XVII
Hermione saltó en su asiento cuando escuchó por segunda vez la voz de McGonagall llamándola. Se bajó la manga de la túnica y se puso en pie de un salto con las palabras formadas en su boca «Le juro que puedo explicarlo» aunque en realidad no podía. No tenía idea de qué rayos sucedía y por qué la marca tenebrosa estaba apareciendo en su piel en medio de la clase de Transformaciones.
"Directora, yo..." Contestó con la voz temblorosa.
"Acompañe al señor Malfoy a la enfermería" Ordenó la mujer mirándola una sola vez y volviendo a centrar su atención en el muchacho que se retorcía en su asiento.
La chica abrió los ojos y estuvo tentada de soltar la mandíbula pero aprovechó que la bruja no le puso atención y casi corrió hasta Malfoy, lo tomó suavemente del brazo y lo estiró un poco para que se levantara ante la atenta mirada de toda la clase, especialmente de sus ex amigos. Intentó ignorar las dagas que le enviaban e hizo fuerza para que el rubio la acompañara a la puerta.
Una vez en el pasillo, Malfoy se soltó de ella y dió un par de vueltas en su lugar soltando improperios.
Hermione se alejó respirando hondo y lo ignoró, concentrándose en su propio problema. Volvió a levantar la manga de su túnica y se examinó el brazo mientras apretaba los dientes. Le ardía muchísimo, era como si estuvieran quemándola con un hierro caliente.
Sintió que Malfoy se acercaba y por instinto apartó el brazo. Él levantó una ceja cuando lo notó, parecía que el dolor de él había disminuido aunque aún respiraba agitadamente y tenía el cabello completamente despeinado.
"¿Qué te sucede?" Preguntó el muchacho.
Hermione se debatió internamente en contarle o callar. Finalmente pensó que si era algo que él también tenía, al menos podría encontrarle explicación. Se levantó la manga y le mostró el brazo. El chico la tomó de la muñeca para examinarla y cuando vió de qué se trataba jadeó con sorpresa.
"¿Cómo rayos sucedió?" Susurró hipnotizado por el movimiento de la serpiente en la piel blanca de la chica.
Hermione levantó los hombros. Malfoy la miró, vió sus labios apretados haciendo fuerza para soportar el dolor, y sus ojos brillantes cargados con lágrimas que no caían.
"Vamos a la torre" Le susurró él. "Tengo un ungüento que puede servir".
La chica asintió y se pusieron en marcha hasta su sala común, ignorando por completo la orden de McGonagall de ir a la enfermería. Era obvio que ella sabía que lo que a Malfoy le sucedía no era algo que Madame Pomfrey pudiera solucionar.
Una vez en su torre, ella tomó asiento en uno de los sillones de la sala mientras él iba a su habitación a buscar lo que necesitaba. Cuando regresó se sentó a su lado, traía un ungüento de color gris blanquecino, algunas vendas y una caja de rana de chocolate. La chica observó con curiosidad y se dejó hacer cuando él le extendió el brazo.
"Es una crema que preparó mi madre" Le contó mientras se untaba los dedos en el ungüento y luego esparcía suavemente sobre su piel. Hermione jadeó ante la sensación. "Fue lo único que logró apaciguar el dolor cuando me hicieron la marca".
"¿Te dolió mucho?" Preguntó ella observando cómo él cubría toda la quemadura con mucha concentración.
"Nunca nada me dolió más" Confesó el rubio. "Tuve como 40° de fiebre esa noche y en un momento el dolor hizo que perdiera la conciencia".
"Oh" Dijo la chica. "Entonces lo mío es muy leve. ¿Qué crees que sea?".
El muchacho no contestó de inmediato. Se dedicó a envolver su brazo con una venda de gasa, dió tres vueltas y no apretó demasiado, cosa que ella agradeció.
"Tal vez el Señor Oscuro ya sabe que mi tía Bella te encontró y te llamó. Al ser su hija podrías tener una conexión". Finalizó el vendaje con magia y luego le pasó la rana de chocolate. "Cómetela, no disminuirá el dolor pero necesitas azúcar para soportarlo".
Hermione arrugó la nariz mientras abría la caja de chocolate. "Lo del Señor Oscuro no tiene sentido. ¿No me habría llamado antes?".
"Él no sabía de tu existencia. Bellatrix te escondió por temor a que él te asesinara".
La bruja frunció el ceño. No le gustaba esa posibilidad. Se suponía que ella era hija de Rodolphus o del amor de verano de Bellatrix. Ella misma dudaba que fuera hija de Voldemort y se encargaba en cada texto de dejar muy claro su temor si él sabía que ella lo había traicionado.
"Ella no estaba segura de que él pudiera ser el padre".
"Pero era una posibilidad, ¿No?" Preguntó el chico.
Hermione apretó los labios. Ella no podía ser hija de Voldemort. ¿Pero cómo explicaría la marca en su brazo? Obviamente la ocultaría siempre. ¿Sería permanente? Se miró la venda blanca que cubría completamente la herida. ¿Podía confiar en Bellatrix para preguntarle qué había sido eso?
"También podría ser un eco" Murmuró Malfoy de repente.
Ella abrió mucho los ojos. "¿A qué te refieres?".
"Compartimos toda esta afinidad, nos hemos tomado de las manos y dejado que nuestra magia se mezcle mientras él estaba llamando a los mortífagos, en el aula de Historia ayer".
La chica lo pensó. ¿Podría ser posible?
"¿No crees que si fuera un eco, debía formarse en el momento en que nos dimos la mano?".
