Casa de Edward — Forks — Viernes 18 de septiembre del 2009 — 04:17 PM

Bella estaba tumbada en el sofá de la sala de su casa… sí su casa. Edward oficialmente le había pedido que se quedase a vivir con él y ella había aceptado sin pensárselo. Ahora se sentía más segura, su relación con Edward le estaba ayudando mucho, tal y como decía Emily, ella se sentía más querida, se sentía persona, y el cariño y la devoción con la que él la trataba en ocasiones hasta la hacía llorar.

Edward llevaba unos días actuando extraño, se encerraba en una de las habitaciones superiores y no dejaba que ella lo acompañase. Quería subir y espiarle un poco, a ver si así descubría lo que se traía entre manos, pero se encontraba cansada, le dolía la espalda y solo tenía ganas de dormir.

Después de una pequeña siesta de unos minutos, unos murmullos la hicieron abrir los ojos, lo hizo lentamente y se encontró a Alice y a Rosalie cuchicheando y mirándola de reojo.

— ¿Ves? ¡Ya la has despertado! —gruñó Rosalie.

Alice miró Bella disculpándose y luego continuó hablando con Rose como si nada hubiese pasado.

— ¿Dónde está Edward? —preguntó Bella con voz ronca.

Las chicas la miraron y sonrieron.

— Está arriba —dijeron a coro.

— ¿Qué traéis en esas bolsas? —preguntó frunciendo el ceño.

Mezclar a Rosalie y a Alice con bolsa en una sola frase y llegareis a una solo conclusión: Compras. Y cuando ambas traían esa cara de culpabilidad es que las compras no le gustarían a Bella.

— Espero que no te enfades Bella —dijo Alice acercándose a ella y sentándose en la alfombra— hemos ido a comprar ropa para las bebés.

— Íbamos a comprarme unos zapatos nuevos, pero pasamos por delante de una tienda y no hemos podido resistirnos —se disculpó Rosalie.

Ambas comenzaron a sacar prendas de pequeño tamaño de sus bolsas. Rosas, blancas, amarillas, verdes… cada cosa era tan o más bella que la anterior y Bella sintió como sus ojos picaban cuando Alice le mostró dos vestidos color azul que exactamente iguales.

— Pensé que estos los podías utilizar para cuando saliesen del hospital… —susurró la pequeña Cullen haciendo un puchero.

— Alice… son hermosos —dijo Bella con lágrimas en los ojos— de verdad chicas... gracias.

— ¿No te molesta? —preguntó Rosalie tentativamente.

— No —sonrió Bella— de hecho quería pediros que compraseis todo lo necesario, yo no me siento con fuerzas.

— ¿Te encuentras mal? —preguntó Alice asustada.

— No… —la tranquilizó— solo me siento un poco cansada, mi barriga crece día a día y yo sigo en mi tamaño normal.

Las tres continuaron mirando las ropitas que formarían el ajuar de las mellizas, Bella sonreí y se emocionaba con cada nueva cosa que le mostraban, y Rosalie y Alice se sentían orgullosas por haber acertado en su iniciativa.

— ¿Rose…? Alice? ¿Podéis subir un momento?—gritó Edward desde el piso superior.

Ambas se pusieron en pie y dejaron a Bella sola rodeada de ropitas en tonos rosados, sonreía mientras miraba unos pequeños zapatitos, se le antojaron tan diminutos… no podía imaginar que no solo tendría un bebé que podría meter sus pequeños pies en esas cositas, si no que tendría dos… dos hermosas princesitas a las que cuidaría con su vida si fuese necesario.

Un suaves golpes en la puerta la hicieron alzar la mirada hacia las escaleras y suspirar… tendría que levantarse y abrir ella misma. Se puso en pie con dificultad y se frotó la parte baja de la espalda que le dolía horrores… ese bebés cada día pesaban más. Caminó hacia la puerta y la abrió sin mirar quien era.

— Isabella —pronunció esa odiosa voz.

Bella cerró los ojos con fuerza y después los abrió con odio dedicado únicamente a la persona que estaba frente a ella.

— ¿Qué quieres Jessica? —preguntó en un gruñido.

— Solo quería recordarte el mensajito de Mike… te envía recuerdos —guiñó un ojos y sonrió.

— Vete —susurró Bella conteniendo la voz.

— No cariño… vas a escucharme —dijo Jessica dando un paso al frente.

Bella intento detenerla alzando una mano pero a ella no le importó. Bella sintió un dolor agudo en su espalda e hizo una mueca de dolor.

— Vete —volvió a susurrar sin fuerzas.

— No voy a irme, vas a escuchar todo lo que tengo que decirte, desde la primera palabra hasta la última coma —ladró con su voz estridente.

— ¿Qué está pasando aquí? —oyeron la voz de Alice desde la escalera.

