Disclaimer: Harry Potter y todos sus personajes, historias y características no me pertenece, son propiedad de J.K Rowling.


Capítulo 22 – ¡Estoy embarazada!

El día de navidad era un día muy esperado para todos en el mundo mágico. En las pasadas semanas las detenciones de magos y brujas oscuras se habían disparado, el miedo se había instaurado en la sociedad y Voldemort ya no se escondía. Por eso la llegada de la navidad había supuesto una distracción ansiada para muchos. Esa fue la razón por la que ese año celebrarían tal ocasión en casa de Sirius y Bellatrix.

Una luz verde hizo iluminarse el salón de la casa, la chimenea expulsó de su interior a un joven mago que casi se cae de bruces al suelo al toparse con una de las decenas de decoraciones que adornaban el lugar.

–¡Remus! –Sirius acudió veloz a su encuentro. –Eres el primero en llegar. –Apartó la decoración con la que se había tropezado.

–Me gusta llegar con antelación. –Sonrió con timidez.

Sirius le cogió por los hombros.

–Vayamos a la cocina. Estoy acabando de preparar la comida.

Remus arrugó la nariz.

–Será mejor que recuerde los lugares que envían comida a través de la red flu. – Bromeó.

–Muy gracioso, pero cuando pruebes mi comida alucinarás. A Bella le gusta, y no creo que ella desaprovechara una oportunidad así para meterse conmigo. ¿No crees? –Rió.

–No sé… Siempre me pareció raro que consiguiera tolerarte. ¿No la tendrás bajo un confundus? –Continuó molestándole.

–¡Me ofendes! – Fingió estar dolido. –Eso solo fue una vez. – Sonrió pícaramente. –Pero no le digas nada. – Dijo atemorizado mirando por encima de su hombro. En su cuarto año, Bellatrix acabó recibiendo un confundus que iba dirigido a Snape. Estuvo varios días perdiéndose por el castillo.

Cuando entraron en la cocina un delicioso olor hizo que Remus salivase.

–Huele bastante bien. –Dijo impresionado. –Por cierto, ¿donde esta Bella? Le he traído este vino que tanto le gusta. –Le enseño la botella.

Sirius la cogió rápidamente.

–Se está acabando de preparar, ya sabes mujeres… –Abrió uno de los armarios y escondió la botella en el fondo.

Remus le miró extrañado.

–¿Qué haces? Pensé que le gustaría beberla en la comida.

–Desde que mi tío vive aquí a Bella le ha dado por darse al vino. Y sabes… Nunca pensé que tendría una pareja, pero ahora que la tengo me gustaría conservarla más allá del próximo mileno.

Tras sus palabras, Sirius volvió a su cometido en la cocina a la vez que él y Remus hablaban de cosas triviales. Unos minutos más tarde hacia acto de presencia Alphard.

–Joven Remus. –Dijo este a modo de saludo. –Un gusto verte de nuevo. –Le estrechó la mano.

–Igualmente señor.

Alphard se paseó por la cocina observando lo que su sobrino cocinaba.

–Me hubiera gustado que nos hubiéramos encontrado en mejores condiciones. La vida siempre es bastante injusta. –Se lamentó. –Menos mal que tengo a mi sobrino favorito. –Le dio un apretón en el hombro.

–Estoy seguro que todo se solucionará pronto. –Remus intentó animarle.

–Mis hermanos no están muy por la labor, especialmente la bruja de mi hermana. Y va con segunda lo de bruja. –Rió de su propia broma.

En ese momento entró Bellatrix que captó la última frase.

–Espero que no estés hablando de mí, querido tío Alphard.

Bellatrix se acercó a saludar a Remus cosa que Alphard aprovechó para murmurar.

–No sois tan distintas…

Pero eso si llegó a oídos de Sirius sí.

–¡Tío Alphard por favor! –Suplicó.

El hombre agachó los hombros e indignado por la reprimenda, salió de la cocina.

–En el fondo me adora, aunque muy en el fondo. –Bromeó Bellatrix.

Sirius resopló.

–Espero que tu también te portes bien hoy.