El mago se rascó la cabeza. "Realmente no lo sé. Lo que sí sé es que debes ocultar eso porque te dará miles de problemas si alguien llega a verlo".
Hermione asintió, sabía eso. No existía explicación alguna que fuera aceptable si alguien se enteraba que ella tenía la marca tenebrosa en su brazo. ¿Eso la convertía en una mortífago ahora? No le gustaba para nada esa idea.
Tal como le había dicho a Malfoy el día anterior, esa tarde fueron al bosque prohibido luego de clases, el sol ya no brillaba tan fuerte en el cielo y se estaba preparando para el ocaso. Hermione no sabía bien qué hacía más allá de tener la teoría aprendida de cómo quitarle las púas a un puercoespín. Confiaba en que no fuera un intento patético una vez que tuviera al animalito frente a ella, pero ni siquiera sabía donde encontrarlo.
"¿Qué estamos buscando exactamente?" Preguntó él cuando pasaron por el mismo árbol por tercera vez.
La chica se frotó los ojos en señal de cansancio. Llevaban unos buenos quince minutos caminando por el bosque. "Púas de puercoespín".
El chico levantó ambas cejas. "¿Y por qué estamos caminando en círculos?".
"Porque no sé donde hallar un puercoespín". Murmuró ella con el ceño fruncido.
Malfoy rió suavemente y ella quiso lanzarle un hechizo.
"¿No crees que sea mejor comprar las púas en Hogsmeade el sábado? Esos animales son algo peligrosos, si nos atacan posiblemente terminemos en San Mungo".
"¡Pero te prometí las púas!" Exclamó ella haciendo un pequeño berrinche y levantando polvo con los pies.
"Y yo puedo esperar al sábado. Vamos Granger, tengo hambre".
Sin esperar a que ella lo siguiera, él se puso en camino al castillo nuevamente. Hermione suspiró. Él tenía razón, y ella era una tonta por esperar tontamente que algo quizás tal vez sucediera en el bosque mientras estaban solos.
En los siguientes días la marca en el brazo no volvió a dolerle más allá de lo normal de una herida de quemadura y siempre la mantenía vendada y oculta. La semana pasó lenta y ella no podía dejar de revisar el libro de los Black donde le había escrito a Bellatrix diciéndole que aceptaba verla en Hogsmeade. La bruja no le había respondido y ella no tenía manera de saber si la había leído o no.
Se pasó los días leyendo las memorias de su madre biológica, así descubrió que Bellatrix se enteró al sexto mes que estaba esperando mellizos, una niña y un varón, pero solamente lo sabían su hermana Narcissa y ella misma ya que temían que el Señor Oscuro no aceptase haber tenido una mujer. En ese tiempo Bellatrix ideó varios planes de fuga y los detalló cada uno en sus textos, pero al final no se animó a cumplir ninguno y todo quedó, como ella misma escribió, en desvaríos emocionales sin lógica. También tuvo nuevas pistas de su amante secreto, su nombre era Frank y ella nunca mencionaba el apellido, tenía 19 años y acababa de salir de Hogwarts, su casa era Gryffindor y estaba profundamente enamorado de ella como ella de él pero su relación era completamente imposible ya que él no seguía los ideales de Voldemort y además ella estaba casada con Rodolphus.
Hermione no había leído mucho más porque era semana de pruebas sumativas y también debía dedicarle tiempo a estudiar, así que solo leía una nueva entrada cada vez que acababa con alguna materia.
La convivencia con Malfoy había resultado ser muy pacífica y agradable. El chico era educado, no habían peleado ni se habían insultado en ningún momento. Él siempre se bañaba antes que ella por las noches y luego que ella por las mañanas. Si ella preparaba té él nunca rechazaba una taza, y cuando lo preparaba él siempre le decía que había hecho té para dos. No era un joven verborrágico así que cuando compartían espacio solían disfrutar de la silenciosa compañía del otro.
Pero no todo había sido miel sobre hojuelas, ella iba cayendo en picada por él y aquello la asustaba en sobremanera. No podía dejar de mirarlo cada vez que salía del baño con el pelo mojado y revuelto, y las mejillas rosadas por el agua caliente. Le gustaba verlo concentrado en un libro y su voz rasposa por las mañanas hacía que se le erizara la piel y un cosquilleo suave bajara por su vientre. Fantaseaba con perderse en su cuerpo todas las noches, lo imaginaba besándola hasta el hartazgo y una noche hasta lo había pensado sin ropa. Sabía que era completamente inoportuno e inmoral, él era su primo, compartían sangre. Ella no podía tener ese tipo de pensamientos por un miembro tan cercano de su familia.
No era ninguna tonta ni tampoco estaba ciega. Había notado que de la misma forma en que ella lo miraba a él, él lo hacía con ella. Lo había descubierto mirándole fijamente la boca cuando ella mordisqueaba su lapiz mientras hacía su tarea. Podía sentir sus ojos clavados en su espalda -o en su trasero- cuando se alejaba. Él ejercía la retirada cada vez que la tensión era muy pesada. Hermione se sentía poderosa, le gustaba que él perdiera los ojos por ella cuando la veía en pijama. Generalmente usaba pantalones y una remera enorme muy vieja que había sido de su padre, pero últimamente le gustaba llevar pantalones cortos y remeras que dejaban su ombligo a la vista. Mentiría si dijera que el cambio no tenía que ver con la cara de degenerado que se le ponía a Malfoy cada vez que la veía.
