Orgullo y tradición – El comienzo. CAP 19

La nave esférica aterrizó sin problemas en el espacio reservado para dicho fin. Al abrir la compuerta, vio que ya lo esperaba el doctor Briefs, de pie, a unos cuantos metros del área de aterrizaje.

-¿Qué tal tu viaje, muchacho?

El príncipe no contesto, se concentró en las energías presentes en la corporación, pero ninguna sobresalía.

El científico notó que el guerrero se encontraba concentrado, parecía buscar algo con su mente.

-¿Buscas a Bulma y a tu hijo?- Inquirió con tranquilidad, comenzando a encender un cigarrillo.

-¡¿Ya… ya nació?!- se le escapó la pregunta en forma de balbuceo, pero inmediatamente recobró la compostura habitual.

Los ojos del anciano se iluminaron detrás de sus lentes. -Desde hace mes y medio- dio una profunda calada a su cigarrillo, -se parece mucho a ti- agregó después de soltar el humo.

El pecho se le hinchó de orgullo al guerrero, literalmente se lo imaginó como él, después de todo, él mismo tenía más de su padre, que de la hembra que lo había parido.

-Mhp…- caminó pasando al lado del anciano, sin decir ni una sola palabra, no se rebajaría a demostrar su inquietud y prisa por conocerlo.

-Veo que tuviste algunos contratiempos en el trayecto- mencionó el doctor Briefs, observando un par de abolladuras cerca del techo de la nave.

-Nada de cuidado- fue todo lo que dijo antes de elevarse, dirigiéndose hacia el balcón de la mujer.

La gran puerta corrediza de vidrio, se encontraba abierta gracias al clima agradable en la ciudad, una cálida brisa soplaba, haciendo ondear las delgadas cortinas hacia adentro de la habitación. El príncipe respiró hondo y entró sin avisar, le bastaron solo unos cuantos pasos para tener frente a él, la primera visión de su primogénito. Envuelto en una delgada manta de algodón, entre los brazos de la científica, pegado a uno de sus generosos senos con una pequeña manita palpándolo, abriendo y cerrando los deditos en una inocente manía al comer.

La mujer se encontraba tan absorta, admirando lactar a su pequeña creación, que no escuchó las botas del guerrero caminar a paso lento hacia ella.

-Despacio bebé… despacio- susurró con cariño, teniendo como respuesta, que su hijo succionara con más ímpetu, lo que le sacó una gran sonrisa a la científica, seguido de un quejido bajo, por el dolor que le causaron las succiones bruscas del medio saiyajin.

De pronto, el pequeño detuvo los movimientos de su boca y abrió los ojos, fijó la mirada en su madre sin pestañear por algunos segundos, con el ceño profundamente arrugado, algo fuera de lo común, ya que solía alimentarse sin más pausas que cambiar de pecho, y apenas comenzaba con el segundo. Arrugó su naricita como si olfateara algo y giró la cabeza para observar eso que sus sentidos detectaban.

El príncipe de los saiyajines no se encontraba preparado para toparse con un par de ojos azules y una cabeza casi calva, adornada con escaso cabello color lila.

-¡Vegeta!- Exclamó Bulma, sin poder ocultar la emoción en su voz. Estaba tan orgullosa de su pequeña creación, como lo llamaba, lo encontraba perfecto en todos los sentidos, y al fin podría restregarle al petulante guerrero, el hermoso hijo que había engendrado gracias a ella. -Escuché la nave aterrizar, pero no pensé que entrarías por la ventana inmediatamente- se mordió los labios del nerviosismo, los meses sin tenerlo en frente le hicieron extrañarlo, aunque lo disimuló a la perfección durante las pocas video llamadas que tuvieron.

El rostro del príncipe no expresaba ninguna emoción, sus ojos apuntaban directamente al crío, como si llevara una lucha interna, por ver quién de los dos retiraba primero la vista, pero su atención no solo estaba concentrada en el par de océanos que poseía su vástago. Intentaba encontrar algo saiyajin en el diminuto ki que despedía su hijo.

-¿Qué rayos es esa cosa?- Siseó apretando los puños. Debía ser una broma de mal gusto, el anciano le había asegurado que el crío se parecía a él, y lo que Bulma cargaba en brazos, no parecía tener una pizca de saiyajin.

-¿Cómo que qué rayos es? ¿Acaso nunca has visto a un bebé?- Le recriminó bajando el tono de la voz, pero con los rasgos endurecidos.

-Por supuesto que sé cómo es un crío, pero eso que tienes no parece un saiyajin- apuntó con su dedo índice al bebé, -dime mujer, ¿en dónde está el mestizo? Porque no estoy para bromas de mal gusto.

