Los personajes son de Masashi Kishimoto y la historia es de Martina Bennet, NADA de lo que hay aquí es, algo que NO me pertenece
CAPÍTULO 21
Los ojos de Sakura se encontraban fijos en los del hombre que tenía en frente. La palabra que acababa de escuchar no era nueva para ella; sin embargo, para su alma, era el reconocimiento de una vida entera hecha pedazos, que pensaba reconstruir a su lado.
La brisa fresca comenzaba a acariciar su piel, y una sonrisa se extendía por su rostro. Ya no se encontraba sentada en la cama, sino en un suave pasto que danzaba al ritmo del viento. Era solo una niña de diez años, pero sus pensamientos ocultos distaban de ser infantiles. Ahí se encontraba el muchacho que ella tanto deseaba abrazar, besar y atender.
Soñaba cada noche con que lo esperaba luego de una batalla, con poder lavarlo y vestirlo para la gran celebración de la victoria; y luego, en la soledad de su morada, dormir abrazada a él, tal como hacían sus padres. Deseaba ser la progenitora de su descendencia; mas en su inocencia, no alcanzaba a vislumbrar la forma de hacer eso posible.
Ella solo deseaba servirle y amarle, llevar sus colores y su nombre, y ser proclamada ante todos como su mujer. Él pasó frente a ella y la miró fijamente, sin dejar de caminar; lo vio estremecerse y apartar la vista al instante, mientras apretaba fuertemente los puños, y su mandíbula se tensaba. Al observar esas reacciones en él, la sonrisa desapareció de su rostro, y una lágrima corrió por su mejilla; era tan poco agraciada, que él sentía repulsión con tan solo verla.
Su madre le acariciaba el cabello, peinándolo con los dedos, mientras ella miraba por la ventana. Tenía trece años, y su cuerpo comenzaba a cambiar, abultándose en unas zonas y afinándose en otras. Su madre le decía que se estaba convirtiendo en una hermosa jovencita, por lo que su hermano se mostraba cada vez más protector con ella, al igual que su padre.
Para ella eso poco importaba, si el joven que ocupaba sus sueños, y despertaba sus anhelos, seguía mirándola de la misma forma, incluso parecía que la odiara. Varias veces lo encontró mirándola fijamente, con todo su hermoso y varonil cuerpo en tensión. Debía temerle, otras jóvenes lo hacían cuando estaban a su lado, y muchas le decían que se cuidara de él, porque su mirada reflejaba algo muy intenso; no obstante, ella no podía hacerlo, jamás podría sentir miedo de ese hombre, al que comenzaba a desear de una forma nueva para ella, de ese muchacho de dieciocho años, que se había convertido en su obsesión.
Recordó la vez que tropezó con una piedra, por estar soñando con ojos negros, y piel bronceada sobre músculos definidos. Antes de que pudiera darse cuenta de que se encontraba en el suelo, unos fuertes brazos la rodearon por la cintura, la alzaron, y la apretaron contra un poderoso pecho masculino. Era él quién la sostenía, y la aferraba con una mano en la espalda. No debía permitir que la tocara de esa forma, si alguien los veía podía terminar muy mal, pero ella no deseaba abandonar sus brazos nunca más. Para su desgracia, el desprecio de él lo superó y la soltó, no sin que antes ella sintiera un duro y potente bulto, apretando contra su vientre. Sabía lo que eso era, su madre se lo había explicado, porque prefería mantenerla prevenida que inocente, así como también le dijo que los hombres se excitaban con la batalla, y él acababa de entrenar, porque su cuerpo se encontraba cubierto de sudor; su excitación se debía a la lucha del entrenamiento, y no a ella. Volvió a la realidad cuando su madre le preguntó, porqué sus mejillas se encontraban rojas. Ella no pudo responderle, por lo que solo bajó la cabeza, y su color se intensificó.