No se habían vuelto a besar desde que se ocultaron en el aula de Historia de la Magia. Pero no habían faltado oportunidades. A mitad de semana, la tensión se apoderó de ellos cuando ambos estaban ocupando la cocina preparándose cada uno un sandwich para merendar. Hablando de tipos de lechuga y la mejor estación para cultivar tomates, en un momento sus ojos se cruzaron y una chispa estalló entre ambos, ella le miró la boca y él se la miró a ella. Hermione estaba segura de que si él no carraspeaba y se alejaba para cortar el momento, ella podía haber saltado sobre él para comerle la boca.
Compartían un té por las mañanas, luego iban a desayunar cada uno en su mesa como si no se conocieran. Ella almorzaba en el Gran Comedor donde él nunca aparecía luego del desayuno, y finalmente cenaban juntos en la torre. Habían adoptado una rutina casi sin darse cuenta. Hablaban de varios temas mientras cenaban, desde pociones, experiencias personales, momentos con sus padres, ella le hablaba del mundo muggle y él se mostraba cordialmente interesado, mientras que Malfoy le hablaba de la vida de los sangrepura o los ritos de iniciación para recibir la marca, anécdotas familiares o a veces hablaban de las clases. Le encantaba escucharlo, podía pasarse horas solo oyendo cómo explicaba una cosa o ver cómo movía las manos cuando algo lo apasionaba, como las pociones. A ella también le gustaba hablar y disfrutaba aún más cuando tenían diferentes puntos de vista y se creaban debates que podían terminar a las dos de la mañana.
Por supuesto que su vida idílica en la torre de Premios Anuales había traído consecuencias a su vida social. Sus ex amigos se habían mostrado absolutamente ofendidos cuando ella les afirmó que se había mudado a la torre con Malfoy. Harry había hecho explotar un vaso en medio del desayuno en el Gran Comedor y Seamus quien se sentaba a dos asientos de distancia había salido herido en el rostro a causa de la explosión. Ron le había retirado la palabra luego de haberla insultado diciéndole que no era más que una estúpida niña tonta que fraternizaba con el enemigo. Harry ni siquiera la miraba cuando se cruzaban en los pasillos y ella estaba agradecida por eso porque ella tampoco podía mirarlo sin recordar sus palabras en el Bosque Prohibido entregando a sus padres y el posterior titular de El Profeta con los mismos asesinados.
Ginny había sido arena de otro costal. Se había acercado a hablarle amablemente, o al menos su conversación había iniciado de esa manera para luego terminar diciéndole que Ron tenía razón, no era más que una tonta que estaba creyendo que Malfoy podría fijarse alguna vez en alguien tan poco agraciada como ella.
Hermione se había excusado con el chico esa noche al volver a su sala común y le había dicho que no cenaría. Lo único que quería era estar sola.
"¿Por qué? ¿Qué rayos te sucede? ¿Estás llorando?".
Tenía toda la intención de contestar un «métete en tus propios asuntos Malfoy», pero no había tenido el valor de romper lo que parecía ser una relación confusa y débil. Así que se lo había contado, no con todos los detalles donde Ginny lo llamaba «hurón botador» y «maldito mortífago asesino» por supuesto.
"¿En serio vas a creer lo que una maldita comadreja te diga?" Había respondido él con los puños apretados. "¿Crees que entiende algo sobre relaciones o amor? ¡Se pasa tras Potter quien no le da ni la hora! Y como no puede conseguirlo se acuesta con el primero que tenga algo colgando entre las piernas".
Ella podía haberse indignado con la última frase del chico pero realmente había dejado de escuchar cuando él dijo «relaciones o amor».
¿Amor? Amor.
"¿Amor?" Se había atrevido a preguntar.
"¿Qué?" Contestó él.
"Dijiste amor, relaciones o amor, que Ginny no podría entender nada sobre relaciones o amor".
"¿Amor?" Volvió a repetir el chico. "¿Qué dices Granger? Yo jamás dije amor".
Hermione podía haber insistido, podía haber discutido con él, incluso podía haberle pedido prestado su pensadero para mostrarle lo que habia dicho, pero optó por callar. No quería forzar algo que era obvio que a él se le había escapado y no estaba listo o no quería decir.
Al final sí lo acompañó a la cocina y cenaron juntos sin romper la rutina. A la mañana siguiente en el Gran Comedor, todo quedó en silencio en el desayuno cuando Ginny entró con el cabello de color verde lima, tan brillante y llamativo como una manzana fluorescente en una habitación oscura. Ella no había podido aguantar la risa y fue la primera en dejar escapar una carcajada que dió pie a las risas histéricas del resto del alumnado. Cuando buscó a Malfoy con la mirada lo encontró muy concentrado en su plato de avena sin mirar a nadie más, con una pequeña sonrisa que no ocultaba su crimen.
"¿Estás loco Malfoy?" Lo increpó camino a Pociones. "¡Estás bajo vigilancia del Ministerio! ¡No puedes ir por ahí haciendo travesuras!".
"No tengo idea de qué me estás hablando, Granger". Le dijo él con suma tranquilidad.
"¿No?" Preguntó ella cruzándose de brazos y cerrándole el paso. "¿Ginny Weasley con el cabello verde? ¿Me vas a decir que no lo hiciste tú?".
Él levantó ambas manos en actitud de defensa. "Por supuesto que no lo hice yo".
Ella arrugó el ceño y comenzó a pensar en quién más había sido molestado por Ginny últimamente, tal vez alguna chica que estuviera interesada en Harry o quizás...
"Pero jamás subestimes el poder del dinero en un niño de tercer año" Susurró él pasando por su lado.
"¡Malfoy!" Lo reprendió caminando a su altura. "¡Estás loco! ¡Podrían expulsarte! ¿Por qué lo hiciste?".
Él la miró fijamente con los ojos entrecerrados. "Sabes por qué".
