Los siguientes días transcurrieron sin que Stiles fuera consciente de nada.

Sabía el tiempo que había pasado desde que vio a Derek por última vez solo porque en los cinco días que siguieron soñó con él cada noche, y fueron cinco las mañanas en las que deseó quedarse todo el día en la cama y desaparecer para el resto del mundo.

Pero Stiles no podía hacer aquello. Si su padre había podido retomar su vida normal e incluso había perdonado a su ayudante que le hubiera ocultado que era un ser sobrenatural y Alpha, y que desde que llegó había estado llevando a cabo un maquiavélico plan para poder convertirse en el nuevo Alpha de Beacon Hills, y para lo que no dudó en utilizarle y hacerle creer que estaba interesado en su propio hijo… ¿quién era él para no intentarlo siquiera?

Porque quitando un corazón roto, Stiles no había sufrido mucho en esta ocasión: no le habían dado una paliza y, afortunadamente, no había tenido que enterrar a amigos o a compañeros de instituto.

Así que no. Stiles no podía quedarse en la cama, bajo las sábanas y llorando por lo miserable que estaba siendo. Especialmente porque él mismo se lo había buscado y resultaba absurdo que fuera lloriqueando ahora por los pasillos para que todo el mundo viera lo desgraciado que era.

No obstante, pese a que ese era el calculado plan de Stiles, también era un plan que no engañaba a nadie. Y por mucho que Stiles siguiera yendo a clase, siguiera entregando los ejercicios a tiempo e incluso sacara buenas notas en los exámenes, además de compaginar todo ello con los entrenamientos de Lacrosse, intentando demostrar que era el mismo Stiles de siempre… Era de todo menos el mismo Stiles de siempre.

Porque el Stiles de siempre no se pasaría las clases callado, sin hacer ni un solo comentario, especialmente en las clases del entrenador… Un detalle que dejó al pobre Finstock preocupado y preguntando todos los días a Scott si su amigo no estaría incubando algo.

En esas ocasiones Scott, que era un buen amigo pero también muy inocente, respondía con la única respuesta que podía darle: que solo está incubando un corazón roto, a lo que el entrenador asentía y seguía dando la clase, tratando de no perturbar demasiado al adolescente.

Y así transcurrieron los días: Sin que Stiles fuera consciente de lo distinto que estaba comportandose y creyendo que había engañado a todo el mundo; y a su vez con todo el mundo haciéndole creer que todo estaba normal, cuando lo que más ganas tenían era de gritarle que sacara la cabeza del culo y empezara a vivir de una maldita vez. Pues qué sentido tenía que hubiera dejado a Derek para poder llevar una vida normal y sin arriesgar la seguridad de su padre, si no iba a disfrutar de esa vida.

Al final no hizo falta que sus amigos se lo dijeran.

Fue el propio Stiles quien se dio cuenta de que, tal vez, estaban ocurriendo más cosas de las que pensaba a su alrededor, y que le vendría bien prestar un poquito más de atención.

Al quinto día de romper con Derek se encontró a sus amigos sentados en el césped junto a la entrada del instituto, aprovechando que ya hacía buen tiempo. Ese hecho sería de lo más normal sino fuera porque entre ese grupo de amigos había una incorporación nueva de la que no había sido consciente…

Fue entonces cuando Stiles intuyó que no le vendría mal hacer un poco de vida social.

Scott le saludó desde lejos y Stiles respondió al saludo, aproximándose al grupo. Las chicas llevaban unas faldas más cortas de lo normal, lo que le recordó que ya estaban a las puertas del verano y que pronto habría vacaciones, que Dios sabía la falta que le hacían.

Junto a ellas no solo estaban Isaac y Scott, sino también un chico con el que todavía no había tenido ocasión de hablar en persona.

Stiles se sentó entre Scott y Isaac, justo en frente de Patrick. A simple vista parecía un corro de amigos que charlaban y hacían planes para el fin de semana…

- ¿Cómo estás? – saludó jovial Scott, notando lo nervioso que se había puesto Patrick frente a él, y queriendo que viera que no había ningún problema en que siguiera con ellos.

