Bueno, se que ha pasado poco más de un año de que no actualizaba esta historia, y la verdad es que han pasado muchas cosas en mi vida, terminé una maestría, me fui de vacaciones, conseguí un nuevo puesto en mi trabajo, y a decir verdad, ¡me siento plena! .
Poco a poco he estado planeando mejor las cosas, y me he relajado. ¿Cómo han estado ustedes? Hemos estado pasando por una situación difícil por el nuevo virus covid 19, pero espero que todo pase pronto, cuídense mucho, y resguárdense.
Sí, si voy a continuar con la historia, y la voy a terminar, LO PROMETO.
Gracias por seguir siempre fieles. A los nuevos ¡Bienvenidos!
¡Ha disfrutar!
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CAPÍTULO 19
No soplaba el aire en los jardines de la Mansión, me quedé un rato allí tendida, inmóvil, escuchando el sonido de la respiración de Malfoy. Cada vez era más difícil pasar con él un momento realmente tranquilo y plácido. Intentaba aprovechar al máximo esos ratos, y me alegraba comprobar que cuando él parecía estar más a gusto era cuando nos encontrábamos a solas.
Desde que el numero de participantes de la selección se había reducido a tres, se mostraba mas ansioso que al principio, cuando éramos diez. Me imaginé que pensaría que tendría más tiempo para hacer su elección. Y aunque me sentía culpable al pensarlo, sabía que yo era el motivo por el que deseaba ese tiempo de más.
Al último heredero de los Sagrados 28, le gustaba. Unos días atrás me había confesado que, si yo admitía que sentía lo mismo, sin reservas, acabaría con el concurso. Y a veces yo acariciaba la idea, preguntándome cómo sería estar con Malfoy, sin nadie más, solo nosotros dos.
Sin embargo, el caso era que no era solo mío. Había otras dos chicas allí, chicas con las que salía y a las que susurraba al oído, y yo no sabía cómo tomarme aquello. Y además estaba el hecho de que aceptarlo a él, implicaba asumir también su estatus de pureza, pues formaría parte de la Realiza Mágica, idea que solía pasar por alto, aunque solo fuera porque no estaba segura de qué podía significar para mí.
Y luego, por supuesto, estaba Ronald.
Técnicamente ya no era mi novio -había roto conmigo después de que había resultado elegida para participar en la selección-, pero cuando se presentó en la Mansión, todos los sentimientos que había intentado borrar invadieron de nuevo mi corazón. Él había sido mi primer amor; cuando lo miraba, sentía que era suya.
Por su puesto, Malfoy no sabía que Ronald había estado en la Mansión, pero sí sabía que había dejado atrás una historia con él, y que intentaba superar; por lo que, había accedido a darme tiempo para pasar página mientras él intentaba encontrar a otra persona con quien pudiera ser feliz, si es que yo no me decidía.
Mientras movía la cabeza, tomando aire justo por encima de mi cabello, me lo planteé: ¿Cómo sería querer a Draco, sin más?
-¿Sabes cuánto tiempo hace que no miraba las estrellas?-preguntó.
Me acerqué un poco más sobre la manta que había invocado Malfoy con un sencillo hechizo para protegerme del frío: la noche era fresca.
-Ni idea.
-Hace unos años un tutor muggle que contrataron mis Padres me hizo estudiar astronomía. Si te fijas, verás que las estrellas, en realidad, tienen colores diferentes.
-Espera. ¿Quieres decir que la última vez que miraste las estrellas fue para estudiarlas? No pensé que Draco Lucius Malfoy fuera tan culto. ¿Y por diversión nunca lo haz hecho?.
Chasqueó la lengua.
-Por diversión,…Granger, para ello tendría que hacer un hueco entre las reuniones con mi padre, la planeación de nuevas estrategias para que no estalle una guerra de castas, y las citas de la Selección, que por cierto, se me dan fatal.
