Capítulo anterior.
—Perdóname Astrid. —escuchó decir a Zephyr, quien de inmediato se lanzó a sus brazos. —Pude sentir lo que tú sentías, y lo que Nuffink. —confesó apretándola. —perdónenme…
Aquello descolocó a la hechicera, su pregunta anterior había sido respondida: su magia, no había surtido efecto en Zephyr y por lo que veía tampoco en Nuffink, quien de inmediato se aferró a ella diciendo lo mismo.
Su corazón sufrió un vuelco en ese momento, y casi sintió que se le paralizaba, más al ver cómo ambos despedían cierta energía con su cercanía.
¿El egni? —pensó confundida.
Pero no sólo eso, este chocaba con el suyo como un imán de polos iguales, lo cual significaba que habían repelado la magia de su canto. Un singular detalle que sólo pasaba con aquellos que tenían el mismo don, el don que le había heredado su madre.
—Ay dioses…—susurró para sus adentros asustada. —Son mis hijos…
Capítulo 19
Mágica Navidad
Parte 2
Año 1993.
— "La música es mágica", les pido por favor, siempre recordarlo.
—¿Por qué, mamá? —preguntó una niña de 11 años que estaba sentada frente a un piano, mientras que otra más pequeña, con mala cara, sostenía un pequeño violín con su respectivo arco.
—Porque… simplemente es… mágica. —respondió la adulta encogiéndose de hombros. —La música es capaz de sanar las heridas, tanto físicas como espirituales, tiene el poder de atraer a los seres humanos y criaturas, mucho cuidado con esto. También tiene el poder de ¡motivar, a hacer cosas que jamás harían! pero también, si se lo propone, a destruir. —explicó con una sonrisa.
—Yo preferiría destruir monstruos con una espada o una hacha. —resopló la menor de todas con sus mejillas infladas.
—Yo también. —admitió su hermana mayor.
Brianda se sorprendió y sonrió.
—Ambas tienen el carácter de su padre. —admiró dando una risita. —Sin embargo, como su madre, es mi deber hacer esto con ustedes, porque ambas heredaron una parte de mí, una parte muy hermosa que espero que con el tiempo logren apreciar, tal como yo lo hice de tal manera que fue lo que forjó mi hermosa arma…—dijo mostrándoles un adorno que se conformaba de varias plumas hechas de un deslumbrante y blanco metal que se sostenían de su oreja y se alargaba hasta un poco más de la mitad de su cabeza y, por debajo, alcanzaba a llegar hasta a su boca.
Camicazi bajó del banquito para acercarse a su madre y admirarlo.
—¿Qué es eso mamá? Nunca nos lo has dicho. —preguntó curiosa. —¿Cómo se usa?
—No lo sé. En realidad, nunca lo supe. Su abuelo se molestó mucho por eso. —recordó nostálgicamente, mientras se lo mostraba a su hija. —Luego pensó que los Hofferson podrían ayudarme a averiguarlo, pero ni ellos lo supieron.
Astrid también se acercó para admirar aquella peculiar "arma", pero no le encontró ninguna utilidad, sólo parecía ser un ornamento muy bonito.
—Pero… volviendo al tema niñas, la música, de cualquier modo, es mágica, ustedes heredaron ese don, el don para interpretarla en cualquiera de sus formas, entre estas…
—¡¿Qué?! —preguntaron ambas niñas curiosas.
—El rango valkiriko…
Las niñas hicieron una mueca de confusión.
—Me refiero a su voz…—explicó Brianda con una sonrisa. —Con ella van a hacer cosas aun más increíbles, ya lo verán…
—Pero… eso significa… significa que ¡¿Vamos a cantar también?! —se quejó Astrid haciendo un berrinche.
—Con el tiempo lo harán, por lo pronto primero quiero que aprendas a usar ese instrumento jovencita.
—Oye mamá, ¿Y por qué hasta ahora? Digo, ¿porque a mí no me enseñaste antes? —preguntó Camicazi tratando de no sonar tan quejumbrosa.
—órdenes de su abuelo Hofferson. —explicó esta, tratando de no demostrar fastidio en su voz. —Lo que me lleva a una última cosa niñas, algo que quiero que recuerden muy bien siempre…
—¿Qué mami?
Brianda miró con seriedad a la menor de sus hijas y luego se volvió a la mayor para observarla de la misma forma.
—Quiero que recuerden que tienen un valioso don que, en manos de personas malas, las pueden obligar a hacer cosas malas… —musitó recordando a una vieja amiga. —por eso, quiero que vean esto más allá de unos simples ensayos, quiero que tomen estos conocimientos como entrenamiento, para que puedan controlar al 100% este don, porque hasta ahora ni yo misma conozco su alcance. ¿De acuerdo?
Ambas niñas asintieron en silencio, tomando demasiado en serio y con temor las advertencias de su madre.
—Bien, entonces comencemos. —dijo Brianda dando un aplauso.
—Una última cosa mamá…—interrumpió Camicazi.
—¿Qué, hija?
—Ahm… bueno… —balbuceó comenzando a enrojecer. —eh… ¿La música también sirve cuando estás enamorada? —preguntó con pena.
Brianda soltó una risita con tal pregunta, mientras que Astrid puso una mueca de asco en su rostro.
—Por supuesto. —respondió la sonriente Brianda.
—¿Y cómo sabes cuándo estás enamorada? ¿Cómo supiste que estabas enamorada de mi papá?
"Que preguntas tan incómodas" —pensó la pequeña Astrid con su mueca de asco, la cual se intensificó conforme su madre le explicó a su hermana mayor, y por supuesto a ella, cómo era supuestamente estar enamorada.
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Tiempo actual.
No estaba muy segura de las cosas que pasaban por su cabeza en ese momento, pero algo que sí se estampó como un tatuaje en su mente era el reconocer que ambos niños que, en ese momento la abrazaban, eran suyos, completamente suyos. Con sólo el hecho de ver que su música no había servido en ellos y más bien ver que sus egnis empatizaron fue suficiente para aceptarlo.
"¿cómo pudo ser tan ciega?" —comenzó a reprocharse y a recordar el resto de las evidencias que había encontrado desde días atrás y que, por terca, las rechazó.
Las fotografías, esa cicatriz, no le habían resultado suficiente, había tenido que llegar a un extremo con los niños para que por fin su cabeza de carnero terco entendiera.
—Perdóname Astrid, no fue mi intención gritarte, ni mentirte. —dijo Zephyr separándose un poco de ella.
Astrid resopló, "la mentira", hasta ese momento no lo había considerado, pero reparó en el hecho de que, además de ver un ser espeluznante, también había visto a su hija cantar, un gusto que en definitiva venía por parte de los genes de su abuela, su madre.
—Mentir es malo, Zephyr, y sé que no lo hiciste con mala intención. —suspiró tomando sus manos. —Pero no me molesté y te saqué de la escuela por eso. ¿Lo sabes?
—Es que… no sé, no termino de entender.
—Tú hermano vio algo que te acechaba, luego ¡yo lo vi! No iba a dejarte ahí. ¡No podía! Algo me decía que seguiría acechándote si seguías ahí.
Zephyr dio un grito ahogado al escuchar tales palabras y luego se volvió apenada a su hermano menor.
—Perdóname Nuffink.
—No quería que te comiera ese monstruo. —dijo el pequeño con tristeza.
—No me comerá, ni a ti… porque no lo dejaré. —prometió esta abrazándolo.
Astrid miró con orgullo a sus pequeños, luego vio de reojo que su enemigo seguía estático cerca de las escaleras, sólo admirando todo a lo lejos. Verlo sin hacer nada le dio coraje, pero a la vez vergüenza al reconocer que inevitablemente él era el padre de sus hijos.
—Vamos a construir una fortaleza. ¿Astrid, nos podrías ayudar? —interrumpió Zephyr sus pensamientos.
La adulta regresó su atención con los niños y sonrió.
—Claro…
—¿Y también nos podrías cantar más? —pidió la menor en ruego.
—¿Cómo?
—¡Es que cantas precioso! ¿Verdad, Nuffink?
—Sí, se sintió muy bonito escucharte. —respondió este dando saltitos.
Los halagos de los pequeños la enrojecieron y, aunque trató, no pudo evitar esbozar una sonrisa.
—Bueno, ya veremos… —dijo a ambos. —primero tengo que hacer algo, luego cenaremos, si quieren empiecen ustedes… yo después los alcanzo.
—Está bien. Nuffink… empecemos a planificar y ver lo que necesitamos, unas sábanas para empezar, y también necesitaremos provisiones… —comenzó a planear la pequeña castaña.
—Eh… Zephyr…—interrumpió ahora Astrid.
—¿Sí?
—Perdóname por lo del festival, sé… lo mucho que querías ir.
La pequeña negó con su cabeza.
—La seguridad es primero ¿no?
Astrid dio un suspiro y no pudo evitar sentir gran orgullo de esa niña.
—Sí.
Dicho aquello, los niños entraron en su habitación y se dispusieron a crear una fortaleza hecha de sábanas y ropa. Mientras tanto, la ensoñada Astrid, recobró la compostura para ahora ir a enfrentar al padre de sus hijos.
Haddock, al ver que toda aquella interacción familiar había terminado y percibir que su enemiga quería hablar con él, lo hizo bajar las escaleras para que ambos se recluyeran en una zona "silenciosa".