- Bien. Tengo clase libre porque no ha venido el profesor de Química. Luego iré al entrenamiento.

- Genial. Le estábamos comentando a Patrick precisamente que debería apuntarse al equipo.

Stiles miró a su amigo, y luego al nuevo hombre lobo que había pasado a engrosar la lista de hombres lobo que conocía… Stiles empezaba a pensar que sería más práctico hacer una lista de las personas que conocía que no fueran hombres lobo, porque sería bastante más corta.

- Ni siquiera vas a este instituto – le dijo a Patrick.

Y teniendo en cuenta que era la primera palabra que le dirigía (aparte de cuando le suplicó que no le matara en el bosque), a lo mejor sonó un poco más brusco de lo que debería haber sido. La expresión de cachorrito apaleado que puso Patrick, y que superaba incluso a la de Isaac, fue la prueba de ello.

- Ya ha presentado todos los papeles para empezar el año que viene – señaló Allison, al tiempo que colocaba una mano en el hombro de Patrick como apoyo… y para que se tranquilizara un poco, porque estaba demasiado pálido – Ha venido hoy para que le enseñemos el instituto.

- Con la cantidad de estudiantes que se han ido o desaparecido del instituto, no creo que a Finstock le importe que haga las pruebas antes de que sea oficialmente un alumno – comentó Lydia con voz apagada, recordando esa lista que a cada año que pasaba se ampliaba: Jackson, Boyd, Erica, Danny, Ayden e Ethan.

Stiles asintió ante la explicación de Lydia, decidiendo que en el fondo le daba lo mismo. Si ya había dos hombres lobo en el equipo de Lacrosse, por uno más no pasaba nada. Él seguiría chupando banquillo, claro estaba, pero al menos así habría posibilidades de que volvieran a ganar un campeonato.

- Vale – respondió al final, porque tenía la sensación de que todo el mundo estaba esperando a que dijera algo.

Pero cuando todos se miraron los unos a los otros, extrañados, Stiles tuvo la sensación de que esa no era la respuesta que estaban esperando.

- ¿Qué pasa?

- ¿Te parece bien? – preguntó Scott.

- Sí. ¿Por qué me iba a parecer mal? – miró con curiosidad a Patrick, que aún no había dicho una palabra.

- ¿Porque fue el mismo chico que amenazó con cortarle el cuello a tu padre? – preguntó Isaac sutilmente, no sintiéndose mal cuando el resto le miraron con reprobación – ¿Qué? Es lo que todo el mundo está pensando.

Y era absurdo pero Stiles no había caído en ese importante detalle.

Sí. Sabía que Patrick era quien amenazó a su padre, entre otros motivos porque él le vio hacerlo… Pero tenía la sensación de que aquello había pasado hacía muchísimo tiempo. Amén de que el chico que tenía ahora frente a él, casi tan pálido como él pero con bastante mejor musculatura, moreno y con ojos azules, no se parecía en nada al chico que vió en el sótano de Parrish.

Aunque seguía teniendo cara de estar aterrorizado.

- Siento muchísimo lo que hice – habló Patrick por primera vez. Pero lo hizo sin atreverse a mirarle a los ojos, y casi tartamudeando de lo asustado que estaba.

Aquella imagen sorprendió a Stiles mucho más de lo que habría imaginado.

¿Cómo era posible que ese chico tan acojonado fuera un hombre lobo?

Stiles buscó la mirada de Scott para que le dijera qué se había perdido, pero el Alpha solo miró con pena al hombre lobo, mientras las chicas le daban sendos abrazos para que se tranquilizara.

- Estoy seguro de que Stiles te perdona, ¿verdad? – dijo Isaac con cierto retintín, y sobre todo con una mirada que no dejaba lugar a dudas que aquello no era una suposición sino una orden.

