CAPÍTULO 11: EL JURAMENTO
Maxon
Me había emocionado como un niño pequeño cuando, aún en el refugio, rodeados de personas, América había tirado de su oreja con delicadeza. Ese pequeño gesto, solo de nosotros dos, me había hecho sentir el alivio más grande que experimenté jamás.
América seguía siendo América, recordara algo o no. Con su testarudez, sus ideas descabelladas y sus profundos ojos azules; y yo seguía queriéndola con toda el alma.
Algún tiempo después, Ashlar y dos guardias más entraron para avisar que el ataque había pasado, y una leve sensación de angustia se apoderó de mí.
-¿Ha habido heridos? - le pregunté al médico.
-Ninguno de gravedad - me tranquilizó Ashlar, notando mi inquietud - el ala donde ha caído la bomba estaba vacía, salvo una doncella y algunos guardias que consiguieron ponerse a salvo.
-¿Por qué atacarían un ala vacía? - pregunté más para mi mismo que para el médico.
-Quizá debería hablar eso con el general - sugirió. Me di cuenta de que esta vez ya no era mi padre quien se encargaría de los resultados del ataque. Ahora sería yo.
Marlee y yo nos dirigimos a la oficina, mientras Ashlar se encargaba de examinar a América y trasladarla de vuelta al hospital. Marlee se quedaría con Carter, pero yo volvería para cumplir mi palabra de hablar con América más tarde, a solas.
El misterio de por qué los rebeldes atacaron el ala vacía del palacio adquirió cierta gravedad cuando el general expuso su teoría. Él sospechaba que la intención había sido herir a América o a Kriss, sobre todo considerando que el ataque había sucedido después de iniciado el funeral, con el suficiente tiempo de espera para asegurar que ninguna de las dos asistiría. El pánico se instaló como una sombra a mis espaldas.
La actitud de Marlee cambió considerablemente en cuanto supo que Carter se encontraba bien. La dejé para que hablaran y me dirigí a la habitación de mi madre.
-¡Hijo! - exclamó en cuanto atravesé el umbral. Una punzada de culpa me alcanzó al contemplar su semblante preocupado, pero no me vi capaz de suavizarle la situación y las suposiciones del general. Mi padre ya le había ocultado demasiado.
-Tú crees que tiene razón - me dijo cuando terminé. No era una pregunta.
-¿Por qué más atacarían sabiendo que todos estaban fuera, en los jardines? ¿Todos menos ellas dos?
-Es bueno que Lady América no estuviera allí, pero ¿por qué Lady Ambers no se encontraba en las habitaciones?
-Aún no he podido averiguarlo - confesé. Mi madre me miró con sus profundos ojos y suavizó el gesto.
-No puedes aplazarlo para siempre - señaló - y no creo que desees hacerlo tampoco. Desde el principio has sabido cuál es tu elección.
-Pero si ella...
-No puedes adelantarte a lo que pensará, hijo. Déjala decidir también. Estoy segura de que sabe cuál es su elección.
-¿Y si no la recuerda? - inquirí, dejando caer la falsa seguridad.
-Lo hará pronto. Mientras tanto, deberías considerar hablar con Kriss - sugirió. Sabía que tenía razón, el funeral había pasado y había prometido que lo haría. Pero antes, tenía algo más que atender, y lo haría encantado.
Besé a mamá con gratitud antes de encaminarme hacia las puertas de la enfermería.
América se encontraba sentada en la misma camilla que había estado ocupando desde el ataque, pero al verla despierta todavía sentía un enorme alivio. Sostenía un libro entre sus manos, y parecía tener un poco más de color. Sonreí y me acerqué a ella.
Mary desapareció tras abrirme la puerta, así que supuse que América le había pedido algo de discreción.
-Creí que ya no vendrías - admitió, marcando con un separador la página del libro antes de cerrarlo.
-Me pareció ver a alguien tirándose de la oreja en el refugio - respondí - Y me parece también que yo tiré la mía de vuelta.
-¿Tienes un poco de tiempo?- inquirió insegura. Deseé con todas mis fuerzas que no fuera lo que estaba pensando.
-¿Qué sucede, querida? - acerqué una silla al borde de su cama y me senté junto a ella, esperando que entendiera por el gesto que escucharía todo.
-Yo he...he recordado algo más, Maxon.
Me puse rígido.
-¿Qué ha sido?
-Bueno, no estoy muy segura de cuándo sucedió, porque está algo borroso, pero estabas en mi habitación y yo... - inhaló profundo, como armándose de valor - un beso, y luego otro, y tus cicatrices...
-Te quiero - le respondí, recordando con calidez el momento al que se refería - La casa, la decisión, y la primera vez que me dijiste que me querías, América Singer.
Ella asintió con una pequeña sonrisa.
-¿Hasta dónde recuerdas? - quise saber.
-Nos quedamos dormidos - explicó, mirando el lomo del libro en su regazo y las sábanas que la cubrían - no recuerdo más allá, aunque lo intento.
-No debes forzarlo, cariño - respondí sin pensar - recordarás cuando tengas que hacerlo.
Ella asintió de nuevo, algo decepcionada, y yo tomé su barbilla entre mis manos con suavidad para hacerla voltear.
-Lo siento mucho - solté. En realidad había pensado decirle que todo estaría bien, que no se preocupara, pero la disculpa salió en cuanto sentí su piel.
-¿Por qué? - inquirió. No podía contárselo, no ahora. Al menos no todo.
-No debiste salir herida aquél día - respondí - Yo...yo soy el que debería estar ahí.
-Maxon...- comenzó ella, pero no se lo permití y tomé sus manos entre las mías
-Te prometo -enfaticé - que jamás dejaré que vuelvan a lastimarte, América. No permitiré que sufras otra vez, jamás.
La mire a los ojos al decirlo, absolutamente seguro de que cumpliría y más que dispuesto a hacerlo. Si ella me aceptaba de nuevo, lo más importante para mí sería mantenerla a salvo, tranquila, y feliz.