―Es por él, por Kopján, ¿no es así? Se limitó a suspirar, y esa fue toda la respuesta que la mujer mayor necesitó.
Su corazón sangraba mientras era desgarrado, al ver cómo Kopján y otra mujer se unían para siempre. Una vez más comprobaba que no lo merecía, cuando una mujer de tan grandiosa belleza y cabello rubio, lo hizo suyo en tan poco tiempo. Ella se lo había dicho, la abordó varias veces y se burló de su dolor. No entendía porqué lo hacía, pues nunca fue rival, y Kopján jamás se fijó en ella; aun así, la rubia parecía no entenderlo, al asegurarle que era en vano que siguiera soñando con él, porque nunca le pertenecería, ella no lo permitiría. Parecía celosa, mas la joven no podía entender el motivo.
Sintió entonces la angustia de la pérdida total. Prefería verlo feliz al lado de otra mujer, que verlo muerto, y eso era justo lo que veía en ese momento. Su vida había acabado con la de él; todo el deseo de continuar se esfumó, cuando una flecha encontró su objetivo, y ella murió en vida junto a él.
Sasuke le acariciaba el rostro cuando volvió a la realidad. Esas escenas que pasaron por su mente, al escuchar el nombre pronunciado por su esposo, no podían ser otra cosa que la confirmación, de que ya se conocían en una vida anterior. Y ella lo reconoció. Pudo sentir esa mirada penetrante y posesiva, tan característica de Sasuke; pudo sentir esa sensación de placer infinito al estar en sus brazos, pero sobre todo, aunque no era el cuerpo que conocía, sintió que por ese hombre sería capaz de vivir por siempre en su compañía, y de morir a su lado si era necesario.
Lo amaba sin duda alguna, en el pasado y en el presente, lo amaba con locura, y así seguiría siendo en el futuro. Era cierto que todavía la acosaban muchas dudas que estaba dispuesta a averiguar, pero había algo de lo que estaba completamente segura: lucharía por él contra viento y marea, porque no permitiría que se lo quitaran de nuevo. Sakura acortó la distancia entre los dos, y lo besó con toda la pasión reprimida.
No estaba segura de si era la chica de trece años de una tribu perdida, que reclamaba al hombre que amaba y que le fue arrebatado, o la mujer de diecinueve años, casada y haciendo el amor con el que era su esposo. Solo sabía que lo necesitaba, y que si era ese joven guerrero, o el obsesivo empresario, tampoco le importaba, porque eran el mismo hombre, habitando dos cuerpos diferentes, en dos épocas distantes. Ella lo amaba a él, su alma, su esencia, y en ese momento, le demostraría que también amaba su cuerpo. Posándole una mano sobre la nuca, lo haló hacia su cuerpo, tumbándose en la cama de espalda, con él encima.
Sasuke gruñó al sentir cómo su erección se presionaba contra el vientre de la chica, e intensificó el beso, haciéndola ahogar gemidos y jadeos. Sakura estiraba las manos para poder acariciarle todo el cuerpo, y él se deleitaba al explorar sus curvas, desde sus pechos hasta sus caderas. En un momento en que Sakura ya comenzaba a rogar por sentirlo dentro, Sasuke se incorporó sobre sus rodillas, y contempló su cuerpo desnudo con total adoración. Estiró una mano, y con la punta de los dedos le acarició un pezón, y luego el otro. Sakura gimió, y él gruñó en respuesta, al tiempo que tomaba uno entre sus dedos y lo halaba, consiguiendo que ella arqueara la espalda, y gimiera aún más fuerte.
―Te he deseado tanto. Fueron las únicas palabras que pronunció, antes de volver a recostarse sobre ella, y comenzar de nuevo con los besos y caricias. Sakura no tuvo tiempo de analizar dichas palabras, pero algo le decía que no fue Sasuke Uchiha el que le habló. Los masculinos labios recorrían su cuello y sus hombros. Besos húmedos que la hacían estremecerse de placer, y sentir cómo el fuego de la pasión la recorría por dentro.