Stiles estuvo a punto de mandar a la mierda a Isaac por hablarle de ese modo, a lo que se añadía que hacía mucho tiempo que no lo hacía y le gustaría recuperar la costumbre, cuando se dio cuenta de lo que realmente estaba pasando: Al igual que Patrick, Isaac sabía lo que era sufrir abusos estando en su propio hogar. Y al igual que Isaac, el que Patrick fuera un hombre lobo no iba a conseguir que todos los miedos adquiridos durante años desaparecieran por arte de magia.

Recordó lo que le contó su padre sobre Patrick. Cómo tuvo que marcharse de casa para no seguir sufriendo las palizas de su padre porque no aceptaba que fuera gay. Y solo por el modo en que estaba agachando la cabeza, como queriendo hacerse más pequeño, intuía que lo mismo le había pasado en el instituto.

Era en esos momentos en los que Stiles se alegraba de vivir en Beacon Hills. Puede que las posibilidades de morir fueran bastante superiores a la media del país, pero también era el lugar con mayor tolerancia del planeta… Y si no que se lo dijeran a Derek Hale: hombre lobo, bisexual y con una larga serie de antecedentes policiales a sus espaldas, pero al que nadie se le ocurría toser encima y que además era el Alpha de Beacon Hills.

- Claro – se apresuró a decir Stiles, al ver que a cada segundo que permanecía en silencio el gesto de Patrick era cada vez más y más compungido – No pasa nada. Te perdono…

- ¿De verdad?

Stiles miró de reojo a Allison y Lydia, como preguntándolas si estaban viendo lo mismo que él: ¡Cómo era posible que los tres hombres lobo del grupo fueran también unos cachorritos en potencia!

Recordó que con Derek pasaba lo mismo si tenías la suerte de conocerle más a fondo, con lo que Stiles decidió que debía ser cosa de licántropos: en luna llena se volvían más viscerales, pero el resto del mes eran como niñas en plena pubertad que se te podían echar a llorar a la mínima de turno…

Salvo con Peter claro. Con él debió romperse el molde.

- Por supuesto – dijo un poco más animado, dándole incluso una palmadita en la pierna para terminar de relajarle – Scott y Isaac también intentaron matarme en su primera luna llena… Supongo que no puedes entrar en el grupo si no amenazas a un Stilisnki. Así que - se encogió de hombros – ¿Bienvenido al grupo?

La cara de felicidad de Patrick fue tal que Stiles sintió que se iba a echar a llorar en cualquier instante.

Afortunadamente la conversación fue rápidamente a otros asuntos más amenos, y entre todos le contaron las novedades que se había perdido Stiles en los últimos días.

Parrish y el Sheriff habían conseguido cerrar el caso de las desapariciones, aprovechando que ellos fueron los únicos encargados de entrevistar a todos los supuestos desaparecidos, reportando que en ningún momento se había tratado de secuestros: En el caso de Samantha y Cynthia, fueron ellas mismas quienes se presentaron en comisaría, demostrando ser mejores actrices de lo que pensaba su ex representante, contando que se marcharon sin avisar para grabar un proyecto que se alargó durante semanas, y que en ningún momento pensaron que estaban siendo buscadas en Beacon Hills.

Con Patrick fue incluso más fácil, pues viniendo de un hogar con antecedentes de violencia doméstica, tan solo tuvo que decir que estaba buscando un sitio donde quedarse pero que no se sentía del todo cómodo rodeado de tanta gente, y motivo por el que podía haber dado la impresión de que había desaparecido… Y aunque aquella excusa sí que sonaba a excusa, con solo ver su cara de estar todavía aterrorizado, todo el que preguntó se tragó la historia sin problema.

En el caso de Cameron, viviendo en el refugio para gente sin hogar, simplemente dijo que se marchó unos días del pueblo sin decir nada porque no le dio la gana.

Y en cuanto a Megan se solucionó cuando ella misma aseguró, tras poner la denuncia, que tenía la sensación de que su ex pareja la estaba siguiendo, con lo que creyó que era más seguro alejarse por un tiempo del pueblo, y de ese modo proteger a su hija pequeña… Lo que además sirvió para endurecer la orden de alejamiento del hombre y que fuera él quien tuviera que dejar Beacon Hills.

