Ahora más que nunca espero que todos estén bien, las cosas están difíciles para algunas personas, pero espero que esta actualización les de algo de alegría. Me he dado cuenta de que estoy escribiendo capítulos más largos, espero que con eso se compense la tardanza, también he notado que le pongo mucho enfoque a Marked, pero eso es porque ya estamos en las últimas y no quiero alargar su espera de ver las preguntas resueltas.

.:Correspondencia:.

shinny26: ¡Hola! Espero todo esté bien. Si te ha gustado Ichigo hasta ahora, lo vas a amar con locura en este. Bueno, ya veremos que pasa con Haku, aunque Ichigo no está muy preocupado por él jajaja

gitana99k: Por los carácteres que tiene Rukia el significado del nombre Haku es distinto. Ya veremos si tu teoría se hace realidad o no. Gracias a ti por leer y el review, significa mucho para mi.

Inverse L. Reena: Agarrate porque esta vez si vengo muy dulce xDDD el pasado de Rukia es algo que me llama poderosamente la atención, es como, necesito MÁS de ella, lo que sabemos de su pasado antes de ser shinigami es desde el POV de Renji, quisiera saber de ella directamente.

Uin: Muchas gracias, al doble. Y también felicidades, no sabía que habías estado participando hasta que leí tu review, ese fanart de DB me hizo recordar que yo misma tenía un AU de yakuzas jajajaja aunque con un toque definitivamente distinto. Pasaron muchos detalles en el capítulo anterior, y me alegra que los hayas notado. Son esas pequeñas cosas que te dan una idea de lo que se avecina, así que no te puedo confirmar nada xD más porque efectivamente, el final se acerca.

Cass: Gracias por tu comentario, espero este capítulo te guste tanto o más que los anteriores.

Gdetamadesu: ¡Un gusto! Espero te guste el nuevo cap.

natsumivat: Ay, creo que al adelantarte te has perdido un poco del misterio que creo que he ofrecido en el fic, pero aún así me emociona leer que pese a ello te haya dado tanto leer el capítulo 10. No puedo decir nada de Haku, me da miedo soltar información de más jajaja pero las respuestas llegarán pronto ;)

Aqua: Hay algo con Haku, pero no te diré que ;) y una buena dosis de IchiRuki, espero lo disfrutes

MissJackson: ¡Gracias! Aquí la continuación.

aralemir: Muchas gracias.

Advertencia: Me he visto Fruits Basket de nuevo, así que es probable que se note que vengo más dulce que de costumbre lol.


Marked

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Capítulo 11

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Después de su entrenamiento con Rukia, Ichigo se sentía casi emocionado de la posibilidad de enfrentarse a un hollow.

No es que quisiera volverse uno más de la Onceava División, ni que fuera un insensible. Es que después de estar bajo el ala de una shinigami tan comprometida como Rukia, no pudo evitar sentirse contagiado por ese deseo de cumplir su deber con las demás almas, corruptas o no.

El konso era una ceremonia armoniosa, respetaba a los espíritus errantes. Pero quería volver a enfrentarse a un hollow, probar las habilidades de su Zangetsu ahora que le conocía un poco mejor.

Aunque le resultaba un poco incómodo estar entre los shinigamis que, o se sorprendían de lo intimidante que resultaba su zanpakuto liberada o criticaban su incapacidad de mantenerla sellada. Pero, lo verdaderamente decepcionante es que los malditos hollows parecían haberse puesto de acuerdo para huirles.

Llevaban desde muy temprano en este pequeño distrito, ya el sol se había puesto. Sólo habían encontrado un pequeño plus que fue purificado por el más cohibido de los nuevos reclutas, por órdenes estrictas de Sentaro.

Ichigo estaba tremendamente aburrido, ni siquiera podía arreglárselas para escaparse e ir a ver a su familia puesto que no ubicaba exactamente en qué parte de Japón se encontraban. Se moría del aburrimiento, ni siquiera habían visto un alma en dos horas. ¡Y tenían que esperar días para volver a la Sociedad de Almas!

— Ichigo, ya quita esa cara de perro, haces todo peor— Sentaro le dio un zape en la cabeza, aparentemente irritado. Ichigo estaba a punto de defenderse cuando Kiyone se metió en la conversación.

— Entiéndelo, es su primera vez y está resultando absolutamente decepcionante— dijo la pequeña mujer con tono condescendiente—. Quizá debería de acompañar a Kuchiki a dar una última vuelta en el sector oeste.

Ante la inocente sugerencia de Kiyone, su igual sonrío de oreja a oreja, al parecer le cambió totalmente el humor.

— Oh, cierto, ¿por qué no vas y le ayudas a Kuchiki? No es bueno que vaya sola— su tono juguetón hizo que Ichigo de inmediato se pusiera de inmediato a la defensiva. La risita de Kiyone tampoco ayudó.

— Rukia puede cuidarse sola— se cruzó de brazos, negándose a darles más material para burlarse de su persona. Kiyone y Sentaro, últimamente, aprovechaban cada oportunidad que podían para burlarse de él y su enamoramiento con Rukia, porque, aunque se la pasará negándolo, era demasiado obvio, y era demasiada la tentación para detenerse.

