Disclaimer: No soy Jotaká ni Warner. Inherentemente Harry Potter no me pertenece. Tampoco las frases de la canción (Happier de Marshmello y Bastille) a lo largo del fic.
Este relato participa en la tabla Alergias de Primavera organizado por De aquí y de allá by TanitBenNajash.
Palabra: Angustia.
Personaje: Frank Longbottom.
Palabras: 542 (sin contar los fragmentos de la canción).
ALERGIAS DE PRIMAVERA.
...
DIECIOCHO.
«Somos una llama en el viento,
no el fuego que empezamos».
Es un día extraño. Están en primavera, pero el cielo reniega y se viste de gris. Sin nubes, sin sol, sin azul. Toda la bóveda celestial gris, plomiza, indiferente. Tampoco hay viento. Las hojas no sé mueven, el olor dulzón de las flores no se esparce por el jardín, el chocolate que cocinan los elfos no llega más allá de la cocina.
Es primavera, pero Escocia dice que no. Escocia se toma el día.
Frank debería hacerlo también. Debería seguir el extraño humor colectivo y encerrarse en la Sala Común. Debería sentarse frente al acojedor fuego de la chimenea y beber chocolate caliente. Porque no hace brisa, pero hay frío.
Desde hace días dentro de él hace frío.
«Cada discusión, cada palabra que no podemos retirar.
Porque con todo lo que ha pasado,
creo que ambos sabemos la forma en que termina la historia».
No está en la Sala Común. No está frente al fuego. No está con Alice.
En cambio, está en los jardines exteriores, frente al Lago Negro, con el cielo desabrido y la brisa paralizada.
Lleva exactamente quince días sin hablar con ella, con Alice, con su novia.
Están en época de exámenes y ella se vuelve loca y no le habla por semanas. Ha pasado antes.
Frank se está mintiendo. Los exámenes no tienen nada que ver con el silencio en su relación. Últimamente, los exámenes no tienen mucho que ver en nada. Últimamente, la Guerra tiene mucho que ver en todo. Incluso en su relación. En su silencio tras las palabras de Alice.
«Lucharé contigo o sin ti».
«Solo por un minuto, quiero cambiar de opinión.
Porque esto no me parece que esté bien.
Quiero levantarte el ánimo, quiero verte sonreír».
Los papás de Alice están muertos. No es una triste historia que lleva acarreando toda su vida; es una experiencia dolorosa y reciente. Los asesinaron y escribieron «sangres sucias» con su propia sangre. Alice había salido con sus amigas y cuando regresó a casa los encontró así: muertos, manchados, torturados... marcados con magia negra y odio. Se lo contó un mes después del velorio. En principio del curso.
Un pensamiento intrusivo golpea a Frank: «está en su último año». Pronto dejará de usar las túnicas negras con el sello de los leones que han marcado siete años en su vida. Mira hacia el castillo. Pronto dejará la seguridad de Hogwarts.
Vuelve a mirar al lago.
Pronto su novia será parte de la Orden y él... Merlín, Frank solo quiere tener que preocuparse por el viaje de un año (que ya no podrá hacer).
A veces, en los silencios llenos de polvo de la biblioteca, en la oscuridad de su cuarto, en el frío hulular de las millones de lechuzas del colegio; ahí, cuando su propio cerebro se calla, Frank se imagina distinto. Se imagina luchando mano a mano con Alice, se imagina alzando la varita por los hijos de muggles, por la justicia, se imagina sin miedos. Se imagina más valiente, más temerario.
Luego, la angustia viene. Porque Frank solo es Frank. Asustado por las muertes, alto, preocupado por su madre, con el cabello rubio, insomne por pensar en todo lo que implica el futuro. Y la oscuridad regresa. Y Frank piensa en huir. En largarse.
Dejar atrás a Alice, Hogwarts, Escocia. Piensa, bajito, en largarse de la Comunidad Mágica Británica.
El gris del cielo se rompe. Frank se pone de pie. La lluvia lo empapa en segundos.
Frank no habla con Alice desde hace quince días.
Ojalá esa fuese la mayor de sus preocupaciones.
