Capitulo 18: Confía en tu elección.
- ¿En que estas pensando Lucifer?- le preguntó confundido Puriel.
- En que hay algo que podría hacer, pero no solo…
- Cuenta conmigo.- dijo al instante su hermano.
- Te lo agradezco, pero me temo que no eres tu quien puede ayudarme.- suspiro. Cada vez se le hacia mas claro que había otra opción, pero se temía que para llevarla a cabo iba a necesitar pedir demasiados favores.
Miro de nuevo hacia el cuerpo que Lilith ocupaba. No era solo la perdida de confianza en su propio valor lo que le gustaría que ella pudiese olvidar… Lo que había estado a punto de hacerle a Chloe… estaba seguro que si algo podía convertirse en la clase de culpa que te devoraba en el infierno, era eso. Lo había visto por un segundo en sus ojos cuando la había acusado de hacerle lo mismo que Adam había hecho con ella… Aunque Lilith nunca lo había reconocido abiertamente, durante el tiempo que habían sido amantes había podido ver a través de la coraza que la protegía… como Adam la había intentado someter por la fuerza y como el placer con el que su cuerpo respondía había sido la peor de las traiciones para ella.
Era posible que, si la devolvía al infierno, pudiese quedar atrapada en el tercer nivel. Forzando y siendo forzada por toda la eternidad.
Tampoco quería eso para ella…
Miro a Chloe que aun continuaba agarrando su mano. -Detective, creo que lo mejor sería que estés adentro para lo que va a pasar.- no creía que fuese a haber una situación violenta pero prefería no tentar al destino.
- Ni lo sueñes Lucifer.- contestó decidida Chloe. –No pienso separarme de ti hasta que no sea absolutamente necesario.- miró el cuerpo inconsciente de Lilith con algo de incomodidad. –De hecho… prométeme que esperas unos minutos para hacer lo que sea que tienes en mente.
- ¿Para que?
- Prométemelo.- respondió tajante.
- Esperare. Te lo prometo. Aunque insisto que sería mas seguro si te quedaras adentro.
- No voy a hacerlo Lucifer. Ya ríndete.- le dio un beso y soltó su mano. –Ya vuelvo.
Chloe se dirigió de forma decidida hacia la casa dejándolo aun mas confundido.
- ¿Todas las detectives humanas son como ella?- pregunto Puriel que al parecer también había seguido con la mirada la rápida retirada de Chloe. –Podría empezar a considerar la idea de unirme a las fuerzas de la ley.- terminó con una sonrisa.
- Lamento decirte hermanito que mi Detective es única. Aunque creo que la señorita López podría ser de tu agrado. Puedes pedirle a Chloe que te la presente. Aun que te recomiendo que la trates bien por que nuestra hermanita Ray-Ray la quiere mucho. Te la haría pasar muy mal se la llegaras a lastimar.
- Olvídalo. La última vez que Azrael se enojo conmigo, tuve almas colgadas de mis alas por semanas hasta que decidió que había sufrido bastante. Nadie creería que con esa carita de buena, nuestra hermana tiene tan mal carácter.
Mientras hablaban vieron a la detective volver corriendo hacia donde ellos estaban. Se había puesto unos jeans azules y una blusa blanca con unas botas que le daban aspecto de estar lista para patear traseros. Si bien el arma ya no estaba en sus manos, pudo ver que se encontraba en la funda colocada en su cadera.
Pensó en hacer un chiste sobre que ya no tuviese su camisa pero se contuvo. Prefería no incomodarla ni hacerla recordar el mal momento que había vivido.
Cuando llego a su encuentro, se detuvo a su lado y le tomo la mano. –Estoy lista. ¿Cual es el plan?
Ambos lo miraron con curiosidad.
Tomo aire para tranquilizarse y convencerse que eso era lo correcto. –Creo que con la ayuda de alguno de nuestros hermanos podríamos cambiar el destino de Lilith. Si consigo que Amenadiel, Gabriel, Azrael y Remiel me ayuden…
Sabía que probablemente Azrael y Amenadiel no opondrían tanta resistencia… pero no sabía que es lo que opinarían Gabi y Remiel de su idea. Mas que nada por que, probablemente, tendrían que ir contra las ordenes de su padre.
Parecía que Puriel había comprendido lo que tenía en mente una vez que había mencionado a sus hermanos. –¿Qué ocurrirá si nuestro padre les ordeno que acabasen con su existencia?- le preguntó.
- No lo se.- suspiró. –No estoy seguro tampoco de que esto sea lo correcto. Solo se siente más correcto que las otras opciones en las que puedo pensar.- miro el cuerpo que continuaba inconciente detrás de ellos. –En cualquier caso, podrías quedarte junto a ella y llevártela al infierno si las cosas se complican.
Puriel asintió y se colocó cerca del cuerpo humano que habitaba Lilith.
Miró a la Detective que aun no entendía en que consistía el plan.
Abrió la boca para pedirle de nuevo que se alejara pero no pudo decir una palabra que lo corto un –Ni lo sueñes. No me voy a alejar.
Ese era uno de los motivos por los que trabajaban tan bien juntos. Había momentos en los que no era necesaria decir una palabra para que el otro supiese lo que estaba pensando.
Llevó la mano que tenia entrelazada con los dedos de Chloe para darle un beso y luego soltarse. Junto sus manos y comenzó a rezar.
Amenadiel, Lilith ya no es un riesgo pero necesito tu ayuda. Ven a lo de la Detective.
Probablemente Ray-Ray tampoco necesitaría muchas explicaciones.
Azrael, hermanita, ¿podrías venir al lugar donde me encuentro? Estaría necesitando tu ayuda.
Gabi… hacia tanto que no sabía de él. Siempre había sido el más infantil de todos ellos, aun cuando en edad era más grande que la mayoría.
Gabriel, hace mucho que no estamos en contacto y se que probablemente lo que menos quieres es saber de mi, pero… necesito tu ayuda. No es nada malo… por favor ven, no creo que pueda hacerlo sin ti.
Solo faltaba Remiel. No sabía muy bien como dirigirse a su hermana. Nunca habían sido particularmente cercanos, principalmente por que solía ser casi tan formal como Amenadiel.
Quizá podría esperar a que Amenadiel se presentara para que fuese él quien contactase a Remi… Ellos siempre se habían entendido…
Miro a su alrededor. Lilith inconsciente, Puriel custodiándola y su Detective a su lado.
No. Este era su plan y no dejaría que otros cargaran con la responsabilidad si esto salía mal.
Remiel, necesito hablar contigo. Yo… emm… solo es para hablar. Necesito tu ayuda pero… no es un trampa. Si no estas de acuerdo te puedes ir… solo… ven por favor.
Solo quedaba esperar.
Una vez que sus manos se soltaron, Chloe volvió a entrelazar sus dedos.
Le preocupaba que sus hermanos la conocieran. Cualquiera con un mínimo de inteligencia sabría que ella era demasiado pura para él e intentaría apartarla.
Estaba metido en sus oscuras cavilaciones cuando sintió el ligero apretón que le dio Chloe. La miro y la vio sonreírle. Casi desde el principio había sido así. Se apoyaban y estaban presentes para el otro, aun sin palabras.
De la nada se escucho el conocido movimiento del aire que solo un ángel aterrizando podía hacer. Cuando aparto los ojos de Chloe vio que sus cuatro hermanos habían aparecido.
Por un momento un tenso silencio se extendió entre todos los presentes mientras los cuatro recién llegados observaban la escena que había frente a ellos.
Una mujer que parecía muerta en el suelo. Un ángel que debería estar siendo torturado en el infierno y el mismísimo Rey de la Oscuridad tomado de la mano de una mortal… Se preguntó por un segundo si tendría que decir algo del estilo "esto no es lo que parece" o si quedaría muy de comedia barata.
De repente un –Ahhhhh- agudo y alegre rompió el silencio y su hermano Gabriel corrió hacia él abrazándolo con tanta fuerza que casi parecía que quería romperle la espalda.
- SAMIIIII!- Gritó alegre Gabriel. –¡Hace mucho que no te veía! Me puse tan contento cuando me llamaste que estaba en pleno vuelo y casi me caigo. Ohhhhh- Al parecer había visto a Puriel detrás de él por que lo soltó y en un suspiro estaba abrazándolo también. –PURIII! ¡Tu también estas acá! ¡Eres libre! Que bueno verte.-
Puriel se había quedado rígido sin saber bien que decir o hacer. Antes de que se le ocurriese algo que contestar otro grito agudo escapo de Gabriel y de nuevo estaba frente a ellos pero dando pequeños saltitos de excitación.
