Hola, bonitas!
Este es por mucho mi capítulo favorito hasta entonces.
Ante la situación que se ha vivido a nivel mundial, espero de todo corazón que ustedes y sus familiares se encuentren bien de salud. Gracias a Merlín los míos y yo estamos perfectos, en cuarentena y aislados por prevención así que tengo demasiado tiempo libre.
Espero ponerme en forma con esta historia, ya que he estado pensando seriamente en abandonarla. Sé que no son buenas noticias. Esta historia disfruto escribiéndola, pero publicándola no ha tenido una buena respuesta. No sé si les gusta o solamente la leen porque le tienen cariño a mis historias. Sé que las cosas no pintan muy bien dentro de la trama, pero esto sí es más retorcido. Siempre fue así, eso solo que... quizá... no lo parecía al principio. Todavía no lo he decidido, pero si las cosas siguen así es probable que deje de publicarla aunque no de escribirla, porque sinceramente esto me encanta.
Me gustaría saber lo que opinan, de manera fría, no teman por mis sentimientos que se han endurecido después de tantos años en el mundo del fanfiction. Es valido cuando a alguien no le gusta una trama, así que por favor déjamelo saber en los reviews. Y si estoy equivocada también sería genial.
Sin más que agregar.
A leer:
Capítulo 19.
Cuando Lily abrió los ojos esa mañana le sorprendió la cantidad de luz natural que entraba en la habitación. Le hizo recordar el gran traga luz que estaba en el techo del departamento, a pesar de que el entrepiso en el que se encontraba apenas tenía una puerta, la pared hacia el departamento no era de concreto sino de un material plástico duro que dejaba entrever la luz.
Se desperezó percatándose que James se encontraba a su lado. No recordaba en que momento de la madrugada el chico por fin había subido a su habitación. Solo sabía que había escuchado su voz en llamadas telefónicas hasta que quedó profundamente dormida.
James estaba acurrucado con otro edredón y asomaba una sonrisa traviesa en sus sueños. Lily se preguntó si estaría soñando con alguna fechoría, o qué sería aquello que lo ponía tan feliz. Tenía mucho que pensar del descubrimiento de la noche anterior, pero casi salta de la cama cuando vio el reloj sobre la mesita de noche. Tenía solamente una hora para ir hasta su casa, cambiarse de ropa y presentarse a tiempo a la brigada. Ni siquiera tendría tiempo para un desayuno.
—¿James? —comenzó a llamarlo moviendo el hombro. El chico movió la mano como si apartara una mosca para darse la vuelta y quedar con la cabeza enterrada bajo la almohada. —¿James?
Colocó la mano en el hombro volviendo a girarlo boca arriba. Él se movió con facilidad, y el edredón dejó de cubrirlo por completo. No llevaba camisa pero eso no la sorprendió, ya había podido apreciar su torso delgado y moreteado antes.
—¡James! —lo llamó de nuevo apartando completamente la tela que lo cubría.
Todavía llevaba sus pantalones, lo cual era una bendición, pero los colores se le subieron al rostro cuando se percató que tenía la bragueta abierta mostrando su vientre cubierto de un vello oscuro. Lily pensó que debía dejar de ver, pero no podía. Ahora sabía por qué había tenido una sonrisa en el rostro, a juzgar por lo apretados que lucían sus pantalones de esa zona casi asomándose por la bragueta.
Colocó su mano en el medio del pecho, y deslizó los dedos con suavidad hasta el punto que todavía tenía un color morado. Presionó con el índice obteniendo la reacción que esperaba. Los ojos azules se abrieron de par en par, primero mirado el techo, después a Lily y por último sus pantalones.
—¿Q-qué pasa? ¿Por qué me lastimas? —preguntó con voz pastosa, utilizando los codos para alzarse y analizar mejor la situación.
—Tengo un rato llamándote y no respondías. Necesito me lleves a casa, por favor, tenemos brigada en una hora.
James se dejó caer en la cama y cerró los ojos de nuevo. Una de sus manos viajó hasta sus pantalones, donde sujetó la erección que se empujaba contra la tela.
—De acuerdo, pero dame unos minutos para estar en condiciones.
Lily sintió las mejillas enrojecer y se deslizó hasta la orilla de la cama.
—Puedes quedarte si quieres ayudarme, pero eso nos llevará un poco más de tiempo —dijo la voz masculina a sus espaldas. Se escuchaba más ronco de lo normal, y Lily sintió algo agitarse en su estómago.
