La historia es una adaptación del libro Until It Fades de K. A. Tucker y los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. Si tienes la oportunidad te recomiendo que leas el libro original.
Capitulo 10
Solo he conocido a una persona famosa antes, y "famosa" es un gran termino. Ni siquiera puedo recordar su nombre. Ella interpretaba a la niña precoz en los comerciales de la sopa Campbell cuando yo era una niña. Había al menos tres anuncios diferentes, y solía verlos en la televisión diez veces al día. Se sentía así, de todos modos. Esta chica y su familia vacacionaron en una casa de verano de un área de Balsam un julio y nuestros caminos se cruzaron. Ella era una mocosa, vulgar y simple, con su nariz tan alta en el aire que me sorprendió que no se tropezara con la acera. Al instante que sus ojos te tocaban, era obvio lo que pensaba: que ella era mejor que tú.
Esa fue la primera y única incursión en conocer a una celebridad. Y ahora Emmett Mccarty está de pie en la puerta principal de mi pequeña destartalada casa de alquiler, y yo llevo puestos un par de pantalones grises demasiado grandes y una camiseta de algodón con Grumpy Cat en la delantera, y mi cabello está arrastrado en un desordenado moño en la cima de mi cabeza; y voy a matar al Oficial Mike Newton por sorprenderme así.
Emmett luce casi igual cómo lo hizo en la conferencia de prensa de más temprano, salvo que se cambió su camisa negra por una azul claro y se puso un poco de gel en su pelo. Su cara está igual de desaliñada. Eso es una cosa de los play-off de hockey, por lo que estoy aprendiendo. Hace un trabajo sólido al esconder la mandíbula cincelada que sé que está debajo, pero no oculta sus ojos, que son penetrantes, mucho más de lo que parecían a través de la pantalla de la televisión.
Tal vez es porque ahora están completamente sobre mí.
De la forma más disimulada posible, aliso y meto los mechones de cabello sueltos que cuelgan alrededor de mi cara detrás de la oreja. Cuando era Mike, no me importaba realmente cómo me veía. Ahora, estoy jugando con la idea de excusarme y correr dentro del baño.
Emmett suspira. —Él no te dijo que iba a venir.
Antes de que pueda responder, Mike asoma la cabeza. —Estaba a punto de hacerlo. —Lleva ahora su voz de policía, la que usa cuando está trabajando o hablando de asuntos relacionados con su trabajo. Le lanzo una mirada que dice que es un idiota mentiroso, pero no lo altera. Mike puede ser un hombre inexpresivo, incluso cuando sabe que está equivocado—. Estaré aquí en el porche, vigilando a los buitres. Si me necesitan, griten. —Cierra la puerta detrás de él.
Y yo estoy sola con la superestrella y el galán de los medios, Emmett Mccarty.
Quiero hacer tantas preguntas. Principalmente, ¿qué hace aquí? ¿Por qué dejó su reposo —sus doctores le dijeron que descansara por las próximas semanas— solo unas horas después de haber salido del hospital?
Y, sin embargo, no consigo formar ni una simple palabra.
Todo lo que hago es mirar fijamente a este hombre imponente de pie en mi sala de estar, hasta que comienza a mover sus muletas.
—Vi las noticias, así que dejé Filadelfia y me dirigí hacia aquí. Sabía que ese desastre de allí afuera iba a suceder, y rápido, una vez que tuvieran tu nombre. Lo lamento, no debería haber comentado nada y dejarlo así. —Su voz naturalmente profunda suena diferente, un poco apagada, vacilante.
Aun así, de algún modo vibra dentro de mi pecho. En realidad, puedo sentir su voz.
—¿Por qué no lo hiciste? —Me las arreglo para dejar salir en un graznido. Lo recuerdo vacilando durante la conferencia de prensa, su madre dándole esa mirada desaprobatoria que todas las madres de alguna manera dominan sin entrenamiento, yo incluida. ¿Le advertía que no lo hiciera?
Suspira y sacude la cabeza. —Honestamente, no lo sé. Supongo que pensé que, si esa era la única manera de que pudiera conectarte… Lo siento. —Unos ojos sinceros me miran. Incluso todo golpeado, él es fascinantemente guapo.
Siento un rubor arrastrarse bajo la pesada mirada. —No habría importado de todas maneras. Tenían mi número de matrícula, así que era cuestión de tiempo. —Otra larga pausa cuelga entre nosotros, hasta que asiento hacia la puerta principal—. ¿Qué tan malo es allí afuera?
