DISTURBIO METÁLICO

-Es hora de irme, princesa.

-No, ¡NO! ¡FOLKEN, POR FAVOR! ¡NO TE VAYAS!

-Debo hacerlo princesa, no hay opción.

Podía sentir el terror invadirla, Folken, el príncipe quinceañero de Fanelia, de ojos granate y lacios cabellos grises se había puesto en pie, dejándola sentada bajo un enorme árbol, frente a un arbusto por el cual estaba a punto de salir de nuevo a cazar un dragón… y morir.

-No, NO, ¡NO DE NUEVO! ¡NO VOY A PERMITIRLO!

Soltó el libro, se lanzó a él con todas sus fuerzas, tomando un brazo en una de sus manos y envolviendo el resto de aquel cuerpo con la otra, jalándolo y tratando de inmovilizarlo, tratando por todos los medios de evitar que cruzara por entre aquellas hojas verdes a encontrarse con la muerte misma una vez más.

-¡No me dejes, Folken! ¡Por favor!... ¡Te amo!

Había comenzado a llorar, apretándose a él, aferrándolo con todas sus fuerzas, embriagándose en aquel aroma a arboles antiguos, pasto y vegetación que parecía envolverlo constantemente… temblando al notar un aroma a metal, humo y cuero colándose por entre el fuerte aroma a bosque.

Abrió sus ojos, encontrándose con un par de ojos carmesíes y fríos, con una lágrima azul tatuada debajo de uno de ellos y los cabellos grises peinados en punta hacia arriba.

-¡Folken!

-No soy el que conocías, Eries, yo ya no soy…

-Lo eres, ¡LO ERES! ¡ESTÁS AHÍ DENTRO! ¡SÉ QUE ESTÁS AHÍ DENTRO!

Estaba llorando, estaba completamente angustiada, apretándolo aún más, importándole poco que, repentinamente, sus senos habían pasado de ser planos e infantiles a unos más llenos y torneados, pequeños de todas maneras, maduros a pesar del tamaño.

-¡Sé que estás ahí todavía! -Murmuró ella ahogada en llanto- pude verlo, ¡pude sentirlo! ¡al maravilloso joven, amable y paciente que leía libros conmigo en Fanelia! ¡Sé que estás ahí todavía, Folken!

-Eries, yo no…

No lo dejó decir nada más, no lo dejó terminar, se apresuró a callarlo con sus labios, recreándose en aquel beso, tratando con todas sus fuerzas de despojarlo de las ropas zaibachianas que portaba ahora, desesperada al sentir una mano recorrerla, despojándola del corset, de los guantes y las orejeras, rompiendo las costuras de su vestido y la camisola interior como si sus vidas dependieran de ello, buscando calor en el cuerpo ajeno con desesperación, besándose cada vez con más furia y necesidad.

La boca de Folken comenzó a recorrerle la mandíbula y el cuello, ¡estaba tan excitada!

-¡Eries! -Escuchó claramente aquella voz profunda y seductora en su oído- ¡Mi querida Eries! ¡no podía reconocerte! ¡creciste tanto! ¡tu cuerpo! ¡tu rostro!

-Sshhhh, di mi nombre de nuevo, por favor, Folken.

-¡Eries!

Sintió un potente escalofrío recorrerla desde su frente, envolviendo su cabeza, pasando por su columna vertebral y haciéndola temblar de una forma completamente placentera.

-¡Eries!

El calor de un par de una mano ajena recorriéndola sin pudor alguno, la sensación de su nombre en aquellos labios, lo que fuera que estaba sintiendo era tan fuerte ahora, que no dudó en lanzarse sobre él, sepultando la razón en lo más profundo de su inconsciente y dejándose llevar por la repentina necesidad de tocarlo que estaba sintiendo ahora, besándolo como si no hubiera un mañana, como si no…

.

-¿PRINCESA ERIES? ¡El Regente Fassa solicita su presencia en el salón de audiencias en quince minutos!, mi señora… ¿está bien?

Abrió los ojos, lo primero que notó era el modo en que la ropa se le estaba pegando al cuerpo, sudaba demasiado.

Lo segundo que notó fue lo rápido de su respiración, lo desbocado de sus latidos y una especie de fuego abrazador, dimitiendo molesta y lentamente entre sus muslos.

-¿Constanza? Lo lamento mucho, he estado tan cansada estos días…

-Lo sé, mi señora, ¿está bien? ¿necesita vomitar en su bacín?

Se sintió sonrojar ante la última pregunta, moviendo su rostro de manera negativa antes de lograr concentrar su mente en lo que su mucama había dicho luego de entrar, cuando aún intentaba despertarla.

