Rabastan estaba más que preocupado por donde los llevaba la pequeña hablante de pársel. Narcisa parecía feliz en cumplirle cualquier capricho, y el no podía negar que también estaba feliz en acompañar a la pelirroja.

— ¿estas segura por dónde vamos? —preguntó con escepticismo cuando se dio cuenta que ingresaban al baño de niñas.

—sí. Luna dice que aquí esta lo que necesito.

— ¿quieres ir al baño? —preguntó Narcisa con un toque maternal.

Rabastan le daba una sensación de que Narcisa se comportaba como una madre para Hermione. Las veces que Hermione estaba con Narcisa le cambiaba el pelo de un color más rubio platinado, y con hechizo glamur encubría la cara para que pareciera un pariente lejano de ella. Pero lo que más le llamaba la atención era la devoción con la que se preocupaba por Hermione.

Hermione negó, mientras sus rizos dorados se balanceaba en todas partes, con una mano apartaba los rizos que ocultaban su cara.

—vamos a ver a alguien importante. Ha estado sola por mucho tiempo.

— ¿te refieres al fantasma? —dijo Rabastan mientras recordaba que en estos baños había un fantasma que se dedicaba a llorar.

—no… bueno a ella también pero no.

— ¿a quién? —preguntó Narcisa de nuevo con ese toque maternal.

—lo veras en un momento.

Rabastan vio como la chiquilla se acercaba a unos lavabos y silbo algo. El lavabo retrocedió y apareció una cañería. Narcisa estaba en shock al igual que él. Hermione parecía despreocupada que solo conjuro un lumos y entró.

Narcisa le dio una mirada asustada, el solo se acercó para asomarse, pero Narcisa tenía otros planes. Ella lo empujó.

Rabastan se deslizó hasta que cayó en su trasero. Vio que estaba en un pasillo y escuchó a Narcisa preguntar:

— ¿es seguro?

El rodó los ojos.

—no, no sé si es seguro, pero date prisa porque la chiquilla ya no está.

Rabastan empezó a caminar hacia donde estaba la poca luz iluminando. Vio que Narcisa venia quejándose del lugar. Había huesos de animales y esto presagiaba mal augurio. El quería retroceder, pero Narcisa pareció leerle el pensamiento porque le susurró.

—si estamos en problemas tu serás el que lidie con eso, mientras yo saco a Hermione. ¿Estamos?

Rabastan solo asintió. La varita de Narcisa estaba presionada en su costado, Rabastan solo suspiró mientras empezaba caminar de nuevo.

Cuando llegaron a un muro con una serpiente, se encontraron con una sorpresa. Ellos estaban en la cámara de los secretos y Hermione los había llevado hacia su prominente muerte. Una serpiente demasiada grande estaba enroscada, no faltaba decir qué clase de serpiente era, ya que ellos lo supieron en el momento que Hermione dijo:

—cierren los ojos, luna dice que si lo ves a los ojos mueres.

Era un basilisco. Un jodido basilisco.

Rabastan escuchó a Narcisa recordarle lo que le dijo hace un momento.

—que no se te olvide que tu serás la carnada…

Rabastan con los cerrados, tragó grueso mientras asentía.