Se puso de pie de un salto, y bajó las escaleras escuchando la risa del chico. Se dirigió al baño para evaluar su aspecto. Tenía el cabello alborotado, el maquillaje natural que usó el día anterior había desaparecido, y agradeció su elección ya que no parecía un mapache. Aunque, debía admitir, las ojeras le hacían parecerse a uno. El vestido estaba muy arrugado, y cualquiera que viera su pinta pensaría que se había revolcado con James toda la noche.
Trató de ponerse en forma en los siguiente minutos, los mismos que tardó James en bajar las escaleras con ropa deportiva puesta. Se adueñó del baño unos minutos más, mientras Lily esperaba de pie al lado de la puerta.
El camino a casa fue corto. La ruta que el chico utilizaba siempre les ahorraba preciados minutos. James no quiso bajarse, sino que espero arriba de la todoterreno mientras Lily atravesaba el jardín hasta la entrada principal. El televisor de la cocina estaba encendido, y estaba segura que Petunia le metería una zurra.
—¿Lily eres tú? —preguntó la voz de su hermana.
—Sí, soy yo —respondió dejando las llaves sobre la mesita de la entrada, y corriendo hacia las escaleras.
Escuchó a Petunia seguirla, así que no cerró la puerta de su habitación.
—¿Te acostaste con él?
La pregunta llegó justo cuando sacaba prendas de su armario.
—No. Me lo encontré en la fiesta y después fuimos a su departamento. Me quedé dormida, eso fue todo.
Petunia la miraba desde el marco de la puerta mientras se cambiaba de ropa. Estaba escéptica, pero no podía juzgarla, era justo lo que parecía.
—Te lo prometo, Petunia, si fuera así te lo diría.
A pesar de su expresión, la mayor respondió:
—Te creo. Es solo que, tú nunca te habías comportado así.
—Lo sé —respondió Lily dirigiéndose al baño—. Tengo mucho que contarte pero se me hace tarde para la brigada.
Petunia había llegado el cuarto de baño, y permaneció callada mientras Lily lavaba sus dientes y cara.
—Promete que me contaras en cuanto vuelvas.
—Lo prometo.
Cepilló su cabello y lo ató en una cola de caballo alta. Le plantó un beso a su hermana en la mejilla, para después salir de la habitación a toda prisa.
—¿No desayunarás? —preguntó la voz de Petunia lejana.
—¡Es tarde! —alcanzó a decir antes de cerrar la puerta de la entrada.
Cuando iba cruzando el jardín se dio cuenta que no había tomado su bolso, solo llevaba las llaves que había recogido de la mesita de entrada. Era demasiado tarde para regresarse, así que sin otra opción subió a la todoterreno, donde James estaba medio dormido sobre el volante.
—Vámonos —manifestó, clavando la vista en el reloj del auto.
El camino al campus fue aún más corto. James estacionó la todoterreno frente al edificio de ingeniería justo cuando los chicos se levantaban del suelo para ingresar al recinto. Lily no lo esperó, bajó del auto y corrió hasta alcanzar a los chicos. Se encontró con Annie en la entrada, que la codeó con una sonrisa maliciosa. Sabía lo que significaba pero no tuvo ánimos de corresponder a la expresión después de lo que había descubierto la noche anterior.
Retomó sus actividades del sábado pasado en el segundo piso. Habían avanzado considerablemente al final del día, por lo que ese día podrían empezar a usar los detergentes. Lily recordó que Annie había resbalado haciendo esa actividad un par de semanas atrás, así que se aseguró de pisar con firmeza durante todo el tiempo.
James había estado en otras habitaciones durante todo el tiempo, e incluso escuchó un rumor de que lo habían encontrado durmiendo sobre un escritorio. No quiso hacer caso a sus pensamientos, debía interiorizarlo pero no en ese momento.
Tamara la había tratado con desprecio todo el rato, incluso más que las semanas anteriores. Aunque Lily tenía mal temperamento, la mayor parte del tiempo era pasiva y trataba de evitar cualquier tipo de confrontación, por lo que evitaba los salones donde ella y Jen hacían equipo. Los otros chicos de ese equipo ya trabajaban en parejas por lo que a Lily no le quedó opción más que aceptar la ayuda de Noah.
—Tómala de ese extremo, por favor —le daba indicaciones para mover un mueble que, aunque, no era especialmente pesado sí que tenía unas dimensiones problemáticas—. Ahora camina lentamente a la izquierda.