–Yo lo haré si los demás también lo hacen… Hoy se juntan mis dos máximos detractores.

Remus sacudió la cabeza, esperaba que aquello no acabase en una de esas guerras dialécticas entre James y Bellatrix. Además, la cosa se podía poner peor si intervenía Alphard.

Cuando la comida estaba completamente terminada y la mesa puesta, llegaron los tres últimos invitados.

–¿Qué ha pasado aquí? ¿Acaso Santa Claus ha explotado en tu salón Sirius? – Bromeó James.

–Mi casa mis, normas James.

Todos acabaron por saludarse y se sentaron a la mesa. Debían de admitirlo, la comida de Sirius estaba bastante buena y eso ayudo a que al ambiente se relajara. Con los estómagos llenos y satisfechos no cabe el enfadado, y sobre todo cuando no hay alcohol de por medio. Pero lo bueno no dura eternamente y la tensión apareció con el postre.

–Como me alegra que estemos pasando este día todos juntos. –Comentó Lily mirando a todos sus amigos, para después fijarse en Bellatrix. –Ya que suponía que pasaríais esta fecha con Andromeda.

–Esa era la idea, pero viene la familia de Ted y… Demasiadas cosas mágicas a su alrededor.

Aquella era una verdad a medias. Era cierto que la familia de Ted pasaría las navidades con su hermana, pero esa no había sido la causa por la que no habían ido con ellos. Ambas continuaban enfadadas. Sirius era conocedor del enfado pero creía que todo había sido consecuencia de una desavenencia puntual.

–Mentirosa… –Murmuró Alphard. Creyó que lo había dicho lo suficientemente bajo para que no lo escuchase su sobrina, pero se equivocó.

–¡¿Mentirosa?! –Preguntó sobresaltada.

Pero si alguien pensó que Alphard Black iba a quedarse callado y no metería más el dedo en la llaga, estaba equivocado.

–-Sí, eres una mentirosa. –Se reafirmó.

Lily comenzó a ponerse colorada, la pobre no quería causar ningún problema y parecía que su simple comentario había desatado una trifulca.

–Estas enfadada con Andromeda. Os escuché pelearos. –Continuó ante la perplejidad de Bellatrix.

–¡Sirius! –Bellatrix le gritó para que parará a su tío. Pero este la ignoró.

Remus y Peter no sabían dónde meterse y James disfrutaba del momento.

–Se han peleado porque Andromeda se ha enterado de que Bellatrix vuelve a tener relación con Narcisa. Te lo dije Sirius, acabaría enseñando sus verdaderas intenciones.

Sirius miró con sorpresa a Bellatrix. No le había dado importancia a su enfado con Andromeda, suponía que eran cosas de hermanas.

Bellatrix no dijo nada.

Ese silencio no hizo más que confirmarle a Sirius que lo que contaba Alphard era cierto.

Y… Como no podía dejar de pasar la oportunidad, James arremetió.

–Nunca te puedes fiar de una Slytherin. Seguro que sigue hablándose con Lestrange…

Peter que notaba lo que se venía encima intentó intervenir pero como siempre, sus nervios le impidieron emitir más unos ruidos incompresibles.

–Ya esta… ¡Se acabó! –Bellatrix se levantó y tiró con ira su servilleta sobre la mesa. –¡Tú! – Señaló a Alphard. – Se que me odias y que me detestas. Pero yo no voy malmetiendo sobre ti y sabes que podría hacerlo. Quizás mi padre y mi tía no están muy equivocados al desheredarte.

Se giró hacia James.

–Mira Potter, te puedes meter conmigo todo lo que quieras. Llamarme desde loca hasta mortífaga, pero de ahí a infundir tales dudas con mi pareja… Eso es caer muy bajo hasta para ti.

Finalmente se quedó mirando a Sirius.

– Y tú… Eres el peor de los tres. Les defiendes, les ríes sus bromas y te quedas callado mientras se meten conmigo. Una cosa son vuestras bromitas, a las que ya me he acostumbrado, pero insinuar lo que han insinuado mientras tú no dices nada… Eso es mucho peor.