- Eres tú, eres tú, eres tú- repetía mirando a la Detective y dando saltitos. De nuevo sin esperar respuesta abrazó a Chloe obligándola a soltar su mano. –Tenía tantas ganas de conocerte. Desde que supe de tu existencia quería visitarte pero nunca me dejaban y yo quería saludarte y… ohhhh que bueno es conocerte. Sos muy linda. Ohhh y brillas mucho. ¿Verdad que no te molestaría que yo venga a visitarte? ¿O estas muy ocupada? ¿Puedo venir cuando estés libre? ¿Esta la pequeña también? ¿Puedo saludarla? ¿Podría llevarla a volar? Seguro le gustaría. A los niños siempre les gusta cuando los llevo a volar…
Se apretó el puente de la nariz.
Su hermano menor no había cambiado en nada en los eones que hacía que no lo veía. Si bien Gabi era uno de sus hermanos favoritos, ese desborde de energía eufórica siempre lo agotaba.
Chloe parecía casi tan confundida como Gabriel excitado.
- Gabi…- le dijo con voz controlada. –Primero que nada, suéltala que la estas batiendo como si fuera una coctelera, segundo mi nombre es Lucifer y tercero, ya hemos hablado de esto... cuando haces una pregunta…
- Debo esperar al menos cinco segundos para darle oportunidad al otro de contestar.- respondió Gabriel como si fuese una lección de la escuela. –Es que estoy tan emocionado de conocerla.- la volvió a abrazar aun que esta vez de forma mas suave. Se acercó a su oído y, si bien bajo su voz hasta que fue apenas un susurro, pudo escuchar como le decía –Hace tiempo que quería agradecerte por sanar lo que nosotros rompimos.-
Chloe lo miro aun un poco confundida pero le respondió con un asentimiento de cabeza y una sonrisa.
Una vez que Gabriel se había calmado un poco pudo ver al resto de sus hermanos. Su hermana Remiel permanecía alejada del grupo y era la única ataviada con el atuendo de combate, aun que en realidad eso no significaba demasiado por que era la manera en que ella siempre se vestía.
Gabriel también llevaba el atuendo típico de los ángeles en color celeste y blanco y su cabello largo caía como una cascada caoba detrás de su espalda.
Azrael y Amenadiel estaban vestido como dos personas normales aun que con escaso sentido del estilo.
- Lu ¿que es lo que paso?- Preguntó Azrael señalando con la cabeza el cuerpo de Lilith. –No se si lo habrás notado, pero tienes un cuerpo en el patio trasero.
- No es gracioso Azrael. ¿Qué hiciste Lucifer?- preguntó enojada Remiel.
- Tranquila hermana.- le contestó a Remiel. Luego se giro a su hermanita menor. –Ray-Ray no olvides que ni Remiel ni Amenadiel tienen sentido del humor. Procura no confundirlos con chistes, no queremos que se hagan daño sonriendo.
El chiste le causo gracia a sus hermanos menores pero no demasiado a Amenadiel ni a Remiel.
Suspiró. Desearía tener más tiempo para planificar lo que iba a hacer, pero quería evitar que Lilith recuperara la conciencia.
- Esa que ven ahí,- empezó. –Es Lilith… o mejor dicho el cuerpo humano que Lilith está habitando.
Todos los recién llegados, excepto Amenadiel, se asombraron por la revelación. Le sorprendió sin embargo ver que Azrael y Gabriel miraron el cuerpo con tristeza.
- ¿Esta muerta?- pregunto Gabi queriendo dirigirse hacía ella pero sin animarse. Claramente seguía dándole impresión los cadáveres.
- No, pero faltó poco.- le contestó Azrael viendo a Lilith con atención. -Su alma sigue atada a ese cuerpo pero hay algo más interfiriendo.¿Qué fue lo que paso hermano? ¿Como llegó a la tierra?
- Más importante es ¿por qué no la has llevado ya para el infierno?- preguntó Remiel.
- Ohh… ¿y tiene que volver si o si?- Su hermano Gabriel parecía angustiado con la perspectiva. –Se ve linda en ese cuerpo… Hacía mucho que no la veía...
- No sabía que tú la conocías Gabi. ¿Desde cuando?- le preguntó.
- Oh, si, antes de que tuvieras que llevarla al infierno solía visitarla… no tan seguido como me hubiese gustado pero si cada ciertos años…
- Yo también…- agregó Azrael. –Aun que por mi trabajo me era muy difícil encontrar tiempo... la vi también un par de veces después de que te la llevaste…
- Siempre pensé que Lilith no tenía contacto con nadie de la Ciudad de Plata.
- A muchos de nosotros nos daba un poco de pena. Papá no fue justo con ella.- prosiguió Gabi. –Pero cuando hemos hablado con él sobre el tema nunca tiene mucho que decir. Papá nunca tiene mucho que decir... Al principio varios de nuestros hermanos la visitaban… más que nada cuando mamá todavía estaba con nosotros. Ella solía decirme que no debía intentar cambiarla por que su camino no era necesariamente equivocado, pero a mi me daba mucha pena que tuviese que estar en lugares tristes así que solía venir a verla y orientarla hacía la Ciudad de Plata. Cuando tú te la llevaste contigo pensé que iba a estar un poco más contenta, por que tú siempre nos alegrabas a nosotros cuando estábamos tristes…- volteó a ver el cuerpo inconsciente de Lilith. –supongo que no funciono…
- No funciono por que no podía darle lo que ella quería…- le dijo y miro a Chloe que se había mantenido en silencio a su lado. Volvió a tomar su mano.
Lilith había necesitado a alguien que la quisiera como era. Que la viese como su igual. Pero él solo había sentido eso por la mujer que ahora estaba a su lado.
- Lu…- Azrael parecía confundida. -¿Qué es lo que pasa con ese cuerpo? Tiene algo raro…
- Tiene la esencia de demonios y humanos virtuosos combinados… no se exactamente como lo consiguió Lilith pero, en lugar de dar a luz demonios o lilim, empezó a almacenar las esencias. Quería traer a este mundo un ser muy poderoso que solo ella pudiese controlar.
- ¿Vino aquí a buscar tu esencia?- preguntó Amenadiel que se había mantenido extrañamente callado hasta ese momento.
- No… vino por Chloe.
Un tenso silencio siguió a esa respuesta.
Lo rompió Gabriel que, de nuevo, había entrado en modo eufórico abrazando a Chloe.
- Ohh… ¡pobrecita! ¿Cómo estas? ¿Te sientes bien? ¿Quieres que llame a Raphael para que te cure? El es nuestro hermano y puede sanar cualquier herida. ¿Te duele algo? ¡Que bueno que Sami estaba aquí para protegerte! ¿Tu pequeña salio herida? ¿Te dije ya que quiero conocerla? Seguro que si esta triste la puedo alegrar. ¡Me encantan los niños! ¡Y una pequeña que sea tan importante para mi hermano debe ser extraordinaria! ¿Cuándo podré conocerla?
- ¡Gabi!- esta vez su voz sonó mas como un reto que como una petición. Aun así el ángel no parecía demasiado preocupado, aunque si detuvo el cause de preguntas.
- Es verdad… ¿Estas bien?- le preguntó a la Detective que claramente estaba divirtiéndose con la excitación de su hermano menor.
- Estoy bien Gabriel. Gracias por preocuparte.- le dijo con una sonrisa.
- Ohh! Eres tan lindaaa!- dijo abrazándola de nuevo.
- Gabriel, ¿puedes dejar a la Detective en paz?
Chloe que no había dejado de reírse le dio un suave apretón con la mano que aun mantenía unida a la de él. –Vamos Lucifer, no lo retes, es muy tierno.
Gabriel que aun seguía abrazándola había girado la cabeza para verlo y asentir con una sonrisa gigante en su rostro. –Viste Sami… ella cree que soy tierno así que no tienes que retarme.
Respiró profundo para no perder el control. – Gabriel, te dije que mi nombre es Lucifer.- miro a la Detective y suavizo un poco mas su voz para hablar con ella. – Chloe… no deberías darle alas a mi hermano… créeme… su fascinación por los abrazos supera a la de la Señorita López.
Vio que Azrael sonreía y asentía.
- Gabriel deja de jugar- dijo enojado Amenadiel. –Quisiera volver con mi familia de una vez. Luci ¿Para que nos llamaste?