—Depende. ¿Estás lista para hablar con un reportero?
—No. Particularmente no.
—Entonces sugeriría que te quedes adentro. —Sus ojos echan un vistazo sobre mi casita, detenidamente, y haciéndome desear que Mike me hubiera dado cinco minutos al menos para poner en orden el lugar.
Qué debe pensar él de mi estrecho espacio y cursis almacenes de la tienda de segunda mano, con sus casas multimillonarias, coches rápidos y, estoy segura, todo de diseñador. Soy extremadamente pobre en comparación.
Respiro profundo y me fuerzo a estar orgullosa de mí misma, a no compararme con eso, a no estar avergonzada. He trabajado mucho para llegar aquí, y todo por mi cuenta, acompañada de una niña. Eso es algo para estar orgullosa.
Él asiente hacia el último jarrón de flores en la mesa auxiliar,donde Mike las movió por miedo a una reacción alérgica, aunque los lirios ya desaparecieron. —Mi madre dijo que envió flores.
La semana pasada cuando fui de compras con mi padre, mamá decidió que el ramo de la familia Mccarty era "demasiado ostentoso" para mi mesa, así que ella y Brenna pasaron la tarde arreglando las flores en jarrones y vasos, y luego colocándolas estratégicamente a lo largo de las mesas laterales y ventanas. No quedó una superficie plana en este lugar que no incluyera pétalos de flores. He estado cambiando el agua a diario, y arrancando las flores maduras una por una, tratando de preservarla tanto tiempo como sea posible.
—Sí. Por favor, agradécele. Eran hermosas. —Una absurda voz en mi cabeza se pregunta si alguna vez llegaré a agradecerle por ellas en persona, pero rápidamente la descarto. Probablemente no, dado quién es ella.
Después de un momento, su mirada aterriza sobre mí de nuevo, y la más incómoda tensión se asienta en el aire. O tal vez estuvo allí desde el momento en que él atravesó la puerta y solo la estoy notando ahora que la sorpresa inicial se ha desvanecido.
Desplaza su postura y se estremece del dolor. —¿Te molesta que agarre una silla?
Finalmente salgo de mi aturdimiento. Ni siquiera se supone que esté parado, y aquí estoy, haciéndolo estar de pie en mi puerta. —Oh, Dios mío. Sí. Por favor. —Me apresuro a acercar una silla para él, inhalando una ligera brisa de colonia en mi camino o. Una ola de déjà vu me golpea. Llevaba esa colonia la noche del accidente. Mis sentidos no la procesaron entonces, pero obviamente la catalogaron para futura referencia porque estoy atraída al instante, respirando el perfume de él, recuerdos horribles o no.
Doy un paso atrás para hacer espacio, evaluando silenciosamente lo alto y ancho que es mientras se acerca cojeando. Dicen que la TV distorsiona tu cuerpo, aumenta diez kilos. Estoy pensando que lo han puesto al revés, porque él se siente más grande en este momento. ¿Cómo diablos siquiera lo saqué del auto?
Me está mirando, escudriñando mis brazos delgados y hombros huesudos, como si estuviera pensando exactamente lo mismo, pero no lo dice, entrando con cuidado en la silla con gran dificultad, apoyando sus muletas contra la mesa a su lado.
Muevo el vaso sucio de Mike hacia el fregadero, sintiendo los cálidos y penetrantes ojos azules de Emmett en mí todo el tiempo. No puedo evitar que el calor se arrastre hasta mi rostro, así que me zambullo en el fregadero y me ocupo en lavar los platos, esperando que mis mejillas se enfríen. —No tengo mucho que ofrecer, pero ¿quieres una bebida?
Gime. —Mataría por una cerveza fría.
—¿Qué te parece vino blanco que te hará encoger? —Necesito empezar a llenar mi refrigerador con cerveza.
Cuando Emmett no responde, miro por encima de mi hombro para ver su expresión divertida. —No lo estoy vendiendo muy bien, ¿verdad?
—En realidad no.
Mis ojos se deslizan hacia su mano, descansando casualmente contra la desgastada mesa de madera, su tamaño masivo aún más pronunciado junto a mi enana copa de vino. —En fin, probablemente deberías evitar el alcohol en este momento, ¿por los medicamentos?