Antes de responder a gritos, respiró hondo, debía calmar su temperamento por el bien de su hijo. -Supongo que regresaste cansado de tu viaje... deberías descansar antes…- dijo sin perder la compostura, levantado un poco más al pequeño para tapar su seno desnudo con su cuerpecito, en respuesta, Trunks emitió un sonido parecido a un gruñido, al no tener a la mano su querido alimento, -Espera un poco mi amor- le dijo Bulma con voz melosa, excesiva para el gusto del adulto, pero el bebé continuó protestando, agitándose debajo de su manta, elevando un poco su energía, no como para alertar a su padre, pero sí para distinguirlo de un infante terrícola.

"No puede ser, debe de haber un error"

La mente del guerrero entró en un estado de negación. Invirtió mucho tiempo en su plan, en buscar a la adecuada, la afortunada que llevaría la tarea que le correspondía a una hembra de elite, escogida de entre las más capaces, por eso se empeñó en que la elegida no podría ser cualquiera del montón y Bulma le pareció perfecta, era atractiva, tenía la edad adecuada, y su inteligencia estaba por encima que las demás terrícolas. El problema con su nulo poder de pelea se compensaba con el fuerte temperamento que poseía, tan saiyajin.

"¿Qué pudo haber fallado?" Se preguntó mientras la observaba tratar de calmar al mocoso testarudo, luchando contra los manotazos y patadas que inclusive lo liberaron de la tela que lo cubría celosamente. Entonces, otro detalle llamó su atención.

Los berrinches cesaron cuando la científica, cansada y rendida, exhibió de nuevo su seno, el cual duró expuesto un par de segundos, gracias a los discretos movimientos de la mujer, y a que Trunks se aferró a su alimento como si hubiese pasado horas con hambre, succionando con más fuerza y aferrándose con ambas manitas regordetas, pero con sus ojos entreabiertos en dirección hacia su padre. Bulma lo arropó por segunda vez con la manta, tapando su cuerpecito vestido con un mameluco en color verde pastel.

-Después hablamos Vegeta, ahorita no es el momento- habló cortante sin voltear a verlo, quejándose sutilmente de las bruscas succiones que el pequeño Trunks realizaba. El híbrido había heredado la terquedad de ambos padres y ella lo notó desde la primera semana de nacido.

-¿Y su cola? ¿Dónde demonios está su cola?- ladró haciendo caso omiso a la petición de la terrícola, inclusive se acercó hasta quedar a un par de pasos de distancia.

-Shh… baja la voz- espetó con la voz baja. Acarició la mejilla regordeta del bebé para distraerlo, hacer que concentrara su atención en su leche tibia. -Nació sin cola, lo que es una fortuna- un escalofrío le recorrió la espalda al recordar la noche en que Goku se transformó en un terrible Ozaru, una de las experiencias más desagradables de su vida. Afortunadamente su hijo carecía de ese miembro tan extraño y peligroso.

-¿Una fortuna?- articuló las palabras con indignación, apretando la mandíbula.

-Por supuesto Vegeta. No solo se vería raro, podría existir la posibilidad de que la luna regrese por el deseo de alguien, o que algún tipo de luz con la misma intensidad que la luna, cause efecto en él y termine convirtiéndose en esa bestia horrible que no distingue amigos de enemigos.

Vegeta pateó el suelo alfombrado con el pie derecho, causando que el pequeño dejara de mamar para voltear a verlo, pero no por el leve golpe, sino porque percibió la elevación repentina de energía, razón por la que desvió su vista al sentirlo entrar a la habitación.

-¡Dime la verdad Bulma! Planeaste esto para divertirte a mis costillas, conseguiste esa sabandija para jugarme una mala broma- cruzó los brazos mirando al pequeño con desprecio. -Porque ese insecto que cargas no puede tener mi sangre- siseo modulando su tono de voz, no porque le importara el crío, sino porque conocía el temperamento de la mujer, y quería evitarse una discusión antes de aclarar sus dudas, pero erró en no cuidar sus palabras.

La terrícola lo observó detenidamente, entrecerrando la mirada sin decir nada, su razonamiento se encontraba nublado por la sorpresa, no esperaba esa reacción por parte del príncipe y menos después de toda la manipulación que hizo para embarazarla. Se suponía que él era el más interesado en tener un hijo. ¿A qué se debía su rechazo? Era obvio que Trunks era suyo, tenía la misma forma de sus ojos, la misma forma de mirar, también su terquedad, apetito, inclusive su mismo tono de piel.

-Un descendiente mío no puede tener ese ridículo color de cabello y mucho menos, haber nacido sin una cola. ¿Qué clase de saiyajin no posee una cola? Lo entendería si la perdiera en una batalla, pero…- escupió con las venas de su frente saltando.