Lily siguió las indicaciones mientras el delegado tomaba el mueble del otro extremo. Pudieron moverlo con éxito, permitiéndoles tallar el suelo con cepillos. Habían pasado varios minutos en silencio cuando a Lily le sorprendió escuchar su voz llamándola.
—Vi la fotografía —dijo.
Ni siquiera la miraba de frente, le daba la espalda mientras fregaba los pisos. Lily se preguntó de qué fotografía hablaba, cuando recordó que alguien los había captado el día anterior besándose en el campus. Sintió las mejillas enrojecerse aunque respondió con voz ausente:
—Oh.
—Dijiste que no eran novios.
Ahora sí que se había girado a mirarla. Lily alzó una ceja, sorprendida por el atrevimiento.
—¿Y eso a ti qué? No es de tu incumbencia.
—No lo es, pero te invité a salir y me siento humillado que me hayas mentido. Pudiste haber sido muy clara, ¿sabes? Simplemente decir que pasabas el rato con él y ya está.
—Me parece que fui muy clara al demostrarte que no tenía ningún interés en ti.
El choque de mirada lo decía todo. Noah estaba molesto y ahora Lily lo estaba también. Pudieron haber estado varios minutos en esa posición, sino fuera porque Sam entró a la habitación. Llamó la atención que era de la planta baja, por lo que se dirigió al delegado.
—El rector está abajo.
La expresión de Noah cambió completamente.
—¿Qué hace aquí? No esperaba revisión hasta la próxima semana —exclamó el delegado para sí mismo.
Sam se encogió de hombros, y salió de la estancia detrás de Noah que no dejaba de hablar en todo el camino. Lily no le dio mayor importancia al asunto, y continuó fregando los pisos con esmero. El delegado no volvió inmediatamente, sino que había pasado cerca de una hora cuando escuchó su voz en el pasillo. Venía acompañado de una segunda voz de hombre y Lily adivinó que se trataba del rector. Había visto en otras ocasiones al hombre, pelirrojo y alto, con expresión seria pero agradable.
—Aumentamos los refuerzos en este piso después de su petición. Una colega y yo nos sumamos para avanzar con más rapidez, como puede ver gran parte de la limpieza ya está realizada.— La voz de Noah se escuchaba por el pasillo, hablaba más alto de lo normal demostrando su nerviosismo.
Lily asomó la cabeza para calcular a que altura estarían y evitar cualquier situación bochornosa. Al parecer el volumen de la voz de Noah no era debido al nerviosismo, sino a la cercanía, ya que ambos hombres venían por el pasillo y para sorpresa de la pelirroja, James refunfuñaba detrás de ellos. Tenía las manos dentro de los bolsillos y el rostro fruncido demostraba su fastidio.
Cuando trató de moverse ya era muy tarde, fue capturada por la mirada verde de Noah que la señaló con una sonrisa.
—Ella es la colega de la que le comentaba. Trabajaba en el primer piso, pero ambos nos unimos a este equipo.
Lily adquirió una pose seria mientras el rector la miraba con reconocimiento. Era extraño, ya que Lily jamás había sido popular, ni problemática, y tampoco tenía motivos para haber visitado la rectoría alguna vez —salvo por sus problemas académicos que había podido resolver con el asesor de su carrera—. Casi le cae el alma a los pies cuando este señaló al chico detrás de él, y Lily se dio cuenta que posiblemente la reconocía por la fotografía que aparentemente todo mundo ya había visto.
—Esta es tu novia, ¿no, James?
Algo burbujeó en su estómago y su rostro adquirió una tonalidad roja. Estaba segura que hasta sus orejas y pecho se habían tintado del color de su cabello. No recordaba haber sentido tanta vergüenza en su vida.
—Algo así —respondió el chico con indiferencia.
Lily regresó a ese plano de realidad, y tomó la mano que el rector le ofrecía.
—Es un placer conocerte —dijo el hombre con un tono educado, esbozando una sonrisa cordial—. ¿Cuál es tu nombre?
—L-lily Evans.
—Encantado, Lily. Tal vez aceptes una invitación a cenar, mi esposa y yo estaríamos encantados de recibir a la novia de James.
El desconcierto la tomó por sorpresa. ¿Qué era lo que estaba pasando allí? ¿Por qué el rector la invitaba a cenar? ¿Se había portado así con todo mundo? Al ver el rostro sorprendido de Noah estaba claro que no era así, por lo que no le quedó otra opción que fijar su atención en James que seguía detrás de los dos hombres con el ceño fruncido y las manos en los bolsillos. El chico no respondió a su auxilio ya que ni siquiera correspondió a su mirada.
