19
Una hermosa confirmación
El demonio no sabía que decir ni siquiera que pensar ante esa inesperada noticia. ¿Acaso era una broma? Ciel no era de los que bromearan así de repente, a veces decía sus tonterías graciosas pero no de esa forma, tal vez se estaba vengando de las bromas tontas que le había hecho; pero al sentir ese abrazo empezaba a tomar la noticia con bastante seriedad, tanto que se sonrojó un poco al imaginarse que así era, su anhelo se hacía realidad, un bebé, resonaba en su mente, el jovencito apenado no sabía cómo más esconder su rostro por la vergüenza.
-¿Es en serio? -Con alegría indescriptible le cuestionaba el demonio abrazándolo con fuerza parecía querer llorar de la emoción que sentía, en toda su banal existencia había sentido tal emoción, era diferente al sentimiento de amor que sentía por su pequeño amante.
-Si me sigues apretando así se me saldrá -Murmuraba en voz baja el avergonzado joven pero algo divertido a la vez, porque era contagiado por la emoción del demonio, quien tomaba con delicadeza entre sus manos su rostro que estaba escondido.
Sus miradas chocaban con un destello extraño que ambos no habían notado antes entre sí, una mezcla de alegría y cariño sincero sin decirse palabra unieron sus labios en un apasionado beso por unos segundos.
-¿Desde cuándo lo sabes? ¿Por qué no me dijiste antes? -sobre los labios del joven le cuestionaba el demonio mientras acariciaba su vientre desnudo, al que apenas notó un poco abultado, tanto que se jactaba de conocer cada centímetro del cuerpo de su amado y no sospechó de este suceso, eso le apenaba sintiéndose estúpido por no percatarse.
-Eres un idiota... Esperaba que lo notaras hace dos días cuando me di cuenta. -En un murmullo algo resentido le hablaba sobre los labios mientras desviaba apenado la mirada.
-Y no preguntes cómo lo supe - Terminaba de decir sintiendo un candor en el interior de su vientre al sentir las caricias llenas de cariño que le regalaba sobre este.
-Tu instinto maternal te lo dijo -Se le burlaba sobre los labios y le daba un pequeño beso.
-Cállate -Entre besos le decía con fingido resentimiento.
-No te lo diré nunca -Le seguía hablando con un leve puchero, Sebastian embelesado lo miraba y lo recostaba en la cama con sutilidad pero sin bajarle la mirada.
-Aún no puedo creer lo de nuestro bebé -Emocionado el demonio le hablaba besando ahora su vientre muy amoroso, Ciel sonrojado se dejaba consentir se sentía tan satisfactorio que esos labios rozaran su vientre pero entraba en razón y lo apartaba con brusquedad pues empezaba a excitarse.
-Solo te dejas llevar por la emoción pero no piensas lo complicado que será todo a partir de ahora. ¿Qué haremos? -Le regañaba con seriedad y le halaba el cabello algo divertido, el demonio sonreía ante ese gesto que no lo tomaba a mal sino que animado se dejaba maltratar.
-Pues no se podrá esconder por mucho tiempo -Lo abrazaba por la cintura muy divertido.
-Es tu culpa... Tú sabías que esto podía pasar ¿No? Ahora todos sabrán lo nuestro... Es tan vergonzoso todos pensarán que soy mujer... -Molesto le hablaba el jovencito mirándolo mal a la vez que se apenaba por lo que se imaginaba que pasaría a partir de ahora, los chismes y las burlas que habrían de todos al enterarse comenzaba a manotearlo muy sonrojado.
-No lo sabía... Eso del bebé lo decía en broma pero se hizo realidad... Tal vez Dios escuchó mi ruego -Le respondía a esa queja casi reclamo con una sarcástica sonrisa al resaltar la palabra "Dios".
-Si claro Dios... -Murmuraba con sarcasmo igual el joven que se sentaba en la cama para buscar su ropa que estaba entre las sábanas.
-O fue un milagro del amor, de nuestro amor -Se le burlaba el demonio y lo ayudaba a buscar la ropa con una amplia sonrisa.
-Eres tan ridículo -Era el murmullo molesto y avergonzado de Ciel al escuchar tal cursi declaración.
-Aunque no lo digas sé que me amas- Decía el demonio y lo obligaba a recostarse en la cama de nuevo.
-Claro que no... Y ya deja de hablar tantas tonterías... -Apenado le refutaba y trataba de levantarse pero el mayor lo acorralaba a la cama sutilmente con su cuerpo que aún estaba desnudo.
-¿Qué haremos? -Le cuestionaba con seriedad refiriéndose a la situación del embarazo.
-Hacer el amor me parece una buena idea para celebrar esta maravillosa noticia -Seductoramente le susurraba el demonio al oído y acariciaba de forma lasciva su entrepierna a lo que el joven jadeó sutil, tratando de resistirse pero le era difícil no entendía porque desde que ese bebé crecía dentro suyo sentía el cuerpo más sensible.
-Tú solo andas pensando en eso... Digo qué haremos respecto a este embarazo -Le decía malhumorado tratando de apartarlo.