Ella parpadeó en confusión. ¿Sabía por qué? ¿Realmente lo sabía? Las palabras «relaciones y amor» inundaron su mente en un instante pero se obligó a desecharlas. Ni en sus mejores sueños Malfoy podría estar enamorado de ella. Además todo se resumía a otra palabra que se había vuelto bastante común en las últimas semanas. «Familia».
Finalmente luego de una lenta semana, el sábado había llegado. Con sus padres muertos, quien se encargaba de sus permisos para salir a Hogsmeade era la misma directora, quien le había aconsejado ir y tener vigilado a Malfoy ya que el Ministerio había permitido que saliera bajo vigilancia.
Ella había abierto el libro de los Black unas cuarenta veces la tarde del viernes y la mañana del sábado, pero todo seguía igual y no había tenido respuesta de Bellatrix a su confirmación de verse en el pueblo. Miles de posibilidades se le cruzaron por la mente, desde que ella había perdido el interés y no le interesaba más aunque fuera su hija perdida, o incluso que le hubiera sucedido algo en las misiones a las que Voldemort enviaba a sus mortífagos, según los relatos de Malfoy.
"Por Salazar, Granger" Se había quejado él esa mañana mientras tomaban su té habitual. "Vas a gastar el maldito libro si sigues revisándolo".
"¡Es que no me responde!" Dijo ella frotándose la cara. "¿Crees que pudo pasarle algo?".
Él desestimó la idea con un movimiento de mano. "La tía Bella es una duelista excelente, no es posible que le haya sucedido nada malo. Lo que sí es posible es que el señor Oscuro la haya mandado fuera del país para reclutar más mortífagos".
Hermione suspiró. "¿Qué tal si no es eso sino que ya perdió el interés en mí?".
Malfoy levantó una ceja ante la declaración de inseguridad de la muchacha. Levantó el brazo y posó los dedos suavemente en la mejilla de ella. Hermione pudo sentir cómo se le calentaba la piel con el toque del chico.
"¿Quién podría perder el interés en ti? Eres una criatura fascinante. Sería imposible no...".
Hermione detuvo su respiración. Él la miraba con tanta intensidad que ella podía sentir sus ojos excarvando su alma. "¿Qué sería imposible?" Susurró ella con la voz entrecortada.
Él se acercó un poco más invadiendo completamente su espacio personal. La miró alternadamente a los ojos y a la boca. "Sería imposible no caer irremediablemente enamorado de ti" Susurró tan despacio que ella apenas pudo comprender.
Las mariposas en su estómago revolotearon de alegría al oír aquello. Estaban tan cerca que sería solo acortar diez centímetros para poder besarlo. Se sentía en éxtasis, casi mareada, inundada de adrenalina y dopamina.
El debió haber pensado lo mismo porque se acercó aún más, dejando casi nada de espacio entre ambos. Cerró los ojos y le rozó los labios con los suyos. Ella gimió un poco ante el contacto y el placer de al fin satisfacer sus deseos de toda la semana.
Pero ese pequeño sonido rompió la burbuja y pareció devolverle la cordura a él quien abrió los ojos y se separó de ella. "Familia" susurró, posteriormente se levantó para limpiar su taza y no volvió a salir de su habitación hasta la hora de ir al pueblo, donde solo preguntó "¿Vamos?" para luego caminar con ella.
Hermione tenía la cabeza y los sentimientos revueltos. Mientras emprendía la silenciosa caminata hacia Hogsmeade pensaba en el chico que caminaba tranquilamente a su lado con las manos metidas en los bolsillos. ¿Podría él estar enamorado de ella? Le dió un breve vistazo y su estómago nuevamente reaccionó ante su presencia. Contrario a lo que lógicamente hubiera sucedido con los días, ella aún no terminaba de acostumbrarse a tenerlo tan cerca. Cada vez que recordaba que él estaba en la misma habitación o a menos de dos metros de ella, todo su organismo se revolucionaba, su presión sanguínea se elevaba y los latidos de su corazón se hacían más rapidos.
"¿Qué quieres hacer?" Preguntó él.
«Besarte hasta que me duelan los labios» Pensó ella. "Podríamos buscar las púas de puercoespín en la botica".
"Bien" Respondió él.
Caminaron nuevamente en silencio hasta la tienda. Los alumnos que los veían pasar se quedaban mirándolos con curiosidad. Era de público conocimiento que la princesa de Gryffindor era guardiana del príncipe de Slytherin, pero no creían que el puesto sería extendido hasta fuera del colegio.
«La botica de Anthony» no era la única tienda en el pueblo que vendía artículos e ingrediente para pociones, pero Malfoy se había dirigido allí y ella simplemente lo había seguido sin preguntar a qué tienda iban. Estaba un poco retirada de las calles que ella conocía pero él parecía saber bien cómo manejarse.
La tienda tenía un gran cuervo de barro sobre la puerta de entrada que chillaba cada vez que un cliente ingresaba, Hermione pensó en ello como una alternativa mágica al timbre muggle. Adentro, habían decenas de estantes con miles de cajas, frascos de vidrios, grandes peceras donde cultivaban algas, también tenían animales disecados y la iluminación no era la más buena, las velas apenas alumbraban el lugar y si uno tomara una foto podría tratarse de las más tétricas de la historia.
"¡Joven Malfoy!" Saludó el encargado que Hermione supuso era Anthony.
"Buenos días Anthony" Saludó Malfoy pasándole la mano al pequeño hombre que no debía medir más de un metro y medio. Hermione se soprendió ante la amabilidad del chico.