—Probablemente tienes razón —murmura, con un brillo secreto en sus ojos que trae otro rubor incontrolable y vergonzoso a mis mejillas.
Me aparto de él, esta vez para lavarme las manos. —Tenemos leche… agua… —Mis ojos se desplazan hacia la cafetera que mi papá me regaló—. Café que no te envenena… té… SunnyD.
—¿Aún lo hacen?
—Sí.
—Creo que tenía como siete años cuando lo probé por última vez. —Se ríe entre dientes.
—Es de mi hija —miento, avergonzada. No puedo imaginar a las mujeres con las que se asocia con nada más que martinis, vino añejo y batidos orgánicos.
Después de una pausa: —Vamos con el jugo de la niña.
Me pongo a buscarle un vaso; la simple tarea toma más tiempo a causa de mi muñeca.
Cuando habla de nuevo, su voz es mucho más suave, más vacilante. —Me gritabas esa noche ¿no? ¿Cuándo estaba en el coche?
Un largo y tembloroso aliento sale de mis labios. Sí… Hasta que mi garganta quedó en carne viva. Él sí me escuchó. —No te despertabas.
—Todo lo que recuerdo es conducir a lo largo de ese camino y la niebla, y Seth hablando sobre las nuevas líneas y como cómo era una mala idea para el entrenador cambiarlas. Luego de repente una mujer estaba gritándome desde algún lugar lejano. Y hacía calor.
Asiento distraídamente mientras sirvo su bebida. —Nunca antes había sentido nada como ese fuego. Cuando el coche entero se incendió, tenía miedo de que los juncos en la zanja se incineraran tan solo por el calor.
—¿Cuánto tiempo tardaste en sacarme?
—No lo sé. Todo estaba un poco borroso. Emergencias estuvo allí en unos cuatro minutos, y logré sacarte antes de que vinieran. —Me di por vencida. Me volteé y empecé a alejarme. ¿También escuchaste mis gritos donde te pedía perdón?
Tal vez por eso estoy luchando por encontrar su mirada. Todo el mundo me alaba por salvarle la vida, pero lo iba a dejar morirse allí.
Le he dado la espalda a este hombre durante demasiado tiempo y ahora no tengo excusa, a menos que decida lavar mi fregadero cargado de platos.
Tomando aliento, camino hacia la mesa para poner su vaso frente a él. Luego me concentro en enderezar mi silla, recogiendo los peldaños rotos. Debería ser capaz de pegarlos. Otra vez.
—¿Cómo te lastimaste la muñeca?
Algo más para mirar, para distraerme, así no tengo que ver sus ojos indagadores. Antes me quité el vendaje tensor, para permitir que mi piel respirara y para que mis dedos pudieran estirarse. Mi muñeca ha vuelto a su tamaño normal y el color es más verde amarillento, no tan ominoso. —Cuando caímos a la zanja, supongo. No lo sentí hasta después. —Tal vez debería poner el vendaje de nuevo. Mis pensamientos están tan agotados que podría olvidarme y chocarlo contra algo. ¿Dónde puse esa…?
—Isabella.
Inhalo bruscamente ante el sonido de mi nombre en su lengua.
Siempre he odiado mi nombre. Es tan ordinario. Incluso la ortografía es poco imaginativa. Cuando tenía once años, pasé por una fase en la que escribí "Elizabeth", porque quería ser diferente. Eso hizo que todos se pusiera nerviosos y enfadó a mi madre a lo grande. Los maestros me pedían que escribiera bien mi nombre y me negué, ganándome un viaje a la oficina del director.
Escuchar a Emmett decir mi nombre ordinario y poco imaginativo en su voz profunda y grave por primera vez me hace escuchar una simple belleza en él que nunca antes había experimentado.
—¿Sí?
—¿Puedes, por favor, sentarte?
Recobrando mi coraje, me deslizo en la silla frente a él, tomando un considerable trago de mi vino, con la esperanza de que ayudará a combatir la tensión.
Y entonces encuentro su mirada.
Tiene lo que yo llamaría ojos "introspectivos". Se encuentran con los tuyos, pero no te miran sin más. Miran dentro de ti, hurgando más profundo, más allá de las capas y formas, para descubrir quién eres en tu corazón.
O tal vez es solo a mí a quién intenta leer.
Luego de un largo momento, él coincide con mi movimiento anterior, llevando el borde de su vaso a sus labios llenos, vaciando la mitad del alegre liquido naranja en unos cuantos tragos grandes.
