Fleur Weasley — Caramelo


Es la visita que todos están esperando. Victoire se ha recogido su largo cabello, Dominique se ha puesto las botas de lluvia y Louis ha guardado todos sus peluches debajo de la cama para evitar que se mancharan.

Los adultos no están muy lejos de la paranoia de los más pequeños. William ha guardado todo lo que se puede romper en cajas y Fleur no se ha molestado en lavarse el pelo ni en vestirse más que unos pantalones cortos y una camisa de su marido.

En la puerta suenan tres golpes fuertes, con un ritmo particular. La clave que Victoire le ha enseñado para que puedan reconocerse en cualquier lugar en el que coincidan. Los tres han ido a esconder detrás del sillón y puede ser un éxito a no ser que el hombre detrás de la puerta vea los piecitos de de Louis que sobresalen de un lado.

—El alma de la fiesta ha llegado y lleno de juegos.

—Entra ya, Charlie. Han estado todos pegados al techo esperando a que llegues.

El pelirrojo entra y saluda a su hermano (el que todos saben es su favorito) y luego se abre paso hacia el interior del famoso Shell Cottage al que todos alguna vez han querido conocer no solo por su aspecto sino para confirmar el nido de amor por el que es famoso.

—Charles.

—Pero si es la cuñada más hermosa que se pueda tener. Vaya, Fleur, es que envejeces como el vino y quiero lo que sea que le des a mi hermano porque va por ese camino y definitivamente yo quiero un poco. Ahora, vamos con lo importante.

Deja la mochila en el suelo y no es muy difícil escuchar las risitas que vienen detrás del sofá que pretenden hacer como si realmente no estuvieran allí. Charles sale corriendo y los niños, a su paso, también lo hacen entre asustados y risueños.

Es la visita del tío favorito y es el día favorito de todos.

—Voy a sacar los dulces que mamá nos envió. Solo cinco porque no quiero que Dominique se emocione y se los termine ella sola como la otra vez.

—Siempre tan cuidadoso, mon amour. Aunque ahora mismo creo que el mayor peligro que tenemos es tu hermano. Está distraído ahora, puedes sacarlos.

William hace caso. Le entrega los dulces a los niños, a Fleur no le gustan y Charles prefiere comérselo más tarde.

El resto del día es solo juegos hasta que los tres niños se quedan dormidos en el suelo, mientras jugaban a armar un rompecabezas de dragones. Fleur los lleva a la cama y mientras, Charlie va por su dulce. Pero no está.

—Juro que el caramelo estaba en la vasija y ahora no está. William es demasiado bueno a veces como para habérselo comido porque la culpa lo carcome. A Fleur no le gusta. Y quiero saber cuál de tus tres pillos se los ha comido voy a ir a inspeccionarlos.

—Charles, están dormid-

Pero ya está entrando a la habitación, caminando en la punta de sus pies.

—¿Por qué estás tú sonriendo, William?

—Porque anoche quise venir a hacerme un té porque me dolía la cabeza, ¿y quieres saber qué encontré? Una rubia alta que estaba comiéndose dos de los caramelos que, hasta donde yo creía, odiaba.

—Le dices a Charlie y vamos a tener problemas.

—Soy una tumba.