Ninguno de los dos mencionó palabra alguna, pero instintivamente se fueron directamente a la cocina, la cual estaba oscurecida por la poca luz que había del sombrío y frío día que pronto terminaría. Dentro de esta, todo lucía tan muerto y silencioso. La comida, la habían dejado por las visitas inesperadas y los problemas que habían pasado.
Ninguno de los dos hechiceros se atrevió a hablar, hasta que…
—No sabía que cantabas…—comentó él para comenzar.
Astrid resopló y le dio coraje el sólo escucharlo.
—¿Es lo único que dirás?
—¿Qué esperas que digas? —se la devolvió este encarándola. —Me quedó clara esa parte de tu canción, donde decías que no te importaba lo que otros dicen. Y en realidad no me importa, lo único que me alivia es el hecho de que tranquilizó a esos niños.
—Esos niños son mis hijos.
El corazón de Haddock retumbó, pero no sólo por escuchar eso de su enemiga sino el ver la firmeza con la que ella lo había aceptado. Pensó que estaba soñando.
—Perdón… ¿qué acabas de decir? —se sacudió confundido.
—Que esos niños son mis hijos, Haddock —repitió Hofferson con tranquilidad. —Ya no tiene caso negarlo, son mis niños, mis hijos.
—No, no, no… pero ¡¿Acaso te volviste loca o qué?! ¡Por supuesto que no lo son!
—Oh… por supuesto que sí. —aclaró Astrid con una sonrisa irónica. —Tengo pruebas que así lo confirman.
—¿Pruebas? ¿Qué clase de pruebas?
—Unas que encontré recién despertamos del hechizo, otras que encontré hace unos momentos y… otra que está en mi cuerpo…—susurró con una sonrisita como si fuera un secreto.
—Hofferson…—negaba Hiccup con su cabeza. —Estás confundida.
—Aquí el único confundido eres tú… ¿por qué adivina qué Haddock?
De sólo escuchar esa pregunta el aludido comenzó a sudar en frio.
—Tú eres el padre…
Hiccup sintió que la respiración se le entrecortaba de sólo escuchar aquella cruda verdad.
—¿Qué? —cuestionó Astrid al verlo un tanto asustado. —¿Te da miedo aceptarlo?
El hechicero rechinó los dientes sin saber cómo responder.
—Hofferson es que…
—¿Qué? ¿Te da miedo aceptar que tú y yo tuvimos algo?
Hiccup tragó saliva, pues de un momento a otro su enemiga comenzó a acecharlo con un caminar que resultaba un tanto seductor a su perspectiva.
—¿Te da miedo reconocer que, para hacer esos niños, tú y yo tuvimos que revolcarnos? —continuó Astrid usando un tono de voz que provocaba y seducía. —O… corrigiendo… como estábamos hechizados… ¿Qué hicimos el amor, no una ni dos veces, muchas veces hasta que dos semillitas brotaron?
—Hofferson…—balbuceó el confundido Hiccup cuando terminó entre la pared y su enemiga.
—¿No te imaginas siquiera como fue… tocarme? —lo sedujo Astrid colocando sus manos sobre su pecho, para luego subirlas lentamente hasta sus hombros.
—Hofferson… ¿por qué haces esto? —gruñó este tratando de no enrojecer con aquel tacto.
—Porque quiero que lo admitas. —se separó Astrid bruscamente de él.
—Estás ¡loca! —respondió este con la respiración entrecortada.
—¡Ya déjate de cosas Haddock!, y sólo acéptalo.
Aun con su enemiga lejos de él, Hiccup se sintió entre la espada y la pared. ¿Aceptar que Nuffink y Zephyr eran sus hijos? ¿cuál era el propósito? Si ni siquiera sabía si podría llegar a ser un buen padre. La cabeza comenzó a darle vueltas con el dilema, pues ahora pensaba más que nada por los niños que por él mismo, aunque no pareciera.
Astrid sólo lo veía, notaba que su enemigo estaba en un estado de negación muy profundo, del cual tal vez sólo podría salir a la mala.
—Hofferson… es que… entiende… yo no…
—¡Entiendo! —interrumpió esta despectivamente.
Hiccup frunció el entrecejo confundido ya que ni siquiera lo había dejado terminar.
—¿Entiendes qué?
—Que comprendo… que esto debe ser difícil para ti… ¿no es así? —respondió Astrid con falsa lamentación.
"¿A dónde quiere llegar?" —pensó el confundido hechicero.
—Sí, debe ser difícil para ti aceptar que son tus hijos, porque…
—Porque…—la incitó a seguir.
—¿Quién te asegura que sean tus hijos? —dijo ella con extrema obviedad.
—¿A… qué te refieres?
—Bueno, estábamos hechizados, sí, pero… ¿a ti quién te puede asegurar que de verdad son tus hijos? Igual yo pude haberme revolcado con otra persona, otro "hombre" que me hizo a esos tiernos y excepcionales niños.
—¡¿Qué?! —exclamó Hiccup sin creerlo.
—Sí, y digo, yo puedo estar segura… ya sabes: "Los hijos de mis hijas, mis nietos serán, hijos de mis hijos, en duda estarán": esa estupidez que los abuelos paternos suelen decirle a sus nueras. Así que ¡Felicidades Haddock! Tienes el beneficio de la duda.
Más que sentirse aliviado, Hiccup se sintió ofendido con esa estupidez, y furioso, dio un paso hacia adelante.
—Hofferson…—musitó rechinando los dientes.
—¿Sí? Haddock… —respondió esta con sarcasmo.
Pero lejos de poder enfrentarla, Hiccup se quedó estático, aguantando el coraje que le provocó aquella insinuación. ¿Por qué le molestaba tanto? Comenzó a cuestionarse, pero había un sentimiento que le decía que era el rechazo, el sentir como si le estuviera diciendo que no tenía la habilidad, ni la capacidad para crear algo tan hermoso como esos niños, como si le estuvieran negando esa posibilidad.
Mientras tanto, la sonriente Astrid estaba ansiosa por que él lo admitiera, no sabía ni porque quería que así fuera, pero lo ansiaba. Hasta que, un inesperado giro la hizo borrar su sonrisa y ahogar un grito, pues su enemigo estaba a punto de ¿llorar?
"Cálmate Hiccup, Cálmate" —se decía el hechicero tratando de controlarse, tratando de controlar el agua que se comenzaba a formar en sus ojos.
Pero tener a su enemiga de frente no le ayudaba, se sentía vulnerable frente a ella y sus odiosas palabras, tan iguales a las que decía su abuelo Eero y que provocó las riñas entre sus padres. Así que, rendido, dio un resoplido y le dio la espalda.
—¡Piensa lo que quieras! —fue lo único que pudo articular, sin ser consciente de que su sola apariencia también la había dejado estática a ella.
Sin embargo, como no pudo apreciarla, optó por irse, pero no sólo de la cocina, si no de la casa, y a los pocos segundos sólo se pudo escuchar como el auto de la familia arrancaba velozmente y con furia.
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—Esa Hofferson… ¡¿quién se cree?! —gruñía mientras desquitaba su coraje con el pedal del auto. —¡¿Quién se cree ella para ponerme en duda sobre la paternidad de los niños?! ¡¿QUÉ NO VE QUE ESOS NIÑOS SE PARECEN MÁS A MI QUE A ELLA?! —gritó enfurecido y le dio un frenón al auto.
Sin querer, había manejado hasta el lugar donde trabajaba y el cual lucía sombrío por la oscuridad que ya había en las calles.
—¿Pero en que estoy pensando? —se dijo afligido y con la respiración agitada.
Necesitaba aire, salió del auto casi cayéndose para respirar, pero aun estando afuera le fue insuficiente, así que, sin más, convocó a inferno y utilizando su magia subió hasta el techo de la concesionaria.
El aire desde ahí era helado, le pegaba horrible en la cara, pero lo tranquilizó un poco, pero no del todo, algo más le hacía falta, necesitaba sacar algo que tenía atorado en la garganta, y que amenazaba con salir en un estallido, y cuando ya no se pudo más, todo explotó con un gran y furioso grito.
—¡ARGGGG HOFFERSON! ¡ESOS NIÑOS SON MIS HIJOS, SON MIS HIJOS, ¡SON MIS HIJOS!
Gritarlo a todo pulmón lo hizo sentirse liberado, pero también lo hizo sentirse pésimo consigo mismo que no pudo evitar quebrarse en llanto, por recordar cómo había tratado a esos niños desde un principio, y por el hecho de que, aunque admitiera ser el padre, no podía recordar absolutamente nada de ellos, ni cuando habían nacido, cuáles habían sido sus primeras palabras, sus primeros todo. ¡Nada! Estaba completamente en blanco. No recordaba a sus hijos.
—¿Por qué no puedo recordarlos? — se lamentó en la soledad y en la oscuridad.
Sin embargo, los sentimientos, remordimientos y hechos estaban ahí y ya no le cabía duda, era el padre de dos pequeños y los había concebido con su peor enemiga.
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Mientras tanto, después de la huida de Haddock, Astrid apenas pudo reaccionar cuando escuchó el auto arrancar.
—Que tonto eres Haddock. —bufó molesta. —¿Qué no ves que esos niños tienen toda tu carota?
Sin embargo, a pesar de querer sentir furia contra él, la imagen de casi verlo llorar seguía fresca en su cabeza. Le fue tan extraño. Una vez lo había hecho llorar en el jardín de niños, pero eso fue después de que le soltó un trancazo por una travesura que le hizo, pero ¿hacerlo llorar por algo que decía? Era algo muy diferente y en definitiva era la primera vez que pasaba.