-¿A Malfoy se le dan mal las citas?, ¡eso es de no creerse!.-bromeé -¿Qué más se te da fatal?- pregunté, pasándole la mano por la camisa almidonada.
-¿Por qué quieres saber eso?-respondió, fingiéndose importunado.
-Porque aún sé poco sobre ti. Y me daba la impresión de que eras casi perfecto como yo. Resulta agradable comprobar que no es así.
Él se apoyó en un codo y se quedó mirándome.
-Tú sabes que soy perfecto Granger-respondió levantando una pícara ceja.
-No lo eres-repliqué. -Pero he de aceptar que te acercas bastante…- Sentía los pequeños puntos de contacto entre nosotros. Rodillas, brazos, dedos.
Él sacudió la cabeza y esbozó una sonrisa.
-De acuerdo. No sé como tener una cita romántica. Se me da fatal. Y supongo que sería un cocinero terrible. Nunca he intentado cocinar, así que…
-¿Nunca?
-Quizás hayas observado el montón de elfinas domesticas que te atiborra de comida a diario ¿no? Pues resulta que a mí también me dan de comer Granger.
Se me escapó una risa tonta. En mi casa yo ayudaba a mi Madre a preparar la comida.
-Más- exigí- ¿Qué más se te da mal?
Él me agarró y se colocó muy cerca, con un brillo en sus ojos grises que indicaba que escondían un secreto.
-Hace poco he descubierto otra cosa…
-Cuéntame.
-Resulta que se me da terriblemente mal estar lejos de ti. Para mí eso es un problema muy grave.
Sonreí.
-¿Lo has intentado?
Él fingió que se lo pensaba.
-Bueno…no. Y no esperes que empiece a hacerlo ahora.
Nos reímos sin levantar la voz, agarrados el uno al otro. En aquellos momentos me resultaba facilísimo imaginarme que el resto de mi vida podía ser así.
El ruido de pisadas sobre la hierba y las hojas secas anunciaba que alguien se acercaba. Aunque nuestra cita era algo completamente aceptable, me sentí algo violenta, y erguí la espalda de inmediato, para quedarme sentada sobre la manta.
Malfoy también lo hizo. Un guardia se acercaba a nosotros rodeando el seto.
-Joven Malfoy-dijo, con una semi reverencia- Siento importunarle, señor, pero no es conveniente permanecer aquí afuera tanto tiempo. Los rebeldes podrían…
-Comprendo- replicó con un suspiro. -Entraremos ahora mismo.
Malfoy se volvió hacia mí:
-Otra cosa que se me da mal es que estoy perdiendo la paciencia con los rebeldes. Estoy cansado de enfrentarme a ellos.
Se puso de pie y me tendió la mano. Se la cogí y observé frustración en sus ojos. Los rebeldes habían atacados dos veces desde el inicio de la selección, por lo que comprendía que estuviera agotado.
Malfoy invocó un hechizo que hizo desaparecer la manta, descontento por que nos hubieran interrumpido de aquel modo.
-Eh…dije llamando su atención-. Ha sido divertido.
Él asintió.
-No, de verdad-insistí, dando un paso adelante. Él se acercó rodeándome con un brazo-. Deberíamos repetirlo algún otro día. Puedes contarme de qué color es cada estrella, porque la verdad es que yo no lo veo.
-Ojalá las cosas fueran mas fáciles, más normales-repuso él.
-Nada en tu vida es normal Malfoy, tu no eres normal, era nada mas y nada menos que el último heredero de los Sagrados veintiocho, no esperes que las cosas sean normales, por que no lo serán.
Relajó algo el gesto, pero seguía serio.
-Te gustaría más si lo fuera.
-Sé que te resultará difícil de creer, y para ser sincera hasta hace un par de semanas no me imaginaba diciéndolo, pero a mí me gustas tal como eres. Lo único que necesito es más…
-Tiempo, lo sé. Y estoy dispuesto a dártelo. Lo que me gustaría saber es si al final querrás quedarte conmigo, cuando pase ese tiempo.
