Intimidad (Parte II)

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- Sasuke… – susurró Sakura tragando saliva ante el nudo alojado en su garganta.

El Uchiha observó la escena desde el umbral de la puerta mientras tras él una alterada enfermera intentaba disculparse por tal intromisión. Sin embargo la voz de la chica se ahogó en el vacío del cuarto.

- No hay problema Hayami, yo me haré cargo. – habló Amai elevando su cuerpo desde la camilla para luego caminar lentamente hasta donde hubo dejado sus ropas.

La enfermera se retiró rápidamente cerrando suavemente la puerta mientras en la habitación se escuchaban únicamente los pasos de Amai sobre las baldosas del piso.

- ¿te encuentras bien? – preguntó a Sakura apaciblemente Sasuke haciendo mínimo caso al hombre de cabello castaño que pasó por su lado hasta el perchero ubicado tras la puerta.

Sakura asintió levemente antes de bajar la mirada hasta sus sabanas escuchando como sus respiraciones resonaban en la quietud de la noche. Debía ser casi la media noche, a su alrededor el hospital se encontraba en calma preparándose para otra quieta jornada.

- No debiste venir. Será mejor que te marches – sugirió la pelirosa limpiando los rastros de las lágrimas antes escurridas sobre sus mejillas.

El hombre apretó su puño imperceptiblemente bajo su capa y tras chasquear la lengua se giró para observar por primera vez al castaño tras él.

- ¿ocupada? – ironizó el pelinegro en lo que pareció una batalla de miradas entre Amai y Sasuke.

El ninja medico era un hombre calmado, la mayor parte del tiempo mantenía su temple a raya, sin embargo, en aquel instante no pudo evitar el fervor que produjo su sangre al recorrer sus venas. El mismo fervor que tras unos segundos de confrontación visual se disipó ante la estoica figura del usuario del sharingan. Mucho más alto, de una contextura más gruesa y aquellos ojos amenazadores, el Uchiha parecía no haber cambiado a través de los años, o eso pensó Amai quien jamás se había encontrado frente a frente con Sasuke, pero si imaginaba aquella envergadura; se sintió diminuto, de pronto su coraje se vino abajo abriéndole paso a la incertidumbre respecto a su actuar.

La mujer destapó sus piernas con el propósito de levantarse de la camilla y acudir hasta el espacio entre aquellos hombres, sin embargo al dar el primer paso sus piernas flaquearon perdiendo levemente el equilibrio, fue entonces cuando sintió como una fuerte mano la sujetaba firmemente desde la cintura evitando su inminente caída.

- Vuelve a la cama –ordenó Sasuke examinando la sorprendida mirada de la pelirosa.

- Es debido al cese de movimiento, pero estoy bien - habló Sakura en un susurro, intentando que su voz no se cortara ante el nerviosismo.

Amai observó la escena intentando calmar su propia confusión mental, una parte de él no deseaba involucrarse en temas que no le correspondían, pero por otro lado ya estaba allí y había acudido al cuarto bajo su responsabilidad a consciencia de quien era el esposo de la pelirosa.

- Necesita reposo, será mejor que la escuches y regreses en otra oportunidad – sentenció el médico haciendo uso de su coraje.

Sasuke una vez sintió firmeza en las piernas de Sakura, la soltó suavemente mientras esta se mantenía apoyada con una mano sobre la camilla; observó detenidamente al castaño como si recién se hubiese percatado de su tangible presencia.

- ¿tú quién eres? – cuestionó indiferente.

- Soy Amai, el médico de Sakura – se presentó.

- Sakura no necesita médicos – soltó Sasuke posicionándose entre la mirada que Sakura le dedicaba el castaño frente a ellos.

La mujer contuvo la angustia creciente en su interior, ocultarle lo acontecido a Sasuke desde el comienzo no pareció una buena idea, sin embargo, al principio tuvo la esperanza de que al solucionar sus asuntos respecto a Mio, podrían ambos aprovechar de revivir su relación mediante el amor mutuo y al pequeño ser creciendo en su vientre, por supuesto jamás imaginó el desenlace de los últimos días; solo un pensamiento la obligaba a mantener firme su convicción, el hombre no merecía cargar con la responsabilidad al pensarse erróneamente culpable de su pérdida, aquello causaría un desequilibrio con el que no le apetecía lidiar. Por eso extendería aquella revelación lo más posible.

