Capítulo 18. Cuéntamelo todo.
Victoria llevaba varios día inquieta. Le parecía que Diego estaba más distante con ella. No se habían quedado a solas desde la noche de la tormenta. Decidió visitar a su amiga Teresa, entrenar un rato con ella siempre le aclaraba las ideas.
Dos horas después volvió y tras comprobar que en la taberna todo estaba bajo control fue a buscar a doña Carmen.
"Carmen, voy a la hacienda. ¿Me acompañas?" dijo con brusquedad.
"Claro, pero. ¿Qué te pasa, por qué estás tan enfadada?"
"Primero tengo que hablar con él, luego te lo cuento."
"Vale, como quieras."
Al llegar Victoria se dirigió directamente a la biblioteca. Don Alejandro estaba leyendo, y levantó la vista al oír sus pasos apresurados.
"¿Dónde está?" preguntó Victoria con voz decidida.
"Aún no ha vuelto." dijo él algo asombrado.
"Bien, lo esperaré abajo."
"Como quieras." dijo él sin atreverse a discutir.
Victoria entró por el hueco de la chimenea, y en ese momento doña Carmen entró en la habitación.
"¿Qué bicho le ha picado?" preguntó don Alejandro.
"Ni idea, pero creo que su hijo se ha metido en algún problema."
"Espero que puedan aclararlo."
"Creo que no deberíamos dejarlos solos."
"Yo desde luego no pienso entrometerme en una discusión entre esos dos. Además estoy convencido de que podemos confiar en ellos."
"Puede que ahora mismo ella esté enfadada, pero en cuanto lo aclaren podrían llegar demasiado lejos. Están muy enamorados, don Alejandro, y llevan años sin poder estar juntos. Cualquier día uno de los dos tomará la iniciativa y no podrán aguantar más."
"Tampoco sería para tanto. La boda es el mes que viene."
"Sería una pena que hayan esperado tanto para estropearlo ahora."
Don Alejandro parecía extrañado de que ella fuera tan estricta, pero como buen caballero no hizo ningún comentario. Ella comenzó a sospechar. "Usted no esperó." dijo con voz severa.
"Bueno, hace mucho tiempo de eso."
"Pero se casó con ella. ¿No?"
"Por supuesto que lo hice. ¿Qué clase de hombre cree que soy?"
Ella apartó la vista y creía saber lo que él estaba pensando. No podía estar más equivocada, porque lo siguiente que él dijo la sorprendió.
"Estos días he visto que Diego aún está afectado por la muerte de esas personas, pero no es el único. Usted tampoco es la misma desde entonces. ¿Quiere hablar de ello?"
"No, gracias. Estoy bien."
"Eso mismo me dice él, y tampoco es cierto. ¿Ha vuelto a molestarla don Raimundo?"
"¿Qué sabe usted de eso?"
"Me encontré con él en la taberna y me reprochó que quiera sus servicios solo para mí. No le golpeé para evitar un escándalo, pero le dije que estoy dispuesto a defender su honor con mi espada, así que espero que no vuelva a insistir."
Ella estaba completamente asombrada. "¿Cómo se le ocurre hacer algo así?"
"He dicho que es usted una respetable viuda y no consentiré que nadie dude de mi palabra, y menos él."
"Pero si es mentira."
"Es mi versión y la mantendré."
"Él sabe que lo que dice es cierto. Y si acepta el desafío?"
"¿Raimundo? En el fondo es un cobarde. Además, no he podido resistir la tentación y he estado practicando con Diego y Felipe. Se llevaría una buena sorpresa."
"No me lo puedo creer. Aquí está usted, dispuesto a defender una mentira como un caballero andante luchando contra molinos de viento."
Él se quedó mirándola unos instantes. "El Quijote es mi novela favorita." dijo algo sorprendido.
"También la mía." reconoció ella. "Y usted ve en mí una Dulcinea cuando no soy más que Aldonza."
"No estoy de acuerdo, porque Dulcinea es mi yegua favorita y aunque también es una belleza no se parece en nada a usted."
"Ya sabe a qué me refiero." dijo ella sin poder evitar sonreír.
"Sí que lo sé." dijo él con voz suave. "Cree que soy un loco que vive en un mundo de ilusiones. Puede que tenga razón, eso explicaría lo de mi hijo. Pero si disfrutar de su compañía es fruto de una locura, entonces no quiero volver a estar cuerdo."
Se sentó al piano y comenzó a tocar. Ella se alegró, porque la había dejado sin palabras.
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Victoria esperaba en la cueva, y mientras daba vueltas como una fiera enjaulada vio dos varas apoyadas contra la pared. Supuso que Diego y Felipe las utilizaban para practicar la lucha. Cogió la más corta y empezó a practicar giros y golpes. Al poco rato Diego entró con Tornado. Ella se detuvo.
"¿Cómo te encuentras?" Preguntó Victoria. "¿Aún te duele?"
"Me encuentro mejor. Afortunadamente ya no necesito seguir tomando té de cactus. Es muy eficaz, pero sabe fatal." ella asintió. Lo recordaba muy bien. "Ayer me quité el vendaje."