Aparté la mirada. Eso no podía prometérselo. Había sopesado lo que significaban Malfoy y Ronald para mí, de corazón, una y otra vez, pero no estaba segura…Salvo, quizá, cuando estaba a solas con cada uno de los dos. En ese momento estaba tentada de prometerle que seguiría a su lado para siempre. Pero no podía.
-Malfoy-susurré, -Aún no te puedo decir eso. Pero lo que sí puedo decirte es que en este momento quiero seguir aquí. Quiero saber si tenemos….-dije, y me quedé cortada, sin saber cómo plantearlo.
-¿Posibilidades?
Sonreí, contenta al ver lo bien que me entendía.
-Sí. Quiero saber si tenemos posibilidades de que lo nuestro funcione.
Él me apartó un mechón del pelo y me lo puso detrás del hombro.
-Creo que sí, que hay muchas posibilidades-contestó, con toda naturalidad. Parecía mas contento.
Así era como quería que acabara nuestra noche juntos, con cierta esperanza. Bueno, y quizás algo más. Me mordí el labio y me acerqué a él, diciéndolo todo con la mirada.
Sin dudarlo un segundo, se inclinó y me besó. Fue un beso cálido y suave. Hizo que me sintiera deseada. De hecho, quise más.
-Vámonos-dijo apartándose lentamente, y tirando de mí hacia la Mansión. -Más vale que entremos antes de que ahora sea mi Padre quien nos lleve arrastrando adentro.
Cuando me dejó en las escaleras, sentí el cansancio de golpe, como si me cayera un muro encima. Prácticamente me arrastre a la segunda planta, una vez que estuve en la puerta de mi habitación me quedé mirándole inmóvil, pensando como es que acabaría todo aquello, tiempo, es lo único que necesitaba. Y, precisamente, esperaba que con el tiempo suficiente, todo acabaría encajando.
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-¡Soy un caso perdido!-se lamentó Astoria.
-No, no, lo estás haciendo muy bien-mentí.
Llevaba más de una semana dándole clases de piano a diario, y lo cierto es que daba la impresión de que cada vez lo hacía peor. ¡Por Dios, si aún estábamos practicando escalas! Falló una nota más, y yo no pude evitar hacer una mueca.
-¡Pero ni no hay más que verme!-exclamó-. Lo hago fatal. Lo mismo daría si tocara con los codos.
-Deberíamos probarlo. A lo mejor con los codos funciona mejor.
-Me rindo-dijo con un suspiro-. Lo siento, Hermione, has tenido mucha paciencia conmigo, pero odio oírme tocar así. Suena como si el piano estuviera enfermo.
-De hecho, suena más bien como si estuviera agonizando.
Astoria se echó a reír, y yo con ella. Cuando me había pedido que le diera clases, poco podía imaginarme que supondría aquella tortura para los oídos. Dolorosa, pero eso sí, divertida.
-¿No se te dará mejor el violín? El violín tiene un sonido precioso- sugerí.
-No, no lo creo. Con la suerte que tengo, lo destrozaría. La única que de la familia que sabe tocar es mi hermana Daphne.- dijo. Se puso en pie, y se dirigió hacia mi escritorio. Mis elfinas, nos habían traído té y galletitas.
-Bueno, tampoco pasaría nada. Ese violín es de la Mansión. Podrías tirárselo a Parkinson en la cabeza, si quisieras.
-No me tientes- repuso ella, sirviendo el té. -Voy a echarte de menos, Hermione; no sé lo que haré cuando no podamos vernos cada día.
-Bueno, ahora Malfoy está muy indeciso, así que de momento no tienes que preocuparte por eso.