—¿Me habré sobrepasado? —susurró preocupada pues bien sabía que tan duras y amargas podían resultar esas palabras.
Ella lo había visto cuando su abuelo Hofferson ponía en duda a su padre acerca de su paternidad y como su madre resultaba muy ofendida por ello, mientras que su padre se enseriaba a tal punto que dejaba de hablarle. Aunque no sabía si realmente estaba sucediendo lo mismo con su enemigo el cual, aunque no le agradaba, finalmente estaban unidos por dos pequeños.
—Oye Astrid… ¿las provisiones ya están listas?
Esta reaccionó al momento que Zephyr y Nuffink entraron a la cocina y encendieron las luces, quitando así lo tétrico que se veía la cocina.
—¿Dónde está Hiccup? —preguntó la menor buscando a su alrededor.
—Él… tuvo que salir, pero ¡volverá! Mientras…—miró Astrid las cacerolas que hacía poco había estado vigilando. —Yo terminaré con lo que estaba haciendo ¿sí? Yo les hablo cuando esté listo. —aseguró nerviosa.
—De acuerdo… —aceptó la pequeña y se llevó a su hermano de vuelta escaleras arriba.
Astrid resopló empezando a sentirse abrumada con el hecho de que debía cocinar.
"Mi mami sí sabe cocinar" recordó las palabras que Zephyr le había dicho recién la había conocido, o, mejor dicho, recién la había olvidado.
¿Sabía cocinar? Aparentemente así era, y eso la abrumó más, pues si sabía cocinar ¿cómo es que ya no recordaba nada?
—Ay Astrid, trata de recordar algo… —comenzó a caminar por toda la cocina. —Sólo una cosa… cualquiera…
Se llevó la mano al vientre tratando de hacer que el pasado volviera a ella, pero no sentía nada, nada venía, estaba completamente vacía, y no comprendía cómo es que había olvidado que había tenido a sus hijos en su vientre, que en algún momento de su vida los cargó entre sus brazos, que los alimentó, que los ayudó a caminar, en resumen, que los ayudó a sobrevivir.
Verlo desde esa perspectiva hacía lucir todo como un mundo alterno, pero no, la marca en su cuerpo y la magia musical eran sus pruebas, así que tocaba tener que excavar en lo más profundo de su mente para tratar de que esas memorias perdidas regresaran a ella de nuevo.
Dada las circunstancias optó por seguir el juego de los padres perdidos, dejaría que sus hijos siguieran pensando que era una persona diferente pues no sabía cuan perjudicial podría ser para ellos que se enteraran de que no los recordaba en absoluto y que se había vuelto una completa inútil como madre.
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Los minutos pasaron, Hiccup, aun en el techo de la concesionaria, había logrado tranquilizarse después de haberse quebrado como un niño de 5 años. Sorbiendo el líquido en su nariz cada vez con menos frecuencia, observó a lo lejos como casi todo el pueblo parecía estar reunido en la plaza principal por motivo del festival. El festival al cual su hija le había pedido que fueran y que por culpa de unos monstruos no se pudo realizar.
Pensar en estos, lo hizo volver a la realidad y a concentrarse en un nuevo objetivo: acabar con la amenaza que acechaba a sus hijos.
Pero… ¿cómo hacerlo con su enemiga de por medio? pensó, inevitablemente ella era la madre de sus pequeños y por su actitud y trato, aceptaba que ella tenía mayor derecho sobre ellos. Por lo que, después de pensarlo con detenimiento, decidió que lo mejor era que ella siguiera pensando que seguía negando a sus hijos, pues no quería más burlas u ofensas de su parte, y tampoco quería perder la paciencia con ella. Mantendría su distancia, pero con los niños haría lo que estuviera en sus manos para mantenerlos a salvo, los atendería con dedicación hasta que pudiera recordarlos.
Así que, con un nuevo plan en mente, volvió al auto y emprendió el camino de regreso a casa. Por las festividades en la plaza, no tardó mucho tiempo en recorrer aquel trayecto y en pocos minutos se vio en la cuadra donde se encontraba su casa.
Se le hizo extraño que al entrar las lámparas públicas no estuvieran encendidas, aunque supuso que probablemente era por cuestiones de horario, así siguió andando hasta que divisó su casa, pues entre la fila de casas que yacían en la oscuridad la suya era la única que estaba iluminada. Todo parecía indicar que su familia era la única que no había ido al festival, o eso creyó, pues con la poca luz que se filtraba de su casa, vio que en las afueras había un visitante no deseado.
—Pero qué demonios…—susurró abrumado al ver a un hombre afuera de su casa y que, aparentemente, quería llevarse el buzón.
Pensando que era el mismo que había correteado Snotlout, comenzó a sonar el claxon como un desquiciado para alejarlo. El extraño, al verse descubierto., le dio una patada a la base del buzón, logrando fracturarlo un poco y luego salió corriendo despavorido.
—Maldito infeliz, me las vas a pagar. —arrancó Hiccup el auto y emprendió la persecución de aquel hombre.
En el interior de la casa, nadie se había percatado del ruido en el exterior.
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Astrid se sentía estresada. Había intentado hacer la cena, primeramente, practicando con raciones, pero todo le resultó un completo desastre.
En su primer intento, trató de guisar la carne con algunos condimentos y verduras, pero el resultado le quedó salado y perfumado a un montón de hierbas. Parte de las verduras y carne se le habían quedado pegadas al fondo de la cacerola. Sabía asqueroso. Luego, intentó hacer un puré de papa, pero lo que salió fue más bien un engrudo pegajoso que le causó nauseas con sólo verlo.
—Ush… ¿por qué tengo que apestar en esto? —se auto regañó severamente, viendo con estrés todo el mugrero que ya tenía en la cocina. —creo que cenaremos sándwiches. —suspiró rendida viendo en una parte de la cocina que había una barra de pan.
Al menos eso sabía hacer, pero necesitaba asegurarse de que tuviera todos los ingredientes, así que se asomó al refrigerador y buscó con la mirada lo que necesitaría. Sintió alivio de al menos ver que si tenía lo suficiente así que sacó todo para hacer la sencilla cena.
Sin embargo, luego consideró que ya había perdido demasiado tiempo, por lo que pensó en llamar a los niños para que no estuvieran tan solos en la habitación.
Sintiéndose de cierta forma agotada por todo lo que ya había pasado en el día, subió con pereza las escaleras. Todo su recorrido fue un absoluto silencio hasta que llegó al borde del segundo piso y escuchó.
—Oye Zephyr… ¿qué ibas a hacer en el festival?
—Pues iba a cantar con el coro una canción, y en otras canciones iba a tocar el violín.
—¿El violín? —se sorprendió Astrid al escucharlo, y sonrió pues estaba agregando otra prueba de que su hija se parecía demasiado a ella.
—Oh… ya veo, ¿me puedes cantar la canción con la que ibas a participar?
—Ese Nuffink…—rio a discreción con las ocurrencias del niño.
—Sí, claro. No tengo problema.
Aun de oyente, Astrid concentró su oído para escuchar aquella canción que su hija no había podido cantar en público.
Primeramente, hubo una larga pausa, supuso que se estaba preparando para su acto, pero después de unos breves segundos y completamente a capella se escuchó…
" Noche de paz…"
"Noche de amor…"
"Todo duerme alrededor…"
"entre los astros que esparce su luz "
Astrid cerró los ojos dejándose envolver con la dulce voz que tenía su hija, la cual tenía un rango de voz muy particular para una niña de su edad.
—Ese rango de voz es el…
Trató de distinguir si era el que pensaba, cuando de repente, ahogó un grito al percibir algo.
—¿Qué es eso?
Abrió los ojos de golpe al sentir un aliento helado resoplando por detrás de ella. Quedó entumida con su cercanía, pues era fría y despedía una tremenda energía maligna.
—¡¿Quién es?! —se giró a como pudo y sólo alcanzó a ver como una sombra se deslizaba a una gran velocidad por debajo de ella para luego dirigirse a la habitación de los niños, donde aun se podía escuchar a la niña cantar, hasta qué, el canto se dejó de escuchar.
—¡AAAAAAAAAAHHHHHHH!
—¡Zephyr, Nuffink!
Con el corazón totalmente acelerado, corrió a auxiliar a sus hijos y al abrir la puerta se encontró con una escena de lo más espeluznante.
Zephyr estaba siendo jalada por una energía extraña, y aunque estaba aferrándose con fuerza a una parte de la base de la cama y su hermano trataba de evitar que se la llevara, algo sostenía con fuerza el pie de la niña y luchaba por llevársela.
—¡DÉJALA! —invocó rápidamente a Sky y se dirigió a la nada.
No podía ver al espectro, pero sabía que estaba ahí, así que empuñó a Sky para golpear a lo que fuera que quería llevarse a su hija. Inmediatamente que lanzó el golpe al aire con el hacha deslumbrante, Zephyr dejó de flotar y cayó agotada en la cama.
—¡Astrid!
Ambos chiquillos llorones, corrieron a su protectora que con la mirada perturbada seguía en busca del ente maligno. Era difícil hacerlo a simple vista si no se tenía la habilidad, pero tener a los niños asustados con ella le hacían más difícil concentrarse.