"¿En qué puedo servirles jóvenes?" Preguntó el hombre luego de saludar también a la bruja.
"Buscamos púas de puercoespín" Le dijo el rubio.
El hombre aplaudió entusiasmado ante el pedido y a Hermione le recordó al profesor Slughorn. "¡Tengo de la mejor variedad!" Exclamó saliendo de atrás del mostrador y caminando rápidamente con pasos cortos hasta un estante bastante alejado.
La chica se acercó más a Malfoy y susurró. "¿Sueles venir seguido?".
El chico también se acercó a ella cerrando aún más la distancia y contestó. "Venía siempre con mi padrino".
"¿El profesor Snape?" Preguntó ella. Él asintió.
Mientras esperaban a que Anthony trajera las cajas, Malfoy dió un paso más cerca de ella como quien no quiere, ella lo notó y también movió lentamente los pies para que no hubiera espacio entre ambos. Sus manos se rozaron y fue él quien inició el contacto, suavemente entrelazó dos de sus dedos con los de ella. Hermione pensó que podría desmayarse allí mismo aunque ya se hubieran tomado de las manos anteriormente, siempre su cuerpo entero era una fiesta cuando él la tocaba. Ella se atrevió a más y lo tomó correctamente de la mano.
Ambos sintieron como la magia fluía cálida y suave por sus venas y se mezclaban. Era una sensación bastante extraña a la que aún no se habían acostumbrado pero también era muy placentera. La chica tenía la teoria de que era de los más intimo que podía suceder entre dos magos, estaban compartiendo magia pura. Él tenía un poco de ella en sus venas y ella tenía un poco de él.
El hombre de la tienda regresó un momento después. Colocó sobre la mesa cinco cajas diferentes del tamaño de una caja grande de zapatos.
"Tengo la mejor selección de púas de puercoespín" Anunció abriendo todas las cajas. "Estas son de puercoespín crestado, habitan en África y parte de Europa, son realmente buenas para pociones sanadoras".
Le tendió una púa a Hermione. La chica la tomó entre sus dedos pero no había mucho que ver. Esperaba que Malfoy simplemente callara al hombre por su falta de paciencia, recordando su interacción en Borgin & Burkes que ella había presenciado el año pasado.
Ella le pasó la púa al rubio quien también la examinó y volvió a dejarla en la caja.
"Esta es de puercoespín arborícola, es oriundo de América del Sur. Es de naturaleza tranquila por lo que es muy efectiva para pociones de sueño y filtros de paz".
Hermione tomó la nueva púa y con la mano que tenía enlazada a la de Malfoy le dió un pequeño apretón para indicarle que esa era la que necesitaban. El chico tomó la púa de manos de ella y le dió un par de vueltas.
"Son bastante más largas y gruesas" Comentó.
"¡Lo son!" Exclamó el vendedor. Hermione quiso reír ante su entusiasmo, sintió que el rubio le apretaba la mano y al mirarlo vió una amago de sonrisa en su rostro. Que pensaran lo mismo y lo compartieran como un chiste privado hacía que una calidez extraña se albergara en el pecho de ella. Por Merlín, ese chico le gustaba mucho.
El vendedor siguió explicando sobre púas y puercoespines, les ofreció unas de animales de China, otras de raza marina, hasta púas de erizos de mar. Tanto ella como Malfoy sabían qué iban a llevar por más que el hombre les mostrara toda su vasta colección, solamente no lo decían para no romper el momento que estaban teniendo. Luego tendrían que salir a la calle a fingir que no se gustaban y que solo estaban caminando juntos por obligación.
Finalmente luego de que el pobre vendedor explicara las propiedades y diferencias de cada una, Malfoy dijo que se llevaban las púas de puercoespín arborícola. El hombre pesó las púas y las puso en una bolsa con bastante parsimonia. Si hubiera sido cualquier otro día, Hermione estaría al borde del colapso por la lentitud con la que el hombre trabajaba. Pero esta vez agradecía que los retrasara así ella podía seguir disfrutando del dedo de Malfoy haciendo círculos en el dorso de su mano.
Cuando estaban por pagar, el cuervo de la entrada chilló anunciando a nuevos clientes. Hermione volteó por instinto y se encontró con la mirada helada de Harry y Ron quienes la observaban con el ceño fruncido. Se soltó del rubio inmediatamente pero los ojos de ambos ya habían volado a sus manos unidas apenas habían entrado.
Ella estaba tentada de preguntar qué hacían allí pero el pueblo era un lugar libre y ellos podían andar como quisieran y por donde quisieran sin ningún problema, pero era demasiada coincidencia que justo ese día visitaban la misma tienda que ella y de la cual estaba segura que ellos no tenían idea que existía. ¿La habían seguido?
"Son dos galeones" Les dijo el vendedor haciendo que ella volviera a prestarle atención.
"Sí, muy bien" Contestó ella buscando en su bolsito de cuentas. Pero Malfoy puso una mano sobre la de ella y negó con la cabeza.
"Ya me encargo yo" Susurró. Se metió la mano en el bolsillo y le dió los galeones al hombre que nuevamente aplaudió entusiasmado y les dió su pequeña bolsita con púas.
Hermione tragó grueso cuando se giró y vió que sus ex amigos estaban fulminándola con la mirada y no sacaban los ojos de la mano de Malfoy que seguía sobre la de ella.
"¡Que tengan un buen día!" Exclamó el vendedor despidiéndolos. "¿Cómo puedo ayudarlos chicos? ¿Qué necesitan?" Preguntó amablemente a los gryffindor.
Hermione se apresuró a la salida con Malfoy a su lado, él ni siquiera les dirigió la mirada y ella simplemente miró al suelo cuando pasó a su lado.