-No lo sé- contestó, poniéndose seria de pronto-. No es que lo haya dicho directamente, pero yo sé que estoy aquí únicamente porque le gusto al público. Ahora que la mayoría de las chicas se fueron, la opinión pública no tardará mucho en presionarlo para que me elija a mi.
Tenía que medir mis palabras, aunque esperaba que me explicara el porque estaba tan segura que Malfoy debía elegirla a ella.
-¿Y tú que harías si tienes que renunciar a Malfoy?, quiero decir, ¿no te importaría que él no sea de las personas que se deje influenciar por lo que digan los demás?
-Sinceramente, no querría estar con un hombre que está enamorado de otra persona.
Me puse tensa de pronto.
-¿Y de quién…?
La mirada que tenía Astoria en sus ojos era de triunfo, y la sonrisa que ocultaba tras su taza de té decía: ¡Te pillé!
Y realmente me había descubierto.
De pronto me di cuenta de que la idea de que Malfoy pudiera estar enamorado de otra me ponía tan celosa que no podía soportarlo. Y al momento, al comprender que Astoria estaba hablando de mí, me sentí infinitamente más tranquila.
Había levantado un muro tras otro, burlándome de Malfoy, pero era evidente que Astoria había sabido leer entre líneas.
-¿Por qué no has acabado ya con esto, Hermione?-me preguntó, con dureza.-Sabes que está enamorado de ti.
-Eso nunca lo ha dicho- le aseguré y era cierto.
-Claro que no- constató, como si fuera tan obvio-. -Está intentando conquistarte con todas sus fuerzas, y cada vez que se te acerca tú te lo quitas de encima. ¿Por qué? Sabes lo que daría por estar en tu lugar, por ser yo a quien Malfoy mire.
¿Cómo iba a decírselo? ¿Cómo iba a confesarle que, aunque mis sentimientos por Malfoy iban volviéndose cada vez más profundo, más de lo que yo pensaba, había alguien más a quien no podía quitarme de la cabeza?
-Supongo….que no estoy segura- dije. Confiaba en Astoria, de verdad. Pero era más seguro para las dos que no lo supiera, pues sabía que ella le quería inclusive mas que yo.
Ella asintió. Daba la impresión de que se daba cuenta de que había algo más, pero no me presionó. Fue casi reconfortante, esa aceptación mutua de nuestros secretos.
-Encuentra el modo de decidirte. El hecho de que él te quiera a ti, no quiere decir que mis oportunidades con él se hayan acabado. Odiaría que lo perdieras por puro miedo.
Una vez mas tenía razón. Tenía miedo. Miedo de que los sentimientos de Malfoy no fueran todo lo genuinos que parecían, miedo de lo que significaría para mí ser parte de la Sagrada Familia, miedo de perder a Ronald.
Nos quedamos viéndonos en silencio, mientras terminábamos nuestra taza de té. Estaba claro que las dos guardábamos secretos.
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-Bueno, Señorita Pansy, ¿dice usted que una tropa de magos no basta y que debía aumentarse el número de reclutamientos?- preguntó Gravril, moderador de los debates que se organizaban entre las concursantes de la Selección, y la única persona que entrevistaba a la Sagrada Familia.
Nuestros debates eran pruebas realmente, y no lo sabíamos. Aunque Malfoy no tenía un plazo limite, el público no veía la hora de que eligiera, y yo notaba que también el Señor y la Señora Malfoy, sentían lo mismo. Si queríamos quedarnos, teníamos que cumplir con nuestro papel, cuando y dondequiera que nos lo pidieran.
-Exactamente. La guerra entre las castas no es nada nuevo, ha durado años. Creo que si en un par de reemplazos aumentamos la cantidad de magos reclutados, contaríamos con el número suficiente para ponerle fin.
No soportaba a Parkinson. Había conseguido que echaran a una de las chicas, había arruinado el cumpleaños de Astoria y en una ocasión me había intentado destrozar el vestido, literalmente. Como era sangre pura, se consideraba superior al resto. La verdad es que yo no sabía con exactitud cuantos magos había en el mundo mágico, pero ahora que sabía que opinaba ella, tenia claro que mi postura era la contraria.