-Creo que lo podríamos mantener en secreto por un tiempo hasta pensar bien que haremos -Sugería el demonio mientras acariciaba su bello rostro sonrojado y le regalaba unos besos en sus mejillas cálidas.
-Soy un joven aristócrata embarazado por mi pervertido demonio mayordomo... es... -Musitaba Ciel abrazándose a su amante con algo de ansiedad y parecía que se le quebraba la voz.
-¿Estás llorando? -Cuestionó el demonio al sentir ese abrazo y lo correspondió sin dudar para calmarlo.
-No... Claro que no... Idiota -Era la respuesta del joven que detestaba mostrarse vulnerable
-Prometo que no te dejaré solo con todo esto... Estaremos juntos ahora más que nunca -Le decía el demonio para calmarlo comprendía lo abrumado que debía sentirse pero ciertamente no era algo que hubiera planeado así.
-Aunque me ponga odioso -Le susurraba con un pequeño puchero el jovencito y le miraba de reojo en ese abrazo.
-Siempre eres odioso -Era la respuesta divertida que le daba y sonreía burlonamente.
-¿Te quedarás conmigo? -En un murmullo trataba de confirmar la presencia de su demonio en su vida, era lo que más temía de toda esta situación, no era el hecho de la vergüenza y el escándalo seria si se llegara a saber su mayor miedo era que Sebastian lo dejara tal vez cansado de los cambios que tendría, el mismo era consciente de lo odioso que podía llegar a ser.
-Si mi amor... -En un susurro muy dulce le respondía el demonio tomando su rostro le obligaba a mirarle.
-Odio que me digas así...- el jovencito le regañaba pero a la vez lo besaba apasionado escondiéndose bajo las sabanas daban rienda a su "celebración".
Pasaron un par de días de aquella confirmación, la relación amorosa entre mayordomo y amo no era tan secreta para los sirvientes, más ahora que Sebastian se la pasaba cargando a Ciel para que no caminara mucho, algo vergonzoso para el joven que sentía las miradas de sus sirvientes ante esos cuidados tan exagerados.
-No quieres que camine pero haces que fuerce el cuerpo de otra forma -Le insinuaba con fingida molestia al sentir como lo cargaba cuando solo iba al despacho, pero pensaba que no era tan gentil cuando lo tomaba para el placer.
-Oh eso... Me justifico al decir que es usted quien me obliga a hacerlo... el embarazo te ha puesto insaciable ¿vas a negarlo? -Dijo con una pequeña sonrisa coqueta el mayor y lo acomodaba en su asiento para que revisara unos papeles.
El joven sabiendo que eso era cierto de algún modo se callaba y lo mandaba a hacer sus labores, discutir con él de esos asuntos solo le causaban vergüenza al final. Pasaron unos minutos, Ciel cansado de revisar esos papeles decidió asomarse por la ventana discretamente para despejar la mente notando una escena que le causó algo de molestia, chasqueando la lengua la quedó mirando un poco más para después sentarse de nuevo malhumorado.
El atento demonio llegaba después de unos minutos con algo de té y unas galletitas, se fijó en la molestia de su pequeño, pero como últimamente su humor era tan variable que ya no le sorprendía.
-Te vi en el jardín con Finny -Le dijo malhumorado tomando con su mano una de las galletas.
-Ehhh si... estábamos cambiando unas flores -Respondió con una pequeña sonrisa el demonio le sorprendía lo que decía, pero más por el semblante enojado que reflejaba su cara, ¿celos de Finny? se cuestionaba para sí mismo.
-Él estaba muy contento contigo- Murmuró entre dientes porque justamente cuando los vio, el rubio jardinero tomaba emocionado la mano de su demonio y este se dejaba.
-No me fijé, estaba ocupado -Dijo Sebastian algo pensativo en serio no había tomado ese detalle en cuenta, porque en si estaba refunfuñando por el jardín que estaba casi marchito.
-¿Acaso estás celoso? -Terminó de decir con una pequeña sonrisa, no podía creer que sintiera celos de Finny, usualmente sus celos eran causados por mujeres o gatos, pero no por otros chicos.
-Idiota -Murmuró apenado Ciel mientras desviaba la mirada al darse cuenta que había mostrado esa emoción que no le gustaba enseñar, ahora se senda muy estúpido, enojado consigo mismo que preso de esos sentimientos lanzaba el té y las galletas al suelo.
El demonio suspiró molesto por su berrinche ya esta situación comenzaba a fastidiarle, si hacia lo bueno o malo todo parecía molestar a su embarazado joven amo y lo peor de esto era que él lo permitía sin refutar. ¿Estaba haciendo mal? ¿Estaba malcriando demasiado a Ciel? Le miró fijamente con seriedad mientras recogía el pequeño desastre luego salió sin decir más, el joven se asombró por la manera en que se fue, era habitual que se hubiera quedado para consentirlo o tratar de calmarlo, ya lo había enfadado y no lo culpaba, pensaba con tristeza tal vez lo perdería ahora si seguía con esas actitudes tan infantiles pero después de todo era un niño aunque no le gustara admitirlo.
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