- Hablaremos por la mañana, necesito descansar – susurró Sakura sosteniendo con su mano la espalda baja del pelinegro intentando atraer nuevamente su atención y liberar de ella al visiblemente aturdido Amai.

Sasuke se giró imponiendo una cruda mueca de descontento, había recorrido kilómetros para estar allí porque necesitaba saber que su mujer estaba sana, sin embargo aquello solo tranquilizaba su impaciencia, ahora un nuevo motivo desesperaba su corazón, necesitaba entablar una conversación a solas y entender lo que estaba ocurriendo. La desesperación lo estaba consumiendo.

- No me hagas a un lado – solicitó suavemente el Uchiha intentando vanamente solo ser oído por Sakura.

El ninja medico retrocedió un paso ansiando desenmascararse de la intimidad en la pareja. De pronto su corazón se tranquilizó en el instante en que su mente dejó de considerar al Uchiha un completo peligro, aunque cauteloso no podía ignorar lo evidenciado. El pelinegro había irrumpido en la habitación desesperado, atribuible posiblemente al desosiego por el oculto estado de su mujer, más aún en aquel momento, ante aquella petición, Amai comprendió que los músculos del Sasuke se destensaban dando paso a la tranquilidad, la pelirosa estaba despierta, se encontraba bien y aquello debió ser la razón del rotundo cambio en la actitud amenazante con la que el hombre había penetrado en el cuarto.

- Me encuentro agotada... – argumentó la pelirosa haciendo uso de una fuerza de voluntad insostenible por más tiempo y evadiendo completamente la petición del pelinegro.

Deseaba abrazarlo, deseaba envolverse en el placer brindado por el aroma de su piel, resguardada por la quietud de su respiración y los tranquilos latidos de su corazón. Anhelaba aquello. Lo extrañaba notoriamente, al menos para ella era imposible que los hombres allí presentes no evidenciaran la forma en que devoraba cada centímetro del pelinegro frente a ella, sin embargo aquello parecía inapropiado, habían muchos altercados que remediar antes de confiar nuevamente en Sasuke, necesitaba tener la seguridad de su amor, comprobar que no sería un error caer en sus brazos para que tras unos días el hombre volviera a brindarle su compañía a Mio, más aún necesitaba sentir que él perdonaría su impertinencia para así poder considerar ínfimamente el autoperdón del que hablaba Amai; sopesando lo ocurrido parecía que había permanecido una eternidad lejos de casa y entendió las razones por las que el Uchiha se encontraba vuelto loco intentando localizarla.

Sasuke deshaciendo el broche en el cuello de su capa, oprimido sin entender nada de lo que estaba ocurriendo, consideró tomar acciones más certeras. Tal vez en el pasado su actitud hubiese sido completamente distinta, reclamando lo suyo y avasallando mediante la falta de empatía lo que sea que se interpusiera en su camino, incluso si en ese instante aquello se limitaba a solo una simple atmosfera de confianza entre Sakura y aquel hombre.

- Has venido hasta aquí escapando de lo inevitable, necesito escucharlo de ti ¿por qué estas hospitalizada? – habló el pelinegro manteniendo un tono de voz frio.

La mujer se sintió traspasada por una corriente eléctrica, hace años no observaba aquella mirada que congelaba sus entrañas. Se giró para darle la espalda intentando esquivar una frialdad a la que no estaba acostumbrada.

El pelinegro se giró ofuscado ante el silencio inminente, paseó su vista por la habitación deteniéndose en el hombre de pie tras él, se estancó de pronto analizando la situación. El chico se encontraba sosteniendo sus ropas con una mano arrastrando desinteresadamente estas en el suelo, su vestimenta de descanso parecía carecer de carácter profesional, más aún su insistencia por contemplar lo ocurrido evidenciaba algún interés no visualizado con anterioridad.