-No estoy de acuerdo-dije, con la máxima elegancia posible.
Parkinson se giró hacia mí, agitando su larga melena sobre los hombros. De espaldas a la cámara no tenía ningún problema en soltarme aquella mirada desafiante.
-Ah, señorita Granger, ¿cree usted que aumentar el número de magos es mala idea?- preguntó Gavril.
Sentí que me sonrojaba y el calor en las mejillas.
-Bueno, los sangre pura se pueden permitir pagar para evitar ser reclutados, así que estoy segura de que la joven Pansy nunca ha visto lo que supone para algunas familias perder a sus únicos hijos varones. Reclutar a más de esos chicos podría ser desastroso, especialmente para los magos hijos de padres muggles, como yo, que suelen tener familias más numerosas y que, para sobrevivir, necesitan a todos los miembros que puedan trabajar.
Parkinson contraatacó.
-Entones ¿Qué se supone que vamos a hacer? No estarás sugiriendo que nos sentemos a esperar mientras la guerra estalla nuevamente.
-No, no. Por supuesto que no quiero que estalle una guerra-respondí. Hice una pausa para ordenar mis ideas y miré a Malfoy en busca de apoyo. El señor Malfoy a su lado, parecía molesto. Necesitaba cambiar de argumento, así que solté lo primero que me vino a la mente-.
-¿Y si fuera voluntario?-
-¿Voluntario?-preguntó Gavril.
Parkinson hizo un ruidito despreciativo con la boca, lo que empeoró aún más las cosas. Pero entonces me lo pensé mejor. ¿Tan mala idea era?
-Sí, claro que habría que exigir ciertos requisitos, pero quizá le sacaríamos más partido a un ejercito de magos que deseen realmente apoyar la causa, que aun grupo de chicos que solo hacen lo que pueden para sobrevivir y poder volver a la vida que han dejado atrás.
En la Sala se hizo el silencio mientras la gente se planteaba lo que acababa de decir. Aparentemente no había sido ninguna tontería.
-Eso es buena idea-intervino Astoria. ¿Y si el reclutamiento también estuviera abierto a las mujeres? -comentó.
Parkinson se rio en voz alta.
-¿Quién crees que se apuntaría? ¿Querrías tú librar una batalla? -replicó, con un tono que dejaba patente su incredulidad.
Pero Astoria no se vino abajo.
-No, tal vez yo no tengo madera para entrar en combate. Pero si he aprendido algo en la selección- prosiguió, dirigiéndose a Gavril-, es que algunas chicas tienen un tremendo instinto asesino. Que los vestidos de gala no engañen a nadie- agregó firmemente con una sonrisa vencedora.
Ya en mi habitación, dejé que mis elfinas se quedaran conmigo un poco más de lo habitual para que me ayudaran a quitarme el montón de horquillas que tenía en el pelo.
-Ama Granger, me gustó su idea de que el reclutamiento fuera voluntario- dijo Winky, mientras sus hábiles hechizos trabajaban sin parar.
-A mí también Ama- añadió Nicky-. Recuerdo lo mal que lo pasábamos cuando los de nuestra especie tenían que ir a las batallas. Y el ver que no regresaban era una pesadilla-dijo.
Un repiqueteo en la puerta nos hizo dar un respingo a las cuatro.
-Se me ha ocurrido una cosa- anunció Malfoy, entrando sin esperar respuesta.
-Amo Malfoy- saludaron mis elfinas, todas a la vez. A Winky se le cayeron todas las horquillas que me había quitado del cabello, al inclinarse para hacer una reverencia.
-Déjame que te ayude-se oreció Malfoy.
-No hace falta Amo, Winky puede hacerlo sola- insistió, retirándose enseguida. Con menos discreción de la que deseaba, miro a Hocky y Nicky con los ojos bien abiertos, indicándoles que salieran de la habitación con ella.