Las palabras de Bellatrix pusieron furioso a Sirius, se levantó de su silla e imitó su comportamiento.

–Si lo dejo pasar, es porque no me creo nada de lo que dicen. Pero sabes… Después de tu actitud quizás empiece a creérmelo.

Remus se llevó las manos a la cabeza y miró a Lily que estaba sentado en frente de él, esta también le miraba horrorizado.

–Suponía que tu enfado con Andromeda era por una tontería, no porque estuvieras hablando con Narcisa. Así que si me has mentido en eso… ¿Por qué no me ibas a mentir en la posibilidad que plantea James?

Bellatrix apretó los labios, sentía como su irá se incrementaba.

–Es mi hermana pequeña y no tengo porque decírselo a nadie. –Sentenció.

–¡Tu hermana está casada con un mortífago! –Rebatió Sirius.

James miraba de uno a otro como si de un partido de tenis se tratase a la espera de que Sirius anotase el tanto final.

–Mi hermana acaba de descubrir que esta embarazada y necesitaba a alguien con quien hablar. – Gritó. –Y como hermana que soy ante todo, ante esta estúpida ideología y partidismos, si una de mis hermanas me necesita, yo estaré ahí.

Sirius enmudeció. Sabía que Narcisa era el punto débil de Bellatrix y que si había tenido dudas acerca de su fuga había sido por dejar a su hermana pequeña.

–Supongo que eso el tío Alphard no lo escuchó, y si lo hizo lo ignoró para así poder crear un problema, porque eso es lo que lleva haciendo desde que vive aquí. –Se giró para marcharse. – Pero sabes… No he vuelto hablarme con Lestrange desde que teniamos dieciséis años, pero quizás debería volver hacerlo.

Dejando a Sirius con la palabra en la boca, Bellatrix comenzó a caminar hacia la salida del salón.

Lily culpable por como un simple comentario suyo había dado lugar a esa pelea se sintió obligada a pararla. Así que, para cambiar la situación y cortar la tensión dijo lo que en teoría quería haber dicho en mejores circunstancias.

–¡Estoy embarazada!

Bellatrix se detuvo al escuchar a su amiga y el resto de ocupantes de la sala se la quedó mirando. James y ella habían planeado contarlo cuando se intercambiaran los regalos.

–¡Sorpresa! – Dijo sin mucho ánimo al ver que nadie abría la boca.

–Enhorabuena. –Remus fue el primero en felicitarla al igual que Peter.

Bellatrix, cuando reaccionó, se acercó a Lily y la abrazó a modo de felicitación.

El resto de invitados hizo lo mismo. La noticia de Lily tuvo el efecto deseado y el ambiente se relajó. Aunque entre Sirius y Bellatrix la tensión se podía cortar con un cuchillo.


Remus fue muy reticente a irse cuando la velada dio por finalizada. Sirius y Bellatrix no se habían vuelto a dirigir la palabra desde que Lily dio la noticia de su embarazo. Era obvio que cuando el último se fuera comenzarían a pelearse, y tenía miedo. Al contrario que James, Remus confiaba plenamente en Bellatrix y creía en los motivos por los que esta se había guardado su renovaba relación con su hermana.

–¿Estaréis bien? –Le preguntó a Sirius cuando se fue a despedir de él.

Sirius sonrió con tristeza y acabó asintiendo.

–Nosotros somos así de intensos. Lo solucionaremos.

Remus realmente deseaba que así fuera.

Tras la marcha de Remus, Alphard le dijo a Sirius que se iba a pasear por la ciudad. Que cobarde. Sirius no le dijo nada. La verdad es que no quería hablar con él, le dolió como su tío había ocasionado todo lo ocurrido. Si este sabía que Bellatrix y Narcisa se hablaban ¿Por qué no se lo dijo antes? ¿Por qué había esperado a que estuvieran todos sus amigos allí? Tenía muy claro el porqué desde hacia tiempo, pero quiso engañarse a si mismo creyendo que su tío no odiaba realmente a Bellatrix.