—Oh. Lo siento. Noto tu desconcierto. Sospecho que mi hijo no lo habrá mencionado con anterioridad —dijo el hombre con cierto recelo en la voz. Le lanzó una mirada fugaz a James que seguía indiferente.
Lily casi no se lo podía creer. ¿Ese hombre era el padre de James? ¿El mismo que había catalogado el día anterior como el hombre más inteligente y educado? Claro, sin duda era él por la descripción, pero no por la apariencia, ya que estaba segura no compartían un solo rasgo.
—No lo hizo, pero me encantaría ir a cenar.
Los ojos castaños del hombre brillaron un poco.
—Asombroso. A Eleonor le encantará prepararte un postre. Te confirmaremos el día por medio de James.
Lily asintió con la cabeza y esbozó una sonrisa forzada. No se sentía con ánimos de sonreír, pero no podía portarse maleducada con un hombre que se había portado tan agradable, y que además era el padre de James.
—Continuemos por aquí, señor Walsh —dijo Noah dirigiéndolo por el pasillo.
El señor Walsh se despidió con un gesto y siguió al entusiasta delegado. James por otro lado, sí que le lanzó una mirada al pasar a su lado, aunque no pudo interpretarla, continuó su camino detrás de los dos hombres.
Lily estaba desconcertada. Ese no podía ser el padre de James, ¿o sí? Ni siquiera compartían el mismo apellido. ¿Qué demonios estaba pasando allí? Podía recordar que Annie había dicho que James tenía un amorío con la señora Walsh cuando… Un momento. ¿No sería entonces la señora Walsh la madre de James?
Se sintió tan estúpida. James todo el tiempo había dicho la verdad cuando decía que no se había relacionado con nadie de Miller. Todos los rumores apuntaban a que tenía un amorío con la mujer que resultó ser su madre. Era una tonta. Las sospechas, los rumores, todo había perdido validez y solo quedó un fuerte sentimiento de culpa.
Apoyó la frente contra la pared ennegrecida y suspiró. Se sentía tan confundida.
Cuando llegó el descanso sentía que podría desmayarse. No había comido nada desde el día anterior, y parecía que cada vez hacía más calor. Tenía la frente cubierta de sudor, las mejillas sonrosadas por el esfuerzo y su estómago hacía un ruido bochornoso. Pensó en dirigirse a la máquina expendedora, pero al recordar que había salido de casa únicamente con las llaves se sintió estúpida. Necesitaba dinero. Dinero que no tenía.
Se sentó debajo de un árbol con los ojos cerrados, abrazando su abdomen que no dejaba de emitir ruidos.
—¿Cómo estás? —preguntó la voz femenina de la única persona que le agradaba.
Annie se sentó a su lado, también cubierta por la sombra que brindaba el viejo roble.
—Bien —respondió en voz baja. Se sentía casi débil.
—Vi la foto tuya con James —anunció.
Sabía que le esperaba esa conversación, solo que no quería tenerla con el estómago vacío.
—Imaginaba que tenían algo después de que te fuiste con él de la fiesta, pero jamás me imaginé encontrarme con esa fotografía tomada en el campus. Se ven…
—¿Puedes enseñármela? —cortó incorporándose un poco.
Annie parpadeó varias veces desconcertada, pero asintió con la cabeza y buscó su móvil en el bolsillo de su pantalón. Le tomó un par de minutos antes de pasarle el aparato a Lily, que lo tomó casi como si fuera una bomba. Observó la imagen de sí misma con los brazos enredados en el cuello de James, las manos de él estaban sobre el banco evitando tocarla. De ella misma no tenía una gran imagen, ya que su cabello pelirrojo cubría la mayoría de su rostro, él que se veía claramente era James, con los ojos cerrados, y uno de sus labios de fresa sobresaliendo. Era una imagen gráfica, cruda, y aquello le ocasionó más movimientos intestinales. Se sentía indignada por la distribución de la misma, pero era una buena fotografía, podría hacer sentir cosas hasta al más rígido.
—Pude imaginármelo a él en una situación así, pero no que tú estarías envuelta, Lily. ¿Realmente esto es lo que quieres? —preguntó Annie recuperando su móvil.
—¿A qué te refieres?
—Simplemente… él tiene una reputación. La gente podría dejar de tomarte en serio por esta fotografía.