- ¿Has encontrado quien te reconforte? –dedujo Sasuke dirigiéndose a Sakura sin quitar la vista del castaño.

- Claro que no – aseguró la mujer girándose en señal de recriminación- ¿con quién me confundes? – espetó indignada ya sin contener la lágrimas.

Sasuke la observó apretando los dientes en una lucha por mantener la compostura, sin embargo aquello se desmoronó en el instante en que Amai atravesó desvergonzadamente la sala y se interpuso entre ellos.

- Uchiha, no existe nada más que cordialidad entre Sakura y yo. Únicamente tengo buenas intenciones. – habló el castaño intentando contener el temblor en su voz- si algún interés tienes por su bienestar será mejor que te retires. - soltó incapaz de seguir viendo llorar a la mujer.

La pelirosa sostuvo su mirada en la nuca de Amai durante lo que le pareció más tiempo del adecuado antes de atreverse a observar el rostro de Sasuke. Sin embargo podía sentir su respiración, bufidos de indignación bien atribuidos, sin duda conjeturó que el médico solo conocía rumores acerca del pelinegro, de otra forma jamás se hubiese atrevido a interponer su palabra entre ellos.

Sasuke camino estoico acortando la distancia entre ellos. El vaivén de sus hombros al compás de su caminar estremecieron la apacibilidad de Amai. El Uchiha no estaba para rodeos y esta vez de pronto surgió en su interior la necesidad de liberar toda la tensión contenida, si aquel sujeto deseaba interferir entonces debería soportar las consecuencias.

- Para ser su médico tienes muchas atribuciones – habló roncamente el pelinegro- quítate – ordenó cerrando los ojos mientras esperaba unos segundos- no lo repetiré – soltó abriendo lentamente los ojos dejando ver la inmensidad del carmín- realmente he tenido una semana muy difícil.

El corazón de Amai se paralizó ante el Sharingan, perdido en la intensidad del rojo abrió la boca para protestar pero durante unos segundos no fue capaz de formular palabra alguna.

- No…- susurró finalmente el médico en un sonido de exhalación sin mover un centímetro su posición frente a la pelirosa.

El pelinegro apretó los dientes y certeramente tomó al ninja desde la camisa lanzándolo contra la pared a su costado.

- ¡No!– exclamó Sakura cuando hubo asimilado lo ocurrido. Movió su cuerpo intentando correr hacia el médico tendido sobre el suelo.

Sus movimientos lentos, aun por el aturdimiento en sus piernas, fueron rápidamente detenidos por el pelinegro quien sujetándola desde la cintura la posicionó tras él más bruscamente de lo usual.

Amai se incorporó velozmente, claro era médico pero también un ninja, y pensó por un instante que algo de batalla podría brindar; se lanzó sobre Sasuke mediante golpes que solo acertaban al aire. El pelinegro se movía rápidamente sin el mínimo esfuerzo esquivando cada intento por alcanzar su cuerpo.

Sakura intentó evadir sus movimientos retrocediendo hasta que se detuvo al chocar contra la marquesa de su camilla. Se quedó allí inmóvil sin perder de vista lo acontecido, consciente de su debilidad para interferir entre ellos la mujer solo se limitó a observar a su alrededor como la instrumentaría de la habitación temblaba ante cada paso de los hombres.

- Si pretendes cuidar de ella deberías contar con algo más que solo buenas intenciones. – habló Sasuke antes de calzar un severo golpe en el estómago del castaño logrando que este cayera arrodillado abrazándose a sí mismo.

- ¡detente! – llamó Sakura apoyada con ambas manos apretando la camilla tras ella.

- Hazlo Uchiha, golpéame, a ver si con eso logras acercarte a los sentimientos de tu mujer – habló Amai entrecortado intentando ahogar el dolor.

Ciertamente aquella frase bastó para doblegar todo indicio de claridad en los pensamientos del pelinegro, preparado para nuevamente envestir al castaño y golpearlo hasta callar sus buenos propósitos, fue detenido cuando Sakura se plantó frente a él con las manos extendidas en alto.

