Era curioso que todo este tiempo, dudaba de ella misma, era curioso que este día, algo cambió. Hermione por primera vez supo que tenía que hacer. Las voces dejaron de hablarle, solo una cosa le repetían una y otra vez.

Sala de menesteres.

Sala de menesteres.

Sala de menesteres.

Evitó a sus compañeros de casa, a sus amigos y a sus no tan regulares. En fin, Hermione evitó a todos y se fue al séptimo piso donde estaba el tapiz de Bárnabas el chiflado enseñándole a los trolls bailar.

Ella suspiró profundo, mientras escuchaba una suave voz decirle que pidiera un lugar donde esconder algo preciado.

—necesito esconder algo, necesito esconder algo, necesito esconder algo. —dijo mientras caminaba tres veces por el lugar.

Una puerta apareció.

Hermione se sintió nerviosa, ansiosa y sentía que lo que había en esa habitación estaba relacionado con los sueños que ha tenido recientemente.

Entró, la sensación de un miedo se hizo presente. Una suave voz le decía que no tuviera miedo. Que tenía que buscar algo importante.

Ella caminó por los estantes, y encontró un par de guantes de piel de dragón. Ella se lo puso y de manera inconsciente sacó un colmillo del basilisco. Caminó como posesa hacia donde estaba una diadema.

Escuchó como la diadema emitía una vibra conocida. Sintió como aquel objeto le incitaba que lo probara, pero la imagen de un chico de ojos verdes la hizo desistir.

—Apuñálalo —dijo una voz diferente.

Hermione obedeció. Vio como la negrura salía del aquel artefacto para después gritar demoniacamente. Hermione se espantó pero no pudo apartar la mirada de aquel objeto que estaba agonizando. Al final, ella vio como el objeto se quedó sin vida.

Hermione sacudió la cabeza y tomo aquella diadema que estaba manchada de negro y sin vida. Ya no se veía resplandeciente, ni que se diga que dejó de incitarla para que se lo pusiera. Hermione lo envolvió con un pedazo trapo que encontró ahí para después meterlo en su mochila.

Cuando salió de la sala de los menesteres se encontró con Regulus, y Narcisa Black ansiosos.

— ¡Hermione! —Dijo Narcisa para lanzarse en sus brazos— ¿estás bien?

Hermione asintió.

— ¿m-me conocen? —preguntó aturdida mientras caía desmayada**.


**No, no. hermione no perdió la memoria.