Las novedades no dejaban de confirmar que Parrish y su padre habían hecho bien su trabajo, como siempre, y habían conseguido cerrar otro caso inexplicable de Beacon Hills como un incidente sin importancia… más o menos creíble.

Pero afortunadamente esta vez no había habido muertos, pues una nueva muerte a causa del ataque de un animal solo conseguiría que vinieran los del Gobierno a preguntar qué leches les pasaba a los lobos, coyotes y pumas de Beacon Hills, que eran tan agresivos.

Aunque esas no fueron las únicas novedades. Y fue con las otras novedades con las que Stiles comprendió que, definitivamente, había estado demasiado tiempo apartado del resto del mundo.

Porque mientras él se quedaba en la cama lamentando su mala suerte, el resto del mundo avanzaba y para bien: Cameron había entrado en el cuerpo del Sheriff, convirtiéndose en el nuevo ayudante de su padre, aprovechando su experiencia como militar. Lydia les había dado a Cynthia y Samantha el contacto de un antiguo amigo de su madre dedicado a representar a actores y modelos, bastante más de fiar que los que habían conocido en el pasado, y ya tenían previstos algunos castings para el mes siguiente. No era nada seguro que consiguieran el papel, pero fuera como fuese tenían claro que se quedarían a vivir en Beacon Hills, alejados de la vorágine de Hollywood.

Y Patrick… Patrick era sin duda al que la vida le había dado un mayor vuelco: De marcharse de su casa aterrorizado, sin saber dónde iba a vivir, ahora tenía un hogar de verdad, ya que Cameron le había propuesto que se fuera a vivir con él. Al parecer tenía un hermano pequeño que murió en un accidente de tráfico hace años, con lo que quería retomar el papel de hermano mayor. Algo con lo que Patrick se mostró más que de acuerdo.

- Deberíamos celebrarlo – propuso de repente Scott.

- ¿Celebrarlo? – repitió Stiles, extrañado.

- Sí. Fue lo que dijiste cuando estábamos intentando averiguar lo que estaba pasando, ¿recuerdas? Que si todo salía bien haríamos una celebración.

Stiles miró con desgana a Scott, incluso levantando una ceja.

Finalmente soltó un suspiro que fue como si le estuvieran clavando un puñal en el corazón.

- La verdad es que no tengo muchas ganas de fiesta ahora mismo – admitió Stiles - Y tal y como estoy, solo conseguiría estropear el ambiente.

Scott asintió con pena, haciéndole ver que lo entendía, y cambió otra vez de tema para intentar animar a su amigo lo mejor que pudiera. Si era posible hablando de cualquier cosa que no tuviera que ver con hombres lobo.

A estas alturas todos conocían que la relación entre Derek y Stiles no había llegado a durar ni un día, y que había sido el propio Stiles quien puso fin a la misma, preocupado por las consecuencias que algo así tendría en la gente que le rodeaba, especialmente su padre.

Pero lejos de juzgarle o llamarle idiota pese a que todos pensaban que estaba cometiendo un gran error, hicieron lo que mejor saben hacer los amigos: Estar a su lado y haciendo lo imposible para arrancarle una sonrisa, por pequeña que fuera… mientras conspiraban a sus espaldas.

Efectivamente, Scott solo necesitó cinco segundos para mirar al resto del grupo y confirmar que el plan para conseguir que Stiles dejara de ser miserable, seguía adelante.

En el mismo instante en que los amigos de Stiles trataban de entretenerle y animarle para que dejara el pozo de miseria en el que estaba metido, Derek trataba de lidiar con sus propios demonios… A su modo.

Un modo que empezaba con silencio y soledad y terminaba exactamente igual. Porque así fue como transcurrieron los días desde que Stiles rompió con él: encerrado en su loft y recreándose en su propia miseria y soledad. Incluso Peter había desaparecido durante unos días, intuyendo que no estaba en sus mejores momentos y que le vendría bien un poco de calma.