-¿Dijiste que mi presencia…?

-El Regente Fassa solicita su presencia en el salón de audiencias en quince minutos, mi señora, llevo algunos m intentando despertarla, ¡lo lamento tanto! ¡no sabía que hacer! ¡sonaba a que estaba teniendo una pesadilla tan dolorosa cuando entré qué yo…!

Dejó de escucharla, lo que había tenido no estaba muy segura de que fuera una pesadilla, de hecho, no estaba segura de que pudiera mirar a Folken a la cara luego de lo que su imaginación le había mostrado.

-¿Mi señora?

-Llena mi aguamanil, por favor, deja mis ropas sobre la cama y tráeme un piscus y un poco de pan tostado con miel, ¡debería ser suficiente!

-¡Cómo ordene mi señora!

Los pasos de Constanza apresurados le ayudaron a terminar de despejarse, miró un momento como su mucama terminaba de llenar el recipiente que solía usar para lavar su rostro y sus manos antes de correr al armario, Eries aprovechó entonces para tentar la zona íntima entre sus piernas, sonrojándose aún más al notar la cantidad de humedad en el área. Repentinamente alarmada, comenzó a tocar también las sábanas debajo y encima de ella… estaban secos, no podía decir lo mismo de su ropa interior, tanto la camisola como las bombachas estaban húmedas, era como si hubiera liberado un poco de orina pero, estaba segura de que eso no había sucedido, estaba segura de que no era eso pero…

-¡Voy ahora mismo por su desayuno, mi señora!

-Gracias Constanza.

Se levantó tan pronto como la mucama se había marchado, quitándose la ropa interior y buscando ropas frescas en los cajones de su armario, corriendo con las prendas en mano antes de enjuagarse tanto sudor como fue posible con una tela y sus manos desnudas, enfundándose tan pronto pudo en la ropa interior que usaba y el vestido reglamentario para presentarse frente al consejo.

Cuando Constanza llegó con los alimentos encargados, le quedaban escasos cinco minutos, mismos que aprovechó para desayunar, permitirle a su mucama acomodar lo que faltaba de sus ropas y disculparse por haber salpicado accidentalmente sus ropas al lavarse el rostro, era una mentira, por supuesto.

.

-¿Una conferencia de qué? -Preguntó el Regente, todas las miradas posadas sobre el mismo hombre alto de cabellos grises al que se había lanzado la repentina pregunta.

-¡Tecnología!, Asturia está en notable desventaja ante la maquinaria y tecnología que el Imperio ha desarrollado durante el último siglo, las posibilidad de volver invisibles tanto las armaduras de los melefs como las fortalezas flotantes, los dispositivos para lanzar material metálico moldeable, lanzadores de fuego, por no hablar del avance en medicina para completar o mejorar cuerpos humanos…

-¡ESO ES IMPOSIBLE! -Había soltado uno de los nobles, Eries pudo ver a otros asintiendo para demostrar su acuerdo con el que había gritado.

-¿Qué parte le parece a usted imposible?

-TODO lo que acaba de mencionar, por no hablar de esos "avances médicos", ¡es imposible!

-¡No, no lo es! -Contestó el faneliano, moviendo su capa violentamente, dejando al descubierto por algunos segundos lo que parecía un brazo metálico.

Hubo exclamaciones de asombro, murmullos entre los nobles, Eries estaba completamente en shock, recordaba bien que había perdido su brazo diez años atrás al enfrentarse a un dragón, realmente estaba segura de que lo que había estado ocultando con aquella capa fuera un hombro sin brazo pero… ¡esto!

-¡Señores, señores por favor! ¡orden! ¡ORDEN, HE DICHO!

Todos guardaron silencio ante un sonoro golpe en la mesa, cortesía del Regente en turno, incluso Eries desvió su atención de la insinuación de algo monstruoso bajo la capa de Folken, para dirigir su mirada a Dryden.

-¡Caballeros… mi Señora! Todos hemos sido testigos de cosas extrañas en las naves del Imperio, todos sabíamos que la ciudad estaba sitiada desde antes de que la princesa Millerna y yo llegáramos aquí, la princesa Eries, aquí presente, se tomó la libertad de informarme apenas pudo, recuerdo bien haber visto una o dos naves cuando mi tripulación llegó aquí, recuerdo también haber visto varias naves claramente a ciertas horas del día y luego ya no, lo que es más, el día de mi boda no parecía haber una sola nave en el cielo, por lo tanto, ¡NO VOY A TOLERAR MÁS INTROMISIONES Y ACUSACIONES DE DUDA EN ESTE CONSEJO! ¿HE SIDO CLARO?