— Alice… —dijo Bella con alivio… pero se tuvo encoger ante otro dolor en su espalda.

Alice avanzó corriendo para sujetar a Bella que comenzaba a tambalearse, rose apareció de repente y de un empujón echó a Jessica fuera llamándole de todo menos bonita. Ambas ayudaron a Bella a llegar hasta el sofá y la sentaron y le dieron un poco de agua.

— ¿Cómo te sientes? —preguntó Alice.

Bella no contestó… no pudo… otro dolor punzante atravesó su vientre y tuvo que cerrar los ojos con fuerza.

— Chicas…. Algo no va bien —susurró Bella con voz entrecortada.

— ¿Qué pasa? —preguntó Rosalie nerviosa.

— No lo sé —gimió— pero me duele…

— ¡Edward! —chillaron las dos chicas al unísono.

El aludido bajó las escaleras a toda velocidad con una mancha de pintura rosa en la cara y una brocha goteando en una de sus manos.

— ¿Qué pasa? —preguntó asustado.

— Bella no se encuentra bien.

En cuanto esas palabras fueron procesadas por su mente Edward olvidó todo lo demás. Dejó caer la brocha en las escaleras y salió a la carrera hacia el sofá donde estaba Bella con las ojos cerrados y respirando entrecortadamente.

— ¿Amor? —la llamó tocando su frente— ¿cariño que te pasa? —preguntó alarmado.

— Duele…

No le hizo falta más, tomó a Bella en brazos y a la velocidad de la luz la metió en su coche y condujo como un demente hacia el hospital.

En cuanto llegó Carlisle lo esperaba en la puerta de urgencias, ya había sido alertado por Rosalie y Alice de que ellos estaban en camino. N médico le arrebató a Bella de las manos a Edward y su padre tomándolo del brazo lo arrastró hacia su despacho.

— Papá… —murmuró el reticente a entrar en esa habitación mientras atendían a Bella.

— Edward, el doctor Cooper está con ella, estará atendida —lo intentó tranquilizar Carlisle.

— No… yo quiero estar con ella —dijo en un gruñido.

— En tu estado solo entorpecerás lo que quiera que tengan que hacerle, si hay alguna complicación me avisarán inmediatamente y los bajaremos a ver que pasa.

Edward asintió y entró en el despacho de su padre a regañadientes, pero no podía estar tranquilo, los minutos pasaban y pasaban y nadie avisaba, eso podía ser tan malo como bueno. La ausencia de noticias era una buena noticia, pero también era motivo de ansiedad al no saber lo que estaba pasando realmente.

Edward daba vueltas como un león enjaulado, se pasaba la mano por el pelo despeinándose todavía más, hasta que su padre comenzó a reírse mirando en su dirección.

— ¿Qué pasa? —le preguntó en un gruñido.

Carlisle no le contestó y solo lo llevó hasta el baño y le mostró su imagen en un espejo, todavía tenía aquella mancha rosada de pintura en una de sus mejillas. Bufó y se la limpio con un poco de agua y jabón. De vuelta al despacho todo seguía igual… los minutos pasaban lentamente y a cada movimiento de la aguja del reloj Edward creía que podría morirse si no tenía noticias pronto.

Después de cincuenta minutos que a Edward le parecieron interminables el teléfono del despacho sonó, Carlisle se llevó el auricular a la oreja y mantuvo una conversación escueta de muy pocas palabras. Se puso en pie y sin mediar palabra Edward lo imitó y ambos salieron del despacho y se metieron en el ascensor, rumbo a la planta de neonatología y obstetricia.

Cuando las puertas del ascensor se abrieron el Doctor Cooper los esperaba recargado en una pared.

— Ellas están bien —dijo simplemente.

Y Edward puso respirar tranquilamente.

— Isabella tenía contracciones, pero conseguimos detener el parto —continuó el doctor— ahora está en una habitación, la hemos sedado para que esté tranquila.

— ¿Estará bien? —preguntó Edward.

— Sí… pero a partir de ahora tiene que guardar reposo —explicó el doctor— necesitamos que los bebés tarden lo máximo posible en nacer, todavía tienen poco peso, si naciesen ahora tendrían que ir a la incubadora y luchar el doble de lo normal.

— Eso será difícil —dijo Carlisle en tono de broma para aligerar el ambiente— Bella tumbada en una cama sin hacer nada… que dios te ayude.

— Tendrá que hacerlo —dijo el doctor Cooper— Edward tranquilo… están bien las tres, Isabella tardará unas horas en despertar.

Edward suspiró y sin escuchar a nadie se dirigió a la habitación donde estaba Bella ingresada. Ella estaba tumbada en una de esas incomodas camas y parecía descansar con tranquilidad. Un monitor fetal controlaba a las bebés haciendo un pitido constante marcando los latidos de sus pequeños corazoncitos.