- Nece…- empezó a decir, pero se vio interrumpido por otro grito de alegría de su hermano que esta vez había empezado a dar saltitos de excitación frente a Amenadiel.
- Ohhhh cierto, cierto, cierto….- Gabriel parecía que no daba más del entusiasmo. –Remi nos contó que habías tenido un bebe… ¿Puedo conocerlo? ¿Y a la mamá? ¿Podría conocerla también? ¿Lo vas a llevar a la Ciudad de Plata? ¡También me gustan los bebes! No son tan divertidos como los niños pero seguro lo voy a querer mucho también. ¿Puedo enseñarle a volar?
- Gabriel, mi bebe es mitad humano… no tiene alas. No aun por lo menos.- Pareció dudar por unos momentos, pero finalmente agregó –Hagamos esto. Si te quedas tranquilo hasta que Lucifer nos explique lo que sea que esta pasando, después de que terminemos, te llevaré para que conozcas a mi hijo y a su mamá. ¿Estas de acuerdo?- le preguntó serio.
- ¡SIIIIIII!- gritó eufórico.
Solo se necesito una mirada cuestionadora de Amenadiel para que su hermano menor entendiera que debía calmarse. Agregó un –me comportare- antes de girarse para verlo.
Le agradeció con un asentimiento a Amenadiel. Siempre había querido mucho a Gabriel y su excitación infantil solía causarle mucha gracia cuando estaban en la Ciudad de Plata e interrumpían los discursos de Uriel, pero era imposible planificar nada serio con él alrededor.
- Como les decía, hace aproximadamente un año terrestre Lilith escapó a la tierra y ha estado causando caos y destrucción como solo ella sabe hacerlo. Yo llevaba ya unos días buscándola pero recién hoy pude dar con ella. Se que debe ser castigada por los crímenes que ha cometido, pero… no creo que el infierno sea la solución. No se bien que es lo que nuestro padre les puede haber ordenado respecto a ella… yo… yo solo les pido escuchen hasta el final antes de decidir.
- De hecho Lu,- dijo Azrael. –Papá dijo que tú te encargarías.
- ¿A que te refieres?
- A que no eres el primero que se interesa por el destino de Lilith hermano mayor. Cuando le pregunté a papá si podíamos hacer algo por ella, él dijo que tú entendías mejor que nadie como encargarte de ella.
- Lo que claramente significa que nosotros no deberíamos meternos.- agregó con mal humor Remiel.
- O que si Lucifer les pide ayuda, deben hacerlo.- respondió cortante Chloe. Al parecer su hermana no era muy del agrado de la Detective. No podía culparla, Remiel era casi tan amargada como Amenadiel y tan irascible como Michel.
Remiel por su parte no estaba preparada para que fuera Chloe quien le contestará pero rápidamente se puso en posición de combate –No te confundas humana. Que Lucifer crea que eres especial no significa nada. Ni siquiera deberías estar aquí con nosotros.
- No, no te confundas tú Remiel.- dijo permitiendo que sus ojos mostraran el fuego del infierno que ardía dentro de él. –No permitiré que ataques a Chloe. Si ella quiere quedarse, entonces eso hará.-
- Vamos Remi- dijo Gabriel. –No seas mala con ella.
- ¡Ya no hables Gabriel!- replicó Remiel. –No tengo más ganas de escucharte. La maldita tierra parece infectar a nuestra familia con idiotez. Yo por mi parte quisiera irme ya.
- Aguarda Remi.- la frenó Amenadiel. –Escuchemos a Lucifer antes de decidir nada.- Amenadiel lo miro como instándolo a que continuase. -¿Cuál es tu plan?
Permitió que sus ojos volviesen a su tono normal antes de continuar. –Que empiece de cero.- contestó recordando las palabras que había dicho la Detective. -Lilith es una humana inmortal. Es un ser antiguo que nunca ha tenido paz. Es cierto que se merece un castigo por lo que ha hecho; por eso olvidará todo lo que ha sido en esta vida pero… en lugar de condenarla… quiero darle una nueva oportunidad en otro lado… quiero darle la posibilidad de reencarnar en otro cuerpo, en otra vida… dejarle realmente la posibilidad de elegir.
Sus palabras fueron recibidas con un silencio absoluto.
Parecía que hasta Puriel había dejado de respirar a la espera de alguna respuesta.
- No puedo hacerlo solo.- agregó finalmente.
Miró a su hermana Remiel. Ella era quien acompañaba las almas hacia sus nuevas vidas. Sin ella, el plan no serviría.
Amenadiel fue el primero en romper el silencio. Se acerco a él y apoyo la mano en su hombro. - ¿Cómo puedo ayudar yo hermano?
Miro con agradecimiento al mayor de sus hermanos. Volvía a ser la persona que había conocido esos últimos años. – Tú y Gabi deben alcanzarla. Lilith era un ser puro en su esencia, pero han pasado muchas cosas en el medio. Confió en que tu habilidad con el tiempo y la de Gabi para despertar la pureza sean suficientes para llegar hasta ella.
- Oh… será muy lindo volver a ver la luz de Lilith.- agregó Gabriel.
- ¿Para que me necesitas a mi Lu?. Yo no puedo transportarla a otro cuerpo… eso…- dijo Azrael mirando de soslayo a su hermana. No lo dijo pero todos los ángeles allí reunidos lo sabían. Si Remiel no accedía, el plan no funcionaría.
- En realidad Ray-Ray, te pedí que vinieras por las otras almas. Lilith ha estado almacenando la esencia de seres humanos puros para lograr sus propósitos. Creí que lo mejor sería que tú los lleves hasta la Ciudad de Plata. Creo que todos ellos se han ganado su lugar allí.- miro de nuevo al cuerpo que se encontraba aun desmayado en el suelo. –Yo me encargare de la oscuridad que también ha estado almacenando. La devolveré al infierno que es donde tiene que estar.
- Lucifer, ¿Qué va a pasar con el cuerpo?- le preguntó preocupada Chloe. -No puedo tener un muerto en el patio.
- No creo que quede mucho del cuerpo Chloe. Vamos a estar extrayéndole la esencia, al igual que lo hacía Lilith, así que el resultado será similar al de los otros cadáveres. Seguramente Puriel podrá dejarlo en algún lugar muy lejos de aquí para que lo encuentren.
- ¿Igual que Lilith?- la Detective se había puesto blanca de repente y miraba el cuerpo en el piso.
Le llevo un momento entender el pensamiento que pasaba por su cabeza. Puso la mano en su mejilla y la obligo a que lo mirara. –No con la misma técnica amor.- acaricio su mejilla con el pulgar. –Jamás haríamos algo así.- le sonrió para darle un poco mas de seguridad hasta que ella asintió.
La única que faltaba aceptar era Remiel. Mantenía la mirada en el piso pero había juntado sus manos en una oración.
El resto de los ángeles se miraron con preocupación, todos excepto Gabriel que parecía apenas poder contenerse del gozo mirándolos a él y a la detective.
Durante lo que parecieron horas, pero que no debieron ser más que un par de minutos, nada paso. De repente las manos de Remiel se soltaron y suspiro enojada. Tanto si le había contestado como si no, había tomado su decisión.
- Hagámoslo.- casi escupió Remiel. –Te recomiendo que mandes a la humana adentro de la casa Lucifer. La energía que se liberará es más de lo que sus ojos pueden tolerar.
- No es un perro al que se le dan órdenes Remi.- le contestó un poco más relajado. La detective también parecía molesta por lo que la obligo a que lo mirase nuevamente. –Aunque sea incapaz de comunicarse de una manera civilizada, Remi tiene razón Chloe. No debes ver lo que esta a punto de pasar. Lo mejor sería que vayas al frente de la casa hasta que la luz desaparezca.-
Chloe solo asintió antes de moverse para quedar de espalda a sus hermanos y frente a él. -¿Volverás?-
Deseaba con todas sus fuerzas decir que si pero no estaba seguro de que fuese lo correcto.
- Me prometiste que esta ves podría despedirme Lucifer…- tomo la manó de él y se la llevo a los labios dejando un pequeño beso en sus nudillos. –Solo vuelve a despedirte…- podía ver las lagrimas llenando los ojos de Chloe. –Déjame que te diga adiós…- pudo ver como una única lagrima bajaba por su mejilla.
No quería verla así. Su Detective acababa de pasar por una situación horrible y lo que menos quería era hacerla llorar.