- No desquites con él nuestras frustraciones – habló la chica.

Sasuke gruñó guturalmente antes de avanzar sin interés alguno haciendo nuevamente a un lado a la pelirosa, sin embargo ésta detuvo nuevamente su avance tomándolo de la mano y guiándolo hacia la salida.

- ¿Qué demonios te ocurre? – cuestionó la mujer acorralándolo contra la puerta.

Sasuke indignado tomó ambas manos de la chica presionando con fuerza, sin embargo detuvo su agarre al observar como las lágrimas se desprendían escurriendo a través de sus mejillas; exhaló intentando calmar su alboroto y deshizo el Sharingan devolviendo a su mirada el ónix habitual.

- Durante este tiempo has desconfiado de mi – habló el pelinegro bajando el tono de su voz en lo que parecía un ronquido- ¿conversemos de confianza? Esa de la que tanto ostentas.

La pelirosa enmudeció retrocediendo un paso y desviando su vista hacia el suelo incapaz de mantener el contacto visual.

- Has dejado claro tu deseo por mantenerme lejos, pero ¿por qué supones que te haré daño? Me equivoqué con Mio hace dos años y aquí estoy intentando remediarlo. Sin embargo yo confiaba en ti y asumes que la confianza es un tema sencillo para mí, que jamás he sentido temor en todos estos años alejados. – continuó el Uchiha.

Sakura sollozó cubriendo sus ojos con su antebrazo.

- Yo… yo… – tartamudeó la pelirosa.

- Has estado demasiado ocupada cuidando tus sentimientos - habló elevando el tono en su voz para callar a la mujer- Mírame –ordenó Sasuke tomándola desde la barbilla - No eres la única que ha perdido un hijo en ese incendio, Sakura.– soltó el Uchiha tras aclarar su garganta y salir de la habitación cerrando estruendosamente la puerta tras de sí.

La mujer petrificada ante lo escuchado dejó caer sus brazos a los costados de su cuerpo, esta vez sin intenciones de calmar la llovizna desprendida por sus ojos se mantuvo en la misma posición extrañando el contacto con la piel de sus dedos.

Amai de pie tras ella tragó la saliva acumulada en su garganta sin atreverse a soltar palabra alguna.

- Sakura yo... -intentó hablar el hombre tras unos minutos pero fue interrumpido subitamente.

- No debiste provocarlo - susurró la mujer- si Sasuke hubiese querido...ese golpe en tu abdomen sería lo menos que te dolería.

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Deslizó su mano por su cabello en cuanto hubo abandonado el cuarto, las personas tras la puerta estaban inmóviles del aturdimiento ante los ruidos desprendidos de la habitación, sin embargo rápidamente se dispersaron por el pasillo intentando escapar de la escena; Sasuke apoyó su espalda contra la pared y su coronilla en las baldosas dirigiendo su mirada hacia el techo del hospital, aquello no había estado bien, pensó inquieto.

Durante su viaje hasta el país del rayo meditó las innumerables formas en las que podría abordar aquella situación sin la necesidad de empeorar aún más su relación con Sakura, sin embargo en ninguna oportunidad se visualizó atacando a uno de los médicos del Hospital tan solo por un arrebato. Había sido imprudente aún más al exponer su intimidad frente a un desconocido.

Se mantuvo en aquella posición hasta que su respiración se hubo calmado por completo. Solo entonces llevó su brazo hasta su rostro ocultando en el hueco de su antebrazo toda la desilusión expresada en su mirada, de cualquier forma se encontraba solo en un Hospital que de pronto se había volcado desierto entre la penumbra de la noche.

Un sentimiento en su pecho abarcó cada rincón de su ser.

Un sentimiento de absoluta culpabilidad por todo lo acontecido.

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Hola

GRACIAS POR LEER

200 comentarios ... no saben lo mucho que agradezco saber que están ahi para leer mis ideas.

Les envió un abrazo enorme!