XVIII
"So close together, so far apart, you're turning me on and my fire is waiting for your spark –Fifth Harmony.
SLEDGEHAMMER
Brick vació su mochila en búsqueda de su libreta pequeña de matemáticas donde Dai había anotado las fórmulas que debía memorizar para el examen que se avecinaba. Revolvió entre sus libros y cuadernos, pasando a llevar las dos cajas de chocolates, y encontró la libreta.
Espera, ¿dos cajas?
Con la libreta en mano, volvió a mirar su cama con todo encima, y al notar las cajas de chocolates, reconoció una, la que le dio Momoko, pero ahora, había otra, una roja con una cinta de un tono rojo más claro. Arqueó una ceja y la tomó.
Estaba pesada.
Eran chocolates, definitivamente, porque el dulce olor que emanaba de ella era ese.
–¿De quién? –preguntó en un susurro.
Miró hacia la puerta de su habitación por si alguno de sus hermanos iba a entrar. Luego su vista se centró en aquella caja. Dejó la libreta sobre sus piernas y retiró la tapa. Muchos chocolates sin forma clara, si era un corazón o una gorra, algo difícil de diferenciar, pero lo que sí distinguió fue aquel papel blanco que tenía un escrito con lápiz rosa.
"Honmei-choko para el idiota de la gorra –Momoko".
Frunció levemente el ceño, le dio la vuelta al papel y vio que también tenía algo escrito.
"Feliz San Valentín. Me gustas", y un dibujo mal hecho de un emoji que intentaba ser tierno.
–Momoko –susurró, y se le dibujó una sonrisa en el rostro, la cual no parecía querer irse por nada del mundo.
Metió todo dentro de su mochila, dejando afuera las cajas de chocolate y la condenada libreta con la que debía estudiar.
–¡Brick! –escuchó el llamado de Destiny desde el primer piso–. ¡Ven ahora!
Ante el grito de su hermana, pensó que algo le había pasado, así que dejó la habitación rápidamente y descendió las escaleras y se encontró con la escena que Butch y Destiny estaban montando: él alzaba el frasco de nutella mientras que ella intentaba alcanzarlo.
–¿Para esto me llamabas? –preguntó Brick, luego suspiró–. Pensé que era algo más importante.
Dejó a sus hermanos en lo suyo, a pesar de los insistentes pedidos de ayuda de su hermana, y subió las escaleras, volviendo a tener la sonrisa en su rostro a causa de los chocolates que le había dado Momoko.
.
.
.
Destiny y Darius estaban ocultos en la azotea de uno de los edificios de la escuela, mientras se besaban; la única forma en que evitarían cualquier conflicto con alguna autoridad escolar, era si se ocultaban. No les agradaba por completo, pero era la opción más viable en aquella situación, sobre todo si estaban recién comenzando con una relación formal.
–Eres tan linda, Dess.
–Lo sé, Darius, y te lo agradezco demasiado.
Darius empezó a reír. No volvían a hablar, simplemente se besaban, él entrelazaba sus dedos con la mano de ella. A la distancia se podía escuchar cierto ajetreo por parte del estudiantado, pero nada podría interrumpir ese momento, por lo menos así mismo lo habían decretado ambos. Hasta que Darius sintió cierta necesidad de contarle algo a su ahora novia, así que se echó hacia atrás, lo que llamó la atención de Destiny.
–¿Qué sucede? –preguntó.
–Dess, pasa que… –tomó un poco de aire–. Hablé con mi hermana hace un tiempo, ¿sabes? Le conté de ti y…
–Darius, me estás poniendo nerviosa.
–Me dio a entender que debía tener cuidado de no salir dañado, pero luego se retractó.
Destiny no emitió palabra alguna, se mantuvo en silencio, frunció los labios y desvió un poco la mirada. No estaba molesta, pero de cierto modo sentía que podía comprender lo que Rukiah había intentado decir, aunque no lo compartía. Volvió a mirar a su novio y le estrechó la mano con fuerza en tanto sonreía cálidamente.
–El miedo de tu hermana es solo por lo que le ocurrió con mi hermano. Yo te aseguro que no soy como él, ¿vale?
–Yo no tengo miedo –contestó él–. Estoy seguro de lo que sentimos.
–Eso es suficiente entonces.
.
.
.
Momoko jamás pensó que con tan solo salir de su salón Brick estaría haciendo guardia, apoyado en la pared y cruzado de brazos, menos que al verla le sonreiría y se acercaría. No pasó desapercibido tal momento frente al resto de sus compañeros, menos para sus amigas y las hermanas del muchacho, pero ninguna de las cuatro quiso entrometerse en aquella situación, simplemente se alejaron sin llamar la atención de Momoko, de tal forma no perdería el enfoque.
–¿Me estabas esperando? –preguntó, como si no se tratase de algo obvio.
–¿Te acompaño a casa? –ignoró totalmente la pregunta de la chica e indicó hacia su derecha con su pulgar.