"Estamos buscando el antídoto de la amortentia" Dijo Harry con la voz clara y sin mirar al vendedor.
"Sí" Acompañó Ron vociferando. "Creemos que una amiga fue hechizada con poción de amor y se está comportando realmente mal a causa de eso".
"¡Oh!" Exclamó Anthony, el dueño del local. "¡Es normal cuando le suministran la poción de amor a alguien. Pero no se preocupen, tengo varios antídotos que..."
Dejó de escucharlo cuando Malfoy cerró la puerta tras de sí. Nuevamente estaban en la calle y se habían salvado de una confrontación indudable.
"Qué estúpidos son los gryffindor" Siseó el chico mientras caminaban a ningún lugar en especial.
"¡Hey!" Se quejó ella.
El mago rodó los ojos. "Tú no eres una gryffindor. Te engañaron".
"Pero no actúo como una slytherin" Suspiró la chica.
Él bufó. "¿Crees que no? ¿Qué piensas que haría un gryffindor al enterarse que sus mejores amigos vendieron a sus padres por información y terminaron asesinados?".
A ella se le revolvió el estómago. Alzó los hombros para no contestar.
"Un gryffindor iría a encararlos y retarlos a un duelo. Dos contra uno incluso, aunque tuviera todas las de perder. En cambio un slytherin idearía un plan mientras hace como si todo siguiera igual y en el momento más inesperado se vengaría. ¿Qué estás haciendo tú?".
Hermione suspiró. "Si al menos supiera cómo puedo vengarme".
"Lo pensaremos juntos" Le dijo él.
La chica asintió con una pequeña sonrisa, le gustaba que él se metiera en el saco.
Sin saber a dónde ir llegaron a la plaza principal de Hogsmeade. La mayoría de los que ocupaban el espacio eran estudiantes. Había bancos para sentarse y hasta juegos para niños. Hermione los dirigió hasta un banco donde se dejó caer. Malfoy se sentó a su lado.
El banco era grande y espacioso, podían sentarse sin invadir el espacio del otro sin problema, pero ellos habían decidido sentarse muy juntos, casi imitando a las parejitas en los demás bancos repartidos por la plaza que estaban pegados el uno al otro sin importarles que a los demás les incomoden sus muestras de afecto.
Malfoy estiró el brazo detrás de ella y le tocó el hombro con la punta de los dedos, caricias suaves que hacían que pequeñas corrientes eléctricas se dispararan por su cuerpo.
"Pensé que serías esa clase de chicos que fingen un bostezo cuando están a mitad de la película en el cine para abrazar a la chica". Comentó ella.
Él levantó una ceja. "¿Se supone que debo entender lo que acabas de decir?".
Ella rió. "Hay mucha referencia muggle, lo siento. Decía que pensé que usarías técnicas absurdas para abrazarme".
Malfoy bufó. "No necesito técnicas absurdas para eso" Le aclaró. "Además no te estoy abrazando. Si te abrazara haría esto". Seguidamente colocó el brazo sobre los hombros de ella y la acercó completamente a él.
Hermione rió como una niña pequeña ante el gesto y aprovechó para inhalar el aroma de Malfoy ya que él la había hecho bajar la cabeza hasta su pecho en su demostración de abrazo.
Ella levantó la vista y se encontró con un par de ojos grises que la miraban intensamente y hacían que su interior ardiera en deseos.
"Podría devorarte la boca en este mismo instante" Le susurró él sin dejar de mirarla.
A ella se le detuvo el corazón. Por Merlín bendito.
"¿Qué estás esperando para hacerlo?" Le dijo sintiéndose envalentonada.
Él le sacó un rizo rebelde de la cara y se acercó un poco más para susurrarle al oído. "Estamos en una plaza pública. Tus amiguitos están a menos de diez metros observándonos. Además eres mi prima".
Hermione reaccionó ante la mención de Harry y Ron y se separó un poco de Malfoy para buscar dónde estaban. Los encontró en la acera de enfrente sentados con los brazos cruzados mirándolos como si el slytherin y ella fueran estiercol. Pero también llamó su atención una mujer que estaba apoyada en un farol a tres metros del par de gryffindors. Vestía un traje de oficina y tenía el cabello negro y rizado.
Hermione le dió un codazo a Malfoy. "¿Crees que sea Bellatrix?".
El chico hizo lo mismo que ella antes, buscó con la mirada por todos lados y se encontró con la mujer que estaba recostada mirando al horizonte.
Frunció el ceño. "Tal vez sí lo sea".
"¿Crees que ya nos vió? ¿Debería acercarme? Tal vez debería alejarla de Harry".
"¿Por qué harías eso?" Preguntó él.
"¡Es Bellatrix!" Le dijo ella como si fuera obvio. "Ya sé que es mi madre pero sigue siendo seguidora del que no debe ser nombrado. Harry está allí mismo. ¿Sabes lo que significaría que ella lo lleve ante él? Si lo mata será nuestro fin, perderemos la guerr..."
"Muy bien. Respira" Le ordenó él. "Respira Granger".
La chica tomó una gran bocanada de aire.
"Muy bien" Murmuró él. "Quizás sea mejor que volviéramos al castillo, así San Potter y la comadreja que al parecer nos están siguiendo resguardan sus traseros".
Ella asintió. Eso sería mejor. Se levantaron y emprendieron la marcha de regreso al colegio. No era tan lejos para llegar a los límites de la ciudad, tardarían unos veinte minutos. También podían tomar uno de los carruajes que le dejaran en la puerta de Hogwarts pero el hombre que los rentaba no estaba en su puesto cuando lo buscaron.
