Palabra: correr.


Momo y el príncipe Todoroki

But you're a king and I'm a lion-heart
And in the sea that's painted black
Creatures lurk below the deck
But you're a king and I'm a lion-heart
And as the world comes to an end
I'll be here to hold your hand

King and Lionheart, Of Monsters and Men


El plan de Katsuki tiene hoyos. No, no hoyos. Cráteres enteros, inmensos. Cuando los lanzan al calabozo de la fortaleza de los Todoroki, empieza a pensar en un plan de emergencia, pero ese también tiene tantos hoyos, que le convendría tener otro más de emergencia. O tres, o cuatro, o cinco.

Todo depende del príncipe menor.

No realmente. Pero casi.

Eijiro intenta moverse y liberarse, pero lo han sujetado con grilletes mágicos que previenen que se transforme y sólo suelta un quejido al lastimarse con ellos. Está tenso sólo de estar sujeto con ellos. Katsuki sabe por qué. Es lo que usan los cazadores de dragones para atraparlos y luego venderlos al mejor postor.

Se acerca hasta él, tanto como sus propios grilletes lo permiten.

—No te muevas —le dice—. Sólo te lastimarás más. Espera.

Eijiro respira hondo. Cierra los ojos. A veces Katsuki olvida lo asustado que estaba la primera vez que lo vio, en una trampa para dragones.

—L-lo sie-ento… —dice—. Es la sensación.

Lo ve bajar la cabeza.

Sabe que odia sentirse débil.

—Tengo un plan —le dice.

Eijiro asiente. Inhala una vez, lento y luego deja salir el aire. Lo hace un par de veces hasta que consigue calmar el sube y baja de su pecho. Entonces Katsuki despega su mirada de él y recorre el resto de la celda en la que están. No hay nadie más. Kaminari está mirándose las manos como si fueran lo más interesante del mundo y Aizawa lo mira atentamente.

—¿Qué clase de plan?

Si tuviera las manos libres. Katsuki se pasaría una por el cabello, nervioso.

—Más bien una serie de casualidades —dice—, pero puede funcionar.

Se asoma entre los barrotes

No están solos. Los guardias no están lejos y aunque probablemente no puedan escuchar bien lo que dicen, tampoco pueden hablar con libertad. Suspira. Indica silencio. Esperan.

Enji Todoroki no aparece hasta la mañana siguiente. Ignora a los otros tres, con Katsuki se ensaña más. Le muestra uno de los carteles del Reino de Fuego que dicen «SE BUSCA» con una imagen que más o menos se asemeja a su rostro.

Katsuki apenas si alza la mirada.

—Antes de matarte, averiguaré dónde descansa el resto de tu tripulación —amenaza Enji Todoroki.

Él sólo alcanza a responderse con una sonrisa a medias. Retadora.

No es la primera vez que está en un calabozo y de todos ha salido airoso. Puede sobrevivir a casi cualquier cosa. Las cicatrices de sus piernas lo prueban.

«No tan hondo como para que se desangre, Toga, lo necesitamos vivo», oye la voz de Shigaraki en su mente. Y todavía puede sentir el cuchillo de Toga hundirse en la piel de sus piernas y de sus brazos. ¿Cuánto tiempo fue entonces? ¿Tres días?

Puede soportar un poco de dolor.

Enji Todoroki se inclina hacia abajo y mete la mano entre los barrotes, agarrándole la barbilla y obligándolo a mirar hacia arriba.

—No tendrás la misma actitud cuando me deshaga de tus compañeros. —Se acerca todavía más a él, para que lo siguiente que diga sólo lo oigan ellos dos—: Puedo empezar con el dragón. ¿Cuántas piezas de oro crees que me den por él?

Katsuki no responde. Intenta tranquilizar su respiración.

Necesita que se cumpla una red de casualidades. La primera, que Enji no esté sólo en aquella fortaleza.

No responde. Se aguanta todo lo que puede.