Tomó una de sus manos entre las suyas y no pudo evitar sonreír, el pitido de aquella máquina era como música para sus oídos. Eran los corazones de las hijas de Bella… no… eran también sus hijas, las hijas de ambos. Sonrió como un estúpido y besó cada uno de los dedos de Bella mientras un par de lágrimas de alivio y felicidad rodaban por sus mejillas.

Hospital Provincial de Forks — Forks — Sábado 19 de septiembre del 2009 — 09:21 AM

Los primeros rayos de sol intentaban colarse por entre las espesas nubes de un día cualquiera en Forks, Edward se removió intranquilo despertando de un sueño poco reconstituyente. Le dolía el cuello y sentía los brazos entumecidos. Intentó incorporarse y varios calambres recorrieron su espalda.

Gimió muy bajito y abrió los ojos por fin, la primera imagen que vio fue de una mano pálida sobre algo blanco. Enfocó su vista y los recuerdos del día anterior llegaron a su mente de golpe, se frotó los ojos y un bostezo involuntario le obligó a abrir la boca.

Se vio recargado sobre la cama donde Bella todavía dormía, detuvo su vista en su rostro… Bella era tan hermosa… tenía un gesto tan dulce… acarició una de sus mejillas con un dedo y Bella sonrió, otra sonrisa se extendió por sus labios.

Bella abrió los ojos y tuvo que cerrarlos porque le molestó la luz, parpadeó hasta poder acostumbrarse a la luminosidad y después centró su mirada en Edward, que estaba junto a ella sonriéndole y haciendo que su corazón latiese más deprisa de lo normal.

Parecía tan tonto que Edward eclipsase todo lo demás… pero sí, para Bella todo pasó desapercibido en cuando los ojos de ambos se cruzaron. Olvidó que estaba en un hospital y hasta el motivo por el que lo hacía, se olvidó hasta de respirar y un mareo la obligó a cerrar los ojos.

En ese momento fue cuando se percató de un sonido constante y repetitivo que inundaba la habitación. Miró a su izquierda y vio el aparato causante de dicho ruido.

— Es el corazón de las bebés —dijo Edward en un murmullo con voz rasposa.

Bella entonces recordó y una expresión de angustia cruzó sus rostro.

"Le dolía… sus bebés… Jessica… Alice y Rosalie gritando…"

Su respiración se volvió entrecortada y se llevó las manos a su vientre intentando proteger a sus hijas. Edward la tomó de las manos y sin dejar de mirarla a los ojos se acercó a ella hasta poder abrazarla.

— Ya todo está bien, cariño —susurraba él contra su pelo— las bebés están bien y todo pasó.

— ¿Seguro? —preguntó ella con un hilo de voz.

Edward se alejó de ella y la miró a los ojos, una ligera sonrisa se asomó a sus labios.

— Seguro… solo que —titubeó— tendrás que guardar reposo.

Bella abrió mucho los ojos y lo miró con incredulidad.

— ¿Cuánto tiempo? —preguntó asustada.

Edward carraspeó y la miró con precaución…

— Hasta que nazcan las niñas —dijo desviando la mirada.

— ¿Eso cuanto tiempo es?

— Bueno… ayer casi pasa así que… —Edward intentó restarle importancia— eso es impredecible, pero tanto el doctor Cooper como yo esperamos que al menos un mes más.

— ¿Todo un mes en reposo? —preguntó Bella sin poder creérselo.

— Sí… pero —continuó al ver el gesto de desagrado en ella— piensa que es por las bebés, para que nazcan más fuertes.

Bella suspiró y se acarició la tripa, Edward la imitó.

— ¿Seguro que están bien? —preguntó ella en un murmullo.

— Perfectamente, —la tranquilizó— el doctor Cooper te atendió personalmente y dijo que todo estaba bien. Solo debes mantener el reposo.

Una enfermera los interrumpió con el desayuno y Bella lo comió con ansias, estaba hambrienta. Edward la miraba como embobado, le parecía increíble que después de todas las vueltas que había dado la vida, ahora se encontrase en esa situación, cuidando de Bella y de sus hijas, preocupándose por su bienestar y recibiendo a cambio todo con lo que había soñado: el amor incondicional de Bella.

Una hora después unos suaves golpes en la puerta hicieron que Edward se envarara y susurrara un frío "pase". Pero su gesto se relajó cuando fue Rosalie la que entró en la habitación con dos ositos blancos de peluche que le entregó a Bella.

Después de poner a Rose al corriente sobre el próximo estado convaleciente de Bella y una conversación más o menos extensa. Bella quedó profundamente dormida de nuevo.

— He hablado ya con Charlie —susurró Rosalie.

— ¿Qué te ha dicho? —preguntó Edward.

— He puesto la denuncia a tu nombre, pero tienes que ir a declarar cuando tengas un momento —explicó la rubia.