—¡Nuffink, tienes que decirme donde está!
—¡Es que tengo miedo!
—¡No te van a hacer nada, te lo prometo! —trató de tranquilizarlo acariciando su cabello.
—¡Yo no quiero verlo! ¡Ay, Astrid, Perdóname por no haberles creído! —chilló Zephyr.
—Ya, ya… no pasó nada, no pasó nada.
Astrid trataba de controlarlos, pero no podía, porque si había pasado y seguía pasando.
—¡Está ahí Astrid, ahí! —apuntó Nuffink con dificultad hacia la esquina.
—Maldito. —gruñó esta hacia donde su hijo apuntaba y levantando a Sky convocó a la luz que había en su interior. — "Et incarnatus est de lumine, ut iubes ut hie relinquam."
Con el conjuro de luz recitado, el hacha Sky se iluminó y su brillo se expandió por toda la habitación. Era lo único que se le había ocurrido, ya que recordó que Nuffink alguna vez le había dicho que había alejado a esos seres con la luz de su arma; sin embargo…
—Astrid…—susurró Zephyr asustada viendo hacia la puerta.
Esta se giró con temor y sintió el apretón de ambos niños en sus piernas, pues detrás de ellos había otro espectro merodeando en el pasillo, y detrás de este otro, y de ese otro y más.
—Los veo… los veo… los puedo ver…—comenzó a musitar Zephyr asustada, sus piernas temblaban de sólo ver los ojos enrojecidos de esos seres.
Astrid también era capaz de verlos, y para su mala suerte eran demasiados y Sky no podía destruir los seres que no tenían formas físicas, así que rápidamente tomó a cada niño en cada brazo e hizo lo único que podía hacer en ese momento: saltar por la ventana.
Utilizando la magia de levitación, amortiguó la caída y enseguida emprendió la huida. Tal fue su adrenalina, que los niños gritaban enloquecidos, en especial Zephyr que estaba sumamente descontrolada por todo lo que estaba viviendo, tal fue su desesperación que no podía dejar de gritar, y más cuando vio que esos seres seguían persiguiéndolos.
—¡ESCUCHA ZEPHYR! ¡ESCUCHA! —le gritó Astrid en medio del correteo. —¡Debes dejar de gritar, creo que esas cosas se sienten atraídos por tu voz!
La pequeña al escuchar eso, inmediatamente cubrió su boca en medio de un mar de lágrimas y se aguantó las ganas de gritar.
Mientras tanto, Astrid siguió corriendo sin algún rumbo, tratando de encontrar explicación a lo que había desencadenado la visita inesperada de esos seres malvados, aparte de la voz de Zephyr, la cual concluyó era porque tenía el rango valkiriko que sin un adecuado entrenamiento podría ocasionar ciertos problemas, pero que, de igual manera, no era tan potente como para llamar a todos esos seres de un solo golpe. Algo o alguien los había llevado hasta su casa, y, por si fuera poco, habían logrado entrar, pero ¿cómo? si se suponía que estaba protegida por una barrera mágica.
—Astrid, Astrid… me duele…—escuchó a Nuffink quejarse. —Ya no… ya no nos siguen.
Al momento de escuchar eso, fue que dejó de correr y reconsideró cómo llevaba a ambos niños, los dos, debajo de cada brazo como si fueran un par de perritos.
—Ay, lo siento.
Los bajó con cuidado y al liberarlos, apenas sintió un tremendo agotamiento, en especial en su espalda baja y vientre, en el cual sintió una especie de calambre que dolió.
—Astrid, ¿estás bien? —preguntó la preocupada Zephyr al verla quejarse, aunque inmediatamente tapó su boca pensando que podría llamar a esos seres.
—Sí, lo que pasa… es que nunca deben correr sin calentar. —respondió entre jadeos para tranquilizarlos. —¿Están bien ustedes?
—Me dolió un poquito aquí, pero ya pasó. —dijo Nuffink sobando su pancita.
—¿Y tú Zephyr?
Esta solo negó con su cabeza, pero en su rostro aún se podían apreciar los retazos que las lágrimas habían dejado.
—Descuida, puedes hablar, pero muy bajito ¿sí?
—Ok. —susurró esta asustada. —¿Ahora qué hacemos? ¿dónde nos escondemos?
—¿Escondernos? —repitió Astrid angustiada. —Me temo que no es lo más apropiado, porque, de cualquier manera, nos encontrarían.
—¿Entonces? ¿Qué hacemos?... —insistió la menor asustada.
—Creo… no, más bien los enfrentaré…—respondió decidida. —Escuchen, tengo un plan…
Agrupándose con sus pequeños, les contó a detalle lo que tramaba, una idea basada en lo que alguna vez su madre le explicó sobre la música, de la cual ya estaba más que comprobado que servía para atraer a seres oscuros, ahora era tiempo de ver si también los destruía.
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Al comenzar a perseguir a ese hombre misterioso, Hiccup vio con desconcierto que este corría a una velocidad que no podía compararse con la de un ser humano ordinario. En cuanto notó aquella peculiaridad, el hombre había logrado escabullirse ágilmente entre unas solitarias calles y, todo parecía indicar que lo estaba retando a que lo alcanzara con el auto; sin embargo, conforme avanzaban, este se iba dirigiendo hacia donde estaba todo el ajetreo del festival, lo cual podía ser perjudicial para las familias que estaban celebrando.
Entonces ya no le siguió el juego y frenó el auto, al momento que lo hizo, aquel extraño dejó de correr y se detuvo dándole la espalda.
—Se acabó el juego, ¿dime quién eres y qué quieres? —lo desafió Hiccup saliendo del auto.
En ese momento, el ser extraño, que de lejos parecía vestir una chaqueta con jeans y una gorra, comenzó a retorcerse y a fracturarse, tan violentamente, que se podía escuchar cómo los huesos se le rompían, luego su cabeza se retorció y, al hacerlo, emitió un escabroso chillido.
Hiccup inmediatamente invocó a inferno, pues la apariencia que estaba tomando el sujeto era de nada más ni nada menos que la de un demonio del inframundo. "Los retorcidos", así solían llamarlos en el mundo oculto pues eran seres completamente desfigurados que andaban encorvados y perturbaban la paz causando miedo a las personas y criaturas más vulnerables. Eran veloces, horribles y espeluznantes, pero no eran muy fuertes.
Pronto la forma recta del hombre desapareció para dar lugar a la de ese ser deforme, qué, completamente con la ropa desgarrada, se lanzó con fiereza al hechicero.
Este, furioso, no tardó en blandir su espada para enfrentarlo, y como no quería perder el tiempo con ningún otro ser, como le había pasado con el cerberus, encendió todo a su alrededor para atraparlo en una trampa mortal de fuego. No tendría piedad de ningún ser que perturbara la paz de sus hijos. No volvería a cometer el mismo error.
El "alma" del demonio decayó al sentir las ardientes llamas de inferno, pero su cuerpo seguía intacto y con ello la voluntad de seguir haciendo más daño, así que nuevamente se lanzó al hechicero con la intención de herirlo, aunque fuera un poco.
—¡DEMONIO! POR EL PODER QUE ME CONCEDIERON LOS DIOSES EN ESTA ESPADA INFERNO, TE ORDENO ¡QUÉ DESISTAS! —gritó blandiendo la espada dentro de la encorvada espalda del ser. —¡DIME MALDITO! ¿CÓMO SALISTE DEL INFRAMUNDO Y CÓMO LLEGASTE A ESTE MUNDO?!
Sin embargo, el ser sólo se retorcía del dolor tanto físico como espiritual, las llamas de inferno estaban haciendo estragos en él, y Hiccup para acrecentar su dolor hizo que las llamas también quemaran su retorcido cuerpo.
No quería que quedara nada de él, pero también necesitaba explicaciones, así que cuando consideró que lo había torturado suficiente, zafó su espada de él.
—¡Habla maldito!
—Lle-ga-rás…—musitó este en voz baja como un anciano moribundo que se ahogaba con sus tosidos.
—¿Llegarás? ¿Llegarás, qué estúpido? —lo pateó a punto de perder la paciencia.
—Llegarás tarde a casa, hechicero. —completó el demonio con una sonrisa siniestra y con una voz totalmente distinta.
Hiccup se entumió, pues el tono de voz y esa sonrisa no supo por qué, pero le recordó al cerberus, aunado a eso, la indirecta que le mandó lo hizo sentir que algo andaba muy mal, que sus hijos y su enemiga, probablemente estaban en peligro.
—¡LLEGARÁS TARDE A CASA, HECHICERO! —le gritó nuevamente el demonio, con una voz tan fuerte que no parecía que estuviera herido y a punto de morir.
—¡CÁLLATE INFELIZ! —gritó Hiccup enfurecido y le cortó la cabeza, terminando así tanto con su cuerpo como con su alma.
La cabeza del demonio rodó por el pavimento, y el cuerpo cayó sin vida frente a él. Para borrar el rastro de su existencia, Hiccup pretendió prenderle fuego para que no quedara nada, pero la intención se quedó en eso, puesto que de inmediato el ser fue absorbido por una sombra negra que inesperadamente apareció y desapareció en menos de un parpadeo que apenas y le dio oportunidad para verla.
—Pero… ¿qué?... —balbuceó desconcertado, y sintiendo que algo andaba muy mal, se apresuró en volver al auto para emprender el regreso a casa.