—No muy hablador, ¿eh? —le dice—. Yaoyorozu, dile a Shouto que se encargue de él.

Se dirige a uno de los guardias que lo acompañan. Katsuki conoce ese nombre. Lo conoce demasiado bien. Así que no se queja cuando una mujer con armadura lo saca de la celda y lo lleva medio a empujones a un cuarto aparte.

—Un gusto verte de nuevo —murmura cuando sabe que nadie más puede oírlos—, Momo.

—¿Qué quieres? —Ella lo obliga a alzar los brazos para encadenarlos por encima de su cabeza.

—Que cumplas con el trato que dijiste que ibas a cumplir cuando te salvé de morirte ahogada.

—¡Me dejaste sin comida en una playa!

—Estás viva, ¿no? —le dice Katsuki—. Tú prometiste decirme dónde estaba la nao y la tuve que encontrar yo solo. Como yo lo veo, me debes un favor.

Ella se aleja unos pasos. Se quita el casco. Entorna los ojos. Parece estudiarlo con atención. Katsuki no vuelve a decir nada hasta que se abre la puerta unos momentos más tarde. Es la primera vez que ve tan de cerca al príncipe menor de los Todoroki, Shouto. Katsuki ha oído muchas historias sobre él. Probablemente la mitad son mentira.

—Mi padre quiere que reveles donde está el resto de tu tripulación —dice Todoroki.

Katsuki se encoje de hombros.

—Los piratas no somos soplones.

—Dice que te amenazó con irse deshaciendo de tus compañeros. —La voz de Todoroki es calmada cuando se acerca hasta él, cuando le pone un dedo bajo la barbilla.

¿De qué mano es? ¿Hielo o fuego? Shouto Todoroki es un elemental extraño. El primero que puede manejar dos elementos de que se tiene registro en las canciones, las leyendas y las historias de taberna.

—Puede —dice Katsuki—. Pero los subestima. Y yo no voy a decir nada.

—Te matará.

—Ya soy hombre muerto. —Katsuki sonríe. Hace un gesto para quitarse el dedo de Todoroki de encima y señala con la barbilla hacia su pecho, del lado del corazón—. Mira bien.

Todoroki fija la vista en su pecho y, en cuanto ve el borde de las raíces arcaicas, aparta un poco la camisa para poder apreciarla mejor. Frunce el ceño. Katsuki ve que también Momo clava la mirada en su cicatriz y abre los ojos de sorpresa.

—Además, Momo me debe un favor, ¿no?

—¡No le digas!

—Me diste tu palabra —dice Katsuki, guiñándole un ojo—. Los piratas quizá no tengamos honor a sus ojos, pero nuestra palabra vale.

—Creí que vendían todo al mejor postor —espeta Momo.

—También. —Katsuki sonríe y luego vuelve a concentrarse en Shouto Todoroki—. No sabía que tu padre te había arrebatado a la cabeza de tu guardia personal. Hace años contaban la historia de un amor prohibido entre dos familias rivales entre los palacios, fortalezas y casas de verano del Reino de Fuego. —Guiña un ojo de nuevo—. Decían que era parte de tu guardia porque era la única manera de que…

—No sabes de que hablas —espeta Todoroki.

Momo enrojece. Katsuki tiene razón.

—Nunca va a ser tu esposa. Los Yaoyorozu con la familia rival. ¿Tu padre la quiere en su guardia personal para vigilarlos de cerca?

—De nuevo —y esta vez la voz de Shouto Todoroki suena más peligrosa—, no sabes de lo que hablas.

—Oh, pero sí sé. —Katsuki sonríe—. Quedamos en que soy hombre muerto y en que tu padre subestima a mis hombres. —En realidad, le aterra la idea de que los use en su contra, pero no puede dejar que el príncipe Todoroki vea eso—. Ah, y Momo me debe un favor. ¿Te ha dicho quien le salvó la vida en la batalla de las Islas Negras?

