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XVI
Las Arenas Violentas
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Este era su siguiente reto. Para llegar hasta con el señor Albafica y salvarlo, ella tenía que continuar.
Le llevó mucho rato pensar el cómo le haría, pero al final optó por hacer experimentos de nuevo.
Agasha convocó su alabarda. Luego la enterró de un golpe en la arena con la esperanza de que la cuchilla le sirviese de soporte para no ser arrastrada por los fuertes vientos que incluso a esta distancia, se sentían demasiado fuertes. Lamentablemente todo el suelo era arena por lo que bastó un movimiento suave de su parte para desenterrar el arma, haciéndole ver que más o menos, 20 o 30 minutos de su tiempo, habían sido desperdiciados en comprobar una hipótesis inútil que partía del éxito del movimiento anterior que hizo en el Mar de Sangre, que ahora era completamente inservible en un sitio tan opuesto.
―Maldición ―farfulló ante el fracaso. Ante la idea de que, si no pensaba bien su próximo plan, iba a terminar volando a voluntad del tornado de aquel desierto.
Y si el calor en el mar era sofocante. En las arenas era insoportable. Era seco, puro calor infernal.
Volvió a ingresar la alabarda en su armadura, Agasha pensó de nuevo.
Sabía que debía apresurarse, pero nada ganaría yendo como una cabra loca al tornado sin esperar malos resultados. No era tan estúpida. Podría ser arrastrada por la corriente y hacerles compañía a los infelices de allá. Además de que nada le garantizaba que ninguno de esos condenados, que azotaban de vez en cuando sobre la arena para volverse a elevar, no iban a intentar arrastrarla con ellos.
«Vamos, piensa, piensa» meditaba ya golpeando levemente la punta de pie contra el suelo varias veces. «Debe haber algún modo de eludir esa cosa» miró el tornado llevarse a varios condenados, adentrarlos a su vórtice y escupirlos para tomarlos de nuevo.
Condenados por desafiar a los dioses, según parece recordar.
Agasha se sacó el casco, al hacerlo su cabello se estiró por completo hacia enfrente. A la fuerza del viento no le costaba trabajo mover su melena, pero sí a ella, mantenerlo en un sitio donde no entorpeciese su vista. Pensó en ello y llegó a la conclusión de que, si bien esto iba a doler, al menos el infernal tornado no la mataría.
Se puso el casco nuevamente preparándose para herirse.
Antes de poder arrepentirse, corrió tratando de ignorar el viento caliente y la arena golpeándole la cara a medida que avanzaba. Se cubría lo mejor que podía, alegrándose de que el casco pudiese cubrir gran parte de su cara, pero hablaba de arena yendo a gran velocidad, necesitaría de toda una vida de entrenamiento, para evitar sentir y hacer muecas con los diminutos golpes a su piel que juntos, eran un tormento imposible de describir. Eso por no mencionar el momento en el que un poco de esa arena entró a uno de sus ojos, obligándola a hacer movimientos bruscos con el cuello, ya que sus manos estaban enfocadas en proteger los dos ojos sin llegar a picarse alguno con los dedos.
Carajo, mal momento para usar una toga tan pequeña.
Cada paso que daba era una tortura, el viento la arrastraba centímetros hacia atrás, pero ella se resistía haciendo fuerza en sus piernas sobre la arena; negándose a dejarse llevar por la fuerza del tornado.
Se sintió temerosa cuando uno de sus pies resbaló y casi fue atraída hacia el interior de aquel montón de condenados. Instintivamente enterró sus puños en la arena y afianzó sus piernas a ella también. La cara y sus muslos resintieron la falta de protección. ¿Acaso ya estaba sangrando?
Ya empezaba a oír los lamentos de los condenados pidiendo piedad en varias lenguas diferentes.
Haciendo oídos sordos a sus súplicas, Agasha decidió avanzar como mejor pudo. Arrastrándose.
No se había dado cuenta desde el inicio, pero la arena estaba su piel. Aunque siendo franca era probable que no le importase, mientras pudiese seguir manteniendo los pies en la tierra, qué más daban las heridas menores.
Concentrada en su misión. Siguió adelante aun cuando sus glúteos y cara estuviesen sangrando y ensuciándose por la arena.
―Vamos, vamos ―gruñía entre dientes. El camino se le hacía eterno. Varias manos y pies golpeaban su casco y cara. Debido al estado esquelético de las almas refundidas ahí, al viento no le costaba nada arrasarlas. ¿Tendrían hambre? ¿Sed? Qué horrible destino. Y ella no quería hacerles compañía.