Entonces recordó la misma conversación que había tenido con Gabe, hablando sobre la reputación de James. Pero después retomó los sucesos de esa mañana, Noah había dado por hecho que ellos tenían algo, tal vez ya no la molestaría, e incluso el padre de James los había visto juntos debido a ello. No, definitivamente esa fotografía no podía ser del todo mala.
Quizá habría algunas personas molestas, pero eso la posicionaba como la pareja de James. Así nadie los molestaría más. Las dudas se habían disipado. Los estúpidos amigos de Benji no pensarían que ellos no estaban juntos. Porque lo estaban, ¿cierto?
Dejó que Annie siguiera hablando, pero no le tomó importancia pues no era algo que no hubiera escuchado. Al contrario, se mantuvo pendiente de su entorno en búsqueda del aludido. Tal vez él tendría un poco de dinero para usar la maquina expendedora.
El resto de los chicos estaban en varios grupos esparcidos debajo de los árboles, descansando y comiendo un poco. Pudo visualizar que en uno de los grupos más lejanos James se encontraba recostado sobre el pasto. Tenía los ojos cerrados y los brazos bajo su cabeza. Lo que le hizo hervir la sangre fue que Tamara estaba sentada al lado de él, y no hacía otra cosa que acariciar su cabello negro mientras él permanecía inmóvil. ¿Por qué no la apartaba? ¿Por qué dejaba que todos vieran lo que estaba pasando mientras ella estaba allí?
Antes de que pudiera pensar coherentemente se puso de pie, dejando a una Annie sorprendida y con las palabras en la boca. Caminó con tranquilidad hasta ellos. Tamara la vio cuando todavía estaba a unos metros de distancia, por lo que detuvo su mano ocasionando que James abriera los ojos.
—¿Qué pasa? —alcanzó a escuchar su voz barítono.
Tamara no respondió, pero señaló con la cabeza a Lily que ya los había alcanzado. James no se movió de esa posición, únicamente la miró serio, casi con aburrimiento.
—¿Podemos hablar? —preguntó al chico, notando como su voz había salido más agresiva de lo que pretendía.
No respondió. Sin decir palabra se puso de pie y la siguió con los brazos cruzados sobre su pecho hasta un lugar más apartado.
—¿Qué acaba de pasar? —cuestionó Lily sintiendo el estómago retorcerse. Ya no sabía si era por el hambre o el enojo.
—¿Qué acaba de pasar de qué?
La mirada azul era vacía, igual que lo había sido el día anterior. Lily no podía interpretar qué era lo que pasaba.
—¿Por qué estabas con ella?
—¿Qué tiene?
James no parecía darse cuenta de lo que había pasado. ¿Acaso Lily se estaba volviendo loca? ¿Él no se había percatado de la situación?
—Ella te estaba acariciando el pelo en público y tú lo permitiste.
Fue entonces cuando la primera sonrisa burlesca apareció en sus labios. Fue lo suficiente profunda para marcas el hoyuelo y achicar sus ojos.
—Acariciar el pelo no es como besar a alguien, Lily, no lo tomes por ese lado.
Trató de no desconcertarla el hecho de que la había llamado por su nombre. Un evento que poco ocurría.
—Hace parecer que no me tomas en serio. ¿Qué crees que piensan los demás al ver eso? Que juegas conmigo y que lo nuestro no es serio.
James borró la sonrisa de los labios, cambiando completamente su expresión a una perpleja. Se acercó un poco, tomándola de los codos para que viera fijamente su cara.
—Pelirroja, tienes que recordar nuestro acuerdo. Sé que mi padre y seguramente el resto de las personas piensan que tú y yo somos novios, pero no lo somos. Acordamos salir y pasar el tiempo juntos. Solamente.
La situación la transportó el día anterior en la fiesta, cuando Benji le había dicho que James no tenía novias, y ella se había empeñado en afirmar que era la primera. Seguramente después de la fotografía el resto del campus pensaban que lo eran, incluso James no se había esforzado en decir lo contrario. Pero ahí, frente a ella, se atrevía a dejar las cartas claras sobre la mesa.
No insistiría en el tema. Era cierto. Ella lo sabía muy bien, aunque se estaba comportando como si no lo hiciera. Además, no quería mostrarse necesitada frente a James. Tal vez lo que Gabe había dicho antes era cierto: si le demostraba que le gustaba le daba poder. ¿Acaso James era el tipo de persona que podía hacer uso de ese poder otorgado?