La energía del pequeño ser, sobresalía de la que emitía su madre, lo que era completamente imposible en los críos terrícolas.

No quería aceptarlo, pero ese pequeño detalle, era razón suficiente para creer que podía tener sangre de guerrero saiyajin.

"Así que es por eso"

Bulma había permanecido sentada sobre la cama todo el tiempo, fingiendo serenidad, pues al escuchar la nave aterrizar, sintió su corazón latir desbocado, deseosa de correr a recibirle, pero era la hora de la merienda de su bebé y ya no mantenía ninguna relación con el guerrero. Su orgullo y su hijo estaban primero, por lo que decidió permanecer en su lugar y esperar a que Trunks terminase con su alimento, para bajar de manera casual a recibirlo. Lo cual no sucedió, gracias que el mismo Vegeta la buscó de inmediato.

Se levantó con el bebé en brazos, dándole palmaditas para distraer su atención. Era por él, que no explotaba contra el guerrero de sangre pura.

-Su color de cabello no es ridículo. Ridículo es parecer un mono- dijo mordaz con la voz tranquila. -Agradece que salió hermoso, a pesar de su constante ceño fruncido… idéntico al tuyo.

Vegeta retrocedió un paso al tenerla cerca, le causaba repugnancia la cercanía con el mocoso, no quería aceptar la realidad, no quería volver a sentirse un perdedor.

-Dame una razón para creer que esa cosa lleva mi sangre- lo señaló retrocediendo un par de pasos más.

La mujer negó con la cabeza, le hacía rabiar la manera en que el príncipe se dirigía hacia su hijo. Si por ella fuera, le callaría la boca a golpes. -No vuelvas a dirigirte así de mi hijo. Y si dudas, podemos hacerle una prueba de sangre- se felicitó mentalmente por haber mantenido la calma.

-¡¿Qué?!- Salió de su boca en un sonido bajo. No hacía falta dicha prueba, no hacía falta continuar engañándose, estaba claro que el experimento había sido un rotundo fracaso. Cerró los ojos por unos segundos, asimilando sus opciones.

-Tsk…- se recriminó mentalmente por no tener un plan B, en caso de una falla. ¿Y cómo tenerlo? Si el plan era perfecto, con sus genes superiores y la inteligencia de la terrícola, eran la mezcla perfecta para crear un híbrido superior al de su rival. La rabia comenzó a invadirlo, rabia contra ella, contra sus genes inferiores.

Deseó apretarle el cuello, a ella… y a la abominación que cargaba en brazos, adueñándose de su pecho con desfachatez. No lo quiso admitir, pero el molesto sentimiento de celos se apoderó de él. Ver al mocoso pegado a su seno desnudo, tocando su cálida piel, siendo cobijado por sus débiles brazos, esos mismos brazos que no hace mucho se enroscaron en su cuello con fervor. Apretó la mandíbula y los puños deteniendo sus deseos negativos.

"No debo claudicar. Pero… ¿por qué no puedo eliminarla?"

Bulma caminó haciéndolo a un lado, empujándolo con su hombro, extrañamente, él se dejó empujar debido a que su mente bloqueada y confundida, no daba crédito al hecho mismo de; dudar de sí mismo. Su inquebrantable voluntad, de la que tanto se enorgullecía, estaba siendo pisoteada por un sentimiento que no lograba descifrar. Necesidad, sí, la necesitaba para continuar con sus propósitos, eliminarla ahora pondría en peligro el resto de metas que debía cumplir.

-No es lo que esperaba- habló de espaldas a ella, con voz grave y clara antes de girar sobre sus talones, para dirigirse hacia el ventanal. Se detuvo a un lado de ella, observándola con altivez, luego bajó la vista hacia el bebé, quien ignoró la energía proveniente de su padre y continuó engullendo su preciada leche materna, ya comenzaba a acostumbrarse a la nueva presencia.

-No es ni la mitad de lo que esperaba- agregó Vegeta, lanzándole una fría mirada de desprecio a su vástago. Antes de que una turbada Bulma dijera algo, dio un par de pasos para salir hacia el balcón y despegó con prisa, lanzando una ráfaga de viento que hizo retroceder a la mujer.

La científica apretó con ternura a su pequeño tesoro. Le dolió, le dolió inmensamente el rechazo hacia su Trunks, y ni siquiera se interesó en preguntar su nombre, ni su salud, ni nada que no fuera la estúpida cola y el estúpido color de cabello.

