Mientras los jóvenes amantes reponían toda la energía que gastaron, los cuatro elegidos restantes se juntaron en el antiguo altar ceremonial, delante del castillo del reino.

-¿No sería mejor en el castillo? -preguntó Daruk.

-Mmm... Yo creo que sí -Revali, quien trataba de cambiar su actitud, apoyó la idea.

-Bien, pero creo que será mejor que se sitúen en torno al balcón real. Allí es donde mayor espacio hay -indicó Urbosa, gran conocedora del lugar.

De los cuatro, la única que poseía dudas era Mipha, quien les acabó formulando la pregunta que tanto le intrigaba:

-¿Y si todo esto no nos vale de nada?

La pregunta quedó suspendida en el aire todo el tiempo que necesitaron sus compañeros para mirarla y buscar la respuesta más adecuada.

-No creo que sean tan crueles. Son dos personas a las que el pueblo quiere, y verlas juntas sería algo maravilloso -terminó hablando Urbosa.

-No me cabe duda en eso, pero Zelda ha ocultado demasiado sobre su pasado. ¿Qué dirán cuándo se enteren de que ellos vivieron en las épocas pasadas de Hyrule y todo lo demás? -la zora había estado pensando todo esto y siempre lo había guardado. Al enterarse de la futura boda, a ella se le había roto el corazón, pero como era buena persona y quería ver feliz a sus seres queridos, los apoya en todo lo que puede.

-No es culpa de Zelda... ni tampoco de Link -para sorpresa de todos, la gerudo volvió a hablar con un tono de tristeza. Se sentó en las frías baldosas e invitó a que los demás lo hicieran -Todos los aquí presentes sabemos que han habido muchos Links y muchas Zeldas a lo largo de la historia. Todas se acabaron enamorando de él...

-¿A dónde quieres llegar con esto? -le preguntó Revali, quien se ganó una mirada de Daruk en la cual le transmitía que mantuviera el pico cerrado.

-Si no la hubiéramos presionado tanto, si no la hubiéramos obligado a olvidarse de sus pasiones, si el tiempo la dejara disfrutar con Link... puede que sus poderes hubieran despertado -se lamentó.

-No lo sabemos... Y tampoco tenemos todo el tiempo del mundo. Reuniremos aquí al máximo de personas posible de todas las razas. No tenemos mucho tiempo -advirtió el elegido orni.

-Nos gorovemos a cuando todo el mundo esté aquí -se despidió Daruk.

Un bostezo salió de la boca de princesa, quien al tapársela vio el anillo que Link le había regalado. Sólo verlo le transmitió la felicidad que ella siempre quiso.

El día había amanecido tranquilo y soleado, pero Zelda sabía que no lo podía disfrutar.

Hoy era el día.

-¿Preparada? -la voz de la gerudo la sobresaltó.

-¿Qué haces aquí? -preguntó. Urbosa rió.

-Venía a hacerle una visita a la parejita. ¿Qué pasa, no querías verme? -Zelda negó.

-No, no es eso. Sólo... estoy nerviosa. Y es que tampoco sé cómo reunir a todo el reino para transmitirle el mensaje.

-Por eso no te preocupes. Ya nos hemos encargado los elegidos -una atónita Zelda la miró.

-Gracias... Pero, ¿cómo?

-Al estar muerta, no necesito dormir. Vamos, todo el mundo se está dirigiendo al castillo. ¡Link! -llamó por el héroe, quien se sorprendió de verla. Pero antes de hacer preguntas, fue directamente llevado al castillo.

Sus pies tocaron suelo nada más llegar a una habitación, la cuál Link reconoció. Él estuvo allí cuando fue secuestrado por el rey de Gorlue.

-Bueno, os dejo solos -el tono de la gerudo les había sorprendido. Parecía contener... ¿la risa?

Una mirada hacia atrás les bastó para entender. Allí, en aquella cama, había varios pétalos de rosa tirados intencionadamente, y allí había un incienso que olía... sensual.

-¡Urbosa! -gritó una avergonzada Zelda. Sólo pudo escuchar una carcajada de parte de la aludida.

-Zelda... -la llamó Link, tomándola de la mano. Ella lo miró -Te quiero. Muchísimo. Si el reino me acepta como tu marido... seré inmensamente feliz a tu lado. Si no... me encantaría llevarte en mis brazos a un lugar apartado, pero tampoco quiero...

-Yo también te quiero -lo cortó Zelda -Si el reino no quiere, escaparía contigo. Sólo quiero ser feliz. Por favor... nunca me abandones.