La ansiosa boca llegó hasta los pechos, cuyos pezones se encontraban erectos, y él, sin perder el tiempo, realizó un círculo con la lengua alrededor del derecho, para enseguida, cerrar los labios sobre la rosada protuberancia, y succionar con fuerza; mientras que con la mano derecha, estimulaba el pezón izquierdo. Una ola de placer ardiente se formó en su vientre, cuando Sasuke abandonó la doliente zona, e inició un descenso lento y delicioso, hasta llegar al pequeño triángulo de rizos, que sin pedirlo, se abrió ante él. Sakura levantó la cabeza para mirarlo.
Tenía una ligera fascinación con ver el cabello de Sasuke, saliendo de entre sus piernas. Era una visión que, combinada con la sensación de su lengua rozando su parte más sensible, se convertía en una experiencia que deseaba repetir una y otra vez. Sasuke inhaló profundamente, y un gruñido salió de su garganta. El aroma de la excitación de la mujer que amaba, lo embriagó, y anhelando saborearla íntimamente, se empeñó en lamer y chupar toda la piel rosada y sensible, que sus labios encontraban.
Sakura se retorcía de placer, mientras movía las caderas de forma instintiva, buscando el mayor contacto posible. Lentamente un dolor gustoso en su vientre se intensificó, y el orgasmo asomó sobre las sensaciones que la embargaban. Su cuerpo se estremeció, al tiempo que Sasuke bebía el elíxir de su pasión. Todavía respiraba agitadamente, tratando de recuperarse, cuando sintió que él se introducía en ella, y la llenaba por completo.
Sintió miedo de perderlo de nuevo, de que se retirara, y los horribles recuerdos volvieran; agradeció que no sucedió. Sasuke se recostó sobre ella, y comenzó a moverse contra sus caderas. La trataba con cuidado, con devoción y ternura, sin perder la pasión y el deseo obsesivo, que tanto sentía por ella. El cálido aliento golpeaba contra su cuello, y el vello del fuerte pecho le acariciaba los senos, enloqueciéndola hasta el límite.
Las embestidas de Sasuke se aceleraron, al igual que el movimiento de las caderas de Sakura, que las levantaba, para profundizar más el íntimo contacto. Los gruñidos se hicieron más fuertes, comenzando a sonar amortiguados, al ahogarse en la boca de ella, cuando juntó sus labios y la besó apasionadamente. El ardor placentero que se concentraba en el vientre de Sakura, se hacía insoportable, hasta el punto de que no lo pudo contener más, y estalló en una oda de gemidos, gritos, y un nombre mencionado, a la que se unió Sasuke en éxtasis total. Cuando sus cuerpos se relajaron, y sus respiraciones se normalizaron, Sakura lo miró a los ojos, le sonrió y le acarició la mejilla, a lo que él respondió girando la cabeza, y besándole la palma con ternura.
―Sasuke ―susurró para saber si lo tenía de vuelta, y cuando él la miró a los ojos, supo que así era―, te amo. ¿Me crees? Sasuke sonrió, y se acercó para darle un pequeño beso en los labios.
―Sí. Aunque no lo merezco, te creo, y me agrada hacerlo. Sakura sonrió y se acurrucó contra su pecho, quería preguntar si recordaba lo que había dicho, en cambio, algo más salió de sus labios.
―Cáncer ―susurró.
―¿Hmm?
―Mi padre. Él murió de cáncer. Le comenzó en el paladar y se extendió por su garganta. Cuando murió, sus dientes habían sido cubiertos por una masa oscura. Cuando era niña me gustaban sus dientes blancos y perfectos, por eso trataba de no comer muchos dulces, para… No le fue posible continuar, porque un sollozo se atravesó en su garganta. El tiempo después de hacer el amor, no era el mejor momento para hablar de ese tipo de cosas; no obstante, necesitaba decírselo, para reafirmar su promesa de amor. Puede que él no lo supiera, pero era un voto de confianza de su parte.