O al menos eso es lo que se decía a si mismo.
Limpio la lagrima que seguía bajando por el terso rostro de Chloe. Se acerco a su oído y le susurró –Aun tienes mi camisa. No hay manera de que deje una prenda tan fina para que la termines lavando con el detergente que estaba en oferta.- le sonrió y la beso con todo el amor que pudo. Ni el ángel ni el demonio que habitaban en él sabían que iban a hacer para vivir sin ella.
Chloe le sonrió. –Esta bien entonces.- le dio otro beso. –Te esperaré.
La detective se dio vuelta y se dirigió hacia la casa pero, antes de llegar, volvió hasta donde estaban todos y se ubicó delante de Puriel. –Gracias por protegerme Puriel.- le dio un beso en la mejilla. –Eres bienvenido a visitarnos cuando quieras.
Y sin decir mas se dirigió a la casa, cerrando la puerta luego de entrar.
Gabriel, que hasta ese momento había logrado mantenerse tranquilo, parecía listo para empezar a dar saltitos nuevamente. –¡Son tan lindos juntos Sa… Lucifer! ¡Que bueno que me llamaste! ¡Y vamos a poder trabajar los cuatro juntos! ¡Estoy muy pero muy feliz hermano!-
De nuevo se presiono el puente de la nariz y se concentro en recordar que era ese mismo candor el que lo hacía tan bueno para contactar con la parte mas pura de los seres humanos.
- Hagámoslo.- dijo simplemente y se encamino al lado de Lilith.
Sus hermanos hicieron lo mismo y los cuatro se agacharon para poder poner sus manos en contacto con el cuerpo inerte.
Cuatro pares de alas se liberaron y cubrieron la totalidad del cuerpo.
Pudo sentir el cambio en el aire cuando los poderes de Amenadiel se pusieron en funcionamiento. Gabriel apoyó su mano sobre la de su hermano y empezó a tararear una melodía en voz baja. Sabía que la música era para tranquilizar el alma de la humana.
Cuando la luz en las manos de Gabriel comenzó a crecer, empezó con su propia búsqueda. Podía sentir la esencia de los demonios que se encontraba mezclada con la de los humanos que habían muerto. Miro a su hermana Azrael para que lo ayudara. Juntos comenzaron a atraer las esencias opuestas para así desenredarlas entre si.
Él comandaba a la oscuridad y esperaba que le obedeciera, mientras que su hermana atraía el alma de los humanos con una pulsión constante hacia la luz.
Dentro de la burbuja que habían creado con sus alas la luz divina los envolvía.
Hacia mucho que no sentía algo así.
Todo termino en pocos minutos. La oscuridad se encontraba lista para salir de ese cuerpo que ya no contenía la esencia viva de Lilith y que por lo tanto ya no era una vasija adecuada para contenerlos. Poco a poco los fue liberando y atrayéndolos al anillo que se encontraba en su mano. Eso bastaría para llevarlos hasta el Infierno.
Levantó la mirada y vio que las manos de Gabriel aun brillaban con el alma de Lilith. Su hermano miraba la esencia de la primer humana con la ternura y el afecto que dispensaba a todos sus otros hermanos.
A Lilith probablemente le hubiese gustado.
Remiel se había puesto de pie y había acercado el colgante en forma de estrella que llevaba en su cuello. –Hermano debes dejarla ir.- acerco el colgante y dejó que Gabriel guiara el alma hasta el.
Lo habían conseguido. Miro el cuerpo en el piso y pudo notar el mismo desgaste que había encontrado en los otros cuerpos, aunque carecía de la escalofriante mueca que habían presentado los demás.
Esta vez fue Puriel quien rompió el silencio. Se paro al lado del cuerpo y lo levanto con cuidado.
Amenadiel también se puso al lado del cuerpo. –Te acompañare para que nadie te vea Puriel.- puso una mano en su hombro. –Linda me contó que te vio hace poco, pero creo que no has conocido a mi hijo. Si quieres, después de que nos deshagamos del cuerpo, puedes venir conmigo y Gabi a conocerlo.
Si Puriel estaba sorprendido por el trato afable de su hermano, no lo demostró. En cambio asintió y estiro sus alas para despegar.
- Puriel…- lo frenó. –Gracias… por todo.- Sabía que Puriel comprendería que su agradecimiento iba mas allá de ese día. Era por haber confiado en él desde hacía tanto tiempo.
- Ya te lo dije hermano. Tú me diste la libertad de elegir. Estar a tu lado es mi decisión. Ni más ni menos.
- Aun así… Gracias.- el momento se estaba volviendo demasiado emotivo para él por lo que agregó - Cuando hayan terminado contacten a Maalick para hacerle saber que todo esta bien y que puede llevar a la demonia de vuelta al infierno.
- Lo haré.
- Amenadiel, ¿puedes llevarte los cadáveres de los sabuesos del living de la Detective? Si Trixie llega y los ve no volverá a dirigirle la palabra a su madre.
Amenadiel levanto una ceja, como preguntándole por el súbito uso del sobre nombre del engendro pero no dijo nada, solo asintió. –Antes de tomar cualquier decisión pasa por casa. Linda jamás dejará de quejarse si vuelves a irte sin avisarle.
Asintió y lo vio dirigirse al interior de la casa, aun usando su poder para detener el tiempo.
Miro a Gabriel que estaba de nuevo casi vibrando de la emoción. Suspiró de cansancio. -¿Qué es lo que ocurre ahora Gabi?
La pregunta fue suficiente para que empezará a dar saltitos de nuevo. –¡AHHH no puedo creer que Maalick también este libre! ¿Cuándo puedo ir a visitarlo? ¡Ohhh tengo tantas personas para visitar ahora en la tierra! No se como voy a hacer para poder verlas a todas.- mientras hablaba había empezado a moverse de un lado al otro. -¿Crees que quiera verme después de que conozca a Charlie? O quizá podríamos ir con el bebe…
A favor su hermano menor se puede decir que, en cuanto vio salir a Amenadiel con uno de los sabuesos, recobró la compostura y se ubicó al lado de Puriel, listo para seguirlos.
- Los otros tres los desintegré,- dijo Amenadiel. –pero este solo esta desmayado así que pensé que podrías devolverlo al infierno de pasada.
Asintió y tomó al sabueso. Le alegraba que aunque sea uno hubiese sobrevivido por que sabía que la demonia se sentiría mejor al verlo.
- Bien,- dijo Amenadiel viendo a Puriel y a Gabriel. –Es hora de irnos.
Gabriel se acercó a él y le dio un abrazo con sabueso y todo. –Es muy lindo verte así Lucifer. Prometo que volveré pronto para ver a tu compañera y a la pequeña. ¡Será muy divertido, ya lo veras¡
- Hermanito mayor preferido, yo también me iré.- dijo Azrael. –Llevare a todas estas almas a la Ciudad de Plata para que tengan un muy merecido descanso. Nos olemos luego.
Al igual que con su hermano Gabriel, no sabía si habría algún nuevo encuentro pero le sonrió con cariño. Sus hermanos menores siempre serían sus favoritos.
- Remiel,- dijo cuando su hermana volteaba para irse. –Lilith vivió toda su vida sin ser amada por lo que era. Los demonios despertaron en ella una oscuridad que no tendría que haber estado allí en primer lugar. Encuentra para ella un buen lugar… se que el lugar donde renaces es en gran medida aleatorio, pero… te pido que elijas para ella una familia que la ame y la cuide…
- Hare lo posible Lucifer…- contestó Remiel. Se dio la vuelta para despegar y agregó dándole la espalda –No voy a negarte que me sorprende un poco descubrir que los rumores son ciertos… que el Diablo se enamoro del milagro…- dijo con algo de burla en su voz. -Las cosas más extrañas ocurren en la tierra.
- o –
Había pasado solo unos días afuera del infierno y ya se había desacostumbrado al opresivo ambiente que lo caracterizaba.
Le había costado un poco mas de lo pensado llegar hasta el lugar al que se dirigía y eso le molestaba.
Para destruir la oscuridad que se encontraba contenida en el anillo, debía atravesar el lago congelado que se localizaba en la parte mas profunda del infierno. En el punto en el cual convergían las cuatro zonas del lago Cocitó (Caina, Antenora, Tolomea y Judeca), se hallaba la fuente inicial del fuego divino, la Estigia.