—Sí. Ya lo sé. Es solo que aunque no seamos novios, no se ve bien que permitas que alguien más acaricie tu cabello —dijo—. Imagínate que la situación fuera al revés, y Noah acariciara mi pelo. Te molestaría, ¿cierto?
James cuadró la mandíbula, demostrándole que estaba en lo cierto.
—Te dije desde el principio que no me gustaría que te vieras con otros hombres. Puedo ser muy celoso.
—Entonces espero lo mismo a cambio. No quiero verte con otras mujeres con algo más que un trato cordial.
El chico parpadeó dos veces antes de comenzar a esbozar una nueva sonrisa. Lily casi se enojó, la situación no era la indicada para estarse burlando de ella.
—Grrrr fiera —imitó un ronroneó—. No conocía ese lado tuyo tan territorial.
Lily casi puso los ojos en blanco.
—¿Qué es lo que harías tú para marcar tu territorio? —preguntó fingiendo duda, recordando las acciones de James la noche anterior—. Ah sí.
Y sin esperar respuesta a cambio enredó sus brazos alrededor del cuello de James, y le plantó un apasionado beso que lo dejó sin aliento. El chico ni siquiera pudo reaccionar, se quedó perplejo en su lugar siendo aprisionado por los brazos y besos de Lily.
El beso solo duró un par de segundos antes de alejarse, darse la media vuelta y caminar hacia la máquina expendedora. Sabía que James la seguía con alguna clase de sonrisa burlesca en los labios. Al llegar a su destino se dio la vuelta encontrándose con el susodicho bastante más alegre de lo que esperaba.
—¿Tienes efectivo?
James se acercó a la maquina mirando su interior.
—¿Qué quieres?
Unos minutos después estaban sentados lado a lado devorando un paquete de galletas. Ya se habían terminado un sanduche cada uno. Ahora iban por el postre.
Durante ese tiempo habían permanecido en silencio, comiendo calorías y carbohidratos. Lily había estado pensando en cómo abordar el tema del padre de James para resolver algunas inquietudes. Tenía una sospecha pero no podía afirmarlo a ciencia cierta. Podría ser su padrastro. A la señora Walsh no había tenido oportunidad de conocerla, quizá ella era la madre de James y el señor Walsh solo era el segundo matrimonio de la mujer. Había una gran posibilidad para aquello, y no quería hostigarlo con un tema tan personal.
Por otro lado, ahora que sabía que James realmente vendía drogas, había estado tratando de decidir su posición al respecto. Era algo ilegal, pero ¿ella estaba tan mal con ello? No sabía. Podía recordar que el hermano de su padre, tío Ronald tenía un oficio parecido. Él había sido ingresado a la cárcel años atrás, Lily ni siquiera podía recordarlo claramente. Pero de algo estaba segura, su esposa y sus hijos lo seguían queriendo igual. Había leído acerca de mujeres que estaban en esa posición y no tenían problema. Lily no sabía si ella lo tenía. Tal vez si supiera un poco más sobre el tema…
Sabía que había diferentes posiciones en la moral de una persona. Lily pensaba que todos tenían ciertas cosas que no podían tolerar, acciones o actitudes que iban completamente contra su código de ética personal. Ella nunca había estado en una situación en la que tuviera que decidir cuál era el bien o el mal. Sabía que asesinar personas era malo, pero abortar no lo era. Mentir era algo malo, siempre y cuando lo hiciera para no dañar a alguien. Había una línea muy delgada entre el bien y el mal, y Lily todavía estaba en proceso de descubrirla.
Masticando la última galleta observó el perfil de James. Este miraba el patio con aburrimiento mientras le daba sorbos a su jugo. Parecía despreocupado, sin saber todas las cosas que estaban pasando por la mente de Lily. Cómo daba tirones entre decidir si James era buena o mala persona. Pero se preguntaba, ¿todo se reducía a eso? ¿Blanco o negro?
Gris. James era gris. Tal vez de una tonalidad más oscura la mayoría del tiempo, y otras veces a un tono más claro.
—¿Pasaremos el día juntos? —se atrevió a preguntar.
James tamborileó los dedos sobre el escalón en el que estaban sentados, y le dio un sorbo al jugo antes de responder:
—Podemos pero por la noche tengo algo que hacer.
—¿Qué te apetece?
Había notado que a James le gustaba ver películas. Tal vez él quisiera ir al cine.
El chico se encogió de hombros despreocupado.