Puede que nunca vuelva a lavar ese vaso.
—Lamento haber invadido tu casa de esta manera. Es que… — Incluso debajo de la barba raída, veo la fuerte y angulosa mandíbula tensa de Emmett—. Necesitaba hablar contigo antes de que se apoderaran de ti.
Los medios, supongo.
—¿Crees que se aburrirán sentados allí?
Sonríe tristemente. —Son demasiado, incluso para mí, y he crecido con ello. No puedo imaginar cómo es todo esto para ti. Entiendo por qué querrías evitarlo.
Me encojo de hombros. Su preocupación por mí, y cuán clara es en su cara golpeada, es entrañable. —Nunca hubo manera de evitarlo para siempre. Supongo que es algo bueno que finalmente esté expuesto.
Lo he estado temiendo desde hace una semana.
Asiente lentamente. —Entonces, ¿el que habló en las noticias era tu novio?
—Oh, Dios. ¡No! —Pongo los ojos en blanco—. Y si mañana te enteras que me arrestaron por matarlo, no te sorprendas.
El rostro de Emmett se ilumina con su risa; un hermoso y profundo sonido melódico que irrumpe la gruesa nube de tensión, y comienzo a reírme con él. Gracias a Dios, Brenna duerme como los muertos, al menos durante las primeras horas. —¿Quién es entonces?
—El sobrino de mi jefa. Accedí a ir a una cita a ciegas con él esa noche, y fue la peor cita en la que he estado en mi vida.
Emmett busca mis rasgos, el indicio de una sonrisa en sus labios.
Aparte de la rápida evaluación de mi casa, no creo que esos ojos hayan dejado mi rostro todo este tiempo. Es desconcertante. —Supongo que no fue tan malo, en su opinión.
—No parece que se haya puesto al tanto.
—Y pensó en aprovechar al máximo la situación promoviendo su concesionario.
—Me alegro de que fuera tan obvio. —Tomo el resto de mi vino y considero ir a servirme más, pero no quiero que este hombre piense que soy una borracha, así que me quedo—. Así que dijiste en las noticias esta tarde que vas a tener una recuperación completa. Eso es genial.
Por primera vez desde que me senté, él aparta su mirada de mí para trasladarla sobre los armarios de mi cocina, una expresión extraña y dura parpadea rápidamente. Toma otro trago largo de SunnyD y su afilada manzana de Adán se balancea al tragar, antes de bajar el vasocuidadosamente.
—Entonces… —Sus ojos van a la deriva desde mi rostro, sobre mi camiseta—. ¿Te gustan los gatos?
Instintivamente doblo los brazos sobre mi pecho, sintiéndome aún más consciente de mis decepcionantes copas tamaño A. —Solo los que lucen enojados.
Se ríe, sacudiendo la cabeza. —¿Cómo demonios me sacaste de ese coche? Eres tan pequeña. —Alza las manos, con las palmas hacia afuera—. No me malinterpretes. Estoy seguro de que eres muy fuerte y todo, pero no puedo ver cómo lo hiciste. Es decir, yo estaba imaginando a un —su voz se interrumpe, su ceño se frunce profundamente— un tipo diferente de mujer. Pero eres tan pequeña y yo… bueno, mírame.
Apenas he dejado de mirarte. Dios, me estoy sonrojando de nuevo.
—Debiste haber reaccionado en el último minuto y me ayudaste.
Sacude la cabeza. —Tengo una tibia rota y un tobillo destrozado, mi hombro estaba dislocado, y tuve una conmoción cerebral grave. No era capaz de sacarme del asiento.
—Bien, entonces… —Dejo que mis palabras fluyan. Supongo que eso significa que yo, Isabella Swan, saqué a un hombre del doble de mi tamaño de un coche en llamas.
—Bien, entonces… —Me imita, atrapándome con sus intensos ojos. Ocultan pensamientos ilegibles que de repente estoy desesperada por saber.
El hechizo se hace añicos cuando Mike le grita a alguien afuera.
—¡Oye! ¿Quieres ser arrestado por invasión? ¿No? Tienes tres segundos para… Oh, ¿quieres tomarme fotos? Seguro. Está bien… —Sus gritos se desvanecen mientras sin duda él carga contra quien lo esté poniendo a prueba, los pasos del porche crujiendo bajo su peso.
—Sabes que no te dejarán en paz, ¿verdad?