Manejó enloquecidamente por todas las calles, y cuando finalmente llegó ni siquiera dejó estacionado bien el auto, pues la desesperación que sintió lo hizo rápidamente salir y entrar a la casa.
—¡Hofferson! ¡Niños! —comenzó a recorrer toda la casa dando gritos.
Sin embargo; la sala, la cocina, el baño de la planta baja, el invernadero, todo estaba abandonado. Entonces rápidamente subió las escaleras y al primer lugar al que se asomó fue a la habitación de los niños
—¡Niños! ¿dónde están?... ¡Hofferson! —se apresuró a buscar en el cuarto principal, pero no encontró a nadie.
—No puede ser, no puede ser…
Regresó al cuarto de los niños casi sin pensarlo, y más que nada por la desesperación de no verlos ahí, acostados en su cama, jugando o haciendo cualquier otra cosa.
—¿Dónde están? ¿Dónde están?
Vio todo el desorden que había en la habitación, varias sábanas que estaban regadas por el piso, las camas estaban destendidas y una de ellas parecía como si la hubieran movido. Luego, notó que la ventana estaba abierta.
Rápidamente se asomó por esta por inercia, esperanzado por ver algo que pudiera ayudarlo. Entonces fue cuando se escuchó y se pudo ver el caer de un rayo a lo lejos, tan potente que la luz de la casa se fue, así como la del vecindario completo.
—Esa es Hofferson. —susurró al distinguir aquel poder y se apresuró a saltar por la ventana para alcanzarla.
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Parte del plan de Astrid era hacer uso de su habilidad musical, por lo cual necesitaba un instrumento aparte de su voz para poder llevarlo a cabo. Así que, por sugerencia de Zephyr, se dirigieron a la escuela, donde la menor le aseguró que ahí podría encontrar algún instrumento que le sirviera.
Entrando sigilosamente a la institución, se escabulleron por los oscuros pasillos en dirección al salón de música, ahí, Astrid tomó "prestado" uno de los violines, así como unos gises, y Zephyr aprovechó para tomar el que Hiccup le había comprado.
—¿Ahora qué Astrid? —preguntó la menor cuando vio que su mayor parecía estar lista para la batalla.
—Debemos ir al techo, ¿sabes cómo llegar ahí o quieren que subamos utilizando mi magia?
—Ay no, mejor por las escaleras. —dijo Zephyr no dispuesta a dar otro salto como el anterior. —Sé cómo llegar al techo, síganme.
A hurtadillas, guio a Astrid y a Nuffink a través de otros pasillos, luego por unas escaleras, y otros pisos, hasta que finalmente dieron con las últimas escaleras que los llevaban justo al techo de la escuela.
El aire estaba helado, la noche lucía tan sombría, todo parecía tan tenebroso alrededor, a excepción de un punto de luz donde se estaba llevando a cabo el festival. Viendo que estaban lo suficientemente lejos de la multitud, Astrid se dispuso a poner su plan en marcha.
—Vengan aquí niños.
Los menores obedecieron y se acercaron a ella.
—quédense quietos. —pidió Astrid con seriedad y se agachó en el suelo.
Con los gises que había tomado, comenzó a dibujar un círculo alrededor de ellos, estos, extrañados sólo se aferraron el uno al otro, conforme su falsa madre detallaba aquel que parecía ser un pentagrama.
—"Protege todo lo que hay dentro de ti, si hay peligro, no los dejes salir de aquí". —recitó con angustia.
En reacción a sus palabras, el círculo, así como sus detalles, comenzaron a iluminarse en un color lavanda, el cual, posteriormente salió fugazmente por debajo de los niños y sus costados y los envolvió en una especie de cúpula que estaba hecha de luz y energía.
—Astrid… ¿qué es esto? —preguntó Zephyr asustada.
—Me hubiera gustado haber encontrado otro lugar para esconderlos, pero, ya no confío en absolutamente ningún sitio, y la única manera que tengo por el momento de asegurarme de que estén bien, es teniéndolos cerca. Esto Zephyr, Nuffink… es un escudo de protección, por favor, pase lo que pase, no salgan de aquí.
—Pero…
—Por favor, obedezcan. —pidió nuevamente con seriedad.
Al ver que no tenían de otra, ambos niños guardaron silencio y se limitaron a hacer lo que su protectora les había pedido.
Astrid, sintió angustia de sólo verlos tan afligidos, pero su intranquilidad le dio la firmeza y la fuerza que necesitaba para enfrentar a quienes los molestaban.
Así que, sin más preámbulos, les dio la espalda a los niños y caminó hacia el borde de la escuela. Ahí, subió a la pequeña barda que había y con el violín en una de sus manos, y el arco en la otra, dio un suspiro para comenzar lo que sería su plan, para comenzar a cantar.
" Noche estrellada…"
"partícula blanca…"
"sabrías que estás hecho de luz si naciste en la oscuridad?"
¿Sabías?
"Abajo"
"Mundos del más allá podrían ver tu brillo"
"Mucho, mucho después de que te hayas ido "
Segundo acto, el violín. La hechicera comenzó a tocarlo mágicamente para llamar más la atención de los que estaban allá afuera y los acechaban. Tocando las cuerdas tan sutil e hipnotizante que pronto, en la parte inferior, todo comenzó a alborotarse, los seres comenzaban a reunirse. Luego, a cómo pudo, combinó su voz y su instrumento para hacer que esos seres oscuros aparecieran frente a su presencia.
" Tú brillo no durará por siempre"
"Pero siempre brillarás "
Los niños solo podían observar cómo su "falsa madre", su protectora, su amiga, tocaba y cantaba y se movía con una naturalidad tal que la hacían ver como una valkiria de los cuentos que leían. Pero no sólo eso, también vieron con miedo como todo a su alrededor se comenzaba a agitar y a oscurecer aun más.
Los seres malignos habían llegado.
La primera parte del plan había sido un éxito, pensó Astrid, mientras seguía tocando y cantando para esos seres oscuros que estaban enfrente de ella y que, a pesar de no mostrar demasiado, parecían que se la querían comer con la sola mirada.
Pero no, no los dejaría.
"Tú brillo no durará por siempre"
"Pero siempre brillarás"
Con un movimiento que pareció ser rápido para su enemigo, pero uno que pareció muy lento y definitivo para la hechicera, cambió su violín por su hacha y su canto se convirtió en un grito de batalla que resonó en toda la escuela.
Con la luz de Sky en todo su esplendor, expulsó con fiereza en una sola cuchillada todo su egni contra los seres oscuros. Demonios con distintas figuras y de diferentes tamaños desaparecieron entre gritos y quejidos en un parpadeo pues contaban con un cuerpo físico que se disolvió en pocos segundos, sin embargo, no todos se fueron, algunos se habían quedado y no habían sufrido ningún daño, y estos eran los que no contaban con un cuerpo: las sombras tenebrosas.
Astrid ahogó un grito al ver que su plan no había funcionado del todo, su música, tal como con Zephyr sólo los había atraído, pero no había sido suficiente para destruirlos. Pensó que si combinaba por un momento la habilidad que su madre le había heredado junto a Sky lo resolvería de un solo golpe, pero no fue así, ahora estaba en aprietos, y para colmo, la única persona que podría ayudarla a ella y a sus hijos, la había ahuyentado con sus insultos.
Pero pasara lo que pasara no se rendiría, se dijo así misma tomando con firmeza a Sky para blandirla contra aquellos seres que comenzaron a echársele encima.
De golpe en golpe, intentó alejarlas de ella y de sus hijos, pero por más que trataba su hacha no hacía más que traspasar a esos seres, y por si fuera poco no sólo la empezaron a rodear, también a los niños, que llorones, sólo estaban aferrados el uno al otro.
—¡Déjalos! —corrió hacia la sombra que pretendía penetrar el escudo.
Esta al detectar que se acercaba, expulsó una energía maligna que aventó a la hechicera lejos de los niños.
—¡Astrid! —gritaron ambos pequeños asustados; sin embargo, la poca visibilidad que tenían pronto se nubló, pues todas las sombras se les echaron encima en un intento por destruir en conjunto el escudo.
—¡QUE LOS DEJEN EN PAZ!
Desesperada por no poder hacer nada, Astrid levantó a Sky en lo alto, y sin siquiera pensarlo, invocó a un rayo el cual cayó con fuerza sobre los seres que trataban de llevarse a los pequeños, tal había sido la fuerza ejercida que tronó los transformadores de varias colonias, incluyendo el lugar del festival, el cual quedó sumido en la oscuridad.
Después de aquel arrebatado ataque y que la oscuridad de nuevo se apropió del techo de la escuela, la cansada Astrid vio con alivio que los niños se encontraban intactos y seguían dentro del escudo; sin embargo, frente a ellos, había todavía una sombra tenebrosa, la cual parecía entumida, ya que no se movía.
—Maldito, ¿por qué no desapareciste?
No sabiendo si el poder que había invocado había hecho desaparecer a las demás sombras, se apresuró a repetir el ataque para acabar con la última.
Con Sky electrizada, se lanzó hacia la criatura oscura para atacarla, pero tan pronto estuvo a punto de alcanzarla, aquel ser se volvió hacia ella y se protegió con un extraño tablero que terminó recibiendo el golpe por él.
Astrid ahogó un grito al verlo, pues ese ser no era una sombra tenebrosa.
—Es un…
Pero no pudo terminar, ya que el choque de Sky con aquel tablero ocasionó una explosión que la lanzó, así como al extraño en direcciones opuestas.