―¡Oh, nena! ―La apretó más contra su pecho, y comenzó a acariciarle la espalda, para reconfortarla―. No es necesario que hables de eso, si no quieres. Yo lo sé.
―¿Cuando investigaste todo sobre mi familia? Él asintió, la besó en la frente manteniendo ahí sus labios. Ella sonrió levemente. Ese era su Sasuke: manipulador, controlador, y sin la más mínima vergüenza al admitirlo.
―Nunca antes se lo he dicho a nadie. Ni siquiera a Naruto. Sintió en la piel de su frente, la sonrisa de satisfacción que se extendía por el rostro de su esposo. Solo él podía sentirse feliz en un momento así.
Levantó las manos y se secó las lágrimas. Hacía tiempo que no lloraba por su padre, y no quería hacerlo más, porque sabía que a él no le gustaría ver a su princesa en ese estado; sin embargo, quería que Sasuke lo conociera, y no lo que uno de sus hombres le informara, sino lo que ella, como hija, le pudiera contar. Comenzó tímidamente, hablando de sus gustos y aficiones, pues no estaba segura de si a él le interesaba o no.
―Es tarde ―comentó, no sabiendo si debía continuar―. Debes estar cansado y…
―Nunca estoy cansado para ti, Sakura. Y quiero que me cuentes todo sobre tu padre; así para mañana, seré la persona que más sabe de tu padre, aparte de ti y tu madre. Sakura no pudo evitar soltar una risita. Solo él podía alejar la tristeza de un suceso doloroso de su vida, para reemplazarla por la alegría de los momentos anteriormente vividos, y los que faltaban por llegar.
―¿Entonces le gustaba la pesca? Me pregunto qué pensará ahora que he pescado a su hija.
―¡Sasuke! Le golpeó el pecho de forma juguetona. Así pasaron algunas horas más, riendo, bromeando, y conversando sobre la infancia de Sakura, y sus recuerdos con el que ella consideraba el mejor padre del mundo.
El sábado llegó, y Sakura se encontraba sentada con Emma en el saloncito. La mañana siguiente a la reconciliación, Sasuke le prometió que regresaría esa noche a Gillemot Hall, y así lo cumplió. Aún la miraba con algo de vergüenza y tristeza, y no le había hecho el amor de una forma que no fuera delicada y romántica, pero ella sabía que él necesitaba tiempo para superar la culpa, y ella estaba dispuesta a dárselo.
También le preguntó sobre el nombre de Erzsébet, y aunque notó un brillo intenso en sus ojos, fue obvio que no sabía de qué le hablaba, e incluso le comentó que era el nombre de la famosa Condesa Sangrienta. Así era, solo que dudaba mucho que fuera la reencarnación de una mujer como esa; además, estaba claro que la chica de sus visiones no era la condesa Bathory. Solo era una coincidencia, pues Erzsébet era su propio nombre traducido al húngaro.
―¿Será posible que…? ―Dejó la pregunta inconclusa, mientras su mente divagaba, sobre la relación que existía entre el nombre y Hungría.
―¡Sakura, no me estás escuchando! Sakura parpadeó varias veces en su dirección, y se mordió el labio al darse cuenta, de que no había escuchado ni una palabra, de lo que había dicho su amiga.
―Lo siento, es que… estaba pensando en Hungría.
―¿Sobre lo que te dijo Cassandra? ―Sakura asintió―. Creo que deberías verla de nuevo.
―Sí. Necesito preguntarle muchas cosas. ¿Puedes hablarle para vernos en la semana? Emma asintió.