Bellatrix comenzó a recoger las sobras de la comida, él hizo lo mismo. Pero en ningún momento se dirigieron la palabra.

Eso no estaba bien.

Ellos no eran de los que se ignorasen cuando se enfadaban. Ellos se gritaban, se insultaban, se lanzaban hechizos, hacían de todo menos eso… Quedarse en silencio.

Sirius se obligó a si mismo a no ser el primero en dar el brazo a torcer. Cuando pasó una hora y observó que Bellatrix se había ido a su habitación, no aguantó más y fue a su encuentro. Esta se encontraba sentada en el centro de la cama leyendo una revista, aunque con la rapidez que pasaba las páginas no parecía leer nada en concreto. Sirius se quedó observándola desde la puerta. Aquella no era la primera vez que se peleaban, pero sentía que esa vez era diferente.

–¿Hasta cuándo vas a ignorarme? –Se colocó a los pies de la cama.

Bellatrix soltó la revista.

–No se… ¿Porque no se lo preguntas a tu tío o mejor a Potter? Seguro que les haces más caso a ellos. –Se cruzó de brazos.

Sirius cerró los ojos por unos segundos intentado contenerse.

–Quizás no debería de hacerles caso si tú no me mintieras.

Bellatrix negó con la cabeza y comenzó a incorporarse.

–No te mentí. Tan solo omití información…

–Llámalo como quieras. Pero no me dijiste que te hablabas con Narcisa y mucho menos que esa era la causa de tu enfado con Andromeda… Y eso es lo que no entiendo. El porqué no me lo dijiste desde el principio. Yo no te lo hubiera impedido.

–Por favor Sirius… si prácticamente me decías todos los días que me olvidara de ella. Que no existía para mí. –Se posicionó delante de él.

–¡Si te decía eso, era para evitarte sufrir cuando vieras que ya no le importabas! –Ahora ya estaban cara a cara.

–¿Ah si? Y ahora que lo sabes… ¿Qué piensas? –Preguntó con sorna.

–¡Que estás loca! ¡Está casada con un mortífago!

–¡Tu mismo dijiste que le dejaron libre!

–¡Por que no tenían suficientes pruebas para incriminarle, no porque fuera inocente!

Bellatrix le miró con el ceño fruncido pero se mantuvo callada.

–Aunque fuera un error mío no contarte sobre las cartas de Narcisa… Cuando tu tío intenta utilizarlo para acusarme de algo que tú sabes muy bien que no es así y tu amigo insinúa que tengo algo con Lestrange… Tú te quedaste callado. Y eso si que me ha dolido.

–Bella te lo dije antes, si no digo nada es porque no me creo nada, pero con tu comportamiento has hecho que una pequeña duda aparezca en mi corazón.

–¡Cómo te atreves! ¿Crees que yo tengo alguna relación con las artes oscuras o con Lestrange?

–Permíteme que tenga mis dudas respecto a tu relación con las artes oscuras… Si no me cuentas lo de Narcisa, ¿por qué no me ibas a ocultar eso? Y sobre lo de Lestrange… Me parece la mayor tontería que James ha dicho en toda su vida, pero no dejo de darles vueltas a la cabeza en el porqué no te quieres casar conmigo. ¿Por qué no aceptas mis proposiciones?

Bellatrix no sabía cómo contestarle. Tenía sus motivos para no aceptar ninguna propuesta de Sirius. Pero era algo de lo que no prefería hablar. Tomó aire y sin dirigirle la mirada a Sirius intentó dejar la habitación.

Sirius la agarró por el brazo para que no se fuera y la giró hacia él.

–¿Huyes? Tú nunca huyes ante nada. –Hizo que le mirara a los ojos. –¿Qué es lo que pasa Bella? Olvídate de James, de Alphard, de tus hermanas… Sé que yo tengo mucha culpa, pero lo que realmente me preocupa es lo que pasa entre nosotros.

Bellatrix no pudo aguantar más la mirada y agachó la cabeza.

–Bellita… –Intentó que al utilizar el mote que le decía de forma cariñosa, se ablandase. –¿Por qué no te quieres casar conmigo?