-Prometo no hacerlo -sentenció él, a la vez que la estrechaba contra él y la besaba. Movían hipnóticamente sus labios, demostrando toda esa corriente de sentimientos que deseaban hacer evidente entre ellos y a todos.

Un rato después, todos los habitantes que habían venido se colocaron alrededor del balcón real. Se sintieron felices de ver a aquellos que fueron los elegidos hace cien años, y también querían saber qué mensaje les quiere transmitir su princesa. Al evento también fueron Sidon, Riju, Teba, y Yunobo. Incluso Nyel andaba por allí.

En un saloncito cercano, los elegidos chocaron sus manos, aletas y plumas.

-¡El goroplan ha salido genial! -celebró Daruk.

-Bueno, ahora todo depende de ellos -dijo Mipha, quien miraba hacia la puerta.

-Lo harán genial. Pero lo más importante es que debemos estar allí para apoyarles -añadió Urbosa. Revali sólo asintió.

-Bueno, yo prefiero ir para allí. La ceremonia está a punto comenzar -el orni comenzó a dirigirse al balcón. El resto lo siguieron, animando mentalmente a la princesa.

Al fin, héroe y princesa salieron al balcón. Los vítores se extendieron por todo el público. Zelda tragó saliva y respiró hondo.

-Bue... -carraspeó para aclarar el tono de su voz -¡Buenos días, reino de Hyrule! Lamento haberos hecho venir hasta aquí, pero hay algo que necesito discutir con vosotros.

Los susurros no tardaron en aparecer. Por su parte, Link sólo puede poner su vista en su princesa, admirando su hermosura y su seguridad en sí misma. Cada palabra que decía sólo la hacía ver más y más bella.

-Lo primero de todo -continuó -es que tengo que hablaros sobre quién soy y qué hago aquí. Yo soy Zelda, princesa actual del reino... y de hace cien años.

El silencio instalado allí se transformó en una oleada de comentarios. Urbosa se vio obligada a usar su trueno para acallarlos.

-Sí, puede parecer raro... pero es la verdad. Hace cien años, Hyrule era un próspero reino, hasta que se supo que se iba a producir el Cataclismo.

Habíamos descubierto las bestias divinas y los guardianes, los cuáles fueron utilizados en otra época. Designamos a cuatro elegidos que las pilotaran... y al elegido por la espada destructora del Mal, quien pasó a ser mi escolta. Ese fue Link.

La ola de comentarios se hizo muy fuerte, y a Urbosa le tocó usar otra vez el rayo. Zelda continuó:

-Yo era una adolescente que no tenía sus poderes, y que luchaba desesperadamente para despertarlos. Un escolta que cumplía con las espectativas y una princesa que no. Esa fue simplemente la receta que me hizo odiarlo.

Lo rechazaba, rechazaba todo de él. Y cuando fui atacada por el Clan Yiga y él me ayudó... todo cambió. Nos volvimos cercanos, incluso buenos amigos. Pero por ahí ya llegó Ganon, con una estrategia que nos sorprendió. Volvió todo en nuestra contra, y los elegidos y mi padre murieron. Link casi muere, y en ese momento desperté mis poderes. Comprendí que mi poder no despertó por medio de plegarias sino por... por...

El silencio que había instalado allí contribuyó a que le costara decirlo. Pero lo soltó, procurando no arrepentirse:

-Por amor.

No se esperó lo que pasó. Imaginó que la gente comenzaría a hablar, pero el silencio era extremo. Se animó para proseguir.

-Cuando toda la pesadilla acabó, Link y yo continuamos viajando. Para mí era más difícil seguir negándome a aquello tan fuerte, y un día me armé de valor y me declaré. Él también sentía lo mismo, por lo que nos hicimos novios. Vivimos de todo, pero luchamos por mantenernos en pie y no desfallecer. Ahora, y si vosotros lo aceptáis -cogió de la mano a Link -nos gustaría casarnos. ¿Aceptaríais al héroe de Hyrule como mi esposo y vuestro futuro rey?

-¡¿Pero qué?! -esa voz sobresaltó a todos los presentes.

-¡¿Padre?!

Zelda lo miró. Los ojos de su progenitor desprendían sorpresa.

-Zelda... nunca me habías dicho eso -parecía decepcionado. La aludida se rascó la nuca, a la vez que buscaba una forma de responder.

-Padre... lo siento -se disculpó -Debido a la época que estábamos viviendo, no me atrevía a decírtelo. Al principio pensaba que era un capricho adolescente, pero al ver que casi muero... supe que esto iba en serio. Nunca quise a alguien tanto como a él. Padre... no me hagas nada, por favor -dijo al borde de las lágrimas.