Más murmullos, todos asentían y se disculpaban en voz baja, Eries miró un momento a Folken, parecía imperturbable, su mirada fría dirigida al frente, su rostro completamente serio y su cuerpo completamente erguido y altivo, por un segundo, a Eries le pareció notar una sonrisa disimulada de autosuficiencia, completamente torcida en aquel rostro adulto, no supo si realmente la había visto o no, tan pronto como la notó, ya había desaparecido de nuevo.

-Prometí pagarles con conocimiento, quisiera dar algunas pocas conferencias con sus mecánicos y toda aquella persona que tenga algo que ver en el diseño y manufacción de melefs y máquinas de guerra para instruirlos, conocer los puntos débiles en la maquinaria zaibachiana es tan importante como actualizar sus propias máquinas de guerra, además, me gustaría hablar también con sus médicos, no espero que puedan reproducir pronto todo lo que ha logrado el Imperio, pero sí que puedan aprovechar estos conocimientos para mejorar a sus soldados, curarlos y mantenerlos tanto tiempo como sea posible, el suficiente para acabar con esta guerra a la brevedad.

Hubo un súbito estallido de risas, un Conde había tratado de suprimir su risa ante la palabra "guerra" y varios más le habían seguido de forma más abierta ahora.

Folken no se inmutó, los observaba a todos como si estuvieran callados y atentos.

-¿GUERRA? -Interrumpió Dryden con toda la seriedad de alguien que escucha una alarma y está dispuesto a pedir indicaciones y ayudar- ¿Todos esos planes y estrategias son para una guerra, entonces?

-Como expliqué en días anteriores, la ambición del Emperador Dornkick son acerca de cambiar y modelar el futuro de Gaea, por si no les había quedado claro, en este preciso momento, el Imperio completo de Zaibach está librando una guerra con el resto de Gaea, no ven a nadie como aliados, solo recursos a utilizar y desechar para alcanzar sus fines.

Silencio, por fin los nobles estaban tomándose más en serio sus palabras. Eries miró a su alrededor, notó a Folken mirando también al resto de los nobles, tan calmado como si nadie se hubiera reído de sus palabras.

-Es posible que el Imperio intente atacar de nuevo Asturia para obtener a Hitomi Kanzaki o bien matarme a mí, no lo harán por el momento, los Estrategos restantes son de lento entendimiento, tardarán un poco en encontrar la estrategia y el momento preciso para atacar, por esto es que estoy solicitando aprovechar ese tiempo para prepararnos, preparar una defensa, un contra ataque e incrementar las posibilidades de éxito cuando la guerra termine de desatarse.

-Bien, a mi me basta con eso -Contestó el Regente Fassa, ajustándose sus lentes y recargándose contra su asiento- ¿exactamente que necesitas para dar toda esta información y cuanto tiempo va a llevarte?

Esta vez Folken sonrió apenas un poco, sus ojos brillando con anticipación, Eries estaba segura de que había conseguido lo que deseaba, era hora de negociar.

.

Estaba sentada en la biblioteca, la hora de la comida había pasado hacía un rato y no encontraba nada más que hacer con su tiempo, ya había supervisado los preparativos para las conferencias, había asignado lugares en la Honorable Universidad Elemental de Palas, había terminado de escribir las invitaciones y las había enviado, había preparado también a algunos Heraldos para que fueran todo el día a ciertas zonas de la ciudad a leer una invitación general y explicar de qué se trataban las conferencias, además de informar del carácter urgente y CASI obligatorio que éstas habían adquirido, también había terminado de revisar la información sobre los refugios temporales y dado el último vistazo al manual con medidas a tomar en caso de que alguna batalla llegara de nuevo a la ciudad.

Estaba guardando el libro de registros que solía utilizar, cuando el sonido de pasos deteniéndose a sus espaldas le llamó la atención.

-¡Señorita Eries!

Sintió claramente ese escalofrío placentero recorrerle la espalda, la respiración se le cortó, el corazón comenzó a latirle de prisa y un calor inesperado la atacó, envolviendo su rostro y concentrándose en sus mejillas.

-¡Lord Folken! -Respondió ella con la voz tan calmada como pudo.

Lo miró apenas un segundo antes de regresar su atención a la estantería de libros.

-Solo, Folken está bien.

-Puedo decir exactamente lo mismo -Contestó Eries, sintiéndose ligeramente más tranquila, percibiendo el aroma a metal, humo y cuero con menos intensidad que la noche anterior.