Las palabras del príncipe le cayeron como una cubeta de agua fría, para la que no estaba lista, pero eso fue poco a comparación con su mirada, sus ojos negros le comunicaron todo el desprecio que tenía para ellos, en especial, para su amado bebé. Se le heló la sangre de solo imaginar al orgulloso saiyajin, capaz de hacerle daño, su instinto maternal le advirtió que debía permanecer con los ojos bien abiertos, ahora entendía las dudas de Yamcha respecto a la volatilidad del saiyajin.

-No era lo que esperaba…- musitó con decepción. Cerró los ojos sin poder evitar derramar un par de lágrimas.

-Soy una idiota, una grandísima idiota por haberlo considerado.

**FLASHBACK**

Acarició su abultado vientre mientras sonreía con ilusión, se encontraba inmensamente feliz. Esa misma tarde, el doctor le había confirmado que era un varoncito el que crecía dentro de ella, ahora ya lo podía nombrar, con el nombre que tenía previsto para en caso de ser un niño.

-Trunks- le susurró, en respuesta, una forma ovalada sobresalió de su vientre, moviéndose de abajo hacia arriba. Bulma sonrió de nuevo, le fascinaba ver a su vientre moverse, tomar formas extrañas por algunos segundos, era la prueba de que un ser vivo crecía en su interior.

-¿Te gusta tu nombre?- Le dijo divertida sintiéndolo patear, haciéndose notar. -Es muy lindo- agregó dándole unas ligeras palmaditas, le gustaba provocar que la pateara, y muy alejado a lo que había pensado antes, no dolía, en absoluto, a pesar de llevar sangre de guerrero, no dejaba de ser un pequeño bebé de cinco meses de gestación.

-Espero que seas tan fuerte como tu padre- suspiró ilusionada, tenía mucho tiempo sin experimentar ese tipo de sentimientos tan puros. Albergaba grandes esperanzas en el orgulloso guerrero, le creía lo suficientemente fuerte como para cambiar su destino, casi tanto como Goku, pero sus esperanzas no terminaban ahí, lo visualizaba como un habitante más del planeta tierra, un huésped a largo plazo en su casa, conviviendo muy a su manera con su hijo, con ella y posiblemente, cambiando su áspero carácter.

El corazón le latió desbocado al pensar en él, no podía seguir engañándose por más tiempo, sabía que ya no solo era atracción física, le tenía cariño, más que cariño, lo quería. Se estaba enamorando, inclusive a pesar de las acciones pasadas del guerrero, su sexto sentido le gritaba que confiara en él, que le sería de utilidad, que tarde o temprano terminaría siendo de gran apoyo, que no era tan malo como aparentaba.

Era tan parecido a ella en muchos aspectos, ahora le parecía cómico que ambos se estaban utilizando, él para tener un descendiente, ella para salvar su pellejo, no podía estar tan enojada con él. Después de todo, le mintió diciendo que era el que podía vencer a los androides, no es que lo dudara, pero siempre fue su amigo de juventud la primera opción, solo que no confiaba del todo en el buen corazón e inocencia de Goku, sabía que esos buenos sentimientos podrían jugarle en contra. Muy por el contrario, Vegeta era menos ingenuo y más sanguinario, no se tocaría el corazón al momento de eliminar a esas terribles amenazas. Era su plan B y presentía que le convenía mantenerlo en secreto.

Suspiró observando al cielo a través de la ventana, tratando de adivinar en cuál de todas las estrellas del universo, se encontraba el padre se su pequeño Trunks.

-Tus abuelos ya quieren conocerte- le dijo a su abultado vientre, se sorprenderán por el nombre que elegí- emitió una pequeña risa traviesa, -no lo sabrán hasta que nazcas. Los hará felices… ¿sabes? Cuando yo era una pequeña niña, mi mamá me dijo que tendría un hermanito menor para cuidar, tenía pocos meses, pero ella aseguraba que sería niño, y ya le tenía nombre… Trunks. Pero un día, su cuerpo lo rechazó, y lo perdió- continuó dando caricias a su vientre. -Después de eso, ya no pudo tener más bebés, y tus abuelos se quedaron con las ganas de tener a un niño corriendo por toda la corporación. Por eso estoy segura de que Trunks será el nombre perfecto para ti, espero que a tu padre le guste, de cualquier forma, mi decisión está tomada y no cambiaré de opinión.

Volvió su vista hacia las estrellas que se apreciaban a lo alto de la ciudad.

-Vegeta. Quiero conocerte más, quiero mirar a través del duro caparazón de orgullo que portas, quiero conocer tus miedos, tus sueños, tus ilusiones, tus verdaderos sentimientos. Porque estoy segura de que hay más, mucho más de lo que nos has mostrado.

Llevó su mano derecha a la ventana, palpando con sus dedos la superficie cristalina, mientras que con la izquierda, mecía con ternura la curvatura de su vientre.