— ¿Ah?— Sentaro le tomó de las ropas—, no voy a permitir que seas insubordinado, no me importa si eres un prodigio o el favorito del capitán, vas a cumplir con mis órdenes.

— Creí que era una sugerencia— trató de hablar lo más tranquilo posible, todo mundo les estaba viendo ahora que el otro había levantado la voz. No podía creer el cinismo de su superior. Lo que quería no era ejercer disciplina entre los nuevos reclutas, sino divertirse con ellos dos.

— Pues no pienses, pregunta— levantó la vista, buscando con la mirada a la pelinegra—, ¡Kuchiki!— la susodicha de inmediato prestó atención, lista para acatar las órdenes—, lleva a este idiota al sector oeste para que busque más de esos mini hollows para que se joda la espalda de tanto tener que agacharse.

— Sí— Rukia se limitó a acatar órdenes, aparentemente sin notar las intenciones ocultas de Sentaro. O quizá sí, era demasiado lista como para ignorar las conspiraciones que este formulaba; Ichigo supuso que sólo se hacía la que no sabía nada como era usual, especialmente si hablaban de ella—. Ichigo.

Le llamó, y como un vil cachorrito fue detrás de ella.


— Estoy aburrido— Rukia rodó los ojos, tratando de ignorarlo y concentrarse en detectar algún alma. Pero nada. Sólo la presencia pesada de Ichigo detrás de ella, casi como si quisiera tirarse al suelo para hacer un berrinche—. Deberíamos de hacer algo diferente.

— ¿Y qué sugieres?— honestamente, ella también estaba algo cansada de solamente caminar por aquí y por allá sin ver resultados inmediatos.

— ¿Podríamos ir a algún lugar cerrado? Como una cafetería o algo por el estilo. Tengo ganas de prepararme algo dulce.

— ¿No te gusta la comida del escuadrón?— preguntó tratando de distraerlo. No creía que pudieran encontrar un lugar sin cámaras, que cada vez eran más comunes. Rukia no tenía esa costumbre de meterse a lugares para robar, mucho menos comida, no cuando ya no tenía la necesidad de hacerlo después de años de robar constantemente.

— No es que sea mala, pero… no es lo mismo— se trató de explicar—, la comida de Yuzu era hecha con mucho amor, especialmente para mi.

— No sabía que eras un bebé grande— se burló, le daba mucha ternura cuando él hablaba de su familia, pero tampoco es que se lo fuera a decir.

— No soy un bebé. Es sólo que aún no me termino de acostumbrar a este nuevo estilo de vida. Imagina vivir en este mundo y de repente tener que regresar al siglo diecisiete.

—... No sabría decirte cómo es. No he conocido a alguien que tan pronto haya logrado entrar al Gotei, la mayoría de los shinigami tardan décadas en desarrollar el suficiente poder espiritual para enlistarse, así que supongo que no hay muchos en tu situación.

— Es muy complicado. Antes, cuando estaba vivo, lo peor que podía pasarme era reprobar un examen.

— Debe ser difícil convertirte en soldado.

— Meh, podría ser peor, ¿para ti cómo fue?— Rukia dio un paso y después hizo shunpo, lo malo es que Ichigo le seguía de cerca, era ya incluso mejor que ella.

Años de entrenamiento para que un niñato la deje casi en ridículo. Ichigo se quedó en silencio, esperando a que Rukia le tuviera la confianza de contarle algo de ella misma.

— No sé qué fue de mis primeros años de vida, pero las cosas definitivamente no me eran fáciles, así que me acostumbrarme a la vida de shinigami fue un pequeño paso más .

— ¿Siempre fuiste tan entregada a tu deber?

— Supongo— se encogió de hombros, nunca se había planteado esa entrega que Ichigo parecía admirar tanto—, quisiera que las personas tuvieran una mejor vida… o más bien muerte.

— Quieres ser una heroína.

— No lo pienso de ese modo— suspiró, ¿héroes y villanos? El mundo al que pertenecía no era tan simple—. Solamente soy una insignificante pieza más en el gran mecanismo que mantiene el balance. Soy reemplazable, sin importancia alguna para que el mundo siga girando, jamás podría albergar la ilusión de ser una heroína.

— ¡Pero eres única!— Rukia enarcó una ceja, y él sabía porqué. Era una frase tan melosa y cliché que él mismo se sentía algo de pena por haber dicho eso—, si no hubieras sido tú la que me encontró esa noche, yo no estaría acá.

— Otro shinigami se habría encargado de practicarte el konso— replicó, tratando de descartar lo que Ichigo fuera a decir.

— No me refiero a eso— le tomó de la muñeca, sintiéndose algo más cómodo sabiendo que estaban lejos de ojos curiosos. Había tantas cosas que le hacían sentir que Rukia era diferente a todo lo que conocía, pero no había modo de decirlo sin entregarle el corazón—, cuando nos volvimos a encontrar. Yo era un chico que solamente estaba en la academia porque no sabía controlar su poder espiritual, no tenía realmente la intención de comprometerme. Tú me has convertido en un verdadero shinigami. Ningún otro lo habría podido hacerlo… Tenías que ser tú, Rukia.