—Sexo.
Sintió los colores subir al rostro. El calor no ayudaba mucho para disminuir la temperatura. Carraspeó nerviosa y James clavó sus ojos azules en ella con diversión.
—Tú preguntaste.
—Sabes que yo…
La interrumpió alzando la mano.
—Ya sé. No puedo evitarlo, dormiste conmigo y mi inconsciente me llevó a tener algunos sueños subidos de tono —dijo divertido—. Creo que te diste cuenta de ello.
Lily no podía sentirse más incómoda. No sentía presión por el chico, él lo había dicho como decía muchas de las cosas más cuestionables, como si hablara del clima. Su temple seguía tranquilo observando el patio, mientras ella se cuestionaba los motivos por lo que seguía sintiendo unas cosquillas en el estómago a pesar de ya haberse alimentado.
—Pensé que querrías ir al cine.
James permaneció en silencio unos segundos, meditando la respuesta.
—Tengo tiempo que no voy. Podríamos hacerlo.
La pelirroja asintió con la cabeza, pero antes de que pudiera agregar algo más Noah apareció anunciando que el descanso había terminado.
Lily atravesó el patio principal de su domicilio hasta la todoterreno de James estacionada al lado de la acera. Había llegado puntual a la hora que dijo pasar por ella, y Lily estaba muy sorprendida.
Tendrían una cita. Su primera cita. Irían al cine y probablemente cenarían juntos antes de separarse. Lily estaba emocionada. Era la primera vez que saldría con alguien que verdaderamente le gustara. Era casi un sueño.
Se había esmerado. Después de llegar a casa de la brigada, se había preparado mientras le contaba a Petunia a grandes rasgos lo que había pasado el día anterior, omitiendo su descubrimiento del oficio de James. Su cabello estaba perfectamente liso hasta la cintura, los ojos maquillados con varias capas de rímel, y llevaba una falda de tablones café que no había tenido oportunidad de usar antes. Una sencilla blusa amarilla y unas botas que le agregaban varios centímetros de estatura. Se sentía radiante, estaba segura que su mejor accesorio en ese momento era la gran sonrisa que no había podido borrar de su rostro.
Al subir a la todoterreno se encontró con que James no le había apartado la mirada, como si la hubiera estado observando desde que salió de casa.
—¿Qué? —preguntó nerviosa, apartando mechones de cabello que le cubrían el rostro.
—Te ves preciosa. ¿Te arreglaste tanto para salir conmigo?
Quiso decirle que no, que era un tonto, pero no pudo. Sus mejillas se pintaron de rojo y asintió levemente con la cabeza. James también se veía muy guapo, aunque bastante menos producido que ella. ¿Tal vez había exagerado?
—Me encanta —dijo en tono bajo antes de tomarla de la barbilla y plantarle un beso en el labio inferior.
El camino hacia el centro comercial fue corto. Ese tipo de lugares estaban cerca del campus ya que era una zona frecuentada por estudiantes. Era un concepto abierto que dejaba pasear por el exterior pasando frente a la entrada de diferentes comercios. Lily solía ir a ese lugar cuando era más joven. Petunia y ella pasaban mucho tiempo comprando ropa, hasta que habían descubierto que era mucho más práctico hacerlo por internet, y además, más económico.
En el pasado había tenido algunas citas en ese lugar, pero ahora, en compañía de James se sentía completamente diferente. Él estaba bastante más serio que cuando estaban solos, pero le permitió caminar a su lado tomando su brazo. Algo que Lily agradeció. Algunas personas los vieron mientras pasaban, Lily no los distinguió pero asumió que eran estudiantes. James parecía ser muy popular entre la población estudiantil.
—Pareces incomoda —señaló James cuando estaban en la fila para comprar los tickets.
Lily seguía colgada de su brazo, dándose cuenta que un grupo de chicas los miraban a unos metros de ahí.
—Hay mucha gente del campus.
—Es normal— se encogió de hombros—. Estamos en el centro comercial más cercano. ¿Qué crees que hacen los estudiantes en su tiempo libre además de ir de fiesta?
—¿Leer?
James alzó una ceja para después estallar en carcajadas.
—Tranquila, no hay de qué preocuparse.
—No estoy acostumbrada a tanta atención, ¿tú lo estás? —preguntó. Obteniendo como respuesta a James alzando los hombros—. ¿Es porque eres el hijo del rector?
Ante esto, sintió como el brazo del que se sujetaba se tensó, y quiso haber retirado sus palabras.