Desmontó de Tornado y lo llevó al establo, donde le quitó la silla y las riendas.
Dejó los guantes sobre la mesa y tras quitarse la capa y la máscara se acercó a ella, pero ella lo detuvo poniendo la vara delante de él.
"Creo que se te ha olvidado contarme algo."
"No sé a qué te refieres." dijo él con cautela.
Ella hizo un giro rápido con la vara y la dirigió hacia su pecho. "¿Has visitado el poblado indio últimamente?"
"No. ¿Y tú? ¿Has estado hablando con tu amiga Teresa?"
"Así que sabes que es mi amiga. ¿Qué más sabes?"
"Que has aprendido con ella a manejar eso." dijo él mirando la vara que ella sostenía.
"¿Quieres coger la tuya?"
"¿Por qué?" dijo él receloso.
"Me gustaría entrenar contigo mientras hablamos."
Él cogió la vara y se situó frente a ella. Sin previo aviso ella hizo un movimiento de ataque que por poco arranca la vara de las manos de Diego. Consiguió girar su vara a tiempo, pero en el contraataque se llevó un golpe en el antebrazo.
"¿Es por Washdea?" dijo él. Inmediatamente se arrepintió, cuando ella le golpeó tres veces seguidas. Consiguió parar los dos primeros ataques, pero el tercero le alcanzó sobre la rodilla.
Él continuó hablando mientras paraba casi todos los golpes que le dirigía Victoria. "La mujer cantora me dijo que ya lo ha resuelto, y que el jefe no va a intentar obligarme a que me case con ella." Tuvo que agacharse para esquivar otro golpe. "De verdad, Victoria, una esposa guerrera es mi límite."
Ella volvió a atacar, y esta vez él consiguió detener su movimiento y atrapar su vara, tirando de ella para desarmarla. Ella trató de golpearle y él le sujetó la mano. Ambos jadeaban por el esfuerzo.
"Te aseguro que no estoy prometido con ella."
"¿Y ella lo sabe? Porque estaba diciendo que si el Zorro ya no se va a casar conmigo no hay ningún obstáculo para que se case con ella. Me ha preguntado cómo encontrarte la muy..."
"Eres la única mujer con la que quiero casarme."
"¿Entonces por qué ya no nos vemos a solas? Estás distante… Si no hay otra mujer. ¿Por qué me apartas de ti? ¿Y por qué sigues ocultándome cosas?" dijo furiosa.
Él la miró fijamente sin soltarle la muñeca. "No hay nadie más, pero tienes razón en algo. Debo ser sincero contigo aunque sea difícil." se detuvo un momento y al fin habló. "Desde que esas dos personas murieron, solo me siento bien estando contigo, pero no me fío de mí mismo. Por eso prefiero que estemos acompañados. Temo que si nos volvemos a besar como el día de la tormenta mi deseo sea más fuerte que yo." apartó un poco la vista, pero luego la volvió a mirar intensamente. "Cuando nos besamos y me acaricias me cuesta mucho esperar a que llegue el día de nuestra boda." Se dio cuenta de que aún la sujetaba y soltó su muñeca. "Te aseguro que cuando estemos casados no te pareceré distante."
Ella se sonrojó al oír estas palabras. Se acercó y lo besó. Él se separó de ella un momento, pero ella guió las manos de Diego a su cintura, por debajo de su blusa y volvió a besarlo, acariciando su cuello y su pelo. Casi sin aliento él habló. "Por favor. Prometí respetarte, es lo que me ha inspirado todo este tiempo, esperar hasta hacerte mi esposa, pero no puedo si estás tan cerca de mí."
Victoria se separó de él con esfuerzo. "¿De verdad es lo que quieres?"
"No es lo que quiero, pero es lo que debo hacer. Se lo prometí a tu padre."
"¿Cuándo has hablado con mi padre? Espera. ¿Está aún aquí?"
Él parecía avergonzado. "Dijo que no se iría hasta asegurarse de que nos casábamos."
Ella abrió los ojos sorprendida. "¿Puede vernos ahora?"
"No, Luis Ramón se puso tan pesado que hace ya algún tiempo que conseguí que la hacienda, incluida la cueva, sean mi santuario, aquí no puede entrar ningún fantasma si no lo convoco."
"Menos mal. ¿Y te ha dicho algo más?"
"Bueno..."
"Diego, dímelo." dijo ella con firmeza.
"Que quiere nietos."
Victoria comenzó a reír. "Lo mismo que tu padre. Es una conspiración."
"Una vez lo dijeron al mismo tiempo. Fue muy raro."
Victoria le acercó la camisa blanca sin dejar de reírse. "Será mejor que te espere arriba. Van a ser cinco semanas muy largas."
"Cinco semanas y dos días." murmuró él con tristeza.
Victoria salió a la biblioteca y se encontró con don Alejandro y doña Carmen.
"¿Ha llegado ya Diego?"
"Sí, se está cambiando de ropa."