Cayó de rodillas otra vez con el calor a su máximo, el viento era inclemente. Su boca estaba tan seca y llena de arena que creía que si la abría eso sería lo único que saldría de ella. Sus pulmones no estaban mejor, era agobiante sentir la arena entrando a sus fosas nasales. Caliente y afilada.
«Se-señor Albafica» pensó en él, en sus logros. En las batallas que él ganó durante toda su vida, aun siendo un niño. ¡Ella también podía! Había sido ayudada por las diosas, ¡era impensable que no pudiese lograr avanzar!
¡No podía dejarse vencer por esto!
Apretando sus dientes, poniéndose de pie, temblando mucho. Agasha recuperó su motivación: salvarlo a él.
¡Tenía que lograrlo!
Un fuego desconocido en su interior se encendió, el valor en ella resurgió y se avivó. Tanto que ella pronto pudo correr sobre la arena (con todas sus fuerzas) e ignorar la ventisca como mejor pudo. Durante lo que para Agasha fueron unas horas interminables corriendo y esquivando a los malditos que caían al piso y luego regresaban violentamente al huracán, finalmente pudo ver algo más allá de la arena y el cielo amarillento.
Hasta que el viento fue lo suficientemente tolerable para dejar de aferrarse a la arena como un gato a su único soporte. Agasha pudo destensar sus músculos, calmando su carrera; confiando en que lo peor del tornado de arena había sido dejado atrás.
Al fondo un páramo negro con ambiente sinestro la aguardaba.
―Se-señor Al-Albafica… ―suspiró cerrando los ojos ante la sangre que escurría de sus mejillas, frente y labios. Sus piernas temblaban ensangrentadas de igual forma.
El Bosque de los Suicidios, oscuro, lúgubre y con un aura tenebrosa rodeando su cielo, se alzaba a lo lejos.
Al menos el viento era cada vez menos fuerte. Pero había agotado mucha energía en su carrera.
Agitada, cayó de rodillas nuevamente. Intentó recuperar aire, pero al momento de empezar a sentirse mejor, algo se afianzó a su tobillo arrastrándola de regreso al interior del desierto.
―¡No! ―exclamó impactada, alertada y temerosa por no saber qué estaba pasando, qué la estaba jalando de vuelta a la zona más peligrosa del desierto. Trató de agarrarse a la arena con las manos, implorando por poder encontrar algo con lo cual mantenerse ahí dónde estaba, pero fue inútil.
De pronto, lo que creyó que era el Bosque se distorsionó y convirtió en arena. Camino vacío y más arena era lo que había delante.
―¡Una ilusión! ―exclamó siendo alzada y puesta de cabeza.
A sus ojos, lo que visualizó como una enorme y gorda lagartija color café caca en dos pies con numerosos y asquerosos tenáculos, se rio de ella.
―¡Es tan divertido cuando los humanos mueren después de presenciar algo que anhelan! ―la olfateó con su cara de mandril escamosa―. Así que buscas el Bosque para salvar a un imbécil que se suicidó ―siguió burlándose.
Conjurando la alabarda en su mano, Agasha cortó el tentáculo cayendo muy mal al piso. Se hizo daño en la espalda y el cuello. Quizás si hubiese estado viva se lo habría roto por completo. Más tarde, le costó incorporarse mientras el monstruo gritaba por su extremidad, meciendo la otra mitad faltante del tentáculo chorreando sangre verde.
―¡Perra!
―No vine hasta aquí para buscar tu aprobación ―dijo Agasha sacudiendo la alabarda, la sangre salpico el piso―. Ven aquí y pelea, ¡cobarde!
―¡Estúpida e insolente humana! ―el tentáculo cortado volvió a crecer, no queriendo mostrar lo impactada y asustada que estaba, Agasha maldijo entre dientes―. ¡Te devoraré y luego iré a ese bosque para hacerle lo mismo a tu amante!
Se lanzó hacia ella con furia. El viento la entorpecía para esquivar por lo que el golpe que se llevó cortesía de uno de los tentáculos fue grave.
Rodó varias veces por la arena, varios condenados golpearon contra su cuerpo antes de regresar al vórtice hostil. Agasha tosió sangre.
Rápido, buscó su alabarda por la arena, pero ésta no estaba, ¡oh no!
―Prepárate… voy a masticarte tan fuerte que escucharás a todos tus huesos crujir.