Ella sintió que la piel se le erizaba del orgullo, una vez más.

Le asustaba a veces la manera que Ichigo se las arreglaba para hacerla sentir… especial.

—Ichigo, yo...— al notar que ella no sabía que decir, el chico sintió pánico, buscó huir de su intensa mirada violeta, y por el rabillo del ojo vio su salvación.

— ¡Oh— Ichigo la jaló en dirección contraria a donde iban, con los ojos brillando, emocionado como niño pequeño. Quizá era una huida, pero no era para mal—, mira!

— ¿Qué cosa?— Rukia levantó la vista, y el edificio frente a ellos tenía un letrero que decía en grande Pista de hielo.

Oh.

— Vamos, te lo había prometido.

— No podemos. La guardia….

— Nadie se va a enterar— no la soltaba, aunque obviamente no podían entrar por la puerta principal iba a encontrar el modo—. Faltan una o dos horas para que tengamos que volver.

— Pero…— sonaba insegura, algo le decía que Rukia nunca se había metido a un edificio a hurtadillas. Soltó su muñeca.

—Vamos— le invitó con una sonrisa pequeña—, al menos para que sepas cómo se ve una pista de hielo.

Rukia se siente indefensa, no sabe ni siquiera porqué intentó negarse.

— Está bien. ¡Pero sólo vamos a ver!


Desde el principio supo que no iban sólo a ver.

Desde hacerla aceptar que él le preparará un chocolate caliente, que, de hecho, era lo más delicioso que había probado en su vida -al parecer los Kuchiki estaban obsesionados con los sabores amargos-, para después probar un trozo de casi todos los pasteles que tenían en el refrigerador para acabar calzándose los patines de hielo (Ichigo había tenido que arrodillarse frente a ella, que estaba sentada en un banco, para atarle las cintas).

Y como ya habían llegado hasta ese punto, ¿por qué no intentar patinar un poco?

Honestamente, no creía que fuera algo para ella.

Le iban a doler los tobillos después de esto, ¿a quién se le había ocurrido semejante deporte?

Al menos Ichigo no la había dejado caer.

O quizá debería.

Es decir, era agradable sentir su tacto, su fuerza ayudarle a sostenerse. Pero esto era un arma de doble filo. No debería sentirse así. Sí verlo a los ojos le arrebata el aliento, estar así de cerca, tocándose el uno al otro… era demasiado íntimo para lo que se espera de ella. Para lo que ella tenía planeado para sí misma desde hace tanto tiempo.

— No deberíamos hacer esto— Ichigo le soltó unos segundos, lo que la hizo inmediatamente tratar de aferrarse a él.

El chico ríe, es muy divertido ver cómo él le puede enseñar algo en lo que ella está totalmente perdida. Una pequeña revancha por los regaños que le da por no poder ni recordar un encantamiento de kido.

— Pero lo estamos haciendo— continúa riendo mientras ve como las piernas de Rukia tiemblan mientras trata de aferrarse a sus antebrazos.

Rukia no sabe si le molesta más eso o que parece estar ignorando olímpicamente el verdadero significado de sus palabras.

"Esto es una cita." se dijo a sí misma. "O quizá no. ¿Lo es? ¿Qué se supone que deba pensar y hacer?"

— Eres un desgraciado.

— Pero dependes de este desgraciado para no caerte de espaldas, así que tendrás que soportarme hasta que llegues a la orilla— se inclinó un poco para burlarse en su cara—. A menos que quieras que te cargue.

— Cómo si fuera a permitirlo— Rukia respondió orgullosa extendiendo su cuello para acercarse aún más.

— ¿No lo harás?— preguntó con los ojos entrecerrados, retándola. Rukia no supo qué contestar. Se le quedo viendo, sorprendida por la posición en la que estaban.

Estaban demasiado cerca. Demasiado.

Ichigo también pareció darse cuenta.

Era… demasiado cerca.

Rukia se puso nerviosa, no era la primera vez que estaba así de cerca de alguien, pero… nunca antes le había resultado tan atractivo como Ichigo.

Y eso era un problema grande.

Ichigo se quedó callado. Se preguntaba qué estaba pasando por su cabeza.

Y la verdad es que en la cabeza de Ichigo no había nada.

Sólo… actúo.

Como si se hubiera puesto en piloto automático, se inclinó un poco más, acercándose al rostro de Rukia, con una clara intención de unir sus labios.

Rukia sintió pánico, pero no encontró motivos para huir.

Con los ojos entrecerrados, cuando estaban definitivamente cerca el uno del otro, un rugido lejano les detuvo.

Hollow.

La magia murió, y tuvieron que volver a ser un par de soldados.


Los días siguientes, fueron extraños. Era algo incómodo ver que el otro se hacía el loco, pero no tener el valor de decirle, "hey, sé lo que estuviste a punto de hacer" porque eso iba a cambiar todo.

Rukia no estaba segura de lo que sentía. Mucho menos qué era lo que debía hacer.