-Ah, eh, buenas noches Ama Granger- dijo Nicky, tirándole de la oreja a Hocky para que esta la siguiera.
Una vez solos, Malfoy y yo nos echamos a reír. Me giré hacia el espejo y me cepillé el cabello.
-No pensé que tus elfinas fueran tan graciosas-comentó Malfoy. -Siento haberlas interrumpido-dijo, dirigiéndose a mi reflejo en el espejo.
-No pasa nada- respondí. Me pasé el cepillo por la melena, y me la coloqué sobre los hombros-.
-Lo que te decía de la idea que se me ha ocurrido…
-Dime.
-¿Por qué no celebramos una fiesta de Halloween?
Yo me di media vuelta.
-¿De verdad? ¡Me encanta la idea! - desde que estaba en Hogwarts no había tenido la oportunidad de festejar Halloween, era una de mis celebraciones favoritas.
-He pensado que podría encargar que sus elfinas les confeccionaran disfraces. Y la decoración, tendré que ir pensando en ello. ¡Y golosinas, claro! No pueden faltar, tendremos las mejores golosinas, hechas para la ocasión e importadas del mundo muggle, inclusive mejor que las que había en Hogwarts. Cuando acabe la noche, querida mía, estarás hinchada como un troll. Tendríamos que traerte rodando hasta la habitación.
Estaba fascinada.
-Y lo anunciaremos, ordenaré que los Padres de cada una de ustedes venga a la celebración, ¿tu crees que les gustaría?
No me lo podía creer.
Digo, en algún momento de la selección se supone que tengo que conocer a los padres de ustedes, que mejor si coincide con una celebración como esta, en lugar de esperar más tiempo…
Aquellas palabras hicieron que me lanzara a sus brazos. Estaba tan contenta con la posibilidad de ver a mis Padres, que no podía contener mi entusiasmo. Él me rodeo la cintura con un brazo y se me quedó mirando fijamente a los ojos, entusiasmado. ¿Cómo podía ser que esa persona, alguien que siempre había considerado absolutamente opuesto a mí, diera siempre con todo lo que más ilusión me podía hacer?
-¿Lo dices de verdad?-.
-Claro- respondió-. Hace tiempo que tengo ganas de conocerlos, y forma parte del concurso. En cualquier caso, creo que a las tres les vendría bien ver a sus familias.
Cuando estuve segura de que no iba a echarme a llorar, respondí:
-Gracias. En verdad.
Malfoy chasqueó la lengua.
-Está claro que harías cualquier cosa por ellos.
-Es verdad-le dije.
Di un paso atrás, para dejar espacio entre nosotros, para verle bien los ojos. No analizó mi reacción; parecía confundido con aquel gesto inconsciente. Yo no podía dejarlo así. Tenía que ser absolutamente clara.
-Malfoy, ellos son uno de los motivos por los que me quedé al principio, pero no son la razón por la que sigo aquí ahora. Eso lo sabes, ¿verdad? Estoy aquí porque…
-Porque…
Me le quedé mirando. Díselo Hermione, díselo ya.
Esbocé una sonrisa pícara y me dirigí hacia la puerta.
-Hermione Granger, vuelve aquí- exigió, y echó a andar hasta ponerse delante de mí, uno frente al otro-. Dímelo- susurró.
Apreté los labios en un mohín.
-Bueno, pues tendré que recurrir a otro medio de comunicación.
Sin previo aviso, me besó. Me dejé caer un poco hacia atrás sin darme cuenta, apoyando todo el peso en sus brazos. Coloqué las manos sobre su cuello, deseando abrazarlo… y de pronto algo cambió en mi mente.