Estaban a finales de octubre y ya estaba empezando a soplar un poco de viento frío. Ella había ido vestida con jeans muggles y una blusa de mangas largas que no era nada resistente a los vientos. Malfoy le puso sobre los hombros su abrigo cuando ella empezó a frotarse los brazos y castañear un poco.
A mitad de camino se fijó que Harry y Ron los seguían a una distancia considerable. Estaban bastante lejos de ellos, tal vez por la seguridad de que ya se dirigían de vuelta a la escuela.
Cuando estaban por cruzar el puente en el límite del pueblo, el sonido de una aparición justo en frente de ellos y Bellatrix emergiendo de la nada hizo que ambos jadearan en sorpresa. La mujer estaba completamente despeinada y pálida, como si acabara de correr un maratón, desechando así la teoría de que era la mujer en la plaza. Los miró con los ojos enormemente abiertos y se acercó corriendo.
"¡Tienen que irse!" Les dijo hablando muy rápido. "Él ya viene, viene por ambos. Deben mantenerse seguros".
Hablaba tan rápido que Hermione tuvo que hacer un esfuerzo para comprenderla.
"¿El señor Oscuro?" Preguntó Malfoy.
"¡Sí!" Exclamó la mortífago. "Él mismo vendrá a buscarlos". Le tomó las manos a Hermione y se las apretó, ella hizo lo mismo. "Cariño necesito que te pongas a salvo, no puedo perderte una vez más".
La chica asintió, oyendo los gritos de Harry y Ron corriendo hacia ellos.
"Por Merlín, lo que faltaba" Dijo Malfoy cuando también los oyó.
"¡Tienen que irse!" Les susurró ella histéricamente. "Aparecerse en cualquier lado, lejos de aquí".
"¡Expelliarmus!" Gritó Harry quien ya estaba más cerca. El hechizo pasó volando al lado de la cabellera de la bruja, quien soltó a Hermione y se desapareció en menos de un segundo.
"¡Desmaius!" Gritó Ron al lugar donde antes había estado la bruja.
"¿Hermione estás bien?" Preguntó el moreno acercándose a ella. La chica tenía la cabeza hecha un lío e intentaba procesar las palabras de la mujer.
"Granger no tenemos mucho tiempo" Le dijo Malfoy tomándola de la mano.
Ron se abalanzó sobre ellos. "¿Qué rayos crees que haces maldito infeliz? ¡Quítale las manos de encima!".
El rubio se esquivó del golpe del pelirrojo y eso hizo que Hermione reaccionara al fin. "¡Ron, detente!" Le ordenó al chico.
"¡Hermione!" Le gritó Harry. "¡Esa era Bellatrix Lestrange!".
"¡Sé quién era! ¡Maldición!" Gritó ella a su vez. La adrenalina le recorría las venas y sabía que cada segundo desperdiciado era sumamente valioso.
Como bien había dicho Bellatrix, al segundo siguiente de haber pensado que estaban perdiendo mucho tiempo, tres mortífagos se aparecieron tras ellos y otros tres en frente rodeándolos. Draco la acercó mucho a sí mientras que Harry y Ron juntaron sus espaldas para defenderse.
Tres apariciones más tras los primeros mortífagos y de repente en una nube de humo negra, el mismo Voldemort los miraba con los ojos rojos. A su lado lo franqueaban el profesor Snape y Bellatrix que seguía tan pálida como antes, aún más. Hermione la miró y ella le hizo un gesto que claramente decía que estaba desesperada.
Estaban rodeados por ocho mortífagos en total y Voldemort, a mitad del camino, sin nadie que los defendiera. Cuatro contra ocho y el mago más poderoso en la actualidad, era una muerte segura.
"Oh, mi niña" Siseó Voldemort y Hermione pudo ver su lengua bífida colándose entre sus labios pálidos y secos. Se le revolvió el estómago y sintió que le fallaban las piernas. "Jamás pensé que llegaría este momento, debo decir que estoy gratamente sorprendido".
Su respiración se hizo más pesada y sintió cómo perdía fuerza en las piernas. Todo su cuerpo temblaba víctima de las emociones.
El mago dió un paso hacia ellos. De repente el brazo de Malfoy estaba alrededor de su cintura atrayendola completamente hacia él en un abrazo protector el cual sería dudosamente exitoso.
"¡No te atrevas!" Gritó Harry empuñando su varita hacia Voldemort. Hermione sintió que iba a vomitar. "Tu problema es conmigo, Tom".
Voldemort rió, una risa macabra que hacía que se les pusieran los pelos de punta. Abrió tanto la boca que podían verse sus dientes puntiagudos, especialmente los colmillos que sobresalían como si fuera una serpiente.
Bellatrix miraba con avidez a Voldemort y a Hermione, casi ignorando a Harry quien tenía la varita extendida hacia su señor. La chica podía ver como el pecho de su madre subía y bajaba al compás de su agitada respiración. Todo se había quedado estático y lo único que rompía el ambiente era que el mago mitad hombre y mitad serpiente seguía carcajeándose como si le hubieran contado un chiste sumamente gracioso.
"Harry Potter" Siseó Voldemort con una sonrisa que afeaba aún más su rostro desfigurado. "El niño que vivió".
"¡Vamos Tom!" Le gritó Harry dando un paso más cerca. "¡Atrévete a enfrentarme! ¡Déjalos ir y enfréntate a mí, es a mí a quien quieres!".
Malfoy la acercó más a él. Todos estaban expectantes de cualquier movimiento en falso. Hermione sabía que al primer hechizo lanzado todos los mortífagos irían sobre ellos y sería imposible defender ocho frentes.