Ichigo tenía miedo de que Rukia se alejara completamente, ahora segura de qué era lo que él sentía.

Así que hacían como si nada. Peleaban codo a codo contra cada maldito hollow que se les atravesará, dándose algunos segundos para apreciar la manera de luchar del otro, tan distinta a la propia.

Ichigo nunca había visto una zanpakuto tan hermosa. Sode no Shirayuki definitivamente era una digna representación del alma de Rukia.

Cuando volvieron al Seireitei, continuaron haciendo como si nada.

La camarería estaba presente, más personas hablaban de ellos, pero no hacían mucho caso.

— Kurosaki, ve a ayudarle a Kuchiki. No queremos que se le haga tarde para la fiesta, ¿verdad? — Kiyone le ordena, e Ichigo no hace preguntas ni contesta la de ella. Al menos ella es más discreta que Sentaro.

Ukitake le sonríe mientras pasa por el pasillo. Ya ha escuchado los rumores de que su capitán está considerando volver a tener un teniente. Que Ichigo haya subido tan rápido de ser un shinigami raso al decimosegundo puesto ha hecho que todos pongan sus apuestas en que será él, y no sabe qué pensar al respecto.

Toca la puerta de la pequeña oficina en que se encuentra Rukia, no es suya, pero todo mundo parece respetar ese lugar para ella sin motivo aparente.

— Pasa Ichigo— Rukia no despega la vista del papel, cuidando con casi amor cada pincelada.

— ¿Puedo ayudar?— se sienta en el asiento que está frente al escritorio en el que se apoya Rukia, pero no toma ningún papel pues no quiere dar pie a una discusión.

— No hace falta— asegura la pelinegra—, yo puedo.

— Te queda mucho trabajo— dice el de cabellos naranja mientras se revuelve el cabello, apuntando con la mirada a un montón de papeles apilados.

— Creí que odiabas el papeleo— trató de contraatacar.

— Sí, pero me parece injusto que tengas que hacer tanto cuando ni siquiera se dignan a darte la posición de Oficial.

Eso pareció tocar una fibra sensible, pues el perfecto trazo de Rukia se vio levemente perturbado.

Ichigo maldijo su gran bocota.

Se quedó en silencio observándola escribir, no era justo que incluso la manera en que ella escribía le gustará tanto.

— ¿Podrías dejar de verme? Es algo incómodo.

Rukia por fin levantó la vista, pero él desvió la suya avergonzada.

— Perdón, es que necesito algo con que distraerme— se excuso, a lo que Rukia acabó pasándole un montón de hojas perfectamente acomodadas y ya engrapadas.

Ichigo aún no terminaba de acostumbrarse a la tinta y pincel, pero sin dudas hacía un trabajo legible, a diferencia de otros compañeros que parecía que escribían con los pies. Rukia sonrió satisfecha al comprobar esto.

Pasaron unas dos o tres horas más, no podía estar seguro de cuánto tiempo había sido, en silencio bastante cómodo.

Ichigo sabía que esto era cursi, pero se sentía sumamente feliz de poder estar así con ella.

— Debe ser que no soy suficiente— dijo de la nada, ya cuando casi habían acabado.

— ¿Suficiente?— preguntó sin entender.

— No soy los suficientemente buena para convertirme en Oficial. No tengo madera para eso.

— ¿Bromeas?— Ichigo preguntó de manera genuina—, si hay alguien que tiene capacidad para ser oficial eres tú.

— ¿Yo?— Rukia suelta un resoplido burlón—, tengo casi cuarenta años en este escuadrón, si el capitán Ukitake no me ha ascendido de rango es porque lo considera lo mejor.

— ¡Pero eres buena!— ¿cómo se atrevía a sabotearse a sí misma?—. Tú coordinaste el grupo de nuevos reclutas como una experta, ¿no me puedes decir que eso da menos crédito que cortar cabezas de hollow? Se necesita más de cerebro y menos fuerza para ser un Oficial.

Rukia se quedó callada. En el fondo sabía que tenía razón.

— Confío en el criterio del capitán Ukitake.

— Y yo también— y lo decía en serio—, ¿pero no te parece raro?

Rukia bajó la vista, releyendo los papeles. Este reporte era de cómo Ichigo había matado a un hollow que llevaban cazando desde hace cuatro años. Una proeza para ser un novato.

— No tiene caso pensar en eso.

Trató de acabar con la conversación de golpe, e Ichigo captó la indirecta.

"Dios, que difícil es esta mujer". Suspiró.

— ¿Vas a ir a la fiesta?— preguntó ya más bien cohibido, cediendo a ella.

— No realmente.

— ¿Por qué?— Rukia sonrió por su tono desconsolado. Oh, cómo disfrutaba de torturarlo a ratos, dulce venganza después de que él hacía de su cabeza un desastre.

— No me gusta ver a borrachos. La mayoría acaba llorando, es triste ver adultos llorar por un mal de amores.

— Pero no vas a ver gente borracha— no le dio tiempo de replicar—, vas a celebrar conmigo por mi ascenso, ¿o acaso no te alegras por mi?