Era por esos pequeños detalles por los que, pese a todo lo que había hecho en el pasado, seguía teniendo a Peter a su lado... Después de Stiles, él era la única persona que le conocía de verdad, y que sabía lo que necesitaba en cada momento.

Fue así hasta que, al quinto día, Derek comprendió que tenía que salir de allí o acabaría subiéndose por las paredes, tras destrozar los pocos muebles que tenía.

Decidió ir al bosque, confiando que el estar en contacto con la naturaleza le ayudaría a sentirse un poquito más humano, como de seguro no estaba haciendo el pasarse las horas y los días encerrado en casa, sin apenas comer ni dormir, y por supuesto sin hablar…

Tal vez eso era lo peor.

En las últimas semanas había hablado más de lo que recordaba en años, con lo que volver ahora al silencio absoluto le estaba costando demasiado.

¿Quién le habría dicho hace años, cuando lo único que quería era estar alejado de todo el mundo, que llegaría el día en que odiaría el silencio con toda su alma?

Derek caminó por entre los árboles sin rumbo fijo hasta que llegó al claro del bosque. No tenía intención de ir allí, pero tampoco le extrañó encontrarse de repente en la zona en la que se levantó en su día la mansión Hale, y que ahora no era más que una explanada desierta y llena de árboles quemados.

Lo que sí que le extrañó fue encontrarse con otra persona allí.

Para ser exactos, con otro hombre lobo.

Al ver a Parrish se puso inmediatamente en guardia.

Hasta que recordó que ya no era su enemigo.

- Siento presentarme sin avisar.

Derek se aproximó al Alpha con gesto cansado. Puede que media hora antes hubiera matado por tener a alguien con hablar. Pero ahora que estaba con alguien la idea le repugnaba.

- Nadie avisa nunca – dijo Derek situándose a un par de metros frente a él – ¿Qué quieres?

Al ayudante del Sheriff le chocó el ímpetu de la pregunta, siendo más una amenaza que una pregunta. No obstante, la última vez que se vieron había querido robarle su puesto de Alpha, y ahora había entrado en una propiedad privada donde en tiempos se levantó la casa de la manada de Beacon Hills; así que Parrish dedujo que Derek tenía muchos motivos para estar cabreado.

- Estaba volviendo a casa cuando creí detectar algo extraño y… Vine a averiguar qué era.

Derek esperó a que Parrish se explicara. Cuando los segundos pasaron y no lo hizo, alzó una ceja… Y cuando nuevos segundos pasaron y Parrish no detectó la pregunta implícita en ese movimiento, Derek dejó los ojos en blanco al tiempo que resoplaba… Menos mal que solo estaba hablando con el ayudante del Sheriff Y Alpha.

- ¿Y bien? ¿Qué era? - preguntó con retintín, dejándole claro lo que pensaba de su asombrosa capacidad de deducción.

- Tu corazón. Late demasiado deprisa.

Hale no se esperaba esa respuesta. Lo que era peor: hasta que Parrish no se lo dijo, no fue conociente de lo rápido que, efectivamente, le estaba latiendo el corazón.

"No tendría que haber salido de casa".

Parrish estaba esperando a que le explicara lo que le estaba pasando. Pero Derek no tenía ningunas ganas de explicarse, muchas gracias… Aunque algo tendría que decirle para que dejara de mirarle con esa cara de cachorrito y que le estaba sacando de quicio.

- Solo estaba haciendo un reconocimiento para asegurarme de que todo estaba en orden – dijo Derek, cruzando los brazos – Está claro que tengo que hacerlo más a menudo para que no se repitan los errores del pasado.

Parrish asintió, mas no se le veía del todo de acuerdo con la declaración de Derek.

- ¿Sabes? Viéndote ahora así, no sé cómo pude pensar que no eras un buen Alpha… Creó que no podría haber uno mejor.