-No estoy enfadado -aclaró, haciendo que una sorprendida Zelda lo mirara -llevas cien años de lucha continua por salvar el reino. Y todas las exigencias y presión que te metía... me dolían, pero me convencía de que todo era por tu bien. Ahora que la paz se asentó en el reino, es hora de que seas feliz, de que luches por tu felicidad. Sé que también esperas un bebé, y a mí me vale saber que crecerá en buenas manos. Insisto, hija: sé feliz -acto seguido, se dirigió al héroe -Link cúidala y hazla feliz, así como yo espero que lo seas con ella.

El joven asintió, pasando un brazo por la cintura de su amada y pegándola más a él. Él público comenzó a aplaudir. Rhoam se acercó al borde del balcón.

-¿Los queréis a ellos como rey y reina de Hyrule? -un sonoro "sí" se elevó al cielo.

La felicidad de los prometidos no podía ser mayor. En un arrebato de euforia, Zelda atrajo a Link y lo besó con pasión, haciéndole ver lo feliz que estaba.

Al final ya no tienen nada que ocultar.

Después de la revelación, Rhoam le dijo a su hija que tenía un tema que le gustaría discutir.

-Zelda... yo sabía que te enamorarías de Link -la frase de su padre la obligó a pararse.

-¡¿Qué?! -la princesa estaba incrédula. ¿Cómo...?

-Sí. Poco tiempo antes de que tu madre muriera, me comentó sobre la reencarnación. Me habló de la posibilidad de que te enamoraras del héroe, tal y como muchas otras lo hicieron. Al principio no la creí, pero ahora me doy cuenta de todo. Aún así, sólo espero que seas feliz.

-Sí, padre.

Unos golpes en la puerta interrumpieron su conversación. Al abrirla, se encontraron con Link, quien venía acompañado de una joven hyliana de largo cabello castaño, ojos azules y sonrisa angelical. Tenía un gran libro entre sus brazos.

-Zelda... ¿preparamos la boda?

-Vale, la boda será dentro de tres meses y contendrá de todo. Haremos nuestro mejor esfuerzo para que sea la mejor boda real del mundo.

-Muchas gracias -habló Zelda.

Cuando la joven abandonó el cuarto, los jóvenes se dieron un corto beso.

-Al fin... no más preocupaciones -dijo Link. Miró a su prometida -¿Quieres que vayamos a la fiesta?

-Vale.

Al salir, la princesa y el héroe fueron rodeados por un montón de gente que les dieron las felicidades. Zelda buscó a Riju y a Sidon, que les felicitaron. Nyel le dedicó una hermosa canción con su acordeón, añadiendo que nunca vio una muchacha tan germosa como ella.

Iba a salir de todo el barullo, pero se topó con una joven mujer de cabello negro que parecía buscar a alguien.

-Disculpe, ¿busca a alguien? -le preguntó. La muchacha le dirigió una dulce sonrisa.

-Sí, a usted precisamente. Soy la reina de Gorlue. ¿Podríamos hablar en privado? -Zelda asintió.

Una vez dentro del castillo, la chica le lanzó una pregunta a Zelda, quien estaba cerrando la puerta.

-Primero, felicidades por la boda. Segundo: ¿Era mentira, verdad?

-¿Lo qué? -preguntó, confundida. La cuestión no tenía sentido, e incluso ella se sorprendió de la forma tan directa que lo dijo.

-La carta. No hace falta que me digas nada, sé como era él. Seguro que te hizo algo lo suficientemente malo como para pagarlo así. Y aún así... te lo agradezco. No sabes lo mal que lo pasé con él -abrió la puerta -Por cierto, ¿me invitarás a la boda?

-Sí -le dijo simplemente. Ella, con una última sonrisa, se despidió.

A la princesa le dio pena esa chica. Era de su edad, y lo que sufriría a manos de él le parece una injusticia. E incluso la fugacidad con la que se desenvolvió esta "conversación". Pero ahora se sintió más aliviada, sabiendo que ya nada la culpaba ni la ataba a algo o a alguien.

Al fin era libre.

Y disfrutaría lo máximo posible la vida de ahora en adelante.

"La calma después de la tormenta, por llamarlo de alguna forma"

Después de la jornada en la que ambos rieron, compartieron besos y hablaron con mucha gente, volvieron a la casa de Impa, donde pasaron una de las mejores noches de sus vidas.