Shouto Todoroki palidece. Voltea a ver a Momo Yaoyorozu, que se mira los pies. Katsuki no puede adivinar hasta donde se extiende su complicada historia de amor; puede suponerlo, claro. Es un juego de azar.

—¿Es verdad?

Momo asiente.

—Quiero cobrarme ese favor —espeta Katsuki—. No debes querer mucho a tu padre. Hay todo tipo de historias…

Un bloque de hielo se estampa a un lado de su rostro.

—No sabes de lo que hablas.

—Déjame ir —pide Katsuki—. Tu alma gemela me debe la vida.

—No puedo…

—Sí puedes. No vine a asaltar tu maldito reino. Ya soy un hombre muerto, ¿qué pierdes? Además, recuerda: le salvé la vida a tu novia. Ella rompió el trato, por cierto. —Katsuki sigue hablado—. Por esta vez puedo pasarlo….

—Shouto… —interrumpe ella—. Déjalo ir.

—Su plan es una mierda —opina Todoroki—. Si planea morir, puede hacerlo en nuestros calabozos.

—No —dice Momo—. Su cicatriz. Es como la que mató a Tensei.

Katsuki no entiende de qué están hablando.

—Dices que esa vez…

—… iban por mi padre, no voy a perseguir a intentos de asesinos de…

—No, no, esa vez. El de los ojos azules —musita—. Dijiste que tenía los ojos de tu madre.

Katsuki frunce el ceño. No entiende absolutamente nada, pero recuerda algo. Una mano en su cuello. Ojos penetrantes y azules.

—¿Un loco con medio cuerpo quemado? ¿Elemental de fuego? —pregunta—. ¿Lo buscan? Puedo servírselos en bandeja. Voy a vengarme.

Por fin, el rostro de Shouto Todoroki parece interesado en algo.

—¿Qué necesitas?

—Una llave. O varias. Y una oportunidad para salir volando en un dragón.

—¿Y cómo sé que vas a cumplir tu palabra? —espeta Todoroki—. Sobre entregarme en bandeja de plata al elemental de fuego.

—Tengo una idea —interviene Momo—. Hace mucho que no lo hago, pero… —Se quita un guante, cierra la mano y pone cara de concentración. Katsuki entorna los ojos. Ese es un dato nuevo. No sabía que Momo, la fiel guardia real supiera hacer magia. Así que también es una bruja. Hace aparecer un brazalete y se lo pone a Katsuki—. Tócalo con los cinco dedos cuando lo encuentres —dice—. Tiene un encantamiento rastreador que puedes activar.

Y entonces, todo se pone en marcha.

Katsuki no puede creer que, de hecho, su serie de casualidades haya funcionado. Momo le deja las llaves que necesitan para escapar cuando lo hace regresar a la celda. Allí, sólo tiene que deshacerse de los grilletes de todo el mundo y convencer a Eijiro de convertirse. Mientras escapan probablemente provocan el derrumbe de túneles enteros, pero le importa poco.

Eijiro vuela directo hacia el manantial.

Y por primera vez desde que los atraparon, se permite pensar en Izuku. Una parte dentro de sí desea que esté bien.

Gruñe al sentirla.

Por supuesto, es la parte que aún lo quiere.

También, por primera vez, no quiere extirpársela.


Palabras: 1679.

1) Originalmente el capítulo acababa con el reencuentro, pero luego pensé otra mejor idea y tendrán que esperar hasta el que sigue porque así soy de mala. Ya todo aquí es shit hits the fan a distintos niveles.

2) Es la primera vez que escribo TodoMomo pero es una ship que me gusta bastante por el aesthetic de niños ricos que tienen. Además la oportunidad de hacerlos familias rivales en la realeza: THE DREAM. Also, Momo como guardia real: YES. La canción del epígrafe hace un poco referencia a ellos. (Que, por si no lo han notado, la mayor parte de las canciones hablan de cosas relacionadas con el agua, la música, aventura, reyes o caballeros… o son tristes de desamor, claro).


Andrea Poulain