―Te aviso, pero ahora préstame atención ―pidió la rubia haciendo un puchero. Sakura entrecerró los ojos ante dicho gesto. Sabía que Emma viajaba a Londres para verse con Kendal, cuando Marcus salía de la propiedad por asuntos de trabajo, o cuando le inventaba que estaría con ella todo el día en la mansión; lo que no sabía era que sus gestos los adoptaría tan rápido.
―Tengo un problema con Marcus ―continuó―. Esta tarde me iba a encontrar con Kendal, el problema es que si él viene, lo tendremos a él y a tu esposo con los ojos encima. Sakura soltó una risita.
―¡No te rías que es verdad! Queremos estar… solos. ―Se ruborizó cuando Sakura alzó una ceja, divertida―. No importa. El asunto es que una de las chismosas ofrecidas, que anda detrás de mi hermano, le dijo que yo salía cuando él lo hacía, y no he podido convencerlo de que vengo a hacerte compañía. Ahora no me cree, ni porque le aseguré que estaría contigo esta tarde, y parte de la noche. Alegó que eras una mujer casada, y que seguramente estarías con tu esposo, por lo que nada tenía que venir a hacer acá. ¡Sakura, ayúdame! Quiero ver a Kendal. La chica suspiró, sopesando las posibilidades.
―Aquí la de las buenas ideas es Eva.
―¿La sutil de Eva? No, gracias.
―Sé que no es la más prudente ―concordó Sakura, riendo―, pero si ella viene, puede convencer a tu hermano de que las tres tenemos algún plan. Después de todo, Sasuke llega en la tarde, porque están en reuniones, así que tengo toda la tarde libre. Además, Marcus no es el que decide sobre cómo invierto mi tiempo. Emma aceptó la propuesta, y un par de horas después, Eva arribó a la propiedad. ―Sasuke me riñó, y cuando le dije que podía pasarte algo estando sola, me envió en el helicóptero. ―Rio fuertemente―. Es tan idiota.
―Es tu primo ―le recordó Sakura.
―Cierto, querida, pero yo soy mujer. ―Sonrió arrogantemente y le guiñó un ojo. Acordaron ir las tres a las plantaciones, y hablar directamente con Marcus, por lo que pronto marchaban a bordo del carrito de golf, acompañadas por uno de los jóvenes del servicio, y seguidas por Lissa y Becca en otro. Cuando llegaron, lo encontraron junto a los enormes costales, que apilaba el grupo de trabajadores, en un pequeño camión de carga.
―Señora Sakura, señorita Eva, buenas tardes ―saludó el hombre formalmente, como era su costumbre. Sakura le sonrió, y Eva ronroneó un saludo que más parecía una invitación, mientras Emma fruncía los labios ante ese sonido.
―Marcus ―intervino Sakura, al darse cuenta que quizás, dejar hablar a Eva, no sería una buena idea―. Las tres vamos a pasar la noche en la mansión. Sasuke regresa mañana de un viaje de último momento, y no quiero estar sola. Emma se quedaría a dormir, y mañana estaría de vuelta en casa. Marcus la miró por un momento, sin saber si podía, o no, desautorizar una orden directa de la señora Stone, dueña del suelo que pisaba; sin embargo, una voz que lo hizo apretar la mandíbula y tensar todo su cuerpo, interrumpió sus pensamientos.
―¿Qué están haciendo? ―preguntó Eva, señalando los bultos.
―Reservamos las semillas que se usarán en la próxima siembra ―respondió Marcus, con voz tensa y sin mirarla. Eva sonrió coquetamente, y se le acercó, caminando de puntillas, para no enterrar los tacones en la tierra. A pesar del frío, él se encontraba vestido con unos vaqueros y una camiseta gris, que se pegaba a su musculoso cuerpo, cubierto por una fina capa de sudor. Eva extendió entonces una mano, la posó sobre el masculino pecho, y con la otra le acarició el brazo; mirándolo a los ojos le sonrió coquetamente, y le habló con voz sugerente.