Paradójicamente, le había resultado mucho más sencillo llegar ahí cuando la parte de él compuesta por el ángel Samael, se encontraba mucho mas dormida. Esos días con su Detective y la presencia de sus hermanos habían bastado para que ese viaje se hiciese más arduo.
Le sorprendió encontrar que el fuego brillaba también con mucha más fuerza de la que él recordaba. Su intensidad solía atraer a algunos demonios que terminaban siendo destruidos por su pureza. A él, el fuego no lo atraía de esa manera, aun que si lo estremecía su belleza.
Deposito el anillo en el fuego y lo vio brillar con diferentes colores. Debían haber sido demonios muy poderosos los que habían entregados sus esencias a Lilith para que el anillo tardase mas que unos pocos segundos en purificarse.
Sabía que Asmodeo había estado al tanto del plan de su madre, pero empezaba a preguntarse si no habría sido uno de los que participo en eso. Al fin y al cabo era uno de los demonios más poderosos del infierno.
Había preguntas que probablemente nunca iban a obtener respuesta, pero aun le quedaba un ser a quien debía interrogar.
Maalick, ¿Tú y Abyzou se encuentran ya en el infierno? Necesito conversar con ella.
Samael, Si. Estamos en los prados de Dite. ¿Quieres que vayamos contigo?
Maalick, no. El lugar en el que estoy es demasiado peligroso para ella. En un momento estaré allí.
Corto la conexión con su hermano pero permaneció en el mismo lugar hasta que el fuego expulso su anillo. Lo tomó con cuidado y se lo coloco nuevamente en su mano derecha. Brillaba como hacía muchos años no lo hacía.
Cuando llego con su hermano, pudo ver que él se encontraba sentado sobre un muro derruido y observaba con cariño a la demonia que acariciaba a los sabuesos a la distancia.
- ¿Cómo se encuentra?- le preguntó a su hermano luego de saludarlo.
- Confundida, preocupada, angustiada. Aliviada de por fin estar de vuelta.- contestó sin apartar la vista de ella. –Sabes... no lucho cuando me la lleve... Resulta que es muy lista mi querida Abyzou.- por fin giro la cabeza y lo miro con una sonrisa. –Desde el momento en que pudo darte el mensaje para mi, ella tuvo por seguro que iba a ir a rescatarla y había descubierto que la lealtad que sentía hacia su madre se apoyaba en el vínculo que las unía. Pero para ella el vínculo que hay entre nosotros era más fuerte. Por eso fue capaz de mandarte ese mensaje.
- Me alegro hermano.
Al parecer la demonia se había percatado de su presencia por que se acerco rápidamente y se puso de rodillas ante él.
- Mi Señor.- dijo con un leve temblor en la voz. –Es… estoy lista para recibir mi castigo.
- Ponte de pie Abyzou.- respondió con voz calmada. –No eres a ti a quien debía castigar. Escuche como intentaste resistirte a las órdenes de tu madre para no dañar a la Detective. Me alegra no tener que castigarte.
- Mi señor… mi… mi madre… ella…
- Ella no podrá volver a convocarte. Lo que la convertía en tu madre ya no existe.
La demonia no dijo más nada. Era claro que la noticia le generaba cosas contrapuestas. Podía ver la tranquilidad de saber que no podrían volver a sacarla del infierno, pero también la tristeza por su madre.
Parecía ser que Maze no era la única demonia que había desarrollado sentimientos más complejos que la mera lealtad al poder.
- Abyzou, hay algo que quiero saber. ¿Qué otros demonios estaban al tanto del plan de Lilith?
- No muchos mi Señor. Asmodeo y Cimerio creo. Abigor probablemente también, aunque él había sido destruido para cuando mi madre me convocó. Ellos tres la proveían con los demonios más poderosos de sus legiones infernales.-
Miró a Maalick por que sabía que él tendría la información que necesitaba.
- Abigor y Asmodeo fueron destruidos.- comenzó a enumerar Maalick. –de las 60 legiones de Abigor solo 15 pudieron recuperarse. De las de Asmodeo no quedó prácticamente ninguno vivo. Cimerio fue uno de los generales que se ocultó. Seguramente a la espera de que Lilith volviese.
- ¿Puedes encargarte?- le preguntó sin ganas de comandar otra guerra.
- Si. Cuando me fui Tengu estaba adiestrando a los demonios. Yo mismo lo acompañare a la batalla para asegurarme que ninguno de los demonios de las legiones de Cimerio sobrevivan.
Asintió con agradecimiento. Su hermano era un buen general. No habría problemas.
Volvió a dirigir la mirada a la demonia que mantenía sus ojos sumisamente puestos en el piso. -¿Sabes por que Lilith te convocó?
- Creo que temía que la criatura que iba a dar a luz consumiese demasiada de su energía. Necesitaba que yo la amansara mientras ella recuperaba sus fuerzas. Alguien debió avisarle que Mi Señor estaba por vencer a lo último de la resistencia por que me convoco antes de lo que ella pretendía. Todo el tiempo se quejaba por tener que llevarme de un lado para el otro.-
No había pensado en eso. Había muy pocas maneras de recibir información desde el infierno. Sabía que ningún ángel cooperaría jamás con Lilith. Por lo menos no para asesinar humanos.
Tenía que ser un demonio.
- ¿Sabes si convocó a algún otro demonio?
- Solo a uno desde que yo llegue allí. Un Moloch. Fue poco después de que encontramos al hombre de Dios que nos hablo sobre su reina, Mi Señor.- dijo bajando la voz avergonzada. Aun siendo incapaz de resistirse a las ordenes de Lilith, Abyzou sabía instintivamente que había estado demasiado cerca de la que su rey consideraba su pareja.
Lo mas probable era que cuando Lilith supo, a través de Bishop, sobre Chloe, quiso asegurarse si era cierto… la pregunta es como sabía a que demonio contactar. Si bien los Moloch son demonios menores, muchos murieron en la guerra. ¿Fue casualidad que convocara a uno que, no solo estuviese vivo, sino que contase con la información que ella necesitaba?
-¿Cómo sabes que era un Moloch si lo convoco a un cuerpo humano?
- Porque los demonios mensajeros utilizan determinadas palabras claves para identificarse como aliados. Conocía las de él por que era de la casta de Balar…- miro a su hermano como pidiendo ayuda.
- Está bien Aby.- le dijo Maalick poniendo una mano en su brazo como para darle ánimos. –No es un secreto.
Más segura, la demonio agregó -A veces acompañaba a Maalick cuando tenía que cumplir alguna tarea.
Asintió sin darle mucha importancia. Entendía la necesidad de su hermano de mantener a la persona que amaba cerca.
Eso le generaba otra duda. -¿Como es que Lilith no sabia de Maalick? Ella sabía que alguno de mis hermanos estaban libres pero no quienes exactamente. Sin embargo Bishop contacto directamente a Maalick, no a mí…
- Es que… no… yo no quería contarle... Temía que si mi madre lo sabía lo usaría y no quería ponerlo en peligro. Recordé que un día él me había dicho que usted, Mi Señor, nunca mentía, pero que si limitaba las verdades que decía... Eso fue lo que hice… Cuando el Moloch mencionó que había mas ángeles custodiando el infierno, madre preguntó si yo sabia quienes eran todos esos ángeles, yo le conteste que sabía que eran algunos de los ángeles que estaban atrapados en las puertas pero que no los conocía a todos, que incluso sabía que una de sus hermanas estaba en el purgatorio pero que no sabía su nombre. Todo era verdad y respondía a su pregunta.- miro a Maalick con cariño antes de agregar – Después de que pude contactar a Mi Señor, yo sabía que Maalick vendría a la tierra y lo ayudaría a encontrarnos. Cuando mi madre me pidió que mandará un mensaje a través del hombre de Dios para que usted se alejará, pensé que sería más probable que se dieran cuenta que era una trampa si lo contactaba a él, pero aun así cumplía con la orden de mi madre por que sabía que estarían juntos…Por eso le pedí al cura ese que lo llamara a él en lugar de a usted…
- Hiciste muy bien Aby…- dijo con ternura su hermano.
- Es cierto Abyzou. Te agradezco por la información. Si recuerdas algo más, pídele a mi hermano que me contacte.
En ese momento se escucho un lastimero quejido del lugar donde se encontraban rondando los sabuesos. La demonia miro preocupada.
- ¿Es el sabueso que traje de vuelta?- le preguntó sin mucho interés. Lo había dejado en uno de los nidos poco después de volver al infierno.