-Así que, ¿aún te refugias en la biblioteca?

-En esta ocasión es más un asunto de trabajo, ya sabes, organización y política van de la mano si quieres que funcionen.

-Pienso lo mismo, organización, política y tecnología van de la mano.

Lo miró por el rabillo del ojo, indecisa sobre que debía hacer ahora, en realidad había pensado buscar algún tomo de botánica o de leyendas egzardianas antes de encontrarse con él.

Cuando se dio cuenta, ambos estaban mirándose fijamente a los ojos, no pudo evitar sentirse acalorada de nuevo, luego sus ojos se habían fijado en el hombro al cual debería faltarle un brazo, el derecho, dándose cuenta de lo que estaba haciendo y devolviendo su atención a la estantería a su lado.

-¿Te intriga mi brazo?

-Un poco.

-Las prótesis mecánicas no son algo que se vean todos los días fuera de Zaibach, puedo comprender a la perfección la curiosidad que mi brazo puede generar fuera del Imperio.

-Tenemos, "prótesis" también aquí en Palas, nuestra cercanía con el mar lo hace necesario.

Lo escuchó aguantando una risa burlona, era un poco molesto, sí, pero también desconcertante la facilidad con que parecía hacerlo reír.

-Un palo de madera en lugar de una pierna no es una prótesis, demasiado burdo para poder considerarse como tal.

-A nuestros marineros les han funcionado por años.

-No lo dudo, pero eso no sirve para la guerra o para generar cosas nuevas, carece de articulaciones, no tiene un buen agarre, es imposible usarlo correctamente si el daño viene de muy arriba, por ejemplo, si se ha perdido el hueso cercano a la cadera con su correspondiente articulación, además de que es completamente inservible si se pierde una mano o un brazo.

Ella también sonrió disimuladamente ahora, encarándolo, completamente interesada en el tema, tal y como él había dicho, no era algo que se viera todos los días, ni siquiera en sus libros.

-¿Y bien?

-¿Y bien qué? -Preguntó el peligris con aire divertido.

-¿Vas a mostrármela o solo buscabas una buena razón para darme una clase?

Parecía a punto de soltarse a reír a carcajadas, luego volvió a su talante serio, irguiéndose en toda su estatura para mirar a su alrededor, ella lo imitó, constatando que, de hecho, estaban completamente solos entre los estantes llenos de libros, las chimeneas y los asientos cómodos para leer.

-¡Ya que insistes!

Folken estiró su mano izquierda de forma casi ceremoniosa, removiendo las telas que llevaba a manera de capa para cubrir su cuerpo. Bajo aquello, había una túnica negra con amarras de cuero aquí y allá, la manga derecha de la camisa verde que se ocultaba debajo completamente extirpada para dejar espacio al brazo mecánico. Estaba lleno de cables y metal brillante y limpio, podía notar a la perfección los lugares donde se le habían colocado articulaciones y cómo estaban compuestas, los dedos terminaban en afiladas garras que le daban un aspecto aún más deforme y monstruoso de lo que había pensado inicialmente, además, si era muy sincera, le habría gustado poder inspeccionar más a profundidad la unión entre aquel brazo metálico con la carne y los músculos ocultos bajo la ropa.

Eries se sonrojó de nuevo, dejando de tantear e inspeccionar por un segundo, entreteniéndose en delinear uno de los cables que sobresalían en el área del codo.

-Es un trabajo intrincado, casi parece un brazo de melef.

-Usa un principio similar, el verdadero problema fue conectarlo a mi sistema nervioso.

Quería hacer más preguntas, deseaba indagar en el asunto. Se abstuvo, se obligó a sí misma a retirar su mano y a tratar de respirar con normalidad, incapaz de mirar otra cosa que no fuera aquel extraño artilugio frente a ella.

El brazo pronto quedó escondido, relegado a la oscuridad detrás de aquella capa con que, al parecer, el refugiado la ocultaba a toda costa.

Levantó la mirada, él estaba sonriendo, una sonrisa apenas insinuada, ni de cerca tan cálida como las sonrisas con que había sido saludada años atrás, por lo menos no era la mueca de fastidio y seriedad con que aquella persona deambulaba por todo el palacio con, o sin escoltas.

-Parecías fascinada, debo decir.

-Es un avance fascinante en realidad, sería una mentirosa si dijera lo contrario.