-Solo a ti te lo confesaré- agachó la mirada para susurrarle a su bebé. -Creo que estoy enamorada de tu padre- mordió su labio inferior. -No me sorprende demasiado, pues siempre me atrajeron los sujetos rudos, e inclusive malos- recordó con diversión cuando se sintió atraída por el rubio de la patrulla roja, Zarbon e inclusive Yamcha. -Sí… Vegeta es el tipo de hombre que me gusta, me encanta- sonrió de la misma manera soñadora, que lo hacía cuando era una jovencita en sus primeros intereses románticos.

**FIN DEL FLASHBACK**

Bulma observó la estela de energía dejada por el príncipe, disolviéndose junto con sus esperanzas.

Suspiró hondo reteniendo el llanto, no valía la pena.

-Al parecer seguiremos siendo solo tú y yo- murmuro con un nudo en la garganta, haciéndose la dura frente a su hijo, como si pudiera entender la situación.

Se sintió estúpida por haber albergado esperanzas, tenía alrededor de seis meses que se encontraba más sensible de lo habitual, mucho más y estaba consciente del porqué; las hormonas. Posiblemente no hubiera considerado darle una segunda oportunidad al guerrero una vez que regresara a la tierra, pero con el embarazo se volvió más permisiva, más sentimental. A partir del primer mes de ausencia del guerrero, comenzó a extrañarlo cada vez con mayor intensidad, a desearlo y tenerlo constantemente en la cabeza. Se preocupaba por su bienestar, le aterraba que la nave fallara o que terminara terriblemente herido de algún entrenamiento, y ella no estaría allí para ayudarlo. Por fortuna encontró en sus revisiones mensuales el pretexto perfecto para comunicarse con él, para saber de él, para verlo y escucharlo, aunque fuera a través de una pantalla.

Sintió su corazón romperse, tal vez por primera vez, ya que nunca antes experimentó tal sentimiento. Y no tanto por ella, sino por el pequeño inocente que cargaba en brazos, hubiera preferido mil veces sentir el rechazo hacia ella, y no hacia su hijo, hacia lo que más amaba en el mundo.

-Él se lo pierde- suspiró. -Estoy segura de que se arrepentirá cuando te vea grande y fuerte- le dijo a su hijo con una mueca graciosa, fingiendo alegría. Pero sus facciones se oscurecieron al instante, -si es que no decide marcharse después de la batalla y no regresar jamás.

Trunks la observaba de vez en cuando, más interesado en su comida que en cualquier otra cosa, sin esa extraña energía al lado, podía enfocarse de lleno en saciar su instinto de alimentarse, el cual le recordaba constantemente a la científica, su origen saiyajin.

Le enterneció verlo así, pegado a ella con soltura, completamente confiado al estar bajo su cálido resguardo, tan frágil, tan inocente. ¿Cómo podría no ser lo que esperaba? Era mucho más, era perfecto, era mejor de lo que ella esperaba y estaba segura que con el pasar de los años, ese pequeñito los sorprendería a todos, ya lo podía percibir.

A pesar de no poseer la capacidad de leer el ki, ya había sentido una sensación extraña en una ocasión, en la cual, el pequeño Trunks berreó con fuerza, cuando le aplicaron una vacuna, inclusive el confundido pediatra mencionó sentir una especie de energía traspasarlo. Bulma guardó silencio respecto al origen de su hijo, justificó la especie de energía, culpando al sonido de una nave que despegaba a unas cuantas cuadras, frente a la ventana del consultorio. Ella sabía a la perfección que la nave no producía esa vibración, lo sabía porque la tecnología que utilizaba, era de la corporación cápsula y ella misma conocía el funcionamiento de la misma. Esa extraña sensación que ambos experimentaron provino del pequeño bebé, estaba completamente segura, y si eso pudo hacer con un llanto, imaginaba que de adulto haría mucho más; su hijo tenía un gran potencial, ella lo sabía y esperaba poder comprobárselo al príncipe, para recuperar su dignidad y para hacerlo respetar a Trunks.

Voló a toda velocidad hasta llegar al valle en donde tuvo aquella fatídica pelea contra el otro saiyajin de raza pura, el insecto de clase baja que le hizo sangrar, que lo humilló y casi lo mata. Ese lugar que le traía amargos recuerdos, no supo por qué, pero por alguna razón se dirigió hasta ese sitio que consideraba maldito.

Aterrizó en la cúspide de una árida montaña, con la vista perdida en la zona donde un Gohan convertido en ozaru lo aplastó, aún permanecía el cráter, ahora adornado por una que otra planta verduzca. Le pareció irónico recordar ese evento en particular, como si el universo mismo se burlara de él, el príncipe de la raza más poderosa del universo, siendo apaleado por un híbrido hijo de un ser inferior, y ahora, volvía a ser pisoteado y escupido.