Suspiro. —Hasta que tengan su historia, sí, lo sé.
La punta de su dedo traza distraídamente la veta de madera de mi mesa. —¿Qué vas a hacer?
Solo pensar en tener una cámara de televisión apuntándome me pone tensa. —Asumí que Brenna y yo nos quedaríamos aquí por un tiempo, hasta que resuelva las cosas. —Pero ¿por cuánto tiempo? No podemos quedarnos aquí para siempre. ¿Cuándo será seguro enviarla a la escuela? Si me persiguen hasta el umbral de mi puerta, ¿tendrán la audacia de seguir a mi hija también?
El rostro de Emmett se suaviza ante la mención de Brenna, y echa un vistazo detrás de él, hacia las puertas del dormitorio. —¿Ese es el nombre de tu hija? ¿Brenna?
Sonrío y asiento.
—¿Está durmiendo?
—Profundamente.
—¿Cuántos años tiene?
—Cinco. Cumple seis en julio.
—Debiste ser muy joven cuando la tuviste.
—Dieciocho.
Su boca se abre, pero luego vacila. —Lo que hiciste por mí, es una historia bastante asombrosa. La gente querrá oírla. De ti. Ojalá pudiera hacer que desaparezca todo, pero he estado lidiando con estas personas lo suficiente para saber que no puedo. Si quieres mi consejo, lo mejor es terminar con eso.
Gimo. —Eso es lo que dijo Mike.
—Entonces es un tipo listo. Deberías escucharlo.
—Tiene sus momentos. Pero no le digas que dije eso.
La silla de Emmett rechina cuando se inclina en contra de ella. —Sin presiones, pero si quieres, podemos preparar una entrevista exclusiva con alguien de confianza. Dales tu historia, deja que la gente la oiga, y pasarán a lo siguiente sin demoras. Honestamente, la espera solo lo pone peor. Ya están buscando todo lo que pueden sobre ti. —Frunce el ceño.
—Sí, vi las noticias. —No tiene que explicar más—. Fue hace mucho tiempo. Pensé que estaba enamorada. No creí… —Busco mis palabras a tientas—. Solo era una adolescente estúpida que…
Alcanza mi mano alrededor de la copa. Mi lengua deja de moverse bajo ese toque. ¿Él siente lo mismo que yo? ¿Su corazón está latiendo acelerado? ¿O es solo el mío?
—No me importa nada de eso, y no tienes que explicarte. —Me suelta y mete la mano en su bolsillo con una leve mueca. Saca y desliza un pedazo de papel doblado que obviamente preparó antes de venir—. Aquí está mi número. Piensa en lo de hacer la entrevista y avísame. Y puedes llamarme en cualquier momento, de día o de noche. Lo que sea que necesites. Lo que sea, en serio.
Tomo el papel, nuestros dedos deslizándose entre sí, otra vez. Una corriente extraña me recorre, haciendo consciente de cada centímetro cuadrado de mi piel. El papel continúa caliente por permanecer en su bolsillo trasero. Lo aprieto en mi puño, deleitándome con su calor corporal.
Emmett se encoje de hombros. —¿Y quién sabe? Podríamos empezar una guerra de ofertas. Alguien podría darte un gran cheque por esto.
—¿Qué? —dejo escapar.
Creo que confunde mi conmoción con emoción porque sonríe.
—Dicen que no pagan por nuevas historias, pero son tonterías. Todos quieren oír de la mujer que me salvó. Bien podrías cobrar por ello.
No puedo evitar fruncir el ceño. —No quiero cobrar por ello. No te ayudé por eso. No soy una de esas personas. —¿Eso es lo que cree Emmett que soy? ¿Alguien que busca sacar provecho de la tragedia?, ¿alguien como mi madre?
O esto es porque recibo ayuda social. ¿Ya han reportado eso? No es que quiera cupones de comida o recibir cheques para la renta, pero no tengo muchas opciones, con una niña y mi diploma de secundaria solamente, el que por fin recibí hace tres años.
Sus ojos se ensanchan con disculpa. —No quise decir eso, lo juro. La gente hace eso todo el tiempo. Solo supuse… —Sus ojos parpadean hacia mi sala de estar antes de que regresen a mí, como si acabara de notar lo que hacía.
Sí, me vendría bien el dinero. Pero no voy a sacar provecho de un trágico accidente automovilístico para conseguirlo.