Agachándose de nuevo, la lagartija embistió de nuevo, esta vez dando en el blanco. Arrastrando a Agasha con su cabeza varios metros adelante donde la dejó rodar otra vez.
La cabeza de la chica dio varias vueltas, sus ojos perdieron la vista por unos segundos y adentro de sus oídos, escuchó un silbido ensordecedor. El aire se le fue por completo. Estuvo a punto de perder el conocimiento. Afortunadamente, volvió a la realidad bastante deprisa, aunque no pudiese moverse. Agasha comenzó a sangrar de la nariz, y su boca estaba abierta, pero no podía inhalar aire sin tragar tierra.
Estaba en graves problemas. ¡No podía moverse! El mundo seguía dándole vueltas debido a los brutales golpes que se llevó.
Al verla inmóvil, la lagartija enfrente de ella se irguió orgullosa y feliz por saber que cenaría bien esta vez. Algo con más carne y no sólo huesos molidos de los condenados. La bestia usó uno de sus tentáculos para atraerla de nuevo a él. El casco de Agasha había salido volando a quien sabe dónde por lo que él pudo inhalar su cabellera con deleite.
Con una mirada casi perdida, Agasha no respondía a ningún movimiento.
―Amo el olor de un alma pura ―bisbiseó sacando su lengua de reptil para pasarla por la cara de la chica, llevándose sangre y arena.
Riendo y aprovechándose de la poca consciencia de ella, metió su repulsiva lengua adentro de la boca de Agasha, para saborear la sangre y la saliva.
―Sí, sin duda saben mejor.
Uno de sus tentáculos tomó los pies, el otro tomó las manos, estirándola en el aire. Exponiendo su vientre hacia su boca, como quien espera su platillo por horas. La criatura se lamió la cara con su larga lengua dispuesto a devorar primero su torso y al final sus pies y cabeza.
―¡Al fin comida decente!
Los ojos de Agasha se abrieron, recuperando algo de sentido, al mismo tiempo que los dientes puntiagudos del monstruo hacían contacto con su armadura. Mucha sangre verde salió de la boca del monstruo mientras Agasha aprovechaba su dolor para zafarse de su agarre y, luego de (con mucha suerte) caer de rodillas, escupir asqueada sobre la arena.
«Gracias» le dijo a su armadura, tratando de levantarse, descubriendo que aún le faltaba energía para eso.
Así que alzó una mano y confió en que su arma volvería a ella. Había sido extraída de su pecho, era imposible que la abandonase.
De atrás del monstruo, la alabarda salió de la arena y fue en picada a sus manos no sin antes atravesar a su adversario por el estómago.
Agasha tomó el bastón meciéndolo a modo de preparar su ataque. Confió en que vencería, por eso se dejó manejar como muñeca, incluso soportar la asquerosa lengua de ese bastardo en su boca; porque sabía que su armadura sería lo suficientemente fuerte para evitar que ese idiota la masticase sin romperse algunos dientes, o mejor aún, todos sus dientes.
La había defendido en el Mar de Sangre y en medio de la tormenta de arena, Agasha no desconfiaría de su armadura ahora.
―¡Maldita! ―gritó el asqueroso bastardo sin dientes.
Esto no era nada.
Le tocaba cumplir su parte, la armadura la defendió, pero era Agasha quien debía luchar.
Haciendo uso de toda su fuerza y valor, se encarriló esquivando como pudo los tentáculos que se movían torpemente hacia ella. Pronto usó uno de estos para saltar e impulsarse directamente hacia su cabeza y usando el filo de su alabarda, partió no sólo la cabeza del monstruo, sino todo su cuerpo por la mitad.
Al hacerlo, Agasha supo que había vencido, pues los trozos de carne no se unieron ni se regeneraron, sino que se hicieron arena y fueron arrastrados por el viento.
Cayó de rodillas, recuperando el aliento viendo al frente con una mirada sumamente cansada, notó que el bosque que creyó haber imaginado, estaba reapareciendo.
No supo si alegrarse por ver ese siniestro lugar tal cual lo había visto antes o no, pero era ahí donde se hallaría la prueba más importante. La que la trajo aquí.
Lamentablemente al ser humana, y una no criada bajo el yugo de la batalla, su espíritu no era tan fuerte para continuar. Aun con ayuda de las diosas, Agasha era débil.