Humillado, ese era el sentimiento que reinaba en su corazón, humillado y derrotado de nuevo, decepcionado, pero ahora, de sí mismo, de su sangre.

-Fui un imbécil- pronunció con rabia. -Un reverendo imbécil, ingenuo y estúpido al nivel de Kakaroto.

Escupió al lado de sus pies, conteniendo la rabia, apretando los puños y tensando la mandíbula.

"No debo explotar… no debo explotar" Se repitió en una especie de mantra mental, tratando con éxito de mantener la calma. No podía darse el lujo de expulsar el ki, debía controlarlo, nadie podía saber de su transformación hasta el momento oportuno, por el momento debía controlar sus impulsos.

-Tsk…

Estaba cansado, desde que su planeta desapareció, tuvo que verse en la penosa necesidad de controlar su temperamento frente a los gusanos que poseían un alto nivel de poder, se tragó su orgullo para sobrevivir en ese mundo hostil que le tocó vivir. Siempre, de alguna u otra manera, tenía que ceder.

-Esta vez valdrá la pena el sacrificio- respiró con calma, cerró los ojos controlando su furia, reprimiéndola.

Estuvo a punto de arruinar la sorpresa que tenía guardada para la batalla, y todo por culpa de la terrícola. Porque el fiasco que resultó del experimento, era por los genes inferiores de la mujer, no por él.

-No puedo permitir que ese engendro siga con vida. Es una vergüenza para mi raza- gruñó golpeando el suelo, conteniendo su poder, creando fisuras en la tierra dura, que llegaban hasta treinta metros de distancia. -Mi error fue tener grandes expectativas, no tomé en cuenta el margen de error… mi arrogancia me jugó en contra- murmuró con desagrado en sus facciones.

Odiaba sentirse así; derrotado hasta el punto de sentir vergüenza por sí mismo. Los labios le temblaron de impotencia, tragó saliva y sintió su garganta doler.

"No… no puedo dejarlo con vida"

La imagen de la científica cargando al crío le llegó de pronto, tan protectora, su mirada celeste con otra luz, radiante, orgullosa, feliz. Era evidente que tenía lazos afectivos con ese engendro, probablemente lo amaba, lo que dificultaba sus intenciones.

"Con el carácter que se carga esa hembra, es capaz de armar un escándalo. No sé hasta qué punto afectaría a mis futuros planes"

Se frotó la sien con frustración, recordándola con el crío pegado a su pecho, tocándola, poniendo su boca sobre su piel, sintiendo su calor, enredado en su aroma. Lo maldijo mil veces por ello.

-Es un puto crío- ladró avergonzado de su sentir. ¿Cómo era posible que deseara tener lo que el mocoso tenía a manos llenas? Acceso a ella.

"Son todos estos meses de abstinencia… la vulgar es disfrutable, no lo negaré. Su maldito cuerpo causa adicción, no puede ser por otra causa que la desee"

Culpó al deseo por ese amargo sentimiento, no eran celos, él no requería ninguna atención de ella, más allá que su disposición para dejarse gozar. Era su instinto primario lo que le hacía ver al crío como un estorbo, ese era uno de los motivos por los que se les dejaba en incubadoras los primeros años de vida, para que las hembras estuviesen disponibles y no crearan vínculos inútiles que las volviera débiles, ni a los descendientes. Así podían copular sin poner de pretexto el cuidado del mocoso, poder prestarse para ayudar a liberar las tensiones de su macho, muy necesario al regresar de una peligrosa misión.

Recordó algunas palabras que Nappa le dijo en una ocasión.

"Los machos que tenían una compañera para reproducirse, solían alardear que copular con la hembra que les dio un cachorro, era mejor que hacerlo con cualquier otra. El sentimiento de pertenencia se acrecentaba, y más si le había dado un descendiente fuerte, un guerrero digno de pertenecer a nuestra raza orgullosa"

-A estas alturas, debo de ser la burla de los saiyajines que habitan en el infierno- murmuró con amargura. Agachó la cabeza, impotente de no poder manipular la genética. ¿O sí?

"Podría intentarlo una vez más"

Aspiró hondo, analizando sus opciones. "Ya perdí mucho de mi valioso tiempo en ella, no puedo resignarme y aceptar el fracaso de mi experimento. Ya no tengo tiempo… ni ganas de buscar a otra hembra, la vulgar continúa siendo la opción más viable. El único problema que tengo, es la conexión que parece tener con el engendro… debo eliminarlo pronto, evitar que se fortalezcan sus ridículos sentimientos. De lo contrario, me llevará más tiempo seducirla de nuevo y no puedo darme ese lujo, no con los androides a punto de llegar"

Relajó los músculos de la espalda y mandíbula. No todo estaba perdido, estaba decidido, humillaría a su rival en todos los aspectos, se desharía de su error y engendraría otro que valga la pena. Tenía entendido que la genética era como lanzar una moneda al aire, el destino no podía jugarle una mala broma dos veces seguidas. Él no era Nappa, como para engendrar error tras error.