Derek volvió a bufar y a dejar los ojos en blanco, pero esta vez por otro motivo. Ahora lo que menos quería y necesitaba era que el mismo Alpha que le quiso quitar el puesto, viniera a alabar su capacidad como líder.

Y que encima lo hiciera con esa cara de cachorrito perdido.

¿Cómo era posible que un gesto que le parecía adorable en Isaac, con Parrish le diera ganas de darle una patada en la boca?

- Solo querías ayudar a esos chicos – sentenció Derek – Y pensaste que yo no lo estaba haciendo bien como Alpha. Creías que era lo correcto.

- Pero yo…

- Ya me pediste perdón – le cortó – No hace falta que lo hagas otra vez.

- ¿Estás bien? – preguntó Parrish de repente, retomando su papel de ayudante del Sheriff - Te noto más taciturno que de costumbre.

Derek apretó los puños, obligándose a mantener la calma. "Recuerda que es de los buenos", repetía la vocecita en su cabeza.

Pero aunque lo fuera, seguía resultando exasperante.

- Siempre he sido así.

Parrish le miró de arriba abajo y Derek luchó por no sentirse amenazado ante el gesto.

"Ya no es tu enemigo" le repitió su vocecita interior, que se parecía demasiado a la de Stiles "Ahora mismo solo tienes un enemigo y ese eres tú mismo".

- No me lo pareció la primera vez que te vi.

Derek sonrió con ironía. Y aunque no quisiera, también con tristeza.

- Las cosas han cambiado.

El ayudante del Sheriff asintió en silencio, observando unos instantes los árboles que les rodeaban. Tratando de buscar las palabras adecuadas.

- Sé que no es asunto mío pero…

- Entonces no te metas.

- Pero… - siguió de todos modos Parrish – me he enterado que ya no estás con Stiles.

Derek fulminó a Parrish con la mirada, mostrando sus ojos rojos.

- Lo siento, pero no puedo quedarme de brazos cruzados sabiendo que…

- ¿Qué? – le increpó Derek - ¿En qué te afecta con quién esté o no?

- Porque tengo la sensación de que ha sido culpa mía – murmuró – Y que debo hacer algo para solucionarlo.

- No puedes ayudar.

- ¿Por qué no? Puedo intentarlo al menos.

- No depende de ti...

- Depende de Stiles – terminó Parrish por él - ¿Y qué pasa contigo? – preguntó, curioso - Si él no está cómo…

- ¿Podré controlarme? – preguntó esta vez Derek - Ya lo tengo solucionado.

- ¿Puedo preguntar cómo? Si Stiles era tu ancla…

- Solo he tenido que volver a la del principio.

- ¿Y es igual de buena?

Derek tuvo que tragar saliva y apretar los puños durante unos instantes para poder responder. Notó cómo el corazón se le aceleraba y se preguntó cómo es que no se había dado cuenta antes. Probablemente llevaría días así. Desde el mismo instante en que abandonó el hospital.

- Es efectiva.

La respuesta no engañó a ninguno de los dos.

Pero tampoco dijeron nada ninguno de los dos. Parrish asintió, dándole a entender que no presionaría más y…

Y por primera vez Derek le vio como alguien en quien podría confiar.

No en la persona en la que le gustaría depositar todas sus esperanzas, pues ese puesto solo podría tenerlo Stiles y ya nunca podría ser; pero al menos sí quien haría todo un poco más fácil.

No para él, pero al menos sí para el resto del mundo.

- Dices que quieres ayudar – esperó a que Parrish asintiera - Te diré cómo puedes hacerlo – terminó de recorrer los dos metros que le separaban del hombre lobo – Sé tú el Alpha.

Parrish tardó en reaccionar.

Tardó tanto, que en un principio pareció que ni siquiera había oído la petición.

- ¿Por qué me pides eso? Acabas de decir que lo tienes controlado.

- De momento sí. Y confío en que será así la mayor parte del tiempo pero… - apretó los labios, odiando tener que confesar sus temores, pero no teniendo más remedio que hacerlo por el bien de todos… Siempre por el bien de los demás - No sería la primera vez que falla y quiero asegurarme de que cuando pase, esta vez tendré a alguien que pueda hacerse cargo de la situación.