— Iré esta tarde —explicó Edward— ¿te dijo si el proceso tardaría tardaría mucho?

— No lo hará… el juez dictará sentencia una semana después de que la denuncia esté hecha, Bella no tendrá que comparecer, he hablado con el doctor Cooper y hará un certificado médico explicado su estado.

— ¿Has hablado con Jasper? —preguntó Edward de nuevo.

— Por supuesto que he hablado con Jasper, es el abogado de Bella —dijo Rosalie fingiendo indignación— está de acuerdo con todo el procedimiento, e irá en nombre de Bella a la vista oral.

— Espero que concedan esa orden de alejamiento… si esa víbora vuelve a acercarse a Bella no respondo —dijo Edward entre dientes.

Rosalie resopló.

— No sé cómo pude contenerme y no matarla ayer mismo —masculló en tono de enojo.

— Yo no lo habría hecho… suerte que estaba demasiado ocupado atendiendo a Bella, si no la habría matado con mis propias manos —dijo Edward.

— Tenemos testigos de lo de ayer… será imposible que no concedan la orden de alejamiento eso si no conseguimos que la encierren en un psiquiátrico —dijo Rosalie con una sonrisa malvada.

— Puede alegar que estaba bajo la influencia de Newton, es obvio que él la esta coaccionando para que actúa así.

— Que lo haga… así al mal parido ese le puede caer otro año más por amenazas —sonrió Rosalie.

— Antes me llamó Esme —susurró Edward—. La señora Stanley estuvo en casa de mis padres esta mañana suplicándose que ambos intercediesen por Jessica…

— ¿Esa mujer está tan loca como su hija? —preguntó Rosalie asombrada— ¿cómo se le ocurre pedir eso? Jessica merece lo que le pueda pasar por actuar como lo ha hecho.

— Su madre sabe que la mano de Newton está detrás de todo eso, Jessica en el fondo no es culpable, solo está… enamorada —Edward se encogió de hombros.

— Por muy enamorada que esté… hay cosas que no se hacen ni por la persona que amas… atormentar a Bella no es una de ellas, y eso que la pobre no vio lo que esa loca tenía en su coche —Rosalie se estremeció— hay que estar loca para dejarse llevar así por el "amor".

— No es tan raro —contradijo Edward— mira como estuvo Bella… lo que soportó porque estaba enamorada de él.

— No, estaba coaccionada por él… es muy diferente, las víctimas de maltrato no aguantan por amor, lo hacen por miedo creyendo que es amor —explicó Rosalie— sé de lo que hablo, veo eso a diario, por si no lo recuerdas soy asistente social.

— Lo sé Rose —dijo Edward encogiéndose de hombros dejando pasar el tema, no era sobre lo que más le gustaba conversar, que Bella sufriese porque supuestamente amaba a otro… le hacía hervir la sangre— ¿Van a detener a Jessica? —preguntó desviando el tema.

— Charlie me dijo que no eran cargos suficientes, pero sí van a registrar su casa y su coche para buscar los ataúdes —dijo Rosalie estremeciéndose de nuevo al recordar la visión de la tarde anterior, cuando Edward se llevó a Bella al hospital Jessica tenía dos pequeños ataúdes de color blanco en su coche, del tamaño justo para dos bebés recién nacidos —la habría matado si Alice no me sujetase… —murmuró todavía recordando.

— ¿Cómo ha reaccionado Emmett? —preguntó Edward de nuevo.

— Te lo puedes imaginar —bufó Rosalie— casi tuve que atarlo a la cama para que no saliese a buscarla…

— ¿Y Alice?

— Después del shock… estaba que echaba humo… Jasper casi no pudo hacer nada para tranquilizarla, amenazó con clavarle los tacones de sus Jimmy Choo en los ojos —recordó entre risas.

— Alice… —murmuró Edward negando con la cabeza, su hermana nunca cambiaría— ¿Te quedas con ella? —preguntó de repente señalando a Bella— Iré a hablar con Charlie, ahora que he hablado con ella y sé que está bien.

— No te preocupes —lo tranquilizó Rosalie— además Alice me dijo que vendría a verla.

— Gracias Rose —dijo Edward con sinceridad—, no sé como agradecerte todo esto…

— No tienes que agradecer nada —lo contradijo— Bella es mi amiga y haría cualquier cosa por ella.

Edward se acercó a Bella y después de besar sus labios acarició su vientre murmurando una despedida para las tres personas más importantes en su vida. Cuando salió de la habitación Rose suspiró maravillada, del amor que profesaba Edward en cada acción hacia Bella era conmovedor. No hacía falta más que verlos para saber que su destino era estar juntos, y aun enfrentando las adversidades que ese mismo destino les estaba presentando, ambos parecían quererse más cada día.