—Lo siento. Fue estúpido sugerirlo. No sé lo porque lo hice. Creo que solo estoy acostumbrado a… —Entre dientes termina con—: esa clase de personas. —Luego suspira—. De cualquier forma, sigue siendo una buena idea hacer una entrevista. Mi publicista puede arreglarlo todo para ti. Y puedo estar ahí contigo, si quieres.
¿Sería mejor o peor para mis nervios tener a Emmett en un cuarto conmigo? Con un suspiro tembloroso, asiento. —Lo pensaré, pero esto de la televisión no es para mí. No me gusta tener el foco sobre mí. No quiero esa vida.
Sus labios se retuercen. —¿Te refieres a mi vida?
—Solo digo que no es para mí. Necesito las cosas simples para mí y para Brenna. —Mi instinto me dice que él y Mike tienen razón. Solo necesito superarlo y seguir adelante, ojalá sin humillarme a mí misma, o a mi hija, en el proceso.
Hablando de Brenna…
Miro al reloj analógico sobre mi antigua estufa verde aguacate —el propietario se rehúsa a reemplazar esa reliquia, arreglándola cada vez que intenta morir— para comprobar cuando tiempo tengo antes de que ella se despierte. Aún unas pocas horas. Pero si encuentra a Emmett aquí, nunca lograré que regrese a la cama.
Desafortunadamente, Emmett lo toma como una señal de que quiero que se vaya. —Probablemente debería regresar a Filadelfia. —Mi mesa gime en protesta cuando la usa para apoyarse y ponerse de pie.
—No. No pretendía… —Dejo que mis palabras se pierdan. ¿Qué voy a hacer? ¿Rogarle que se quede?—. No manejaste solo hasta acá, ¿verdad?
Se ríe entre dientes, dejándose caer lentamente en sus muletas.
—No. Tengo un chofer. Está esperando afuera con el Oficial Newton. —Se dirige a la puerta.
Me muevo más allá de él, intentando abrírsela.
—Espera.
La simple palabra es pronunciada en un suave susurro y aun así de alguna manera me hace saltar.
Emmett cojea hacia mí, su cara retorciéndose con dolor, hasta que está a unos pocos centímetros. Se eleva sobre mí, forzándome a echar mi cabeza hacia atrás. —Lo siento. No sé lo que esperaba cuando vine aquí, pero no te esperaba a ti y me puse nervioso.
—¿Estabas nervioso? —No puedo evitar la risa débil que escapa de mis labios.
Sus ojos vagan sobre mi cara. —No todos los días alguien salva tu vida. Y entonces te vi y… —Un suave suspiro escapa de sus labios—. En realidad, todavía no he dicho "gracias".
Me enfoco en su manzana de Adán. ¿Me vio y qué? —No es necesario.
—Claro que sí. He estado acostado en una cama de hospital la semana pasada, pensando en lo que diría cuando por fin te conociera, y aquí estoy ahora y aunque estoy hablando, me siento completamente sin palabras. —Se acerca para jugar con un mechón rebelde de mi cabello. Casi he olvidado mi apariencia desaliñada—. Y asombrado.
—¿Estás asombrado? —bufo, luego mis mejillas se calientan con vergüenza y alejo mi mirada al piso, porque acabo de bufar justo en frente de Emmett Mccarty.
—Habría muerto si no fuera por ti.
—Cualquiera habría hecho lo mismo.
—No. Eso no es verdad. Mucha gente no habría hecho lo mismo. Mucha gente le habría dado una mirada al carro y no se hubiera molestado. O habrían visto la primera llama y huido. —Su mano grande se enrosca gentil y completamente en mi bíceps, su toque calmando y acelerando mis palpitaciones—. Eres la mitad de mi tamaño, tienes una hija e hiciste lo imposible, y por eso, ahora estoy parado aquí.
Casi te dejé ahí.
No puedo quitarme la culpa. Alejo mi mirada para estudiar el viejo piso. Y sus zapatillas Nike azul marino. O más bien, su zapatilla, ya que su otro pie esta enyesado. —Solo me alegra que haya resultado.
Su mano se posa bajo mi barbilla, presionándola hasta que elevo mi cabeza.
Con un profundo y tembloroso aliento, me encuentro con los ojos de Emmett, rodeados de moretones oscuros, pero aun así, hermosos. Y ahora brillantes con humedad.