Aturdida, trató de levantarse, pero se había dado un buen golpe en la cabeza que muy apenas podía abrir los ojos.
—¡Astrid, Astrid, Astrid!
Podía escuchar a sus pequeños llorar por ella, y por ellos tenía que levantarse; sin embargo…
—¡Astrid, ten cuidado! ¡Están encima tuyo!
Alertada por aquella advertencia, abrió los ojos de golpe; sin embargo, desafortunadamente, vio que, frente a ella, varias sombras la tenían rodeada. Estaba perdida, no tenía escapatoria y así se lo dejaron ver sus enemigos cuando una de las sombras la tomó entre sus garras y la alzó en lo alto, sólo para empezarle a absorber el egni con sólo aspirar muy cerca de su cara.
—¡Astrid, huye! ¡Astrid! —chillaban Zephyr y Nuffink golpeando el escudo, viendo como de uno en uno esos seres malignos se alimentaban vilmente con la magia de su protectora.
Pero Astrid, ya no tenía fuerzas, tampoco podía invocar a Sky, no era capaz siquiera de moverse. Estaba viendo prácticamente su fin a manos de tan desagradables criaturas y le pesó, más que nada por no haber sido capaz de proteger a sus queridos hijos.
—¡DÉJENLA EN PAZ!
Se escuchó de repente por encima de las sombras tenebrosas que, extrañadas, dejaron de absorber el egni para apreciar con horror como un fulgor color rojo se aproximaba en picada y a gran velocidad hacia donde estaban.
El hechicero que faltaba. Hiccup llegó al campo de batalla y con inferno, terminó de un solo golpe a la sombra que sostenía a su enemiga, de tal forma que él la pudo sostener y ponerla a salvo de las demás sombras.
Al ver lo que esa arma había logrado hacer con su compinche, aquellos seres intentaron huir, pero el furioso Hiccup no se los permitió, y antes de que pudieran hacerlo arremetió con violencia con cada una de las sombras.
Los chiquillos, desde el escudo que los protegía, vieron con temor, pero también con asombro el tipo de magia que dominaba Hiccup, y al menos a Zephyr, no le quedó duda de porque era del tipo siniestro, si ese poder era realmente perturbador, pero a la vez le resultó emocionante, pues de esas horribles criaturas no había quedado ni la sombra.
En cuanto a Nuffink, quedó más que fascinado con la espada Inferno.
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—Astrid, Astrid, Astrid ¡despierta por favor! —rogaba Zephyr zarandeando a la rubia en un intento por despertarla.
Hiccup, quien la tenía en brazos, también la movía con sutileza para ver si reaccionaba. Mientras que Nuffink, sólo se estaba aguantando las ganas de ponerse a llorar, pues no le gustaba ver para nada a su falsa mamá así.
Pronto todos los ruegos y por supuesto sacudidas, dieron resultado, pues Astrid, aunque aturdida, comenzó a abrir los ojos. Al hacerlo, lo primero que vio fueron las aliviadas caras de Zephyr, Nuffink y hasta la de su enemigo, que no tenía ni la menor idea de cómo había llegado ahí.
—¿Qué me pasó? — se reincorporó agotada, viendo con el ceño fruncido que hasta estaba cubierta por la chaqueta de su enemigo.
—Te desmayaste. Esas sombras te robaron una gran cantidad de egni…
—¡¿Y dónde… dónde está?! —preguntó agitándose, aunque la cabeza le volvió a doler por tal movimiento.
—Hiccup acabó con ellas. ¡fue grandioso! —respondió Zephyr fascinada.
—Sí, llegó con la espada y Paff… Pium… y los monstruos aaaah…—contó Nuffink haciendo ademanes de los golpes y las sombras sufriendo.
—Pero… ¿dónde está él? —insistió la hechicera cansada.
—¿él?... ¿quién Hofferson?
—El… el invocador. —respondió esta adolorida.
—¿Qué? —musitó Hiccup sintiendo una sensación de sudor en frio.
—Sí. Lo… alcancé a ver… —continuó Astrid mientras sobaba su cabeza. —Tenía como arma un tablero de invocación, de tal manera que eso responde el porque criaturas del mundo oculto han llegado a este.
—Pero… yo no lo vi…
Poniéndose de pie, Hiccup buscó a su alrededor tratando de detectar algo inusual; pero no encontró nada.
—Lo más seguro es que haya escapado Haddock. —concluyó la hechicera levantándose del suelo, para dirigirse hacia donde estaba su enemigo.
—¿Un invocador? ¿Porque no lo pensé antes? —gruñó. — Si sigue haciendo de las suyas, seguiremos teniendo visitas de seres peligrosos.
—Pues espero que no, creo que logré fracturar su arma con Sky, bueno… es al menos lo que sentí.
Hiccup miró de reojo a su enemiga, y se sorprendió que después de tremenda batalla y de que le hubieran robado el egni estuviera como si nada, bueno casi, ya que si la notaba pálida y un poco atontada. Veía que necesitaba descansar con urgencia, y no es que le preocupara o tal vez sí, o pensaba que era porque los niños la necesitaban, pero sentía que no podía dejarla así nada más, pero no encontraba ni cómo decírselo, después de lo que ella le había dicho y en sí, por todas las rencillas que seguían existiendo entre ellos, sentía que era muy difícil hablar con ella algo que no fuera materia de monstruos y magia.
—¡Wow! ¡Miren allá! —se interpuso de repente Zephyr entre ambos para apuntar hacia algo que estaba a lo lejos.
Los adultos vieron que a lo lejos varias luces comenzaron a encenderse, siendo más específicos, en el punto donde se estaba llevando a cabo el festival, enseguida a ese lugar, las casas aledañas también se iluminaron tanto con las luces propias del hogar como las luces navideñas, y después de esas las siguientes hasta llegar a la zona donde se encontraba la escuela.
—¿Qué hora es? —preguntó Astrid de repente. —¿Alguien sabe?
—Eh… no deben de pasar de las nueve. —respondió Hiccup confundido.
—Entonces… ¿crees que alcancemos a llegar, Zephyr?
—¿Llegar a dónde Astrid? —preguntó esta igualmente confundida y con una expresión tal, que se parecía demasiado a la de su padre.
—Pues a tu festival… para que cantes.
—¡¿Qué?! Pero ¿Así? —se sonrojó la pequeña y señaló todo su vestuario maltratado y sucio.
—¡Sí! ¿qué importa? ¡Vamos! — la motivó tomándola de la mano. —¿Vas tú también Nuffink? ¿Verdad que queremos ver a Zephyr cantar?
—¡Sí! ¡Yo quiero ir! ¡Y quiero tarta de manzana! —saltó el pequeño felizmente por todo el techo.
—Espera… Astrid…pero… ¿y los monstruos? —volvió a cuestionar la sonrojada Zephyr zafándose de su agarre.
Hofferson, entonces, sonrió y se agachó a su altura.
—No va a pasar nada… ¿confías en mí? —respondió ofreciéndole delicadamente su mano.
La pequeña dudó por unos momentos, sin embargo, el pálido, pero sonriente rostro de su "amiga", la hizo asentir más que nada porque no quería defraudarla, ni a su hermano, así que sólo tomó su mano y se dispuso a cumplir tanto su deseo como el de ellos.
—¿Y Hiccup? —preguntó antes de seguir adelante.
El aludido que, hasta ese momento, sólo había sido un espectador de la escena familiar, se sobresaltó con el llamado de su hija.
—Hiccup, ¿tú también irás?
—Ah… bueno…
Astrid lo miró y sintió remordimiento, no sólo por lo que le había dicho, sino también porque ni siquiera se había dignado a agradecerle por haberla salvado. Con el orgullo por los suelos, admitió que sin su ayuda de seguro en ese momento sus hijos y ella estuvieran muertos.
—Claro…
Se sobresaltó al escuchar su respuesta, y más se sorprendió cuando les dijo que había dejado el auto en las afueras de la escuela y que los llevaría.
Zephyr y Nuffink saltaron alegres con su decisión y se retaron para ver quien llegaba primero al auto. Hiccup y Astrid se quedaron solos en el techo, frente a frente, y tal como últimamente les solía suceder, batallaron para emitir alguna palabra.
—Uhmm… gracias. —musitó primero ella y con mucha dificultad. —Por lo de los niños y… todo lo demás.
Hiccup evadió su mirada tratándose de mostrar indiferente, tal como lo había planeado.
—Aunque sean tus hijos me agradan, y no quiero que les pase nada.
Astrid se sorprendió con su respuesta, la cual le dio a entender que su enemigo aún estaba renuente a aceptar a sus propios hijos. Sin embargo, después de lo que le había dicho no encontraba ni cómo retractarse, porque, para empezar, ni siquiera se acordaba cómo los habían concebido.
—De acuerdo… pues… gracias. —fue lo único que alcanzó a decir y le dio la espalda para seguir a los niños.
Quedándose solo, Hiccup dejó escapar un grito ahogado. Aceptar que su enemiga era la madre de sus hijos le resultaba difícil, le costaba verla como vería a cualquier amiga; sin embargo, si quería llevar la fiesta en paz y por supuesto estar a lado de sus hijos tendría que sobrellevarla de una forma u otra. Pensó, que tal vez era el momento de dejar las viejas rencillas atrás.
