frotó el hombro. —Siento que tehayas visto envuelta en esta batalla que tiene Kazumi con su orgullo. Siempre ha poseídotalento, incluso de niña, y por ese motivo han sido demasiado indulgentes con ella. Su padrela hacía trabajar duro, pero también alimentó su ego, y Kazumi creció pensando que eraperfecta. No puede aceptar que tiene debilidades como todo el mundo, así que siempre les echa la culpa de todo a los demás.

—Supongo que no es fácil enfrentarse a tus propios defectos.

—Oh, no. No comiences a sentir pena por ella. No bajes la guardia, ¿me oyes?

—Pero yo no le he hecho nada.

—Te has casado conmigo.

Sakura frunció el ceño.

—¿Qué fue lo que sucedió entre vosotros?

—Ella creía que estaba enamorada de mí. Pero no lo estaba, sólo amaba mi linaje,

aunque todavía no se ha dado cuenta. Tuvimos una escena muy desagradable y perdió los nervios. Cualquier otra mujer lo habría olvidado, pero Kazumi no. Es demasiado arrogante para pensar que es culpa suya, por lo tanto la culpa es mía. Nuestro matrimonio fue un enorme golpe para su orgullo, pero mientras estuviste en desgracia, resultó llevadero para ella. No sé cómo reaccionará ahora.

—Mal, supongo.

—Kazumi y yo nos conocemos bastante bien. Podía vivir con el pasado mientras me veíacomo un ser desgraciado, pero ahora no. Querrá castigarme por ser feliz y sólo tengo una debilidad. —La miró.

—¿Yo? ¿Yo soy tu debilidad?

—Si te hace daño a ti, me lo hace a mí. Por eso quiero que tengas cuidado.

—Me parece una pérdida de tiempo malgastar toda esa energía intentando convencer atodo el mundo de que uno es mejor que nadie. No puedo comprenderlo.

—Claro que no puedes. Te encanta señalar tus defectos a todo aquel que quiera

escucharte.

Sakura debió encontrar divertida la exasperación de Sasuke porque sonrió.

—De cualquier manera acabarían descubriéndolos por sí solos en cuanto pasaran el tiempo suficiente conmigo. Sólo les evito el esfuerzo.

—Lo único que descubrirían es que eres una de las personas más decentes que conozco.

Una expresión muy parecida a la culpa asomó en el rostro de Sakura, aunque Sasuke nopodía imaginar de que se sentía culpable. De repente, la joven volvió a mostrar supreocupación.

—¿Estás seguro de que a Karin no le pasará nada?

—No he dicho eso. Te aseguro que Hiroshi la castigará.

—Dado que soy la persona agraviada, debería decidir yo el castigo.

—Hiroshi no lo verá de ese modo, y Kazumi tampoco.

—¡Kazumi! ¡Qué hipócrita! Le encantaba creer que yo era una ladrona. ¿Cómo puedecastigar a Karin por concederle su más anhelado deseo?

—Kazumi estaba encantada porque pensaba que era verdad. Pero tiene un fuerte sentidode la justicia. Las gentes del circo llevan una vida itinerante y no hay nada que odien másque a un ladrón. Cuando Karin cometió el robo y mintió, violó todo en lo que Kazumi cree.

—Aun así, creo que es una hipócrita y no harás que cambie de idea. Si no haces algo con respecto a Hiroshi, lo haré yo.

—No, tú no harás nada.

Sakura abrió la boca para discutir con él, pero antes de que pudiera emitir una palabra,Sasuke se inclinó y la besó. La joven resistió dos segundos intentando demostrar que no era una chica fácil, pero enseguida se rindió.

Santo Dios, a Sasuke le encantaba besarla, le encantaba sentir cómo se fusionaba con él, lapresión suave de sus pechos. ¿Qué había hecho para merecer a esa mujer? Era su ángelpersonal.

Lo atravesó una oleada de frustración porque ella no exigía la venganza que merecía.

Pero vengarse no formaba parte de la naturaleza de Sakura, por eso era tan vulnerable.

Se apartó ligeramente para hablar y tuvo que obligarse a decir aquellas palabras tan

inusuales en él.

—Lo siento. Siento no haberte creído.

—No importa —repuso ella.

Sasuke supo lo que ella quería decir y sintió como si su corazón explotara.