Los libros originales son de E.H. yo adecúo nombres, descripciones y situaciones según corresponda a los personajes de Twilight que dicho sea de paso pertenecen a S.M

CAPÍTULO DIECINUEVEAVO No viviré en un mundo donde no estés

La Princesa Serenity viajó toda la noche. Mientras los primeros rayos

de sol bendecían la tierra, ella se dirigía al lugar donde un año atrás

había conocido a Espada Larga.

Era un lugar árido, desprovisto de árboles y de hierba.

La princesa miró a su alrededor, pero no podía ver

ninguna otra cosa viviente. Justo cuando ella empezó a

preguntarse si habría venido en vano,

apareció una grieta en la tierra seca.

Que crecía más y más hasta que el Rey Goblin salió

de las profundidades de la tierra.

Sus ojos brillaban de color naranja brillante a la vista de ella,

y él sonrió con dientes amarillos mientras le decía,

- ¿Y quién es usted? - - Yo soy la princesa Serenity, - replicó ella.

- Y he venido para tomar el lugar de mi marido en el reino de los duendes... -

de Espada Larga

Estaba oscuro, muy oscuro, y ella había perdido la noción del tiempo. Podía haber estado aquí parada por minutos o por horas, sus brazos tiraban dolorosamente detrás de ella, sus ojos esforzándose inútilmente en la oscuridad.

De vez en cuando se había quedado dormida a pesar del dolor y el miedo, pero cuando su cuerpo se hundía hacia adelante, con los hombros tiraba de las cadenas en sus muñecas, y ella se despertaba sobresaltada. Al principio había pensado que el calabozo estaba en silencio también, pero mientras ella estaba allí, comenzó a escuchar cosas. Pequeños Crujidos. El roce de una pinza pequeña contra las piedras. El lento goteo de agua en alguna parte. Normalmente, en la oscuridad, y completamente sola, los sonidos la asustaban más. En cambio, ahora eran casi reconfortantes. Ella no estaba segura de que hubiera podido mantener su sano juicio, si su carcelero también le hubiera tapado los oídos, así como la visión.

Finalmente oyó pasos, distantes pero más cercanos cada vez. Se enderezó, tratando de parecer serena y tratando de ser valiente. Emmett había sido valiente en cautiverio así que ella podría también. Ella era una condesa. Ella no se iría llorando a la muerte. La puerta del calabozo se abrió y ella se estremeció fuera de la luz de la linterna.

— Rosalie. —

Oh, querido Dios, no podía ser. Ella entrecerró los ojos y vio los anchos hombros de su marido bloqueando la luz de la linterna. Estaba sin sombrero, las botas llenas de barro y rayadas, y llevaba una alforja llena en un hombro. Ella tiró hacia adelante, con la garganta trabajando, tratando de decir algo. Para advertirle.

Lord King había despotricado durante casi una hora cuando ellos entraron en el carruaje sobre la venganza que le causaría a Emmett.

- No la toques, - lord King dijo, y Emmett se apartó. Detrás de él estaba Lord King, con una pistola apuntándole con firmeza a Emmett.

- Aquí está. Puedes ver que ningún daño le ha pasado a ella. Ahora, dame el dinero. - Emmett no miraba al otro hombre. Sus ojos estaban en los de ella, ardientes, negros, y peligrosos.

- Quítale la mordaza. –

- Ya has... - Emmett volvió la cabeza y golpeó a lord King con una mirada.

- Quítasela. - Lord King frunció el ceño, pero dio un paso hacia adelante, manteniendo sus ojos en Emmett. El buscó a tientas, con una sola mano, el paño atado a la parte de atrás de la cabeza de ella, y luego el nudo cayó. Rosalie escupió el trapo arrugado de su boca.

- ¡Emmett, él desea matarte! –

- Cállate, - lord King dijo.