―Por qué no dejas que tu hermana se vaya a la mansión con Sakura, mientras yo me quedo contigo, ayudándote a esparcir tu semilla. La mandíbula de Sakura casi se desencaja, por la forma tan abrupta en que abrió la boca, y Emma soltó un quejido de indignación, asco y desesperación. Marcus gruñó sin poder evitarlo, y aferró a la chica por la cintura. Por un par de segundos, la retuvo contra su cuerpo; luego, la apartó y se alejó unos pasos, con una expresión dura en los ojos.
―Emma ―llamó la atención de su hermana, cuyo rostro se encontraba enrojecido, y su mirada perdida en los bultos que cargaban los demás hombres―, te espero mañana antes del almuerzo.
―Miró a Eva rápidamente, y enseguida, posó su vista en Sakura―. Permiso, tengo trabajo que hacer. Dio media vuelta y se alejó, caminando a paso firme. Eva se lo quedó mirando, y suspiró
profundamente.
―Bueno, será devolvernos ―dijo, decepcionada.
―¡Por Dios, Eva! ¿No se te ocurrió algo menos… bochornoso, para convencerlo de dejar en paz a Emma? ―preguntó Sakura, aún sorprendida.
―¿Para que la dejara en paz? ¡Ja! ―Se giró y observó a Marcus, que se encontraba de espaldas, impartiendo unas órdenes, ya lejos de ellas―. Lo que yo quería era pasar la noche mordiendo ese culo delicioso, y saboreando ese enorme bulto que…
―¡Eva! ―exclamó Emma, casi en un grito―. ¡Estás hablando de mi hermano! Eva la miró arqueando una ceja.
―¿Y tú qué haces con el mío? ¿Ver películas de Disney? ―Rodó los ojos, y caminó hacia el carrito de golf, tratando de no caerse, aunque sin dejar de contonear las caderas―. Vámonos de aquí. No me gustan las fiestas en donde muestran manjares, y no me dejan degustarlos.
Dos noches después, Sasuke besaba delicadamente la barriguita de Sakura, mientras ella jugaba con su cabello. Emma se había ido con Eva un par de horas después de que abandonaran las plantaciones, y llegado en la mañana del día siguiente, para dirigirse a su casa de inmediato.
―Emma se veía muy feliz ―comentó Sasuke, sin dejar de acariciar y besar esa zona.
―Está muy enamorada. ―Levantó la cabeza para mirarlo―. ¿Kendal te ha dicho algo sobre ella?
―¿Te importa? ―preguntó, mirándola con el ceño fruncido.
―Sí, me importa. Es mi amiga de la que hablamos. Sasuke torció la boca, y continuó con su labor.
―No hablo con él sobre eso, pero por lo que he notado, está loco por ella; con eso me conformo. Beth negó con la cabeza y reprimió un bufido. Sasuke se alegraba, no por la pareja, sino porque su primo, en definitiva, no estaba interesado en su esposa.
―Por qué no me haces el amor, y dejamos a los tórtolos para después. Sasuke levantó la cabeza, y la miró a los ojos con una sonrisa en el rostro.
―Me has leído el pensamiento, nena. Sakura sonrió ampliamente, sintiéndose plena cuando él se colocó sobre ella, y comenzó a besarla, para luego, adentrarse en ella.
El miércoles, Sakura recibió por fin un correo electrónico de Sussana. Ya comenzaba a preocuparse por su silencio. En él, la chica le explicaba que se encontraba en una expedición, en una pequeña población, por lo que no tenía acceso a internet ni a alguna red móvil. Que una vez llegó, leyó el mensaje, e investigó con uno de los tutores húngaros.
…Según me comentó él, es un nombre masculino. Es húngaro, y data de la época de los inicios de la cultura. Lo ha visto en unos textos antiguos, pero para estar seguro, investigará en estos días. Tienes unas ocurrencias…
Le habló sobre lo feliz que se encontraba, por la gran oportunidad que se le presentó, y que disfrutaba al máximo, tanto como le fuera posible. Además, tenía que comentarle algo, que sería por teléfono. Que la llamara el siguiente fin de semana, para darle una respuesta sobre lo que pudiera descubrir su tutor, y se despidió con su típica picardía.