— Claro que me alegro por ti, Ichigo— se defendió—, de hecho, es lo que he estado esperando, a ver si así me deshago de ti.

— Mala suerte— le enseñó la lengua—, porque acá sigo.

— Quizá debería de pedirle al capitán que te transfiera a la onceava división, estoy segura de que ellos estarían contentos de celebrar contigo hasta el coma etílico.

— O hasta que a alguien se le ocurriera empezar una pelea y el capitán Kenpachi nos mate a todos— Rukia dejó escapar una risita, eso sí que podía pasar—, no tienes que beber, sólo… acompáñanos.

Ichigo le vio con sus preciosos ojos, del mismo tono que el chocolate que él le preparó, expectante, y Rukia supo que no iba a poder resistirse mucho más.

— Lo pensaré.


Obviamente fingió que Kiyone había sido quien la había convencido, no le iba a dar ese gusto a Ichigo.

Y se arrepentía mucho.

No es que fuera amargada, es solamente que estar rodeada de tantas personas... La mayoría eran conocidos de la división, pero aún así se sentía fuera de lugar al notar la camaradería que había entre todos menos ella. Incluso Ichigo, que apenas llevaba unas semanas en el escuadrón ya era una persona bastante popular. Aunque, ahora que le veía rechazar por octava vez una copa de sake, es que se dio cuenta de que él tampoco estaba muy cómodo.

Podía fingir que estaba bien, que no tenía problemas para relacionarse con las personas más allá del trabajo, pero la verdad es que él era tan asocial como ella.

Él le sonrío a la distancia, se había dado cuenta de que le había estado viendo. Sabe que no tiene caso fingir que no fue así, y por ello le devolvió la sonrisa, aunque la suya era más tímida.

El susodicho se disculpó con sus acompañantes y caminó hacía ella, confiado, aparentemente cómodo con su alrededor como si hace unos segundos no hubiera estado intimidado por el resto de varones a su alrededor e ignorando las burlas que se escuchaban detrás.

Era como si nada más que llegar a ella importara.

— Neeee, Kurosaki, ¿cuándo le vas a pedir a Kuchiki que sea tu novia? ¿O es que no tienes suficientes huevos?— Sentaro le había abrazado de los hombros a ambos, obligándolos a pegarse al otro, quedando la cara de Rukia contra el pecho de Ichigo. Rukia sintió el calor invadir su cara de golpe, por reflejo ambos trataron de separarse de manera inútil, provocando la risa frenética de una muy alcoholizada Kiyone.

— Quizá necesita unos tragos, vamos, toma un poco— le ofreció aún riendo la rubia, y antes de que se pudiera negar Sentaro tomó la copa y trató de obligarlo a beber.

— Anda, sé un hombre— Rukia temía que en el forcejeo fueran a acabar derramando sobre ella la bebida, así que luchó con más ganas.

— Sentaro, no seas pesado con ellos— el mencionado les soltó de inmediato, dándoles la oportunidad de tratar de salvar su reputación—. Kuchiki, Ichigo-kun, que bien verlos— la voz alegre de su capitán les tranquilizó. Solía tener ese efecto en las personas, haciéndole un hombre tremendamente carísmatico. Rukia a veces se preguntaba cómo es que seguía soltero.

— C-capitán— Rukia sonrió para saludarle, tratando de hacer como si lo anterior no había pasado—. Que sorpresa— no era usual que él acudiera a las fiestas del escuadrón, esperaba que no se estuviera forzando a ello.

— Lo sé, estoy algo sorprendido de lo bien que me he sentido últimamente, incluso me atrevería a decir que me siento con ánimo de beber un poco— dijo en un tono casual, como si no supiera lo que sus palabras iban a causar.

— ¡Le traeré el mejor sake que tenemos!— Kiyone apenas pareció reaccionar.

— No, seré yo!—Sentaro de inmediato comenzó a pelear con ella, como era usual—, es para disculparme con el capitán.

Ukitake no dijo, nada, tan sólo se digno a verlos un tanto divertido. Cuando ya estaban lo suficientemente lejos, se dirigió a Ichigo y Rukia.

— ¿Les gustaría compartir una copa conmigo? Les noto muy tensos, sólo una— les mira con ojos de borreguito a medio morir, y ninguno de los dos se puede negar.

Así que le siguieron hasta su oficina, en donde el barullo era casi inexistente, y obviamente era una zona en la que se sentían más a gusto. Para su sorpresa, Ukitake sacó una botella de sake y un juego de sakazuki(1) de cerámica fina, él sonrió tímido, como si le apenara tener esa clase de cosas en la oficina, eso Rukia lo habría esperado del capitán Kyoraku. Quizás por ello eran tan amigos.

Sirvió el sake, y Rukia se lo tomó de golpe, no le gustaba la sensación de ardor en la garganta. Ichigo fue algo más despacio, lo que resultó ser una buena estrategia, porque Ukitake le ofreció rellenar la copa, y no pudo decir que no. Ni las siguientes veces.

Rukia sabía que el capitán no tenía malas intenciones, él era un hombre de honor. Lo que no había tomado en cuenta es que ella no estaba acostumbrada a beber, en las ceremonias en que era estrictamente necesario asistir con los Kuchiki apenas y aceptaba un trago, y ahora ya llevaba varios.