- No. - Emmett dio un paso hacia el otro hombre, aparentemente ajeno al arma de fuego levantada entre ellos. Se quedó mirando a Lord King un momento, luego miró a Rosalie, un músculo flexionando en su mandíbula. - ¿Te ha hecho daño? –

-No, - ella susurro. - Emmett, tú no puedes hacerlo. -

— Silencio. — él sacudió su cabeza ligeramente y casi con una sonrisa. — Estás viva. Eso es lo único que importa.

— Ella está viva y yo deseo el dinero, — Lord King dijo impacientemente.

— ¿Qué garantía puede darme que ella se irá libre? — Emmett la miraba como si estuviera memorizando sus rasgos.

Rosalie sintió como el hielo comenzaba a formarse en su centro.

— Emmett, — ella susurró, suplicante ahora.

— Mi esposa está en esta residencia, — Lord King dijo. — Ella no tiene nada que ver con esto. Pondré a Lady Blanchard bajo su cuidado y las enviaré a ambas a Londres. Ya mandé a un criado a traer a Adriana aquí.

— ¿No tiene intención de llevar a su esposa con usted? - Los ojos de Emmett estaban horriblemente suaves, y aunque él hablaba al otro hombre, su mirada nunca dejó la de ella.

- ¿Por qué debería? - lord King replicó con impaciencia. La comisura de la boca Emmett hizo una mueca. ¿Cómo podía él encontrar algo de esto divertido?

- ¿Un cierto sentimentalismo, tal vez? –

- No tengo tiempo para el sentimentalismo o su ingenio, - lord King rugió. - Si usted quiere que su esposa viva para ver el amanecer… -

— Muy bien. — Emmett tiró las alforjas a los pies de Lord King justo en el momento en que Lady King aparecía en la puerta del camino a la mazmorra.

— ¿Por qué, milord, no me dijiste que teníamos invitados?, — Lady King exclamó como si ser levantada antes del alba para recibir invitados en el calabozo fuera perfectamente normal. No parecía notar que su esposo apuntaba una pistola hacia uno de sus— invitados. —

Ella dio un paso para entrar en la mazmorra, pero el rudo lacayo a su lado la previno.

— Mejor no, miladi. Está muy sucio allí abajo.

Lord King asintió con la cabeza al hombre. A pesar de las palabras del lacayo, su verdadera razón para detenerla debía ser para que no estuviera demasiado cerca de Emmett.

- Me gustaría que lleves a lady Blanchard a Londres, querida, - lord King dijo. - Ella está enferma y Lord Blanchard y yo tenemos asuntos que discutir. - Llegó detrás de Rosalie con una mano y abrió las cadenas de sus muñecas. El corazón de Rosalie se hundió.

- Emmett, no puedo dejarte aquí. - Lord King dio una mirada dura a Emmett

- No me importa, pero ya sabes la alternativa. -

La boca de Emmett se adelgazo.

- Déjame hablar con ella. –

- Como quieras. -

Emmett se inclinó sobre su oído, su rostro contra el suyo. Las manos de Rosalie seguían atadas detrás de su espalda. Ella quería que estuvieran libres para poder tocar y sentir su amado rostro.

- Debes irte con Lady King, - Le susurro en su oído. Sintió que las lágrimas calientes desbordarse por sus ojos.

- No. No, dijiste que nunca te pondrías a merced de otro hombre de nuevo.

- Me equivoqué. - Su aliento llevaba una risa silenciosa que sopló contra su mejilla. Él Olía a caballo y a cuero y a su marido. - Entonces yo estaba muy mal. Yo fui un tonto y superficial, y yo casi no me di cuenta de eso a tiempo. Estuve a punto de perdiste. Pero no lo hice. –

- Emmett, - sollozó ella

- Shh, - Él le susurró. - Tú me preguntaste si yo te amaba. Yo te amo. Te amo más que a la vida misma. Nada importa en este mundo, sino que tú vivas. ¿Puedes hacer eso por mí? ¿Puedes vivir? - ¿Qué podía decir ella? Él se estaba sacrificando, ella lo sabía. Sacrificándose a sí mismo por ella y él quería que ella simplemente caminara fuera de esta habitación y lo dejara aquí. ... Ella negó con la cabeza, su garganta hinchada por el dolor.