-Nappa…- recordó todas las veces en las que el guerrero calvo intentó procrear un mestizo, en sus burdos intentos por evitar que su raza pereciera por completo del universo. -Estoy empeñado en hacer, precisamente lo opuesto a lo que le dije por años- bufó con una mueca de ironía, -pero a diferencia de ti, yo tendré éxito después de mi fracaso. Me conoces y sabes de sobra que nunca me rindo- cerró los ojos negando con la cabeza.

"Lo que me faltaba… hablar con un muerto. Parece que en realidad, sí me afecta el oxígeno de esta miserable bola de barro"

Gruñó al recordar el rostro dulce y regordete del híbrido, coronado por el par de expresivos ojos azules, tan parecidos a los de ella, tan diferentes a los de él, la decepción y negación le impidieron ver el pequeño ceño arrugado, idéntico al suyo. Lo único que reconoció fue el ki, diferente al de cualquier otro habitante de la corporación, pero significativamente más débil que el de Gohan, ni siquiera reparó en el hecho de que el hijo de su rival tenía más de cinco años y había participado en algunas batallas, y que el crío que parió la científica, tenía unas pocas semanas de nacido.

Concentró su atención en el otro guerrero de raza pura y no tardó en percibirlo, a cientos de kilómetros se encontraba entrenando con el namekuseí y el mestizo llorón. Emitió un sonido ronco, como si ahogara el coraje que le provocaba confirmar que en efecto; la energía del mestizo mayor superaba a la de su vástago. No permitiría dejarse derrotar de nuevo, en ningún ámbito.

Decidió sacar su frustración de la mejor manera que conocía, destruyendo algo.

Concentrando energía en la palma de su mano derecha, apuntó hacia una larga montaña de roca, probablemente estaba ahí desde hacía centenares de siglos, soportando erosiones, tormentas, terremotos y la pasada lucha entre los saiyajines, inclusive un par de golpes de Gohan transformado en ozaru. Pero bastó una sola potente ráfaga de ki del príncipe de la raza guerrera, para dejar la montaña reducida en escombros, regados por todo alrededor.

-Estúpido planeta… estúpidos sus genes inferiores- vociferó al viento, como si la tierra le escuchara.

Él no podía tener la culpa del fallido resultado de su experimento, él era perfecto, él era de una raza superior, él tenía la sangre de los pasados reyes de su planeta, él era el resultado de la unión de los guerreros y hembras más fuertes, generación tras generación, lo que dio como resultado, un linaje del cual sentirse orgulloso.

Tradición que el príncipe tuvo que romper al no existir ninguna hembra saiyajin con vida. Y eso gracias al extraño sujeto que vino del futuro, demostrándole que era posible una cruza más o menos decente si se hacía con terrícolas, pero principalmente, por el coraje que le dio ver que su rival andaba desparramando su semilla como lo que era, un guerrero de clase baja, creando mestizos con cualquier mujerzuela sin reparar en las consecuencias. Inclusive los guerreros de más baja estirpe, procuraban preñar a una hembra con igual o de preferencia, mayor poder, inclusive solían recurrir a forzarlas en caso de negarse, y de negarse, era porque ellas mismas buscaban a uno con mayor poder. El más fuerte ganaba siempre, el poder lo era todo y lo seguía siendo para el príncipe.

Las ganas de continuar destruyendo lo invadían, quería explotar, quería arrancarle la cabeza a alguien, pero no podía arriesgarse a dar motivos para comenzar una pelea, no al menos hasta que termine su entrenamiento y se deshaga de su erro; el maldito crío.

Su mirada se vio ensombrecida por las lágrimas, caían libremente por su tez bronceada, como aquella vez que Freezer lo humilló y asesinó. No se molestó en limpiarlas, se dejó caer de rodillas y lloró ruidosamente, nadie lo veía, nadie más era testigo de su orgullo machacado, por lo que se dio el lujo de sacarlo hasta que sus ojos hinchados dejaron de producir lágrimas. Entonces, respiró profundo para tranquilizarse, limpió su rostro con el dorso de su brazo y la nariz con su mano derecha enguantada. Se puso de pie y emprendió el vuelo hacia rumbo desconocido, no deseaba regresar a la corporación por el momento, necesitaba tener la mente fría y un plan, no estaba dispuesto a cometer otro error.