Los ojos le pesaban, tenía mucho sueño. Que prácticamente sólo se limitarán a estar allí sin conversar no ayudaba. Ichigo le dio un suave codazo, tratando de despertarla.

— Déja-mee— le ordenó Rukia en un susurro, en su voz ya se notaba que estaba borracha. Y al parecer estaba dispuesta a pelear con él como si nada.

— Creo que ya es hora de que vayas a casa, Kuchiki— dijo el capitán con naturalidad, como si todo hubiera estado planeado. Ichigo sintió que le iba a dar un tic nervioso, ¿había planeado su, tan aparentemente inofensivo, Capitán esto?—, tu hermano se va a preocupar.

— Shi— Rukia sonrió tontamente, pero entonces un poco de sobriedad volvió a su ser—, Nii-sama… se va a molestar mucho conmigo.

Sonaba preocupada, mucho. A lo que Ukitake se apresuró a decir:

— Tranquila, me encargaré de hablar con él.

— Gracias— Rukia intentó ponerse de pie, pero le falló el equilibrio. Como era de esperarse, Ichigo no dudó en pararse para tomarla y así evitar su caída.

— Ichigo-kun, ¿podrías acompañarla a la mansión Kuchiki? No creo que pueda llegar sola.

— Yo puedo... sola— pero por el modo en que ella usaba el cuerpo de Ichigo como apoyo demostraba lo contrario.

— ¿No habrá problemas? Es decir, ¿no se podría malinterpretar?

— No, tranquilo. Eres un buen chico, confío en ti— Ichigo tragó duro, menos mal era una persona decente.

— De acuerdo— aceptó, no de mala gana, pero sí un poco inseguro.

— Yo puedooo— Rukia protestó lanzándole a la cara el sake restante de su sakazuki. Ichigo apenas y alcanzó a reaccionar para cubrirse con el antebrazo. Ichigo sintió como la tela se pegaba que su piel. También le había empapado la correa de cuero que cubría su otra marca, iba a tener que prestar mucho cuidado que la hora de lavarla para que nadie se diera cuenta de esta.

— Bien, está decidido— sonrió, pensando en que iba que disfrutar de tener el control por un rato. Se quitó la correa y la guardó como pudo entre el kosode y el shitagi no tenía caso tenerla puesta ya, igual nadie le iba a prestar atención, después, la tomó de la cintura y la cargó como si no pesara nada. Rukia sintió como sus pies abandonaron a la firme tierra para acabar pegada a la cadera de Ichigo, en el aire.

— ¡Oye!

— Vamos a dejarte en tu casa, ya allá sabrán cómo lidiar contigo— no se iba a sentir culpable, ni un poco—. Gracias, Capitán, nos retiramos.

— Adiós. Con cuidado — se despidió con la mano muy contento, ignorando olímpicamente las quejas de Rukia, aunque Ichigo no sabría decir si era por satisfacción o por el alcohol.

Quizá era mejor no saberlo.


Rukia no le dejaba nada fácil. Nunca.

Por eso había tenido que usar shunpo para llegar a la mansión Kuchiki, dejándolo agotado por algo innecesario.

— Déjame— dijo con voz débil ya que estaban cerca de la mansión. La muy lista sabía que no debía hacer un escándalo ya estando en territorio peligroso. Ojalá hubiera pensado eso el resto del camino.

— Ya vamos a llegar—, ¿cómo iba a dejarla? ¿Simplemente entregarla a los guardias? Más allá de que iban a hablar de ella, no le daba confianza. Él era un buen chico, su padre le enseñó muy bien que a las chicas no las tocas mientras tienen alcohol en el sistema, pero no se iba a fiar de un cualquiera. No señor, él mismo la iba a dejar en un lugar seguro.

— Rukia, ¿por dónde podemos entrar sin que los guardias se den cuenta?

— ¿Para qué quieres saber eso?— preguntó malhumorada, aún colgando de su brazo. Entonces, como si una gran revelación hubiera llegado a ella, sonrió traviesa—, oh, Kurosaki-kun, no sabía que tenías afición por entrar a casa ajenas de manera furtivas, no me imagino las cosas sucias que debes de estar pensando hacer— dijo con un tono tremendamente falso y meloso. Ichigo sintió demasiada pena ajena como para molestarse en serio.

— No es eso, tonta, estoy tratando de evitar que los guardias te vean en este estado tan deplorable.

— No estoy…

— Ni siquiera te puedes parar sin que parezcas un becerro recién nacido— le contraatacó, a lo que Rukia bufó molesta.

— En la zona sur, por allí podemos entrar. Queda cerca de mi habitación.

Y sí, había sido sencillo entrar con shunpo, estaba todo despejado. Le parecía raro, pero no era como si debiera preguntar. Pero cuando Rukia había dicho que quedaba cerca de su habitación, no había sido precisamente cierto.

Llamar mansión al hogar de los Kuchiki se quedaba corto, esto debería ser un palacio, en cualquier momento le iban empezar a doler los pies de tanto caminar. No obstante, llevar a Rukia aun encima no le costaba nada, por alguna razón.