"En realidad, querido Harry, no he venido a verte a ti". Sus ojos eran solo una rendija que brillaban, no tenía muchos rasgos humanos. "He venido a ver a mi hija".
"¿Qué rayos?" Se escuchó que Ron dijo.
Hermione le apretó con fuerza el brazo a Malfoy quien también respiraba agitadamente y tenía todo el cuerpo en tensión.
"¡No vengas con mentiras!" Gritó nuevamente Harry dando un paso más cerca del mago. Hermione quería gritarle que se alejara, que corriera de allí, quería regañarlo por ser tan irresponsable.
"¡No todo gira en torno a tí, Harry!" Exclamó Voldemort como un profesor que reclama una mala nota a un alumno y se encuentra decepcionado. "Pero si quieres que me ocupe antes de ti, lo haré con mucho gusto".
Volvió a sonreír y Hermione sintió como el tiempo se congelaba y todo corría más lento. Voldemort sacó su varita y Harry lo apuntó al pecho.
"¡Expelliarmus!" Gritó el chico.
"¡Avada Kedavra!" Gritó a su vez Voldemort.
El hechizo de Harry no fue lo suficientemente rápido y antes de que tocara el cuerpo de Voldemort, la maldición asesina golpeó en el pecho al muchacho quien cayó laxo sobre la tierra húmeda.
"¡Nooo!" Gritó Hermione e intentó lanzarse sobre él. Pero los brazos fuertes de Malfoy se lo impidieron y la dejaron quieta en su sitio. Ron en cambio, había alzado la varita contra Voldemort pero un desmaius por parte de Snape lo dejó inconsciente al lado del cuerpo sin vida de su mejor amigo.
La chica se fijó en ambos chicos tirados sobre la hierba y sintió desolación. Quería gritar, quería romper todo lo que podía romperse, quería golpear a alguien, quería matar con sus propias manos a Voldemort. Lo que le hizo desviar los ojos a la figura que se encontraba también tirada sobre el suelo, el mago tenebroso estaba inconsciente.
Bellatrix miró a Hermione y abrió tanto los ojos que fácilmente podían haberse salido de sus cuencas. Ella entendió qué le decía su madre. «Huye».
Dió un par de pasos hacia atrás y estiró la ropa de Malfoy indicándole que tenían que salir de allí a como de lugar. Pero cuando giró se encontró con los tres mortífagos con las varitas levantadas hacia ellos. ¿Podría aparecerse sin que un hechizo los alcanzara? ¿Podría irse sin Ron?
Snape los miró rápidamente antes de elevar su varita hacia el cielo. "¡Morsmordre!".
Voldemort se estaba sentando lentamente en la hierba pero aún tenía los ojos cerrados y Bellatrix lo ayudaba tomándolo del brazo sin apartar la mirada desesperada de su hija.
"¡Aurores!" Gritó uno de los mortífagos señalando hacia el pueblo donde toda una caballería se estaba apareciendo.
"¡Ocúpense!". Ordenó el profesor.
Los seis hombres encapuchados se elevaron al cielo en una nube de humo negro y emprendieron carrera hacia los aurores que estaban cruzando el puente a casi cien metros de ellos.
Snape se acercó a ellos rápidamente. Hermione notó cómo Bellatrix se posicionaba frente a Voldemort tapándole la visual. La chica no sabía si alejarse, defenderse o qué esperar del profesor de pociones. Malfoy no parecía temer porque cerró la distancia entre ellos.
El hombre estiró la mano y tomó la de Hermione quien se quedó helada ante el gesto. Le abrió la palma y depositó una caja de fósforos que comenzó a brillar en azul. Era un traslador.
"Atáqueme" Le ordenó. "¡Ahora Granger!".
La chica casi entró en crisis. De repente todos los hechizos del mundo se le habían borrado de la mente. Tenía su varita fuertemente apretada entre sus dedos pero no sabía qué hacer ante la presión, además el traslador brillaba cada vez más y apenas tenía diez segundos antes de desaparecer.
Malfoy tomó su mano donde tenía la varita con su propia mano, la envolvió y apuntó a su padrino al pecho. "¡Desmaius!" Gritó con una floritura que hizo que ella moviera la mano. Hermione pudo sentir cómo su magia y la de él se unían para hacer el hechizo aún más poderoso y Snape fue lanzado casi al lado de Voldemort quien aún tenía los ojos cerrados y se apretaba la cabeza mientras Bellatrix le hablaba.
El traslador se activó exactamente al momento en que debía, diez segundos después de haberlo tocado. Mientras desaparecía en un torbellino de magia pudo ver cómo Bellatrix a su vez desaparecía con una mano sosteniendo la muñeca de Voldemort y la otra sosteniendo a Snape. Por un instante sus ojos se cruzaron y Hermione vió una pequeña sonrisa en los labios de su madre.
Cuando sus pies tocaron el suelo nuevamente, estaban sobre hierba que olía a que había sido recién cortada, el viento era aún más fuerte que en Hogsmeade y frente a ellos un acantilado en toda su magnitud, con las olas del mar chocando contra las rocas.
Malfoy y ella se miraron, ambos con el shock plasmado en el rostro. Hermione no pudo aguantarse y lo abrazó. Él correspondió al abrazo y la estrechó entre sus brazos con fuerza.
Un carraspeo tras ellos los hizo separarse rápidamente y voltearse. Hermione apuntó su varita al intruso al igual que Malfoy.
"Mis niños, los estaba esperando. Imagino que han pasado por un momento peculiar. ¿Alguno quiere un caramelo de limón?".