- Si… creo que alguien lo pateo con la suficiente fuerza para partirle las costillas, pero se va a recuperar. Mi Señor ellos no…
Levanto la mano para detenerla.
- Tampoco ellos serán castigados. Parece que la patada de la Detective fue reprimenda suficiente.
- ¿Fue la humana la que lo pateo?- exclamó sorprendida la demonia.
Levanto una ceja a modo de reprimenda. Podía ser cierto que estuviese con su hermano, pero eso no le daba derecho a referirse así a Chloe.
- Yo… lo siento Mi Señor… no… no quise ser irrespetuosa… solo me sorprendió. Los sabuesos adultos pueden soportar los golpes de los demonios. Creo que el hecho de estar en la tierra los hizo menos resistentes. Es bueno saberlo si llega a necesitarlos allí de nuevo.
El quejido continuaba y la vista de la demonia continuaba desviándose hacía allí, así que la despidió con un gesto de su mano.
Abyzou hizo una pequeña reverencia y fue rápidamente al lado del sabueso. En unos instantes el quejido había desaparecido.
Iba a terminar malcriándolos.
- Si algún día deja de prestarte atención hermano, solo ponte una cola y ladra y volverá sin duda a tu lado.-
Maalick, que se había quedado mirando a la demonia alejarse se rió con ganas. –Lo tendré en cuenta...- dio un último vistazo a Abyzou antes de continuar –Pase a ver a Muzania antes de venir aquí. Parece ser que todo ha estado tranquilo en tu ausencia. También me contó que se le ocurrió una manera de romper el bucle de Kushiel. Lleva entrando allí durante las últimas semanas y parece que ha logrado generar algunos cambios.
- Tenemos una eternidad para lograrlo- le contesto con resignación.
- No tienes por que quedarte aquí…- planteó Maalick. –Eres feliz en la tierra con tu Detective. Te mereces esa felicidad… Cuando Abyzou la llamo "tu reina" no la contradijiste…
- Lo sería si fuese tan desgraciado como para condenarla a este lugar. Tú ya viste lo que paso… cuatro años conmigo y ella, que es un milagro de nuestro padre, termino en el infierno. Ella se merece el cielo… y yo jamás podré volver ahí. Este es mi lugar.
- Lucifer… sigues sin entenderlo ¿no es así?... Aun a pesar del tiempo que pasaste ayudándome a romper el bucle que me atrapaba, sigues sin entender del todo la naturaleza de los mismos... Si bien no recuerdo demasiado de las variaciones que fue teniendo el bucle, si recuerdo la visión final que tuve dentro de él… yo traicionándolos a todos, condenado a la soledad en una Ciudad de Plata donde ya no quedaba nadie… cuando finalmente pude liberarme, aun me perseguía la culpa y la angustia. Por eso, aun libre me encerré en mi mismo, me aislé de nuevo. Me negaba a relacionarme con nadie por que creía que eso era lo que merecía… Fue Abyzou la que me hizo entender que no basta con salir de la prisión que representan esas puertas, que romper con el bucle implica entender que no nos merecemos nada de esto.
- No entiendo a donde quieres llegar…
- A que te equivocas si crees que nunca has estado prisionero de un bucle infernal… la única diferencia entre el tuyo y el nuestro, es que el tuyo te dio tal sensación de libertad que lo hizo infinitamente más difícil de romperlo.
Le encantaría creer en la teoría de su hermano pero no era tan sencillo.
Mientras estaba ahí hablando con su hermano, escucho el característico sonido de las alas de uno de sus hermanos. Se dio vuelta esperando ver a Amenadiel, pero en su lugar se encontró con su hermana Azrael.
- Que hay hermano mayor preferido… ¿me extrañaste?
- No me diste tiempo Ray-Ray. ¿Pasó algo?
- Varias cosas. Primero que nada,- miro a Maalick. –Hola hermano. Es muy bueno verte y quiero que sepas que siento mucho lo que esta por pasar…
Maalick la miro confundido por un momento hasta que su vista se descentro. Se agarró la cabeza con ambas manos y bufó.
- ¿Qué esta pasando Azrael?- le preguntó preocupado por la cara de incomodidad que estaba poniendo su hermano.
- Que cometí el error de decirle a Gabi que venía al infierno a verte y entonces recordó que todavía no había visto a Maalick. Mi mejor suposición es que esta bombardeándolo a preguntas.
Finalmente Maalick soltó su cabeza y junto sus manos para responderle a Gabriel. Cuando terminó suspiro.
- ¿Te convenció de ir a verlo?- le preguntó con un tono de burla.
Su hermano negó con la cabeza. –Le dije que hay alguien aquí a quien no puedo dejar por ahora. Lamento decir que fue suficiente para que decidiera bajar… Al parecer ya no le da tanto miedo este lugar. O por lo menos no el suficiente como para evitar que él y su intensidad vengan.- Suspiró cansado. –Voy a preparar a Abyzou para lo que se viene.- la miro de soslayo antes de agregar. –Me da un poco de pena…
Se dio vuelta y se dirigió hacia donde estaba la demonia.
- Que melodramático.- dijo Azrael. –El resto de nosotros vivimos con él a diario. Lo que no te mata te hace más fuerte.
- Fuertes palabras viniendo del ángel de la muerte.- le encantaba ver la cara de enojo de su hermana cuando la llamaba de ese modo. –Aparte de torturar un poco más al pobre de Maalick, ¿Qué más te trajo a este hoyo en la tierra?
- Quería contarte que las almas que habitaban en el cuerpo de Lilith ya están recuperando la paz en la Ciudad de Plata. Creo que hasta tuvieron suerte.
- Morir con Lilith entre tus piernas… si definitivamente hay cosas peores…- le contestó con ironía.
Su hermana lo golpeo en el hombro por el comentario.
- Más respeto Lu... Me refería a que seguramente alguna de todas esas almas debían tener alguna culpa que expiar, por más pura que fuera su esencia.
- Te sorprendería la cantidad de almas que habitan este lugar que no deberían estar aquí. La culpa es un sentimiento infeccioso en los humanos. Aquí hay gente que se tortura escuchando heavy metal pensando que es la música del demonio. Como si yo fuese a escuchar esos ruidos molestos y llamarlos música.
- Como sea hermano. La cosa es que como yo las lleve directamente, no tuvieron que pasar por aquí.
- ¿Dices que detuvimos a Lilith y encima rompimos el sistema de nuestro padre? Es un buen día para ser el Diablo.- le sonrió con suficiencia.
En un acto de mucha madurez, su hermana le saco la lengua.
Le devolvió el gesto pero le sonrió. Era bueno volver a hablar con ella.
- Fue bueno verte Ray-Ray. Si en algún momento de la eternidad tienes algo de tiempo libre, podrías pasar a saludar.
- De hecho Lu… hay algo más… papá me pidió que viniera…
- ¿Ya tiene mi castigo por lo de Lilith? Francamente no creo que la imaginación de papá llegue lo suficientemente lejos como para encontrar algún castigo peor que este lugar…
- Lu, no creo que sea eso…
- Pues dile que me mande un telegrama hermanita. Te diría que me mande un e-mail pero la recepción no es muy buena aquí… aun que, sabes que, eso es mejor… dile que me mande un e-mail.
- Vamos hermano… papá me dijo que necesitaba hablar contigo. No pierdes nada viniendo conmigo…
- ¿Quiere que vaya a la Ciudad de Plata? Pensé que el infierno se congelaría antes de que yo pudiese volver así.
- Pues debe estar empezando a bajar la temperatura entonces. Vamos Lu… papá quiere hablar contigo y sabes que no puede bajar aquí…
- ¿Qué es lo que tanto quiere decirme? Puede simplemente orar y listo… Lo ha hecho antes.- Empezó a pasearse enfrente de su hermana. Nada bueno podía venir de que tuviese que ir allí. Por lo que sabía podía evaporarlo del universo.
No podía desaparecer antes de ir a ver a la Detective. Se lo había prometido.
- No lo se Luci. Pero no es nada malo.
- ¿Cómo lo sabes?
- Por que le pregunte.- la miró con incredulidad por lo que ella agregó –Cuando me ordenó que viniera a buscarte, lo quise convencer de que lo que habías hecho era lo correcto. Él dijo que lo sabía.-
¿Y si era lo correcto entonces para que lo quería ver?
Aun si su hermana ya no era tan sumisa como antes, seguía sin ver la malicia del maldito. Algo tenía que traerse entre manos. La pregunta es, si lo que fuera que estuviese planeando, podría evitar que cumpliese su promesa a Chloe.