— ¿Ya?— preguntó después de dar la vuelta por enésima vez, ¿cómo se suponía que iba a salir de este laberinto una vez hubiera terminado su encargo?

— Casi— se limitó a decir Rukia, ya resignada a ser un saco de papas.

— Rukia-sama— le llamaron, pero Ichigo no se detuvo—, Rukia-sama.

Ahora sonaba con más urgencia, a lo que Rukia golpeó despacio a Ichigo en el estómago, más por llamar su atención que por molestarlo.

— ¿Chiyo?— preguntó dudosa.

— Rukia-sama, ¿estoy siendo indiscreta?

— No— Rukia sabía a qué se refería. Las Kuchiki podían fingir ser la perfecta futura esposa para un noble, pero la servidumbre sabía muy bien de las actividades nocturnas de algunas miembros de la familia. Rukia nunca había llevado a un hombre a su lecho, pero Chiyo podría pensar que esta sería la primera vez—. Ichigo es un amigo, me está ayudando. Se irá cuando me deje en mi habitación.

— Oh— sonaba casi decepcionada—, ¿les acompaño?

— Ve por un poco de agua para beber y un paño húmedo. Traelos a mi habitación.

— Con permiso— casi sale volando, Rukia súplica por dentro que no le diga a la casera, porque ella si le iba a armar un escándalo sin importarle la hora.

Ichigo se había quedado callado, como con miedo a regarla. Menos mal.

Y pues, llegaron a la habitación.

Ichigo inmediatamente percibió que estaba en territorio ajeno, en un ambiente íntimo. Todo era demasiado bello en su sencillez. Cualquiera hubiera esperado que la habitación estuviera llena de ornamentos innecesarios al ser la habitación de una mujer de la nobleza, pero ver casi todo despejado le hacía pensar en que esto era tan... Rukia.

Apenas y la puso en el futon se desparramó en el mismo sin decoro, a diez segundos de quedar dormida, sin hacer mucho caso a las mantas dobladas.

— Siéntate— le ofreció, aunque no había una silla para hacerlo, así que lo hizo en el suelo, a una distancia prudente. Ella no parecía estar en conflicto por estar sola en su habitación con un hombre.

— ¿No vas a cambiarte?— de nuevo el rostro de Rukia se pintó con una sonrisa maliciosa.

— ¿Acaso quieres verme mientras lo hago?— bromeó, pero Ichigo se sonroja sin poder evitarlo.

— ¡Sabes que no lo digo por eso!

Rukia ríe un poco, despacio, ya casi rindiéndose al sueño. Nota que no lleva su correa, aquella que parece que es una extensión de su cuerpo. Ve algo, y fuerza un poco la vista para apreciar que es lo que oculta el pelopincho.

Oh.

Se da la vuelta en el futon, dándole la espalda a Ichigo.

— Espera a que llegue Chiyo. Usa el paño para limpiarte el brazo, no debí arrojarte sake, lo lamento— Ichigo estaba a punto de bromear con eso, pero Rukia no detuvo su hablar—. Ella te ayudará a llegar afuera.

Ichigo se tensó ante lo último, sonaba tan… extraña.

Y es que Rukia no sabía qué pensar. ¿Por qué Ichigo ocultaba el nombre de su destinada de ese modo? No lo entendía.

Pero eso era lo que menos le importaba.

Porque lo que en verdad le preocupa es que le costaba más entender este extraño vacío en las entrañas. ¿Por qué se sentía traicionada? Él no le debía nada.

Le escuchó suspirar, seguramente pensaba que se había quedado dormida.

Rukia se mordió los labios, ¿porque Chiyo tardaba tanto? Quería que Ichigo se fuera, por inmaduro que fuera.

Como si él pudiera leerle la mente, se puso de pie. No podía verle, pero estaba segura de que él también estaba dándole la espalda.

Se removió, tratando de dormir de nuevo. Pero no podía si Ichigo seguía en la habitación.

Se sentó, corroborando que su teoría era correcta, Ichigo estaba de pie, viéndose incluso más grande con su espalda ancha cubierta por el shihakusho, esperando por Chiyo.

Tomó las mantas y se arropó con ellas, buscando valentía.

Cuando Ichigo dio un paso adelante, una fuerza ajena se apoderó de ella.

¿Tristeza? Quizás. No. Era otra cosa.

— ¿Por qué sigues aquí?— la mano de Rukia le tomó por sorpresa al tomarle del kosode, e Ichigo de inmediato pausó su caminar.

— Oye, sé que habías dicho que no querías pero podrías ser un poco agradecida ya que estamos aquí.

— No me refiero a mi habitación— Ichigo ahora ha volteado a verla y nota que Rukia se había sentado, cubriendo su cuerpo con las mantas, apenas dejando salir su brazo de entre estas, y él sabe que de esa forma ella se siente más segura. Ichigo tan sólo pudo percibirla más pequeña—. me refiero a...— trató de reformular sus palabras, pero no parecía encontrar el modo, por primera vez, y en lugar de ello, bajó la mano hasta que llegó a su muñeca, y acarició con la punta de los dedos su marca—. Se llama Orihime, ¿no? Es un nombre muy lindo.