"Bien. ¿Has podido hablar con él. Cómo se encuentra hoy?"
"Sus heridas están casi curadas, y creo que lo va superando."
Don Alejandro vio que parecía acalorada. "¿Habéis discutido?"
"No era más que un malentendido."
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Diego acompañó a Victoria y doña Carmen a Los Ángeles y a la vuelta se puso ropa de trabajo para ayudar con unos terneros. Se remangó y su padre se fijó en una marca en su brazo.
"¿Qué te ha pasado? Creí que hoy no habías tenido problemas con los bandidos."
"Y no los he tenido. Ha sido Victoria. Estaba muy enfadada conmigo."
"¿Te ha golpeado tu prometida?" dijo tratando de no reírse.
"Practicábamos con unas varas. Es muy rápida. Ha aprendido con unas muchachas del poblado."
"Pero. ¿Por qué estaba enfadada?"
"Hace unos meses el jefe de la tribu me ofreció la mano de su hija. Ahora ya está arreglado, pero Victoria se acaba de enterar y no se lo ha tomado muy bien. Por suerte lo hemos aclarado"
"¿Te ofrecieron a otra mujer? Tienes suerte de que solo te haya golpeado una vez."
"Me he llevado más de un golpe, pero aún así, sí, he tenido suerte."
"Sea como sea me alegro de que os hayáis reconciliado."
Él miró a su padre de reojo con expresión culpable.
Su padre se le quedó mirando un momento con cara de sorpresa "Oh, vaya." dijo, pero disimuló añadiendo. "Volvamos con los terneros." Diego se dio cuenta de lo que estaba pensando. "No ha pasado nada impropio." afirmó algo ofendido.
Su padre lo miró extrañado. "No lo parecía cuando he visto a Victoria."
Diego lo miró con determinación. "Te dije que la respetaría."
Su padre seguía pareciendo algo sorprendido, pero la mirada seria de su hijo le convenció de que decía la verdad. Se fijó en su aspecto, erguido, calmado pero con autoridad. Se dio cuenta del tono de voz que había utilizado. Era todo un hombre, todo un líder. El hijo que siempre había deseado. Se sintió como si viera al auténtico Diego por primera vez y se dio cuenta de lo enormemente orgulloso que estaba de él.
"Hijo, te creo, aunque últimamente me pregunto si eres un ser humano."
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Victoria también tuvo que soportar la suspicacia de doña Carmen. "No pienso volver a dejarte sola con él." dijo con voz severa.
"No ha pasado lo que piensas."
"Pero ha estado cerca. No se puede confiar en él."
"En realidad no se puede confiar en mí. Fue él quien dijo que debíamos esperar. Además. ¿Por qué te preocupa tanto?"
"Porque no quiero que cometas los mismos errores que yo. Solo son unas semanas. Sé que es difícil, pero puedes hacerlo. Merece la pena hacer las cosas bien."
"Él no es como el hombre que te sedujo y luego te abandonó. Se casaría conmigo aunque pasara algo, de eso no me cabe duda."
"Lo sé, es solo que… yo amaba a ese hombre, o al menos eso creía. Quería entregarme a él y luego ser su esposa. Arruiné mi vida y fue culpa mía. Ojalá alguien me hubiera aconsejado."
"Está bien, no me separaré de ti ni un momento cuando vaya a visitar la hacienda. Eres peor que una suegra."
Doña Carmen sonrió levemente.
Victoria notaba algo en ella. "Hay algo más que te preocupa. ¿Quieres hablar de ello?" doña Carmen apartó la vista. "¿Es por la niña que tuviste?" aventuró esperando no haber herido sus sentimientos.
"Pienso en ella cada día. No he estado ahí para ella, para ayudarla si alguna vez lo ha necesitado. Ojalá haya tenido más suerte en la vida que yo." respondió con tristeza.
Nota de la autora:
Miguel de Cervantes Saavedra publicó su novela El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha en 1605. En 1614 un autor publicó bajo el seudónimo de Avellaneda la novela Segundo tomo del ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha, habitualmente conocida como Quijote de Avellaneda, y Cervantes a su vez publicó la Segunda parte del ingenioso caballero don Quijote de la Mancha en 1615, que contenía numerosas alusiones y críticas a la obra de Avellaneda. En un capítulo de la obra de Cervantes, don Quijote visita una imprenta de Barcelona donde se está imprimiendo el Quijote de Avellaneda, lo que es un ejemplo temprano de metaficción. Así que, a principios del siglo XVII, la obra el Quijote ya tenía su propio fanfic.
Si alguien conoce algún otro ejemplo de fanfic en la historia de la literatura, por favor que lo ponga en los comentarios. En Facebook ya han mencionado El Cuento del Grial de Chrétien de Troyes, que quedó inacabado y dio origen a varias continuaciones.
Así que nosotros, los escritores de fanfics, somos herederos de una tradición que de momento he podido trazar hasta el siglo 12. Quizá investigando consiga remontarme a la Antigua Grecia. Quién sabe.