- Pero no tienes por qué renunciar a tu puesto de Alpha. Ya te lo he dicho. Creo que eres el mejor.

- ¡No puedo ser el mejor! – estalló Derek, liberando un poco de la rabia contenida - No sin…

El nombre de Stiles quedó suspendido en el aire.

- ¿Stiles? – Terminó Parrish por él, intuyendo que aquel era un nombre al que Derek le costaba cada vez más pronunciar. Cuando el otro asintió, fue sin fuerzas – ¿Porque has roto con él entonces?

La sonrisa de Derek fue la más triste que Parrish había visto… Y eso que había estado tres años en el campo de batalla.

- No fui yo quien le alejó de mí... No esta vez.

- Lo siento muchísimo… - musitó el ayudante del Sheriff.

- Es mejor así. Tiene razón. Se merece algo más… seguro.

- ¿Y qué pasa contigo? ¿Cómo aguantabas tu impulso cuando no tenías a Stiles?

- Me apoyaba en mi familia – respondió a regañadientes Derek. Siempre había odiado hablar de su familia… "Es por el bien de todos", se recordó - Y cuando los perdí traté de aferrarme a su recuerdo.

- ¿Y funcionó?

El Alpha Hale luchó por seguir hablando, aunque cada palabra le estaba costando horrores. Cuando estaba con Stiles, hablar de su familia le salía con naturalidad. No le costaba nada compartir sus recuerdos, como tampoco sus miedos.

Con Parrrish… Con cualquiera que no fuera Stiles, era como si le estuvieran arrancando cada palabra directamente del corazón.

- Al principio… Pero hubo un momento en que solo pude recordar su pérdida y cómo murieron. Así que dejé que fuera la rabia por haberles perdido lo que me mantuviera humano.

- No parece que sea algo agradable.

- No lo es… - admitió con voz apagada - Pero funciona. Y es suficiente para poder seguir haciendo mi trabajo… - miró a Parrish a los ojos - Aunque a veces sea demasiado.

- Derek. Te prometo que haré lo que esté en mi mano para ayudarte – negó entonces con la cabeza - Pero eso no significa que vaya a quitarte un puesto que te has ganado por derecho propio…

- No es verdad – negó sin fuerzas Derek - Yo solo soy el Alpha porque no hay otro Hale que pueda serlo.

- No es eso lo que piensan tus Betas.

Derek apretó los puños y miró al cielo, tratando de calmarse.

"No tendría que haber salido de casa"- se repitió.

- No te entiendo – se quejó Derek - Hace una semana decías que era el peor Alpha que podría haber. ¿Y ahora te niegas a aceptar mi puesto cuando te lo estoy entregando?

- Me equivoqué al juzgarte… No pienso cometer ese error otra vez.

Derek rió sin humor, negando su mala suerte.

Cuando por fin se atrevía a dejar atrás su último resquicio de macho Alpha, era solo para darse cuenta de que siempre sería el Alpha.

Quisiera o no.

- Supongo que mi madre tenía razón – dijo al final, un poco más calmado pero con la voz igual de apagada.

- ¿Con qué?

- Decía que algunos Alphas, como ella, conseguían cuidar de su manada y proteger su territorio siendo felices. Creando una familia – negó para sí - Pero que a cambio, otros simplemente no podían ser ese tipo de Alphas.

- ¿Y qué tipo eran?

El abatimiento de Derek llegó a su máximo punto.

No quería estar allí, hablando con un desconocido que le había demostrado que no era tan bueno como creía. Quería estar en su loft, metido en la cama y abrazando el lobo de peluche, imaginándose que Stiles estaba con él. Que siempre lo estaría…

Pero había cosas que, simplemente, no podían ser.

- El Alpha solitario. El perro guardián que vigila en la distancia – respondió al final - Es el tipo de Alpha que me ha tocado ser. Y cuanto antes aprenda a aceptarlo, mejor para todos.