— Sí— soltó la palabra seco, con la angustia creciendo. No creía que ella lograra ver su marca en medio del ajetreo, mucho menos con lo alcoholizada que estaba.

— ¿Por qué estas conmigo si la tienes a ella?— sonaba como si estuviera a punto de llorar, no podía verle a la cara porque la había agachado, pero estaba seguro de que era así. Rukia no sabía porque quería hacerlo, trataba de aguantar—. Yo no valgo la pena, ni siquiera como amiga. Deja de perder el tiempo conmigo, hazte fuerte y vuélvete el teniente del capitán Ukitake, así podrás darle una buena vida cuando la encuentres. Sólo… déjame sola.

Ichigo retiró su mano, Rukia se encogió aún más, ya resignada a haber terminado con esta extraña relación. Ichigo observó su muñeca, la cicatriz con el nombre de Orihime cada vez se veía menos. Como si tenerla tan lejos hiciera que borrará esa casi inexistente relación entre los dos.

Cerró los ojos, y soltó un largo suspiro.

— ¿En verdad quieres que te deje sola?— preguntó con voz suave, con miedo a su respuesta, pero esperando por esta.

Rukia no contestó.

Si su silencio era una afirmación, entonces lo iba a aceptar. Caminó hacía la puerta, iba a esperar afuera incluso si era peligroso para sí mismo.

— No— dijo la pelinegra, ahora levantando la vista y mostrando las mejillas pintadas de rosa -si era por el alcohol o la declaración, no lo sabía- inundadas de lágrimas—. No quiero estar sola nunca más. No después de conocerte y sentir una vez más que alguien puede vivir en mi corazón— hablaba como podía entre hipidos—. No porque cuando estas conmigo vivir se siente tan natural. No cuando se siente que será primavera de nuevo.

— Rukia...

— Yo sé que no debería sentirme así, que es egoísta porque la tienes a ella y yo tengo a alguien más esperando por mi— Rukia se cubre el rostro con sus manos, avergonzada de exponer así sus sentimientos, de sentirse celosa. Incluso si se quisiera justificar con que ha sido la culpa del sake, sabe en el fondo que este es su sentir—, pero no quiero que te vayas. Nunca.

Ichigo se abalanzó sobre ella, cubriendola con su cuerpo, dejando que su cabeza reposar contra la almohada, con sus cabellos esparcidos por la misma. Él estaba apoyándose de sus brazos para mantener las distancias entre sus rostros, que ahora ardían al ser conscientes de la cercanía entre ellos.

— Entonces no me pidas que me vaya— la regañó—, solamente limítate a aguantarme a partir de hoy. Porque no pienso apartarme de ti, no cuando sé que eso no es lo que quieres.

Rukia se quedó callada, ¿qué se supone que debía decirle?

¿Qué decía esperar?

Siente el corazón apresurado, sabía que era lo que su inconsciente estaba esperando. También podía sentir que Ichigo lo deseaba.

Un beso.

La posición en la que estaban en ese momento era perfecta para ello, incluso más que cuando estaban en la pista de hielo, sólo era cuestión de acercarse un poco más, de que uno de los dos tomará una pequeña acción para que se llevará a cabo el acto.

Rukia cerró los ojos.

"Que sea lo que tenga que ser", pensó sin miedo, aunque algo dentro de ella le decía que esto no era correcto. Estaba fallando a su alma gemela, a su Haku. ¿Pero sería tan malo? ¿Podría él culparle por albergar esta tonta ilusión?

Ichigo, que parecía repentinamente menos envalentonado, se limitó a tomar las cobijas de antes para arroparla de nuevo, con mucho cuidado, como si supiera cómo hacerlo a la perfección.

Rukia no pudo evitar sentirse decepcionada. Tanta, que cree que podría llorar una vez más, pero sabe que no lo hará. La felicidad de que Ichigo no se iba a ir estaba demasiado presente en su mente, opacando totalmente el resto de emociones negativas que pudiera sentir.

Sólo necesitaba… descansar un poco. Dormir, recuperarse. Mañana sería un mejor día, y esto era lo mejor.

"Que tonta soy. No voy a sacrificar mi amistad con Ichigo, la única amistad real que tengo, por un mísero beso."

— Descansa, Rukia. Nos veremos mañana— se despidió apoyado en la puerta. Esperando que la sirvienta volviera para que le mostrara el camino.

— Tonto— Ichigo sonrió de medio lado, sonaba ya más somnolienta que hace rato.

— No hay de qué— escuchó unos suaves golpes y deslizó la puerta.

Levantó la vista y se quedó helado.

Frente a él estaba el capitán Kuchiki Byakuya.

Estaba más que muerto.


Hagan sus apuestas, ¿es el final del freso? XD No olviden los reviews, que me llenan de felicidad instantánea, hacen que me ganas de escribir y lo mejor de todo, no cuestan nada.

Glosario:

1. Sakazuki: Taza plana con forma de platillo.