Ella asintió, estaba completamente feliz, y al mismo paso que él, caminó fuera del pasillo. Brick no era un chico de muchas palabras que digamos, pero al estar en compañía de Momoko, sabía que ella era quien guiaría la conversación. Y así era, le contaba sobre lo aburrida que era la clase de álgebra, lo odioso que era tener biología tan temprano en la mañana y que su momento favorito de todo el día era siempre el almuerzo, sobre todo cuando compartía su comida con sus amigas.
Brick simplemente reía y disfrutaba escucharla, claramente también había hecho sus comentarios con referente a sus clases, y obvio, haciendo énfasis en que él no suele fallar en sus clases, que se dedica a estudiar muy bien porque, como hermano mayor, debe dar el ejemplo esperado para sus hermanos, de tal modo que así puedan seguir con la tradición de tener una familia con buen desarrollo académico, el sueño de una familia japonesa común.
Todo andaba bien, todo andaba normal, hasta que, al salir de la escuela, la voz de Sakamoto resonó en los oídos de ambos chicos. Momoko se puso un poco incómoda, pero Brick se había molestado por completo. No fue un secreto para nadie, todos se dieron cuenta, incluida Momoko: ambos intercambiaron una mirada muy desafiante.
Momoko, sinceramente, le daba cierta emoción, puesto que se sentía como en alguna telenovela, podía elegir entre dos, aunque ella tenía bastante seguridad de a quien no querría tener como novio, la idea de jugar con su imaginación y vivir este momento le hacía bastante ilusión, realmente.
–¿Vas a casa? –le preguntó Sakamoto a la chica.
–Sí –respondió–, Brick me acompaña, ¿te nos quieres unir?
Brick relamió sus labios, molesto, ya sabía cuál iba a ser la respuesta de Sakamoto, pero si pensaba que iba a dejarlos solos, estaba completamente equivocado. No, señor, de seguro que, después de dejar a Momoko, tendría la oportunidad perfecta para hablar con él y decirle un par de cosas que se ha estado guardando desde hace un corto tiempo.
Ella iba en medio de ambos, seguía con su palabrerío, ahora se quejaba de su hermana y lo berrinchuda que seguía siendo, Brick solo reía pero Sakamoto se entrometía y le hacía preguntas, trataba de verse interesado en el tema para poder intercambiar más palabras con ella.
–Entiendo totalmente lo que quieres decir –dijo Sakamoto–, las clases de japonés son un asco, sobre todo los kanji, ¿por qué no podemos escribir todo con hiragana? Es más fácil.
–¿Verdad? –suspiró Momoko–. Oh, es agradable que alguien más me entienda.
Sakamoto vio su oportunidad, se inclinó un poco hacia adelante y, con la mirada fija en él, le habló con un tono burlesco, provocando que Brick entrecerrara sus ojos luego de escuchar la pregunta que formuló:
–¿Tú que opinas, senpai?
Momoko, inmediatamente, se giró hacia él. Brick alzó ambas cejas, no era una provocación muy obvia, pero sabía que su opinión difería de la de ellos. Inclinó su cabeza un poco hacia el lado, se encogió de hombros y respondió:
–La escritura de kanji le da un toque tan característico a la lengua, ¿por qué habría de detestarlo? Gracias a ella, los nombres tienen un significado, dependiendo del kanji que se utilice –suspiró–. A mí me gusta la clase de japonés.
Sakamoto y Brick se quedaron mirando fijamente, Momoko dio un par de pasos por delante de ellos y se giró, sonriendo amigablemente, se había detenido justo en la esquina de una de las calles por delante. Ambos chicos la quedaron mirando, hizo un gesto de despedida con su mano.
–Hasta aquí está bien, chicos, no quiero dar explicaciones a mis padres –dijo–. Nos vemos en la escuela.
Ella se giró y caminó hacia la calle donde llegaría a su hogar. Brick no esperó más, se dio media vuelta y se dispuso a ir hasta la parada de autobús para poder llegar a su hogar. Sakamoto, al notar que él se alejaba, lo siguió, quedando a la par con él, llamando su atención.
–¿Se te ofrece algo? ¿Quieres que te lleve a casa? –se burló el mayor.
–Quisiera decirte algo, solamente, para aclararte cuál es el escenario donde te estás moviendo.
Brick se detuvo, Sakamoto también lo hizo. Este último metió sus manos en los bolsillos, miraba directamente a los ojos del mayor de una manera muy desafiante, pero no flaqueaba, seguía manteniéndose firme, incluso si la sonrisita presumida de Sakamoto le hacía enojar y le molestaba con tantas ganas.
–Momoko y yo hemos estado juntos, como compañeros de clases, desde la secundaria –presumió–, y la verdad es que hemos tenido ciertos altibajos, pero estoy seguro de que ella todavía siente cosas por mí, así como yo siento cosas por ella.
–Oh, no me digas –se burló Brick–. ¿Y por qué crees eso?
–Para San Valentín, ¿sabes qué me dio?