Bellatrix suspiró. Hasta ahora había ignorado todas las propuestas de matrimonio Sirius, y aunque las había rechazado dándole unas razones vagas, había realmente una por la que lo hacía.

–Sí que me quiero casar contigo… –Dijo finalmente. –Pero… Tengo miedo. –Confesó.

Eso Sirius sí que no se lo esperaba, y le hizo sentirse dolido. ¿De qué tenía miedo? ¿Tan horrible seria casarse con él?

Bellatrix continuó hablando.

–Lo encontrarás una tontería. La primera vez que me pediste que me casara contigo, deseé aceptarla. Pero lo ocurrido con Lestrange se me vino a la cabeza y no pude dejar de pensar en si realmente era yo la que estaba aceptando o me estaba viendo obligada por la situación. Obvio que tu no me obligarías hacer algo que no quisiese, pero… entiende la mentalidad con la que nos crían a las mujeres en la familia Black. No tenemos ni voz ni voto, y la primera vez que comencé a tenerlos fue contigo. Por eso te rechazaba una y otra vez, se me nublaba la mente y tenía miedo, miedo de acabar siendo eso de lo que nos fugamos. No dejaba de ver las similitudes entre tus padres con nosotros, y sentía que con nuestro matrimonio hacíamos el primer paso hacia ese futuro tan desgraciado donde yo me volvería una loca como tu madre y donde tú me acabarías odiando.

Sirius escuchó atento a todo, y aunque sabía que aquello había supuesto un quebradero de cabeza para Bellatrix, no pudo evitar sonreír. Mil escenarios del porque Bellatrix rechazaba sus proposiciones se habían formulado en su cabeza, desde que ella ya no estaba enamorada de él hasta que podría haber otro hombre, pero nunca que Bellatrix aun estuviera debatiéndose internamente con los demonios de su familia.

La semilla de los Black era difícil de exterminar.

–¡¿Te causa gracia?! –Preguntó indignada.

–Pues sí, porque me siento aliviado. Eso que dices nunca va a ocurrir porque nosotros no somos ellos. Y aunque digas que nos parecemos, que si te refieres al físico no lo voy a negar, personalmente somos polos opuestos. Para empezar tú y yo tenemos algo que ellos nunca lograron conseguir y es que somos libres para decidir qué hacer.

Bellatrix se sintió más descansada al contarle a Sirius sus dudas. No se había dado cuenta pero ese había sido uno de sus principales miedos. Desde pequeña todos sus familiares decían que más que sobrina parecía hija de Walburga debido al gran parecido entre ambas y había crecido con la mentalidad de que sería como ella, por eso temía la idea de convertirse en la loca de su tía.

–Pero… Entiendo tus miedos, por lo tanto me comprometo a no pedírtelo más. Deberás ser tu la que me lo pida a mí.

Bellatrix ofreció la primera sonrisa de aquel día. Sabía que Sirius realmente quería casarse con ella, pero ella no estaba todavía preparada para eso. Esperaba que su mente acabara por recomponerse y expulsase por completo los restos de los Black.

Asintió a las palabras de Sirius y para demostrarle su acuerdo se abrazó a él. Sirius correspondió al abrazo.

–Pero aún me tienes que explicar lo de tus hermanas.

–Y tú tienes que explicarles a Potter y a tu tío a no meterse en nuestra relación.

Sirius se apartó de ella momentáneamente y le ofreció su mano.

–Trato hecho.

Bellatrix acabó por estrechar la mano de Sirius. Mira que era teatrero ese hombre.

–Pero tú también deberás de ser más tolerante con ellos.

Bellatrix frunció el ceño y apartó su mano.

–Si quieres que eso forme parte del trato deberás de ganarlo… –Sonrió con picardía y volviendo a cogerle de la mano, tiró de él para tumbarle sobre la cama.

–Menos mal que soy experto en esto. –Le siguió el juego e hizo que esta se tumbase sobre él.

Desde luego que después de lo ocurrido, Sirius no creyó que el día fuera acabar tan bien.