Una extraña e inesperada burbuja de calor se hincha en mi pecho ante este lado tan vulnerable de él.
Enganchando su brazo libre alrededor de mis hombros, me atrae torpemente hacia él, descansando su barbilla sobre mi cabeza.
A pesar de mi aprensión, no puedo evitarlo. Me derrito, mi mejilla contra su pecho firme, mis brazos deslizándose alrededor de su elegante cintura, hasta que escucho la inhalación aguda y asumo que lo estoy lastimando. Intento alejarme, pero su brazo se estrecha, apretándome contra él. Siento cada contorno suyo. Debe sentir lo mismo de mí.
Ruego silenciosamente que mi cabello no huela como el lote de pescado maltratado que Harry quemó en la cocina esta tarde. No tuve la precaución de ducharme después del trabajo.
Emmett no parece tener prisa por soltarme, así que cierro los ojos y me dejo disfrutar de su calor, perdiéndome en la fantasía de que esto es más que el abrazo de un hombre agradecido.
Un golpe suena en la puerta, un momento antes de que se abra.
Me alejo de inmediato justo cuando Mike y un tipo gigante y corpulento entran. Supongo que ese es el chofer, aunque podría pasar como un guardaespaldas.
—Tu madre acaba de llamarme —dice el hombre en un barítono profundo.
Emmett suspira. —¿Voy a suponer que ella es la razón por la que mi teléfono ha estado vibrando sin parar en mi bolsillo?
¿Ah sí? Nunca lo miró, ni una sola vez.
Una ligera sonrisa toca la cara del chofer. —No suena muy feliz. Dice que se suponía que tomarías tus píldoras hace dos horas.
—Sí. Estaba apurado en llegar aquí y me olvidé. Estoy empezando a arrepentirme. —Se encoge de dolor al volverse para mirarme—. Hablo en serio sobre arreglar la entrevista. Sácatelos de encima, Isabella.
Mi nombre está en su lengua otra vez. Mi cuerpo se estremece de emoción mientras le ofrezco una sonrisa tensa. —Ya veremos.
Él hace otro breve barrido visual alrededor de mi casa. —Hasta entonces, deberías pensar en quedarte con tu familia.
No es posible que lleve esto a la puerta de mis padres. Y me niego a ser expulsada de mi casa por esos idiotas. —Estaremos bien aquí. Ya hemos dibujado las líneas. No van a entrar. —Echo un vistazo a Mike para asegurarme—. ¿Verdad?
—No, no los veo haciendo eso. Pero me quedaré aquí esta noche y tengo a los chicos vigilando. Ella estará bien mientras permanezca tranquila —dice Mike.
Emmett asiente, le da una mirada curiosa antes de dirigirse a su guardaespaldas. —¿Qué tan rápido puede V.S.S. traer un cuerpo aquí? —Frunzo el ceño. ¿Un cuerpo? ¿Se refiere a un guardaespaldas?
—Dos horas —responde el grandote con esa voz retumbante—. Los llamaré ahora, si quieres.
—Sí. Por favor.
—¿Es esto realmente necesario?
—¿Por qué no sales a dar un paseo y lo ves tú misma? —me reta Mike, y la mirada en su cara me dice que eso es lo último que quiero hacer.
—Solo por unos días, hasta que la atención se apague —ofrece Emmett, con su voz suave. Casi suplicante—. Me sentiría mucho mejor. También mi familia.
Me imagino el frente de mi casita adornada con un hombre armado gigante con traje, y casi me río. Pero su preocupación por mí mantiene la diversión a raya. —¿Qué hará exactamente este hombre?
—Mantener fuera de la propiedad a la gente que no se supone que está aquí.
—Piensa en Brenna, Bella —me recuerda Mike, yendo directo a mi lugar débil.
—Si crees que es necesario. —Dudo—. Gracias. Solo Dios sabe lo que costará uno de esos tipos.
—Él vendrá a la puerta y se presentará dentro de las próximas dos horas. Enviaremos al Oficial Newton su nombre de antemano para que sepas a quién esperar.
—Está bien.
Emmett vacila. —¿Podría tener tu número? —Es una simple petición y, sin embargo, hay algo tímido y juvenil en la manera en la que pregunta.
Al igual que hay algo completamente vertiginoso y femenino en la forma en que mi corazón se agita cuando asiento y alcanzo el bloc de papel en la mesa lateral. Me las arreglo para garabatear mi número usando mi mano derecha lesionada —es descuidada pero legible— y luego se lo paso con cuidado, sintiendo los ojos de Mike en mí todo el tiempo.