Él tomó su rostro entre sus palmas y la miró fijamente, y por primera vez desde que regresó de las colonias, ella vio al risueño muchacho del retrato en sus negros ojos. Ellos la miraban, confidentes y con un sugerente brillo travieso.

— Sí, tú puedes, — dijo él en esa baja, y profunda voz que ella amaba tanto. — Hazlo por mí. Vive por mí. —

— Te amo, — ella susurró, y vio el júbilo en sus ojos.

Ella se volvió, tambaleándose, y se fue de ese infierno. Lord King dijo algo, y Lady King balbuceó y gorjeó, pero ella no oyó nada de eso, porque se iba dejando a Emmett atrás. Se volvió una vez más en la puerta y miró sobre su hombro. Emmett estaba arrodillado al lado de la pared de piedra donde había estado encadenada ella. Vio que había tres anillos de hierro colocados en la pared de piedra. Ella había estado encadenada a la del medio, pero ahora eslabones de hierro estaban enhebrados a través los dos anillos exteriores. Los fuertes brazos de Emmett estaban extendidos a lo ancho, y Lord King estaba viendo como el lacayo corpulento sujetaba las cadenas en sus muñecas.

El frío suelo de piedra debía de haber estado duro contra las rodillas de Emmett, y ella sabía que las cadenas eran dolorosas, pero él la miró a los ojos y le sonrió.

Sonrió mientras sus brazos eran encadenados en una cruz.

Cuando se había escapado de su cautiverio, muchos meses atrás ahora, él había jurado que nunca se dejaría capturar con vida de nuevo. Se había jurado a sí mismo que moriría antes de ser tomado de rehén por un enemigo. Y él había querido cumplir ese voto, de verdad. Pero ahora Emmett rompía esa promesa.

Estaba arrodillado a los pies de su enemigo, con los brazos extendidos a lo ancho, encadenado a la pared, impotente, y sin embargo sintió alegría. Nada de eso importaba, siempre y cuando Rosalie estuviera viva. Podría enfrentar esto y peores cosas, siempre y cuando ella viviera. King se inclinó y abrió las alforjas. El Collar de Zafiros Mater's, brilló a la luz del farol. King gruñó y recogió las joyas.

- Muy bonitas. - Las piedras de color azul oscuro brillaban mientras las examinaba. - Son las joyas Blanchard, si no me equivoco. - él le sonrió abiertamente a Emmett.

Emmett se encogió de hombros.

— No se equivoca.

— Muy buenas joyas, en verdad. — King empujó el collar en la bolsa de cuero y comenzó a atar los cordones mientras hablaba con el bruto del lacayo. - Vea que mi caballo está listo y mi bolsa ha sido bajada. El barco llegará en dos horas, y tengo que estar lejos para reunirme con él a tiempo. - Por primera vez, el gigante criado mostró signos de pensamiento independiente. Vaciló, mirando a Emmett.

- ¿Y él? - King miró con frialdad al lacayo.

- Eso no es asunto tuyo. - El hombre cambió de un pie al otro.

- Pero, verá, me van a culpar. –

- Qué? –

- Por lo que le suceda a él. - El mayordomo hizo un gesto con la barbilla en la dirección de Emmett. - Usted desaparecerá y yo tendré un aristócrata muerto en mis manos, y al primero que van a estar mirando voy a ser yo. - Emmett sonrió. El hombre tenía razón.

- Oh, por Dios, - King estalló justo cuando la puerta de la mazmorra fue abierta y lady King entró con Rosalie detrás de ella.