- Le dije a la Detective que volvería… quizá lo mejor sea que primero vaya a verla para despedirme y después…
- Uff Luci…- lo cortó Azrael. –No seas tan dramático. Si llegas a necesitarlo, yo misma te llevare a la tierra a que veas a la Detective Decker. Vamos.
Azrael abrió sus alas lista para despegar.
- Aguarda.-
Con lo diferente que pasaba el tiempo en la Ciudad de Plata, no importa cuanto estuviese, sería mucho más en la tierra. Necesitaba que Chloe supiera que, sin importar como, cumpliría su promesa.
Amenadiel, necesito que me hagas un favor. Avísale a la Detective que tardaré un poco más de lo planeado en volver a la tierra pero que cumpliré mi promesa.
Samael, no hay problema. ¿Necesitas que vaya a quedarme con ella para protegerla?
Amenadiel, no. Solo avísale, por favor.
Samael, tranquilo. Ahora la llamo.
Cortó la conexión con su hermano y se dispuso a seguir a su hermana menor hasta la entrada de la Ciudad de Plata.
- ¿Nuestro padre te envió para asegurarse de que no pervierta ningún ángel joven que se cruce por mi camino?- le pregunto con sarcasmo.
- En realidad Luci, papá me pidió que te acompañe para asegurarme de que nadie te moleste.
Llegaron al lugar que se denominaba como "Las Puertas del Paraíso" y que no era más que un arco que marcaba el inicio de la Ciudad de Plata. Le generaba sensaciones contradictorias el estar allí.
En ese mismo lugar, su hermano Michel había ejecutado la sentencia de destierro. Su espada había abierto el piso a sus pies y él, con sus alas inmovilizadas, había caído.
Mientras que su cuerpo había aterrizado en el suelo de lava encendida, los de sus hermanos habían llegado tiempo después… cuando su fuerza le había permitido estabilizar ese mundo y las puertas para encerrar a las almas penitentes ya habían empezado a funcionar.
El día que su vida había cambiado para siempre, había podido percibir la barrera levantada ante él.
Ahora nada le impedía la entrada.
Pudo ver que unos ángeles jóvenes que lo veían con sorpresa.
Estaban en el lugar donde, antes, solía estar su hermano Uriel.
- ¿Quién se encarga de recibir las almas ahora que Uriel ya no…?- no terminó la frase. Aun que Linda lo había ayudado a entender que no había tenido muchas más opciones, en el fondo seguía avergonzándolo haber sido el causante de su muerte.
- Al principio todos nos turnábamos, y aun en ocasiones lo hacemos, pero a Gadreel le gusta la tarea por lo que en general se queda él y nos llama si necesita ayuda. Gabi y Cassi siguen viniendo cuando llegan muchos niños para acompañarlos personalmente.- saludo con la cabeza a los ángeles que se cruzaban pero sin detenerse. –Padre te espera en la "Sala de Luz".- dijo deteniéndose en una edificación circular que se elevaba por encima de las nubes.
Asintió y siguió subiendo solo.
La "Sala de Luz", también conocida como la oficina de su padre, era el lugar donde él se mantenía en su estado natural. No necesitaba un cuerpo. Al entrar allí, entrabas en contacto con él.
Era el lugar a donde a su padre le gustaba dar las reprimendas, por que allí no se necesitaban palabras para explicar nada. Aunque si que le gustaba usarlas... más cuando debía retarlo a él.
Llegó a la parte superior del edificio y se detuvo frente a la puerta. Solo los ángeles podían llegar hasta allí. De esa manera se aseguraba de que solo sus hijos estuvieran en una conexión tan profunda con él.
No se dio demasiado tiempo para dudar. Respiró profundo y cruzó la puerta como si no estuviese allí. Al igual que con la entrada en la Ciudad de Plata, ninguna energía lo expulso.
Una vez dentro, la presencia fue absoluta y sobrecogedora. La luz llenaba el espacio infinito que era esa habitación.
La última vez que había estado allí, se había ahogado en la ira y el poder absoluto de Dios…. Era poco más que un adolescente en esa época. Estar allí de nuevo lo hacía sentirse igual de joven.
Le sorprendió darse cuenta lo tranquilo que estaba. Siempre creyó que cuando volviese a encontrarse con su padre, solo podría pensar en destruirlo. Ahora se daba cuenta que hacía tiempo que ese fuego se había apagado en él. Desde el día en que le permitió volver para salvar la vida de su Detective, parte de ese rencor había muerto. No por que lo hubiese perdonado, sino por que ella importaba más.
Hijo.
La voz era como un eco de otra vida. Se concentró en los sentimientos que vibraban en su padre en esos momentos.
Ansiedad.
¿Añoranza?
¿De qué podría sentir añoranza?
- Dime lo que tengas que decirme Padre. Me temo que tengo otros compromisos que cumplir.- se negaba a volver a ser un adolescente asustado.
Has crecido.
- Si, bueno, siglos en el infierno le hacen eso a uno.- le molestaba la situación. Su padre parecía dispuesto a dejar que adivinara. -¿Algo más? ¿Quieres hacer algún comentario sobre la ropa que uso? ¿El delineado talvez? Las togas no son lo mío. Deja eso para tu hijo favorito.
Percibió su irritación.
Ese sentimiento le era más familiar cuando estaba con su padre. Siempre había sabido como irritarlo.
Has sabido elegir.
Esperó por unos segundos pero no agregó nada más.
¿Qué quería decir con eso? ¿Era una felicitación? ¿Y por que lo felicitaba? ¿Había elegido bien estando con Chloe? ¿Dejándola? ¿Volviendo al infierno? ¿Con Lilith?
Parecía un chiste.
-¿Qué quieres decir con eso?- dijo enojado. Estaba más allá de cabreado.
Confía en tu elección.
- ¿Esto es un chiste? ¿Qué confié en mi elección? ¿En cual de ellas Padre?- estaba a poco de empezar a lanzar fuego por lo ojos. –Por si no lo has notado, llevó siglos decidiendo por mi mismo. Y si mal no recuerdo, una de mis elecciones fue rebelarme. ¿Dices que confié en esa elección?
Confía en lo que sabes.
No aguantaba más. -¿QUÉ MALDITO JUEGO ESTAS JUGANDO?- gritó enfurecido. –DEJA TODA ESA ESTUPIDEZ DE SER DEMASIADO EVOLUCIONADO PARA HABLAR. YO NO SOY TAN CRÉDULO COMO MIS HERMANOS.
No habían pasado ni cinco minutos y ya estaba arto y no pensaba perder más tiempo allí. Encaró hacia la salida pero sintió como una mano en su hombro lo detenía.
Cuando se giro allí estaba.
La forma que su padre solía usar por fuera de esos muros.
Podía reconocer las similitudes entre ellos. El cabello y los ojos eran los mismos. Su altura también era similar aunque, estando en ese espacio, la figura de su padre se veía extrañamente agrandada. Como si en esa sala, que aun conservaba su energía envolviéndolos, la figura corpórea de su padre no fuese del todo correcta.
Y luego… su padre bufo.
Resultaba casi hilarante el ver al creador del universo bufar como un simple humano cansado, al que le piden un trabajo extra. Si no estuviese tan enojado seguramente se hubiese reído.
- Se que no eres crédulo hijo. Aunque a veces desearía que me dieras algo de paz.-
Lo miro levantando una ceja sin poder creer que le estuviese diciendo eso. – ¿Se terminó el recuento de palabras?- le preguntó con ironía sin responder al comentario anterior de su padre.
Asintió con la cabeza.
- ¿Por qué no hablabas?- No sabía como sus hermanos habían aguantado sus escasas respuestas por más de cinco minutos.
- Por que entendí que mis palabras eran más grandes que yo y quise controlar el efecto que causaban.
Nuevamente levanto una ceja en señal de que no entendía a que se refería.
- He cometido errores Lucifer.- lo sorprendió que lo llamará por el nombre que había elegido para él mismo. Había supuesto que no le importaría su elección y que lo seguiría llamando Samael. –Estaba tan enojado con todas tus rebeldías, con tu rechazó a cumplir mis normas. Por el caos que por momentos creabas…
Recordó como había sido todo antes de la guerra. Él enfurecido por los regalos que su padre le daba a la humanidad pero que le negaba a ellos. No solo se había negado a cumplir con los pedidos de su padre. Había dificultado la vida para los humanos lo más posible.