-¡Es una monstruosidad! -Replicó Folken en un murmullo, su rostro repentinamente amargo y su mirada fría de nuevo- su diseño fue pensado para prolongar la vida útil de un combatiente, es útil para muchas cosas, principalmente para lastimar y hacer daño a un enemigo, cada material, cada pieza, cada pequeña parte de este brazo fueron pensadas para crear un arma.

-Y aún así, es un avance de lo más interesante, ¿cuántos granjeros podrían volver a labrar sus tierras luego de perder un brazo o una pierna con algo así? ¿Cuántos pescadores podrían seguir siendo proveedores en sus hogares luego de perder una extremidad al pelear con una bestia marina? ¿cuántas mujeres podrían atender plenamente a sus hijos después de sufrir un accidente grave?

-Hum -Soltó él de forma irónica- una madre con una de estas, podría fácilmente cortar el cuello de sus hijos y matarlos.

-No si se le hicieran las modificaciones adecuadas, utilizar materiales con la suficiente fuerza para desempeñar el trabajo para el cual sean diseñados, y con un diseño más… amigable, para asegurar que no habrá ningún accidente que no podría suceder con una extremidad de carne y hueso.

Folken suspiró, la diminuta sonrisa había vuelto a levantar las comisuras de sus labios apenas un poco.

-Tomaría tiempo, esfuerzo, mucho trabajo… pero confío que, de haber gente como tú en un proyecto como este, podría usarse en los comunes y no solo en los nobles o los combatientes, claro que, tu reino siempre se ha diferenciado de los otros por favorecer a reyes demasiado versados en el comercio.

-De hacerse esto, tanto Millerna como yo buscaríamos los medios para que los comunes pudieran acceder a ello en caso de necesidad, cómo bien dices, este reino se enfoca mucho más que otros en el comercio, parte del comercio es asegurar que la producción de bienes continúe lo más rápido posible manteniendo una calidad aceptable, por tanto, perder un trabajador nos supone una pérdida en la producción de bienes intercambiables, al final, los comunes pueden tomar ventaja de este hecho, y nosotros de los resultados de su arduo trabajo.

-Un círculo perfecto, en mi opinión, espero que no se les escape de las manos entonces.

Habría intentado hablar un poco más con él, quería debatir algunas otras cosas, sin embargo, el sonido de algo golpeando contra el suelo de la puerta llamó la atención de ambos. Un par de guardias, armados con lanzas y espadas, se encontraban ahí en posición de firmes, como si esperaran algo.

La sonrisa en el rostro de Folken se borró por completo, simplemente volteó a verla, haciendo una ligera reverencia de cortesía que ella se apresuró a corresponder, era hora de que él se fuera, su escolta lo esperaba.

-¿Harás algo esta noche?

Eries se cubrió los labios apenas darse cuenta de lo que había hecho, él volteó a mirarla, se notaba divertido, estaba a escasos dos pasos de la puerta en ese momento.

-Estaré en mi habitación tomando la cena y terminando algunos planos y anotaciones necesarias para la conferencia de mañana, el programa con los horarios me llegó unos quince minutos antes de que viniera a la biblioteca.

-Lamento haberte distraído de lo que habías venido a buscar -Se disculpó Eries, repentinamente apenada.

-Está bien -Comentó Folken, elevando su brazo izquierdo y mostrando un par de tomos- ya había tomado lo que necesitaba, además, una buena charla siempre es agradable, ayuda mucho a… aclarar las ideas.

Eries sonrió un poco, él también, otra reverencia y Folken desapareció junto con su escolta.

.

Notas de la Autora:

No sé ustedes, pero las interacciones entre estos dos, al menos a mi, comienzan a parecerme bastante más naturales y fluidas... ¿hasta dónde podríamos llegar con esto? digo, está visto que Folken estimula la líbido de Eries, jejejejeje, pero, ¿y Folken? ¿qué sentirá? lamentablemente no habrá ningún POV por parte de Folken... o al menos, no tengo ninguno planeado para esta historia, no sé, ese hombre bien podría decidir que necesita uno en esta historia y a mi no me quedaría más remedio que escribirlo, pero... ¡quien sabe! lo único que puedo prometerles es que, seguro seguro, ya tengo listo hasta el capítulo 14, así que seguiré subiendo dos capítulos por semana, uno en lunes y otro en miércoles, me encantaría decir que tengo un montón de tiempo libre para escribir por la contingencia, pero no, sería una rotunda mentira, hay tres pequeños monstruos en casa a los que tengo que ayudarles a estudiar estos días, jejejeje, en fin, espero hayan disfrutado con este capítulo, recuerden, cualquier comentario, sugerencia, crítica, mentada de madre o lo que gusten, en el botón de review.

SARABA