¡Cristo! Emmett se lanzó contra sus cadenas, pero los enlaces de hierro lo mantuvieron en su sitio. King giró hacia la puerta, su arma apuntando a Rosalie.

- Sal - Emmett le ordenó. Rosalie lo miraba, su dulce rostro en testaruda determinación. Él tiró de la cadena con todas sus fuerzas y sintió un leve aflojamiento. King se volvió hacia él cuando las cadenas sonaron. La luz del farol se reflejaba en el cañón de la pistola en la mano. King la levantó mientras Emmett le enseñaba los dientes en desafío.

- No - gritó Rosalie. Lady King se abalanzó sobre su marido.

- ¡Royce! ¿Has perdido la cabeza? –

- Rosalie - Emmett se lanzó de nuevo, y el anillo de hierro que sostenía su muñeca derecha salió disparado desde la pared.

King se balanceó hacia él con la pistola, pero Lady King estaba allí, y Rosalie, maldita sea, se arrojó sobre el hombre.

El arma explotó con un trueno ensordecedor, haciendo eco en las paredes de piedra y en el techo. Por un momento, todos quedaron congelados.

— Rosalie, — Emmett susurró.

Ella lo miró con los ojos desconcertados, y levantó una mano hacia él. Rastros de sangre resbalaban por sus dedos.

Ella había quedado prácticamente aturdida por el disparo de la pistola, pero Rosalie seguía oyendo la enojada voz de Emmett en sus rugidos. Sonaba como un león enfurecido, como un Arcángel de fuego bajando del cielo para provocar venganza contra los mortales. Él saltó hacia adelante, con la mano derecha libre extendida hacia Lord King. La cadena chilló contra el anillo de hierro, y él echó hacia atrás, los dedos agarrando la manga de Lord King.

- Dios mío - Lord King exclamó. Él cayó contra Rosalie, agarrándose a su brazo. Eso fue un algo incorrecto. Emmett rugió y se abalanzó de nuevo. El otro anillo de hierro también estalló desde la pared. Estuvo sobre Lord King de un solo salto, tirando al hombre lejos de Rosalie. Lady King gritó. Emmett golpeó al otro hombre en la cara con un chasquido horrible, y Lord King cayó al suelo. Emmett lo siguió hasta el suelo de piedra, de rodillas por encima de él, su puño cerrado se dirigió una y otra vez en el rostro de Lord King.

-Deténgalo - lady King aferró el brazo de Rosalie. - Va a matar a Royce.

Él debería hacerlo también. Emmett no mostró señales de detención, a pesar de que el otro hacía mucho tiempo que había dejado de resistirse.

— Emmett, — dijo ella. — ¡Emmett!

Él se detuvo abruptamente El pecho agitado, sus manos, con sangre, colgando a los lados y las cadenas todavía colgando de sus muñecas. Rosalie se acercó a él y vacilante tocó su pelo corto y negro.

— Emmett.

Él se volvió de pronto y apoyó su rostro contra el vientre de ella, sus grandes manos agarrando sus caderas.

– Él te hizo daño. –

- No, - dijo ella, acariciándole la cabeza amorosamente, sentía su calor bajo sus palmas. - No. La sangre era suya. La bala debió haberlo alcanzado en alguna parte. No estoy herida.

- Yo no podría soportarlo, - dijo Él contra su vientre. - Yo no podría soportar que estuvieras herida. –

- Yo no lo fui, - ella le susurró. Tomó sus manos, grandes y golpeadas, en las de ella y se lo llevó arriba. - Estoy entera y segura. Me has rescatado. –

- No, - dijo El mientras se levantaba. - Yo soy quien es rescatado. Yo estaba perdido y roto, y tú me salvaste. - Se inclinó y le susurró en los labios, - Tú me has redimido. – Él la atrajo hacia sí, y ella vino voluntaria, y alegremente, a los brazos del hombre que amaba. Y que también la amaba a cambio.

Continuará…