Estoy tan envuelta en la presencia de Emmett que no escucho los pies desnudos moverse en el piso hasta que es demasiado tarde.
—¿Mami? —Brenna está de pie en el pasillo, usando su pijama rosa, parpadeando con sus ojos somnolientos al tiempo que trata de concentrarse en los hombres desconocidos en nuestra casa—. Aquí hay mucho ruido.
—Vuelve a la cama. Estaré allí en un segundo —susurro, tratando de alcanzarla antes de que se despierte completamente.
—¿Qué le sucedió a su pierna? —Señala el yeso de Emmett, ignorándome completamente.
—Se rompió —responde Emmett con una sonrisa, observando su carita.
—¿Cómo?
—En un accidente de auto.
Ella frunce el ceño. —Últimamente ha habido muchos accidentes automovilísticos por aquí.
No puedo evitar reír. Tiene demasiado sueño para conectar los puntos.
—Vale. Vamos, mequetrefe. —Mike la gira por los hombros—. Di buenas noches, Brenna.
—Buenas noches, Brenna —imita, riéndose todo el camino hasta mi habitación porque piensa que está siendo listilla.
Cuando me vuelvo, Emmett me mira extrañamente.
—¿Qué?
Sacude la cabeza. —Nada. Ten una buena noche.
¿Debemos decir adiós? ¿Lo volveré a ver?
Con una última mirada por encima de su hombro hacia mí, Emmett lucha por la puerta principal con sus muletas. Giro el cerrojo y luego corro hacia la ventana para mirarlo bajar los escalones con gran dificultad. Nunca he usado muletas, pero no parecen fáciles de manejar en el mejor de los días.
Las luces parpadean desde el aparcamiento de Rawley mientras se dirige hacia el coche. Fotógrafos que se han vuelto a poner de pie.
Unos minutos más tarde, la camioneta se aleja.
—¿Y?
La voz de Mike me sorprende. No lo esperaba tan rápido, pero por supuesto Brenna fue directamente a dormir para él. —¿Y?
—Te sentaste en la mesa con Emmett Mccarty. ¿Cómo te sientes?
No podría haber empezado a describir lo que siento ahora mismo, aunque quisiera. Pero no quiero, menos a Mike. Recojo el mando para ver las noticias, curiosa por saber lo que están diciendo.
La parte delantera de mi casita de alquiler de madera blanca está en la pantalla, con Mike parado en mi puerta y Emmett cojeando en los escalones delanteros con muletas, y una leyenda debajo que dice: "Emmett Mccarty visita a Isabella Swan en su casa".
Una ola de conmoción me invade. No dormiré esta noche.
Mike toma el mando a distancia de mi mano y, apagándolo, lo lanza a la mesa de café. —¿Jugamos Gin rummy?
—Bien, pero soy una inválida, recuérdalo.
Saca el mazo de cartas del cajón de la mesa lateral. —Fácil de vencer. Cómo me gusta.
Inhalo el perfume del champú de Brenna: fresas y crema, en tanto duerme profundamente con su espalda hacia mí, recalentando con su cuerpito caliente el mío. Pero todavía no me separo de ella, contenta de tenerla cerca de mí en la oscuridad mientras permanezco despierta y reflexionando sobre la sorpresiva visita de Emmett esta noche. Me ha distraído bastante del hecho de que mi ropa sucia se esté transmitiendo a través de la televisión nacional.
Por primera vez desde el accidente, lo único que puedo pensar es en él.
En sus hermosos ojos azules y su sonrisa cálida y genuina.
En lo aliviada que estoy de que va a estar bien.
En lo mucho que disfruté mi breve tiempo con él, tan impactante y abrumador como fue.
En cómo se sintió tener su brazo fuerte envuelto alrededor de mi cuerpo.
En cómo se sentiría tenerlo abrazándome, no porque soy la mujer que lo salvó, sino simplemente porque él lo deseaba.
Cuando por fin me duermo, me deleito en esa fantasía imposible.
Finalmente nuestros protagonistas estuvieron cara a cara, que les parecio? Qué creen que sucedera ahora?
A este punto me falta adaptar solo 3 capitulos para tener todas la historia completa, por lo que si todo va bien, seguire subiendo diario
Espero que lo disfrutaran, nos leemos.