—No hables sobre eso. Alguien podría escucharte.
—¿Es un secreto? —se extrañó.
James asintió con la cabeza, y avanzó unos pasos en la fila arrastrando a Lily en el proceso.
—Nadie sabe que soy hijo del rector y me gusta que así sea —dijo en voz baja.
—¿Por qué?
Preguntó sin pensar. No esperaba que James le respondiera, pero casi pudo notar la misma sombra de culpa que atravesó sus ojos. La misma que había detectado el día anterior cuando describió cómo eran sus padres.
—Porque no quiero empañar su imagen con la mía.
Sinceridad brutal. Las palabras casi habían provocado un malestar estomacal.
—No creo que alguien pudiera notarlo… ustedes no tienen el mismo apellido.
James clavó los ojos en ella. No parecía molesto, solo curioso por la observación.
—Incluso hay rumores de que tienes un amorío con la señora Walsh, a la cual pienso que es tu madre. Aunque nadie podría sospecharlo ya que…
El chico esbozó una sonrisa dulce, divirtiéndole la situación.
—Lily, soy adoptado.
Estaba preparada para asumir que el señor Walsh no era su padre biológico, pero no se esperaba una afirmación como aquella. ¿James era adoptado? Se dio cuenta que el chico había notado su desconcierto porque permaneció más tiempo del que debería en silencio. Analizando sus palabras como si tuvieran un mensaje oculto. Incluso habían avanzado lo suficiente para comprar los tickets, y ahora hacían fila para comprar palomitas de maíz.
—Pareces muy sorprendida —anunció James, seguía sin parecer molesto. Era un tema que aparentemente llevaba bien.
—Lo siento, yo… No me lo esperaba. Asumí que el señor Walsh no era tu padre biológico, pero no pensé que fueras…
—Adoptado. Dilo.
—Adoptado —susurró con nerviosismo. No quería que James pensara que lo estaba juzgando.
—Ha sido así por un largo tiempo. No es algo que me cause algún tipo de conflicto. Me adoptaron cuando tenía catorce años, así que no hay ninguna historia dramática detrás al enterarme que no era su hijo legitimo —manifestó James con despreocupación, avanzando en la fila.
—¿Es por eso que no llevas sus apellidos?
Asintió con la cabeza.
—En parte. Fueron mis tutores legales hasta que cumplí la mayoría de edad. Los llamo mis padres porque les tomé cariño, pero realmente sé quiénes son mis padres biológicos. Así que… bueno, hay una historia detrás de ello.
—¿Y no creíste necesario decir todo esto ayer cuando te pregunté por tu familia?
El chico esbozó una sonrisa mientras sus mejillas adquirían un tono rosado. La acción le pareció a Lily adorable. Al fin había tocado una fibra sensible en James. Era extraño encontrarlo tan tímido por un tema, cuando solía hablar de la mayoría de las cosas como si nada. Claro, si hablaba. Era eso, o evadía el tema por completo.
—Te contaré más tarde, ¿de acuerdo? Es algo que no me apetece hablar en público.
Lily asintió con la cabeza, tomándolo como una promesa.
James pidió unas palomitas grandes para los dos y unos refrescos de cola. Se trasladaron hasta la sala donde transmitirían su película, y tomaron los lugares asignados. A Lily no le gustaba demasiado ver películas, solían ser bastante aburridas para ella, tenía más el hábito de leer o ver programas de televisión. Sin embargo, James parecía completamente absorto en la trama de la película. Lily se la pasó el tiempo observándolo, analizando cada una de las expresiones que emitía en respuesta a situaciones en la pantalla. No podía imaginar qué tipo de experiencia sería el cine para James, tenía que ser completamente diferentes debido a su sinestesia. Parecía que todas las sensaciones que quería transmitir se multiplicaban al triple en él. Estaba conmovida con lo que miraban sus ojos. Algo cálido permaneció en su pecho, y no pudo más que apoyar su cabeza en el hombro de James. Él no se quejó, ni siquiera apartó los ojos de la pantalla.
Lily permaneció el resto de la película disfrutando de su compañía. Escuchando el fuerte latido de su corazón en el oído. Recordándole que él era solo un ser humano. Víctima de las situaciones. Un ser gris. Ni blanco, ni negro. ¿Qué era lo que había tenido que pasar James para encontrarse en la situación de ahora? ¿Qué experiencias había vivido para inclinarse al lado ilícito de las cosas?