- Era poco más que un adolescente en esa época. Y tú le habías dado a tu pequeño experimento la libertad que me negabas.
- Yo no podía darte algo que tu ya tenías hijo. Pero podría haber recordado tu juventud y actuado de otra manera. En lugar de eso permití que mi ira dictará mis actos sin pensar en como estaba afectando a todos mis hijos…- hablaba calmado como repasando una reflexión a la que hacia mucho que había llegado. –Cuando la guerra inició, algo en mis hijos empezó a cambiar. Lamento decir que me llevó demasiado tiempo entender que eso era inevitable e incluso deseable.- lo miro a los ojos antes de agregar. –Te pido perdón hijo mío… Lamento que fueses tu quien tuvo que sufrir por mis limitaciones.
Llevaba una vida esperando escuchar esas palabras y, aun así, no le generaron lo que él esperaba. No había júbilo allí. No había nada.
Ni siquiera las creía.
- ¿Por que me dices todo esto?- le pregunto resignado. –No se de que quieres convencerme padre pero ya no es necesario. Ganaste. Voy a cumplir con mi deber. Volveré al infierno.
- A eso es a lo que me refiero Lucifer. Nunca fue mi deseo que te quedaras atrapado allí, de la misma manera que no deseo que tus hermanos estén atrapados en esos bucles.- se apretó el puente de la nariz de la misma manera que él lo hacía cuando no conseguía que las personas lo entendieran. –Es cierto que quería castigarte. Después de todo, habías empezado una guerra. Aun si no era tu intención, fue una consecuencia de las decisiones que tú tomaste… pero jamás quise que se convirtiera en tu destino, en tu sino. Llegué a alegrarme de que te cambiaras el nombre para que no pudieses escuchar las plegarias que contenían lo más oscuro de la humanidad… No quería que esto se convirtiera en lo que fue… pero para ese entonces… el libre albedrío tenía mas peso que yo.
Empezó a negar con la cabeza. No podía creerle. Tenía que estar jugando con él. –Deja de mentir. Tú me condenaste. Tú me expulsaste y me obligaste a reinar en el infierno.-
- Si algo tenemos en común Lucifer, es que yo no miento.- contesto con tranquilidad.
- Explícate entonces por que no puedo creer que todo esto haya sido una lamentable equivocación.
- No lo fue.- su padre suspiró de nuevo. - El Infierno es un reino de oscuridad y alguien debía dominarlo. Te envié al infierno por que la luz siempre vence a la oscuridad. Pero nunca desee que te quedaras por siempre allí. Esa fue tu decisión…
- ME EXPULSASTE DE MI CASA.- le gritó.
- Lo se hijo. Y ahí fue cuando empecé a entender que lo que había pasado era más grande que tú. Jamás quise que te vieses expulsado de este lugar pero, no fue hasta que te rebelaste, que empecé a entender hasta que punto el libre albedrío forma parte de ustedes. Yo no te expulsé. Tú te expulsaste a ti mismo. De la misma forma que no fui yo quien te permitió volver aquí hoy…
- ¿Estas diciendo que todo lo que pasé fue culpa mía?
- No. También fue mía. Nunca debí dejar que creyeras que eras malo por rebelarte. Por eso te pido perdón. Creí que sería una lección de humildad para ti y lo único que hice fue lastimarte muchísimo más de lo que puedo perdonarme a mi mismo. Y no solo a ti…
- Los que aun están atrapados…
- Deben perdonarse... Después de tus primeras vacaciones a la tierra, empecé a tener esperanza de que fuera posible. Cuando en tu interior empezabas a entender que el castigo ya había sido suficiente te ibas. Hasta que finalmente decidiste quedarte.
- Si se suponía que hiciese eso, ¿Por qué mandabas a Amenadiel a buscarme?
- Ese creo que es otro de mis errores, aun que no se si otra opción hubiese sido mejor. Como te dije, no solo tú cambiaste. Tu rebeldía encendió en ellos la chispa del libre albedrío, aun si muchos de ellos no lo saben aun. Pero cuando la chispa de la libertad empezó a encenderse, mis palabras se volvieron pólvora por que, sin saberlo, interpretaban mis intenciones de acuerdo a ellos mismo. Tu hermano Amenadiel es particularmente adepto a ello. Cuanto más hablaba peor era…
- Así que dejaste de hablar
- Pero eso también lo interpretaron como una respuesta, por que a tus hermanos les cuesta creer en ese cambio. Le temen y lo niegan. Confió que tu sirvas como ejemplo una vez más de cómo la única forma de crecer es eligiendo, y haciéndose responsable de esas elecciones… Me alegró mucho saber que Maalick, Muzania y Puriel son libres. Ellos también serán un buen ejemplo para el resto de sus hermanos.
Lo que su Padre le estaba diciendo podía cambiarlo todo. Seguia enojado pero no podía evitar pensar en las posibilidades.
- ¿Todo esto significa que no quieres que vuelva al infierno?
Su padre negó con la cabeza. – Tú sigues siendo el rey del infierno Lucifer. Tú le diste forma y creaste el sistema que lo rige… Consciente o no, te hiciste cargo de los seres, humanos y demonios, que lo habitaban. Esa fue tu decisión y, aunque lamento mi participación en los sucesos que te llevaron hasta allí… eso ya no tiene vuelta atrás… pero no hay una sola forma de cumplir con tu responsabilidad… no tienes por que hacerlo solo.
Por un momento todas las posibilidades parecieron desplegarse delante de él. Podría dejar ese lugar en manos de sus hermanos. Podría estar con Chloe…
Chloe…
Su Detective…
El milagro de Dios.
- Contéstame algo más Padre. ¿Qué tanta opción tiene en esto Chloe? ¿Tú la pusiste en mi camino?
Esta vez su padre asintió con la cabeza.
- ¿Por qué?
- Por que quería ayudarte un poco. Quería que pudieses escoger estar con alguien que te hiciera feliz y te ayudara a perdonarte. A dejar de sentirte como un monstruo.-
Su respuesta no lo sorprendía pero si lo entristecía un poco. Tal como siempre había supuesto, ella nunca había tenido oportunidad.
- Pero hijo,- continuó su padre. –Yo conozco los caminos, no las respuestas. Sabía que si enviaba a Amenadiel a bendecir a esa pareja, algún día esa persona se cruzaría contigo y el destino de ambos se entrelazaría. Podía pasar de miles de maneras pero esa siempre era la constante, se atraerían mutuamente y cambiarían la vida del otro… no siempre de igual forma, pero siempre para mejor.
- ¿Pero donde esta entonces su libertad?- le preguntó más triste que enojado. Quitarle la posibilidad de elegir a su detective era algo que nunca se perdonaría.
- La libertad esta en sus sentimientos, en sus pensamientos y en sus elecciones Lucifer. Yo solo la cree, todo lo demás es por su cuenta.
No sabía que pensar. Sería increíble creer que podría quedarse con ella. Pero entonces, todos los motivos que lo habían llevado a volver al infierno reaparecían. –No quiero ponerla en riesgo. Que mi presencia en su vida la empeore…
- Tú eres quien debes elegir hijo… Solo puedo decirte que, al igual que con todas las demás decisiones que has tomado desde que llegaste a la tierra, las acepto como lo que son, el libre albedrío de quien una vez fue mi hijo Samael. Es cierto que algunas de ellas no fueron las mejores, como lo que paso con tu hermano o con Cain, pero de nuevo, me temo que mi ausencia limitó tus opciones. Y al mismo tiempo, me siento tan orgulloso de las decisiones que tomaste respecto a tu madre y a Lilith… fuiste justo y compasivo… que más se le puede pedir a un ángel…
- Yo ya no soy un ángel.- le respondió sin saber muy bien como sentirse con las cosas que le estaba diciendo.
- En el fondo siempre lo serás Lucifer. Aun si ahora, eres algo más.
Se sentía sobrepasado y no sabía que responder. Ni siquiera sabía si se suponía que tenía que darle una respuesta.
- Tengo que irme.- fue lo único que atino a decir.
- Esta bien hijo.- se quedo callado por un segundo, dudando, pero finalmente agregó. –No es una orden Lucifer, pero si una recomendación. La Detective Decker y tus hermanos tienen derecho a participar de esta decisión… quizá lo mejor sería que vayas con ellos para que la tomen juntos.
Lo miro a los ojos y asintió. Y sin decir nada más, voló hacia la puerta y hacia la Detective que lo esperaba en la tierra.