–Chocolate, supongo.
–Exacto –sonrió triunfante–. Y sí, sé que me vas a decir "le dio tomo-choko" a todo el mundo, lo sé, lo sé, pero el mío fue diferente.
Aquello le provocó un escalofrío, tragó duramente y sobó su nuca, no se iba a mostrar débil, no, claro que no. Si lo hacía, iba a darle en el gusto al mocoso, y él bien sabía que todo estaba a su favor, que este niño solo era un estorbo que todavía no asumía cuál era su lugar con respecto a Momoko.
–Mi chocolate –siguió diciendo– tenía trozos de maní, y cuando le pregunté si a todos sus amigos les gustaba el maní, dijo que solo el mío tenía. ¿Te das cuenta? Significa que estoy a punto de sobre pasar esa barrera.
Brick no dijo nada, porque inmediatamente vino a su mente el recuerdo del chocolate especial, junto con la nota, que la chica le había enviado. Le sonrió a Sakamoto, como si estuviera asumiendo su derrota, pero el chico se dio cuenta de que esa sonrisa y esa mirada no se correspondía con lo que de verdad estaba pensando Brick.
–Vaya, tal parece que sí eres un amigo especial para Momoko –empezó a decir mientras caminaba, dejando atrás al chico–, pero quizás deberías saber que ella sí hizo un honmei-choko, ¿por qué no le preguntas? –se giró unos segundos hacia él–. Se lo dio al idiota de la gorra –le guiñó un ojo y, sin mirar para atrás, al confundido de Sakamoto, siguió su camino presumiendo su gorra roja que colgaba de su mochila.
.
.
.
Al día siguiente, Momoko sintió algo de incomodidad cuando Sakamoto le pidió, por favor, que hablara con él en el receso del almuerzo. Todo eso ocurrió en el primer descanso de la jornada, a vista de sus amigas, claramente ellas no lo tomaron nada bien. Pidieron explicaciones, y a Momoko no le quedó más que darlas, una sola oración fue suficiente:
–Sakamoto debe saber que no estoy interesada en él, sino que en Brick.
–Momoko –dijo Miyako–, creo que debes ser muy sincera con él, explicar desde el principio, con paciencia.
–Hazle entender –dijo Kaoru–, de verdad él debe darse cuenta de que está perdiendo su tiempo, y que lo que pide no es nada sano. Se puede transformar en algo peor.
Momoko escuchaba a sus dos amigas presentes, y asentía cuidadosamente. Preparaba y ordenaba sus ideas con ayuda de sus amigas, tenía pensado que no debía ser una conversación precisamente larga y que la verdad debía esperar que Sakamoto la iniciara, todo porque él quería conocer la verdad.
Y al momento en que la campana del almuerzo suena, sus amigas sacan sus cajas de almuerzo, pero Momoko no lo hace, lo comería después –si es que– y se puso de pie, Sakamoto también lo había hecho. Ella asiente con la cabeza y ambos salen del salón, solo con las dos amigas de Momoko viéndolos, algo preocupadas y nerviosas.
Sakamoto la guio hasta la salas de los clubes deportivos, se colocaron tras aquel edificio, y Momoko, que había mantenido la cabeza gacha, la alzó, mostrándose digna e inquebrantable, cuando en realidad se estaba muriendo de nervios.
–Tal parece que los Him no vinieron –le comentó.
–No –respondió en un susurro.
–¿Tienes idea por qué?
–No, pero qué importan. Sakamoto, ¿qué quieres hablar?
–¿Vas a ser sincera?
–Te lo aseguro.
Él se cruzó de brazos, suspiró pesadamente y abrió la boca para hablar:
–¿Qué sientes por mí?
Momoko se tensó, sabía que esa era una de las preguntas que él podría plantear. Asintió levemente con la cabeza, suspiró y alzó la vista hacia el nublado cielo, luego miró fijamente a un ansioso Sakamoto, negó con la cabeza:
–Ya no me gustas, si eso es lo que piensas –dijo–. Creo que todo lo que pude sentir por ti, se esfumó –él no decía nada, por lo que Momoko siguió hablando–. Quizás fue porque nunca dimos el paso, y el esperar fue algo decepcionante para mí, no lo sé… No, creo que también fue porque hacía tiempo que me pasaban cosas con otra persona.
–El idiota de la gorra –intervino.
–¿Eh? –se extrañó ella–. ¿Quién…?
–Es él, ¿verdad?
–Sakamoto…
–Disculpa, no me siento bien en este momento.
Y se fue, dejándola ahí, preocupada por la extraña actitud que adoptó. Su voz se había quebrado, sus mejillas estaban rojizas, pero sus ojos no estaban llorosos. Momoko fue a seguirlo, quizás podría ayudarlo, no sabía, sin embargo, no lo encontró por ninguna parte. ¿Qué tan rápido pudo haber caminado? No lo sabía. Al menos, se sacó aquel peso de encima.
ADELANTO: Burn – Ellie Goulding