Los golpes de la batalla le dolían de manera infernal. Sus huesos estaban a un soplido más de quebrarse en pedazos… su espíritu no quería fallar, pero estaba en su límite.
―Se-señor Albafica…
Arrastrando los pies como pudo, hasta dejar la arena muy atrás, Agasha al final se tambaleó cayendo de cara sobre un oscuro suelo, frío y húmedo.
Había llegado al Bosque de los Suicidios.
…
Sasha suspiró aliviada de que Agasha pudiese vencer al guardián de las Arenas Violentas como a la guardiana del Mar de Sangre. Sin embargo, su camino estaba lejos de terminar.
De hecho, todo empeoraría. Porque no bastaba con que llegase al Bosque de los Suicidios, también tenía que salir de él y tendría que pasar de nuevo por el desierto y el mar.
Para agregar más sazón al caldo del desastre, los guardianes que Agasha anteriormente había derrotado no podían morir. Sólo podían ser neutralizados, pero no podían desaparecer. Pues eran tan parte del inframundo como cualquier mar o roca en él.
En su regreso, Agasha tendría que volver a pelear contra ellos y vencerlos nuevamente.
Verla tan cansada cuando ni siquiera había llegado hasta con Albafica, preocupó a Sasha.
«No pienso permitir que esto siga así». Haciendo uso de sus conocimientos rastreros acerca de los juegos sucios de su Panteón, Athena se aferró a su báculo concentrando su cosmos.
Luego puso una mano sobre la cabeza del cuerpo terrenal de Agasha.
―Qué la sabiduría y la fuerza estén contigo ―pronunció en griego antiguo, ese que sólo hablaban los dioses.
Haciendo que parte de su cosmos fuese absorbido por Agasha, Sasha confió en que la chica despertaría en cualquier momento, y así fue.
…
Sin saber cómo o por qué, Agasha se levantó como un robot recargado, sintiéndose mucho mejor. Incluso tan bien como cuando aterrizó en el Mar de Sangre.
¿Cómo había sido posible eso? ¿Acaso habría sido su armadura? No pudo saberlo, lo único que podía sentir ahora mismo, era una calidez sin igual. No era una aberrante como la del mar o una tan furiosa como la del viento del desierto… era algo sublime y encantador. Algo bueno.
«¿Será algún dios que esté de mi lado?» pensó en Nyx, en Psique o Perséfone. Pero daba igual, si alguna de ellas estaba apoyándola, aunque, sea de este modo y sin anunciarse, no podía perder el tiempo con eso. Al final, si alguien le había brindado esa nueva energía era para que cumpliese con su misión.
Probó su estado físico. Meció sus manos, la chica también parpadeó sus ojos y toqueteó su piel. La sangre había dejado de salir y aunque aún sentía un poco de agotamiento ya no era tan fuerte como antes. Podría correr y saltar, luchar también. Estaba segura de eso.
Un presentimiento bastante acertado de que los dioses aún no la habían abandonado se implantó en su pecho como una delicada brisa fresca en medio de tanto fuego infernal.
«No tengo tiempo que perder» miró con severidad el siniestro bosque oscuro que tenía como prisionero a su caballero.
Agarrándose de todo su valor, Agasha se adentró caminando cautelosamente.
―Espere un poco más, voy en camino —susurró firme.
—CONTINUARÁ—
¡Vengo con capítulos, asiesss!
Vean, en la primera versión, no detallé todo lo que quería. Aquí me expresé un poco más con respecto al esfuerzo físico de Agasha y cómo iba cansándose a medida que avanzaba. También me enfoqué en los actos ocurridos durante su pelea, siendo más gráfica con respecto al modo en el que ella derrotó a su enemigo. Espero haber hecho un buen trabajo.
Ufff, la verdad es que sí que es complicado actualizar el fic en varias páginas tan distintas. Además de que no estoy segura de si terminar el fic en Wattpad ya que me preocupa puesto que hay algo llamado LdeLibro, que al parecer es una "página espejo" de Wattpad. Toda obra que se suba en W se sube en L, lugar donde te da la opción de imprimir o descargar el fic. Por lo que pienso seriamente en ya no subir mis fics completos ahí. Sólo aquí, ya que incluso en AO3, donde también publico esta obra y El Deseo de la Amazona, también se puede descargar e imprimir la obra sin el permiso de los autores.
En fin, pronto quizás haga un vídeo directo desde la página en Facebook dándoles mi veredicto al respecto. Por lo pronto, gracias por leer y seguir comentando. Lo aprecio mucho.
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