Pasaba de la media noche en la gran propiedad esférica de la capital del oeste, la noche transcurría con calma, pero la científica no podía conciliar el sueño, no había sabido nada del padre de su hijo desde que regresó de su viaje, la situación se le había ido de las manos, por primera vez tuvo dudas respecto a la confianza que depositaba en el saiyajin. Su instinto maternal le advertía que debía estar preparada, le aterraba pensar que el guerrero pudiera atentar contra su propio hijo, ¿quién haría semejante locura? Él, después de todo era un mercenario, aunque ella se empeñara en negarlo, no podía engañarse por más tiempo, no podía continuar con esa confianza, Yamcha tenía razón; Vegeta era una bomba que aún no había sido desactivada, una bomba imposible de desactivar, él no era como Picoro o Tenshin-han, Vegeta era impredecible y peligroso.

Siempre estuvo jugando con fuego al relacionarse con él, y eso era precisamente lo que le gustaba, pero ahora entraba en juego Trunks, no estaba dispuesta a arriesgarlo a él.

-Vamos Bulma, se le pasará y terminará reconociendo que Trunks es perfecto- se dio ánimo, intentando restarle importancia. -Ese saiyajin cabeza hueca y su estúpido orgullo- masculló poniéndose de pie, no tenía ganas de seguir dando vueltas en su cama, le incomodaba no saber dónde estaba ni qué planeaba.

Se colocó una bata ligera y salió rumbo a la habitación de su hijo, una pequeña al lado de la suya, ese sería su espacio mientras fuese un pequeño bebé que requiera tener a su madre al lado en todo momento. Al entrar entrecerró la mirada, había algo en el ambiente que la inquietaba, no era necesario poder sentir el ki para percibir el peligro, de nuevo su instinto maternal le gritó que tuviera cuidado. Su corta bata se agitó con gracia debido a una ráfaga de viento, fue entonces que reaccionó y notó que la puerta del pequeño balcón se encontraba abierta hasta la mitad, corrió hacia la cuna pensando lo peor, no se conformó con ver al pequeño, apaciblemente dormido boca arriba, extendido sin preocupación alguna, lo revisó procurando no despertarlo. Entonces recordó que ella misma había abierto la ventana poco antes de arrullar a su bebé, pero después olvidó cerrarla.

-Estoy actuando como una paranoica- agitó la cabeza despejando sus pensamientos negativos, por un momento pensó estar exagerando, pero estaba decidida a no confiarse. Cerró la ventana y escaneó la habitación con su vista.

"No sería mala idea poner unas cámaras y micrófonos escondidos. Algunos peluches y lámparas podrían funcionar para esconderlos"

Caminó por todo el espacio planeando los ángulos de visión, se acercó de nuevo al ventanal, con el propósito de salir para revisar en qué lugar podría ocultar uno de los dispositivos, pero un gimoteo desde la cuna llamó su atención.

-¿Despertaste mi amor?- Susurró al infante, al verlo menear sus manitas regordetas mientras sonreía al verla acercarse. Lo cargó y le llenó de dulces besos el rostro. -Parece que el señorito quiere dormir en cama de mamá- dijo con voz melosa.

-Agghh…

Vegeta gruñó en voz baja desde el balcón, sentado en el borde del mismo, donde tenía alrededor de veinte minutos sin atreverse a entrar. No pudo pasar de la puerta debido a que sus vísceras se revolvieron de asco, al percibir el aroma dulce de talco de bebé y la decoración exageradamente ridícula desde su punto de vista. Otro punto en contra para el pequeño, de lograr preñarla de nuevo y dar como resultado un crío decente, evitará cualquier tipo de cursilerías sin sentido.

Arrugó su ceño, concentrado en los movimientos dentro de la habitación y permaneció así, hasta sentirla marcharse con el mocoso en brazos.

"Hoy no fue el momento, pero ese engendro tiene las horas contadas" Pensó convencido.


Fin del capítulo.

Lamento mucho la demora, tengo mi tiempo libre muy limitado y por más que intento apurarme, siempre surge algún inconveniente.

Al fin conoció Vegeta a Trunks. Confieso que me cuesta trabajo este fanfic, debido a que debo mantenerme fiel a la personalidad de cada personaje, ya que la historia debe coincidir con el canon, se me da más fácil el otro fanfic, en donde puedo darme muchas más libertades. Espero estar plasmando correctamente las personalidades tan emblemáticas de Bulma y Vegeta.

Es todo por el momento, nos leemos pronto.

*Disculpen si ven faltas, ya es muy noche y tengo mucho sueño. No puedo hacer otra revisión.