Aunque la verdadera pregunta era ¿cómo? Si ambos en el pasado y aun en el presente se seguían haciendo daño.
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Mientras tanto, en un lugar apartado de la escuela, un ser entre las sombras veía con desprecio como la familia de hechiceros se marchaba después de la batalla ganada.
Gruñendo, vio el costo de lo que significó enfrentar directamente al hacha Sky; su arma, un tablero compuesto con varios símbolos y un ojo hecho de cristal oscuro en el centro, se estaba deshaciendo poco a poco y para evitar que aquel poderoso artefacto se le fuera de las manos le estaba aplicando de su egni ya que, si no lo hacía, lo perdería en un parpadeo.
—Maldita Astrid. —vociferó con odio. —Me las vas a pagar, te juro que te arrepentirás. Y tú también Hiccup… les voy a dar en donde más les duela.
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Eran alrededor de las 9 de la noche, cuando la familia Haddock llegó a los límites del festival. A pesar de estar cansada, Astrid correteó con Zephyr y hasta con el violín entre la multitud, mientras que Hiccup se encargó de llevar a Nuffink.
A su paso, sólo podían escuchar como la gente hablaba del inesperado apagón y también chismorreaba acerca de lo que había sido un acto encantador. A la hechicera entre el bullicio le pareció escuchar que habían tranquilizado a todo el mundo con cantos, sólo esperaba que no hubieran sido los niños del grupo de su hija.
—Mira Astrid… ¡allá está el maestro Alberick! —señaló Zephyr al adulto, el cual se encontraba cerca de un kiosko junto con todo el grupito de niños. —¡Maestro Alberick! ¡Maestro Alberick! —gritó para llamar su atención.
El adulto al escuchar aquel llamado se giró pausadamente, aunque instantáneamente se asustó al ver que su alumna venía con su madre, aquella mujer tan "especial".
—Ah… Zephyr… ¿qué pasó? Pensé que no vendrías. —dijo una vez que ambas féminas se le acercaron.
—Déjeme explicarle. —se adelantó Astrid.
—Ah… señora, no quiero problemas. —dijo este inmediatamente en su defensa.
—No, ni yo… miré. Lamento haberle gritado, lamento haber sacado a Zephyr tan repentinamente del ensayo, pero si supiera… tuvimos un gran problema.
—¡Un gran y feo problema! —concordó Zephyr asintiendo.
—Y bueno… ya lo resolvimos, y precisamente estamos aquí porque bueno, usted sabe… quiero ver si todavía hay oportunidad para que Zephyr participe.
—Oh, bueno… primeramente, señora Haddock…
Astrid respingó al escuchar el título, aunque se comió su orgullo y siguió prestando atención.
—Acepto sus disculpas, y no soy nadie para meterme en asuntos ajenos, me alegro de que tanto usted como Zephyr se encuentren bien, pero me temo que su participación ya no será posible.
—Eh… ¿por qué?
—Verán, no sé si estaban cerca cuando ocurrió, pero sufrimos de un apagón, la gente comenzó a alborotarse por lo que el coro de niños cantó para ellos en lo que se restablecía la luz y, bueno, prácticamente esa fue nuestra participación.
—Bueno… pues ya no hay nada que hacer. —comentó Zephyr aliviada de cierta manera de no actuar en esa noche.
—Un momento, señorita. —la detuvo Astrid, y había sonado tan "mamá" que Zephyr de inmediato se irguió como toda una soldadito. —¿Y si cantas aparte?
—¿Qué?... No —se sonrojó la chiquilla comenzando a hiperventilar. —No, no… sola no…
—Eh… señora… aparte el programa dice…
—¿Disculpe? —preguntó Astrid sin entender aquella interrupción.
Alberick, en ese momento se irguió y sintió escalofríos, ya que en definitiva esa mujer le imponía y demasiado.
—"Mamá", entiende… ya no hay espacio, y no puedo sola, y los monstruos…—susurró.
La mayor lo meditó, y vio con desagrado que aquel evento tan desafortunado le hiciera a su hija perder el gusto por la música, así que, todo parecía indicar que debían comenzar nuevamente desde cero, por algo más tranquilo, como su madre había hecho con ella.
—¿Y si tocas el violín? —le señaló el que llevaba.
Zephyr miró el instrumento y luego volvió su mirada a su amiga, la cual parecía implorarle que le diera ese gusto
—Anda, aunque sea para que Nuffink, Haddock y yo lo escuchemos.
La menor resopló y rendido asintió.
—Ah… pero ¿cuál?
Astrid le guiñó el ojo y poniendo su palma sobre la otra hizo aparecer mágicamente un papel doblado, el cual, al abrirlo mostró que era una partitura.
—¡Wow! ¿Cómo hizo eso? —preguntó Alberick que seguía de mirón con ambas féminas.
—Soy "maga" —respondió Astrid con sarcasmo mostrando sus manos tal cual los magos hacían antes de "desaparecer" algo. —También puedo sacar papelitos de mi sostén… pero ahora no hay tiempo para eso. ¿Puede traer algo en donde Zephyr pueda colocar la partitura y prestarme un violín, por favor?
—Eh sí, claro, claro... —respondió el maestro sintiéndose de alguna forma utilizado.
—Ay Astrid, ya asustaste al maestro Alberick. —comentó la burlona Zephyr.
La hechicera sonrió, pero ser así era parte de su carácter y este era fuerte y decisivo que no sólo logró que Alberick le diera lo que pidió, sino que también consiguió hacerse del kiosko para presentar su acto.
—Vamos, sin miedo.
Le dijo a su hija al momento que le entregó la partitura, que sabía que por la habilidad que tenía semidormida en su ser iba a ser capaz de entender.
—Adivina qué tanto te amo. —Leyó Zephyr el título de la melodía, y no supo porque, pero sintió como si su mamá estuviera ahí con ella.
Con los ojos llorosos, miró a la que sería su compañera en el acto, aquella mujer que era exactamente como su madre y que, con una sonrisa, le indicó que era momento de tomar su instrumento, y contó…
—1…2…3
Y juntas comenzaron a tocar.
Astrid, con toda la experiencia que tenía, tocó con suavidad y seguridad la melodía, mientras que Zephyr, nerviosa tanto por la gente que la veía y que al escucharla comenzó a acumularse alrededor del kiosko, sólo se concentró en la partitura hasta que de repente se dejó llevar por si sola por la dulce melodía.
La música era tan relajante y hermosa que, pronto, la pequeña continuó sola, sin darse cuenta de que su compañera la había dejado, para que continuara sola su acto, a la vez que discretamente controlaba el poco egni que emanaba, para así evitar que absorbiera emociones que no le correspondían.
Mientras tanto, entre los espectadores, Hiccup con Nuffink, entre sus brazos, veían con asombro la gran habilidad que tenía la pequeña y lo dulce que era.
Para Haddock no quedaba duda de que esa niña era la hija de su enemiga, aunque casi no se parecieran tanto en lo físico, algo tenía de ella, y pensó, que tal vez era mejor así, porque él, en ese momento era un caos como persona, o al menos eso pensaba al recordar todo el mal ejemplo que había dado desde que había despertado del hechizo, así como el mal que le había hecho a su mejor amigo y amiga
De repente sintió un peso sobre su hombro y vio que Nuffink recostó su cabeza sobre él, y casi lagrimeó de sólo verlo ahí, tan inocente y feliz, a pesar de todo lo sucedido. Siendo como alguna vez había sido él, antes de que diversas circunstancias cambiaran su forma de ser.
—Hiccup…
—Eh… ¿sí? —respondió limpiando rápidamente la lagrimilla que quiso salir de su ojo.
—Si se puede, para navidad quiero a la espada inferno…
El deseo de su hijo lo sorprendió.
—¿Por qué?
Nuffink se levantó de su hombro y sonrió.
—Para ser igual que tú, Hiccup.
El hechicero ahogó un grito y ganas no le faltaron de apretar a su hijo en un abrazo; sin embargo, en ese momento la canción había terminado, todos los espectadores le aplaudieron con efusividad a la niña, incluido su hermano, el cual estaba realmente emocionado.
Mientras que Hiccup, sólo se limitó a sentirse feliz por sus adentros, orgulloso de su pequeña y pequeño, y, sobre todo, reconsideró, que ya no se encontraba solo.
Nunca lo había estado.
Continuará…
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Extra:
Después de ver la interpretación de Zephyr, y de haber comido algo en el festival incluyendo la tarta de manzana. La familia Haddock – Hofferson regresó a su hogar.
A pesar de ser muy tarde, los niños tenían demasiada energía producto de las emociones y del azúcar que se habían comido.
—¿No podemos esperar a Santa Claus despiertos?
—No, no puede jovencito. —regañó Astrid metiéndolo entre las cobijas.
—Pero quiero ver si me trae una espada inferno…
—¿Cómo?
En ese momento, Nuffink dejó de estar alborotado, pues notó en su falsa madre una expresión que se podría decir era decepción.
—Ay, lo siento.
Astrid negó con su cabeza y trató de mantenerse "madura" con respecto a lo que estaba sucediendo.
—¿Te gustó la espada inferno más que Sky? —le preguntó con amabilidad.
—Es que… ¡es genial! —admitió el chiquillo tímidamente y emocionado. —Es decir el fuego, y cómo quemó a esas cosas, aunque ¡Sky también es genial! ¡pero Inferno! —recordó emocionado.
—Sí, es… genial…—completó Astrid por él y lo terminó de cubrir.