―Húngaro antiguo ―murmuró Beth. La puerta se abrió, y Katy asomó la cabeza. Se encontraba en el estudio de Sasuke, en horas de la tarde, tratando de entender tantas cosas que en ese momento ocupaban su mente.
―Señora, el almuerzo estará listo en media hora. ¿Quiere que se lo traiga, o lo tomará en algún otro sitio?
―En la cocina, con ustedes ―informó con una sonrisa, que la mujer le devolvió antes de retirarse. Necesitaba tratar de descubrir muchas respuestas, que esperaba Cassandra pudiera darle, solo que su paciencia no estaba para esperar hasta el viernes, a la cita que tenían. Esas imágenes habían sido muy vívidas para ella. Recuerdos de una vida pasada.
Alguna vez, en algún lugar que parecía ser Hungría, ella tuvo una vida, conoció a Sasuke, quien se llamaba Kopján, y su nombre era Erzsébet. No sabía qué aspecto tenía, porque en las visiones no se vio a sí misma; no obstante, no se sentía muy diferente a como era en la actualidad, a pesar de que lo único que pudo observar, fue su piel blanca. Si bien todo eso estaba claro, había algo que no encajaba. Cassandra había dicho que sus almas se pertenecían desde una vida pasada, y que algo los había separado.
Ese algo podía ser alguien, la rubia; el problema radicaba en que Sasuke nunca fue suyo como para perderlo. Al contrario, él parecía aborrecerla, despreciarla, y por sus recuerdos o visiones, nunca llegó a insinuarle algo romántico, en absoluto. A pesar de que Sasuke la amaba locamente, Kopján la despreciaba.
Despreciaba a Erzsébet, a ella misma, y ese pensamiento hizo que su corazón se estrujara, y doliera desgarradoramente. En ese momento, deseó ser como Sasuke , y no tener consciencia de aquella vida. En él vivía un sentimiento, cuyo origen salía a flote, solo en momentos de gran tensión, para luego ser olvidados; en cambio en ella se mantenían, acosándola, atormentándola con posibilidades que temía sopesar.
Por fin se encontraban en el éxtasis de su matrimonio. Se amaban mutuamente, y lo aceptaban ya sin ningún reparo; esperaba además un hijo de él, y eso completaba el cuadro de una obra de arte perfecta, si no fuera por las nubes negras que se elevaban sobre ella. Olivia, la tía de Jerry, una vez le había advertido que algo muy peligroso la acechaba, y que no debió llegar a Londres. Ese peligro era Sasuke , sin duda, solo que la mujer se había equivocado, porque a pesar de todo lo que él había hecho, a ella no le importaba volver a pasar cada una de esas experiencias, con tal de tenerlo a su lado, porque lo amaba; y al pensar en su vida antes de conocerlo, esa se encontraba vacía y necesitada.
Por otra parte, Cassandra le había dicho que tenía duras pruebas que enfrentar en el futuro. Ella pudo referirse a lo que vivió, cuando le hizo recordar a Sasuke lo sucedido en la noche de bodas, y las dudas que en ese momento tenía, sobre un pasado que la lógica se negaba a aceptar. Dudas que de todas formas, ella podría aclarar, si era que en realidad, deseaba saber lo que Christopher sintió por ella en la otra vida, o que podía dejar pasar sin hondar en un tema, que podía terminar siendo, o muy gratificante, o inmensamente doloroso.
No porque eso interfiriera en su relación actual con su esposo, sino porque ella deseaba que Sasuke, Kopján, todo él, sin importar el nombre, el físico o la época, la amaran con la misma intensidad con la que ella los amaba, o mejor dicho, lo amaba.