En general, cuando estábamos juntos, todo lo demás desaparecía de mí mente. Pero aquella noche pensé en la posibilidad de que pudiera haber otra persona en mi lugar. Solo de imaginarlo, otra chica en sus brazos, haciéndole reír, cansándose con el… se me rompía el corazón. No puede evitarlo, y una lagrima se asomó.
-Hermione, ¿Qué pasa?
"Hermione," mi nombre saliendo de su boca, tan dulce y personal, me llegó al alma. En aquel momento, todas mis resistencias cedieron. Quería ser su novia, su Hermione, deseaba ser solo de él.
Aquello podía significar abrir las puertas a un futuro que nunca me había planteado, y decir adiós a cosas que nunca había pensado dejar, pero en aquel momento la idea de separarme de él me parecía insufrible. También era cierto que yo no era la mejor candidata a casarme con él, pero tampoco merecía seguir siendo parte de la selección, si no era ni capaz de confesarle mis sentimientos.
Suspiré, intentando mantener la compostura.
-No quiero dejar todo esto.
-Si mal no recuerdo, la primera vez que nos vimos dijiste que era como estar en una jaula-sonrió-. Bueno, uno se va acostumbrando, ¿no?
Meneé la cabeza.
-A veces te pones de lo más tonto-dije, y solté una risa ahogada.
Malfoy dejó que me echara atrás, lo mínimo para que pudiera mirarle a los ojos.
-No es la Mansión Malfoy. No me importan lo mas mínimo los vestidos, las joyas, la cama, ni, aunque no te lo creas, la comida.
Malfoy se rio. No era ningún secreto que los elaborados manjares que preparaban en la Mansión me volvían loca.
-Eres tú- solté finalmente-. No quiero dejarte a ti.
-¿A mí?
Asentí.
-¿Me quieres a mi?
Solté
-Eso es justo lo que acabo de decir Malfoy, no me hagas repetirlo.
Por un momento no reaccionó.
-No lo sé- repuse. -Sólo creo que lo de nosotros podría funcionar.
-Y yo creo que funcionaría de maravilla-me dijo por fin reaccionando.
Malfoy tiró de mí, más bruscamente de lo que era habitual, y volvió a besarme.
Un instante después de me llevó hasta la cama, y los dos nos sentamos al borde, cogiéndonos de las manos, mientras yo apoyaba mi cabeza sobre su hombro. Esperaba que dijera algo. Al fin y al cabo, me acababa de confesar ante él. Pero no hubo palabras. De vez en cuanto su respiración se agitaba, y sólo eso me bastaba para notar lo feliz que lo hacía sentir. Aquello me ayudó a relajarme un poco.
Al cabo de un rato- quizá porque ninguno de los dos sabía que decir-levantó la cabeza y me miró.
-Creo que debería irme ahora Granger. Si vamos a dar la mejor fiesta de Halloween jamás vista, tendré que planearlo muy bien.
Me separé y sonreí, aún aturdida ante la idea de poder abrazar al fin a mis padres.
-Gracias otra vez.
Nos pusimos en pie y nos dirigimos a la puerta. Yo no le soltaba la mano. Por algún motivo, me asustaba dejarle marchar. Tenía la sensación de que toda aquella situación era muy frágil, de que, si me movía demasiado bruscamente, podía romperse.
-Te veré mañana-prometió, en un susurro, con la nariz a solo unos milímetros de la mía. Me miró con tal entrega que me sentí tonta por preocuparme.
Cuando se fue, cerré los ojos y me puse a recordar cada momento de nuestro breve encuentro: el modo en que me miraba, las sonrisas traviesas, los dulces besos. Pensé en todo ello una y otra vez mientras me preparaba para meterme en la cama, preguntándome si Malfoy estaría haciendo lo mismo.
CONTINUARÁ…
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¿Y bien, les ha gustado?
¡Háganmelo saber con un review!
Por lo pronto, seguiré trabajando con la adaptación del siguiente capítulo, espero mañana, ahora que estoy de home office, me da la oportunidad de avanzar más rápido.
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