—¿No estás enojada?
—No. —respondió esta con una sonrisa. —¿Por qué debería estar? Si te quiero mucho.
El niño se sintió más cómodo con esa respuesta así que se engarruñó en su cama para calentarse.
—Astrid, ¿podrías contarnos más del mundo oculto o cantarnos? —pidió Zephyr del otro lado.
La hechicera se dirigió a ella para cubrirla.
—Estoy un poco cansada, y debo hacer vigilancia… tal vez después.
—Ok… ¿lo prometes? —preguntó sacando el dedito meñique.
—Claro. —aceptó esta tomándolo con el suyo para cerrar el trato. —Ya cierren los ojos y duerman, fue un largo día.
Los niños se terminaron de acomodar entre las colchas, mientras que Astrid les apagó la luz y cerró la puerta. Completamente agotada, se dispuso a seguir vigilando en caso de que otro ser malvado apareciera, cuando…
—Deberías descansar.
Casi se le sale el corazón del susto, no se había percatado que su enemigo estaba tranquilamente esperando del otro lado de la puerta.
—No, vigilaré. Lo haré desde el techo. —se limitó a contestarle para no empezar una discusión.
"Que terca", pensó Hiccup, no sabiendo cómo lidiar con ella.
—Pero… no lo veo necesario, no creo que haya más peligro esta noche, además la barrera…
Astrid entonces bufó.
—Ay Haddock, se ve que no estuviste aquí antes, esa disque barrera ni sirve, esos monstruos entraron como rapidijones y nada los detuvo.
—¿Qué? —frunció este el entrecejo pues apenas se estaba enterando de eso.
—pero, en fin, yo vigilaré… son "mis hijos" después de todo a los que debo proteger. Tú ve a descansar.
"Necia", volvió a pensar Hiccup tratando de encontrar una manera de cómo ayudar.
—Bueno, igual… yo estaré despierto… hay algo que debo de hacer.
—Está bien, a mi qué como quiera…
—Sí, como no… —susurró este rodando los ojos y optó por terminar la conversación ahí.
—Eh… ¿Haddock? —lo detuvo.
—¿Ahora qué, Hofferson? —preguntó con fastidio, volviéndose nuevamente hacia ella.
—¿Escuchaste lo que Nuffink dijo?
—¿lo de inferno? Sí, y también me lo dijo en el festival.
Astrid no dijo nada, sólo permaneció en silencio con su flequillo cubriendo su rostro.
—¿Te… molesta acaso?
—Para nada. —respondió con sinceridad. —Después de todo… tiene razón, ¿quién no iba a querer un arma tan letal, dañina y poderosa como inferno?
—eh… ¿Hofferson? —se extrañó Hiccup que le dijera esas palabras, si antes se llenaba la boca diciéndole que Sky era la mejor arma de todas.
—Sólo te pido que tengas cuidado si te pide que se la muestres, por… ya sabes… y también, si no es mucho pedir, que no lo decepciones.
¿Qué le pasaba? Hiccup no terminaba de comprender a esa mujer, y a pesar de que tenía curiosidad no se atrevía a preguntar. Quería seguir manteniendo su distancia con ella para evitar peleas.
—¡Buenas noches! —la escuchó decir al ver que él no había respondido a su petición, la cual por supuesto era: Sí, Hofferson. No decepcionaré a Nuffink y tendré cuidado.
En fin, la dejó irse por su lado, y él se fue por el suyo, pues aun tenía algo importante qué hacer. Pero para hacerlo, tenía que buscar algunas cosas que esperaba encontrar en el garaje.
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Mientras tanto en el techo.
Astrid resintió el frio desde ahí, pero se convenció de que lo mejor era estar ahí en caso de cualquier percance. Por lo cual, sólo se abrigó con una cobija y se quedó sentada con su mirada perdida en la nada.
Pensativa, reflexionó que a una parte de ella si le había dolido que a Nuffink le gustara otra arma, más también lo comprendió, después de todo tenía razón y un niño siempre quería más y más, e Inferno definitivamente era mejor que Sky.
Se entristeció de sólo admitirlo, pero más allá de eso, el motivo por el cual tuvo que hacerlo, pues mientras Haddock, aunque había perdido una pierna, tenía su alma intacta. Mientras que ella, la tenía dañada y por ende tenía que esforzarse para no irse al infierno, el cual en ciertas ocasiones le daba una muestra de lo que sería, cuando inexplicablemente tenía sensaciones de un ardor intenso por todo su cuerpo.
¿Podrías contarnos más del mundo oculto o cantarnos? Cuando Zephyr le pidió aquello, y después de haber escuchado cómo Nuffink halagaba a inferno, la hizo recordar algo que había escrito hace tiempo.
Una canción, con la que prácticamente describió lo que sintió y no sólo eso, todo lo que vio cuando fue dañada por inferno, una canción que podría decirse, que, sin querer, le dedicó a su enemigo.
" Y si tuviéramos que morir esta noche"
"Entonces deberíamos morir juntos"
"Ve como las llamas me consumen"
"Llama a mi padre"
"Que las llamas me consumen poco a poco"
"Y la desolación se cierne sobre mi cielo "
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Hiccup, quien se encontraba en la cochera buscando materiales, de repente dejó de hacer lo que estaba haciendo al percibir aquel canto.
—¿Hofferson?
Y sintiéndose de cierta forma atraído, o más bien, curioso, abandonó la cochera siguiendo aquel sutil, pero a la vez triste canto.
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" Veo fuego… dentro de la montaña"
"Veo fuego… quema los árboles"
"Veo fuego… almas en pena"
"Veo fuego… hay sangre en la brisa"
"Y…espero te acuerdes de mi "
Saliendo discretamente por la puerta principal, Hiccup siguió escuchando aquella melodía, que de cierta forma le resultó perturbadora, porque en ciertas partes, le recordó al fatídico final que tuvo el encuentro entre su enemiga y él.
" Si mi gente debe caer"
"Entonces yo también lo haré"
"Estaremos confinados en esa montaña"
"Cerca de las llamas"
"Llamen a mi padre"
"Corran y sálvenme "
" Que las llamas me consumen"
"La desolación se cierne sobre mi cielo"
"Veo fuego… dentro de la montaña"
"Veo fuego… quema los árboles"
"Veo fuego… almas en pena"
"Veo fuego… hay sangre en la brisa"
"Y…espero te acuerdes de mi "
Conforme su enemiga seguía cantando, el oyente Hiccup no podía quitarse de la cabeza la imagen de un lugar lleno de fuego, gente quemándose, gente rogando por su alma, mientras que el aire era irrespirable por la sangre que se desprendía de este, y dentro de todo aquel caos, vio a su enemiga.
Dio un grito ahogado al verla ahí, aparentemente sin vida y con las llamas cubriéndola, con sus familiares alrededor y gritándole que no se fuera.
¿Acaso eso era lo que había sentido cuando él la atacó?
—¡Oye tú! ¿Qué haces ahí?
Entonces despertó en un parpadeo, y se vio parado en medio del corredor que llevaba a la puerta principal. En el techo, Astrid lo veía con el entrecejo fruncido.
—¡¿Estás sordo?! ¿Te pregunté qué haces ahí? —repitió esta con desdén.
—¡Nada que te importe! ¡Ya vete a dormir! —respondió para disimular.
Como respuesta, su enemiga soltó un bufido y se fue a vigilar en el otro extremo de la casa. Mientras que Hiccup, respiró profundo y raramente se sintió aliviado de que ella no hubiera indagado más; sin embargo, aquella canción que había escuchado iba a ser muy difícil quitar de su mente, así como aquellas imágenes.
Tratando de no pensar en ello, miró a su alrededor algo que pudiera distraerlo, fue entonces que vio en donde estaba el buzón. Y recordando ahora al demonio, se acercó para ver porque su afán por llevárselo.
La respuesta no tardó en encontrarla, y se estremeció al descubrirla, pues en la quebrada base, vio que este sólo tenía una apariencia de madera, sin embargo, en su interior, había una estructura más consistente que la otra materia. Y en esta había gradados, unos conjuros de protección, entonces dio un grito ahogado, pues la base del buzón era el pilar principal de la barrera mágica, por ende, como había sido derrumbada las sombras tenebrosas tuvieron libre acceso.
Se asustó, y de inmediato miró a su alrededor, pues alguien en definitiva que los conocía o estaba cerca de ellos sabía que eso estaba ahí.
La pregunta era ¿quién?
¿Quién era su enemigo?
Continuará.
Notas de autora:
Si hubiera puesto esto en un solo capítulo hubieran sido más de 20, 000 palabras XD.
Espero les haya gustado todo, incluyendo el extra, que al principio no estaba contemplado y por eso lo puse como tal.
La playlist de las canciones del fic son:
1. Silent Night (les recomiendo la versión de Jackie Evancho)
2. Forever glow: lindsey Stirling
3. Guess how much I love (del OST de tsubasa Cronicles)
4. I see fire versión Celtic Woman.
Agradecimientos para:
Robanachos, Harmony Abadejo, 2sonic1808, Maylu liya, Vivi ntvg, Amai do, Dark Hime, lilo ghoul, gracias por sus comentarios y por seguir este fanfic, espero que la continuación haya sido de su agrado. Saludos.
A los favoritos, seguidores y anónimos, nos seguimos leyendo. Hasta la próxima.
09 de marzo de 2020
